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viernes, 25 de noviembre de 2016

Ite Missa Est

25 DE NOVIEMBRE
SANTA CATALINA, VIRGEN Y MARTIR

Epístola – Eccli; XXXI, 1-8 Y 12.
Evangelio – San Mateo; XXV, 1-13

Santa Gertrudis sintió desde su infancia una devoción especial hacia Santa Catalina. Deseando un día conocer sus méritos, el Señor se la hizo ver en un trono tan encumbrado y magnífico, que, si no hubiese en el cielo reina mayor, la gloria de esta sola parecería bastar para llenarle; de su corona lanzaba maravillosos destellos hacia todos sus devotos  Francia iba a tener parte en la devoción que la gran mística benedictina profesaba a la virgen mártir. Desde el siglo xi, el monasterio benedictino de la Trinidad del Monte, de Ruán, se gloriaba de poseer ya reliquias de la santa; y muchos siglos adelante, apareciéndose a Juana de Arco en Dom rémy, la decidiría a liberar a Orleans, que se encontraba asediada, y en su iglesia de Fierbois, en Turena, la haría encontrar su espada victoriosa y, finalmente, en su prisión de Ruán la animaría a aceptar el padecimiento que salvaría a Francia. Los Cruzados de los siglos XII y XIII, al volver del Oriente, trajeron el culto de la mártir de Alejandría, cuya leyenda alcanzó rápidamente mucha popularidad. Para la protección de los peregrinos que iban a venerar su cuerpo al Sinaí, se fundó una Orden de Caballería. La tomaron por patrona los filósofos cristianos, los estudiantes, los oradores y procuradores; el decano de los abogados se preció del privilegio de llevar su bandera y las jóvenes se organizaron en gremio bajo de su protección. Pronto figuró entre los Santos auxiliadores, a título de prudente consejera, y muchas corporaciones la reclamaban por suya sin más razón que la experiencia que todos tenían de su poder universal para con Dios. Cuenta la leyenda que, puesta delante de los sabios de Egipto, los confundió con su elocuencia y con la sabiduría que había aprendido en las páginas del Evangelio. También los grandes maestros de la escolástica en la Edad Media, Alberto Magno, Tomás de Aquino, Buenaventura y sus numerosos discípulos pusieron a su amparo los estudios de filosofía y de teología; y Bossuet en muchos panegíricos célebres nos ha demostrado cómo usó Catalina de la ciencia, no para contento de su espíritu, sino para enderezar sus afectos a Dios; no para hacerse famosa, antes bien para hacer triunfar el Evangelio; no para adquirir bienes temporales, sino para ganar almas a Cristo. Tal es la lección que sigue dando no sólo a los estudiantes de las ciencias sagradas y profanas, sino también a todos los cristianos, enseñándoles con su sufrimiento y su martirio, que siempre es posible con la gracia de Dios triunfar de los placeres y de las vanidades de la tierra y que en escuchar la palabra de Cristo y ponerla en práctica, en eso consiste ser sabio de veras.

VIDA. — No puede ponerse en duda la existencia de Santa Catalina, pero no tenemos sobre su biografía ningún pormenor. A su leyenda le falta toda autoridad y su culto no entró en Occidente hasta el siglo XI. Con todo, la popularidad y el crédito de Catalina son grandes entre el pueblo cristiano: Roma la levantó cinco iglesias y tantos fieles invocan su patrocinio, que hay que ver en ello la expresión de la voluntad divina, que quiere conceder muchas gracias a su Iglesia por la Intercesión de la Virgen Mártir de Alejandría.


SUBIDA AL CIELO. — "Oh Dios, que diste la ley a Moisés en la cima del Monte Sinaí y que milagrosamente colocaste en él por manos de ángeles el cuerpo de tu santa virgen y mártir Catalina: haz, te lo suplicamos, que, por sus méritos e intercesión, podamos llegar al Monte que es el mismo Cristo." Tal es la oración que dirigimos al Señor en este día, cuando tantos fieles te aclaman en la Iglesia y piden t u protección. Toda nuestra vida es un continuo subir al cielo, hacia Cristo, que entró en él el día de la Ascensión y nos invita a seguirle y ajuntarnos con él. En este camino, a todos nos pueden detener ya los placeres falaces, ya la amenaza de las persecuciones, ya simplemente el temor al esfuerzo y a la tentación que debemos vencer. Tú supiste vencer el hechizo de los goces terrestres, el miedo a las amenazas, y el dolor de los suplicios con la sencillez y la firmeza de tu fe, con la sabiduría sobrenatural que el Espíritu Santo te infundió. Arrástrenos t u ejemplo y nos ayude a luchar y a vencer como tú. Nos cuenta la leyenda tus desposorios con el Niño Jesús: rasgo gracioso de que para tu honor se apoderaron los artistas y los poetas. Dentro de un mes adoraremos a Jesús-Niño en su cuna: viene a unirse a nuestras almas. ¡Ojalá estemos bastante purificados para procurarle en nuestros corazones el recibimiento que tiene derecho a esperar de nosotros!

jueves, 24 de noviembre de 2016

La Santísima Eucaristía combatida por el Satanismo - Por el Beato Clemente Marchisio

III
Lucha contra el hombre
«Pisarás sobre el áspid y la víbora,
hollarás el leoncillo y el dragón»
(Sal 91,13)


[El Satanismo contra el hombre]

Para combatir a Jesucristo, el Satanismo combate también al hombre, hermano de Jesucristo y tiene odio a esta humanidad que ocupó el lugar por él ambicionado en la unión hipostática con el Verbo eterno. Proponiéndome yo tratar en este opúsculo de la guerra que el Satanismo hace a la Santísima Eucaristía, esto es al Verbo encarnado Sacramentado, que vive y reina en medio de nosotros mientras vive y reina en el cielo, no parecería del caso notar la guerra que el Satanismo hace al hombre; pero, dado que es mi intención hacer una inducción como «de lo conocido a lo desconocido», es decir, de la guerra que hace al hombre, deducir la guerra que hace a Jesús Sacramentado, séame permitido describir, a grandes rasgos, esta guerra que hace el Satanismo contra el hombre. No hablaré de las tentaciones y los engaños; expondré solamente algunos hechos. Ciertamente el inconmensurable poder que Dios, en sus inescrutables designios, deja que los demonios ejerzan en este mundo, es y será siempre para nosotros un misterio. Teniendo ellos siempre la inteligencia, voluntad y poder que tuvieron en su creación y que no podía serles quitada sin destruirlos, bien los define san Pablo llamándolos «potestades de las tinieblas». Sin embargo el Creador, cuya sabiduría había unido la felicidad espiritual de los ángeles a un esfuerzo meritorio, ¿estaba obligado a crear al hombre impecable o a coronarlo sin combate? Pero tenemos también los ángeles buenos, más poderosos que los ángeles rebeldes, que nos custodian y defienden. Dice santo Tomás: «La providencia divina conduce al hombre a su fin de dos maneras. Directamente, llevándolo al bien o alejándolo del mal, lo que se hace por el ministerio de los ángeles buenos. Indirectamente, ejercitándolo a la lucha, contrariándolo en el querer hacer el bien. Convenía que esta segunda manera de procurar el bien del hombre se confiase a los ángeles malos, para que ellos, después del pecado, no fueran del todo inútiles al orden del universo. De aquí deriva que hay para ellos dos lugares de tormento: uno por razón de su culpa, y es el infierno; otro por razón del ejercicio que deben procurar al hombre, y es la tenebrosa atmósfera que los circunda. Ahora bien, el procurar la salud del hombre debe durar hasta el día del juicio. Por eso durará hasta ese entonces el ministerio de los ángeles buenos y la tentación de los malos. Así los ángeles buenos seguirán siéndonos enviados hasta el último día del mundo y los malos seguirán habitando las regiones inferiores del aire». Además, hay algunos de ellos que permanecen en el infierno para atormentar a los que allí fueron arrojados; como también una parte de los ángeles buenos permanecen en el Cielo con las almas de los Santos. Pero después del juicio, todos los malos, tanto hombres como ángeles, estarán en el infierno, y todos los buenos en el Cielo. ¿En qué consiste esta guerra del Satanismo contra el hombre? En arruinarlo tanto en el alma como en el cuerpo; destruirlo, si pudiera, es decir, destruir la especie humana.

[Paganismo y satanismo]

Saben mis hermanos sacerdotes que el paganismo en sus mil formas de divinidades no fue otra cosa que el Satanismo destructor del alma y cuerpo de los hombres. Mucho más extendido antes de la venida de nuestro Señor Jesucristo, también hoy en día el paganismo abarca las dos terceras partes de la humanidad. Y con el culto que pretende lo arruina en el alma y en el cuerpo. Satanás, mona de Dios, quiere ser adorado; y lo es. Y, así como en el antiguo Testamento Dios dictó a Moisés las más precisas disposiciones para las cosas del culto, y continúa siendo ley sagrada en la Iglesia todo lo que se refiere al culto católico, no solamente con relación a la materia y forma de los sacramentos, sino también en lo que respecta a los hábitos de los Sacerdotes, la materia de los vasos sagrados, el uso del incienso, etc., así también Satanás prescribió y prescribe todos los detalles de su culto. Así las fórmulas sagradas del Paganismo, sus ritos misteriosos, sus prácticas ya vergonzosas, ya crueles o ridículas, la distinción entre los días favorables y los nefastos, lo mismo que la forma extravagante, espantosa y lasciva de sus ídolos, no deben ser atribuidos a malicia natural del hombre, a los caprichos de los sacerdotes paganos o a la imaginación e incapacidad de los artistas: todo viene de sus dioses: (ángeles rebeldes) «y todos sus dioses son demonios» que, mientras se hacían adorar, rebajaban al hombre haciéndole adorar imágenes horrendas y despreciables. Pero, si en los distintos lugares y tiempos el Satanismo prescribió diversos ritos, en una cosa fue siempre y en todas partes uniforme; y esto muestra el odio que tiene contra el hombre.

 [Homicida]

Siempre y en todas partes Satanás, en odio al Verbo Encarnado, quiso que le fuera sacrificado el hombre y tanto mejor la virgencita o el niño, como seres más inocentes. ¡Con cuánta razón, pues, San Juan en el S. Evangelio lo llama «homicida desde el principio» (Jn 8,44)! Caín fue su primer ejecutor y Abel su primera víctima. Comenzó Satanás por inducir a Caín al desprecio de Dios con el ofrecimiento de dones mezquinos y después lo indujo a matar a su hermano. Fue el Satanismo quien mató a los profetas y justos del antiguo Testamento, imágenes proféticas del Verbo Encarnado. En ellos es él quien persigue, tortura, mata. Homicida de los Apóstoles y de millones de mártires, continuación viviente del Verbo Encarnado. En ellos todavía es él, siempre él, el que insulta, ultraja, flagela, destroza, mutila, quema, mata y matará hasta el fin de los siglos. No hay muerte de la cual no sea él el inspirador. Los envenenamientos, los asesinatos, las guerras, los combates de gladiadores, los sacrificios humanos, la antropofagia, vienen de él. Homicida especialmente del niño, imagen más perfecta y más amada por el Verbo. Se cuentan por millares los pequeños que Satanás ha hecho inmolar a su odio, en todos los pueblos de Oriente y Occidente y que continúa haciendo inmolar.

[Suicidio]

Homicida, no sólo impulsando al hombre a matar a su semejante, sino también excitándolo a matarse sí mismo. El suicidio es obra suya, y algunas veces él mismo ayuda a apretar el gatillo del arma homicida o tira de la cuerda del que quiere ahorcarse. He aquí un testimonio de monseñor Verolle, Obispo de Manchuria: «Cuántos hechos tendría yo para contarles, para demostrarles más, si pudiera dudarse, el poder de Satanás sobre los infieles. Entre mil, vaya uno que es común en China, como también en Su-Tehuen y aquí en Manchuria y que es atestiguado por millares de testimonios. Cuando por cualquier pelea con su suegra o con su marido, por golpes recibidos o palabras ofensivas, le da a una mujer ganas de ahorcarse -y el caso es frecuente en este Imperio-, muchas veces no es necesario recurrir a la suspensión. La pobre desgraciada se sienta sobre una silla o sobre su Kango (especie de banqueta), se envuelve al cuello la cuerda fatal y aquel que fue homicida desde el principio se encarga de lo demás... y ajusta el nudo». De dónde viene en el seno mismo del Cristianismo la funesta tendencia, y siempre más general, que impulsa a tantos millones de hombres al suicidio? No pudiendo ser tal tendencia del Espíritu Santo, es ciertamente siempre del eterno homicida.
                        

        [Lucha contra la vida del hombre]

Tal es la guerra encarnizada, despiadada, que Satanás hace al Verbo Encarnado, y que le merece el nombre de «homicida». Y, como el Satanismo suspira por perder a todas las almas, así, si Dios se lo permitiera, haría una horrenda matanza de todas las vidas humanas. El odio de Satanás llega hasta la destrucción del ser odiado, es decir, del hombre, como hermano de Jesucristo. Y el sacrificio humano en los tiempos del paganismo dio la vuelta al mundo, y todavía hoy se usa donde este espíritu de las tinieblas tiene sus Pagodas, o sea, en dos tercios del orbe terráqueo. Y notemos bien que los sacrificios humanos han existido en todas partes durante dos mil años; que han sido practicados en gran escala; que en los juegos del anfiteatro comparecían en un sólo día centenares de víctimas; que bajo los Césares estos juegos o fiestas religiosas, se repetían muchas veces por semana; que había anfiteatros en todas las ciudades importantes del Imperio Romano; que el sacrificio humano tenía lugar también más allá de sus fronteras; que los Hebreos mismos, cuando abandonaban a Yahvé, caían en el culto de Moloch y le sacrificaban sus hijos e hijas; que en América ha superado todas las proporciones conocidas. Finalmente, que la misma carnicería continúa también hoy en todos los lugares que han quedado bajo la entera dominación del príncipe de las tinieblas. ¿Quién no ha leído las terribles carnicerías practicadas en México, que indujeron a Hernán Cortés a conquistarlo? Cuentan los historiadores indígenas –no acusables ciertamente de ignorancia o parcialidad-, que en el año 1447, tres o cuatro años antes de la conquista, para la consagración del «Teócali», o sea, «Templo del dios de la guerra», el rey Ahuilzott hizo degollar ochenta mil víctimas humanas. Durante cuatro días el rey y los sacerdotes, con el rostro teñido de negro y las manos de rojo (imágenes vivientes del demonio), no hicieron otra cosa que abrir con cuchillos los pechos y arrancar los corazones. Ateniéndonos a las memorias contemporáneas, la sangre corría a lo largo de las gradas del templo, como el agua en tiempos de chaparrones de lluvia, y parecía que el rey y los ministros estaban vestidos de escarlata por la sangre que había salpicado sus vestiduras. Y en estos últimos tiempos, en que fue conquistado Dahomey, en el África Occidental, ¿quién no ha sabido de la continuidad de los sacrificios humanos, hasta 600 víctimas diarias, bastantes para despoblar aquel reino, si no se hubieran servido de la compra de negros y de las razzias de hombres y mujeres de tribus vecinas para tener víctimas suficientes?

[Antropofagia]

Pero no se contenta el Satanismo con las víctimas humanas que le son sacrificadas. Si él pudiera, es decir, si Dios se lo permitiese, haría una matanza general de todos los hombres que tanto odia; pero no pudiendo conseguir que esta creatura humana por él tan aborrecida sea sacrificada en la totalidad de su raza, quiso que al menos los que no hubieran de ser sacrificados, participando en el sacrificio al comer tales víctimas, manifestasen con tal acto religioso ser sus víctimas: y he aquí de donde vino la antropofagia. Podría aducir mil hechos, sacados de los relatos de los misioneros católicos o de los exploradores. Sin hablar de la China, del Perú, de Java o de los pueblos de Indochina, baste mencionar que en el descubrimiento de América encontró que era uso universal en aquellos pueblos salvajes el sacrificio del hombre y la antropofagia; costumbre que hasta hoy se practica en Oceanía y África central. De manera que se puede decir que el sacrificio humano y el devorar la víctima humana no es producto de la imaginación ni el resultado de una deducción lógica, ni un asunto de raza, de clima, de época, de civilización o de circunstancias locales: es un asunto del culto querido por el Satanismo por odio al Verbo Encarnado y al hombre, su hermano. Por lo tanto, es cosa evidente que el Satanismo odia y persigue al Verbo Encarnado en su hermano el hombre, haciéndolo matar y haciéndolo matar como sacrificio en su honor (in suo sacrificio), haciéndole comer a su semejante y humillándolo en todos los modos más ignominiosos.

[Desfigura la imagen de Dios en el hombre]

Pero, si no siempre él obtiene este último resultado, siempre se dirige a eso; cuando no le es posible destruir la imagen del Verbo, la desfigura; cuando no logra una completa victoria, busca un éxito parcial. Siendo éste mi punto de apoyo para la conclusión que quiero deducir, y comenzando aquí, por así decir, mi argumentación, ruego al lector que ponga especial atención. Me referiré concretamente al tatuaje, o sea la desfiguración del hombre. No pretendo aquí hablar de la desfiguración hecha con disfraces como se acostumbra entre nosotros en tiempo de carnaval, la cual, sea dicho de paso, es también un resabio del paganismo y refleja de algún modo la desfiguración del cuerpo humano de la cual quiero hablar.

[Los tatuajes]

La manera de transfigurarse, o sea de deformarse físicamente, se halla en toda parte donde no reina el Cristianismo. Está de más agregar que ella es propia del hombre; el animal, cualquiera que sea, está exento de ella. Si recorremos las distintas partes del globo, encontramos en todas las épocas y en una amplia escala las siguientes deformidades: la deformación de los pies mediante la compresión; la deformación de las piernas y de las costillas con ligaduras; deformación del pecho y de los brazos, de las piernas y del dorso con espantosos crecimientos de carne provenientes de incisiones hechas con conchillas; otra deformación del pecho y de los brazos (y ésta es hoy la más usual) pintándose el cuerpo de modo indeleble, que es lo que se llama propiamente tatuaje; cubriéndose de feas imágenes, de jeroglíficos y especialmente con la figura de serpiente; deformación de las uñas pintándolas con colores; deformación de los dedos por medio de la amputación de la primera falange; deformación de la boca mediante el desgarramiento del labio inferior; deformación de las mejillas ahuecándolas y coloreándolas; deformación de la nariz aplastándola y perforándola de un extremo a otro, colgándole una ancha placa de metal o por un alargamiento exagerado derivado de la compresión vertical de las paredes; deformación de las orejas con pesas que las estiran hasta las espaldas; deformación de los ojos pintándolos o con la presión del hueso frontal, que los hace salir de sus órbitas; deformación de la frente con caracteres obscenos, grabados en rojo con madera de sándalo. Qué espíritu sugirió al hombre que él no está bien hecho como Dios lo hizo? ¿De dónde le viene esta imperiosa manía de deformar en su persona la obra del Creador? Dar por causa los celos de los hombres o la coquetería de las mujeres, no es resolver la dificultad sino rechazarla. Se trata de saber qué principio inspira esta vanidad brutal, esta coquetería repulsiva; porque una y otra proceden mediante la deformación, es decir, en sentido contrario a la belleza, y se encuentran en todas las partes del globo. Podría pasar, y es una coquetería, aquella deformación de los pueblos cristianos: el colorete, los cosméticos y con las ridículas modas de vestir; pero el verdadero tatuaje indeleble que se hace en el cuerpo con la punta de agujas impregnadas en colores como acostumbran los gentiles (y también algunos cristianos), que forman sobre su cuerpo signos simbólicos y figuras de animales, especialmente de serpientes, para las cuales los mismos paganos reconocen la influencia de sus dioses y las practican y las exhiben como un talismán de protección divina, ésta debe considerarse satánica. En cuanto a las mujeres australianas, escribe un misionero, es menor el gusto del propio arreglo que la idea de un sacrificio religioso que las induce a mutilarse y a teñirse parte del rostro. Y nosotros mismos hemos visto en la comitiva árabe que permaneció quince días en Turín en septiembre de 1892, los niños de pocos meses, y mucho más las niñas, tatuados en la cara y en los brazos, para volver propicio a su Alá, como respondió una madre preguntada sobre el particular. Y si la deformación y el tatuaje no fueran ritos satánicos religiosos, ¿cómo explicar que el pueblo Hebreo nunca practicó la deformación ni el tatuaje? ¿Cómo explicar que cuanto más se alejan las naciones del cristianismo tanto más se generaliza la tendencia a la deformación, y por el contrario, cuanto más cristianas se hacen, tanto más disminuye? Hablando de los habitantes de Colombia, el señor Doflot de Mofras hace notar (en su obra Gosse) que allí donde se ha introducido el Catolicismo, la deformación ha desaparecido. Si no queremos contentarnos con puras palabras y llegar al secreto de tan deplorable costumbre, debemos recordar dos cosas igualmente ciertas: primero, que el hombre ha sido creado en su cuerpo y en su alma a imagen del Verbo Encarnado; segundo, que el fin de todos los esfuerzos de Satanás es matar y perder a todos los hombres, si pudiera, y en aquellos en quienes no puede llegar a tanto, hacer por lo menos desaparecer del hombre la imagen del Verbo Encarnado. Y por eso podemos considerar como cosa cierta que la deformación y el tatuaje son el efecto de una maniobra satánica. En los pueblos, y tanto más en las ciudades incivilizadas, si ha cesado en algo la deformación, ha aumentado mucho el tatuaje. No hace mucho tiempo leímos en los diarios que un príncipe alemán fue tatuado íntegramente, a excepción de la cara y las manos. Queda en pie, pues, la afirmación de que el Satanismo, no pudiendo siempre destruir al hombre, lo deforma en su imagen exterior.

Ite Missa Est


24 DE NOVIEMBRE
SAN JUAN DE LA CRUZ,
CONFESOR
Y DOCTOR DE LA IGLESIA

Epístola – II Timoteo; IV, 1-8.
Evangelio – San Mateo; V, 13-19.


Acompañemos a la Iglesia, que se dirige al Carmelo a rendirle gracias en nombre de todo el mundo. Preséntase hoy a nuestra consideración San Juan de la Cruz siguiendo las huellas de Santa Teresa y abriendo camino seguro a las almas que buscan a Dios.

LOS TRATADOS DE ORACIÓN. — La evolución que inclinaba a los pueblos a dejar la oración social, ponía a la piedad en grave peligro; entonces, siglo XVI, la divina bondad suscitó algunos Santos cuya palabra, de igual modo que su santidad, iba a responder a las necesidades de aquellos nuevos tiempos. La doctrina no cambia; la ascética y la mística de aquel siglo transmitieron a los siglos siguientes los ecos de los siglos anteriores. Su exposición, no obstante eso, se volvió más didáctica; su análisis, más ajustado; sus procedimientos se prestaron a la necesidad de socorrer a las almas que el aislamiento exponía a todas las ilusiones. Es justo reconocer que, con la acción siempre fecunda del Espíritu Santo, la psicología d e los estados sobrenaturales alcanzó mayor amplitud y mayor precisión. Los cristianos de antaño, por rezar con la Iglesia y vivir cada día y todas las horas del día de su vida litúrgica, conservaban su impronta, en todas las circunstancias, en sus relaciones personales con Dios. Y así sucedía que por la influencia perseverante y transformadora de la Iglesia y participando de sus gracias de luz y de unión y de todas sus bendiciones, se asimilaban su propia santidad sin otro esfuerzo que seguir dócilmente a su Madre, o dejarse llevar en sus brazos firmísimos. Y así se aplicaban ellos la palabra de Señor: Si nos os hacéis como los niños, no entraréis en el reino de los cielos.

LAS ESCUELAS DE ESPIRITUALIDAD. — No extrañemos no advertir entre ellos la ayuda tan frecuente y asidua como en nuestros días de directores especiales destinados a sus propias personas. Los guías especiales son menos necesarios a los miembros de una multitud o de un ejército: son los viajeros aislados los que no pueden prescindir de ellos; y aun con estos guías particulares, nunca tendrán tanta seguridad como aquel que sigue a la caravana o al ejército. Así lo comprendieron en el correr de los últimos siglos los hombres de Dios que, fijándose en las aptitudes múltiples de las almas, dieron sus nombres a escuelas, las mismas en cuanto al fin, distintas en cuanto a los medios que proponen contra los peligros del individualismo. En esta campaña de enderezamiento y de salvación, donde el mayor enemigo y el más temible era la ilusión, Juan de la Cruz se nos presenta como la imagen viva del Verbo de Dios, penetrando, mejor que una espada de dos filos, hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y de las medulas; escudriñando, como indagador inexorable, las intenciones y los pensamientos de los corazones. Escuchémosle: aunque moderno, se echa de ver en él a un hijo de los antiguos.

LA NOCHE OSCURA. —"Y porque el alma, escribe el Santo, ha de venir a tener un sentido y noticia divina muy generosa y sabrosa acerca de todas las cosas divinas y humanas que no caen en el común sentir y saber natural del alma (porque las mira con ojos tan diferentes que antes, como difiere el espíritu y lo divino de lo humano)... Para haber de declarar y dar a entender esta Noche oscura, por la cual pasa el alma para llegar a la divina luz de la unión perfecta del amor de Dios, cual se puede en esta vida, era menester otra mayor luz de ciencia y experiencia que la mía; porque son tantas y tan profundas las tinieblas y trabajos, así espirituales como temporales, porque ordinariamente suelen pasar las dichosas almas para poder llegar a este alto estado de perfección, que ni basta ciencia humana para saberlo entender ni experiencia para saberlo decir "Por tres causas podemos decir que se llama NOCHE este tránsito que hace el alma a la unión de Dios. La primera, por parte del término donde el alma sale, porque ha de ir careciendo el apetito de todas las cosas del mundo que poseía, en negación de ellas; la cual negación y carencia es como noche para todos los sentidos del hombre. La segunda, por parte del medio o camino por donde ha de ir el alma a esta unión, lo cual es la fe, que es también oscura para el entendimiento, como noche. La tercera, por parte del término adonde va, que es Dios, el cual, ni más ni menos, es noche oscura para el alma en esta vida.

LAS TRES NOCHES. — "Las cuales tres Noches han de pasar por el alma, o, por mejor decir, el alma por ellas, para venir a la divina unión con Dios. En el libro del Santo Tobías se figuraron estas tres maneras de noches, por las tres noches que el ángel mandó a Tobías el mozo que pasasen antes que se juntase en uno con la esposa. "En la primera le mandó que quemase el corazón del pez en el fuego, que significa el corazón aficionado y apegado a las cosas del mundo; el cual, para comenzar a ir a Dios, se ha de quemar y purificar de todo lo que es criatura con el fuego del amor de Dios. Y en esta purgación se ahuyenta el demonio, que tiene poder en el alma por asimiento a las cosas temporales y corporales. "En la segunda noche le dijo que sería admitido en la compañía de los santos patriarcas, que son los padres de la fe. Porque pasando por la primera noche, que es privarse de todos los objetos de los sentidos, luego entra el alma en la segunda noche, quedándose sola en desnuda fe y rigiéndose sólo por ella, que es cosa que no cae en sentido. "En la tercera noche le dijo el ángel que conseguiría la bendición, que es Dios, el cual, mediante la segunda noche, que es fe, se va comunicando al alma tan secreta e íntimamente, que es otra noche para el alma, en tanto que se va haciendo la dicha comunicación muy más oscura que estotras, como luego diremos. Y pasada esta tercera noche, que es acabarse de hacer la comunicación de Dios en el espíritu, que se hace ordinariamente en gran tiniebla del ánima, luego se sigue la unión con la esposa, que es la Sabiduría de Dios

EL BENEFICIO DE LAS PURIFICACIONES. — " ¡Oh, pues, alma espiritual!, cuando vieres oscurecido tu apetito, tus aficiones secas y apretadas, e in- habilitadas tus potencias para cualquier ejercicio interior, no te penes por eso, antes lo ten a buena dicha, pues que te va Dios librando de ti misma, quitándote de las manos la hacienda; con las cuales, por bien que ellas t e anduviesen, no obrarías tan cabal, perfecta y seguramente (a causa de la impureza y torpeza de ellas) como ahora, que, tomando Dios la mano tuya, te guía a oscuras como a ciego, a donde y por donde tú no sabes, ni jamás con tus ojos y píes, por bien que anduvieras, atinaras a caminar. Nos gusta dejar a los Santos que describan por sí mismos los caminos que recorrieron, para los cuales, en premio de su fidelidad, son tenidos por la Iglesia como guías. ¿Añadiremos también "que hay que tener cuidado de no excitar la conmiseración del Señor en esta clase de trabajos antes de que termine su obra? En eso no cabe engaño: esos favores que Dios hace al alma no son necesarios para salvarse, pero hay que pagarlos a cierto coste. Si nos mostrásemos excesivamente descontentadizos, podría ocurrir que el Señor, por contentar a nuestra pereza, nos dejase recaer en una vía inferior, lo que sería, a los ojos de la fe, una desgracia irreparable.

NECESIDAD DE TENER SANTOS. — "Pero ¿qué importa, se nos dirá, ya que se salvará esta alma? Es cierto, mas nuestra inteligencia no sabe apreciar la superioridad de un alma que podía ser émula de los querubines o de los serafines, sobre la que sólo puede compararse con jerarquías inferiores. En estas materias no se puede tolerar una falsa modestia o afición a la medianía. Nunca lo encareceremos bastante cuánto importa a los intereses de la santa Iglesia y a la gloria de Dios que se multipliquen en el mundo las almas de verdad contemplativas. Son ellas como el resorte escondido, el motor que da aquí en la tierra impulso a todo lo que es la gloria de Dios, el reino de su Hijo y el cumplimiento perfecto de la voluntad divina. Inútilmente se multiplicarán las obras, las industrias y aun los heroísmos: todo resultará estéril si la Iglesia militante no tiene sus santos que la ayuden en el estado de viandante, que es el que el Maestro escogió para rescatar al mundo. Ciertos poderes y ciertas fecundidades son inherentes a la vida presente; de por sí, tiene t a n pocos atractivos, que era conveniente así hacerla subir de mérito".


VIDA.San Juan de la Cruz nació el 24 de junio de 1542 en Fontíveros (Avila), en España. La Santísima Virgen le dió una prueba de su protección sacándole de un pozo a donde se cayó siendo muy niño. Desde muy temprano tomó la costumbre de mortificar su cuerpo. Terminados sus estudios en el colegio de Medina, entró en 1555 en el hospital de esta ciudad para cuidar a los enfermos; al año siguiente cursó la filosofía en los Jesuítas, y en 1563 entraba en los Carmelitas calzados. Estos le enviaron a estudiar a Salamanca. Su deseo de vida más perfecta le hizo pensar en la vida cartuja, pero advertida Santa Teresa, le pidió una entrevista y le habló de reformar la Orden de los Carmelitas. Fué con un compañero a establecerse en Duruelo y luego en Mancera. Esta obra de la reforma le iba a procurar grandes fatigas y pruebas que supo llevar con caridad y con serenidad incomparable. Fundó numerosas casas de la estricta observancia, escribió sobre teología mística libros llenos de sabiduría y por todos sus trabajos pidió al Señor padecer y ser despreciado por él. Su anhelo fué atendido, pues en el mes de jimio de 1591, caía en desgracia en su Orden y moría el 14 de diciembre en Ubeda, a los 49 años de edad. Un globo de fuego resplandeciente recibió a su alma, y su cuerpo exhaló un aroma suavísimo. Actualmente se conserva incorrupto en Segovia. Benedicto XIII le canonizó y Pío XI le declaró Doctor de la Iglesia universal.


LA VIDA DIVINA. — ¡Dios quiera que tanto en el Carmelo y en las montañas como en las llanuras y valles se multipliquen las almas que ponen la paz entre el cielo y la tierra, atraen las bendiciones y alejan las venganzas divinas! Como santos que somos por vocación, Dios nos conceda a ruegos tuyos y siguiendo tu ejemplo, oh Juan de la Cruz, el dejar que la gracia divina obre en nosotros hasta donde llega su virtud deificante y purificadora; pues entonces nuestra alma también podrá decir un día como la tuya:"¡Oh divina vida!, nunca matas sino para dar vida, así como nunca llagas sino para sanar... Llagásteme para sanarme, ¡oh divina mano!, y mataste en mí lo que me tenía muerta... ¡Toque delicado, Verbo, Hijo de Dios, que por la delicadez de tu ser divino, penetras sutilmente la sustancia de mi alma y, tocándola toda delicadamente, en ti la absorbes toda en divinos modos de deleites y suavidades nunca oídos en la tierra de Canaán ni vistas en Temán ¡Oh, pues, mucho y en grande manera mucho delicado toque del Verbo, para mí tanto más cuanto, habiendo trastornado los montes y quebrantado las piedras en el monte Oreb con la sombra de tu poder y fuerza que iba delante de ti, te diste más suave y fuertemente a sentir al profeta en el silbo de aire delicado! ¡Oh, aire delgado! ¿Cómo eres aire delgado y delicado? Di: ¿Cómo tocas delgada y delicadamente, Verbo, Hijo de Dios, siendo tan terrible y poderoso? ¡Oh, dichosa, y muy mucho dichosa, el alma a quien tocares delgada y delicadamente, siendo tan terrible y poderoso! Di esto al mundo; mas no se lo quieras decir al mundo, porque no sabe él de aire delgado y no te sentiría, porque no te puede recibir sino aquellos, Dios mío y vida mía, te verán y sentirán tu toque delgado que, enajenándose del mundo, se pusieran en delgado, conviniendo delgado con delgado, y así te puedan sentir y gozar; a los cuales tanto más delgadamente tocas cuanto por estar ya adelgazada y pulida y purificada la sustancia de su alma, enajenada de toda criatura, y de todo rastro, y de todo toque de ella, estás tú escondido, morando muy de asiento en ella. Y en eso les escondes a ellos en el escondrijo de tu rostro (que es el Verbo) de la conturbación de los hombres. "¡Oh, pues, otra vez y muchas veces delicado toque, tanto más fuerte y poderoso cuanto más delicado; pues que con la fuerza de tu delicadez deshaces y apartas el alma de todos los demás toques de las cosas criadas y la adjudicas y unes sólo para ti, y tan delgado efecto y dejo dejas en ella, que todo otro toque de todas las cosas altas y bajas le parece grosero y bastardo, y le ofende aun mirarle, y le es pena y grave tormento tratarle y tocarle! "Este toque divino ningún bulto ni tomo tiene, porque el Verbo que le hace es ajeno de todo modo y manera y libre de todo tomo, de forma y figura y accidentes... "¡Oh, pues, finalmente, toque inefable delicado del Verbo, pues no se hace en el alma menos que con tu simplicísimo y sencillísimo ser, el cual, como es infinito, infinitamente es delicado, y, por tanto, tan sutil y amorosa y eminente y delicadamente toca,
"Que a vida eterna sabe!"

miércoles, 23 de noviembre de 2016

MONSEÑOR DE SÉGUR - EL INFIERNO, SI LO HAY, QUÉ ES, MODO DE EVITARLO.

ASEGURAR LA SALVACIÓN ETERNA
POR MEDIO DE UNA VIDA
SERIAMENTE CRISTIANA


¿Quieres, amadísimo lector, estar aún más seguro de evitar el infierno? No te contentes con evitar el pecado mortal y combatir los vicios y faltas que a él conducen; lleva una buena y santa vida, seriamente cristiana y llena de Jesucristo. Haz como las personas prudentes que tienen que pasar por caminos difíciles y rodeados de precipicios, las cuales por miedo de caer en ellos se guardan bien de andar por el borde, donde un simple mal paso podría serles fatal; toman prudentemente el otro lado de la vía, y se alejan tanto como pueden del derrumbadero. Haz, pues, lo mismo; abraza generosamente la hermosa y noble vida llamada vida cristiana, vida de piedad. Guiado por los consejos de algún santo sacerdote, imponte un método de vida, en el cual harás entrar, conforme a las necesidades de tu alma y a las circunstancias exteriores en que te hallares, algunos buenos y sólidos ejercicios de piedad, entre los cuales te recomiendo los siguientes, que están al alcance de todo el mundo: Empieza y acaba siempre los días por una oración muy cordial y devota.

Añade mañana y tarde la atenta lectura de una o dos páginas del Evangelio o de la Imitación, o de cualquier otro libro bueno que tengas a mano; y después de esta pequeña lectura, guarda algunos minutos de recogimiento y de buenas resoluciones, por la mañana para el día, y por la tarde para la noche, pensando en la muerte y en la eternidad. Toma la excelente costumbre de hacer la señal de la cruz cuantas veces entres o salgas de tu cuarto. Esta práctica, tan sencilla en sí misma, es muy santificante. Pero pon cuidado en no hacer nunca esta señal con ligereza, sin pensar en ella y por rutina, como hacen muchos: debes hacerla religiosa y gravemente. Procura, si los deberes de tu estado te lo permiten, ir a Misa todos los días temprano, a fin de recibir cada día la bendición de Dios, y tributar a Nuestro Señor los homenajes que le debemos en su augusto Sacramento. Si no te fuera dable, procura al menos adorar todos los días al Santísimo Sacramento, ya sea entrando en la iglesia o bien de lejos y desde el fondo de tu corazón.

Rinde igualmente todos los días y con un corazón verdaderamente filial a la bienaventurada Virgen María, Madre de Dios y de los cristianos, algún homenaje de piedad, amor y veneración. El amor a la Santísima Virgen, unido al del Santísimo Sacramento, es una prenda casi infalible de salvación; y ha demostrado en todos los siglos la experiencia, que Nuestro Señor Jesucristo concede gracias extraordinarias, durante la vida y al momento de la muerte, a todos aquéllos que invocan y aman a su Madre. Lleva siempre contigo un escapulario, una medalla o un rosario. Adquiere y no dejes jamás el excelente há­bito de confesarte y comulgar a menudo. La Confesión y la Comunión son los grandes medios ofrecidos por la misericordia de Jesucristo a todos aquéllos que quieren salvar y santificar sus almas, evitar las faltas graves y crecer en el amor del bien y en la práctica de las virtudes cristianas.  

En este punto no puede darse una regla general; pero sí puede afirmarse que los hombres de buena voluntad, es decir, aquéllos que quieren sinceramente evitar el mal, servir a Dios y amarlo de todo corazón, son tanto mejores, cuanto comulgan con mayor frecuencia. Cuando uno se encuentra así dispuesto, lo más es lo mejor; y aunque fuese muchas veces por semana, y hasta cada día, no sería demasiado. Casi todos los buenos cristianos harían muy bien, si pudiesen, en santificar los domingos y fiestas con una buena Comunión, sin dejar nunca de hacerlo por su culpa. El célebre Catecismo del Concilio de Trento llega a decir que debe recibir los sacramentos todos los meses un cristiano algo cuidadoso de su alma.

Finalmente, proponte en tu sistema de vida el combatir incesantemente las dos o tres faltas que hayas notado o que te hayan hecho notar en ti: éste es el flanco débil de la plaza, y es evidente que por él, en uno o en otro momento, intentará el enemigo sorpresas y golpes de mano. Evita como el fuego las malas compañías y las malas lecturas.


Ya comprendes, querido lector, que lo que te recomiendo no es de obligación y dista mucho de serlo. Pero, lo repito, si entras en este camino de generosidad y de fervor, y si marchas por él resueltamente, asegurarás de un modo completo el importantísimo asunto de tu eternidad, y estarás cierto de evitar las penas eternas del infierno, como está seguro de evitar las privaciones de la pobreza quien por una prudente y sabia administración aumenta poderosamente su fortuna. En todos los casos no dejes de tomar de estos consejos los que puedas seguir; trabaja por lo mejor; pero por el amor de tu alma, por el amor del Salvador, que por ella ha derramado toda su sangre, no te avergüences del Evangelio, y sé cristiano de veras. Piensa a menudo, piensa seriamente en el infierno, en sus penas eternas, en su fuego devorador, y te prometo que irás al cielo.

EL PURGATORIO - La última de las misericordias de Dios - R.P Dolindo Ruotolo

EL ALMA LOGRA LA VIDA ETERNA

El alma al salir del cuerpo, tiende a Dios, pero se encuentra como alguien que es empujado por la corriente y no puede llegar a la orilla. Ella se dirige a Dios pero sus imperfecciones son como una corriente que la aleja de Él. En las vicisitudes de su vida, ella ya se había puesto en una corriente que la alejaba del amor divino, por eso cuando sale del cuerpo, las vanidades del mundo que la mancharon la empujan lejos de Dios, obstaculizando la fuerza del amor, que siente fuertísimo, por el estado de gracia en el cual se encuentra; está fuera del cuerpo, pero lleva consigo la responsabilidad y el peso de sus miserias, porque sus obras la siguen. Es una expresión profundísima, tanto por las obras buenas como por las malas obras. El alma purgante es como una persona que está obligada a nadar en una corriente turbulenta, vestida con ropa pesada que la hunde, en circunstancias que ella necesite estar a flote, y trata con todas sus fuerzas de proseguir nadando hacia la pacífica y florecida ribera.

El misterio del dolor

El alma en la vida terrena ha tenido siempre prevenciones hacia la bondad de Dios y a veces hasta recriminaciones, especialmente frente a los misterios del dolor, de la providencia, del mal, de la libertad humana, etc., quizás estas recriminaciones la hemos tenido o las tenemos todos un poco. Tenemos que rechazarlas como tentaciones. Apenas esté fuera del cuerpo, el alma se encuentra ante la bondad infinita de Dios, descubre sus propias miserias a la luz de la bondad divina, aunque no contemple y no pueda todavía contemplar aquel océano de amor, porque es todavía incapaz de sumergirse en una felicidad incomparable, y permanece por dar un pálido ejemplo, como una persona que ha tratado de villano a un Rey. Así sucedió a aquellos policías que en Venecia, de noche, detuvieron a San Pío X que vestido como simple sacerdote, llevaba en la espalda un colchón para una  pobrísima pariente “Oiga – dijeron los policías de lejos -, ladronzuelo, que elijes la noche para tus robos ¿Dónde sacaste ese colchón? Párate, bájalo, pon las manos en las esposas. Y se acercaron para apresarlo, pero reconocieron en aquel angelical rostro al Santo Patriarca, y quién puede decir la confusión que tuvieron. Es un mísero parangón frente a la sorpresa del alma que tiene el primer encuentro con el Señor, infinita bondad e infinito amor. Aún no viéndolo cara a cara, porque aún no está glorificada, ella siente en la paz del estado de gracia en la cual está, la bondad de Dios. Les habrá sucedido soñar que se encuentran en la calle desnudos. ¡Qué confusión! Ustedes tratan de esconderse en algún portón, tratan de cubrirse con el camisón, respiran sólo al despertar, constatando que era un sueño; ¡gracias Señor… menos mal que no era verdad!... Pero, el alma que se presenta ante Dios, y se ve manchada, no sueña, se despierta más bien de los sueños orgullosos, de las injusticias realizadas.


En una recepción una señorita sentía una molestia en un costado, disimulaba, se llevaba la mano ahí donde sentía la molestia porque estaba en un elegantísimo salón. Después de un tiempo, fue tal el dolor, que solicitó ir a otra habitación y sacándose el cinturón, con horror le saltó fuera un animalito que la roía. El alma ante la luz de Dios, ve todo el horror de aquellas acciones que en la vida le parecieron insignificantes, y con el dolor y confusión se da cuenta que sus faltas no eran pequeñas. Sino roedores de la conciencia. Este apartarse de la fiesta del cielo causa un particular dolor, por el mismo estado de gracia en el cual el alma se encuentra. Pareciera una paradoja, sin embargo es así.


El condenado y el alma purgante

El condenado, al pasar a la vida eterna, se encuentra en un estado de extrema miseria, y por la pérdida de la gracia de Dios, no sólo no tiene ímpetu de amor hacia Él, como lo tiene el alma salvada, sino que le odia, y le rehúye. Es terrible, sin duda, pero es un estado que el alma condenada no quiere cambiar, aunque pudiera, aunque la misericordia divina lo quiera. El alma condenada está en estado de condenación, tiene también una libertad en aquel estado, y es la libertad de odiar y hacer el mal, pena espantosa del abuso de la libertad hecho en vida, y no de la inexorabilidad de la justicia de Dios. Por aquel fenómeno físico que se llama inercia, así las culpas y las degradaciones de la vida del condenado, continúan por inercia en el Infierno, sin esperanza de cambio, porque llega a ser el estado del pecador. El alma que purga fuera del cuerpo no está fijada en un estado, sino es todavía peregrina, porque está en gracia, tiende a Dios con inmenso amor, y no puede todavía reunírsele. Por esto, de todas las revelaciones de las almas que purgan, se sabe que sus purificaciones son contabilizadas sobre nuestro tiempo: diez, veinte, cien años. El condenado es como un cuerpo pesado que cae en el eterno abismo y allí está; el alma que purga es como un cohete que tiende todavía a subir, pero que permanece en la atmósfera subiendo a lo alto. Ella está capacitada sólo para el dolor, porque sólo él puede reparar sus culpas, y sus abrazos de amor se vuelven fuego ardiente, pena y remordimiento de amor, que le hace mirar como favor el poderse purificar. El muerto está muerto, y no aspira por así decirlo, a la vida sino a la putrefacción: esto es el condenado. El enfermo aspira a la salud, se somete a penosas curas, y las sufre voluntariamente, aunque lamentándose, y pide ayuda para aliviarse. Esta es el alma que purga, es una enferma. Sus medicinas atormentadoras son la purificación en el fuego, en la angustia de la lejanía de Dios, y en los tormentos particulares por cada culpa particular. Para un enfermo del cuerpo, son de ayuda las anestesias, los calmantes, y las amorosas curas de quién lo asiste; para el alma que purga, los sufragios, plegarias y sacrificios que por ella se ofrecen, son su alivio.

Ite Missa Est

23 DE NOVIEMBRE
SAN CLEMENTE I, PAPA Y MARTIR

Epístola – Filipenses; III, 17-21; IV, 1-3.
Evangelio – San Mateo; XVI, 13-19.


La memoria de San Clemente se nos presenta, a los principios de la Iglesia de Roma, rodeada de aureola especial. Al desaparecer los Apóstoles, se diría que eclipsa a San Lino y San Cleto, no obstante haber recibido antes que él el honor del episcopado. Como una cosa normal, se pasa de Pedro a Clemente, y las Iglesias orientales celebran su memoria con tanto honor como la Iglesia latina. Fue verdaderamente el Pontífice universal, y ya se advierte que toda la Iglesia está pendiente de sus actos y de sus escritos. Debido a esta buena reputación se le han atribuido muchos escritos apócrifos que es fácil separar de los que son verdaderamente suyos.

LA EPÍSTOLA A LOS CORINTIOS. — Con el tiempo han desaparecido, excepto uno, los documentos que prueban la intervención de Clemente en los asuntos de las Iglesias lejanas; pero el que nos queda nos presenta el poder monárquico del Obispo de Roma en pleno ejercicio desde esta época primitiva. La Iglesia de Corinto se hallaba agitada por discordias intestinas que la envidia había suscitado con respecto a ciertos pastores. Estas divisiones, cuyo germen encontramos ya en tiempo de San Pablo, habían destruido la paz y causaban escándalo hasta entre los mismos paganos. La Iglesia de Corinto terminó por sentir la necesidad de atajar un desorden que podía ser perjudicial a la extensión de la fe cristiana, y a este fin, tuvo que pedir ayuda fuera de su seno. Por ese tiempo habían desaparecido del mundo todos los Apóstoles, menos San Juan, el cual aún iluminaba a la Iglesia con su luz. De Corinto a Éfeso, donde residía el Apóstol, la distancia no era considerable; no obstante eso, no fue a Éfeso, sino a Roma a donde la Iglesia de Corinto dirigió sus miradas. Clemente tuvo conocimiento de los debates que las cartas de esta Iglesia remitían a su fallo y mandó salir para Corinto a cinco comisarios que debían representar allí la autoridad de la Sede apostólica. Eran portadores de u n a carta que San Ireneo llama de mucha autoridad, potentissimas litteras. Se la consideró tan apostólica y bella, que se leyó mucho tiempo públicamente en bastantes Iglesias, como una especie de continuación de las Escrituras canónicas. Tiene un tono digno, pero paternal, conforme al consejo que San Pedro da a los pastores. "Clemente no se decide explícitamente por ninguna parte y a nadie nombra, pero trata de levantar el espíritu de los fieles por encima de las pasiones, de las querellas y de los rencores con la consideración de la bondad divina y de los grandes ejemplos bíblicos. Un cierto orden en la Escritura, la argumentación que ti ene algo de insinuante, la unción que proviene del gusto instintivo hacia las cosas morales, dan a este texto griego un perfume de latinidad y forman algo muy diferente de los grandes escritos de Pedro, de Pablo y de Juan, donde todo tiene el sabor y el misterio de una intuición directa de la revelación divina. Con la carta de Clemente hemos pasado el estadio inicial en el que el Espíritu se extiende en elevadas remansadas en las Escrituras canónicas, pero estamos aún muy cerca de la fuente, en el centro de la iglesia principal: "Pongamos los ojos en el Padre Creador del universo, entreguémonos a sus favores, a los dones magníficos y excesivos de su paz, contemplémosle con el pensamiento, miremos con los ojos del espíritu su voluntad pacientísima, consideremos cómo se muestra dulce y fácil con todas las criaturas... (XIX, 2-3). El Padre, todo misericordia y amigo de hacer bien, tiene un gran corazón para los que le temen. Se muestra liberal con sus gracias y las reparte con bondad y suavidad a los que se acercan a él con un corazón sencillo. No seamos desconfiados; no se turbe nuestra alma ante sus presentes maravillosos y espléndidos... (XXII, 1-2). A San Clemente le consideraremos siempre como doctor de la divina clemencia". Este lenguaje tan solemne y t a n firme consiguió su efecto: se restableció la paz de la Iglesia de Corinto y los mensajeros de la Iglesia romana comunicaron pronto la buena noticia. Un siglo más tarde, San Dionisio, obispo de Corinto, manifestaba todavía al Papa San Sotero la gratitud de su Iglesia para con Clemente por el servicio que le debía.

LA LEYENDA DE SAN CLEMENTE. — Las Actas (dudosas) de San Clemente nos dicen que fue mandado al destierro, al Quersoneso, y condenado a extraer y labrar el mármol: por eso los marmolistas escogieron por patrón al Santo Papa. La leyenda nos cuenta además un pormenor demasiado sabroso para que no lo refiramos aquí: San Clemente fué arrojado al mar con una áncora al cuello. El día de su aniversario, el mal se alejaba y la gente podía llegarse al templo submarino que un ángel construyó sobre su tumba. Pues bien, ocurrió un día que una mujer, cuando ya el mar se había extendido de nuevo, advirtió que había dejado olvidado en dicho templo a su niño, pero le encontró sano y salvo en el aniversario siguiente. Otro hecho que, como el anterior, tiene sin duda el origen en el motivo de un mosa.co: nos muestra al Cordero de Dios apareciéndose en un monte y señalando con la punta del pie a Clemente la fuente que va a brotar. La Liturgia se h a adueñado de estos relatos y h a compuesto las bellas Antífonas del Oficio, que consideramos útil añadir aquí.

ANTIFONAS
Roguemos todos a Nuestro Señor Jesucristo que haga correr una fuente de agua para sus confesores. Estando San Clemente en oración, se le apareció el Cordero de Dios. Sin mirar a mis méritos, el Señor me envió a vosotros para participar de vuestras coronas. Vi sobre el monte al Cordero de pie; debajo de su planta brota una fuente viva. La fuente viva que manaba debajo de su pie, es el río impetuoso que alegra a la ciudad de Dios. Todas las naciones de alrededor creyeron en Cristo Señor. Al irse camino del mar, el pueblo rezaba diciendo a grandes voces: Señor Jesucristo, sálvale; y Clemente decía con lágrimas: Padre, recibe mi espíritu. Señor, has dado a Clemente, tu mártir, por morada, en medio del mar, como un templo de mármol, levantado por manos de ángeles; y has procurado el acceso a los habitantes del país para que pudieran contar tus maravillas.


VIDA. — Por San Ireneo sabemos que San Clemente es el tercer sucesor de San Pedro y que gobernó la Iglesia probablemente entre el año 88 y 97. Pudo conocer a los apóstoles San Pedro y San Pablo; San Ireneo hasta nos dice que fue su discípulo y Tertuliano que fue ordenado por el primer Papa. La Epístola a los Corintios le coloca a la cabeza de los escritores eclesiásticos cuya obra es auténtica. Si la historia no nos suministra datos suficientes sobre sus orígenes, hay conjeturas de que era judío y que había recibido una formación literaria y filosófica bastante extensa, y el contenido de su Carta revela en él el carácter de un hombre de gobierno, a la vez que sus cualidades y virtudes. La Tradición quiere que haya muerto mártir. Recitemos en su honor la gran oración que se lee en su Epístola a los Corintios:


LA GRAN PLEGARIA DE SAN CLEMENTE. —"Has abierto los ojos de nuestros corazones para que te conozcan a ti, el solo Altísimo en lo más alto de los cielos, el Santo que descansa en medio de los Santos; a ti, que echas a tierra la insolencia de los orgullosos, que deshaces los cálculos de los pueblos, que ensalzas a los humildes y humillas a los grandes; a ti, que enriqueces y empobreces, que matas y salvas y vivificas; único bienhechor de los espíritus y Dios de toda carne; contemplador de los abismos, escudriñador de las obras de los hombres, auxilio de los hombres en los peligros y su salvador en la desesperación, Criador y Obispo de todos los espíritus. "A ti, que multiplicas los pueblos sobre la tierra y que has escogido entre ellos a los que te aman, por Jesucristo, el Hijo predilecto por quien nos has instruido, santificado y honrado, a ti te suplicamos, oh Maestro. Sé nuestra ayuda y nuestro sostén. Sé la salvación de los que entre nosotros andan oprimidos; ten misericordia de los humildes; levanta a los caídos; date a conocer a los que están en necesidad; cura a los enfermos; vuelve atraer a los descarriados de tu pueblo; sacia a los que tienen hambre; pon en libertad a nuestros prisioneros; levanta a los que languidecen; consuela a los pusilánimes. Reconozcan todos los pueblos que no hay más Dios que tú; que Jesucristo es tu Hijo; que nosotros somos tu pueblo y ovejas de tus pastos. "Tú, que has manifestado el inmortal orden del mundo con tus obras; Tú, Señor, que has creado la tierra; Tú, que sigues fiel en todas las generaciones, justo en tus juicios, admirable en tu poder y en t u magnificencia, sabio en la creación, prudente en dar solidez a las cosas creadas, bueno en las cosas visibles, fiel con los que en ti confían, misericordioso y compasivo: perdónanos nuestras faltas y nuestras injusticias, nuestras caídas, nuestras aberraciones. "No lleves cuenta de los pecados de tus servidores y de tus servidoras; más bien, purifícanos con tu verdad y dirige nuestros pasos para que caminemos en la santidad del corazón y hagamos lo que es bueno y agradable a tus ojos y a los ojos de nuestros príncipes. "Sí, Maestro, haz que resplandezca tu cara en nosotros, para hacernos gozar de los bienes en paz, protégenos con tu mano poderosa, líbranos de todo pecado con tu brazo fortísimo, ponnos a salvo de los que injustamente nos odian. "Danos la concordia y la paz a nosotros y a todos los habitantes de la tierra, como la diste a nuestros padres cuando te invocaban santamente en la fe y en la verdad. Haznos sumisos a tu Nombre potentísimo y muy excelente, a nuestros príncipes y a los que nos gobiernan en la tierra. "Tú eres, Maestro, el que les diste el poder de la majestad real en tu magnífico e invisible poder, para que, conociendo la gloria y el honor que les has repartido, les estemos sometidos y no contradigamos tu voluntad. Concédeles, Señor, la salud, la paz, la concordia, la estabilidad, para que ejerzan sin impedimento la soberanía que les has entregado. Porque, eres tú, Maestro, rey celestial de los siglos, quien das a los hijos de los hombres gloria, honor y poder sobre las cosas de la tierra. Dirige, Señor, su consejo conforme a lo que está bien, a lo que es agradable a tus ojos, con el fin de que ejerciendo con piedad, en la paz y la mansedumbre, el poder que les diste, te hallen ellos propicio. Sólo tú puedes hacer esto y procurarnos mayores bienes aún. "Te damos gracias por el sumo sacerdote y patrón de nuestras almas, Jesucristo, por quien sea a ti la gloria y la grandeza, ahora y de generación en generación y en los siglos de los siglos. Amén

martes, 22 de noviembre de 2016

LA MISA NUEVA - Mons.Marcel Lefebvre

Conferencia pronunciada en Montevideo,
(el 8 de agosto de 1979.)


Sobre la Nueva Misa


Respecto a la Nueva Misa destruyamos de inmediato esta idea absurda: si la Nueva Misa es válida, luego se puede participar. La Iglesia siempre ha prohibido a los fieles asistir a las Misas de los cismáticos y de los herejes, aun si ellas fueran válidas.  Es evidente que no se puede participar de Misas sacrílegas, ni de Misas que pongan nuestra fe en peligro. Pues es fácil demostrar, tal como ella ha sido formulada por la Comisión de la Liturgia, que la Nueva Misa con todas las autorizaciones dadas por el Concilio de una manera oficial, y con todas las explicaciones de Mons. Bugníní, presenta un acercamiento inexplicable a la teología y al culto de los protestantes.No aparecen muy claros y hasta son contradichos, los dogmas fundamentales de la Santa Misa, que son los siguientes:

• el altar transformado en mesa, sin el ara;

• la Misa frente al pueblo, en lengua vernácula en voz alta,

• la Misa tiene dos partes: la Liturgia de la Palabra y la de la Eucaristía;

•los vasos sagrados vulgares, el pan fermentado, la distribución de la Eucaristía por laicos, en las manos;

•el Sagrario escondido;

•las Lecturas leídas por mujeres; la Comunión dada por laicos.

Todas estas novedades están autorizadas.

Se puede pues decir sin ninguna exageración que la mayoría de estas Misas son, sacrílegas y que disminuyen la fe, pervirtiéndola. La desacralización es tal que la Misa se expone a perder su carácter sobrenatural, "su misterio de fe", para convertirse nada más que en un acto de religión natural.  Estas Misas nuevas no sólo no pueden ser motivo de una obligación para el precepto dominical, sino que además con relación a ellas hay que seguir las reglas de la Teología moral y del Derecho Canónico, que son las de la prudencia sobrenatural con relación a la participación o a la asistencia a una acción peligrosa para nuestra fe o eventualmente sacrílega.

¿Se debe decir entonces que todas esas Misas son inválidas? Desde que existen las condiciones esenciales para la validez, es decir, la materia, la forma, la intención y el sacerdote válidamente ordenado, no se puede afirmar lo contrario. Las oraciones del Ofertorio, del Canon y de la Comunión del Sacerdote que circundan la Consagración son necesarias a la integridad del Sacrificio y del Sacramento, pero no a su validez. El Cardenal Mindszenty en la prisión, a escondidas de sus guardianes, pronunciaba las palabras de la Consagración sobre un poco de pan y vino para alimentarse del Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor; ciertamente realizó el Sacrificio y el Sacramento.

A medida que la fe de los sacerdotes se corrompa y que no tengan más la intención que pone la Iglesia (porque la Iglesia no puede cambiar de intención), habrá menos Misas válidas. La formación actual no prepara a los seminaristas para cumplir con la validez de las Misas. El Sacrificio propiciatorio de la Misa no es más el fin esencial del Sacerdote. Nada más decepcionante y triste que oír las pláticas o comunicados de los Obispos sobre la vocación, a raíz de una ordenación sacerdotal, Ya no saben lo que es un Sacerdote. Para juzgar la falta subjetiva de aquéllos que celebran la Nueva Misa y de los que asisten, debemos aplicar la regla del discernimiento de espíritus según las directivas de la teología moral y pastoral. Debemos actuar siempre como médicos de almas y no como jueces y verdugos, como están tentados de hacer quienes están animados por un celo amargo y no por el verdadero celo. Que los jóvenes sacerdotes se inspiren en las palabras de San Pío X en su primera encíclica y en los numerosos textos de autores, espirituales como los de Dom Chautard: "El alma de, todo apostolado", Garrígou Lagrange en el II tomo de "Perfección cristiana y contemplación", y Dom Marmion. "Cristo, ideal del Monje".

Sobre el Papa

Pasemos a la segunda parte, no menos importante: ¿Tenemos realmente un Papa o un intruso en la sede de Pedro?            

¡Dichosos los que han vivido y muerto' antes de hacerse esa pregunta! Hay que reconocer que el Papa Paulo VI ha causado y ocasionado un serio problema a la conciencia de los, católicos. Sin indagar ni conocer su culpabilidad en la terrible demolición de la Iglesia bajo su Pontificado, no se puede dejar de reconocer que aceleró las causas en todos los órdenes. Uno se pregunta ¿cómo un sucesor, de Pedro ha podido en tan poco tiempo causar más males a la Iglesia que la revolución de 1717.

Hechos precisos como las firmas estampadas en el artículo VII de la Instrucción concerniente al Novus Ordo Missae, como también el documento de la "Libertad Religiosa" son escandalosos y dan ocasión para que algunos afirmen que ese Papa era herético y que, por su herejía dejó de ser Papa.  La consecuencia de este hecho sería que la mayoría de, los cardenales actuales no lo serían y además serían ineptos para la elección, de otro Papa. Los Papas Juan Pablo II no habrían sido entonces elegidos  legítimamente.  Es entonces inadmisible rezar por un Papa  que no lo es y conversar con aquél que no tiene, ningún título para sentarse en la silla de Pedro. Como ante el problema de la invalidez de la nueva misa, aquéllos que afirman  que no. hay Papa simplifican demasiado los  problemas. La realidad es más compleja.  Si uno se pone a preguntar si un Papa puede  ser herético se descubre que el problema no es tan simple come se cree. Sobre este tema,  el estudio muy objetivo hecho por Xavier da  Silveira muestra que un buen número. de teólogos piensa que el Papa puede ser hereje como doctor privado, pero. no. como doctor de la  Iglesia Universal. Es necesario, entonces, examinar en qué medida el Papa Paulo VI ha  querida empeñar su infalibilidad en esos casos diversos donde él ha firmado textos cercanos a la herejía, si no heréticos.  Hemos pues podido observar en esos dos  casos, como en otros muchos, que el Papa Paulo VI ha actuado mucho más como liberal  que adhiriéndose a la herejía. Ya que, cuando se le señalaba el peligro que corría, entregaba un texto contradictorio, agregando  una fórmula contraria a lo que él afirmaba  en la anterior, o redactando una fórmula  equívoca, lo que es propio del liberal, el cual  es incoherente por naturaleza.

El liberalismo de Paulo VI, reconocido por su amigo el cardenal Daniélou, es suficiente para explicar los desastres de su Pontificado. El Papa Pío IX, particularmente, habló mucho sobre el católico liberal, que él consideraba  como destructor de la Iglesia.