utfidelesinveniatur

Mostrando entradas con la etiqueta ITE MISSA EST. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ITE MISSA EST. Mostrar todas las entradas

domingo, 5 de febrero de 2017

Ite Missa Est

QUINTO DOMINGO DESPUES DE EPIFANIA


MISA

INTROITO
Adorad a Dios todos sus Angeles: lo oyó, y se alegró Sión: y se gozaron las hijas de Judá. Salmo: El Señor reinó, regocíjese la tierra: alégrense todas las
Islas. — y. Gloria al Padre.

ORACION
Suplicamoste, Señor, custodies, a tu familia con tu continua piedad: para que, pues que sólo se apoya en la esperanza de la gracia celestial, sea siempre defendida con tu protección. Por el Señor.

EPISTOLA
Lección de la Epístola del Apóstol San Pablo a los Colosenses. (III, 12-17.)
Hermanos: Revestios, como elegidos de Dios, como santos y amados (suyos), de entrañas de misericordia, de benignidad, de humildad, de modestia y de paciencia, soportándoos mutuamente, y perdonándoos los unos a los otros, si alguien tuviere queja contra otro. Como el Señor os perdonó a vosotros, así debéis hacer vosotros. Mas, sobre todas estas cosas, tened caridad, porque ella es el vínculo de la perfección. Y la paz de Cristo salte gozosa en vuestros corazones, pues por ella habéis sido llamados a formar un solo Cuerpo. Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite copiosa en vosotros con toda sabiduría, enseñándoos y exhortándoos los unos a los otros con salmos, e himnos, y cánticos espirituales, cantando con gracia a Dios en vuestros corazones. Todo cuanto hagáis, de palabra o de obra, hacedlo en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo, dando gracias a Dios y al Padre por Nuestro Señor Jesucristo.

Educado en la escuela del Hombre-Dios, que se ha dignado morar en nuestra tierra, el cristiano debe ejercitar la misericordia para con sus hermanos. El mundo, purificado por la presencia del Verbo Humanado, será para nosotros un asilo de paz, si es que sabemos merecer los títulos que nos da el Apóstol de elegidos de Dios, santos y amados suyos. Esta paz debe llenar el corazón del cristiano y hacerle vivir en continua alegría, deseosa de manifestarse en el canto de las alabanzas divinas. Es sobre todo el Domingo, cuando los fieles realizan este deber tan grato a su corazón, uniéndose a la Santa Iglesia con sus salmos y cánticos. Acordémonos también, en la práctica ordinaria de la vida, del consejo que nos da el Apóstol al final de esta Epístola, y pensemos en hacer todos nuestros actos en nombre de Jesucristo, con el fin de ser agradables en todo a nuestro Padre celestial.

GRADUAL
Señor, todas las naciones temerán tu nombre, y todos los reyes de la tierra tu gloria. — J. Porque el Señor ha edificado a Sión: y será visto en su majestad.

ALELUYA
Aleluya, aleluya. — J. El Señor reinó, regocíjese la tierra: alégrense todas las Islas. Aleluya.


EVANGELIO
Continuación del santo Evangelio según San Mateo. (XIII, 24-30.)
En aquel tiempo dijo Jesús a las turbas esta parábola: El reino de los cielos es comparable a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Mas, cuando dormían sus hombres, vino su enemigo y sembró cizaña encima, en medio del trigo y se fue. Y, cuando creció la semilla y produjo fruto, apareció también la cizaña. Acercándose entonces los siervos al padre de familias, le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿Cómo, pues, tiene cizaña? Y les dijo: El enemigo hizo eso. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres que vayamos y la recojamos? Y les dijo: No, no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis también el trigo. Dejad que crezcan ambas simientes hasta el tiempo de la siega, y entonces diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos, para quemarla: el trigo, en cambio, congregadlo en mi granero.

El reino de los cielos de que habla aquí el Salvador es su Iglesia militante, la sociedad de los que creen en El. Con todo eso, el campo que con tanto esmero ha cultivado, está plagado de cizaña; las herejías se han infiltrado en él; multiplícanse los escándalos: ¿es esto motivo para dudar de la providencia de quien todo lo conoce, y sin cuyo consentimiento no sucede nada? Lejos de nosotros el creerlo, El mismo Maestro nos previene que debe ocurrir así. El hombre ha recibido libertad para el bien y para el mal; a él le corresponde, pues, usar de ella, y a Dios el dirigir todo a su mayor gloria. Por tanto, aunque crezca la herejía como planta maldita, sabemos que llegará el día en que sea arrancada; en más de una ocasión la veremos también secarse en su mismo tallo, sin esperar ai día en que ha de ser arrancada y arrojada al fuego. ¿Dónde están hoy las herejías que asolaron a la Iglesia en sus primeros tiempos? Lo mismo sucederá con los escándalos que se dan en el seno de la Iglesia. La cizaña es una plaga; pero nos conviene ser probados. No quiere el Padre de familias que se arranque esa hierba parásita, por miedo a dañar al trigo verdadero. ¿Por qué? porque la mezcla de buenos y malos es una prueba útil para los primeros, pues les enseña a no confiar en el hombre sino a elevarse más arriba. ¿Por qué también? porque es tan grande la misericordia del Señor, que a veces, con su gracia, lo que era cizaña se puede convertir en trigo. Tengamos, pues, paciencia; pero ya que sabemos que el enemigo sólo siembra la cizaña mientras duermen los guardianes del campo, roguemos por los pastores, pidiendo para ellos a su divino Jefe, la vigilancia que es la primera garantía de la salud del rebaño, y su cualidad más importante, significada en el nombre que la Iglesia les ha impuesto.

OFERTORIO
La diestra del Señor ejerció su poder: la diestra del Señor me ha exaltado; no moriré, antes viviré, y contaré las obras del Señor.

SECRETA
Ofrecemoste, Señor, estas hostias de placación, para que perdones compasivo nuestras culpas y dirijas nuestros vacilantes corazones. Por el Señor.

COMUNION
Se admiraban todos de las palabras que salían de la boca de Dios.


POSCOMUNION
Suplicamoste, oh Dios omnipotente, hagas que percibamos el objeto de aquella salud, cuya garantía acabamos de recibir en estos Misterios. Por el Señor.

sábado, 4 de febrero de 2017

Ite Missa Est

4 de febrero 
San Andrés Corsino,
Obispo y confesor.
(†1373)

Epístola – Sap; XLIV, 16-27; LV, 3-20.
Evangelio – San Mateo; XXV, 14-23.

El bienaventurado Fr. Andrés Corsino fue natural de Florencia, y descendiente de la noble familia de los Corsinos. El día antes de que naciese, soñó Peregrina, su madre, que paría un lobo, el cual, entrando en la iglesia, poco a poco se había convertido en cordero, y aunque no entendió lo que aquel sueño pronosticaba, siempre estuvo con recelo y guardó el secreto hasta su tiempo. Encaminaban los piadosos padres a su hijo a la virtud y buenas letras, como a hijo que' era de oraciones, pero apenas había entrado Andrés en los años de la mocedad, cuando comenzó a llevar una vida desbaratada, huyendo del estudio y de la virtud, dándose a deshonestos placeres y juegos y entretenimientos dañosos, riñas, pendencias, y al desperdicio de la hacienda de sus padres, y poniéndose cada día en peligro de perder el alma y el cuerpo. Todas estas cosas eran clavos y puñales que atravesaban con increíble dolor las entrañas de sus padres. Pero llegó un día en que habiendo estado muy descomedido e insolente con su madre, ella le dijo: «Verdaderamente que eres tú aquel lobo carnicero e infame, que yo soñé había de parir.» A estas palabras Andrés quedó atónito, y como quien despierta de un gran sueño, rogó a su madre que le declarase qué lobo y sueño era aquel que le decía. Y fueron de tal eficacia las palabras de la santa madre, que el hijo se compungió, y al día siguiente se fue al convento de Nuestra Señora del Carmen a hacer oración delante del altar de la Virgen, y alentado con su favor pidió de rodillas el hábito de aquella sagrada Orden, con grande gozo de sus padres que le habían ofrecido a la Virgen Santísima. ¿Quién no se maravillará de la asombrosa mudanza que obró en aquel corazón la gracia divina? De allí adelante el lobo se tornó manso cordero, y el hijo pródigo e incorregible se hizo un gran santo. Holló la soberbia y vana estima de sí mismo; domó la rebeldía de su cuerpo con ayunos, vigilias y asperezas y se señaló tanto en las letras y virtudes, que fue elegido prior de su convento de Florencia, y después por obispo de Fiésoli, y Nuncio de Su Santidad en Bolonia, donde unió la nobleza y la gente popular, que ardían con un incendio de discordias y bandos. Finalmente, después de haber salvado a innumerables pecadores y hecho muchos milagros y profecías, estando diciendo Misa la noche felicísima de Navidad, le apareció la Virgen Santísima y le dio las buenas pascuas; avisándole que el día de los Reyes entraría en la Jerusalén soberana a ver cara a cara al Rey de los reyes, a quien con tanta fidelidad había servido. Y en efecto, en aquel día glorioso dio el santo su espíritu al Señor, a la edad de setenta y un años, cercada su alma de un gran resplandor, y exhalando su cuerpo un olor suavísimo.

Reflexión:
No desconfíen los padres de familia de la enmienda de sus hijos, por mal  inclinados y rebeldes que sean; ni desesperen éstos de su conversión. Lo que no es posible a la naturaleza, es fácil a la gracia divina, como se ve claramente en la vida de este glorioso santo. Pero ¡ay de aquellos padres y madres que condescienden con los vicios y liviandades de sus hijos! Sepan que los crían y educan para que sean después sus verdugos, y unos miserables condenados del infierno. Pero si los educan bien y los encomiendan todos los días a la Santísima Virgen, serán más tarde su descanso y la corona de gloria.

Oración:
Oh Dios, que de continuo nos vas mostrando en tu Iglesia nuevos ejemplos de virtud; concede a tu pueblo la gracia de seguir de tal suerte las huellas del bienaventurado san Andrés, tu confesor y pontífice, que merezca conseguir el mismo premio. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

viernes, 3 de febrero de 2017

Ite Missa Est

3 DE FEBRERO

SAN BLAS,
OBISPO Y MARTIR.

Epístola – II Cor; I, 3-7.
Evangelio – San Mateo; XVI, 24-27.



LA ENSEÑANZA DE LOS SANTOS.Pasados cuarenta días después del Nacimiento del Salvador, nos abre la Iglesia la fuente de robustas y serias meditaciones destinadas a prepararnos a la penitencia. Cada fiesta de los Santos debe causarnos la impresión propia para vivir este santo Tiempo. En el período del que acabamos de salir, todos los amigos de Dios que debíamos celebrar, nos parecían radiantes con las alegrías del Nacimiento del Emmanuel; formaban su corte esplendorosa y triunfante. Desde ahora a la Resurrección del Hijo de Dios le consideraremos, sobre todo, en los trabajos de su peregrinación por esta tierra. Lo que nos interesa hoy es ver y estudiar cómo han vencido al mundo y la carne. "Van, dice el Salmista, y arrojan la semilla en el surco regándola con sus lágrimas; pero volverán alegres, cargados con las gavillas que habrán producido sus sudores. Esperemos que sea así con nosotros al fin de estos días de trabajos, y que Cristo resucitado nos acoja como a sus miembros vivos y renovados. En este tiempo que vamos a recorrer, abundan los mártires, y hoy comenzamos por uno de los más célebres.

VIDADe las Actas de San Blas no se puede saber sino que fue Obispo de Sebaste y mártir al principio del siglo IV. En Oriente, y sobre todo en Armenia, se tiene gran devoción a San Blas, y su culto, introducido muy pronto en Occidente, ha sido siempre muy popular. Por su poder en curar a personas y animales se considera como uno de los Santos Auxiliares. Se le invoca especialmente contra los males de garganta y de muelas. Como se han llamado muchos santos con el nombre de Blas es difícil saber con certeza cuáles son sus reliquias.


¡Oh San Blas! unimos nuestras voces a las alabanzas de todas las Iglesias. En pago de nuestros homenajes dirige tu mirada sobre nosotros, desde el culmen de la gloria en que reinas y miras a los fieles de toda la cristiandad, que se preparan para las santas expiaciones de la penitencia, y desean convertirse al Señor, su Dios, por las lágrimas y el arrepentimiento. Acuérdate de tus propios combates y ayúdanos en la renovación que vamos a emprender. Tú no temiste los tormentos de la muerte, y por ruda que fuese la prueba, la soportaste con valor. Ayúdanos en una situación no menos peligrosa. Nuestros enemigos no son nada en comparación de los que fuiste vencedor; pero son pérfidos; y si no tenemos cuidado pueden derribarnos. Obtenednos el socorro divino, causa de tus triunfos; somos hijos de mártires; que su sangre no degenere en nosotros. Acuérdate también del país regado con tu sangre. La fe estaba vacilante; al fin parece que brillan días mejores. Por tus oraciones, haz volver a Armenia a la Iglesia Católica, y consuela, por la vuelta de sus hermanos, a los fieles que, en medio de tantos peligros, han permanecido ortodoxos.

Ite Missa Est

HISTORIA DEL TIEMPO DE SEPTUAGESIMA


SU IMPORTANCIA.El tiempo de Septuagésima abarca las tres semanas que preceden inmediatamente a la Cuaresma. Constituye una de las principales divisiones del Año Litúrgico, y se desarrolla en tres secciones semanales, de las que la primera se llama propiamente Septuagésima, la segunda Sexagésima y la tercera Quincuagésima. Es evidente que estos nombres expresan mera relación numérica con la palabra Cuadragésima de la que se deriva la palabra española Cuaresma. Ahora bien, la palabra Cuadragésima señala la serie de cuarenta días que hay que recorrer para llegar a la solemnidad de la Pascua. Las "palabras Quincuagésima, Sexagésima y Septuagésima nos anuncian la misma solemnidad en una lejanía más acentuada; mas no por eso la Pascua deja de ser el gran asunto que empieza a considerar la Santa Madre Iglesia y que ésta propone a sus hijos como fin a que desde luego han de enderezar todos sus deseos y esfuerzos. Exige, pues, la Pascua como preparación cuarenta días de recogimiento y penitencia; este tiempo es la palanca más potente de que echa mano la Iglesia para remover en el corazón y en el espíritu de los fieles el vivo sentimiento de su vocación. Asunto de capital importancia para ellos es no dejar que este período de gracias transcurra sin provecho en el mejoramiento, en la renovación de toda su vida. Era, por tanto, conveniente disponerlos a este tiempo de salud, ya de suyo una preparación, a fin de que, amortiguándose poco a poco en sus corazones las algazaras mundanales, escuchasen con atención el grave aviso que la misma Iglesia les dará al imponerles la ceniza en la cabeza.

ORIGEN.La historia de la Septuagésima se halla íntimamente ligada con la de Cuaresma. En efecto, en pleno siglo v, la Cuaresma comenzaba el domingo VI antes de Pascua (actual domingo I de Cuaresma), y comprendía los cuarenta días finalizados el Jueves Santo, considerado en la antigüedad cristiana como el primer día del Misterio Pascual. No se ayunaba el domingo; y, por consiguiente, no había, hablando con exactitud, más que 34 días de ayuno efectivo (36 con el Viernes y Sábado Santo). El deseo de imitar el ayuno del Señor, indujo a algunas almas más fervorosas a comenzarle algunos días antes.

QUINCUAGÉSIMA.Vemos aparecer por primera vez esta observancia completa en el siglo V San Máximo de Turín, en su Sermón 26 predicado hacia el año 451, la reprueba y advierte que la Cuaresma empieza el domingo de Cuadragésima; pero en el Sermón 36 del año 465 la autoriza, considerándola muy generalizada entre los fieles. En el siglo VI escribe San Cesáreo de Arlés, en su Regla a las Vírgenes, que se ha de empezar el ayuno una semana antes de 1a. Cuaresma. Desde entonces, pues, existe la Quincuagésima, al menos en los monasterios. El primer concilio de Orleans, celebrado el año 511, ordena que antes de Pascua observen los fieles la Cuadragésima y no la Quincuagésima, a fin de "mantener, dice el canon 26, la unidad de los usos". Los concilios de Orange, de 511 y 541 respectivamente, censuran el mismo abuso y prohíben ayunar antes de Cuadragésima. Hacia el año 520 señala el autor del Líber Pontificalis la costumbre de anticipar una semana la Cuaresma; mas parece que esta costumbre estaba aún poco extendida.

SEXAGÉSIMA.Pronto se amplió el período consagrado al ayuno, y una nueva semana vino a sumarse a la Quincuagésima. Hallamos mencionada por primera vez la Sexagésima en la Regla de San Cesáreo para Monjes, antes de 542. El IV concilio de Orleans, en 541, la menciona en son de defensa del ayuno anticipado.

SEPTUAGÉSIMA.Viene finalmente en Roma la Septuagésima al terminar el siglo VI o al empezar el VII. La menciona San Gregorio Magno (594-604) en sus homilías. Poco a poco se extendieron los usos litúrgicos a la Italia septentrional con Milán a la cabeza, y después, mercer a la acción de los carolingios, a toda Europa occidental. Inglaterra los aceptó al fin del siglo VII e Irlanda después del siglo IX. Aunque se observaba el ayuno en Quincuagésima y Sexagésima, parece ser que Septuagésima consistía en sus comienzos en la mera celebración litúrgica, sin ayuno, hasta que le impusieron en el siglo IX los concilios francos.


SUPRESIÓN DEL ALELUYA.Vemos por Amalarlo que a principios del siglo ix se suspendía el Alleluia y el Gloria in excelsis Deo en Septuagésima Se avinieron los monjes a esta costumbre aunque San Benito disponía lo contrario. Algunos son de parecer que San Gregorio VII (1073-1085) suprimió el oficio aleluyático, en uso hasta entonces en el domingo de Septuagésima. Se trata de las antífonas aleluyáticas de Laudes. San Gregorio VII, al parecer, las reemplazó por las del oficio de Sexagésima y dotó a este último de nuevas antífonas. Da testimonio del hecho el Ordo Ecclesiae Lateranensis del siglo XII. Gregorio VII fue, quizás, quien anticipó la supresión del aleluya al sábado anterior a Septuagésima. Así llegó a fijarse definitivamente, tras varios tanteos, este tiempo del Año Litúrgico. Dependiente de la fecha de Pascua, está sujeto, por tanto, al avance o retroceso consiguiente a la movilidad de dicha fiesta. Se suelen llamar el 18 de enero y el 22 de febrero Llaves de Septuagésima porque el domingo de este nombre no puede caer ni antes de la primera fecha ni después de la segunda.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Ite Missa Est

1 de febrero
San Ignacio,
Obispo
y
Mártir.
(
110)





Epístola – Rom; VIII, 35-39
Evangelio – San Juan; XII, 24-26


En tiempo que imperaba Trajano, era obispo de Antioquia san Ignacio, que sucedió en aquella silla a Evodio, y Evodio a san Pedro. Tuvo Ignacio estrecha familiaridad con san Juan Evangelista y con san Policarpo, obispo de Esmirna, su condiscípulo y compañero, lo cual es grande argumento de su admirable santidad. Hacía en todo, oficio de vigilante pastor y habiendo oído en una maravillosa visión que tuvo, multitud de ángeles que cantaban a coros himnos y alabanzas a la Santísima Trinidad, ordenó en su iglesia de Antioquía que se cantase a coros; lo cual siguieron e imitaron después las otras iglesias. Vino en esta sazón a Antioquía el emperador Trajano, y mandando llamar al santísimo obispo le dijo: ¿Eres tú aquel Ignacio que te haces llamar Deífero y eres cabeza de los que hacen burla de los dioses? Yo, respondió el santo, soy Ignacio, y me llaman Deífero, porque traigo esculpido en mi alma a Cristo que es mi Dios. Yo te prometo, le dijo Trajano, hacerte sacerdote del gran Júpiter, si sacrificas, a los dioses inmortales. A lo cual contestó el santo pontífice: Soy sacerdote de Cristo, al cual ofrezco cada día sacrificio, y ahora deseo sacrificármele a mí mismo, muriendo por él, así como él murió por mí. Finalmente, después de largas razones, no teniendo el emperador esperanza de hacer mella en aquel pecho armado de Dios, dio sentencia contra él que fuese llevado a Roma, y allí, en el teatro, echado vivo a los leones. Lloraban todos los fieles de Antioquía, y habiendo el santo mártir encomendado al Eterno Pastor aquella Iglesia que había gobernado por espacio de cuarenta años, él mismo, con grande gozo se puso las cadenas y se entregó a los soldados y sayones que habían de conducirle a Roma. Al pasar por Esmirna halló a su queridísimo amigo Policarpo, y se abrazaron el uno al otro, llorando Policarpo porque Ignacio le había ganado de mano, e iba antes que él a gozar de Dios por la corona del martirio. Y no sólo los fieles de Esmirna, mas también las otras iglesias del Asia le enviaron a visitar con sus obispos y clérigos. Entró el fervoroso mártir de Cristo en el teatro de las fieras, y viendo que toda la ciudad le miraba y tenía puestos los ojos en él, les dijo estas palabras: No penséis, oh romanos, que soy condenado a las bestias por algún maleficio o delito indigno de mi persona, sino porque deseo unirme con Dios, del cual tengo una sed insaciable. Y oyendo los bramidos de los leones que ya venían, clamó: Trigo soy de Cristo, voy a ser molido por los dientes de los leones para hacerme sabroso pan de mi Señor Jesucristo. Y diciendo estas
palabras, los leones hicieron presa en el santo, y le devoraron.

Reflexión:
En una de las admirables epístolas que escribió a varias iglesias este gloriosísimo pontífice y mártir de Cristo, dice estas palabras: «El fuego, la cruz, las bestias, el ser mis miembros cortados, quebrantados, molidos, hechos pedazos, y la muerte de este miserable cuerpo y todos los tormentos del demonio vengan sobre mí, con tal que yo llegue y sea unido con Cristo, que ser rey de todo el mundo». Cúbranse de vergüenza todos aquellos hombres carnales, que ni siquiera entienden este divino lenguaje, pero sepan que es Cristo muy sabroso para los que le aman y tienen el paladar purgado de todos los otros sabores sensuales y terrenales.

Oración:

Señor Dios, por cuyo amor deseó el bienaventurado mártir san Ignacio, ser desmenuzado entre los dientes de las fieras para hacerse así limpio trigo de la cosecha del cielo, concédenos un verdadero anhelo de padecer mucho por ti y una firme constancia para tolerar lo que padecemos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

martes, 31 de enero de 2017

Ite Missa est

31 DE ENERO

SAN JUAN BOSCO

Epístola – Filip; IV, 4-9
Evangelio – San Mateo; XVIII, 1-5

Al final del mes dedicado a honrar la infancia del Salvador, San Juan Bosco, conduce ante Jesús Niño, ante Jesús Obrero, a la multitud del niño y de obreros a quienes consagró su vida. Para salvar a los hombres, el Hijo de Dios se dignó hacerse hombre y experimentar todas las miserias de nuestra naturaleza menos el pecado. Nació pobre en un establo, trabajó para ganarse el pan; luego, antes de morir predicó el Evangelio a los pobres, y si en este mundo tuvo preferencias, fueron estas para los niños: "Dejad que los niños se acerquen a mí: de ellos y de los que se les asemejan es el reino de los cielos." San Juan Bosco no hizo más que reproducir estos aspectos de la vida de Jesús. Pobre también él de nacimiento, tuvo que trabajar para ganarse el pan y poder hacer sus estudios. Sacerdote ya, quiso predicar la buena nueva a los pobres, a los niños, a los obreros abandonados, a todos aquellos a quienes la pereza o el vicio arrastraban al mal. Creó para ellos patronatos, orfanatos, escuelas primarias, escuelas profesionales: "Amo tanto a estos pobres pequeños, que a gusto partiría con ellos también mi corazón." En su santificación personal y en su ministerio se propuso como modelo y maestro a San Francisco de Sales. El Obispo de Ginebra le había enseñado que "no hay más que un medio de ser un buen educador, y es ser santo; y que si pretendía hacer una obra buena y duradera, debía darse a Dios y dar a Dios. Diose, pues, sin reservas: su tiempo, sus energías, sus talentos, su fama, su salud, su vida, su madre, todo fue para los niños recogidos en las calles. Les dio pan, trabajo y asilo; sobre todo les comunicó la alegría que habita en una conciencia pura, en un alma unida a Dios. Por medio de sus instrucciones familiares, de los sacramentos, de la Penitencia y de la Eucaristía, hizo de ellos cristianos fervorosos, y pacíficos ciudadanos. Manifestóse así al siglo XIX como un maestro en cuestiones sociales, y como uno de los mayores Apóstoles de la Acción Católica, tan recomendada por los últimos Papas. Lo mismo que el Señor, despertó en torno suyo, numerosos seguidores, discípulos que vinieron a ponerse bajo su dirección, y a compartir sus cuidados y trabajos en la salvación del mundo y su conversión a Dios. Pronto formóse la Asociación Salesiana, luego la Congregación de Hijas de María Auxiliadora, y, finalmente, la Unión de Cooperadores, Salesianos, inmenso ejército que lanzó a la conquista de las almas y que está ya difundido por el mundo entero. "El éxito de esta obra, decía Pío X, sólo puede explicarse por la vida sobrenatural y santidad de su Fundador." El en cambio, pretendía no haber sido sino un simple instrumento: "Es Nuestra Señora Auxiliadora quien lo ha hecho todo." Pero Pío XI que le había conocido y que le elevó a los altares, ha podido decir con razón, "que su nombre es uno de los que bendecirán los siglos eternamente."

VIDA.Juan Bosco nació el 16 de agosto de 1815 en Castelnuovo de Asti. Desde muy joven se distinguió por su piedad, su pureza, su alegría y su penetrante inteligencia. En 1835 entró en el Seminario Mayor de Turín y el 5 de junio de 1841 fué ordenado sacerdote. Desde entonces, consagró su vida a la salvación y educación de los niños pobres y de los obreros, fundó la Asociación de Salesianos, luego una Congregación de religiosas bajo el patrocinio de María Auxiliadora, y, por fin, otra de Cooperadores. Murió el 31 de enero de 1888. Pío X I le beatificó en 1929, y cinco años más tarde le canonizó. También nosotros acudimos en pos de tantos otros para aclamarte con la Iglesia, para implorar tu ayuda, para pedir tus consejos. Agrádanos escuchar tus fervorosas exhortaciones: "¡Oh vosotros, que trabajáis y estáis cargados de sudores y fatigas! si queréis hallar una fuente inagotable de consuelos, si queréis ser felices, haceros santos. Para ser santos no necesitáis más que una cosa: quererlo. Los santos se santificaron cada cual en su propio estado. ¿De qué manera? Haciendo bien lo que tenían que hacer." Pide al Señor para nosotros, que lleguemos a comprender una lección tan sencilla y verdadera y que la pongamos en práctica para llegar a ser santos. ¡Apóstol infatigable, y devorado por el celo protege a los sacerdotes y misioneros. "Lo primero que te aconsejo para llegar a ser santo, decías en cierta ocasión a Domingo Savio, el afortunado niño a quien condujiste a la santidad, es que ganes almas para Dios. Porque no hay nada tan santo en el mundo, como cooperar al bien de las almas. Por ellas derramó Jesucristo hasta la última gota de su sangre." Haz que abrase ese celo a todos los fieles, ya que todos están llamados de una u otra manera a cooperar en la obra de la Redención. Enséñanos, no sólo a los jóvenes, sino a todos nosotros, a frecuentar los sacramentos de la penitencia y de la eucaristía, para guardar nuestras almas libres de pecados. Enséñanos a acudir con frecuencia a María Auxiliadora, con intercesión omnipotente operaste tantos prodigios y multiplicaste tantos milagros. Ella nos ayudará a seguir tus ejemplos, a permanecer fieles a las lecciones de Belén y de Nazaret, a guardar como tú una confianza de niño en la divina Providencia, y a no vivir más que para alabar la gloria de Dios, en constante acción de gracias. Ella, finalmente, nos presentará con su Hijo al Padre celestial en el cielo, donde a la hora de la muerte "nos darás cita a todos."

lunes, 30 de enero de 2017

Ite Missa Est

30 de enero
Santa Martina,
virgen y mártir.
(†230?)

Nació esta nobilísima virgen en la ciudad de Roma: su padre había sido elevado tres veces a la dignidad de cónsul. Informada desde su niñez en las sagradas letras y en las costumbres cristianas, en el imperio de Alejandro Severo fue delatada ante los magistrados; los cuales le preguntaron por qué siendo doncella romana había de reconocer por Dios a un judío condenado por sus crímenes a muerte de cruz y no había de ofrecer incienso al grande Apolo. Respondió ella: Llevadme al templo de Apolo y veréis cómo en nombre de Jesús reduzco a polvo ese demonio que tanto veneráis. Condujéronla, pues, al templo de aquel ídolo, y apenas lo divisó, alzó los ojos y las manos al cielo diciendo: Jesucristo, Señor mío, muestra que eres omnipotente Dios a la vista de este pueblo ciego. Y en diciendo estas palabras, sintióse un espantoso terremoto que llenó a todos de horror, desplomóse una parte del templo y cayó hecha pedazos la estatua de Apolo. Pero los ministros del emperador, así como el populacho gentil, atribuyeron el suceso a una poderosa fuerza mágica de la cristiana virgen y la condenaron a los más atroces suplicios. Azotáronla primero con palos nudosos, rasgaron su rostro con uñas de hierro; y entonces fue cuando la vieron cercada de un resplandor celestial que desarmó a los mismos verdugos, los cuales echándose a sus pies, confesaron en alta voz que también eran cristianos. El fiero presidente ordenó que allí mismo les cortasen la cabeza, y arrastraron a la santa virgen al templo de Diana: mas lo mismo fue entrar en el templo, que salir de él con espantoso ruido el espíritu infernal que residía en la estatua de la diosa y caerse ésta reducida a polvo. Mandó el juez raer la cabeza de santa Martina, diciendo que tenía en ella sus encantamientos; y habiendo sido conducida después al anfiteatro, soltáronle un león muy grande, para que la despedazase y la devorase: pero en viéndola el terrible león, comenzó a bramar, sin querer arrojarse sobre 1ª santa virgen, antes llegándose a ella, se echó a sus pies y comenzó a besárselos y lamérselos blandamente, sin hacerle ningún daño. Entonces levantó su voz santa Martina, y dijo: ¡Maravillosas son, oh Señor, tus obras! Y a los presentes añadió: ¿No veis cómo los ángeles de Dios refrenan la crueldad de las fieras? Viendo el presidente semejante prodigio, mandó tornar al león a la jaula; y cuando iba a ella, arrebató a Limeneo, pariente del emperador, y lo despedazó. Probó todavía el bárbaro tirano otros suplicios, atormentando a la santa Virgen con el hierro y con el fuego; hasta que rugiendo de coraje, al ver que de todos salía victoriosa, mandó sacarla fuera de la ciudad, y cortarle la cabeza.

Reflexión:
El martirio de santa Martina está lleno de espantosos prodigios. Milagro fue el sufrir una doncella noble y delicada tan horrendos suplicios, milagro el arruinar el templo de los falsos dioses y hacer pedazos las estatuas de Apolo y de Diana, milagro el resplandecer con soberana luz en el rigor de los tormentos, milagro el convertirse los sayones de verdugo de la santa en compañeros de su martirio. Así glorificaba el Señor el martirio de los santos. No es maravilla, pues, que la sangre de los mártires fuese semilla de nuevos cristianos; lo que debe espantarnos es que haya tantos cristianos ahora que se deshonren de profesar la fe sellada con tanta sangre y con tantos prodigios.

Oración:
Oh Dios, que entre las maravillas de tu poder hiciste victorioso aun al sexo frágil en los tormentos del martirio, concédenos benignamente la gracia da que honrando el nacimiento para el cielo, de la bienaventurada Martina, tu virgen y mártir, nos sirvan de guía sus ejemplos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


domingo, 29 de enero de 2017

Ite Missa Est

29 de enero.


San francisco 
de Sales,

Obispo
confesor
y doctor.
 
(
1622)


San Francisco de Sales nació en el castillo de Sales en el ducado de Saboya. Siendo niño, repartía a los pobres lo que le daba para su entretenimiento la condesa, su madre; y llegado a la edad competente, aprendió las letras humanas y divinas en el • colegio que tenían en París los Padres Jesuítas, y tuvo por maestro de teología al sapientísimo Padre Maldonado, y por maestro de las lenguas hebrea y griega al famoso Genebrardo. Comulgaba cada ocho días, ceñíase el cilicio tres días a la semana; y siendo prefecto de la Congregación de María Santísima, hizo voto de perpetua virginidad. De París pasó a la universidad de Padua para estudiar Jurisprudencia, y escogió por confesor al insigne Padre Posevino de la Compañía de Jesús. Allí fue donde algunos malignos escolares le llevaron a la casa de una dama ruin, de cuya tentación hubo de librarse el castísimo mancebo tirándole a la cara un tizón que halló a mano. Habiéndose ordenado de sacerdote, le confiaron el ministerio de la palabra, y en su primer sermón convirtió trescientos pecadores. Andaba de aldea en aldea y de choza en choza, padeciendo fríos, lluvias, hielos, insultos y persecuciones de muerte por ganar almas a Cristo. Siempre iba entre lobos aquel cordero mansísimo, pero con su caridad mudó los lobos en corderos. Cuando entró en Tonón no había más que siete católicos en toda la ciudad; y poco después pasaban ya de seis mil: y no paró hasta reducir a la verdadera fe los protestantes de Ger, de Ternier, de Gaíllac y del Chablais. El mismo heresiarca Teodoro Beza se convenció y lloró; aunque por haber diferido su conversión, murió apóstata en Ginebra. El rey de Francia Enrique IV ofreció al santo el obispado de París, y el capelo cardenalicio; mas rehusó él estas dignidades: y si admitió la mitra de Ginebra, fue porque el sumo Pontífice se lo mandó con riguroso precepto. Visitó a pie todas las parroquias poniéndose mil veces en peligro de muerte, predicó muchas Cuaresmas, fue como el oráculo de su tiempo, y escribió muchos libros de piedad y entre ellos la introducción a la vida devota, del cual se dice, que son más las almas que ha convertido que las letras que tiene; y el Tratado del amor de Dios, suficiente para encender en el amor divino los corazones más fríos y helados. Fundó además la Orden de, la Visitación, inspirando a sus religiosas un espíritu de suavidad y caridad de Cristo, que jamás ha padecido menoscabo. Finalmente, después de increíbles trabajos y méritos, a la edad de 56 años, murió el santo en el humilde aposento del hortelano de la Visitación. Su corazón precioso y conforme al de Cristo se conserva, en una urna de oro que mandó labrar el rey Luis XIII por haber recobrado la salud en el mismo instante que se le mostró aquella sagrada reliquia.

Reflexión:
La mansedumbre, hija de la caridad de Cristo, fué la virtud en que más se señaló el suavísimo y apostólico varón san Francisco de Sales; porque el Señor se propuso como ejemplar de ella, diciendo: Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón. (MATTH. XI.). Imitémosle también nosotros, recordando que así como el desabrimiento, la altanería y la cólera suelen ser pruebas de una conciencia lastimada; así a la dulzura, la humildad y suavidad siempre han sido el propio carácter de la santidad verdadera.

Oración:
¡Oh Dios! que ordenaste que el bienaventurado Francisco, tu confesor y pontífice, se hiciese todo para todos por la salud de las almas, concédenos benignamente, que llenos de la dulzura de tu caridad, por los consejos y méritos de este gran santo, consigamos los eternos gozos de la gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. 

Ite Missa Est


¿Por qué teméis, hombres de poca fe?


CUARTO DOMINGO DESPUES DE EPIFANIA


 



MISA

INTROITO
Adorad a Dios, todos sus Ángeles: lo oyó y se alegró Sión: y se gozaron las hijas de Judá. Salmo: El Señor reinó, regocíjese la tierra: alégrense todas las Islas. — J. Gloria al Padre.

ORACION
Oh Dios, que sabes que, a causa de la flaqueza humana, no podemos subsistir entre tantos peligros como nos rodean: danos la salud del alma y del cuerpo; para que, con tu ayuda, venzamos lo que padecemos por nuestros pecados. Por el Señor.

EPISTOLA
Lección de la Epístola del Apóstol San Pablo, a los Romanos. (XIII, 8 10.)
 

Hermanos: No debáis nada a nadie, sino es el amaros mutuamente; pues, el que ama al prójimo, cumple la Ley. Porque: No adulterarás, no matarás, no robarás, no levantarás falso testimonio, no codiciarás, y todo otro cualquier mandamiento se encierra en esta sola palabra: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor del prójimo no obra el mal. Por eso, la plenitud de la Ley es el amor. No deja la Santa Iglesia de exhortar a los fieles, por boca del Apóstol a la práctica de la caridad mutua, en este tiempo en que el mismo Hijo de Dios ha dado tan manifiestas pruebas de su amor para con los hombres, tomando su propia naturaleza. El Emmanuel viene a nosotros como Legislador; ahora bien, toda su ley la h a resumido en el amor; ha venido a unir lo que el pecado habla desunido. Sintamos como El, y cumplamos de corazón la ley que nos impone.

GRADUAL
Señor, las gentes temerán tu nombre, y todos los reyes de la tierra tu gloria. — J. Porque el Señor ha edificado a Sión: y será visto en su majestad.

ALELUYA
Aleluya, aleluya. — J. El Señor reinó, regocíjese la tierra: alégrense todas las Islas. Aleluya.

EVANGELIO
Continuación del santo Evangelio según San Mateo. (VIII, 23-27.)

En aquel tiempo, subiendo Jesús a la barca, le siguieron sus discípulos. Y he aquí que un gran movimiento se apoderó del mar; tanto, que la barquilla era cubierta por las olas. El, sin embargo, dormía. Y se acercaron a El sus discípulos, y le despertaron, diciendo: Señor, sálvanos, que perecemos. Y les dijo Jesús: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Levantándose entonces, imperó a los vientos y al mar, y se hizo una gran tranquilidad. Y los hombres se admiraron diciendo: ¿Quién es este que hasta los vientos y el mar le obedecen? Adoremos el poder del Emmanuel que ha venido a calmar la tempestad en la que iba a perecer el género humano. Todas las generaciones habían clamado a él en su angustia, gritando: ¡Sálvanos, Señor; que perecemos! Cuando llegó la plenitud de los tiempos, salió El de su quietud, y no tuvo más que mandar, para aniquilar la fuerza de nuestros enemigos. La malicia de los demonios, las tinieblas de la idolatría, la corrupción pagana, todo cedió ante su presencia. Unos tras otros se fueron convirtiendo a El todos los pueblos: desde el fondo de su ceguera y de sus miserias, dijeron: ¿Quién es ese ante quien ninguna fuerza resiste? Y abrazaron su ley. Con frecuencia aparece en los Anales de la Iglesia, esa fortaleza del Emmanuel que hace desaparecer los obstáculos, aun en momentos en que los hombres se alarman por su aparente tranquilidad. ¡Cuántas voces escogió, para salvarlo todo, el momento en que los hombres lo creían todo perdido! Lo mismo ocurre en la vida del cristiano. A veces no perturban las tentaciones, se diría que quieren anegarnos las olas y a pesar de todo, nuestra voluntad permanece unida fuertemente a Dios. Es que Jesús duerme en el fondo de nuestra barquilla, y nos protege con su sueño. Cuando le despiertan nuestras súplicas, es ya para proclamar su triunfo y el nuestro, porque para entonces ha vencido y nosotros con El.

OFERTORIO
La diestra del Señor ejerció su poder: la diestra del Señor me ha exaltado: no moriré, antes viviré, y contaré las obras del Señor.

SECRETA
Suplicamoste, oh Dios omnipotente, hagas que el don ofrecido de este Sacrificio, purifique siempre y defienda de todo mal a nuestra fragilidad. Por el Señor.

COMUNION
Se admiraban todos de las palabras que salían de la boca de Dios.

POSCOMUNION
Haz, Señor, que tus dones nos liberten de los deleites terrenos, y nos restauren siempre con alimentos celestiales. Por el Señor.


sábado, 28 de enero de 2017

Ite missa Est

28 DE ENERO

SAN PEDRO NOLASCO,
CONFESOR

Epístola – I Cor; IV, 9-14
Evangelio – San Lucas; XXI, 32-34

Pedro Nolasco, Redentor de cautivos, va a asociarse hoy a su maestro Raimundo de Peñafort; ambos presentan al Redentor universal, como homenaje, los miles de cristianos, rescatados de la esclavitud, en virtud de aquella caridad, que nacida en Belén halló asilo en sus corazones. Natural de la provincia de Languedoc, en Francia, eligió Pedro a España por segunda patria, porque brindaba a su celo campo de abnegación y sacrificio. Como el Mediador bajado del cielo, dedicóse al rescate de sus hermanos; renunció a su libertad para procurar la de ellos, quedándose a veces en rehenes bajo las cadenas de la esclavitud para poder devolverles a su patria. Su abnegación fué fecunda; gracias a sus esfuerzos se estableció una nueva Orden religiosa en la Iglesia, compuesta enteramente de hombres generosos que durante seis siglos, sólo rogaron, trabajaron y vivieron para procurar el beneficio de la libertad a innumerables cautivos, que morían lentamente en las cadenas, con riesgo de sus almas. ¡Bendita sea María que suscitó tales Redentores humanos! ¡Gloria a la Iglesia católica que los produjo! Pero sobre todo gloria al Emmanuel, que al entrar en este mundo dijo: "Padre, los holocaustos por los pecados de los hombres no te aplacaron; deja ya de castigarlos; héme aquí. Me has dado un cuerpo; yo voy y me inmolo." (Salmo XXXIX, 8.) El sacrificio del divino Niño no podía quedar estéril. El se dignó considerarnos como hermanos, y ofrecerse en lugar nuestro; ¿habrá en lo sucesivo algún corazón que pueda permanecer insensible a las desgracias y peligros de sus hermanos? El Emmanuel recompensó a Pedro Nolasco, llamándole a sí, el misino día en que, doce siglos antes nacía El en Belén. De las alegrías de la noche de Navidad fué este Redentor humano a unirse con su Redentor inmortal. En sus últimos instantes, los trémulos labios de Pedro murmuraban su postrer cántico en la tierra, y al llegar a las palabras: El Señor envió la Redención a su pueblo, selló con él su alianza eterna, su alma bienaventurada voló libre al cielo. La Santa Iglesia tuvo que señalar otro día distinto del de su muerte para celebrar la memoria de Pedro, porque aquel estaba dedicado enteramente al Emmanuel; pero era también natural, que quien fué distinguido con la gran prerrogativa de nacer para el cielo, el día en que nació Jesús en la tierra, ocupase un lugar en el tiempo consagrado al Nacimiento del divino Redentor.

VIDA.S. Pedro Nolasco nació junto a Carcasona, y se distinguió sobre todo por su caridad para con el prójimo. Huyendo de los herejes Albigenses llegó a España, y fué a orar ante N. S. de Monserrat; vendió sus bienes y con el dinero obtenido, libertó a algunos cautivos. Apareciósele la Santísima Virgen, y le animó a que fundase una Orden para la redención de cautivos, lo que llevó a cabo de acuerdo con san Raimundo y el rey Jaime I de Aragón. Murió el día de Navidad del año 1256.

Viniste, oh Emmanuel, a traer fuego del cielo a la tierra, y sólo deseas verla inflamada. Semejante deseo tuvo su realidad en el corazón de Pedro Nolasco y de sus hijos. De esa manera te dignas asociar a los hombres a tus designios misericordiosos de amor, y al restaurar la armonía entre Dios y nosotros, haces más estrechos los lazos primitivos que nos unían a nuestros hermanos. Es imposible que te amemos, oh divino Niño, sin amar también a todos los hombres; y si es verdad que te llegas a nosotros como víctima y rescate, también quieres que estemos dispuestos a sacrificarnos los unos por los otros. De este amor fuiste tú, oh Pedro, apóstol y modelo; por eso quiso el Señor honrarte llamándote a la corte de su Hijo, el día del aniversario de su Nacimiento. Entonces se te reveló en todo su esplendor el dulce misterio que tantas veces sostuvo tu valor y animó tus sacrificios; tus ojos no contemplan ya solamente al tierno Niño que sonríe en su cuna, sino que se quedan extrañados ante los divinos fulgores del Rey vencedor, del hijo de Dios. María no aparece ante tu vista pobre y humilde como ante nosotros, inclinada con reverencia ante el pesebre donde yace su amor; para ti brilla ya en su trono de Reina, y resplandece con destellos que sólo ceden ante los de la majestad divina. Tu corazón no ha extrañado esta gloria, porque estando en el cielo estás en tu patria. El cielo es templo y palacio del amor, y el amor llenaba ya tu corazón desde aquí abajo; era el móvil de todas sus operaciones. Ruega para que conozcamos mejor ese amor verdadero de Dios y de los hombres que nos hace semejantes a Dios. Escrito está que el que permanece en la caridad, permanece en Dios y Dios en él (I Juan, IV, 16); haz, pues, que el misterio de caridad que celebramos nos transforme en Aquel que debe ser objeto de todas nuestras aspiraciones, en este tiempo de gracias y maravillas. Haz que amemos a nuestros hermanos como a nosotros mismos, que les suframos, que les disculpemos, y que nos olvidemos de nosotros para servirlos. Haz que sirvan nuestros ejemplos para servirles y nuestras palabras para edificarles; que sepamos ganar y consolar sus almas con nuestro afecto, y aliviar sus necesidades corporales con nuestras dádivas. ¡Oh Pedro, ruega por Francia, tu patria! Ampara a España, en cuyo seno nació tu Instituto. Cuida de los últimos restos de esa insigne Orden, por cuyo medio obraste tantos prodigios de caridad. Consuela y devuelve la libertad a los cautivos que se encuentran todavía en prisiones o en la esclavitud. Alcánzanos a todos nosotros, esa santa libertad de hijos de Dios de que habla el Apóstol, y que consiste en la obediencia a su ley. Si esa libertad llega a dominar en los corazones, hará también libres a los cuerpos. En vano busca el hombre exterior la libertad, si el interior se halla esclavizado. Oh Redentor de tus hermanos, haz que dejen de atenazar a nuestras sociedades las cadenas del error y del pecado; de esa manera conseguirás devolverles la verdadera libertad, causa y norma de todas las demás libertades.

viernes, 27 de enero de 2017

Ite Missa Est

27 DE ENERO
SAN JUAN CRISOSTOMO,
OBISPO Y DOCTOR
DE LA IGLESIA


Epístola – II Timoteo; IV, 1-8
Evangelio – San Mateo; V, 13-19


EL DEBER DE LOS PASTORES. — Antes de la llegada del Emmanuel, los hombres estaban como ovejas sin pastor; el rebaño andaba disperso, y el género humano corría hacia su ruina. Jesús no se contentó, con ser el Cordero destinado al sacrificio por nuestros pecados; quiso revestir el carácter de Pastor para llevarnos a todos al divino aprisco. Pero, como debía subir a los cielos, proveyó a las necesidades de sus ovejas estableciendo una serie de pastores, que apacentasen en nombre suyo a su rebaño hasta la consumación de los siglos. Ahora bien, las ovejas tienen ante todo necesidad de doctrina, que es la luz de vida; por eso quiso el Emmanuel que los Pastores fuesen también Doctores. El deber de los pastores para con sus ovejas es ante todo administrar la Palabra divina y los Sacramentos. Por sí mismos y continuamente deben apacentar a sus ovejas con este doble alimento, y dar su vida, si es preciso, en cumplimiento de esa obligación sobre la que descansa toda la obra de la salvación del mundo. Pero, como no está el discípulo sobre el maestro, los Pastores y Doctores del pueblo cristiano, si son fieles, serán también objeto de odio por parte de los enemigos de Dios, porque sólo con perjuicio del reino de Satanás podrán propagar el de Jesucristo. Por eso, la historia de la Iglesia, muestra en todas sus páginas los relatos de las persecuciones sufridas por los que quisieron seguir el ejemplo de celo y caridad comenzado por Cristo en la tierra. Tres clases de luchas han tenido que sostener a través de los siglos, dando ocasión a tres admirables victorias.

LUCHA CONTRA EL PAGANISMO. — Tuvieron que luchar contra la religión pagana que se oponía sangrientamente a la predicación de la ley de Cristo. Esta persecución dió la corona y llevó a la cuna del Emmanuel, durante los cuarenta días dedicados a su Nacimiento, a Policarpo, Ignacio, Fabián y Telesforo.

LUCHA CON LOS PODERES TEMPORALES. — Después de la era de las persecuciones, abrióse a los jefes del pueblo cristiano una nueva palestra no menos gloriosa. Algunos príncipes, hijos al principio de la Iglesia, quisieron pronto encadenarla. Pensaron que convenía a su política tener sujeta a aquella palabra que debía recorrer libremente el mundo en todas sus direcciones, como la luz visible de que es imagen. Quisieron ser sacerdotes y pontífices, como en tiempo del paganismo, y detener los manantiales de la vida que se agotan en cuanto les toca una mano profana. Entablóse una lucha continua entre ambos poderes, el temporal y el espiritual; este largo período tuvo también sus soldados y sus mártires. En todos los siglos honró Dios a su Iglesia por medio de los combates y de los triunfos de numerosos y valientes campeones de la palabra y del ministerio. Tomás de Cantorbery e Hilario de Poitiers representan dignamente a estos caballeros de la Corte del Rey recién nacido.

LUCHA CONTRA EL MUNDO. — Pero existe otra clase de combates para los Pastores y Doctores del pueblo fiel: se trata de la lucha contra el mundo y sus vicios. Comenzó con el Cristianismo y continuará ocupando a la Iglesia hasta el último día; por haberla sostenido valerosamente merecieron el odio del mundo por el nombre de Jesucristo muchos santos prelados. Ni la caridad ni los servicios de todo género, ni la humildad, ni su mansedumbre, los libraron de la Ingratitud, del odio, ni de las persecuciones, porque fueron, fieles en proclamar la doctrina de su Maestro, en defender la virtud, y oponerse a los pecadores. No se vió libre Francisco de Sales de la malicia de los hombres, ni el mismo Juan Crisóstomo cuyo triunfo alegra hoy a la Iglesia y que se presenta ante la cuna del Emmanuel como el mártir más insigne de los deberes pastorales.

EL OBISPO PERSEGUIDO. — Discípulo del Salvador de los hombres hasta en la práctica de sus consejos por la profesión monástica, este predicador de boca de oro no empleó su magnífica elocuencia sino en la recomendación de las virtudes traídas por Cristo a la tierra, y en la reprensión de toda clase de pecadores. Una emperatriz, cuya vanidad pagana había denunciado; hombres poderosos, a quien había señalado mala conducta; mujeres influyentes a cuyos oídos sonaba con demasiada frecuencia su voz importuna; un obispo de Alejandría, prelados de la corte, más celosos de su reputación que de su propia virtud: tales son los poderes que suscitó el infierno contra Juan. Ni el amor de su pueblo, ni la santidad de su vida bastarán a librarle, y así veremos a este obispo marchar hacia la muerte cansado de fatiga, en medio de soldados, camino del destierro, después de haber hechizado con su palabra mágica a los habitantes de Antioquía, después de haber reunido en torno suyo a Constantinopla entera, en un entusiasmo que crecía de día en día, después de haber sido depuesto en un indigno conciliábulo', y haber visto su nombre borrado de los dípticos del altar, a pesar de la protesta enérgica del Pontífice romano. 

VALOR DEL OBISPO. — Pero ni el Pastor, ni el Doctor se daban por vencidos. Repetía con San Pablo: "¡Desgraciado de mí, si no predico el Evangelio!" (I Cor., IX, 16.) Y también: "La palabra de Dios no se halla encadenada." (II Tim., II, 9). La Iglesia triunfaba en él, más glorificada y consolidada por la constancia del Crisóstomo conducido al destierro por haber predicado la doctrina de Jesucristo, que por el éxito de aquella elocuencia que Libanio hubiera deseado para el paganismo. Escuchemos sus enérgicas frases antes de salir para su último destierro. Ya había sido desterrado otra vez, pero un terremoto, indicio de la ira divina, obligó a la misma Eudoxia a solicitar del Emperador con lágrimas su vuelta. Fórmanse nuevas tormentas contra Juan; pero él siente en sí toda la fortaleza de la Iglesia, y desafía la tempestad. Aprendamos lo que es un Obispo formado en la escuela de Jesucristo, Pastor y Obispo de nuestras almas, como dice San Pedro (I. S. Pedro., II, 25.) "Las olas de la tormenta vienen contra nosotros, pero no tenemos miedo a sumergirnos, porque estamos sentados sobre la roca. Ya puede el mar lanzarse con toda su ira, no quebrantará la roca; ya pueden subir las olas, que no lograrán hundir la barca de Jesús. Yo os pregunto: ¿Qué podríamos temer? ¿La muerte? Mas, Cristo es mi vida, y el morir ganancia. (Fil., I, 21.) El destierro, me diréis. Pero, "la tierra es del Señor, y todo cuanto ella encierra". (Salmo XXIII, 1.) ¿La confiscación de los bienes? Pero, "nada trajimos al venir al mundo, y nada podremos llevarnos". (I Tim., VI, 7.) Desprecio los temores de este mundo, y sus bienes me causan risa. No tengo miedo a la pobreza, no ansio las riquezas, no temo la muerte; si deseo vivir, es únicamente por vuestro bien, vuestro provecho es el único motivo que me induce a hablar en las presentes circunstancias. He aquí la súplica que os hago: Tened confianza. Nadie podrá separarnos. Lo que Dios unió no lo podrá deshacer el hombre. Lo dijo Dios con respecto a la unión del hombre y de la mujer Si no puedes, oh hombre, romper el vínculo del matrimonio ¿cómo podrías dividir a la Iglesia de Dios? Como no puedes alcanzar a Aquel a quien persigues, la atacas a ella. Pues, el medio de hacer mi victoria más aplastante y de agotar tus fuerzas con mayor certeza, es el de combatirme; porque, te será duro dar coces contra el aguijón. (Hech., IX, 5.) No embotarás su punta, y te ensangrentarás los pies. Las olas no rompen la roca, caen sobre sí mismas en impotente espuma. Oh hombre, nada se puede comparar con la fuerza de la Iglesia. Termina de combatirla, si no quieres ver agotadas tus fuerzas; no pelees contra el cielo. Si declaras la guerra al hombre, podrás vencer o sucumbir; pero si atacas a la Iglesia, puedes abandonar toda esperanza de victoria, porque Dios es más fuerte que todos. ¿Tendremos envidia del Señor? ¿Seremos más potentes que El? Dios ha fundado y ha consolidado; ¿quién tratará de destruir? ¿No conoces su poder? Mira El a la tierra y la hace temblar; ordena, y lo que estaba quebrantado, se vuelve firme. Si, no hace mucho todavía pudo dar firmeza a vuestra ciudad combatida por un terremoto ¿cuánto mejor podrá asegurar a su Iglesia? Está más segura que el mismo cielo. El cielo y la tierra pasarán, dice el Señor, pero mis palabras no pasarán. ¿Qué palabras? Tú eres Pedro, y sobre ésta piedra (que es mía), construiré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Si a esta palabra no crees, cree a los hechos. ¡Cuántos tiranos trataron de aplastar a la Iglesia! ¡Cuántas hogueras, cuántas bestias feroces, cuántas espadas! Y todo para no conseguir nada. ¿Dónde están ahora esos temibles enemigos? El silencio y el olvido les hacen justicia. ¿Dónde está en cambio la Iglesia? ¡Ante nuestros propios ojos, y más resplandeciente que el mismo sol! Pues, si cuando los cristianos no eran más que un puñado, no pudieron ser vencidos, ¿cómo podrán vencerlos hoy que el mundo está lleno de esta santa religión? El cielo y la tierra pasarán, dice el Señor, pero mis palabras no pasarán. Y así tiene que ser; porque Dios ama más a la Iglesia que al mismo cielo. Fijáos que no tomó carne del cielo, su carne pertenece a la Iglesia. El cielo es para la Iglesia, no la Iglesia para el cielo. No os alarméis por lo que ha sucedido. Hacedme la gracia de permanecer inconmovibles en vuestra fe. ¿No visteis que Pedro, al caminar sobre las aguas estuvo a punto de sumergirse no por la fuerza de las olas, sino por la flaqueza de su fe?, por haber dudado un momento. ¿Es que hemos sido elevados a esta silla con miras humanas? ¿Nos ha elevado el hombre, para que pueda el hombre derribarnos por potestad humana? Y no lo digo por arrogancia o vanagloria, no lo quiera Dios, lo digo sólo para asegurar los ánimos fluctuantes. La ciudad estaba firme sobre sus fundamentos; pero el diablo ha querido destruir la Iglesia. ¡Oh infame y malvado espíritu no has podido derribar sus murallas y con todo eso pretendes destruir a la Iglesia! ¿Es que la Iglesia consiste en murallas? No: la Iglesia es la muchedumbre de los fieles; esas son sus firmes columnas, no sujetas con hierro, sino unidas por la fe. No digo solamente que esa multitud tiene más fuerza que el fuego; digo que tu ira no podría triunfar ni siquiera de un solo cristiano. Recuerda las heridas que te hicieron los Mártires. ¿No se vió con frecuencia comparecer ante el juez a una delicada joven que, aun no era casadera? jóvenes más tiernas que la cera pero más firmes que la roca. Desgarrabas sus costados pero no le arrebatabas la fe. Cedía la carne bajo las garras del tormento, pero no su constancia en la fe. ¿No pudiste vencer a una mujer y esperas vencer a todo un pueblo? Entonces no has oído al Señor que dijo: "Donde dos o tres estuvieren reunidos en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos." (Mat., XVIII, 20.) Y ¡no habría de estar presente en medio de un pueblo numeroso, unido por los lazos del amor! Tengo la garantía en mis manos, tengo su promesa escrita; ese es el báculo en que me apoyo, mi seguridad, mi puerto tranquilo. Ya puede agitarse todo el mundo; yo me contento con releer ese texto sagrado: ahí está mi muro y mi fortaleza. ¿Cuál es ese texto? El siguiente: He aquí que estoy con vosotros hasta la consumación de los siglos. Si Cristo está conmigo ¿a quién voy a temer? Aun cuando las olas, los mares, la ira de los soberanos se levanten contra mí, todo eso me importa menos que una tela de araña. Presto estaba para marchar desde ahora al destierro, si vuestra caridad no me hubiese detenido. Esta es mi plegaria: Hágase, Señor, tu voluntad; no ésta u otra voluntad, sino la tuya. Suceda lo que Dios quiera; si quiere que permanezca aquí, se lo agradezco; si quiere llevarme a otro sitio, también se lo agradeceré Así es el corazón de un ministro de Jesucristo, humilde e invencible. En todos los tiempos suscita Dios hombres de este templo, y cuando escasean, todo languidece y se apaga. La Iglesia de Oriente tuvo cuatro Doctores de este carácter: Atanasio, Gregorio de Nacianzo, Basilio y Crisóstomo: el siglo que los vió nacer conservó la fe, a pesar de los mayores peligros. Los dos primeros aparecen en la época en que la Iglesia irradia aún todo el esplendor de su Esposo resucitado; el tercero señala el tiempo en que fecundaron a la Iglesia los dones del Espíritu Santo; Crisóstomo alegra con su presencia el tiempo en que se nos aparece el Verbo de Dios bajo el manto de su flaqueza y de su infancia. Felices nosotros, los hijos de la Iglesia latina, la única que ha tenido la dicha de conservar la fe primitiva, porque está Pedro con ella; honremos a estas cuatro columnas del edificio de la tradición; pero rindamos también homenaje a Crisóstomo, Doctor de todas las Iglesias, vencedor del mundo, Pastor inquebrantable, sucesor de los Mártires, predicador por antonomasia, admirador de Pablo, imitador de Cristo.

VIDA.Nació San Juan Crisóstomo en Antioquía entre el año 344 y 347, y fué allí ordenado de sacerdote en 386. Elegido obispo de Constantinopla en 398, se opuso con energía a la corrupción de las costumbres, lo que atrajo la ira de la Emperatriz Eudoxia, quien le desterró. Habiendo el pueblo pedido su vuelta, tuvo que salir de nuevo desterrado para no volver ya, permaneciendo allí desde el 404 hasta el 407. Allí tuvo que sufrir mucho pero también ganó muchas almas a Cristo. El Papa Inocencio I ordenó fuera restablecido en su sede de Constantinopla pero al regresar le maltrataron los soldados de tal forma que murió en Coman, en el Ponto, el 14 de setiembre de 407. Pío X declaróle patrón de los oradores sagrados y Doctor de la Iglesia universal, el 8 de julio de 1908.

¡Cuántas coronas adornan tu frente, oh Crisóstomo! ¡cuán glorioso es tu nombre en la Iglesia de la tierra y en la del cielo! Enseñaste la verdad, luchaste con constancia, sufriste por la justicia, diste tu vida por la libertad de la palabra divina. No te lograron seducir los aplausos de los hombres; el don de la elocuencia evangélica con que te dotó el Espíritu Santo no era más que una débil imagen de los destellos y del fuego que el Verbo divino infundía en tu corazón. Amaste al Verbo y a Jesús más que a tu propia gloria, más que a tu comodidad, más que a tu vida. Sufriste persecuciones por parte de los hombres; manos sacrílegas borraron tu nombre de las listas del altar; indignas pasiones dictaron una sentencia en la que, a imitación de Jesucristo, eras equiparado a los criminales, y arrojado de la sagrada cátedra. Pero no estaba en manos de los hombres el apagar el sol, ni borrar la memoria de Crisóstomo. Roma te fué fiel; guardó con honor tu memoria, y aún hoy conserva tus restos sagrados, junto a los del Príncipe de los Apóstoles. El mundo cristiano te proclama uno de los más fieles distribuidores de la Verdad divina. En pago de nuestros homenajes, oh Crisóstomo, considéranos desde lo alto del cielo como ovejas tuyas; instrúyenos, refórmanos, haznos cristianos. Discípulo fiel de San Pablo, sólo a Jesucristo conociste; pero en él están ocultos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, descúbrenos al Salvador que llega a nosotros lleno de encanto y dulzura; haz que le conozcamos; enséñanos la manera de serle gratos, y los medios de poderle imitar; haz que acepte nuestro amor. También nosotros somos desterrados; pero amamos excesivamente el lugar de nuestro destierro; con frecuencia estamos tentados de tomarlo por nuestra verdadera patria. Despéganos de esta morada terrestre y de sus ilusiones. Haz que tengamos prisa por reunimos contigo, para estar con Jesucristo, en quien te hemos de hallar para siempre. Oh fiel Pastor, ruega por nuestros Pastores; alcanza para ellos un alma semejante a la tuya, y para sus ovejas docilidad. Bendice a los predicadores de la divina palabra, para que no se prediquen a sí mismos sino a Jesucristo. Comunícanos la elocuencia cristiana que se inspira en la Sagrada Escritura y en la oración, para que los pueblos atraídos por una oratoria celestial, se conviertan y den gloria a Dios. Protege al Romano Puntillee, cuyo predecesor fué el único que se atrevió a defenderte: haz que sea siempre su corazón un refugio para los Obispos perseguidos por la justicia. Devuelve la vida a tu Iglesia de Constantinopla que olvidó tu fe y tus ejemplos. Sácala de ese envilecimiento en que vive desde hace tiempo. Logra con tus plegarias, que Cristo, Sabiduría eterna, se acuerde de su Iglesia de Santa Sofía y se digne purificarla, y restaurar en ella el altar donde se inmoló durante tantos siglos. Ten siempre cariño a las Iglesias de Occidente, que con tanto amor procuraron tu gloria. Apresura el fin de las herejías que han devastado a muchas de nuestras cristiandades; ahuyenta las tinieblas de la incredulidad, aviva en nosotros la fe y haz que florezcan las virtudes.