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viernes, 11 de diciembre de 2020

EN LA FESTIVIDAD DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE



En este momento tan lamentable que esta viviendo la humanidad, cuando de nuevo el comunismo feroz y atroz quiere ocupar nuestra patria, gracias a los parias y apátridas, por tercera vez, sabedores que gracias a Nuestra Madre de Guadalupe nos libro de las otras dos por la confianza firme de nuestros antepasados en LA MORENITA DEL TEPEYAC NUESTRA MADRE DE GUADALUPE. No será en esta ocasión que Ella se quede impávida ante el inminente avance del comunismo y espera que nosotros fieles herederos de aquellos fieles devotos hijos de tan GRAN MADRE, sino que espera nuestra colaboración desde el puesto de batalla donde nos encontremos cada uno de nosotros. No temamos al enemigo y démosle batalla allí donde el nos la plantee sin temor a perder nuestras vidas sabiendo con certeza que la causa es justa y necesaria. ¡VIVA CRISTO REY! ¡VIVA NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE!

Esta festividad de Ntra., Señora de Guadalupe debe llenar nuestros corazones de un profundo agradecimiento a la trinidad augusta por gran Sabiduría al disponer las cosas con un orden admirable, sorprendente, pero no nuevo porque la antigua ley fue dada a Moisés en un monte, el Cordero inmaculado se inmolo en otro monte y la fe se difunde rápidamente por el continente americano a raíz de otro monte o cerro donde la Madre del Salvador se dignó pisar suelo americano.

  De todas las palabras que la Sma. Virgen nos dirigió en sus prodigiosas apariciones las dichas a Juan Diego en el Tepeyac por nuestra Señora de Guadalupe son, sin duda, las más consoladoras. Porque brotan del corazón de una Madre ternísima y van encaminadas a producir en nuestras almas, descanso y confianza. Fueron dichas en la cuarta y última aparición a Juan Diego cuando él, preocupado por la enfermedad de su tío Bernardino tomo otro camino al acostumbrado. He aquí sus palabras:

“A DONDE VAS, HIJO MÍO, ¿Y QUE CAMINO LLEVAS? OYE HIJO MÍO, LO QUE VOY A DECIRTE: NO TE MOLESTE NI TE AFLIJA COSA ALGUNA. NO TEMAS NI ENFERMEDAD NI DOLOR. ¿NO ESTOY YO AQUÍ QUE SOY TU MADRE? ¿NO ESTAS DEBAJO DE MI SOMBRA Y AMPARO? ¿NO SOY YO VIDA Y SALUD? ¿NO ESTAS EN MI REGAZO Y CORRES POR MI CUENTA? ¿TIENES NECESIDAD DE OTRA COSA? NO TE AFLIJAS POR LA ENFERMEDAD DE TU TIO, QUE NO MORIRA DE ESTE ACHAQUE, Y TEN POR CIERTO QUE YA ESTA SANO. Sin duda alguna este sublime dialogo quedo fijo en el corazón de su fiel servidor, y nosotros las debemos grabar en lo más profundo de nuestro corazón y saborearlas en lo más íntimo de nuestra alma. Porque nuestra buena Madre de Guadalupe conoce todas nuestras amarguras, todos nuestros temores y desde lo más íntimo de su corazón se compadece de nuestras miserias. Por eso desde esa intimidad, asentada en el mismo seno de la Trinidad Santísima, brotaron estas primeras palabras: “NO ESTOY YO AQUÍ QUE SOY TU MADRE? Cuando se es niño se confía mucho en la madre; a ella acudíamos siempre y de tal manera se grabó en nuestro corazón la confianza en nuestra madre, que todavía en plena madurez, ¡cuántas veces en medio de los dolores, en medio de las alegrías, repetimos este nombre santo: “Madre!

Pues bien, la Sma. Virgen María es nuestra Madre más perfectamente que la madre de la tierra porque nos da una vida que es la del cielo. Es muy importante recalcar que somos sus hijos no por adopción como se entiende a la manera humana sino, ¡VERDADERAMENTE ES NUESTRA MADRE! Porque nos ha dado la vida, porque nos ama más, mucho más, que la madre de la tierra.

   Y como si no bastara el habernos dicho: “NO ESTOY YO AQUÍ QUE SOY TU MADRE? Agrega: “NO ESTAS BAJO DE MI SOMBRA Y AMPARO? Nuestras madres están lejos y solo de lejos nos aman o aunque estén cerca muchas veces se ven imposibilitadas para ayudarnos no solo en el cuerpo sino también en el alma y se ven también impotentes para protegernos en el momento presente. No así con nuestra Madre del cielo porque estemos donde estemos ella nos protegerá siempre porque así se lo prometió a Juan Diego representante nuestro en ese tiempo y es fiel a su promesa. Además, no olvidemos que es la omnipotencia suplicante, pero sobre todo su corazón maternal es el motor o la garantía de su fidelidad en lo prometido. Además, estamos bajo su sombra y cuidado; por lo tanto, Nuestra Madre de Guadalupe podemos decir que está más cerca de nosotros que nuestras propias madres y, sin duda alguna nuestra alma está más unida a Ella: Madre cariñosa y siempre presente. Pues nos dice: “NO ESTOY LEJOS, NO ESTOY EN REGIONES MISTERIOSAS. YO ESTOY CERCA DE TI, TE AMPARO, TE PROTEJO, TE CUBRO CON MI MANTO Y MI SOMBRA.”

   Y continua más adelante como para que no quede duda en nosotros de su protección maternal: “NO SOY VIDA Y SALUD? Nuestra madre de la tierra por mucho que nos ame no puede decir lo mismo porque la experiencia nos demuestra que hay trances en los cuales ella es impotente. No así con nuestra Madre del cielo porque Ella es la vida que triunfa de la muerte; es la salud que triunfa de la enfermedad y del dolor. esto sería suficiente para disipar toda duda, todo temor, y para llenar nuestro corazón de santa y divina confianza.

   Pero no contenta con eso va más allá: “¿NO ESTAS BAJO MI REGAZO Y CORRES POR MI CUENTA?” Por favor saboreémoslas en lo íntimo de nuestro corazón: ¡estamos en el regazo de la Virgen María y, me pregunto ¿quiénes están en el regazo de las madres? Sino los más pequeños, entonces “SOMOS HIJOS PEQUEÑITOS Y DELICADOS” Y aún más, “CORREMOS POR SU CUENTA” al hijo mayor no se le dice esto sino al pequeñito, al enfermo, al delicado corre totalmente por su cuenta; esta buena Madre del cielo nos da todo su amor, nos viste, nos acaricia etc. Es curioso si vivimos en el regazo de nuestra buena Madre del cielo, ¿por qué tantas amarguras, tantas vicisitudes en nuestra vida, tantas asechanzas de nuestros enemigos? No es bueno contestar con otra pregunta, pero: ¿Jesucristo no fue singularmente amado, infinitamente amado por el Padre Celestial? Y a pesar de ello, ¿no recordamos que tuvo vicisitudes, amarguras y dolores sin cuento? ¿cómo dice El Padre: “ESTE ES MI HIJO MUY AMADO EN QUIEN YO TENGO PUESTAS TODAS MIS COMPLACENCIAS” SI LO HA AZOTADO, SI LO HAN CORONADO DE ESPINAS, SI LO HAN ENCLAVADO EN LA CRUZ”

   ¡Es que los azotes, las espinas y la cruz eran verdaderas riquezas para Jesucristo Nuestro Señor! ¡Su gloria, su dicha, está cifrada en la Cruz! ¡Sin ella Jesucristo no hubiera sido glorioso! ¡No hubiera conquistado todos los corazones, todas las almas!

   Y Nuestra Buena Madre de Guadalupe ama a la manera divina; Ella también a los que ama les manda sacrificios y persecuciones. Esto en lugar de ser una objeción contra el amparo de la Virgen, es un nuevo argumento que nos hace comprender que nos ama, que nos protege, que nos da la cruz para hacernos semejantes a Jesucristo, que nos da el dolor para engrandecernos. Pero allí, en su regazo, todos lo dolores y todas las persecuciones se estrellan.

   Por eso debemos confiar plenamente, amorosamente, en la Santísima Virgen de Guadalupe. ¡Ah! ¡que ninguna pena nos aflija, que ningún dolor nos inquiete, que ninguna persecución nos haga temblar! Aquí esta nuestra buena Madre de Guadalupe; Ella es vida y salud, vivimos bajo su amparo y corremos por su cuenta.

 

miércoles, 9 de diciembre de 2020

¡Abrid los ojos!‎

 

Distribución geográfica de las 11 comunidades culturales rivales que hoy existen en ‎Estados Unidos.‎
Fuente: Colin Woodard ‎


Muchos creen ver en el resultado de esta elección presidencial estadounidense el triunfo ‎de los demócratas y de un senador senil. Error. Lo que estamos viendo es la victoria de ‎la corriente puritana sobre la tendencia jacksoniana. Es una victoria que no refleja ‎en nada las opiniones políticas de la ciudadanía estadounidense y sólo encubre la crisis ‎de civilización en la que su país está hundiéndose. ‎

La elección presidencial estadounidense de 2020 viene a confirmar la tendencia general surgida ‎desde la disolución de la Unión Soviética: la población estadounidense vive una crisis de ‎civilización y se dirige inexorablemente hacia una nueva guerra civil, que debería desembocar ‎lógicamente en el fraccionamiento de su país. Esa inestabilidad también pondría fin al estatus de ‎hiperpotencia que aún mantiene Occidente. ‎

Para entender lo que está sucediendo es necesario sobreponerse al espanto que sobrecoge a las ‎élites europeas ante el anuncio de la desaparición que la potencia que las protege desde hace ‎tres cuartos de siglo y mirar con honestidad la historia mundial de los 30 últimos años. Hay que ‎hacer un profundo recuento de la historia de Estados Unidos y analizar nuevamente su ‎Constitución. ‎

La hipótesis de la disolución de la OTAN y de los Estados Unidos de América

Cuando, al cabo de tres cuartos de siglo de dictadura, se derrumbó la Unión Soviética, todos ‎los que deseaban verla desaparecer quedaron sorprendidos. Durante años la CIA había ‎organizado un sabotaje sistemático de la economía soviética y denigrado todas sus realizaciones, ‎pero no había previsto que los pueblos pudieran llegar a derrocarla… en nombre de los ideales ‎de Occidente. ‎

Todo comenzó con una catástrofe a la que el Estado no supo responder: el accidente nuclear de ‎Chernobil, en 1986. Un cuarto de millón de soviéticos tuvo que huir definitivamente de ‎su propia tierra. Tal muestra de incompetencia marcó el fin de la legitimidad del régimen ‎soviético. A partir de aquel momento, en sólo 5 años los aliados reunidos en el Pacto ‎de Varsovia recuperaron su independencia y la Unión Soviética se desmembró. Las juventudes ‎comunistas asumieron la concretización de aquel proceso, que a última hora fue desvirtuado por ‎el alcalde de Moscú, Boris Yeltsin, a la cabeza de un equipo formado en Washington. ‎El subsiguiente saqueo de los bienes de la colectividad y el desplome de la economía provocado ‎por ese saqueo significaron para la nueva Rusia un siglo de retroceso. ‎

Un proceso similar debería llevar a la desaparición de Estados Unidos. El país perderá su fuerza ‎centrípeta y sus vasallos acabarán abandonándolo antes del derrumbe final. Sólo tendrán ‎posibilidades de salir mejor quienes hayan abandonado el barco antes del hundimiento. ‎Normalmente, la OTAN debería extinguirse antes que Estados Unidos, de la misma manera que el ‎Pacto de Varsovia se extinguió antes que la URSS. ‎

La fuerza centrífuga que afecta a Estados Unidos

Con sólo 200 años de historia, Estados Unidos es muy joven como país. Su población aún sigue en ‎plena formación, con oleadas sucesivas de inmigrantes provenientes de las más diversas regiones ‎geográficas. Siguiendo el modelo británico, esos inmigrantes se unen en comunidades, según ‎su origen, comunidades que conservan su propia cultura y no se mezclan con las demás. ‎El llamado melting pot fue un concepto que en realidad existió sólo con el regreso de los ‎soldados negros que combatieron en la Segunda Guerra Mundial y la abolición de la segregación ‎que finalmente suscitó, en tiempos de Eisenhower y Kennedy, pero que finalmente desapareció. ‎

La población estadounidense suele desplazarse mucho de un Estado a otro. Desde la Primera ‎Guerra Mundial y hasta el fin de la guerra de Vietnam, los estadounidenses trataban de convivir ‎en ciertos barrios. Aquella movilidad de la población se perdió durante una veintena de años. Y ‎desde la disolución de la URSS los estadounidenses han vuelto a dividirse en guetos, pero ‎no en función de criterios “raciales” sino de diferencias culturales. De hecho, Estados Unidos ya ‎es un país dividido. ‎

Estados Unidos ya no es una nación sino 11 naciones diferentes. ‎

El conflicto interno de la cultura anglosajona

La mitología estadounidense vincula la existencia del país a los 67 «Padres Peregrinos» que ‎llegaron a América a bordo del buque Mayflower. Era un grupo de fanáticos cristianos ingleses ‎que ya vivía en «comunidad» en los Países Bajos y que logró que la Corona le asignara la misión ‎de instalarse en el «Nuevo Mundo» para combatir allí el imperio español. Un grupo desembarcó ‎en el actual Massachusetts, donde instauró una sociedad sectaria: la colonia de Plymouth, ‎en 1620. Eran cristianos que imponían a sus mujeres el uso del velo y aplicaban durísimos ‎castigos corporales a quien pecaba y se alejaba de la «Vía Pura», doctrina que dio lugar a que ‎fuesen llamados «puritanos». ‎

Los estadounidenses de hoy ignoran tanto la misión política de los «Padres Peregrinos» como su ‎sectarismo y les rinden homenaje durante la celebración conocida como Thanksgiving o Día de ‎Acción de Gracias. Aquellos 67 fanáticos religiosos han tenido una influencia considerable sobre ‎un país que hoy cuenta 328 millones de habitantes. Ocho de los 46 presidentes de Estados Unidos –‎entre ellos Franklin Roosevelt, George Bush padre y George Bush hijo– se presentaron como ‎descendientes directos de aquel grupo. ‎

En Inglaterra, otros puritanos –organizados alrededor de Oliver Cromwell– protagonizaron una ‎rebelión, decapitaron al rey, instauraron una República caracterizada por su intolerancia y ‎perpetraron masacres contra los irlandeses, a quienes consideraban herejes por ser «papistas», ‎o sea católicos. Los historiadores británicos designan aquellos hechos como la «Primera Guerra ‎Civil» (1642-1651).‎

Más de un siglo después, los colonos del «Nuevo Mundo» se rebelaron contra los impuestos ‎excesivos que debían pagar a la monarquía británica e iniciaron lo que los historiadores ‎estadounidenses llaman la «Guerra de Independencia» (1775-1783), algo que los historiadores ‎británicos ven como la «Segunda Guerra Civil». Los colonos que pelearon en aquella ‎guerra eran ciertamente gente pobre sometida a durísimas condiciones de trabajo. Pero sus ‎líderes eran descendientes de los «Padres Peregrinos», deseosos de hacer prevalecer su ideal ‎sectario ante la monarquía británica que había recuperado el poder. ‎

Ochenta años después, Estados Unidos se desgarraba con la Guerra de Secesión (1861-1865), ‎conflicto que algunos historiadores estadounidenses designan como la «Tercera Guerra Civil» ‎anglosajona. Ese conflicto estalló entre los Estados que –fieles a la Constitución original– ‎deseaban mantener derechos de aduana para regular la circulación de bienes de un Estado ‎a otro y un grupo de Estados que querían transferir los derechos de aduana al nivel federal y ‎crear así un gran mercado interno. Pero en esa guerra se oponían al mismo tiempo las élites ‎puritanas del norte a las élites católicas del sur, reproduciendo así el conflicto de las dos guerras ‎anteriores. ‎

Hoy se perfila en Estados Unidos una «Cuarta Guerra Civil» anglosajona, nuevamente por ‎iniciativa de las élites puritanas. Esa continuidad se esconde bajo la transformación de esas élites ‎que, incluso sin creer en Dios, conservan el mismo fanatismo. Son esas élites puritanas las que ‎hoy se dedican a reescribir la historia del país. Según ellas, Estados Unidos es un proyecto racista ‎de los europeos que los «Padres Peregrinos» no lograron corregir. Su credo dicta que hay que ‎regresar a la «Vía Pura» mediante la destrucción de todos los símbolos del Mal –como las ‎estatuas de los monarcas, de los ingleses y de los líderes confederados. Predican y hablan lo ‎‎«políticamente correcto», aseguran que existen varias «razas» humanas, escriben «Negro» ‎con mayúscula y «blanco» con minúscula y rinden culto a los abstrusos suplementos del New York ‎Times.‎

La historia reciente de Estados Unidos

Cada país tiene sus demonios. Richard Nixon estaba convencido de que el peligro que ‎Estados Unidos tenía que evitar a toda costa no era una guerra nuclear con la URSS sino esta ‎posible «Cuarta Guerra Civil» anglosajona. Fue esa convicción lo que llevó a Nixon a recurrir al ‎especialista en este tema, el historiador Kevin Philips, quien fue su consejero electoral, ‎permitiéndole ganar dos elecciones presidenciales. Sin embargo, los herederos de los «Padres ‎Peregrinos» no aceptaron su lucha y lo hundieron con el escándalo del Watergate –en 1972–, ‎orquestado por el sucesor de Edgar Hoover, el fundador y casi sempiterno director del FBI. ‎

Cuando el poderío estadounidense comenzó a perder fuerza, el grupo de presión imperialista, ‎dominado por los puritanos, puso en el poder uno de los descendientes directos de los ‎‎67 «Padres Peregrinos», el republicano George Bush hijo. Miembros de su administración ‎organizaron un shock emocional (los atentados del 11 de septiembre de 2001) y adaptaron las ‎fuerzas armadas de Estados Unidos al nuevo capitalismo financiero, ante la mirada hipnotizada de ‎sus conciudadanos. Su sucesor, el demócrata Barack Obama, dio continuidad a lo iniciado por la ‎administración del republicano George Bush hijo, adaptando a su vez la economía ‎estadounidense. En aras de llevar a cabo esa tarea, Obama eligió la mayoría del equipo que lo ‎acompañó durante su primer mandato entre los miembros de la Pilgrim’s Society, o sea la ‎‎«Sociedad de los Peregrinos».‎

En 2016 se produjo un acontecimiento disruptivo. Un presentador de televisión que había ‎cuestionado la transformación del capitalismo estadounidense y la tesis oficial sobre los atentados ‎del 11 de septiembre, Donald Trump, se presentó como candidato a participar en la elección ‎presidencial. Comenzó conquistando el Partido Republicano y llegó a la Casa Blanca. Todos ‎los que habían participado en la caída de Richard Nixon arremetieron contra Trump, incluso antes ‎de su investidura como presidente. Finalmente han logrado impedir su reelección rellenando ‎torpemente las urnas. Lo importante es que, durante su mandato, reaparecieron siglos de ‎problemas y rencores de los que no se hablaba abiertamente. La población de Estados Unidos ‎se dividió de nuevo alrededor de los puritanos. ‎

Es por eso que, si bien resulta evidente que una mayoría de estadounidenses estuvo lejos de votar ‎con entusiasmo por un senador senil, me parece erróneo decir que esta elección presidencial ‎de 2020 era un referéndum sobre Donald Trump. En realidad, fue un referéndum sobre ‎los puritanos. ‎

Un resultado conforme con el proyecto de los «Padres Peregrinos»

Al final de la Guerra de Independencia de Estados Unidos, o Segunda Guerra Civil anglosajona, ‎los sucesores de los «Padres Peregrinos» redactaron la Constitución estadounidense. ‎No ocultaron su intención de crear un sistema aristocrático similar al modelo inglés. ‎Tampoco ocultaron su desprecio por el pueblo. Es por eso que la Constitución estadounidense ‎no reconoce la soberanía del Pueblo sino la de los gobernadores de cada Estado. ‎

El pueblo que había ganado la guerra aceptó ese estado de cosas, pero impuso a la Constitución ‎‎10 enmiendas que constituyen la Carta de Derechos (Bill of Rights) y según las cuales la clase ‎dirigente no puede, en ningún caso, violar los derechos de los ciudadanos en nombre de alguna ‎presunta «Raison d’Etat» (Razón de Estado). Aquella Constitución, así enmendada, aún ‎se mantiene en vigor en Estados Unidos. ‎

Si se acepta el hecho, ampliamente comprobado, que en el plano constitucional Estados Unidos ‎nunca ha sido ni es una democracia… no hay razón para indignarse con el resultado de las ‎elecciones. Aunque no está previsto en la Constitución, a lo largo de 2 siglos el voto popular ‎para la elección presidencial ha ido imponiéndose poco a poco en cada Estado de la unión ‎estadounidense. Los gobernadores deben seguir el resultado de ese voto al designar los ‎‎538 delegados o grandes electores, que a su vez deben votar por uno de los candidatos a la ‎presidencia al reunirse el Colegio Electoral. Hay gobernadores que simplemente “rellenaron” ‎las urnas, de manera por demás bastante torpe, tanto que en al menos un condado de cada 10 ‎la cantidad de votos excede la cantidad de habitantes mayores de edad. Digan lo que digan los ‎comentaristas, el hecho es que hoy es perfectamente imposible decir cuántos electores votaron ‎realmente ni a quién habrían querido tener como presidente. ‎

Un futuro sombrío

En esas condiciones, el presidente “electo”, Joe Biden, no podrá ignorar la justificada cólera de ‎los partidarios de su contendiente. Simplemente no podrá unificar a los estadounidenses. Hace ‎‎4 años, yo escribía que Trump sería el Gorbatchov estadounidense. Estaba equivocado. ‎Trump supo dar nuevos bríos a su país. En definitiva, será Joe Biden quien cargará con la culpa ‎de no haber logrado mantener la unidad territorial de su país.

Los aliados de Estados Unidos, que no han percibido la cercanía de la catástrofe, van a sufrir graves ‎consecuencias. ‎

Thierry Meyssan

 

 

 

 

lunes, 30 de noviembre de 2020

La Parusía. Padre Juan Rovira. Mártir de la Guerra civil Española.

 


Escolta de Cristo

 

 Pero Cristo no vendrá solo. Como Rey que es, vendrá acompañado de su corte. Ya San Juan en el texto anteriormente citado nos le presenta seguido de los ejércitos del cielo. Vendrá el Señor acompañado de sus Ángeles, como Él mismo indicó al explicar la parábola de la cizaña (Mt. 13, 41); y más claramente lo dijo en otra ocasión: “El Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus Ángeles, y entonces dará a cada uno según sus obras” (Mt. 16, 27).

 Asimismo, en los textos evangélicos en que describe su venida dice que enviará sus Ángeles con trompeta y con gran voz a congregar sus escogidos (Mt. 24, 31, y Mc. 13, 27). Y San Judas en su carta trae unas palabras de Enoc, que dice: “He aquí que el Señor viene con sus santas miríadas a hacer juicio contra todos y a convencer a los impíos acerca de todas las obras de su impiedad, que hicieron impíamente, y de todas las cosas duras que hablaron contra Dios los pecadores impíos” (Jud. 14-15).

 

  Resurrección de los santos y congregación de los escogidos

 

 Seguiráse después la resurrección de los santos. Verdad es que acerca de este punto no están de acuerdo los teólogos e intérpretes, pues que comúnmente dicen que la resurrección ha de ser de todos juntos y a un mismo tiempo. Pero esto ha de entenderse de la resurrección general. Mas esta resurrección particular de los Santos será como un privilegio, y así como resucitó Cristo y con Cristo resucitaron también otros santos, como dice San Mateo (27, 52-53), los cuales probablemente, como siente Santo Tomás (S. Th. Sup., 3 p., q. 77, a. 1, ad 3), no volvieron a morir, así también puede admitirse que cuando aparecerá Cristo en su segunda venida para destruir el Anticristo, resucitarán por privilegio, no todos los Santos, sino solamente algunos.

 “Vendrá, pues, el Señor sobre las nubes y acompañado de sus Ángeles con gran poder y majestad, y enviará sus Ángeles con gran voz y con sonido de trompeta y congregarán sus escogidos de los cuatro vientos desde un confín de los cielos hasta el otro confín” (Mt. 24, 31 y Mc. 13, 27). ¿Pero, quiénes son estos escogidos, y de dónde y adónde se han de congregar?

Estos escogidos de que habla aquí el Señor son de la tierra y de la tierra se han de tomar, y así parecen indicarlo claramente aquellas palabras que añadió después: “Entonces dos estarán en el campo, el uno será tomado y el otro será dejado; dos estarán moliendo en una muela, la una será tomada y la otra será dejada” (Mt. 24, 40-41 y Lc. 17, 34-35).

Pero, ¿para qué serán tomados y adónde han de ir? Eso mismo preguntaron los discípulos a Cristo: “¿Adónde, Señor?” Y Él les dijo: “En donde quiera que estuviere el cuerpo allí se congregarán las águilas” (Lc. 17, 37), que es como si dijera, así como las águilas o los buitres se congregan alrededor del cuerpo, así los escogidos se reunirán y juntarán alrededor de Cristo glorioso.

 De esta congregación de los escogidos habla también San Pablo en su primera carta a los Tesalonicenses, pero advierte que ha de preceder a ésta la resurrección de los que murieron en el Señor. Y así dice: “El mismo Señor, con imperio y con voz de arcángel y con trompeta de Dios, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán primero; después nosotros los vivientes, los que quedemos junto con ellos, seremos arrebatados en las nubes por el aire al encuentro del Señor, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tes. 16, 17). Y lo mismo dice en la primera carta a los Corintios. Dice que tocará la trompeta y los muertos resucitarán incorruptos, y nosotros (esto es, los que estuvieren vivos), seremos transformados.

 Según esto, distingue San Pablo claramente a la venida de Cristo dos clases o suertes de justos que se le juntarán. Los unos serán los muertos que resucitarán, primeramente, resucitarán incorruptos; los otros serán los vivos, los cuales no morirán, sino que serán transformados de mortales y corruptibles en incorruptibles e inmortales, y juntamente con los otros serán arrebatados por el aire sobre las nubes al encuentro de Cristo.

 Pero, ¿quiénes serán estos mortales tan dichosos que resucitarán entonces o serán transformados? ¿Serán todos los justos muertos? ¿Serán todos los justos vivos? San Pablo habla en términos generales, aunque no dice expresamente que hayan de ser todos los justos. Los textos evangélicos hablan de los escogidos, dicen que los Ángeles congregarán los escogidos, pero no dicen ni dan a entender que éstos sean todos los justos o predestinados. Y así de los dos que estarán en un campo dicen que el uno será tomado con Cristo, y el otro será dejado; no dicen que este otro será condenado, sino que será dejado.

 ¿Quiénes, pues, serán estos justos escogidos, que serán tomados y arrebatados para que se junten con Cristo en su venida? Si, como es probable, la resurrección de los justos de que habla San Pablo en su primera carta a los Tesalonicenses, es la que San Juan llama en el Apocalipsis la primera resurrección, entonces los resucitados, los escogidos son los que allí dice San Juan. Dice que vio las almas de los degollados por el testimonio de Jesús y por la palabra de Dios y los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen ni recibieron su marca o señal, en su frente o en su mano: y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Los otros muertos no vivieron hasta que se cumplan los mil años. Esta es la primera resurrección.

 Este texto de San Juan parece indicar dos clases o suertes de escogidos, los unos son los degollados por el testimonio de Jesús, esto es, los mártires, o todos o algunos, y en primer lugar los Apóstoles a los cuales prometió el mismo Cristo que en la regeneración se sentarían sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel; los otros son los que no adoraron a la bestia ni recibieron su señal, aunque no hayan sido martirizados sino que estén vivos, pues, de lo contrario, no había para qué distinguirlos de los mártires. Y de los unos y de los otros, dice San Juan, que vivieron; de los mártires porque resucitaron, de los otros porque, aunque estaban vivos, fueron transformados y comenzaron a vivir vida incorruptible e inmortal.

 

 Derrota y destrucción del Anticristo

 

 Efecto de la Venida de Cristo será también la destrucción del Anticristo y en general de todas las potestades antiteocráticas, que se oponen al gobierno de Dios. Vimos ya que el Anticristo ha de reunir sus reyes y sus ejércitos en Armagedón para pelear contra el Cordero. Entonces, pues, vendrá Cristo a destruirle y a salvar y librar a los suyos.

 

Así lo dijo ya Zacarías, según vimos, que: saldrá el Señor y peleará contra aquellas gentes enemigas de Jerusalén, y se afirmarán sus pies en el Monte de los Olivos (Zac. 14, 3-4). Y más claramente San Pablo en su segunda carta a los Tesalonicenses. “Y entonces se manifestará aquel inicuo, al cual el Señor matará con el soplo de su rostro y lo destruirá con el resplandor de su venida” (2 Tes. 2, 8).

 Y San Juan en el Apocalipsis dice lo mismo. Después de describir a Cristo Rey de reyes y Señor de señores montado sobre un caballo blanco, sus ojos como llama de fuego, en su cabeza muchas coronas, saliendo de su boca una espada aguda para herir con ella a las gentes, y seguido de los ejércitos y escuadrones celestiales, dice:

 “Y vi a la bestia (el Anticristo) y a los reyes de la tierra congregados para hacer guerra contra el que estaba sentado sobre el caballo y contra su ejército. Y fue presa la bestia y con ella el pseudoprofeta, el que hacía delante de ella las señales con que engañó a los que recibieron la señal de la bestia y adoraron su imagen. Ambos fueron echados vivos en un lago de fuego ardiendo en azufre. Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que estaba sentado sobre el caballo, y todas las aves se hartaron de las carnes de ellos” (Ap. 19, 19-21).

 Junto con esta derrota y destrucción del Anticristo y de las potestades antiteocráticas terrenas, parece probable, según veremos luego, que ha de ponerse también la atadura y encarcelamiento del diablo y de las potestades infernales que San Juan pone a continuación:

 “Y vi bajar del cielo un ángel, que tenía la llave del abismo, y una gran cadena en su mano. Y prendió al dragón, la serpiente antigua (la del paraíso), que es el diablo y Satanás y lo ató por mil años. Y lo arrojó al abismo, y cerró y selló sobre él para que no engañe más a las gentes, hasta que se cumplan mil años: y después de esto es necesario que sea desatado un poco de tiempo” (Ap. 20, 1-3).

 Y a esto mismo parece que se refiere Isaías en su profecía cuando dice: “Ese día Yahvé pedirá cuentas al ejército de los cielos, allá en lo alto (esto es, al diablo y a sus ángeles), y aquí abajo, a los reyes de la tierra (esto es, el Anticristo y los otros reyes sus partidarios); los juntará a todos y los meterá en un calabozo, y serán encerrados en la cárcel, y después de muchos días (los mil años de san Juan), recibirán su sentencia.”

 

 Reino de los santos

 

 Destruidas las potestades antiteocráticas y encadenado y encarcelado el demonio, seguiráse luego el reino de Cristo y de los Santos. Este reino predícelo el profeta Daniel en el capítulo séptimo de su profecía, en el cual, después de describir aquellas cuatro bestias que simbolizan cuatro imperios, después de describir los diez cuernos que proceden de la cuarta bestia, que son diez reyes y el undécimo cuerno (el Anticristo) que hablará palabras contra el Altísimo y quebrantará a los santos del Altísimo y pensará que puede mudar los tiempos y las leyes y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos y medio tiempo (esto es, tres años y medio) añade que se sentará el juez y le quitarán su señorío para que sea arruinado y destruido hasta el fin y para que el reino y el señorío y la majestad de los reinos de debajo de todo el cielo sea dada al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino sempiterno, y todos los reyes le servirán y obedecerán (al pueblo de los santos).

 En este texto se predice claramente que a la destrucción del Anticristo y de las otras potestades antiteocráticas seguirá no sólo un triunfo, sino un reino de Cristo y de los santos, un reino, que será sobre la tierra o debajo del cielo, como dice Daniel, un reino en que el poder será del pueblo de los santos del Altísimo, al cual pueblo todos los reyes servirán y obedecerán.

 Es, por consiguiente, muy probable que, inmediatamente después de la muerte del Anticristo, no se acabará el mundo, sino que se seguirá todavía la Santa Iglesia, el Reino de los Santos que ejercerá la soberanía sobre toda la tierra. Y en este sentido interpretan el texto de Daniel los mejores y más renombrados intérpretes, Maldonado, Mariana, Menoquio Tírini, Gaspar Sánchez, Cornelio a Lapide y Kabenbauer. Véase, por ejemplo, lo que dice Cornelio a Lapide: “Entonces, destruido el reino del Anticristo, la Iglesia reinará en toda la tierra y de los judíos y de los gentiles se hará un solo redil con un solo pastor.” [1]

 

 Resurrección Universal y Juicio Final

 

Seguiráse después la sublevación o rebelión de Gog y Magog contra la ciudad de los santos, que es probablemente, según veremos, diversa de la persecución del Anticristo. Luego, más tarde, el fuego de la conflagración, con el cual serán encendidos y abrasados los cielos y los elementos, según dice el apóstol San Pedro en su segunda carta (3, 7-12). Y, por fin, terminará todo con la resurrección última y el juicio final.

Esta resurrección y juicio lo describió Cristo a sus discípulos, según se refiere en el Evangelio de San Mateo (25, 31-46): “Cuando viniere el Hijo del hombre, en su gloria y todos los ángeles con Él, se sentará en el trono de su gloria. Y se juntarán delante de Él todas las gentes y las separará unas de otras como el pastor separa las ovejas de los cabritos: y pondrá las ovejas a la mano derecha y los cabritos a la izquierda. Entonces dirá el rey a los que estarán a su diestra: Venid, benditos de mi Padre, poseed el reino preparado para vosotros desde el principio del mundo; porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber. Y le responderán los justos diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, sediento y te dimos de beber? Y respondiendo el rey les dirá: En verdad os digo, que cuantas veces lo hicisteis con uno de mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis. Entonces dirá el rey a los que estén a su izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno, que está preparado para el diablo y para sus ángeles, porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber.” Y ellos le harán también la misma pregunta que los buenos y Él les dará la misma respuesta: “En verdad os digo, que cuantas veces no lo hicisteis con uno de estos pequeñuelos, tampoco conmigo lo hicisteis. E irán estos al suplicio eterno, y los justos, a la vida eterna.”

 Se contiene, pues, en esta descripción, el tribunal del juez, la congregación de las gentes, la separación de buenos y malos, el examen de la causa, la sentencia del juez y sus efectos, vida eterna y suplicio eterno. Más el examen de la causa, que se ciñe y circunscribe a las obras de misericordia.

 Otra descripción del juicio final hallamos en el Apocalipsis (20, 11-15): “Y vi un gran trono blanco, y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyó la tierra y el cielo, y no fue hallado el lugar de ellos. Y vi los muertos, grandes y pequeños, que estaban delante de Dios, y los libros fueron abiertos: y otro libro fue abierto el cual es el de la vida: y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar dio los muertos que estaban en él; y la muerte y el infierno dieron los muertos que estaban en ellos; y fue hecho juicio de cada uno según sus obras. Y el infierno y la muerte fueron echados en el lago de fuego. Esta es la muerte segunda y el que no fue hallado escrito en el libro de la vida, fue echado en el lago de fuego.”

 Y San Pablo (1 Cor. 15, 24-28) dice también que Cristo reinará hasta que ponga bajo sus pies a todos sus enemigos, y la última de todas será destruida la muerte: después de esto Cristo entregará su reino al Padre y entonces será Dios todo en todos.

Por último, como remate y complemento de todo, sucederán los cielos nuevos y la tierra nueva de que habla San Pedro (2 Pe. 3, 13), en los cuales habita la justicia, los nuevos cielos y tierra, que vio San Juan en el Apocalipsis y la nueva ciudad de Jerusalén, que allí describe, que bajaba del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido, el tabernáculo de Dios con los hombres, y morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y el mismo Dios con ellos será su Dios (Ap. 21, 1-27).

 

viernes, 27 de noviembre de 2020

Estados Unidos: Good Bye Mr. Ex President

 


Las elecciones presidenciales en EE.UU. disiparon las dudas de todos respecto a la caída progresiva que Estados Unidos experimenta en todos los sentidos.

Si a alguien le quedaban dudas respecto a la caída progresiva que Estados Unidos sufre en todas las materias posibles de comparación con otras potencias, la elección presidencial que enfrentó al actual y derrotado presidente Donald Trump y su retador, el veterano ex vicepresidente de Barack Obama, el demócrata Joe Biden, terminó de consolidar esta realidad de un país cuesta abajo en la rodada.

Es lógicamente interesado y es el deseo de todo antiimperialista, ver a Estados Unidos de capa caída sobre todo con la elección presidencial en Estados Unidos, que ha demostrado, sin lugar a duda, el agotamiento del modelo político en ese país. Lo anquilosado de su sistema electoral (1) y sobre todo, evidenciar la profunda división política y social de esta nación, que sufre gravísimas tensiones raciales, una enorme brecha económica entre multimillonarios, la clase más pudiente y el grueso de la población del país y sobre todo, el enorme poder de las grandes corporaciones económicas, el complejo militar industrial y los grupos de presión ejemplificados en el lobby energético, de las armas, el lobby saudí y sobre todo el grupo de presión sionista. Vinculación dinero y política, que terminó de horadar cualquier consideración de democracia en ese país.

Una mirada de estas elecciones, que no puede dejar de tener presente las situaciones de sanciones, embargos, bloqueos, desestabilización y agresiones a números países, que tienen un optimismo muy moderado respecto a que el cambio de mandatario en el Salón Oval, pueda modificar en algo la política exterior agresiva llevada a cabo por el contubernio imperialismo-sionismo que se expresó en cuatro años de gobierno de Donald Trump. Elecciones del presidente estadounidense, que muchos esperamos, en un futuro cercano, no tenga más la influencia que posee, sobre la marcha política y económica del mundo. Nuestras sociedades no merecen tensar su vida por hechos que suceden en una sociedad dividida y que poco interés tiene en las relaciones internacionales fructíferas y positivas, que sean de mutuo beneficio. Otro mundo es posible y ese requiere que Estados unidos tenga un cambio decisivo en política internacional.

Un País pandémico y bananero (2)

Todo lo mencionado marca la política tanto interna como externa de Estados Unidos y lo que ello implica para la suerte de cientos de millones de habitantes del gigante norteamericano, como miles de millones de seres humanos, sometidos a una visión mesiánica, basada en el destino manifiesto (3) que expresan tantos republicanos como demócratas y una conducta hegemónica, que en la línea del unilateralismo, pretende fijar posiciones de dominio sobre el conjunto del planeta. Un eje de acción donde Estados Unidos divide el mundo entre incondicionales y países a los cuales someter a sus presiones. No hay término medio lo que lógicamente despierta el recelo y levanta conceptos y prácticas de soberanía y defensa de los pueblos en aquellos países, que no están dispuestos a seguir en ese formato internacional.

En el aspecto económico las cifras muestran una abismal diferencia. Cuatrocientas personas en la nación norteamericana, que representa el 0,00025 de la población concentran el 3,2% del PIB. Mientras el 13% de este país de 320 millones de habitantes está considerado bajo la línea de la pobreza, es decir, sus ingresos no alcanzan a cubrir sus necesidades básicas. En Estados Unidos, el ingreso medio en un hogar de cuatro personas ronda los 96 mil dólares. Sin embargo, cuando utilizamos los indicadores y medidas oficiales para medir esos niveles de pobreza basados, fundamentalmente: en los ingresos antes del pago de los impuestos y cubrir las necesidades alimenticias básicas, una familia compuesta por cuatro personas, considerada bajo la línea de la pobreza considera un ingreso mensual equivalente a los 25 mil dólares anuales.

En este panorama, las familias negras que están en la categoría de pobres representan el doble que las familias blancas. Las familias latinas representan el 19% del total y las mujeres, con un 14% tienen más probabilidades de estar en la pobreza que los hombres que representan el 11%. En el caso de los menores de edad, según cifras del Centro de Datos Kinds Count – cuyos números son extraídos del censo estadounidense - el 11% de los niños blancos en Estados Unidos viven en la pobreza. Tasa que en el caso de los niños negros se triplica y llega a un 26% para los niños latinos. Estados Unidos posee un índice Gino que ha aumentado en los últimos años pasando de un 0,482 a un 0,485 (4)

¿Cómo es posible que la nación más rica de la tierra tenga estos indicadores de pobreza? En general los estudiosos del tema señalan una causa principal: Estados Unidos carece de una red que sea potente y amplia de protección social. Lo acontecido bajo la pandemia del Covid 19, con referencia a la decisión de Trump de otorgar apoyos económicos, no ha sido parte de una estrategia global de combate a la pobreza, sino más bien bonos específicos y que no se hacen parte de una red general, que vaya en apoyo a las familias más desposeídas. Los cupones de alimentos o seguros de desempleos son paliativos, no la solución. Sin ese apoyo el índice de pobreza habría sobrepasado el 17%. Cifras a las cuales hay que sumar una crisis económica, alto desempleo, cierre de miles de pequeñas y medianas empresas a causa de la pandemia por el Covid 19. Una pandemia que se ha ensañado con Estados Unidos y donde el negacionismo de la presidencia ante la gravedad de la enfermedad, un sistema público de salud deficiente y una sociedad, que no ha cumplido a cabalidad los consejos sanitarios de lucha contra la enfermedad, han dado como resultado que el país cuente con el mayor número de contagios (10 millones) y de muertes (250 mil) de todo el mundo por el Covid 19.

"Estados Unidos es uno de los países más ricos, poderosos y tecnológicamente innovadores del mundo; pero ni su riqueza ni su poder ni su tecnología se están aprovechando para abordar la situación en la que 40 millones de personas continúan viviendo en la pobreza. Tiene la mayor mortalidad infantil en el mundo desarrollado. la expectativa de vida de sus ciudadanos es menor y menos saludable que en otras democracias ricas y su pobreza y desigualdad están entre las peores del club de países ricos OCDE, y su tasa de encarcelamiento entre las mayores del mundo particularmente en un país rico como EE.UU., la persistencia de la pobreza extrema es una elección política hecha por aquellos en el poder" sostuvo en su oportunidad hace un par de años el entonces relator especial de la ONU para extrema pobreza y derechos humanos, Philip Alston.

La desigualdad salarial, producto de la pérdida de ingresos reales es otra de las variantes, que explican los altos niveles de pobreza. Los expertos se inclinan a un factor económico específico “el deterioro del mercado laboral de los Estados Unidos, para los trabajadores de menores salarios, que son cerca de 40% del total y han sufrido pérdidas en sus ingresos reales en las últimas décadas. Esto es atribuido a diversos motivos, desde la desindustrialización y el debilitamiento de los sindicatos, hasta las transformaciones tecnológicas. Christopher Wimer, codirector del Centro sobre Pobreza y Política Social en la Universidad de Columbia, sostiene que, en Estados Unidos, las oportunidades en el mercado laboral tienden a ir a personas con títulos universitarios y que se han beneficiado del crecimiento económico".

Es en este marco, donde se concretó la polémica elección del nuevo presidente Joseph Robinette Biden Jr. experimentado político de 77 años, nacido en Scranton, en el Estado de Pennsylvania, ex senador por Delaware, entre los años 1973 al año 2009 y ex vicepresidente bajo los dos mandatos de Barack Obama, entre los años 2009 al 2017. Biden, obtuvo en la elección del pasado 3 de noviembre, una histórica votación de 74 millones de votos contra setenta millones de su rival Donald Trump, en la elección más reñida y con la mayor cantidad de votantes porcentualmente hablando en los últimos 100 años.

Una elección que la población sintió como histórica y que reflejó datos muy interesantes según un trabajo entregado por el diario The New York Times que señaló que: el 47 de los votantes fue masculino donde el 495 de ellos votó por Trump y el 48% por Biden. El 53% d elas que acudieron a votar fueron mujeres d elas cuales el 43% voto por Trump y el 56% por Biden. Los blancos fueron el 65% d ellos votantes donde el 57% votó por Donald Trump y el 42% por el candidato demócrata. Los negros, que fueron el 12% de la masa de votantes, el 12% votó por Trump y el 87% por Biden. En el caso de los latinos estos representaron un 13 % del universo total de electores, donde el 32% votó por Trump y un 66% por el veterano ex vicepresidente. Cuando la referencia fue el mundo de estadounidense de origen asiático estos, que significan el 3% votaron en un 31% por Trump y una 63% por Joe Biden En el apartado Otros el 40% entregó sus votos a Trump y un 60% a Biden.

En materia de edad los datos son interesantísimos. En el tramo entre 18 a 29 años (17% de los votantes) el 35% votó por Trump y un 62% por Joe Biden. Entre los 30 a los 44 años (24% del padrón) el 45% dio su preferencia al actual presidente y el 52% a Biden. Cuando el tramo fue entre los 45 a los 64 años (38% del total de votantes) las cifras se acortaron y dieron un 49% a Trump y un 50% para el electo presidente. En la cifra etárea entre los 65 años y más (con un 22% de la masa electoral) el 51% se inclinó por Trump y el 48% por Joe Biden. En graduados universitarios, con un 44% de los votantes encuestados el 42% dio su preferencia a Trump y el 55% a Biden. En los no graduados con el 56% del total igualaron con un 49% cada candidato.

Con un presidente Trump que hasta el cierre de este artículo seguía sosteniendo que los demócratas habían cometido fraude y corrupción que hicieron que gran cantidad de cadenas televisivas interrumpieran sus declaraciones señalando que el presidente Trump mentía, un hecho inusual en la política estadounidense. Twitter, en más de una oportunidad, impidió que se siguiera publicando una serie de mensajes de Trump hablando de e fraude y corrupción bajo el rótulo “probablemente engañosos”. Por su parte, Facebook cerró algunas páginas de adherentes a Trump, entre ellos la página steap the steal, que, con 350 mil adherentes a Trump, llamaban a no reconocer la elección presidencial. A pesar de esto y las críticas al interior de su propio partido, Trump insiste en acudir a la justicia impugnando los comicios, pero sin aportar prueba alguna.

Cifras y hechos que dan muestra de un país dividido, con partidarios de Trump armados, con intenciones de ingresar a los locales donde se contabilizaban aún votos de esta contienda electoral y que se supone favorecen a Biden, exigiendo que cesara ese conteo. En cambio, en aquellos lugares donde los votos que se contaban eran de zonas donde favorecían a Trump exigían que siguiera el conteo. Un ambiente crítico y que además una vez que Biden asuma su mandato, tendrá los poderes de la Cámara de representantes en manos de los demócratas y el Senado en manos de los republicanos. Esto obligará a fijar acuerdos y políticas de consenso, donde esos 70 millones de votos de ciudadanos norteamericanos, que se inclinaron por la candidatura de Trump, en un país, que se ufanaba de ser un faro democrático para el resto del mundo y sin embargo ha demostrado algo más pedestre: una nación que, en la lucha encarnizada por el poder, su comportamiento es propio de lo que siempre criticó “es un país bananero”.

Desde el punto de vista de lo que Joe Biden tiene como trabajo doméstico esta labor es monumental y se le va a exigir medidas drásticas. Primero, unificar a poderes que se han tensionado fuertemente en estos cuatro años de mandato de Trump; en pos de sacar al país de la crisis. Será un trabajo difícil pues múltiples voces dentro del republicanismo, entre ellos la hija de Trump, la carismática Ivanka Trump y su hijo Donald Trump Jr. Este último ya señalado como posible candidato para las elecciones del año 2024, si su padre no se decide a volver a postular. Los 70 millones de votos obtenidos por Donald Trump, a contrapelo de todas las encuestas y análisis que señalaban a Biden triunfando por amplio margen, son un botín que no se puede despreciar. Tal como sostuvo The New York Times previó a la confirmación del triunfo de Joe Biden “Gane o pierda, Trump seguirá siendo una fuerza poderosa y perturbadora” Así es 70 millones de votos así lo avalan.

¿Trump el pacifista?

Me ha parecido necesario, al final de este artículo, referirme a una opinión que he escuchado y leído profusamente, en esta etapa de disputa electoral en Estados Unidos. Percibo en ella una distorsión de la realidad, tratando de presentar una imagen positiva de Trump, bajo el marco de una verdad indesmentible y que es necesario combatirla. Se afirma con convicción que Trump puede tener mil defectos, pero nunca generó una guerra, como si ello le diera más puntos frente a su rival demócrata o en comparación a otros mandatarios. Mi opinión es clara, no es necesario iniciar una guerra para ser un belicista, un desestabilizador o un golpista. Si bien es cierto Donald Trump no ha iniciado una guerra como las que conocemos de presidentes anteriores, tampoco ha detenido la participación de tropas norteamericanas en diversos frentes bélicos.

Trump y su administración, tampoco ha dejado de vender armas por miles y miles de millones de dólares a sus aliados, que son los que llevan a cabo estos conflictos, con el aval de Washington, el apoyo político, logístico, de sus servicios de inteligencia y de sus aliados. Un Estados Unidos que no ha dejado de desestabilizar a Cuba, Norcorea Nicaragua, Venezuela, Bolivia en su momento. Apoyo a regímenes como el de Brasil, Colombia, Chile que se caracterizan por sus acciones y apoyos a acciones golpistas en Venezuela, por ejemplo, a través del grupo de Lima y la OEA. No ha iniciado guerras en forma directa pero su papel ha sido relevante, como también sus constantes amenazas militares, decisiones económicas y políticas; ya sea enviando su flota naval al Golfo Pérsico, al Mar Meridional de la China, amenazar con un fuego apocalíptico. Imponer sanciones comerciales, congelar activos de los países enemigos o chantajear a gobiernos, para que se vote de acuerdo con sus intereses y sus aliados en el seno del Consejo de Seguridad o de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Un Donald Trump que no ha retirado tropas de ninguna de las zonas que dijo iba a retirar o de algunas de sus bases: Corea del Sur, Siria, Irak, Alemania, entre otras. Incluso más, ha movido tropas para seguir desestabilizando, por ejemplo, en Siria dentro del mismo país. En Irak, fortaleciendo bases más cerca de sus aliados kurdos o en las inmediaciones de la frontera con Siria o en aquellas bases que le permitan presionar a Irán, generar tensiones con la Federación rusa a través de la OTAN. Recordemos, que el primer viaje de Trump cuando fue electo presidente se concretó a dos entidades: Arabia Saudí donde vendió 110 mil millones de dólares en armas a la Casa al Saud, gestionó contratos para el lobby energético por 250 mil millones de dólares y de paso logró contratos en armas por 50 mil millones a los Emiratos Árabes Unidos. La escala siguiente fue al régimen sionista donde comenzó a fraguar el famoso plan criminal que denomino “La Imposición del siglo" destinado a concretar el robo total de Cisjordania.

Es decir, Trump no inició guerras, pero dio el aval para que ellas se desarrollaran con mayor profundidad, se intensificaran y sigan generando daño. No es casual que el presupuesto de armas del año 2020 fue de 800 mil millones de dólares el más alto de la historia de este país. No es casual que las 800 bases militares que tenía el año 2019 se han incrementado y algunas de ellas se han modernizado en Colombia, en la frontera con Venezuela para así intensificar su política de presión contra la nación sudamericana. Trump no inició una guerra, pero asesinó al general iraní Qasem Soleimani en un claro atentado propio de un acto de terrorismo de estado. No inicia guerras, pero permite los asentamientos con colonos terroristas sionistas en Cisjordania. No inicia guerras, pero nada dice del asesinato del periodista Jamal Kashoggi, la agresión a Yemen y el financiamiento de grupos terroristas como Daesh, Fath al Sham, Ahrar al Sham entre otros por parte de la Monarquía saudí a la cual tanto protege Trump, de quien se dice tiene negocios multimillonarios con Mohamad Bin Salman y de los cuales podrá gozar ahora que pasa a la jubilación como ex mandatario.

Un Trump que no inicia guerras, pero apoya a Marruecos en su ocupación del Sahara occidental impidiendo concretar el postergado referéndum de autodeterminación desde el año 1991. En Libia sus empresas energéticas apoyan a uno y otro bando en guerra. No es necesario usar tropas para iniciar guerras o permitir que continúen. Bien sabemos que el lobby energético, el de las armas, el lobby saudí y sionistas marcan la política exterior estadounidense. Sigue bloqueando Cuba, se retiró del acuerdo nuclear, de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de la UNESCO, no reconoce a la Corte penal Internacional, se enfrascó en una guerra comercial con China, ha intensificado el número de bases militares contra Venezuela, país al que sigue bloqueando, embargando y robando sus bienes.

Tal vez Joe Biden tenga también la consideración, al final de su mandato, de no haber iniciado una guerra, pero, mientras no cambie cada uno de los puntos señalados será parte de la misma camada de mandatarios estadounidenses al cual considerar como parte de una administración belicista y que tiene como objetivo mantener una hegemonía que si bien está a la baja sigue ocasionando daños y presiones a múltiples países en el mundo. A Biden hay que exigirle como primeras medidas el fin del bloqueo a Cuba y Venezuela, reincorporarse al Plan Integral de Acción Conjunta (JCPO por sus siglas en inglés) que implica terminar con las sanciones contra la República islámica de Irán.  Ser parte del acuerdo climático del cual Trump ha sido un objetor. Firmar el reconocimiento de la Corte Penal internacional. Acercar posiciones con China y la Federación Rusa, para así favorecer la generación de un clima internacional de mayor cordura. Ayudar a terminar la guerra en Libia y cesar el apoyo a gobiernos y regímenes como el sionista y el saudí. Apoyar los esfuerzos de autodeterminación del pueblo palestino. Retirar sus tropas de Irak y Afganistán. Sumarse a acuerdos multilaterales.

¿Peticiones utópicas? Puede ser, pero si no se hace el esfuerzo habrá dado exactamente lo mismo la fuerte disputa con un Donald Trump que hizo del mundo un lugar aún más inseguro, injusto y plagado de ambiciones megalómanas, de una mitomanía expresada en toda su extensión en su propio proceso electoral y un hombre peligroso capaz de incendiar su país en una lucha fratricida porque lo ha declarado: no le gusta perder. No está acostumbrado a eso, como lo ha confesado. Pero, la vida tiene sus lecciones y hoy a ese hombre que no le gusta la derrota y menos cuando estaba seguro que su triunfo era indiscutible, los votos uno a uno iba golpeando su ego y desarmando su blonda cabellera.

Una derrota que marcará a fuego a Trump, pues demuestra que es posible hacer morder el polvo de la derrota a los soberbios, por más dinero y poder que pretendan mostrar.  Pero también y lo más importante, una derrota también de un modelo de democracia que ya no da el ancho, que necesita cambios medulares en una sociedad donde negros, latinos, asiáticos, inmigrantes, anglosajones, requieren un nuevo trato social. Avanzar respecto a cuestiones fundamentales: enmiendas constitucionales como el tema de posesión de armas. Temas valóricos que siguen dividiendo a la sociedad estadounidenses. La inmigración, la relación contra culturas que elimine, por ejemplo, el peligroso camino de la islamofobia.

El gran perdedor de esta elección donde el triunfador formal ha sido Biden, es Estados unidos y su pueblo. Una sociedad que se ha fragmentado, como nunca antes en cuatro años de una presidencia, que claramente no estaba dirigida para gobernar a todos los estadounidenses, sino para el grupo denominado por Trump como “nosotros” a diferencia de “ellos”. Una forma de gobernar, que atacó los fundamentos en que estados unidos creía afirmarse: la honestidad de sus gobernantes, la verdad, la confianza en sus instituciones. Trump el polémico, el megalómano, el twittero obsesivo, el enemigo de la prensa ha dañado hasta la médula a un país que tendrá que hacer un trabajo de terapia, que tendrá enormes dificultades. Empezando por el propio Trump que estará al otro lado de las rejas de la Casa Blanca gritando sus acusaciones hasta el año 2024.

Si algo mostró con nitidez esta elección presidencial 2020 en Estados Unidos, es el ocaso del otrora referente de la democracia occidental, que agonizaba y que con el triunfo de Biden sobre Trump reveló que es necesario enterrar el puñal hasta el fondo del corazón. Una acción que tiene una tremenda incógnita, saber cuáles serán los pasos de un derrotado Donald Trump, que ha señalado que recurrirá a la justicia y a todos los caminos para defender lo que menciona como su triunfo. Podrá recurrir a la justicia, pero todo tiene una fecha límite, el día 20 de enero cuando con camas y petacas ya deba estar fuera de la Casa Blanca acompañada de su esposa la ex modelo Melania Trump. La peor imagen para el país norteamericano es ver un Trump resistiéndose y tensionando al país y a las mentes más afiebradas en este país, donde hay más armas que ciudadanos. Un Trump escoltado el día 20 de enero por un par de fornidos marines camino a la reja de salida de la Casa Blanca.  Good Bye Mr. Ex President

 LA opinión de este artículo no refleja la posición necesariamente la posición del blog, es sólo un artículo informativo


(1) El 2020 debería ser la última elección que votemos así. https://www.nytimes.com/es/2020/11/04/espanol/opinion/elecciones-estados-unidos-votacion.html

(2) País bananero. Concepto peyorativo derivado de la original república bananera, que se sigue usando hoy para describir a un país pobre, inestable, corrupto y poco democrático que se mueve al vaivén de los intereses extranjeros. El término fue acuñado por el escritor estadounidense William Sydney Porter, alias O. Henry, en 1904 en el cuento "El almirante" y refería a los años de vida de este autor en Honduras, productor de banas como recurso principal de exportación. Un concepto que hacía referencia a la influencia de la United Fruit Company norteamericana en estos países productores, para poner y botar gobiernos en base a la corrupción, la debilidad democrática, el poder de las corporaciones económicas y el poder militar servil al poder del dinero.

(3) Destino Manifiesto. Desde los llamados padres fundadores y las trece colonias hasta este año 2020, el Destino Manifiesto ha mantenido la idea, como eje central, que Dios eligió a los Estados Unidos para ser una nación superior en todos los ámbitos, principalmente: político, económico, militar, como estandarte de valores en el campo de la democracia, la vida social, la moral y otros elementos, que pueblan este mito profundamente supremacista y de corte ultranacionalista. https://www.telesurtv.net/bloggers/El-Destino-Manifiesto-Como-Mito-Parte-I-20200820-0003.html

(4) El coeficiente de Gini de un país mide la desigualdad de ingresos, En estados unidos ese índice pasó del 0,482 en 2017 al 0,485 el año pasado, según datos del Estudio de Comunidades Estadounidenses del Censo. El índice es una escala de 0 a 1: una puntuación de “0” indica una igualdad perfecta, mientras que una puntuación de “1” implica una desigualdad perfecta en la que un único hogar tiene todos los ingresos.