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lunes, 19 de junio de 2023

LA PERSECUCION COMUNISTA DE LA IGLESIA CATOLICA EN CHINA. (TERCERA PARTE)

 

China elimina más de 900 cruces de iglesias en la primera mitad de 2020: informe

Nota. recientemente en Nicaragua la Iglesia está siendo fuertemente perseguida como en China, con Obispos encarcelados, sin misioneros y sacerdotes exiliados o encarcelados. Actualmente el sistema ya es en absoluto comunista y anti católico, recemos por ese país antes católico.

Nuevas inquietudes

El 7 de octubre de 1954, mientras la persecución se recrudecía, Pío XII escribió la encíclica Ad Sinarum gentem que, en AAS 47 (1955), esta ocasión, señalaba abiertamente al Movimiento de las Tres Autonomías.

Contra la pretensión de autonomía de gobierno, el Papa escribe: «Incluso cuando el mayor número del clero chino ya no tenga necesidad de la ayuda de los misioneros extranjeros, la Iglesia Católica en vuestra nación, como en todas las demás, no podrá ser regida con autonomía de gobierno, como hoy usa decirse. En efecto, también entonces, como bien sabéis, será absolutamente necesario que vuestra comunidad cristiana, si quiere formar parte de la sociedad que ha sido divinamente fundada por nuestro Redentor, se someta totalmente al Sumo Pontífice, Vicario de Jesucristo en la tierra, y sea con él estrechamente unida, por cuanto se refiere a la fe religiosa y a la moral. Con estas palabras -conviene observar- se abraza toda la vida y la obra de la Iglesia; y por lo tanto, también su constitución, su gobierno y su disciplina; las cuales cosas, todas dependen ciertamente de la voluntad de Jesucristo, fundador de la Iglesia». Es provechoso detenerse en estas últimas palabras y dimensionar cuál es la extensión de aquello que la Iglesia engloba en «la fe religiosa y la moral». La fe y la moral comprenden toda la vida y la obra de la Iglesia, así como su constitución, su gobierno y su disciplina.

Enseguida, el Papa reitera la doctrina concerniente a la jerarquía de la Iglesia: «En virtud de esa divina voluntad, los fieles se dividen en dos clases: clero y seglares; en virtud de la misma voluntad está constituida la doble potestad sagrada, o sea de orden y de jurisdicción. Además -lo que del mismo modo ha sido establecido por disposición divina- a la potestad de orden (en virtud de la cual la jerarquía eclesiástica se halla compuesta de obispos, sacerdotes y ministros) se accede recibiendo el sacramento del Orden sagrado; la potestad de jurisdicción, además, que al Sumo Pontífice es conferida directamente por derecho divino, proviene a los obispos del mismo derecho, pero solamente mediante el Sucesor de San Pedro, al cual no solamente los simples fieles, sino también todos los obispos deben estar constantemente sujetos y ligados con el homenaje de la obediencia y con el vínculo de la unidad»12.

En tercer lugar, el Papa desenmascara la pretensión de autonomía económica: «Deseamos vivamente que llegue pronto el tiempo en el que, para las necesidades de la Iglesia Católica en China, puedan ser suficientes los medios financieros que los mismos fieles chinos consiguen proporcionarle; sin embargo, como bien sabéis, los donativos recogidos para esto en las demás naciones, tienen su origen en esa caridad cristiana, en virtud de la cual todos los que han sido redimidos por la sagrada sangre de Cristo se hallan necesariamente unidos unos a otros por una alianza fraternal y por el amor divino se sienten impulsados a difundir en todas partes, conforme a sus fuerzas, el reino de nuestro Redentor. Y ello no por fines políticos o en todo caso profanos, sino solamente para poner en práctica útilmente el precepto de la caridad, que Jesucristo ha dado a todos nosotros y por el que se reconocen sus verdaderos discípulos».

Finalmente, Pío XII condena la autonomía doctrinal: «Algunos de entre vosotros quisierais que vuestra Iglesia fuera completamente independiente no solamente, como hemos dicho, en el gobierno y en la parte económica, sino que pretenden reivindicarle una autonomía incluso en la enseñanza de la doctrina cristiana y en la sagrada predicación. [...] Pero -y es absurdo solamente el pensarlo- ¿con qué derecho pueden los hombres por su propio arbitrio, diversamente según las diferentes naciones, interpretar el Evangelio divinamente revelado por Jesucristo?».

El Papa sintetiza lo anterior diciendo: «Podéis ver, por consiguiente, fácilmente, Venerables Hermanos y amados hijos, cómo no puede pretender ser considerado y honrado con el nombre de católico quien profese o enseñe diversamente de cuanto hasta aquí hemos expuesto brevemente, como hacen los que han adherido a esos perniciosos principios en que se informan las “Tres Autonomías” o en otros principios del mismo género».

De regreso al caso de monseñor Li Daonan

Regresemos al acontecimiento del 13 de abril de 1958, en el que monseñor Li Daonan consagró a los padres Dong Guangqing y Yuan Wenhua.

Para comprender por qué monseñor Li se atrevió a dar este paso, es necesario recordar la gravedad de la situación de la Iglesia Católica en China. Los católicos estaban estrangulados entre dos apuros cada vez más asfixiantes.

Apuro del interior, pues el clero había sido reducido prácticamente a la nada. Los obispos habían sido exiliados, asesinados o encarcelados. En 1958, quedaban muy pocos obispos «en servicio». El sacerdocio y, por lo tanto, la vida sacramental estaba en peligro de extinción fatal.

Apuro del exterior, pues la comunicación con Roma era cada día más difícil y se volvía imposible que un misionero extranjero pudiera entrar en China. Humanamente, la asfixia era inminente y la situación no tenía futuro.

En aras de recetar al máximo el derecho de la Iglesia, monseñor Li Daonan envió, poco antes del 13 de abril, un telegrama a Roma con los nombres de los candidatos chinos. La Congregación para la Propagación de la Fe le respondió que la consagración sería ilícita y amenazó con excomulgar al obispo consagrante y a los dos consagrados13.

La intervención de Pío XII

Dos meses más tarde, el 29 de junio, Pío XII reacciona con la AAS 50 (1958), 601 publicación de la encíclica Ad Apostolorum Principis. Esta es la tercera carta pública dirigida al clero y a los fieles chinos en menos de diez años. Tras un breve recordatorio de las atenciones que la Iglesia ha dedicado a China, el Papa condena la Asociación Patriótica China: «Con una táctica hábilmente concebida, se ha fundado entre vosotros una asociación, que ha tomado el nombre de patriótica, y a pertenecer a ella se ven forzados con toda violencia los católicos.

“Esta asociación -como se ha dicho en repetidas declaraciones- tendría el fin de unir el clero y los fieles en nombre del amor a la patria y a la religión para propagar el espíritu patriótico, para defender la paz entre los pueblos, y al mismo tiempo para apoyar, reformar y propagar el socialismo establecido en vuestra nación y para ayudar a las autoridades civiles a defender, cuando se ofrezca ocasión, la que ellos llaman libertad política y religiosa. Es sin embargo evidente que, bajo estas expresiones vagas de paz y de patriotismo, que pueden engañar a los ingenuos, tal asociación tiende a llevar a la práctica ciertos principios y planes perniciosos.

“Con la apariencia de patriotismo, que realmente se muestra falaz, tal asociación mira principalmente a que los católicos den progresivamente su adhesión a las falsedades del “materialismo” ateo, con las cuales se niega a Dios y se rechazan todos los principios de la religión”.

“Con el pretexto de defender la paz, esa misma asociación acepta y propaga falsas sospechas y acusaciones contra muchos y venerables miembros del clero y aún contra los obispos y la misma Sede Apostólica, atribuyéndoles extravagantes propósitos de imperialismo, de condescendencia y complicidad en la explotación del pueblo, de premeditada hostilidad hacia la nación China.

“Mientras afirman que es necesario que exista una absoluta libertad en materia religiosa, con la excusa de facilitar así las relaciones entre la autoridad eclesiástica y la civil, de hecho, la asociación pretende que la Iglesia, desatendidos y postergados sus sagrados derechos, quede totalmente sometida a la autoridad civil».

Pero entonces, ¿dónde se encuentra el genuino amor a la patria? Pío XII responde: «Si los cristianos, por deber de conciencia, deben dar al César, o sea a la autoridad humana, lo que le pertenece, asimismo no puede el César, es decir, los gobernantes, exigir a los ciudadanos sumisión en las cosas que tocan a Dios y no a ellos y por eso no puede pedir obediencia cuando se trata de usurpar los soberanos derechos de Dios, o bien de obligar a los fieles a obrar en oposición con sus deberes religiosos, o a separarse de la unidad de la Iglesia y de su legítima jerarquía. Entonces, sin duda alguna, todo cristiano con rostro sereno y voluntad firmísima repita las palabras con que Pedro y los otros Apóstoles respondieron a los primeros perseguidores de la Iglesia: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”».

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12. Luego, Pío XII hace referencia en una nota a una serie de cánones del Concilio de Trento, el último de los cuales especifica que las dos potestades: de orden y de jurisdicción, son inseparables en la persona del obispo: «Si alguno dijere que los obispos [...] que no han sido debidamente ordenados ni enviados por la potestad eclesiástica y canónica, sino que proceden de otra parte, son ministros legítimos de la predicación y de los Sacramentos: sea anatema». Concilio de Trento, sesión XXIII, Del sacramento del Orden, cánon 7; D 967.

 13. John Tong, The Churchjrom 1949 to 1990, en The Catholic Church in Modern China (E. Tang & J.-P. Wieát), Wipf & Stock, 2013, pp. 13 &


jueves, 15 de junio de 2023

LETTRE ENCYCLIQUE HAURIETIS AQUAS DE SA SAINTETÉ PIE XII SUR LE CULTE DU SACRÉ CŒUR DE JÉSUS.


 

Ainsi de l'élément corporel — le Cœur de Jésus-Christ — et de son symbolisme naturel, il est légitime et juste que, portés sur les ailes de la foi, nous nous élevions non seulement à la contemplation de son amour sensible, mais encore plus haut, à la considération et l'adoration de son amour infus le plus excellent, et, enfin, dans un envol sublime et doux à la fois, jusqu'à la méditation et l'adoration de l'Amour divin du Verbe Incarné. En effet, à la lumière de la foi — par laquelle nous croyons que la nature humaine et la nature divine sont unies dans la Personne du Christ — notre esprit devient capable de concevoir les liens très étroits qui existent entre l'amour sensible du Cœur physique de Jésus et son double amour spirituel, humain et divin. En réalité, Ces amours ne doivent pas être considérés simplement comme coexistant dans la Personne adorable du divin Rédempteur, mais aussi comme unis par un lien naturel, dans la mesure où le spirituel et l'humain sensible sont subordonnés à l'amour divin, qui en sont tous deux une représentation analogique. Nous ne prétendons pas avec cela que dans le Cœur de Jésus il faut voir et adorer ce qu'on appelle une image formelle, c'est-à-dire la représentation parfaite et absolue de son amour divin, puisqu'il n'est pas possible de représenter adéquatement avec une image créée l'essence intime de cet amour; mais l'âme fidèle, en vénérant le Cœur de Jésus, adore avec l'Église le symbole et comme l'empreinte de la Charité divine, qui est également venue aimer du Cœur du Verbe incarné le genre humain, contaminé par tant de crimes. mais aussi comme unis entre eux par un lien naturel, dans la mesure où l'humain spirituel et l'humain sensitif sont subordonnés à l'amour divin, tous deux étant une représentation analogique du premier. un culte, en faveur duquel la Tradition et la Sainte Liturgie sont nettement en faveur, et que les Pontifes romains eux-mêmes ont vanté d'éloges aussi multipliés que grands : ils ne se sont pas contentés d'instituer une fête en l'honneur du Cœur cet amour; mais l'âme fidèle, en vénérant le Cœur de Jésus, adore avec l'Église le symbole et comme l'empreinte de la Charité divine, qui est également venue aimer du Cœur du Verbe incarné le genre humain, contaminé par tant de crimes. mais aussi comme unis entre eux par un lien naturel, dans la mesure où l'humain spirituel et l'humain sensitif sont subordonnés à l'amour divin, tous deux étant une représentation analogique du premier. cet amour; mais l'âme fidèle, en vénérant le Cœur de Jésus, adore avec l'Église le symbole et comme l'empreinte de la Charité divine, qui est également venue aimer du Cœur du Verbe incarné le genre humain, contaminé par tant de crimes. qui sont tous deux une représentation analogique de la première. cet amour; mais l'âme fidèle, en vénérant le Cœur de Jésus, adore avec l'Église le symbole et comme l'empreinte de la Charité divine, qui est également venue aimer du Cœur du Verbe incarné le genre humain, contaminé par tant de crimes. qui sont tous deux une représentation analogique de la première. Nous ne prétendons pas avec cela que dans le Cœur de Jésus il faut voir et adorer ce qu'on appelle une image formelle, c'est-à-dire la représentation parfaite et absolue de son amour divin, puisqu'il n'est pas possible de représenter adéquatement avec une image créée l'essence intime de cet amour; mais l'âme fidèle, en vénérant le Cœur de Jésus, adore avec l'Église le symbole et comme l'empreinte de la Charité divine, qui est également venue aimer du Cœur du Verbe incarné le genre humain, contaminé par tant de crimes. puisqu'il n'est pas possible de représenter adéquatement avec une image créée l'essence intime de cet amour; mais l'âme fidèle, en vénérant le Cœur de Jésus, adore avec l'Église le symbole et comme l'empreinte de la Charité divine, qui est également venue aimer du Cœur du Verbe incarné le genre humain, contaminé par tant de crimes. puisqu'il n'est pas possible de représenter adéquatement avec une image créée l'essence intime de cet amour; mais l'âme fidèle, en vénérant le Cœur de Jésus, adore avec l'Église le symbole et comme l'empreinte de la Charité divine, qui est également venue aimer du Cœur du Verbe incarné le genre humain, contaminé par tant de crimes.

La profession la plus complète de la religion chrétienne

29. C'est pourquoi, dans cette matière importante et délicate, il faut toujours garder à l'esprit comment la vérité du symbolisme naturel, qui relie le Cœur physique de Jésus à la personne du Verbe, repose entièrement sur la vérité première de l'union hypostatique. ; dont il n'y a aucun doute, tant qu'on ne veut pas renouveler les erreurs condamnées plus d'une fois par l'Église, comme contraires à l'unité de la personne dans le Christ — avec la distinction et l'intégrité de leurs deux natures.

Cette vérité fondamentale nous permet de comprendre comment le Cœur de Jésus est le cœur d'une personne divine, c'est-à-dire du Verbe incarné, et qui, par conséquent, représente et met devant nos yeux tout l'amour qu'Il a eu pour nous et continue a pour nous… Et voilà la raison pour laquelle le culte du Sacré-Cœur est considéré, dans la pratique, comme la profession la plus complète de la religion chrétienne. En vérité, la religion de Jésus-Christ est entièrement fondée sur l'Homme-Dieu Médiateur; de sorte qu'on ne peut atteindre le Cœur de Dieu qu'en passant par le Cœur du Christ, selon ce qu'Il a lui-même affirmé : « Je suis le chemin, la vérité et la vie. Nul ne vient au Père que par moi» [107].

Cela étant, on peut facilement en déduire que le culte du Très Sacré-Cœur de Jésus n'est substantiellement rien d'autre que le même culte d'amour avec lequel Dieu nous a aimés par Jésus-Christ, en même temps que l'exercice de notre amour pour Dieu et d'autres hommes. En d'autres termes : Ce culte s'adresse à l'amour de Dieu pour nous, le proposant comme objet d'adoration, d'action de grâce et d'imitation ; En outre, elle considère la perfection de notre amour pour Dieu et pour les hommes comme le but à atteindre par l'accomplissement toujours plus généreux du "nouveau" commandement que le Divin Maître a légué en héritage sacré à ses Apôtres, lorsqu'il leur a dit : "A Je vous donne un commandement nouveau : que vous vous aimiez les uns les autres, comme je vous ai aimés... Mon précepte est que vous vous aimiez les uns les autres, comme je vous ai aimés" [108]. ce commandement, vraiment nouveau et propre au Christ; car, comme le dit saint Thomas d'Aquin: «Il y a peu de différence entre l'Ancien et le Nouveau Testament, puisque, comme le dit Jérémie, "je ferai une nouvelle alliance avec la maison d'Israël" [109]. Mais que ce commandement ait été pratiqué dans l'Ancien Testament par crainte et amour saints, c'était dû au Nouveau Testament; dans la mesure où, si ce commandement existait déjà dans l'Ancienne Loi, ce n'était pas comme sa propre prérogative, mais plutôt comme un prologue et une préparation de la Nouvelle Loi» [110]. c'était dû au Nouveau Testament; dans la mesure où, si ce commandement existait déjà dans l'Ancienne Loi, ce n'était pas comme sa propre prérogative, mais plutôt comme un prologue et une préparation de la Nouvelle Loi» [110]. c'était dû au Nouveau Testament; dans la mesure où, si ce commandement existait déjà dans l'Ancienne Loi, ce n'était pas comme sa propre prérogative, mais plutôt comme un prologue et une préparation de la Nouvelle Loi» [110].

 V. GRANDE APPRÉCIATION POUR LE CULTE DU SACRÉ CŒUR DE JÉSUS

  30. Avant de conclure ces belles et consolantes considérations sur l'authenticité de ce culte et son excellence chrétienne, Nous, pleinement conscients de la charge apostolique confiée pour la première fois à saint Pierre, après lui avoir professé trois fois son amour Notre Seigneur Jésus-Christ, nous croyons opportun de vous exhorter une fois de plus, vénérés frères, et par vous tous les enfants les plus chers dans le Christ, afin qu'avec un enthousiasme croissant vous vous occupiez de promouvoir cette très douce dévotion, car d'elle germeront aussi de grands fruits. à notre époque…

Et en vérité, si l'on réfléchit bien aux arguments sur lesquels repose le culte rendu au Cœur Blessé de Jésus, chacun verra bien qu'il ne s'agit ici d'aucune forme de piété, qu'il est permis d'ajourner les autres ou de l'avoir en moins, mais plutôt d'une pratique religieuse très apte à atteindre la perfection chrétienne. Si «la dévotion — selon le concept théologique traditionnel, formulé par le Docteur Angélique — n'est rien d'autre que la volonté de se consacrer à tout ce qui a trait au service de Dieu »[111], peut-il y avoir une divinité plus due et nécessaire ? service ?, à la fois plus noble et doux, que celui qui s'abandonne à son amour ? Et quel service peut être trouvé plus agréable et plus affectueux à Dieu que l'hommage rendu à la charité divine et qui se fait par amour, puisque tout service volontaire est en quelque sorte un don, et quand l'amour constitue «le premier don, par lequel tous les dons gratuits nous sont donnés? [112]. Par conséquent, cette forme de culte par laquelle l'homme est disposé à honorer et à aimer Dieu au plus haut degré et à se consacrer plus facilement et plus promptement au service de la charité divine est digne du plus grand honneur ; et cela d'autant plus que notre Rédempteur lui-même a daigné le proposer et le recommander au peuple chrétien, et que les Souverains Pontifes l'ont confirmé par des documents mémorables et l'ont exalté de grands éloges. Et ainsi, quiconque méprise ce bienfait remarquable que Jésus-Christ a donné à son Église, procéderait de manière imprudente et pernicieuse, et offenserait même Dieu lui-même. de grand honneur cette forme de culte par laquelle l'homme est disposé à honorer et à aimer Dieu au plus haut degré et à se consacrer plus facilement et plus promptement au service de la charité divine; et cela d'autant plus que notre Rédempteur lui-même a daigné le proposer et le recommander au peuple chrétien, et que les Souverains Pontifes l'ont confirmé par des documents mémorables et l'ont exalté de grands éloges. Et ainsi, quiconque méprise ce bienfait remarquable que Jésus-Christ a donné à son Église, procéderait de manière imprudente et pernicieuse, et offenserait même Dieu lui-même. de grand honneur cette forme de culte par laquelle l'homme est disposé à honorer et à aimer Dieu au plus haut degré et à se consacrer plus facilement et plus promptement au service de la charité divine; et cela d'autant plus que notre Rédempteur lui-même a daigné le proposer et le recommander au peuple chrétien, et que les Souverains Pontifes l'ont confirmé par des documents mémorables et l'ont exalté de grands éloges. Et ainsi, quiconque méprise ce bienfait remarquable que Jésus-Christ a donné à son Église, procéderait de façon imprudente et pernicieuse, et offenserait même Dieu lui-même. et les Souverains Pontifes l'ont confirmé par des documents mémorables et l'ont exalté par de grands éloges. Et ainsi, quiconque méprise ce bienfait remarquable que Jésus-Christ a donné à son Église, procéderait de façon imprudente et pernicieuse, et offenserait même Dieu lui-même. et les Souverains Pontifes l'ont confirmé par des documents mémorables et l'ont exalté par de grands éloges. Et ainsi, quiconque méprise ce bienfait remarquable que Jésus-Christ a donné à son Église, procéderait de façon imprudente et pernicieuse, et offenserait même Dieu lui-même.

31. En supposant cela, il ne fait plus aucun doute que les chrétiens qui honorent le très sacré Cœur du Rédempteur accomplissent le devoir, certainement très sérieux, qu'ils ont de servir Dieu, et qu'ensemble ils se consacrent eux-mêmes et toute leur propre activité, tant intérieurement comme extérieurement, à son Créateur et Rédempteur, mettant ainsi en pratique ce commandement divin : « Tu aimeras le Seigneur ton Dieu de tout ton cœur, de toute ton âme, de toute ta pensée et de toute ta force » [ 113] . De plus, ils ont ainsi la certitude qu'en honorant Dieu ils ne sont mus par aucun avantage personnel, corporel ou spirituel, temporel ou éternel, mais par la bonté de Dieu lui-même, qu'ils prennent soin de présenter par des actes d'amour, d'adoration et exigible action de grâces. S'il n'en était pas ainsi, le culte du Très Sacré-Cœur de Jésus ne répondrait plus à la nature authentique de la religion chrétienne, car alors l'homme d'un tel culte n'aurait plus pour but principal le service d'honorer principalement l'amour divin ; et alors les accusations d'amour-propre excessif et d'autosuffisance, motivées par ceux qui méconnaissent cette très noble dévotion, ou ne la pratiquent pas en toute rectitude, doivent être maintenues comme justes.

 Chacun a donc la ferme conviction que dans le culte du très auguste Cœur de Jésus, la chose la plus importante ne consiste pas dans les pratiques extérieures dévotes de la piété, et que la principale raison de l'embrasser ne doit pas être l'espérance de sa propre utilité, parce que même ces bienfaits ont été promis par le Christ notre Seigneur à travers certaines révélations privées, précisément pour que les hommes se sentent poussés à remplir avec plus de ferveur les principaux devoirs de la religion catholique, à savoir le devoir d'amour et le devoir d'expiation, en même temps, qu'ainsi ils obtiennent mieux leur propre bénéfice spirituel.

propagation de ce culte

32. Nous exhortons donc tous nos enfants dans le Christ à pratiquer cette dévotion avec ferveur, ainsi que ceux qui sont déjà habitués à boire les eaux saines qui jaillissent du Cœur du Rédempteur, comme surtout ceux qui, par voie de de spectateurs, de loin ils regardent encore avec un esprit de curiosité et même de doute. Que ceux-ci réfléchissent bien que c'est un culte, comme nous l'avons déjà dit, enraciné depuis longtemps dans l'Église, profondément soutenu par les Évangiles eux-mêmes ; un culte, en faveur duquel la Tradition et la Sainte Liturgie sont nettement en faveur, et que les Pontifes romains eux-mêmes ont vanté d'éloges aussi multipliés que grands : ils ne se sont pas contentés d'instituer une fête en l'honneur du Cœur augustísimo del Redentor, y extenderla luego a toda l'église, plutôt, pour leur part, ils ont pris l'initiative de vouer solennellement et de consacrer toute la race humaine au même Très Sacré-Cœur [114]. Enfin, il convient aussi de penser que ce culte a en sa faveur une moisson de fruits spirituels aussi abondants que consolants, qui en ont été tirés pour l’Église: conversions innombrables à la religion catholique, foi vigoureusement ravivée dans de nombreux esprits, plus intime l'union des fidèles avec notre très aimant Rédempteur; tous ces fruits qui, surtout ces dernières décennies, se sont manifestés de manière aussi fréquente qu'émouvante. qui en ont résulté pour l’Église: d'innombrables conversions à la religion catholique, une foi vigoureusement ravivée dans de nombreux esprits, une union plus intime des fidèles avec notre très aimant Rédempteur; tous ces fruits qui, surtout ces dernières décennies, se sont manifestés de manière aussi fréquente qu'émouvante. qui en ont résulté pour l’Église: d'innombrables conversions à la religion catholique, une foi vigoureusement ravivée dans de nombreux esprits, une union plus intime des fidèles avec notre très aimant Rédempteur; tous ces fruits qui, surtout ces dernières décennies, se sont manifestés de manière aussi fréquente qu'émouvante.

En contemplant ce spectacle admirable de l'étendue et de la ferveur avec lesquelles la dévotion au Très Sacré-Cœur de Jésus s'est propagée à toutes sortes de fidèles, nous nous sentons certainement pleins de joie et d'une consolation ineffable ; et, après avoir rendu à notre Rédempteur les remerciements obligatoires pour les trésors infinis de sa bonté, nous ne pouvons qu'exprimer notre paternelle satisfaction à tous ceux qui, tant du clergé que de l'élément séculier, ont coopéré si efficacement à la promotion de ce culte.

 

 

CARTA ENCICLICA HAURIETIS AQUAS DE SUA SANTIDADE PIO XII SOBRE A ADORAÇÃO DO SAGRADO CORAÇÃO DE JESUS.



E assim do elemento corpóreo —o Coração de Jesus Cristo— e do seu simbolismo natural, é legítimo e justo que, levados nas asas da fé, subamos não só à contemplação do seu amor sensível, mas ainda mais alto, ao a consideração e adoração do seu excelso amor infuso, e, por fim, em sublime e doce vôo ao mesmo tempo, até a meditação e adoração do divino Amor do Verbo Encarnado. Com efeito, à luz da fé —pela qual cremos que a natureza humana e a natureza divina se unem na Pessoa de Cristo— a nossa mente torna-se capaz de conceber os laços muito estreitos que existem entre o amor sensível do Coração físico de Jesus e seu duplo amor espiritual, humano e divino. Na realidade, Esses amores não devem ser considerados simplesmente como coexistentes na adorável Pessoa do divino Redentor, mas também como unidos por vínculo natural, na medida em que o espiritual e o sensível humano estão subordinados ao amor divino, sendo ambos uma representação analógica daquele. No pretendemos con esto que en el Corazón de Jesús se haya de ver y adorar la que llaman imagen formal, es decir, la representación perfecta y absoluta de su amor divino, pues que no es posible representar adecuadamente con ninguna imagen criada la íntima esencia de este amor; mas a alma fiel, ao venerar o Coração de Jesus, adora junto com a Igreja o símbolo e como marca da divina Caridade, que veio também amar com o Coração do Verbo Encarnado o gênero humano, contaminado por tantos crimes. mas também como unidos entre si por vínculo natural, na medida em que o humano espiritual e o humano sensitivo estão subordinados ao amor divino, sendo ambos uma representação analógica do primeiro. No pretendemos con esto que en el Corazón de Jesús se haya de ver y adorar la que llaman imagen formal, es decir, la representación perfecta y absoluta de su amor divino, pues que no es posible representar adecuadamente con ninguna imagen criada la íntima esencia de este amor; mas a alma fiel, ao venerar o Coração de Jesus, adora junto com a Igreja o símbolo e como marca da divina Caridade, que veio também amar com o Coração do Verbo Encarnado o gênero humano, contaminado por tantos crimes. mas também como unidos entre si por vínculo natural, na medida em que o humano espiritual e o humano sensitivo estão subordinados ao amor divino, sendo ambos uma representação analógica do primeiro. No pretendemos con esto que en el Corazón de Jesús se haya de ver y adorar la que llaman imagen formal, es decir, la representación perfecta y absoluta de su amor divino, pues que no es posible representar adecuadamente con ninguna imagen criada la íntima esencia de este amor; mas a alma fiel, ao venerar o Coração de Jesus, adora junto com a Igreja o símbolo e como marca da divina Caridade, que veio também amar com o Coração do Verbo Encarnado o gênero humano, contaminado por tantos crimes. ambos são uma representação analógica do primeiro. No pretendemos con esto que en el Corazón de Jesús se haya de ver y adorar la que llaman imagen formal, es decir, la representación perfecta y absoluta de su amor divino, pues que no es posible representar adecuadamente con ninguna imagen criada la íntima esencia de este amor; mas a alma fiel, ao venerar o Coração de Jesus, adora junto com a Igreja o símbolo e como marca da divina Caridade, que veio também amar com o Coração do Verbo Encarnado o gênero humano, contaminado por tantos crimes. ambos são uma representação analógica do primeiro. No pretendemos con esto que en el Corazón de Jesús se haya de ver y adorar la que llaman imagen formal, es decir, la representación perfecta y absoluta de su amor divino, pues que no es posible representar adecuadamente con ninguna imagen criada la íntima esencia de este amor; mas a alma fiel, ao venerar o Coração de Jesus, adora junto com a Igreja o símbolo e como marca da divina Caridade, que veio também amar com o Coração do Verbo Encarnado o gênero humano, contaminado por tantos crimes. já que não é possível representar adequadamente com nenhuma imagem criada a essência íntima deste amor; mas a alma fiel, ao venerar o Coração de Jesus, adora junto com a Igreja o símbolo e como marca da divina Caridade, que veio também amar com o Coração do Verbo Encarnado o gênero humano, contaminado por tantos crimes. já que não é possível representar adequadamente com nenhuma imagem criada a essência íntima deste amor; mas a alma fiel, ao venerar o Coração de Jesus, adora junto com a Igreja o símbolo e como marca da divina Caridade, que veio também amar com o Coração do Verbo Encarnado o gênero humano, contaminado por tantos crimes.

A profissão mais completa da religião cristã

29. Portanto, neste importante e delicado assunto, é necessário ter sempre em mente como a verdade do simbolismo natural, que relaciona o Coração físico de Jesus com a pessoa do Verbo, repousa inteiramente na verdade primária da união hipostática ; sobre o que não há dúvida, desde que não se queira renovar os erros condenados mais de uma vez pela Igreja, como contrários à unidade da pessoa em Cristo — com a distinção e integridade de suas duas naturezas.

Esta verdade fundamental permite-nos compreender como o Coração de Jesus é o coração de uma pessoa divina, isto é, do Verbo Encarnado, e que, por isso, representa e põe diante dos nossos olhos todo o amor que Ele teve por nós e ainda tem para nós. . E aqui está a razão pela qual o culto ao Sagrado Coração é considerado, na prática, como a profissão mais completa da religião cristã. Verdadeiramente, a religião de Jesus Cristo é fundada inteiramente no Mediador Homem-Deus; de modo que não se pode chegar ao Coração de Deus senão passando pelo Coração de Cristo, conforme Ele mesmo afirmou: «Eu sou o caminho, a verdade e a vida. Ninguém vem ao Pai senão por mim»[107].

Assim sendo, facilmente se deduz que o culto ao Sacratíssimo Coração de Jesus não é substancialmente outra coisa senão o mesmo culto de amor com que Deus nos amou por Jesus Cristo, ao mesmo tempo que o exercício do nosso amor a Deus e outros homens. Em outras palavras: Este culto aborda o amor de Deus por nós, propondo-o como objeto de adoração, ação de graças e imitação; Além disso, considera a perfeição do nosso amor a Deus e aos homens como a meta a ser alcançada mediante o cumprimento cada vez mais generoso do "novo" mandamento que o Divino Mestre legou em sagrada herança aos seus Apóstolos, quando lhes disse : «A dou-vos um novo mandamento: que vos ameis uns aos outros, como eu vos amei... O meu preceito é que vos ameis uns aos outros, como eu vos amei» [108]. este mandamento, verdadeiramente novo e próprio de Cristo; porque, como diz São Tomás de Aquino: «Há pouca diferença entre o Antigo e o Novo Testamento, pois, como diz Jeremias, "Farei uma nova aliança com a casa de Israel" [109]. Mas que este mandamento foi praticado no Antigo Testamento por santo temor e amor, foi devido ao Novo Testamento; na medida em que, se este mandamento já existia na Lei Antiga, não o era como prerrogativa própria, mas como prólogo e preparação da Lei Nova» [110]. foi devido ao Novo Testamento; na medida em que, se este mandamento já existia na Lei Antiga, não o era como prerrogativa própria, mas como prólogo e preparação da Lei Nova» [110]. foi devido ao Novo Testamento; na medida em que, se este mandamento já existia na Lei Antiga, não o era como prerrogativa própria, mas como prólogo e preparação da Lei Nova» [110].

 V. ALTA APRECIAÇÃO PELA ADORAÇÃO AO SAGRADO CORAÇÃO DE JESUS

 30. Antes de concluir estas belas e consoladoras considerações sobre a autenticidade deste culto e a sua excelência cristã, nós, plenamente conscientes do ofício apostólico que pela primeira vez foi confiado a São Pedro, depois de lhe ter professado três vezes o seu amor. Senhor Jesus Cristo, cremos oportuno exortar-vos mais uma vez, veneráveis ​​irmãos, e por meio de vós todos os caríssimos filhos em Cristo, para que com crescente entusiasmo cuideis de promover esta dulcíssima devoção, porque dela brotarão também grandes frutos em nossos tempos. .

E, na verdade, se forem devidamente ponderados os argumentos em que se baseia o culto prestado ao Coração Ferido de Jesus, todos verão claramente que não se trata aqui de nenhuma forma de piedade, que é lícito adiar outras ou tê-la em menos, mas de uma prática religiosa muito apta a alcançar a perfeição cristã. Se "a devoção —segundo o conceito teológico tradicional, formulado pelo Doutor Angélico— nada mais é do que a vontade de se dedicar a tudo o que se relaciona com o serviço de Deus"[111], pode haver um divino mais devido e necessário? serviço? , ao mesmo tempo que mais nobre e doce, do que aquele entregue ao seu amor? E que serviço pode ser considerado mais agradável e afetuoso a Deus do que a homenagem prestada à caridade divina e que se faz por amor, já que todo serviço voluntário é de alguma forma um dom, e quando o amor constitui "o primeiro presente, pelo qual todos os presentes gratuitos nos são dados?" [112]. Portanto, é digna da mais alta honra aquela forma de culto pela qual o homem se dispõe a honrar e amar a Deus no mais alto grau e a consagrar-se mais fácil e prontamente ao serviço da caridade divina; e tanto mais que o próprio nosso Redentor se dignou propô-lo e recomendá-lo ao povo cristão, e os Sumos Pontífices o confirmaram com documentos memoráveis ​​e o exaltaram com grande louvor. E assim, quem desprezasse este notável benefício que Jesus Cristo deu à sua Igreja, procederia de forma imprudente e perniciosa, e ofenderia até o próprio Deus. de grande honra aquela forma de culto pela qual o homem se dispõe a honrar e amar a Deus no mais alto grau e a consagrar-se mais fácil e prontamente ao serviço da caridade divina; e tanto mais que o próprio nosso Redentor se dignou propô-lo e recomendá-lo ao povo cristão, e os Sumos Pontífices o confirmaram com documentos memoráveis ​​e o exaltaram com grande louvor. E assim, quem desprezasse este notável benefício que Jesus Cristo deu à sua Igreja, procederia de forma imprudente e perniciosa, e ofenderia até o próprio Deus. de grande honra aquela forma de culto pela qual o homem se dispõe a honrar e amar a Deus no mais alto grau e a consagrar-se mais fácil e prontamente ao serviço da caridade divina; e tanto mais que o próprio nosso Redentor se dignou propô-lo e recomendá-lo ao povo cristão, e os Sumos Pontífices o confirmaram com documentos memoráveis ​​e o exaltaram com grande louvor. E assim, quem desprezasse este notável benefício que Jesus Cristo deu à sua Igreja, procederia de forma imprudente e perniciosa, e ofenderia até o próprio Deus. e os Sumos Pontífices o confirmaram com documentos memoráveis ​​e o exaltaram com grande louvor. E assim, quem desprezasse este notável benefício que Jesus Cristo deu à sua Igreja, procederia de forma imprudente e perniciosa, e ofenderia até o próprio Deus. e os Sumos Pontífices o confirmaram com documentos memoráveis ​​e o exaltaram com grande louvor. E assim, quem desprezasse este notável benefício que Jesus Cristo deu à sua Igreja, procederia de forma imprudente e perniciosa, e ofenderia até o próprio Deus.

31. Posto isto, já não há dúvida de que os cristãos que honram o Sacratíssimo Coração do Redentor cumprem o dever, certamente gravíssimo, que têm de servir a Deus, e que juntos consagram a si mesmos e a toda a sua actividade, tanto interna como externamente, ao seu Criador e Redentor, pondo assim em prática aquele mandamento divino: "Amarás o Senhor teu Deus de todo o teu coração, e de toda a tua alma, e de todo o teu entendimento, e de todas as tuas forças" [ 113] . Además de que así tienen la certeza de que a honrar a Dios no les mueve ninguna ventaja personal, corporal o espiritual, temporal o eterna, sino la bondad misma de Dios, a quien cuidan de obsequiar con actos de amor, de adoración y de debida ação de Graças. Se assim não fosse, o culto do Sagrado Coração de Jesus já não corresponderia à genuinidade da religião cristã, porque então o homem com tal culto não teria mais como objetivo principal o serviço de honrar principalmente o amor divino; e então as acusações de excessivo amor-próprio e auto-suficiência, motivadas por aqueles que não compreendem esta nobilíssima devoção, ou não a praticam com toda a retidão, devem ser mantidas como justas.

 Todos, portanto, tenham a firme convicção de que no culto do augustíssimo Coração de Jesus o mais importante não consiste nas devotas práticas externas de piedade, e que o principal motivo para abraçá-lo não deve ser a esperança da própria utilidade, porque também estes benefícios Cristo Nosso Senhor prometeu por meio de certas revelações privadas, precisamente para que os homens se sentissem movidos a cumprir com maior fervor os principais deveres da religião católica, ou seja, o dever de amor e o dever de expiação, ao ao mesmo tempo que assim obtêm melhor o seu próprio benefício espiritual.

propagação deste culto

32. Exortamos, então, todos os nossos filhos em Cristo a praticarem com fervor esta devoção, bem como aqueles que já estão acostumados a beber as águas salutares que brotam do Coração do Redentor, como, sobretudo, aqueles que, a título de dos espectadores, de longe ainda olham com espírito de curiosidade e até de dúvida. Que estes pensem bem que é um culto, como já dissemos, que está enraizado na Igreja há muito tempo, que é profundamente sustentado pelos próprios Evangelhos; un culto, en cuyo favor está claramente la Tradición y la sagrada Liturgia, y que los mismos Romanos Pontífices han ensalzado con alabanzas tan multiplicadas como grandes: no se contentaron con instituir una fiesta en honor del Corazón augustísimo del Redentor, y extenderla luego a toda a Igreja, pelo contrário, eles tomaram a iniciativa de dedicar e consagrar solenemente todo o gênero humano ao mesmo Sacratíssimo Coração [114]. Por fim, convém também pensar que este culto tem a seu favor uma colheita de frutos espirituais tão copiosos como consoladores, que dele derivaram para a Igreja: inúmeras conversões à religião católica, fé vigorosamente reavivada em muitos espíritos, mais intimar a união dos fiéis com nosso amorável Redentor; todos esses frutos que, principalmente nas últimas décadas, têm se mostrado de forma tão frequente quanto comovente. que dela resultaram para a Igreja: inúmeras conversões à religião católica, fé vigorosamente reavivada em muitos espíritos, união mais íntima dos fiéis com o nosso amantíssimo Redentor; todos esses frutos que, principalmente nas últimas décadas, têm se mostrado de forma tão frequente quanto comovente. que dela resultaram para a Igreja: inúmeras conversões à religião católica, fé vigorosamente reavivada em muitos espíritos, união mais íntima dos fiéis com o nosso amantíssimo Redentor; todos esses frutos que, principalmente nas últimas décadas, têm se mostrado de forma tão frequente quanto comovente.

Contemplando este admirável espetáculo da extensão e do fervor com que a devoção ao Sacratíssimo Coração de Jesus se estendeu a todos os tipos de fiéis, certamente nos sentimos cheios de alegria e de inefável consolação; e, depois de ter dado ao nosso Redentor os agradecimentos obrigatórios pelos infinitos tesouros da sua bondade, não podemos deixar de manifestar a nossa paterna satisfação a todos quantos, tanto do clero como do elemento secular, tão eficazmente cooperaram na promoção deste culto.

 

 

ENCYCLICAL LETTER HAURIETIS AQUAS OF HIS HOLINESS PIUS XII ON THE WORSHIP OF THE SACRED HEART OF JESUS.


 

And so from the corporeal element —the Heart of Jesus Christ— and from its natural symbolism, it is legitimate and just that, carried on the wings of faith, we rise not only to the contemplation of his sensible love, but even higher, to the consideration and adoration of his most excellent infused love, and, finally, in a sublime and sweet flight at the same time, until the meditation and adoration of the divine Love of the Incarnate Word. In fact, in the light of faith —by which we believe that human nature and divine nature are united in the Person of Christ— our mind becomes capable of conceiving the very close ties that exist between the sensitive love of the physical Heart of Jesus and his double spiritual love, human and divine. Actually, These loves should not be considered simply as coexisting in the adorable Person of the divine Redeemer, but also as united by natural bond, inasmuch as the spiritual and the sensible human are subordinate to divine love, both of which are an analogical representation of that. We do not pretend with this that in the Heart of Jesus one has to see and adore what is called a formal image, that is, the perfect and absolute representation of his divine love, since it is not possible to adequately represent with any created image the intimate essence of this love; but the faithful soul, when venerating the Heart of Jesus, adores together with the Church the symbol and as the imprint of divine Charity, which also came to love with the Heart of the Incarnate Word the human race, contaminated by so many crimes. but also as united among themselves by natural bond, insofar as the spiritual human and the sensitive human are subordinated to divine love, both of which are an analogical representation of the former. We do not pretend with this that in the Heart of Jesus one has to see and adore what is called a formal image, that is, the perfect and absolute representation of his divine love, since it is not possible to adequately represent with any created image the intimate essence of this love; but the faithful soul, when venerating the Heart of Jesus, adores together with the Church the symbol and as the imprint of divine Charity, which also came to love with the Heart of the Incarnate Word the human race, contaminated by so many crimes. but also as united among themselves by natural bond, insofar as the spiritual human and the sensitive human are subordinated to divine love, both of which are an analogical representation of the former. We do not pretend with this that in the Heart of Jesus one has to see and adore what is called a formal image, that is, the perfect and absolute representation of his divine love, since it is not possible to adequately represent with any created image the intimate essence of this love; but the faithful soul, when venerating the Heart of Jesus, adores together with the Church the symbol and as the imprint of divine Charity, which also came to love with the Heart of the Incarnate Word the human race, contaminated by so many crimes. both of which are an analog representation of the former. We do not pretend with this that in the Heart of Jesus one has to see and adore what is called a formal image, that is, the perfect and absolute representation of his divine love, since it is not possible to adequately represent with any created image the intimate essence of this love; but the faithful soul, when venerating the Heart of Jesus, adores together with the Church the symbol and as the imprint of divine Charity, which also came to love with the Heart of the Incarnate Word the human race, contaminated by so many crimes. both of which are an analog representation of the former. We do not pretend with this that in the Heart of Jesus one has to see and adore what is called a formal image, that is, the perfect and absolute representation of his divine love, since it is not possible to adequately represent with any created image the intimate essence of this love; but the faithful soul, when venerating the Heart of Jesus, adores together with the Church the symbol and as the imprint of divine Charity, which also came to love with the Heart of the Incarnate Word the human race, contaminated by so many crimes. since it is not possible to adequately represent with any created image the intimate essence of this love; but the faithful soul, when venerating the Heart of Jesus, adores together with the Church the symbol and as the imprint of divine Charity, which also came to love with the Heart of the Incarnate Word the human race, contaminated by so many crimes. since it is not possible to adequately represent with any created image the intimate essence of this love; but the faithful soul, when venerating the Heart of Jesus, adores together with the Church the symbol and as the imprint of divine Charity, which also came to love with the Heart of the Incarnate Word the human race, contaminated by so many crimes.

The most complete profession of the Christian religion

29. Therefore, in this important and delicate matter, it is necessary to always bear in mind how the truth of natural symbolism, which relates the physical Heart of Jesus to the person of the Word, rests entirely on the primary truth of the hypostatic union ; about which there is no doubt, as long as one does not want to renew the errors condemned more than once by the Church, as contrary to the unity of the person in Christ —with the distinction and integrity of his two natures.

This fundamental truth allows us to understand how the Heart of Jesus is the heart of a divine person, that is, of the Incarnate Word, and that, therefore, represents and puts before our eyes all the love that He has had for us and still has for us. . And here is the reason why the cult of the Sacred Heart is considered, in practice, as the most complete profession of the Christian religion. Truly, the religion of Jesus Christ is founded entirely on the Man-God Mediator; so that one cannot reach the Heart of God except by passing through the Heart of Christ, according to what He Himself affirmed: «I am the way, the truth and the life. No one comes to the Father except through me» [107].

This being so, it can easily be deduced that the cult of the Most Sacred Heart of Jesus is substantially nothing other than the same cult of love with which God loved us through Jesus Christ, at the same time as the exercise of our love for God and other men. In other words: This cult addresses God's love for us, proposing it as an object of adoration, thanksgiving and imitation; In addition, it considers the perfection of our love for God and for men as the goal to be reached through the ever more generous fulfillment of the "new" commandment that the Divine Master bequeathed as a sacred inheritance to his Apostles, when he told them: "A I give you a new commandment: that you love one another, as I have loved you... My precept is that you love one another, as I have loved you» [108]. this commandment, truly new and proper to Christ; because, as Saint Thomas Aquinas says: «There is little difference between the Old and the New Testaments, since, as Jeremiah says, "I will make a new covenant with the house of Israel" [109]. But that this commandment was practiced in the Old Testament out of holy fear and love, it was due to the New Testament; insofar as, if this commandment already existed in the Old Law, it was not as its own prerogative, but rather as a prologue and preparation of the New Law» [110]. it was due to the New Testament; insofar as, if this commandment already existed in the Old Law, it was not as its own prerogative, but rather as a prologue and preparation of the New Law» [110]. it was due to the New Testament; insofar as, if this commandment already existed in the Old Law, it was not as its own prerogative, but rather as a prologue and preparation of the New Law» [110].

  V. HIGH APPRECIATION FOR THE WORSHIP OF THE SACRED HEART OF JESUS

  30. Before concluding these beautiful and consoling considerations on the authentic nature of this cult and its Christian excellence, We, fully aware of the apostolic office that was entrusted to Saint Peter for the first time, after having professed his love for him three times Our Lord Jesus Christ, we believe it appropriate to exhort you once more, venerable brothers, and through you all the dearest children in Christ, so that with growing enthusiasm you take care to promote this most sweet devotion, since from it great fruits will also sprout in our times. .

And in truth, if the arguments on which the cult paid to the Wounded Heart of Jesus is based are duly pondered, everyone will clearly see how here we are not dealing with any form of piety, which is lawful to postpone others or have it in less, but rather of a religious practice very apt to achieve Christian perfection. If "devotion —according to the traditional theological concept, formulated by the Angelic Doctor— is nothing other than the willingness to dedicate oneself to everything that is related to the service of God"[111], can there be a more due and necessary divine service? , at the same time that more noble and sweet, than the one surrendered to his love? And what service can be thought more pleasing and affectionate to God than the homage rendered to divine charity and which is done out of love, since all voluntary service is in some way a gift, and when love constitutes "the first gift, by which all free gifts are given to us?" [112]. Therefore, that form of worship by which man is disposed to honor and love God to the highest degree and consecrate himself more easily and promptly to the service of divine charity is worthy of the highest honor; and this is all the more so since our Redeemer himself deigned to propose and recommend it to the Christian people, and the Supreme Pontiffs have confirmed it with memorable documents and have exalted it with great praise. And so, whoever despises this notable benefit that Jesus Christ has given to his Church, would proceed recklessly and perniciously, and would even offend God himself. of great honor that form of worship by which man is disposed to honor and love God in the highest degree and consecrate himself more easily and promptly to the service of divine charity; and this is all the more so since our Redeemer himself deigned to propose and recommend it to the Christian people, and the Supreme Pontiffs have confirmed it with memorable documents and have exalted it with great praise. And so, whoever despises this notable benefit that Jesus Christ has given to his Church, would proceed recklessly and perniciously, and would even offend God himself. of great honor that form of worship by which man is disposed to honor and love God in the highest degree and consecrate himself more easily and promptly to the service of divine charity; and this is all the more so since our Redeemer himself deigned to propose and recommend it to the Christian people, and the Supreme Pontiffs have confirmed it with memorable documents and have exalted it with great praise. And so, whoever despises this notable benefit that Jesus Christ has given to his Church, would proceed recklessly and perniciously, and would even offend God himself. and the Supreme Pontiffs have confirmed it with memorable documents and have exalted it with great praise. And so, whoever despises this notable benefit that Jesus Christ has given to his Church, would proceed recklessly and perniciously, and would even offend God himself. and the Supreme Pontiffs have confirmed it with memorable documents and have exalted it with great praise. And so, whoever despises this notable benefit that Jesus Christ has given to his Church, would proceed recklessly and perniciously, and would even offend God himself.

31. Assuming this, there is no longer any doubt that Christians who honor the most sacred Heart of the Redeemer fulfill the duty, certainly very serious, that they have to serve God, and that together they consecrate themselves and all their own activity, both internally as externally, to its Creator and Redeemer, thus putting into practice that divine commandment: "You shall love the Lord your God with all your heart, and with all your soul, and with all your mind, and with all your strength" [113] . In addition, they thus have the certainty that in honoring God they are not moved by any personal, bodily or spiritual, temporal or eternal advantage, but by the goodness of God himself, whom they take care to present with acts of love, adoration and due Thanksgiving. If it were not so, the cult of the Most Sacred Heart of Jesus would no longer respond to the genuine nature of the Christian religion, because then the man with such a cult would no longer have as his main aim the service of honoring divine love mainly; and then accusations of excessive self-love and self-sufficiency, motivated by those who misunderstand this most noble devotion, or do not practice it with all rectitude, should be maintained as just.

Everyone, therefore, have the firm persuasion that in the cult of the most august Heart of Jesus the most important thing does not consist in the devout external practices of piety, and that the main reason for embracing it should not be the hope of one's own usefulness, because even these benefits Christ our Lord has promised through certain private revelations, precisely so that men might feel moved to fulfill with greater fervor the main duties of the Catholic religion, namely, the duty of love and the duty of expiation, at the same time that in this way they obtain their own spiritual benefit in a better way.

spread of this cult

32. We exhort, then, all our children in Christ to practice this devotion with fervor, as well as those who are already accustomed to drinking the healthy waters that flow from the Redeemer's Heart, as, above all, those who, by way of of spectators, from afar they still look with a spirit of curiosity and even doubt. Let these think carefully that it is a cult, as we have already said, that has been rooted in the Church for a long time, that is deeply supported by the Gospels themselves; a cult, in whose favor Tradition and the sacred Liturgy are clearly in favor, and which the Roman Pontiffs themselves have extolled with praises as multiplied as they were great: they were not content with instituting a festival in honor of the most august Heart of the Redeemer, and then extending it to all church, rather, for their part, they took the initiative to solemnly dedicate and consecrate the entire human race to the same Most Sacred Heart [114]. Finally, it is also convenient to think that this cult has in its favor a harvest of spiritual fruits as copious as consoling, which have been derived from it for the Church: innumerable conversions to the Catholic religion, vigorously revived faith in many spirits, more intimate the union of the faithful with our most loving Redeemer; all these fruits that, especially in recent decades, have been shown in a way that is as frequent as it is moving. that have resulted from it for the Church: innumerable conversions to the Catholic religion, vigorously revived faith in many spirits, more intimate union of the faithful with our most loving Redeemer; all these fruits that, especially in recent decades, have been shown in a way that is as frequent as it is moving. that have resulted from it for the Church: innumerable conversions to the Catholic religion, vigorously revived faith in many spirits, more intimate union of the faithful with our most loving Redeemer; all these fruits that, especially in recent decades, have been shown in a way that is as frequent as it is moving.

Contemplating this admirable spectacle of the extent and fervor with which devotion to the Most Sacred Heart of Jesus has spread to all kinds of faithful, we certainly feel full of joy and ineffable consolation; and, after giving our Redeemer the obligatory thanks for the infinite treasures of his goodness, we cannot fail to express our paternal satisfaction to all those who, both clergy and secular elements, have cooperated so effectively in promoting this worship.

 

 

CARTA ENCÍCLICA HAURIETIS AQUAS DE SU SANTIDAD PÍO XII SOBRE EL CULTO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS.


Y así del elemento corpóreo —el Corazón de Jesucristo— y de su natural simbolismo, es legítimo y justo que, llevados en alas de la fe, nos elevemos no sólo a la contemplación de su amor sensible, sino más alto aún, hasta la consideración y adoración de su excelentísimo amor infundido, y, finalmente, en un vuelo sublime y dulce a un mismo tiempo, hasta la meditación y adoración del Amor divino del Verbo Encarnado. De hecho, a la luz de la fe —por la cual creemos que en la Persona de Cristo están unidas la naturaleza humana y la naturaleza divina— nuestra mente se torna idónea para concebir los estrechísimos vínculos que existen entre el amor sensible del Corazón físico de Jesús y su doble amor espiritual, el humano y el divino. En realidad, estos amores no se deben considerar sencillamente como coexistentes en la adorable Persona del Redentor divino, sino también como unidos entre sí por vínculo natural, en cuanto que al amor divino están subordinados el humano espiritual y el sensible, los cuales dos son una representación analógica de aquél. No pretendemos con esto que en el Corazón de Jesús se haya de ver y adorar la que llaman imagen formal, es decir, la representación perfecta y absoluta de su amor divino, pues que no es posible representar adecuadamente con ninguna imagen criada la íntima esencia de este amor; pero el alma fiel, al venerar el Corazón de Jesús, adora juntamente con la Iglesia el símbolo y como la huella de la Caridad divina, la cual llegó también a amar con el Corazón del Verbo Encarnado al género humano, contaminado por tantos crímenes.

La más completa profesión de la religión cristiana

29. Por ello, en esta materia tan importante como delicada, es necesario tener siempre muy presente cómo la verdad del simbolismo natural, que relaciona al Corazón físico de Jesús con la persona del Verbo, descansa toda ella en la verdad primaria de la unión hipostática; en torno a la cual no cabe duda alguna, como no se quiera renovar los errores condenados más de una vez por la Iglesia, por contrarios a la unidad de persona en Cristo —con la distinción e integridad de sus dos naturalezas.

Esta verdad fundamental nos permite entender cómo el Corazón de Jesús es el corazón de una persona divina, es decir, del Verbo Encarnado, y que, por consiguiente, representa y pone ante los ojos todo el amor que El nos ha tenido y nos tiene aún. Y aquí está la razón de por qué el culto al Sagrado Corazón se considera, en la práctica, como la más completa profesión de la religión cristiana. Verdaderamente, la religión de Jesucristo se funda toda en el Hombre-Dios Mediador; de manera que no se puede llegar al Corazón de Dios sino pasando por el Corazón de Cristo, conforme a lo que El mismo afirmó: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí» [107].

Siendo esto así, fácilmente se deduce que el culto al Sacratísimo Corazón de Jesús no es sustancialmente sino el mismo culto al amor con que Dios nos amó por medio de Jesucristo, al mismo tiempo que el ejercicio de nuestro amor a Dios y a los demás hombres. Dicho de otra manera: Este culto se dirige al amor de Dios para con nosotros, proponiéndolo como objeto de adoración, de acción de gracias y de imitación; además, considera la perfección de nuestro amor a Dios y a los hombres como la meta que ha de alcanzarse por el cumplimiento cada vez más generoso del mandamiento «nuevo» que el Divino Maestro legó como sacra herencia a sus Apóstoles, cuando les dijo: «Un nuevo mandamiento os doy: Que os améis los unos a los otros, como yo os he amado... El precepto mío es que os améis unos a otros, como yo os he amado» [108]. Mandamiento éste, en verdad nuevo y propio de Cristo; porque, como dice santo Tomás de Aquino: «Poca diferencia hay entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, pues, como dice Jeremías, "Haré un pacto nuevo con la casa de Israel" [109]. Pero que este mandamiento se practicase en el Antiguo Testamento a impulso de santo temor y amor, se debía al Nuevo Testamento; en cuanto que, si este mandamiento ya existía en la Antigua Ley, no era como prerrogativa suya propia, sino más bien como prólogo y preparación de la Ley Nueva» [110].

 V. SUMO APRECIO POR EL CULTO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

 30. Antes de terminar estas consideraciones tan hermosas como consoladoras sobre la naturaleza auténtica de este culto y su cristiana excelencia, Nos, plenamente conscientes del oficio apostólico que por primera vez fue confiado a san Pedro, luego de haber profesado por tres veces su amor a Jesucristo nuestro Señor, creemos conveniente exhortaros una vez más, venerables hermanos, y por vuestro medio a todos los queridísimos hijos en Cristo, para que con creciente entusiasmo cuidéis de promover esta suavísima devoción, pues de ella han de brotar grandísimos frutos también en nuestros tiempos.

Y en verdad que si debidamente se ponderan los argumentos en que se funda el culto tributado al Corazón herido de Jesús, todos verán claramente cómo aquí no se trata de una forma cualquiera de piedad, que sea lícito posponer a otras o tenerla en menos, sino de una práctica religiosa muy apta para conseguir la perfección cristiana. Si «la devoción —según el tradicional concepto teológico, formulado por el Doctor Angélico— no es sino la pronta voluntad de dedicarse a todo cuanto con el servicio de Dios se relaciona» [111], ¿puede haber servicio divino más debido y más necesario, al mismo tiempo que más noble y dulce, que el rendido a su amor? Y ¿qué servicio cabe pensar más grato y afecto a Dios que el homenaje tributado a la caridad divina y que se hace por amor, desde el momento en que todo servicio voluntario en cierto modo es un don, y cuando el amor constituye «el don primero, por el que nos son dados todos los dones gratuitos?» [112]. Es digna, pues, de sumo honor aquella forma de culto por la cual el hombre se dispone a honrar y amar en sumo grado a Dios y a consagrarse con mayor facilidad y prontitud al servicio de la divina caridad; y ello tanto más cuanto que nuestro Redentor mismo se dignó proponerla y recomendarla al pueblo cristiano, y los Sumos Pontífices la han confirmado con memorables documentos y la han enaltecido con grandes alabanzas. Y así, quien tuviere en poco este insigne beneficio que Jesucristo ha dado a su Iglesia, procedería en forma temeraria y perniciosa, y aun ofendería al mismo Dios.

31. Esto supuesto, ya no cabe duda alguna de que los cristianos que honran al sacratísimo Corazón del Redentor cumplen el deber, ciertamente gravísimo, que tienen de servir a Dios, y que juntamente se consagran a sí mismos y a toda su propia actividad, tanto interna como externa, a su Creador y Redentor, poniendo así en práctica aquel divino mandamiento: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con todas tus fuerzas» [113]. Además de que así tienen la certeza de que a honrar a Dios no les mueve ninguna ventaja personal, corporal o espiritual, temporal o eterna, sino la bondad misma de Dios, a quien cuidan de obsequiar con actos de amor, de adoración y de debida acción de gracias. Si no fuera así, el culto al sacratísimo Corazón de Jesús ya no respondería a la índole genuina de la religión cristiana, porque entonces el hombre con tal culto ya no tendría como mira principal el servicio de honrar principalmente el amor divino; y entonces deberían mantenerse como justas las acusaciones de excesivo amor y de demasiada solicitud por sí mismos, motivadas por quienes entienden mal esta devoción tan nobilísima, o no la practican con toda rectitud.

Todos, pues, tengan la firme persuasión de que en el culto al augustísimo Corazón de Jesús lo más importante no consiste en las devotas prácticas externas de piedad, y que el motivo principal de abrazarlo tampoco debe ser la esperanza de la propia utilidad, porque aun estos beneficios Cristo nuestro Señor los ha prometido mediante ciertas revelaciones privadas, precisamente para que los hombres se sintieran movidos a cumplir con mayor fervor los principales deberes de la religión católica, a saber, el deber de amor y el de la expiación, al mismo tiempo que así obtengan de mejor manera su propio provecho espiritual.

Difusión de este culto

32. Exhortamos, pues, a todos nuestros hijos en Cristo a que practiquen con fervor esta devoción, así a los que ya están acostumbrados a beber las aguas saludables que brotan del Corazón del Redentor, como, sobre todo, a los que, a guisa de espectadores, desde lejos miran todavía con espíritu de curiosidad y hasta de duda. Piensen estos con atención que se trata de un culto, según ya hemos dicho, que desde hace mucho tiempo está arraigado en la Iglesia, que se apoya profundamente en los mismos Evangelios; un culto, en cuyo favor está claramente la Tradición y la sagrada Liturgia, y que los mismos Romanos Pontífices han ensalzado con alabanzas tan multiplicadas como grandes: no se contentaron con instituir una fiesta en honor del Corazón augustísimo del Redentor, y extenderla luego a toda la Iglesia, sino que por su parte tomaron la iniciativa de dedicar y consagrar solemnemente todo el género humano al mismo sacratísimo Corazón [114]. Finalmente, conveniente es asimismo pensar que este culto tiene en su favor una mies de frutos espirituales tan copiosos como consoladores, que de ella se han derivado para la Iglesia: innumerables conversiones a la religión católica, reavivada vigorosamente la fe en muchos espíritus, más íntima la unión de los fieles con nuestro amantísimo Redentor; frutos todos estos que, sobre todo en los últimos decenios, se han mostrado en una forma tan frecuente como conmovedora.

Al contemplar este admirable espectáculo de la extensión y fervor con que la devoción al sacratísimo Corazón de Jesús se ha propagado en toda clase de fieles, nos sentimos ciertamente llenos de gozo y de inefable consuelo; y, luego de dar a nuestro Redentor las obligadas gracias por los tesoros infinitos de su bondad, no podemos menos de expresar nuestra paternal complacencia a todos los que, tanto del clero como del elemento seglar, con tanta eficacia han cooperado a promover este culto. 

domingo, 4 de junio de 2023

EN LA FÊTE DE LA SAINTE TRINITÉ.

 

C'est par excellence le mystère que notre sacro-sainte Religion renferme d'un grand secret, sans lequel elle ne serait pas la seule religion ou Église instituée par Notre-Seigneur Jésus-Christ. C'est, en même temps, la pierre angulaire sur laquelle la religion catholique est construite, ce dogme n'est accessible que par la FOI, c'est-à-dire par notre assentiment à cette grande vérité révélée par Jésus-Christ lui-même dans les Saintes Écritures, il n'y a rien plus éloigné de notre entendement que ce beau mystère de la Sainte Trinité.

Il n'y a donc pas de dogme plus difficile à exposer que celui-ci et vous ne pouvez en avoir qu'une pâle idée à travers notre foi et où notre intelligence sans elle ne peut rien.

Il est certain et de foi divine que l'on ne peut prouver par la seule raison naturelle l'existence des processions royales en Dieu (si c'est le cas, plus il sera difficile d'en expliquer l'essence). Dans le cas où l'on prouverait l'existence de ces processions divines avec la seule raison naturelle, elles cesseraient d'être ce qu'elles sont, c'est-à-dire transcendantales et surnaturelles comme l'être très intime de Dieu. C'est pourquoi, pour parvenir à leur connaissance, nous n'avons que le témoignage de la révélation divine, authentiquement interprétée et proposée par le magistère infaillible de l'Église. Dans les choses qui dépassent nos capacités naturelles, c'est un devoir de notre raison de se conformer au divin, de s'y soumettre et de lui donner son assentiment par la FOI. La théologie a le devoir sacré de les expliquer de la meilleure façon possible,

Saint Thomas, traitant des processions divines, se contente d'affirmer que "la Sainte Écriture se sert de noms et d'expressions qui signifient processions pour désigner les personnes divines", recueillant ensuite dans un texte le sens de la révélation, dont il a ensuite poursuit en expliquant que théologiquement, nous quittons pour l'instant le sens théologique faute d'espace et de temps.

Les noms que les personnes divines sont exprimés dans la Sainte Écriture manifestent, en effet, l'existence en Dieu de deux processions différentes. Ainsi la première personne reçoit le nom de Père (Jn 17, 6). La seconde reçoit des noms différents, exprimant tous la même idée de provenance du Père par génération vraie et propre. Et ce sont: Fils de Dieu par nature (Mt. 3, 17), Fils unique du Père (Jn. 1, 14 : 3, 16 etc.), Verbe (Jn. 1, 1 : apoc. 19, 13), Image de Dieu, figure de sa substance (II. Cor. 4,4: Col. 1, 15; Hébr. 1, 3).

Il ne fait aucun doute que tous ces noms de la deuxième personne de l'auguste Trinité indiquent l'origine ou la provenance du Père, raison pour laquelle ils ne peuvent être attribués qu'en toute convenance. Car le Fils de Dieu par nature est dit dans la Sainte Écriture de celui qui reçoit du Père par véritable génération. Pour cette raison, le nom de Père est celui que Jésus-Christ utilise constamment lorsqu'il se réfère à Dieu (Jn. 8, 1; 21, 24 etc.), pour signifier l'intime parenté de paternité, qui n'est autre que celle d'origine pour véritable génération dans l'unité de nature ou essence divine (Jn. 8, 15; 19, 30; 14, 24 ; 16. 3, 24 etc.). Comme cette communication de la nature est très pleine, totale et unique parce qu'elle est dans l'identité la plus absolue de l'essence, le Fils est aussi appelé Fils unique. On dit aussi Verbe, parce qu'elle procède de l'acte de comprendre l'essence divine du Père. De même, puisque l'essence du Fils est l'expression parfaite de la nature même du Père, elle est aussi proprement appelée Image, Splendeur, Figure de la substance du Père.

La troisième personne divine est désignée dans l'Ecriture Sainte avec un nom très différent de la seconde. Ces noms sont : Saint-Esprit (Mt. 28,19 etc.), Amour (I Jn. 4, 7-8 ; Rom. 5, 5), Don (Jn. 7, 38 ; 4, 10 S ; Act. 2, 38 etc.), Avocat et Esprit de Vérité (JN. 14, 15-19; 15, 26) et autres prières secondaires. Contrairement à la deuxième personne, il n'est jamais dit de la troisième personne dans les Saintes Écritures qu'elle est engendrée, mais qu'elle procède.

Par quoi il est clairement manifesté qu'elle a une autre origine qu'en Dieu. Cette distinction consiste dans le fait que l'Esprit Saint procède du Père et du Fils (comme nous le confessons dans le Credo des dimanches et jours fériés des classes I et II dans les messes), et son origine n'a pas une raison de génération comme celle-là du Fils.

C'est ainsi que Jésus-Christ lui-même enseigne à travers saint Jean: «Quand viendra l'avocat que j'enverrai du Père, l'Esprit de vérité, qui procède du Père, il me rendra témoignage» (15, 26). Un peu plus loin, il ajoute qu'elle procède aussi du Fils, dans les termes suivants : « Quand il viendra, l'Esprit de Vérité, il vous conduira vers la vérité complète, car il ne parlera pas de lui-même, mais il parlera de ce qu'il entend, et il vous parlera." annoncera les choses à venir. Il me glorifiera parce qu'il prendra de ce qui est à moi et vous le fera savoir; car je vous ai dit que je prendrais ce qui est à moi et que je vous le ferai connaître» (Jn 14, 13-15).

C'est-à-dire que le Saint-Esprit reçoit de la connaissance du Fils. Mais la science en Dieu s'identifie réellement à l'essence divine. Donc, dire que le Saint-Esprit reçoit du Fils revient à dire qu'il procède réellement de Lui. Et puisque, d'autre part, on dit aussi qu'il procède du Père, il s'ensuit que la procession de le Saint-Esprit est réellement différent de celui du Fils et, par conséquent, qu'il n'est pas une génération unique en Dieu. D'où les divers noms qu'il reçoit dans la révélation divine.

Ainsi, selon la révélation divine, il y a deux processions différentes en Dieu, celle du Fils et celle du Saint-Esprit, dont il est la vraie génération et non la seconde. Le Père ne vient de personne, mais il est le commencement de toute la Trinité, et ainsi se distingue aussi vraiment des autres personnes divines, qui viennent de Lui. En d'autres termes, il n'y a que deux processions du même Dieu, parce qu'il y a ne sont que trois personnes différentes en un seul vrai Dieu, et il y a deux actions immanentes selon lesquelles elles se vérifient. Ce n'est pas un sujet facile à traiter de la Sainte Trinité, c'est un sujet dont on ne donne qu'une très brève notion et même c'est une pâle expression des dimensions infinies que ce beau sujet englobe réellement, mais en même temps mystérieux et dogmatique.

 

 

NA FESTA DA SANTÍSSIMA TRINDADE.



É por excelência o mistério que nossa sacrossanta Religião encerra com grande sigilo, sem o qual não seria a única religião ou Igreja instituída por Nosso Senhor Jesus Cristo. É, ao mesmo tempo, a pedra angular sobre a qual se edifica a religião católica, a este dogma só se pode aceder através da FÉ, ou seja, através do nosso consentimento a esta grande verdade revelada pelo próprio Jesus Cristo nas Sagradas Escrituras, não há nada mais distante do nosso entendimento do que este belo mistério da Santíssima Trindade.

Portanto, não há dogma mais difícil de expor do que este e dele só se pode ter uma pálida ideia através da nossa fé e onde a nossa inteligência sem ela nada pode fazer.

É certo e de fé divina que não podemos provar apenas pela razão natural a existência de procissões reais em Deus (se assim for, mais difícil será explicar a sua essência). No caso de provar a existência dessas processões divinas apenas com a razão natural, elas deixariam de ser o que são, isto é, transcendentais e sobrenaturais como o próprio ser íntimo de Deus. Por isso, para chegar ao seu conhecimento, contamos apenas com o testemunho da revelação divina, autenticamente interpretada e proposta pelo infalível magistério da Igreja. Nas coisas que excedem a nossa capacidade natural, é dever da nossa razão conformar-se com o divino, submetendo-se a ele e dando-lhe assentimento pela FÉ. A teologia tem o sagrado dever de explicá-los da melhor maneira possível,

São Tomás, tratando das procissões divinas, contenta-se em afirmar que "a Sagrada Escritura usa nomes e expressões que significam procissões para designar as pessoas divinas", recolhendo depois num texto o sentido da revelação, cujo conteúdo integral continua explicando teologicamente, nós, por enquanto, deixamos o sentido teológico por falta de espaço e tempo.

Os nomes que as Pessoas divinas expressam na Sagrada Escritura manifestam, com efeito, a existência em Deus de duas processões diferentes. Assim, a primeira pessoa recebe o nome de Pai (Jo 17, 6). O segundo recebe nomes diferentes, todos expressando a mesma ideia de proveniência do Pai por geração verdadeira e própria. E estes são: Filho de Deus por natureza (Mt. 3, 17), Unigênito do Pai (Jo. 1, 14: 3, 16 etc), Verbo (Jo. 1, 1: apoc. 19, 13), Imagem de Deus, figura de sua substância (II. Cor. 4,4: Col. 1, 15; Hebr. 1, 3).

Não há dúvida de que todos esses nomes da segunda pessoa da augusta Trindade indicam a origem ou proveniência do Pai, razão pela qual só podem ser atribuídos com plena propriedade. Porque o Filho de Deus por natureza é dito na Sagrada Escritura daquele que recebe do Pai por geração verdadeira. Por isso, o nome de Pai é aquele que Jesus Cristo usa constantemente ao referir-se a Deus (Jo 8,1; 21,24 etc.), para significar a íntima relação de paternidade, que não é outra senão a de origem para verdadeira geração na unidade da natureza ou essência divina (Jo. 8, 15; 19, 30; 14, 24; 16. 3, 24 etc). Como esta comunicação da natureza é muito plena, total e única porque está na mais absoluta identidade de essência, o Filho também é chamado de Unigênito. Também se diz Verbo, porque procede do ato de compreender a essência divina do Pai. Da mesma forma, sendo a essência do Filho a expressão perfeita da própria natureza do Pai, ela também é propriamente chamada de Imagem, Esplendor, Figura da substância do Pai.

A terceira pessoa divina é designada na Sagrada Escritura com um nome muito diferente da segunda. Esses nomes são: Espírito Santo (Mt. 28,19 etc), Amor (I Jo. 4, 7-8; Rom. 5, 5), Dom (Jo. 7, 38; 4, 10 S; Atos. 2, 38 etc.), Advogado e Espírito da Verdade (JN. 14, 15-19; 15, 26) e mais orações secundárias. Ao contrário da segunda pessoa, nunca se diz da terceira pessoa nas Sagradas Escrituras que ela é gerada, mas que procede.

Pelo que se manifesta claramente que tem outra origem que não a de Deus. Esta distinção consiste no fato de que o Espírito Santo procede do Pai e do Filho (como confessamos no Credo dos domingos e feriados da I e II classes nas Missas), e sua origem não tem uma razão de geração como aquela do Filho.

Assim ensina o próprio Jesus Cristo por meio de São João: "Quando vier o Advogado que eu enviarei do Pai, o Espírito da Verdade, que procede do Pai, Ele dará testemunho de mim" (15, 26). Um pouco mais adiante, acrescenta que procede também do Filho, nos seguintes termos: "Quando vier, o Espírito da Verdade, vos conduzirá à verdade completa, porque não falará de si mesmo, mas falará do que ele ouve, e ele vai falar com você." anunciará as coisas que estão por vir. Ele me glorificará porque receberá do que é meu e fará você saber; porque vos disse que tomaria do que é meu e vo-lo daria a conhecer” (Jo 14, 13-15).

Ou seja, o Espírito Santo recebe do conhecimento do Filho. Mas a ciência em Deus é realmente identificada com a essência divina. Portanto, dizer que o Espírito Santo recebe do Filho é tanto quanto dizer que realmente procede Dele. E como, por outro lado, também se diz que procede do Pai, segue-se que a processão o Espírito Santo é realmente diferente daquele do Filho e, portanto, que não é uma geração, que é única em Deus. Daí os vários nomes que recebe na revelação divina.

Assim, segundo a revelação divina, há em Deus duas processões diferentes, a do Filho e a do Espírito Santo, da qual ele é a verdadeira geração e não a segunda. O Pai não vem de ninguém, mas é o princípio de toda a Trindade, e assim também se distingue verdadeiramente das outras pessoas divinas, que vêm d'Ele. Ou seja, só há duas procissões do mesmo Deus, porque há são apenas três pessoas diferentes em um Deus verdadeiro, e há duas ações imanentes segundo as quais elas são verificadas. Não é um assunto fácil de tratar da Santíssima Trindade, é um assunto do qual apenas se dá uma noção muito breve e mesmo assim é uma pálida expressão das dimensões infinitas que este belo assunto realmente abarca, mas ao mesmo tempo misterioso e dogmático.