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sábado, 26 de enero de 2019

Estados Unidos crea condiciones para ‎invadir Venezuela

‎Juan Guaidó se autoproclamó presidente interino de Venezuela. ‎

Nota. para entender mejor la realidad venezolana es preciso leer el articulo que le sigue a este, no se puede sacar una conclusion imparcial sobre el conflicto en Venezuela sin asimilar el contenido de los dos articulos y aún más debe tenerse en cuenta el libro: AMERICA PELIGRA escrito por Salvador Borrego.
Estados Unidos tiene para la Cuenca del Caribe un proyecto que el Pentágono expuso ‎en 2001. Ese plan es tan destructivo y sanguinario que Washington no puede reconocer ‎su existencia, así que tiene que inventar una narrativa aceptable. Eso es lo que estamos ‎viendo en Venezuela. Pero, ¡cuidado!, las apariencias esconden cada vez más la ‎realidad, durante las manifestaciones prosigue la preparación de la guerra. ‎

Creación del conflicto

Durante los últimos meses, Estados Unidos ha logrado convencer a una cuarta parte de los países ‎miembros de la ONU –entre ellos 19 países de las Américas– para que no reconozcan el ‎resultado de la elección presidencial realizada en Venezuela en mayo de 2018. Por consiguiente, ‎esos países tampoco reconocen la legitimidad del segundo mandato del presidente Maduro. ‎

En una entrevista concedida al Sunday Telegraph y publicada el 21 de diciembre de 2018, el ‎ministro británico de Defensa, Gavin Wiliamson, declaraba que Londres está negociando la ‎instalación de una base militar permanente en Guyana para retomar la política imperial británica ‎anterior a la crisis de Suez. Aquel mismo día, un diputado guyanés hacía caer sorpresivamente el ‎gobierno de su país y, de inmediato, se refugiaba en Canadá. ‎

Al día siguiente, la transnacional petrolera estadounidense ExxonMobil afirma que un barco que ‎había alquilado para realizar trabajos de prospección dentro de la zona en litigio entre Guyana y ‎Venezuela había sido expulsado de aquellas aguas por la marina de guerra venezolana. ‎La expedición contaba con una autorización concedida por el gobierno guyanés saliente, que ‎administra de facto la zona en litigio. Inmediatamente, el Departamento de Estado, y después ‎el Grupo de Lima, denuncian el incidente como un peligro que Venezuela hace correr a la ‎seguridad regional. ‎

Pero el 9 de enero, el presidente Maduro revela grabaciones de audio y video que demuestran que ‎ExxonMobil y el Departamento de Estado mintieron deliberadamente para crear una situación de ‎conflicto y empujar los países latinoamericanos a entrar en guerra entre sí. Los países miembros ‎del Grupo de Lima reconocen entonces la manipulación, con excepción de Paraguay y Canadá. ‎

El 5 de enero, la Asamblea Nacional de Venezuela elige su nuevo presidente, Juan Guaidó, y ‎se niega a reconocer la legalidad del segundo mandato del presidente de la República, Nicolás ‎Maduro. Según la Asamblea Nacional, la situación es similar al caso previsto en el artículo 233 de ‎la Constitución. Según ese artículo, cuando un presidente de la República se ve impedido de ‎ejercer sus funciones –por enfermedad–, el presidente de la Asamblea Nacional lo reemplaza ‎automáticamente. Como puede verse, esto no tiene nada que ver con la situación actual. ‎

El 23 de enero, los opositores a la Revolución Bolivariana y sus partidarios realizan ‎simultáneamente una serie de marchas en Caracas. Juan Guaidó se autoproclama entonces ‎presidente interino del ejecutivo. Estados Unidos, Canadá, Reino Unido e Israel lo reconocen ‎de inmediato como nuevo presidente de Venezuela. España que ya participó antes en varias ‎intentonas golpista contra Hugo Chávez, empuja la Unión Europea a sumarse a la nueva ‎maniobra.‎

La lógica de los acontecimientos conduce Venezuela a romper las relaciones diplomáticas con ‎Estados Unidos y a cerrar su embajada en Washington. Afirmando que el presidente Nicolás ‎no tiene derecho a romper relaciones con Estados Unidos, Washington mantiene su embajada ‎en Caracas y sigue aportando leña al fuego. ‎
La aplicación de un esquema ya utilizado

Contrariamente a lo que creen los venezolanos, el objetivo de Estados Unidos no es derrocar al ‎presidente Maduro sino aplicar en la Cuenca del Caribe la doctrina Rumsfeld-Cebrowski de ‎destrucción de las estructuras estatales en los países de la región. Eso exige, ciertamente, la ‎eliminación de Nicolás Maduro, pero también la de Juan Guaidó. ‎
El 24 de enero, el ministro de Defensa, general Vladimir Padrino, comparece ante la televisión ‎con su alto mando y confirma el compromiso de la Fuerza Armada Bolivariana al servicio de ‎la Nación y del presidente electo constitucionalmente, Nicolás Maduro. El ejército es la única ‎institución verdaderamente eficaz del país.

La aplicación de un esquema ya utilizado


Este esquema ya fue utilizado antes para convertir los incidentes internos que tenían lugar en Siria ‎en 2011 en una agresión externa perpetrada por todo un ejército de mercenarios, en 2014. En ‎el caso de Venezuela, la Organización de Estados Americanos (OEA) –cuyo secretario general ‎ya reconoció a Juan Guaidó como presidente– asume el papel que hizo la Liga Árabe‎ en el ‎caso de Siria. El papel de los Amigos de Siria lo asume el Grupo de Lima, que ‎se encarga de coordinar las posiciones diplomáticas de los aliados de Washington. Y Juan ‎Guaidó hace el papel del jefe de la oposición siria Burhan Ghalioun. ‎

En el caso de Siria, Burham Galioun, quien desde hace mucho tiempo colaboraba con la NED ‎estadounidense, fue reemplazado por otro personajillo, que a su vez fue reemplazado por otro, ‎luego por otro y por otro más, tantas veces que ya nadie recuerda su nombre. Juan Guaidó será ‎rápidamente desechado de la misma manera. ‎

Pero el esquema sirio funcionó sólo en parte, en primer lugar porque Rusia y China se opusieron ‎reiteradamente en el Consejo de Seguridad de la ONU. En segundo lugar, porque el pueblo sirio ‎apoyó a la República Árabe Siria y dio pruebas de excepcional resistencia. Y, finalmente, porque ‎Rusia logró respaldar y equipar al Ejército Árabe Sirio ante los mercenarios extranjeros y la OTAN. ‎Sabiendo que el Pentágono ya no podrá seguir utilizando a los yihadistas para debilitar el ‎Estado sirio, Washington va a poner ahora el caso sirio en manos del Departamento del Tesoro, ‎que hará todo lo posible por impedir la reconstrucción del país y del Estado. ‎

En los próximos meses, el autoproclamado presidente interino Guaidó tratará de crear una ‎administración paralela
- para apoderarse del dinero del petróleo en varios litigios;
- para “resolver” el diferendo territorial con Guyana;
- para negociar la cuestión de los refugiados;
- para cooperar con Washington y hacer encarcelar en Estados Unidos a los dirigentes ‎venezolanos con diversos pretextos.‎

Si tenemos en cuenta la experiencia adquirida durante los 8 últimos años en el Gran Medio ‎Oriente, no debemos comparar lo que sucede en Venezuela con lo sucedido en Chile en 1973. ‎El mundo postsoviético ya no es el de la guerra fría. ‎

En aquella época, Estados Unidos trataba de controlar todas las Américas y cerrar el paso a ‎toda forma de influencia soviética. Quería explotar las riquezas naturales de aquella parte del ‎mundo con el menor control posible de los gobiernos nacionales y con el menor costo posible. ‎

Pero hoy, por el contrario, Estados Unidos se obstina en ver el mundo como unipolar. Ya ‎no tiene amigos ni enemigos. Según la visión estadounidense una población está integrada a la ‎economía globalizada o vive en territorios que contienen recursos naturales, recursos que ‎Estados Unidos no explotará necesariamente pero que siempre quiere controlar. Y como esos ‎recursos no pueden estar simultáneamente bajo el control de los Estados-naciones donde ‎se encuentran y del Pentágono, Washington aspira a impedir el funcionamiento de las estructuras ‎estatales de esos países. ‎

Este mapa proviene de un Powerpoint que Thomas P. M. Bennet, asistente del almirante ‎estadounidense Arthur Cebrowski, presentó en una conferencia realizada en el Pentágono, ‎en 2003. La parte rosada abarca todos los países cuyas estructuras estatales deben ser ‎destruidas. Este proyecto no tiene nada que ver con la guerra fría ni con la explotación de ‎los recursos naturales. Después de haber destruido el “Gran Medio Oriente”, los estrategas ‎estadounidenses se preparan para destruir la “Cuenca del Caribe. ‎

Cegar a los actores

Es posible que Juan Guaidó crea realmente que puede resolver la crisis y servir a su país ‎autoproclamándose presidente interino. En realidad es lo contrario. Su autoproclamación creará ‎una situación que será asimilada a una guerra civil. Guiadó, o sus sucesores, pedirán ayuda a ‎Brasil, Guyana y Colombia, que desplegarán fuerzas “de paz” con apoyo de Israel, Reino Unido ‎y Estados Unidos. La violencia continuará hasta que ciudades enteras estén en ruinas. ‎

No importa que el gobierno de Venezuela sea bolivariano o liberal, que sus relaciones con ‎Estados Unidos sean buenas o no. El objetivo no es lograr un “cambio de régimen” sino debilitar ‎el Estado lo más posible. Ese proceso comienza en Venezuela pero se extenderá de inmediato ‎a otros países de la región, como Nicaragua, hasta que no quede verdadero poder político en el ‎conjunto de esa región. ‎

Esta situación es muy clara para numerosos árabes, cuyos países ya cayeron en esa trampa. ‎Pero, por el momento, los latinoamericanos no parecen verla con claridad. ‎

Por supuesto, también es posible que los venezolanos tomen conciencia de la manipulación, dejen ‎de lado sus divisiones y salven el país. ‎

Thierry Meyssan

SANTO TOMAS DE AQUINO EL CREDO COMENTADO





NOTA DEL TRADUCTOR
Esta traducción no es la primera en español del Credo predicado en italiano por Santo Tomás, en Nápoles, en 1273, poco antes de su muerte, y puesto en latín por los dominicos que lo escuchaban al mismo tiempo que el pueblo.
La primera traducción es argentina. Pero a mi juicio tiene el defecto de ser demasiado parafrástica, demasiado libre.
Además, esa edición argentina carece del texto latino, del que no hay que privar a quienes puedan entenderlo y apreciarlo.
Este Credo es el Símbolo de los Apóstoles y su explicitación, o sea, el Símbolo de Nicea-Constantinopla, que compusieron los Padres de la Iglesia en lucha contra las herejías de aquellos tiempos, tan aciagos como los actuales, y quizá aún más que los actuales en materia de doctrina, pues con el apoyo del poder imperial pudo el arrianismo arrastrar formalmente a la mayoría de los obispos.
Es tal la campaña de la herejía progresista contra Santo Tomás de Aquino y a favor de su antípoda, el hereje Pierre Teilhard de Chardin, que conviene recordar por qué ha sido y seguirá siendo el aquinatense el príncipe de los doctores de la Iglesia.
A los pocos años de muerto Santo Tomás, Roma defiende su doctrina contra el Obispo de París, Esteban Tempier, y la Orden Dominicana hace enmudecer a Roberto Kilwardby, dominico, Arzobispo de Canterbury, que en Oxford había condenado algunas proposiciones del aquinatense.
Juan XXII canoniza a Santo Tomas el 18 de julio de 1323 y dice que su doctrina es tan perfecta "que no se concibe sin un milagro especial del cielo".
San Ignacio de Loyola adopta a Santo Tomás, en filosofía y en teología, "como a propio Doctor" para la Compañía de Jesús.
San Pío V le da a Santo Tomás de Aquino, en 1567, el título de Doctor Angélico.
El principal doctor de consulta constante en el Concilio de Trento fue el mismo Santo Tomás. En la Encíclica Aeterni Patris, del 4 de agosto de 1879, León XIII recomienda al aquinatense sobre toda ponderación y lo declara "auxilio y honor" de la Iglesia". Y en 1880 lo nombra patrono universal de escuelas y universidades católicas.
San Pío X, en su Motu proprio Sacrorum Antistitum, del I de septiembre de 1910, ordena "que se establezca la filosofía escolástica como fundamento de los estudios sagrados", refiriéndose "singularmente a la que dejó en herencia Santo Tomás de Aquino".
Benedicto XV en el Código de Derecho Canónico establece que "Los profesores han de exponer la filosofía racional y la teología e informar á los alumnos en estas disciplinas ateniéndose por completo al método, a la doctrina y a los principios del Doctor Angélico, y siguiéndolos con toda fidelidad". (Canon 1366, § 2).
Pío XI, en la encíclica Studiorum ducem, del 29 de ¡unió de 1923, pide que los maestros de teología amen a Santo Tomás "intensamente" y "a sus alumnos les comuniquen el mismo ardiente amor y los hagan aptos para que ellos, a su vez, exciten en otros el mismo aprecio".
Pío XII confirma el 24 de ¡unió de 1939 las instrucciones de sus predecesores acerca de Santo Tomás y en su famosa encíclica Humani Generis, del 12 de agosto de 1950, dice que "la Iglesia exige que sus futuros sacerdotes sean instruidos en las disciplinas filosóficas según el método, la doctrina y los principios del Doctor Angélico" y que "su doctrina suena al unísono con la divina revelación y es eficacísima para asegurar los fundamentos de la fe y para recoger de modo útil y seguro los frutos del sano progreso".
de León XIII, sentencia así: "Santo Tomás no es un hombre de la Edad Media ni de una nación particular: es el hombre de cada hora, siempre actual; trasciende el tiempo y el espacio, y no es menos válido para toda la humanidad de nuestra época" (Analecta Fratrum Predicatorum", Enero-Marzo, 1964, vol. XXXVI).
El lector atento gozará intensamente con la lectura de esta magistral y sencilla explicación del Credo, porque no hay nada que llene tanto nuestras ilimitadas ansias de saber y el abismo de nuestros deseos como la divina Revelación, contenida en los artículos de nuestra Fe.
Y poseyendo una Fe ilustrada y viva, nuestra voluntad, robustecida y aun transformada por la Gracia, podrá salvarnos de los engañosos lazos que mundo, demonio y carne están multiplicando a nuestro paso como jamás lo habían logrado, pues no en balde se acercan los últimos tiempos.
Dios mismo permite esa prueba suprema y a la vez nos brinda todos sus auxilios. Y el primero de sus divinos auxilios es la verdadera Fe.

EXPOSICIÓN DEL SÍMBOLO DE LOS APOSTÓLES O DEL
"CREDO IN DEUM"
Prólogo
I. —Lo primero que le es necesario al cristiano es la fe, sin la cual nadie se llama fiel cristiano. Pues bien, la fe produce 4 bienes.
2. —Primeramente por la Fe se une el alma a Dios. En efecto, por la fe el alma cristiana realiza una especie de matrimonio con Dios (Oseas, 2, 20): "Te desposaré conmigo en la Fe".
Por lo cual al ser bautizado el hombre, desde luego confiesa la Fe, cuando se le pregunta: "¿Crees en Dios?", porque el bautismo es el primer sacramento de la fe. Lo dice el Señor (Mc 16, 16): "El que crea y sea bautizado será salvo". Porque el bautismo sin la fe es inútil, por lo cual es de saberse que nadie es acepto a Dios sin la fe (Heb II, 6): "Sin la fe es imposible agradar a Dios". Por esta razón San Agustín, comentando a Romanos 14, 23:
"Todo lo que no proceda de la fe es pecado", escribe: "Donde falta el conocimiento de la eterna e inmutable verdad, falsa es la virtud aun con las mejores costumbres".
3. —El segundo bien es que por la Fe comienza en nosotros la vida eterna. Porque la vida eterna no es otra cosa que conocer a Dios, por lo cual dice el Señor (Jn 17, 3): "La vida eterna es que te conozcan a ti el solo Dios verdadero". Pues bien, este conocimiento de Dios empieza aquí por la fe, para perfeccionarse en la vida futura, en la cual lo conoceremos tal cual es. Por lo cual se dice en Hebreos II, I: "La fe es la substancia de las realidades que se esperan". Así es que nadie puede alcanzar la bienaventuranza, que es el verdadero conocimiento de Dios, si primero no lo conoce por la fe (Juan 20, 29): "Bienaventurados los que no vieron y creyeron".
4. —El tercer bien es que la fe dirige la vida presente. En efecto, para vivir bien es menester que el hombre sepa qué cosas son necesarias para bien vivir, y si tuviera que aprender por el estudio todas las cosas necesarias para bien vivir, o no podría alcanzar tal cosa, o la alcanzaría después de mucho tiempo. En cambio la fe enseña todo lo necesario para vivir sabiamente. En efecto, ella nos enseña la existencia del Dios único, que recompensa a los buenos y castiga a los malos, y que hay otra vida y otras cosas semejantes, que nos incitan suficientemente a hacer el bien y a evitar el mal (Habac 2, 4): "Mi Justo vive de la fe". Lo cual es manifiesto, porque ninguno de los filósofos de antes de la venida de Cristo, a pesar de todos los esfuerzos, pudo saber tanto acerca de Dios y de lo necesario para la vida eterna cuanto después de la venida de Cristo sabe cualquier viejecita mediante la fe.
Por lo cual Isaías (II, 9) dice: "Colmada está la tierra con la ciencia del Señor".
5. —El cuarto bien es que por la fe vencemos las tentaciones (Hebr I I, 33): "Por la fe los santos vencieron reinos". Y esto es patente, porque toda tentación viene o del diablo, o del mundo, o de la carne. En efecto, el diablo tienta para que no obedezcas a Dios ni te sujetes a Él. Y esto lo rechazamos por la fe. Porque por la fe sabemos que El es el Señor de todas las cosas, y por lo tanto que se le debe obedecer: I Pe 5, 8: "Vuestro adversario el diablo ronda buscando a quién devorar: resistidle firmes en la fe".
El Mundo, por su parte, tienta o seduciendo con lo próspero o aterrándonos con lo adverso. Pero todo lo vencemos por la fe, que nos hace creer en otra vida mejor que ésta, y así despreciamos las cosas prósperas de este mundo y no tememos las adversas: I Jn 5, 4: "La victoria que vence al mundo es nuestra fe", y a la vez nos enseña a creer que hay males mayores, los del infierno.
La Carne, en fin, nos tienta induciéndonos a las delectaciones momentáneas de la vida presente. Pero la fe nos muestra que por ellas, si indebidamente nos les adherimos, perdemos las delectaciones eternas: Ef 6. 16: "Embrazad siempre el escudo de la fe".
Con todo esto queda patente que es grandemente útil tener fe.


viernes, 25 de enero de 2019

AUDI, FILIA, ET VIDE, ETC. SAN JUAN DE ÁVILA

LAS TENTACIONES DE JESÚS

CAPITULO 4 (Continuación)
En qué grado y por qué fin es lícito desear la humana honra; y del grandísimo peligro que hay en los oficios honrosos y de mando.
En lo cual quiere decir, que aquél provechosamente usa de lo temporal, próspero o adverso, gozoso o triste, que no se le pega el corazón á ello; más pasa por ello como por cosa vana y que presto se pasa. Y cierto, cuando San Pablo contaba estas cosas de sí, con un corazón las decía, no sólo despreciador de la honra, mas amador del desprecio y deshonra por Jesucristo, cuya cruz él tenía por honra suprema. (Gal, 6, 14.) Y de estos tales corazones bien se puede fiar que reciban honra, o digan ellos cosas que aprovechen para tenerla; porque nunca harán estas cosas sino cuando fuere muy menester; para algún buen fin.
Más así como es cosa de mucha virtud tener la cosa cómo si no la tuviesen, y no pegarse al corazón la honra que de fuera nos dan, así es cosa dificultosa y que muy pocos la alcanzan. Porque, como San Crisóstomo dice: «Andar entre honras y no pegarse al corazón del honrado, es como andar entre hermosas mujeres sin alguna vez mirarlas con ojos no castos.» Y la experiencia nos ha mostrado que las dignidades y lugares de honra muy pocas veces han hecho de malos buenos, y muy muchas de los buenos malos; Porque para sufrir el peso de la honra y ocasiones que vienen con ella, es menester gran fuerza y virtud. Porque, según San Jerónimo dice: «Los montes más altos con mayores vientos son combatidos.» Y cierto es que se requiere mayor virtud para tener mando que para obedecer. Y no sin causa, y gran causa, nuestro soberano Maestro y Señor, que todo lo sabe, huyó de ser elegido por Rey (Jn., 6). Y pues Él no podía peligrar en estado por alto que fuese, claro está que es doctrina para nuestra flaqueza, que debe ella huir de lo peligroso, pues huyó Él, que estaba seguro.
Y si es atrevimiento muy grande, y contra el ejemplo de Cristo, recibir el estado de honra cuando lo ofrecen, ¿Qué será desearlo y qué será procurarlo? Porque para decir cuánto mal es dar dineros por ello, no hay hombre que baste. Cosa es de grandísimo espanto, que pudiendo un hombre andar seguramente por tierra llana, escoja los peligros de andar por la mar; y no con bonanza, sino con tempestades continuas. Porque, según San Gregorio dice: «¿Qué otra cosa es el poderío de la alteza sino tempestad del ánima?» Y tras estos trabajos y peligros que en lugar alto hay, sucede aquélla terrible amenaza dicha por Dios, aunque de pocos oída y sentida, (Sab., 6): Juicio durísimo será hecho en los que tienen mando. ¿Qué será esto, que siendo el juicio ordinario de Dios tal, que los más estirados en la virtud tiemblan y dicen (Sal., 142, 2): No entres en juicio con tu siervo. Señor, hay gente tan atrevida que elija entrar en juicio, no cualquiera, mas estrechísimo y durísimo? Y viendo que un Rey Saúl, a quien fue el reinó ofrecido de parte de Dios, sin que por ello él se ensalzase ni hiciese caso de él, y aun se escondió por no recibirlo, y fue hallado porque Dios lo manifestó (1 Reg., 10), con todo esto maltratóle tan mal la alteza de la dignidad con sus ocasiones, que habiendo precedido elegirlo Dios, y huirlo él, sucedió tan mala vida y mal fin, que debe poner temor y escarmiento a los que entran en estados de honra, aun llamados y por buena puerta, y muy mayor a los que no entran por tal.
Y cierto, es cosa de maravillar que haya gente tan tasada (tasada: escasa) en el servicio de nuestro Señor, que si les dicen que hagan algo, aunque muy bueno, andan mirando y remirando si es cosa que no les obliga a pecado mortal para no hacer; porque dicen que son flacos, y no quieren meterse en cosas altas y de perfección, sino andar camino llano, como ellos dicen. Y éstos por una parte tan cobardes en buscar la perfecta virtud para sí mismos, que con la gracia del Señor les fuera fácil de alcanzar, por otra parte son tan atrevidos en meterse en señoríos y mandos y honras, que para usar bien de ellos y sin daño propio, es menester perfecta o aprovechada virtud, que se hacen entender que la tienen, y que darán buena cuenta del lugar alto, sin que peligren sus conciencias en lo que muchos han peligrado. Tanto ciega el deseo de la honra y mandos y de intereses humanos, que a los que no osan acometer lo fácil y seguro, hace acometer lo que está lleno de peligros y dificultad. Y los que no fían de Dios que les ayudará en las buenas obras que tocan a sí mismos, se prometen con grande osadía que los traerá Dios de la mano en lo que toca a regir a los otros, pudiendo Dios responder con mucha justicia, que pues ellos se metieron en aquel peligro, ellos se ayuden a valerse en él. Porque de estos tales dice Dios (Oseas, 8, 4): Ellos reinaron, y no por mi parecer: fueron príncipes, y yo no lo supe. Quiere decir: No lo aprobé, ni me pareció bien. Y quien mirare que desechó Dios de su mano al Rey Saúl, habiéndole el mismo Dios metido en el reino, tendrá mucha razón para desengañarse, pues que no hay quien le asegure de que no sea tan flaco como Saúl, sino la soberbia y gana del mando. Y por muy buena entrada que tenga en él, no será mejor que la de Saúl.
Razón tuvo San Agustín en decir que el lugar alto es necesario para regimiento (gobierno, régimen) del pueblo. Aunque cuando se tiene se administre como conviene, mas cuando no se tiene, no es lícito desearlo. Y él decía de sí mismo, que deseaba y procuraba salvarse en el lugar bajo, por no peligrar en el alto. Especialmente se debe esto hacer cuando el tal lugar tiene regimiento (gobierno, régimen) de ánimas; lo cual tiene tanta dificultad para hacerse bien, que se llama «arte de artes». Huir se deben estos peligros en cuánto buenamente fuere posible, imitando el ejemplo ya dicho, que el Señor nos dio, en huir de aceptar el reino, y el que nos han dado muchas personas santas y sabias que los han huido con todo su corazón (El Santo Juan de Ávila rehuyó las mitras de Segovia y Granada). Y para entrar bien en ellos ha de ser o por revelación del Señor, o por obediencia de quien lo puede mandar, o por consejo de persona que entienda, muy bien la obligación del oficio y los peligros de él, y tenga el juicio de Dios delante sus ojos, y muy atrás de ellos todo respeto temporal. Y si estas condiciones no se hallaren, será menester que haya tales conjeturas de que Dios es de ello servido, que sean de tanto peso, que pueda el tal hombre fiarse, de ellas para entrar en tan grave peligro. Y con todo esto aun hay que temer; y conviene velar y suplicar al Señor, que pues guardó la entrada de mal, guarde también la salida, porque no pare en eterna condenación. Porque a muchos de los que han vivido contentos en estos estados, hemos visto morir con deseo de no los haber tenido, y con grandes temores de lo que primero, a su parecer, estaban seguros. Débese mejor parecer la verdad de las cosas temporales, cuanto el hombre más se aleja de ellas, y más se acerca al juicio de Dios, en el cual hay toda verdad.


jueves, 24 de enero de 2019

ACUÉRDATE QUE NO TIENES MAS DE UN ALMA . SANTA TERESA DE JESUS


Santa Teresa de Jesús

DE LA DIGNIDAD DEL ALMA

30.- ¿Qué le aprovecha al hombre ganar todo el mundo, si pierde su alma? En estas palabras nos enseño Cristo 3 cosas: la dignidad del alma, que es más que todo el mundo, que no tenemos más que una, como advierte nuestra Santa, y el cuidado que debemos poner en salvarla; porque si ella se pierde todo se pierde y si se gana todo se gana.
31.- En cuanto a 1.0 primero, la "dignidad del alma” es tal, que hasta los Filósofos gentiles sin luz ni conocimiento de Dios, la conocieron y apreciaron sobre todo cuanto se puede estimar.
32.- Porque el más principal de ellos, Aristóteles, enseñó que era no solamente más preciosa que el cuerpo, pero que todo cuanto merece estimación; todo cuanto bueno puede un hombre poseer no tiene valor en comparación de su alma y añade: cualquier cosa que le perteneciere es de mayor precio que todo lo temporal.
33. Y Séneca se adelantó a Aristóteles afirmando que no había cosa alguna grande, ni preciosa en lo criado sino el alma: ninguna cosa merece el nombre de grande sino el alma en lo criado; porque todo es corto, y nada en su comparación, pues todo es caduco y breve, sino el alma que es eterna, espiritual e incorruptible.
34.- Y Sócrates lloraba de ver piedra tan preciosa engastada en barro tan inútil; y así llamaba al cuerpo sepulcro del alma, porque en él estaba como muerta y sepultada, padeciendo sus menguas, obligada a sus acciones, impedida de las espirituales y propias, si no es por, su medio y dependencia. Yen la hora de la muerte dicen que lloró amargamente, por lo poco que había obrado, y por la pobreza de sabiduría y buenas obras, con que partía de este mundo. Lección bien ejemplar para un cristiano, que tiene luz del cielo, y espera la gloria, y sabe que se ha de dar a cada uno según sus merecimientos.
35.- Esto sintieron los Filósofos del alma, pero todo es nada, respecto de lo que dijeron los Santos; porque, como dice S. Ambrosio, el alma es la imagen de Dios, que puso en el hombre, y una participación de su deidad; Respiró Dios en el hombre, y diole el alma, la respiración y la vida que es un destello de Dios.
Con el alma está vivo, y sin ella muerto, con el alma es imagen viva de Dios, y sin ella un muladar de gusanos.
36.- Conforme a lo cual dijo San Agustín que la ventaja que hace Dios a las criaturas, así Ángeles como hombres, ésa hace el alma a su modo proporcionalmente a todo lo corporal, 37.- Pues ¿quién podrá sondear la ventaja que lleva Dios a todo lo criado? ¿La grandeza de su dignidad; la excelencia de su soberanía, la infinidad de su Ser? Porque, como es inmenso e incomprensible, nadie puede alcanzar lo que es, sino El mismo, que solo se conoce y comprende.     
38.- Pues, de la misma manera, ninguno puede conocer la ventaja que hace la dignidad del alma, y la naturaleza espiritual suya a las criaturas corporales, sino Dios que la crió, y a quien su Majestad se la diere a conocer, porque dentro de los límites de lo finito apenas se puede hallar mayor.
39.- Pero ¿qué nos gastamos en discursos, sabiendo, como dice S. Bernardo, que estimó Dios tanto el alma, que bajo del cielo por ella, y se vistió del tosco gabán de nuestra carne, y nació sujeto a las inclemencias de los tiempos, y peregrinó 33 años por el mundo, padeciendo infinitos trabajos; y últimamente echó el sello dando su sangre en un madero por ella, la cual no diera por muchos mundos que hubiera, ni por todas las riquezas del Orbe; en que conocerás que no hay cosa en todo el que se le pueda comparar?
40. De lo dicho saca por legítima consecuencia, S. Bernardo, la grande estima que cada uno ha de tener de su alma, y el cuidado y diligencia que  debe poner en no perderla, y así dice: QUARE VILIPENDIS ANIMAM TUAM,QUI PRO NIHIL DAS ILLAM? ¿Por qué desprecias tu alma, siendo por una parte tan noble, por otra tan espiritual; por otra tan capaz, que es morada de Dios; por otra tan bella, que vence en hermosura a todo lo creado?
41.-De tan subido precio, que excede en valor a todas las Indias, de tan alta dignidad, que se iguala con los Ángeles, de tan larga vida, que compite con la eternidad de Dios; de tanta sabiduría, que ninguna de las puras criaturas es mayor. Redimida con la Sangre de Cristo, honrada con su imagen, heredera del cielo, capaz de la gloria, amada de Dios, servida de los Ángeles, envidiada con los demonios, criada para Señora, y ¿tú la haces esclava? Porque tomo a preguntar:
42.- Valiendo tanto tu alma ¿tú solo la desprecias, y la vendes por tan poco, que la das por nada? ¿Por un deleite vil, por un corto interés, por un punto de honra, por una palabrilla o un gustillo, que ni tiene ser, ni nombre, ni se merece nombrar?
43.- Muy malo haces contigo, si otro te tratara con el desprecio con que tú te tratas. Si no fuera tu alma tuya sino ajena, no me espantara que la trataras tan mal; pero siendo tuya, mucho admira que la trates tan mal; y que estimando en  tanto el cuerpo, y cuidando tanto de él, estimes tan poco y te descuides tanto de tu alma.
44.- El cuerpo ha de ir brevemente a la sepultura, a ser manjar de gusanos, y un hediondo muladar; y el alma ha de vivir para siempre y ser presentada en el acatamiento de Dios. A la esclava estimas y regalas, y ¿la Reina desprecias y maltratas?
45.- No puede hallarse más perverso gobierno que mandar la esclava, y ser esclava la señora, regalar tu carne que nació para esclava de tu alma, y que la que nació para señora sea esclava suya, arrinconada y olvidada. Pues una cosa te hago saber, y es que, si desprecias tu alma, perderás también el cuerpo, pero, si honras por ella, los ganarás a ambos. No me creas a mí sino a S. Crisóstomo, que así lo dice: “si despreciamos el alma, no podremos salvarla, ni tampoco el cuerpo, porque no fue criada el alma por el cuerpo, sino el cuerpo por el alma. Si el alma se pierde todo se pierde, y si el alma se gana todo se gana”.
46.- Porque un hombre no es más que su alma; para ella crió
Dios todo lo visible, y sin ella todo cesa, y no es de provecho ni de honra.        
47.- Y, si no lo crees o lo dudas, vamos a la experiencia, y mira
¿Que aprovechan todas las cosas visibles: honras, riquezas, deleites, dignidades y grandezas, a los que no tienen alma, a los cuerpos muertos, y a los cadáveres secos que la tuvieron? Lo mismo les aprovecha que a las piedras, que nunca fueron animadas; con la ausencia del alma espiró todo para ellos, con ella lo poseen, con ella les sirve, y sin ella ni les sirve, ni lo gozan, ni poseen. Mira, pues por tu alma, si quieres salvar tu cuerpo y         lograr lo que Dios te ha dado.
48.- Con razón se espanta S. Isidoro de los hombres que, olvidados de su alma, cuidan de las estrellas, y estudian las filosofías, y escudriñan los metales más escondidos en las entrañas de la tierra y en lo profundo del mar: iOh hombre dice, que contemplas el curso de las estrellas, y las propiedades de las plantas, vuelve los ojos a ti mismo y penetra, si puedes, el abismo de grandeza, y la profundidad de valor de tu propia alma!
49.- ¿Es posible que, teniéndola tan cerca, te olvides tanto de ella, y que no te acuerdes de mirarla siquiera de cuándo en cuándo? Si la hubieras encomendado al vecino, y la tratara como tú la tratas, ¿qué dijeras? ¿Qué hicieras y con qué voces te quejaras? Pues cosa recia es que hagas tú contigo lo que no quisieras hiciera tu vecino, y que te tratas tú peor que te tratara ninguno, y que, siendo el alma tuya, te descuides tanto de ella, y que sea necesario acordarte que es tuya, y que la trates de manera que entren los vecinos a rogarte la trates bien y que mires por ella, siendo tú el interesado.


martes, 22 de enero de 2019

CRISTO REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES


 hablar de la realeza de Jesucristo nos referimos a su título personal de REY. Pero un título, si es verdadero, debe responder a una realidad en la persona. Nuestro trabajo va a concentrarse en el estudio de esa realidad: conviene, pues, de todo punto, investigar antes la altísima significación de esa realidad que hay en Cristo.
Las ideas que de Dios tenemos son necesariamente análogas e imperfectas, si bien verdaderas, como quiera que de Dios no poseamos un conocimiento intuitivo. Para este conocimiento analógico de Dios, tenemos que echar mano de los datos que recogemos de las creaturas.
Por lo que mira al conocimiento del Dios-Hombre, Jesucristo, si bien podemos adquirir de El algunas ideas propias y adecuadas, en cuanto a su humanidad, por hallarse revestido de nuestra propia carne; todavía, aun para la adquisición de una idea o concepto claro acerca de Jesucristo en cuanto hombre, es necesario antes consultar los conocimientos que, respecto a esa idea, tenemos en los objetos y personas humanas; y la razón es, porque; la cualidad humana, al presentarse viviente en Jesucristo, persona divina, es elevada también a un plano divino.
Procedamos gradualmente.
l.-El Concepto humano de Rey.
Nuestra palabra castellana rey se deriva de la latina "rex",  sustantivo que, a su vez, se origina del verbo "rego" que significa regir, dirigir, gobernar. Atendida, pues, la sola etimología, rey es el hombre que rige, dirige, gobierna.
Santo Tomás nos da esta definici6n real y completa: "Rex est qui unius multitudinem civitatis vel provinciae et propter bonum commune regit".
Reyes el que rige al conjunto de ciudadanos de una nación o provincia y por el bien común 1.
Definición que el Angélico Doctor deduce de la naturaleza social del hombre y de la naturaleza de la sociedad. Por donde se ve que el cargo de rey exige excelencia de virtud y prioridad, o cierta primacía sobre los miembros de la sociedad. Porque si es propio de la virtud hacer que por ella sea buena la obra del hombre, debe ser mayor la virtud por la cual se espera un bien mayor. "Mayor y más divino -dice otra vez Santo Tomás-, es el bien de la multitud que el de uno solo" 2. Además regir es ordenar y llevar a otros hacia su fin. Y si todo motor tiene prioridad o primacía sobre lo que mueve, el oficio de rey debe tenerla sobre los miembros de una sociedad, a quienes mueve hacia su fin.
Pero junto con la excelencia y la prioridad es esencial al rey el poder -"regia potestas"-, que es una forma de autoridad civil, ya que la autoridad civil es, por definición: "Jus societatem civilem ad finem suum dirigendi". El derecho de dirigir la sociedad civil a su fin.
O también: "El derecho de poder obligar a los miembros de la sociedad
civil a cooperar al bien común.
Siendo la autoridad el derecho de obligar a los asociados a conseguir el fin común, se sigue que debe residir en un sujeto, pues todo derecho exige un sujeto para que pueda actuarse y ejercerse 4. El sujeto puede ser una persona física o moral. En el primer caso tenemos la monarquía, en el segundo la poliarquía, la que a su vez se subdivide en aristocracia y democracia.
Según Aristóteles tres son las formas de suma autoridad: Monarquía (él la llama Reino), o el gobierno de uno; Aristocracia, o el gobierno en que participen los mejores; República o el gobierno en el que participan todos los ciudadanos. De estas tres formas de autoridad consta, por la historia sagrada y profana, que la monarquía es la más antigua.
De la definición de Santo Tomás se infiere también que la potestad regia está destinada a ejercerse, como tal, en una sociedad perfecta, y no en sociedades imperfectas, como la familia, el patriarcado o la tribu 1.
El hecho de la existencia entre los hombres de la potestad regia y de su anterioridad con respecto a otras formas de gobierno, puede confirmarse por la historia, como dijimos antes; el modo, en cambio, cómo los primeros reyes que existieron llegaron a serlo, se disputa en Ética.
Además de las cuestiones de hecho y de derecho en general, podemos inquirir en un rey humano, tomado ya en concreto, la naturaleza de su potestad y el origen próximo de esa potestad.
En la naturaleza de la potestad regia humana, tomada en su concepto propio y adecuado se incluye necesariamente la triple: potestad legislativa, ejecutiva y judicial, porque sin ella el fin de la sociedad no se conseguiría. En efecto: hay que imponer a la comunidad una norma obligatoria para que los asociados consigan, con sus obras, el fin social, incumbencia que pertenece a la potestad legislativa. Es menester, en segundo lugar, poner en ejecución todo aquello que manden las leyes, acudiendo, si fuere preciso, a la fuerza coactiva. Esto se obtiene por la potestad ejecutiva. Finalmente es indispensable dirimir en cada caso las
controversias sobre el derecho, o aclarar autoritativamente si fue o no lesionado por alguno, lo cual se consigue por la potestad judicial.
El mayor de todos estos poderes es el legislativo, por dimanar y depender los otros dos de él.
La potestad regia puede ser de dos órdenes distintos, en cuanto que tiende a procurar la prosperidad material y temporal de la sociedad, o su bien espiritual y eterno, como fin propio a que los hombres deben ser encaminados. La primera es potestad temporal, que ha de ejercerse en todo reino o sociedad civil; la segunda es potestad espiritual que ejerce su dominio en todo lo referente al bien y salvación de las almas.
Por lo que mira a otras subdivisiones de la potestad regia: directa e indirecta, in actu primo et in actu secundo, preferimos dejarlas para el segundo volumen de nuestra obra, donde tienen su propio lugar, ya que aparecieron con las controversias de los Teólogos.
En cuanto al origen próximo de la potestad regia 10, podemos afirmar con certeza: ningún hombre de suyo nace rey. Decimos de suo, porque puede darse otra razón extrínseca a su naturaleza de hombre, por ejemplo, la herencia. La conclusión en este punto es incontrovertible: la realeza o potestad regia entre los hombres nunca nace con la naturaleza humana, sino que a lo más nace "per accidens" en este hombre determinado, es decir, que siempre se encuentra en el hombre por un título meramente extrínseco, ya sea hereditario, electivo o adquisitivo.
Estas nociones acerca de la idea de rey entre los hombres nos han sido proporcionadas por la Filosofía y la historia profana. Una consulta a las Sagradas Letras, no sólo confirmará lo expuesto, sino que hará mayor luz sobre cuanto llevamos dicho.
La antigüedad de la institución real es manifiesta en la Biblia.
Poco después de que el Señor separó para sí a Abraham para hacerlo el tronco de su pueblo escogido y progenitor del Mesías, Abraham descendió a Egipto donde habitaba un pueblo organizado y civilizado que tenía por rey a Faraón 11. El Génesis nos informa de muchos reyes 12, cuyos dominios apenas si abarcaban una ciudad; en cambio el poder de otros se extendía a vastos territorios 13 y aun a otros reinos conquistados 14.
Encontramos también en las Sagradas Páginas el proceso natural en la formación y constitución de la sociedad perfecta y del poder civil. Desde Abraham hasta Salomón se distinguen con toda claridad estas cuatro etapas: familia, patriarcado, tribu y reino.
Ya si en particular nos fijamos en la institución del poder real entre los judíos, advertimos, por una parte, causas y circunstancias humanas y naturales, por otra, la voluntad y providencia de Dios que siempre prepara los medios mejores para sus fines. Las causas naturales se encuentran fácilmente: los antiguos Patriarcas trataron muchas veces con reyes; los israelitas vivieron largos años bajo el yugo del Faraón; y, libres ya de la esclavitud de Egipto y en camino para la tierra prometida, tuvieron que luchar contra muchos reyes. Establecidos en Palestina cayeron muy pronto en la cuenta de que todos los pueblos circunvecinos eran gobernados por reyes. Y por imitar a esos pueblos paganos anhelaron un rey, y los ancianos de Israel, como niños antojadizos, acudieron con esta petición a Samuel: "Ecce senuisti, et filii tui non ambulant in viís tuis: constitue nobis regem, ut judicet nos, sicut et universa habent nationes".
Mira que ya estás viejo y tus hijos no van por tus caminos: establece entre nosotros un rey para que nos juzgue, como tienen todas las naciones 15.

EJERCICIO DE PERFECCION Y VIRTUDES CRISTIANAS



CAPÍTULO VI
Que en las tentaciones se prueban y purifican más los justos
y se arraiga más la virtud.
Dicen también los Santos que quiere el Señor que seamos tentados para probar la virtud de cada uno.
Así como con los vientos y tempestades se ve si el árbol ha echado buenas raíces, y el valor y fortaleza del caballero y buen soldado no se echa de ver en tiempo de paz, sino en tiempo de guerra, en los encuentros y peleas; así la virtud y fortaleza del siervo de Dios no se echa de ver cuando hay devoción y sosiego, sino cuando hay tentaciones y trabajos.
San Ambrosio, sobre aquellas palabras: “Dispuesto estoy, y nadie me arredrará de guardar tus mandamientos”, dice  “que así como es mejor piloto y digno de mayor loa el que sabe y tiene industria para  gobernar la nave en tiempo que hay tempestades y borrascas, cuando la nave unas veces parece que se va a fondo, otras con las olas se levantan hasta el cielo, que el que la rige y gobierna en tiempo de tranquilidad y bonanza; así es también digno de mayor loa el que se sabe regir y gobernar en tiempo de tentaciones, de tal manera, que ni con la prosperidad se levanta, ni ensoberbece, ni con las adversidades y trabajos se amilana y desmaya, sino que puede decir siempre con el Profeta: Paratus sum et non sum turbatus”: (dispuesto y preparado estoy para eso y otros). Pues para esto envía Dios las tentaciones, como hizo con los hijos de Israel, dejándoles aquellas gentes enemigas y contrarias, para probar la constancia y firmeza que tenían en su amor y servicio”. Y el Apóstol San Pablo dice: “Es menester que haya herejías para que se conozcan los buenos y los que aprueban bien”. “Dios los tentó y hallólos dignos de sí.” Las tentaciones son los golpes con que se descubre la fineza del metal, y la piedra de toque con que prueba Dios a los amigos: entonces se echa de ver lo que hay en cada uno.
Así como acá los hombres se huelgan de tener amigos probados, así también Dios, y por eso los prueba.
Como los vasos, dice el Sabio, se prueban en el horno, y la plata y oro con el fuego, así los justos se prueban con la tentación. Dice San Jerónimo, “cuando la masa está ardiendo en el fuego, no se echa de ver si es oro, o plata, u otro metal, porque todo está entonces de un color, todo parece fuego”; así en tiempo de consolación, cuando hay fervor y devoción, no se echa de ver lo que es uno, todo parece fuego; pero sacad la masa del fuego, dejadla enfriar, y veréis lo que es”. Dejad pasar aquel fervor y consuelo, venga el trabajo y la tentación, y entonces se echará de ver lo que es cada uno. Cuando uno en tiempo de paz sigue la virtud, no se sabe si aquello es virtud, o si nace de su natural bueno, o de gusto particular que « tiene en aquel ejercicio, o de no haber otra cosa que le lleve; pero el que, combatido de la tentación, persevera, ese bien muestra que lo hace por virtud y por el amor que tiene a Dios.
Sirve también la tentación de purificar más a uno.
Así como el artífice purifica la plata y el oro con el fuego, y le quita toda la escoria, así el Señor quiere purificar a sus escogidos con la tentación, para que así queden más agradables a su divina Majestad. Quemarélos como sé quema la plata, y probarélos como es probado el oro dice Dios por Zacarías; y por Isaías: “Depurarte he de tu escoria en el crisol y despojarte he de tu estaño”. Eso obra la tentación en los justos: va consumiendo y gastando en ellos el orín de los vicios y el amor de las cosas del mundo y de sí mismos, y hace que queden más acendrados y purificados. Verdad es, dice San Agustín, que no todos sacan este fruto de las tentaciones, sino solamente los buenos.
Hay unas cosas, que puestas al fuego, luego se ablanda y derriten, como la cera; otras hay que se paran más duras, como el barro. Así los buenos, con el fuego de la tentación y del trabajo se paran tiernos, conociéndose y humillándose; pero los malos quedan más duros y obstinados. Como vemos, que de los dos ladrones en cruz, el uno se convirtió, y el otro blasfemó; y así dice San Agustín: La tentación es fuego, con el cual el oro queda más resplandeciente, y la paja consumida; el justo queda más puro y más perfecto, y el malo más perdido. Es una tempestad, de la cual el justo escapa y el malo queda anegado.
Los hijos de Israel hallaron camino por las aguas, y las mismas aguas les servían de muro a la diestra y  a la siniestra; pero los egipcios quedaron hundidos y anegados en las mismas aguas.
San Cipriano trae esta razón para animarnos a los trabajos y persecuciones, y persuadirnos que no las temamos; porque la Escritura divina nos enseña que antes con eso crecen y se multiplican los siervos de Dios como dice de los hijos de Israel, cuanto más eran oprimidos y acosados de los egipcios, tanto más crecían y se multiplicaban. Y del arca de Noé dice: Multiplicáronse las aguas del diluvio, y levantaron el arca sobre los montes de Armenia: así las aguas de las tentaciones y trabajos levantan y perfeccionan mucho un alma. Y si vos no quedáis más purificado con la tentación, será porque no sois oro, sino paja, y por eso quedáis negro y feo. Gerson dice  que así como el mar con las borrascas y tempestades desecha de sí las inmundicias que ha recogido, y queda limpio y purificado; así la mar espiritual de nuestra ánima con las tentaciones y trabajos queda limpia y purificada de las inmundicias e imperfecciones que con la demasiada paz y tranquilidad suele recoger; y para eso las envía Dios.
Más, así como el buen labrador poda la vid para que dé más fruto; así, dicen los Santos, Dios nuestro Señor, que se compara en el Evangelio al labrador,.. poda sus vides, que son sus escogidos, para que fructifiquen más. “A todo sarmiento que llevare fruto en mí, lo podará para que lleve más fruto” Más, con que se confirma lo pasado; la tentación hace que se arraigue más en el alma la virtud contraria. Dice el santo abad Nilo: “Así como los vientos, hielos y tempestades hacen que las plantas y árboles se arraiguen más en la tierra, así las tentaciones hacen que se arraiguen más en el alma las virtudes contrarias”. Y así declaran los Santos aquello de San Pablo: “En la tentación se perfecciona la virtud; esto es, se establece, se funda, se declara estable”.
Como cuando otro impugna una verdad, que vos defendéis, mientras más razones y más argumentos trae para impugnarla, más razones buscáis vos para defenderla y confirmarla, y con eso y con ver que respondéis y satisfacéis a los argumentos contrarios, os vais más confirmando en ella; así también el siervo de Dios, mientras más tentaciones le trae el demonio para contrastar la virtud, más motivos y razones busca él para conservarla y resistir a la tentación, y entonces hace nuevos propósitos, y se ejercita más en actos de aquella virtud, con lo cual ella se arraiga y fortifica, y crece más. Y así dicen muy bien que la tentación obra en el ánima lo que los golpes en la yunque, que la endurecen más y la hacen más solida y fuerte.
Fuera de esto, que va por el camino ordinario, dice San Buenaventura, que suele Dios nuestro Señor consolar y premiar extraordinariamente a los que han sido muy tentados de algún vicio, y mostrándose fieles en la tentación, dándoles con ventaja y excelencia grande la virtud contraria. Como cuenta San Gregorio de San Benito que, porque resistió varonilmente a una tentación vehemente de carne, echándose desnudo entre unos abrojos y espinas, le dio el Señor tanta perfección en la castidad, que de ahí adelante nunca más sintió tentaciones deshonestas. Lo mismo leemos de Santo Tomas de Aquino, cuando con un tizón de fuego hizo huir a una mujer que le venía a solicitar.
Envióle Dios luego dos ángeles que le ciñeron y apretaron los lomos fuertemente en señal que le concedía el don de perpetua castidad. De la misma manera dice San Buenaventura que a los que son tentados de la fe, y con tentaciones de blasfemia, suele el Señor dar después una claridad e ilustración grande en eso y un muy encendido amor de Dios, y así de otras tentaciones. Y trae a este propósito aquello de Isaías: “Cogerán y sujetarán a los que les querían coger y sujetar”. Esta es una cosa que consuela mucho en las tentaciones. Consolaos y animaos a pelear, hermano mío, q u e quiere el Señor arraigar en vos con eso la virtud contraria, quiere daros una castidad angélica.
Salióle a Sansón un león al encuentro, y él acometióle y matóle, y después halló en él un panal de miel.
Así, aunque la tentación al principio os parezca león, no la temáis, sino acometedla y vencedla, y veréis cómo halláis después en eso mismo una dulzura y suavidad muy grande.
De aquí se entenderá que también, al contrario, cuando uno se deja llevar de la tentación, y condesciende con ella, crecerá el vicio con sus propios actos, y juntamente la tentación, y será más fuerte de ahí adelante, porque está más arraigado el vicio y más enseñoreado de él. Y lo nota San Agustín. “Pecó Jerusalén y ya no tiene estabilidad”, dice el profeta Jeremías. Porque pecó, quedó más inestable e inconstante, y más flaco para tornar a caer; que es lo que dijo también el Sabio: “El pecador añadirá pecados sobre pecados”. Este es un aviso muy importante para los que son combatidos de tentaciones; porque a algunos suele engañar y cegar el demonio, haciéndoles creer que satisfagan a su tentación y que así cesará.
El cual es un engaño muy grande; antes si cumplís con la tentación se arraigará más y crecerá más la pasión y apetito; y tendrá de ahí en adelante mayores fuerzas y mayor señorío sobre vos, y os tornará a derribar más fácilmente otra y otra vez. Dicen muy bien qué es esto como la hidropesía, que mientras más bebe el hidrópico, más sed tiene; y como el avariento (1), que mientras más tiene, más crece la codicia de tener: así es acá, tened entendido que cuando os dejáis llevar de la tentación, y condescendéis con ella, crece ella tantos quilates, y vos perdéis otros tantos de fortaleza, y así quedáis más sujeto para tornar a caer más fácilmente. Y cuando resistís y os hacéis fuerza, no condescendiendo con ella, crecen la virtud y fortaleza en vos otros tantos quilates. Y así, el medio para alcanzar victoria contra las tentaciones y malas inclinaciones, y quedar quieto y sosegado, es no condescender con ellas, ni dejar que salgan jamás con la suya; porque de esa manera, poco a poco, con el favor del Señor, va perdiendo la fuerza la tentación y la pasión, hasta no dar molestia ni pesadumbre ninguna.
Lo cual nos debería animar mucho a resistir con valor a las tentaciones.


lunes, 21 de enero de 2019

EL SANTO ABANDONO. DOM VITAL LEHODEY


Jesucristo y San Pedro
Artículo 2º.- La vida de la gracia
La vida de la gracia es el germen cuya expansión es la vida de la gloria. La una pasa luchando en la prueba, la otra triunfa en la felicidad; mas en realidad, es una sola y misma vida sobrenatural y divina la que comienza aquí abajo y se consuma en el cielo. Por otra parte, la vida de la gracia es la condición indispensable de la vida de la gloria, y es la que determina su medida. En consecuencia, hemos de desear tanto la una como la otra. Dios quiere ante todo que aspiremos a ellas como a fin supremo de la existencia, ya que trabaja exclusivamente por hacérnoslas alcanzar, y el demonio por hacérnoslas perder. Las almas que plenamente han entendido la importancia de su destino, no tienen otro objetivo en medio de los trabajos y vicisitudes de esta vida, que conservar la vida de la gracia tan preciosa y tan disputada, y de llevarla a su perfecto desenvolvimiento. Tocante, pues, a la esencia de esta vida, no hay lugar al santo abandono, por ser la voluntariamente significada que las almas «tengan la vida y que la tengan en abundancia». Pero el abandono hallará su puesto en lo que concierne al grado de la gracia, y por ende al grado de las virtudes y al grado de la gloria eterna; pues, según el Concilio de Trento, «recibimos la justicia en nosotros en la medida que place al Espíritu Santo otorgárnosla, y en la proporción que cada uno coopera a ella». La gracia, las virtudes y la gloria dependen, por tanto, de Dios que da como El quiere, y del hombre en cuanto que se prepara y corresponde.
Puesto que todo esto depende de la generosidad individual, es preciso orar, orar más, orar mejor, corresponder a la acción divina con ánimo y perseverancia, no omitir esfuerzo alguno para no quedar por debajo del grado de virtud y de gloria que la Providencia nos ha destinado. ¿Cuál es la causa de que no seamos más santos? ¿Quién tiene la culpa de que tan sólo vegetemos como plantas marchitas, en lugar de tener sobreabundancia de vida espiritual? La gracia afluye a las almas generosas, se nos prodiga en el claustro, y más aún se nos prodigaría y frutos más copiosos produciría si supiéramos obtenerla mejor por la oración y no contrariaría por nuestras infidelidades. No, no es la gracia la que nos falta, nosotros somos los que faltamos a la gracia. No acusemos a Dios de paliar nuestra negligencia, pues tenemos muy merecida esta reflexión de San Francisco de Sales: «Jesús, el Amado de nuestras almas, viene a nosotros y halla nuestros corazones llenos de deseos, de afectos y de pequeños gustos.
No es esto lo que El busca, sino que querría hallarlos vacíos para hacerse dueño y guía suyo. Verdad es que nos hemos apartado del pecado mortal y de todo afecto pecaminoso, pero los pliegues de nuestro corazón están llenos de mil bagatelas que le atan las manos, y le impiden distribuimos las gracias que nos quiere otorgar. Hagamos, pues, lo que de nosotros depende, y abandonémonos a la divina Providencia.»
A pesar de todo, Dios permanece dueño de sus dones, y a nadie niega las gracias necesarias para alcanzar el fin que se ha dignado asignarnos. Pero a unos concede más, a otros menos, y con mucha frecuencia su mano abre con sobreabundancia y profusión cuando El quiere y como a Él le place. Por eso Nuestro Señor, «con corazón verdaderamente filial, previniendo a su Madre con las bendiciones de su dulzura la ha preservado de todo pecado», y de tal suerte la ha santificado, que Ella es su «única paloma, su toda perfecta sin igual». Con certeza se afirma de San Juan Bautista y con probabilidad de Jeremías y de San José, que la divina Providencia veló por ellos desde el seno de su madre y los estableció en la perpetuidad de su amor. Los Apóstoles elegidos para ser las columnas de la Iglesia fueron confirmados en gracia el día de Pentecostés. Entre la multitud de los santos no hay quizá dos que sean iguales, pues la Liturgia nos hace decir en la fiesta de cada Confesor Pontífice: «No se halló otro semejante a él.» La misma diversidad reina entre los fieles, y ¿quién no ve que entre los cristianos los medios de salvación son más numerosos y eficaces que entre los infieles, y que entre los mismos cristianos hay pueblos y ciudades donde los ministros de la Religión son de mayor capacidad y el ambiente más ventajoso? La gracia riega el claustro más que el mundo, y con frecuencia un monasterio mucho más que otro. Pero es preciso guardarse bien de inquirir jamás por qué la Suprema Sabiduría ha concedido tal gracia a uno con preferencia a otro, ni por qué.
Ella hace abundar sus favores más en una parte que en otra. «No, Teótimo, nunca tengas esta curiosidad, porque contando todos con lo suficiente y hasta con lo abundante para la salvación, ¿qué razón puede nadie tener para lamentarse, si a Dios place distribuir sus gracias con mayor abundancia a unos que a otros...? Es, pues, una impertinencia el empeñarse en inquirir por qué San Pablo no ha tenido la gracia de San Pedro, ni San Pedro la de San Pablo; por qué San Antonio no ha sido San Atanasio, ni San Atanasio San Jerónimo. La Iglesia es un jardín matizado de infinidad de flores; y así, conviene que las haya de diversa extensión, de variados colores, de distintos olores y, en suma, de diferentes perfecciones. Cada cual tiene su valor, su gracia y su esmalte, y todas en conjunto forman una agradabilísima perfección de hermosura. Además, no creamos jamás hallar una razón más plausible de la voluntad de Dios que su misma voluntad, la que es sobradamente razonable y aun la razón de todas las razones, la regla de toda bondad, la ley de toda equidad.»
En consecuencia, un alma que practica bien el santo abandono, deja a Dios la determinación del grado de santidad que ha de alcanzar en la tierra, de las gracias extraordinarias de que esta santidad pueda estar acompañada aquí abajo y de la gloria con que ha de ser coronada en el cielo. Si Nuestro Señor eleva en poco tiempo a alguno de sus amigos a la más alta perfección, si les prodiga señalados favores, luces sorprendentes, sentimientos elevadísimos de devoción, no por esto siente celos, sino que, muy al contrario, se regocija de todo esto por Dios y por las almas. En lugar de dar cabida a la tristeza malsana o a los deseos vanos, mantiénese firme en el abandono; y con esto, el grado de gloria a que aspira es precisamente el que Dios le ha destinado. Más hace cuanto de sí depende con ánimo y perseverancia, a fin de no quedarse en plano inferior a ese grado de santidad, que es el objeto de todos sus deseos.