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jueves, 16 de julio de 2020

Pánico y absurdo político ante ‎la pandemia


Todas las grandes epidemias influyeron en el curso de la historia, no forzosamente por ‎haberse llevado grandes cantidades de vidas sino provocando revueltas y cambios de ‎regímenes políticos. Bajo los efectos del pánico, los humanos suelen ser incapaces de ‎reflexionar y llegan a comportarse como simple ganado. Muchas sociedades han sucumbido a las ‎decisiones que tomaron en momentos de crisis. ‎


Las calles desiertas de Nueva York, cuya población se halla bajo confinamiento por la crisis del ‎coronavirus. ‎

 A través de la Historia, las grandes epidemias que destruyeron economías de países enteros ‎se vieron a menudo seguidas de derrocamientos de gobiernos. La epidemia de Covid-19 ‎no debería ser la excepción, independientemente de la cifra total de decesos que llegue a provocar. ‎Es por eso que, prácticamente en todo el mundo, los dirigentes políticos están aplicando ‎medidas cuya inutilidad conocen, sólo para mostrar a sus conciudadanos que hacen todo ‎lo posible por protegerlos. ‎
La sicología social nos muestra que el miedo no es directamente proporcional al nivel de peligro ‎sino a la imposibilidad de evaluar ese peligro y a la incapacidad para controlar sus causas. ‎
Cuando aparece una enfermedad desconocida, la Ciencia trata de estudiarla dudando de todo. ‎Pero los responsables políticos, con mucho menos conocimiento de la enfermedad que los ‎hombres de ciencia, se ven empujados a tomar decisiones rápidas. Algunos se rodean entonces de ‎personalidades que en algún momento ‎se destacaron en el campo de la ciencia, califican a esas ‎personalidades de «expertos» –aun tratándose de un problema que esas personalidades todavía ‎no conocen– y utilizan a esos «expertos» para justificar sus decisiones políticas. El objetivo de ‎esos políticos no es salvar vidas sino garantizar la continuación de su propio poder. ‎


Confinamiento(s)
 Los medios de difusión tratan de convencer a sus conciudadanos de que «su» gobierno ha ‎adoptado las mismas medidas que otros gobiernos y de que por esa razón no puede ser acusado ‎de laxismo. Esos medios oscurecen el debate al afirmar injustificadamente que 3 000 millones ‎de personas están confinadas simultáneamente en todo el mundo por razones médicas, ‎afirmación que es simplemente una mentira ya que los medios mezclan de forma indiscriminada ‎situaciones muy diferentes. ‎


El término «confinamiento» está siendo utilizado hoy para designar indiferenciadamente:

- Una cuarentena, que en realidad es una medida de encerramiento o retención en un espacio ‎controlado, generalmente a bordo de un barco y por decisión de autoridades aduanales, durante ‎el tiempo suficiente para garantizar que personas, objetos o sustancias que deberían entrar en un ‎país o territorio no son portadores de alguna enfermedad. Esta medida fue inventada en 1374 ‎por el duque de Milán. Fue la medida que el gobierno de Japón aplicó en febrero de 2020 al ‎crucero británico Diamond Princess.

- Un cordón sanitario, o sea la medida de aislamiento aplicada a un país vecino o un grupo ‎poblacional afectado por alguna enfermedad para evitar que la enfermedad se transmita a otras ‎poblaciones. Esta fue la medida aplicada por las autoridades chinas para la provincia de Hubei. En ‎el siglo XVII, Italia y España recurrieron a la imposición de cordones sanitarios utilizando ‎para ello el ejército, que incluso tenía órdenes de disparar a matar contra los pobladores que ‎violaran la medida.

- El encierro de personas pertenecientes a grupos de riesgo. Se trata de la designación de una ‎categoría de la población cuyas características la hacen más vulnerable a la enfermedad o que ‎puede ser considerada como potencialmente enferma por lo cual se prohíbe a esa población el ‎contacto con otras personas, tanto para no exponerla al riesgo de infección como para evitar ‎que infecten a los demás. Eso es lo que se está haciendo en Francia, donde se prohíbe ‎el acceso a las instituciones dedicadas al cuidado de personas de la tercera edad y estas últimas ‎no tienen derecho a salir de dichas instituciones.

- El encierro a domicilio de toda una población, sin distinción de personas. Los médicos ‎especializados en epidemiología o virología no han solicitado esta medida. Los solicitantes son los ‎especialistas en estadísticas sobre epidemias y su objetivo es evitar que los hospitales lleguen a verse desbordados por una afluencia masiva de enfermos en un corto plazo de tiempo. ‎Esta medida no tiene precedente histórico. ‎

Históricamente, las únicas medidas que han dado a veces resultados positivos han sido las ‎tendientes a impedir que una enfermedad llegue a infectar un territorio, como en 1919, cuando ‎la Samoa estadounidense logró protegerse eficazmente de la gripe española, que sin embargo ‎asoló la vecina Samoa Occidental (el hoy Estado Independiente de Samoa). Sin embargo, ‎el cierre de una frontera es inútil cuando la enfermedad ya ha penetrado en el país. ‎

Lo que sí está demostrado es que las medidas que buscan frenar temporalmente una epidemia ‎nunca han logrado disminuir la mortalidad. Peor aún, al prolongar en el tiempo el periodo de ‎propagación de la enfermedad, esas medidas hacen que la población sea más vulnerable a una ‎segunda y a una tercera ola de contaminación, hasta la eventual aparición de una vacuna y su ‎producción masiva –lo cual requiere como mínimo 18 meses de preparación. ‎

Mientras tanto, las poblaciones que rechazan el encierro a domicilio van adquiriendo una ‎inmunidad de grupo que las protege ante las nuevas olas de contaminación. Contrariamente a ‎lo que afirma el discurso dominante, las formas actuales de confinamiento favorecen ‎considerablemente la cantidad de decesos. Dado el hecho que algunos países –como Corea ‎del Sur y Suecia– no practican tales medidas, en el futuro será posible comparar los resultados ‎ante nuevas olas de contaminación. La política de híper precaución de los dirigentes políticos ‎puede entonces volverse contra ellos. ‎
‎Las videoconferencias surgieron como una manera de acercar a las ‎personas geográficamente distantes. Hoy sirven para evitar el contacto físico. ‎



Decadencia de la civilización

No es posible vivir juntos si tenemos miedo unos de otros. La civilización no puede basarse en la ‎desconfianza. Eso implica que no es humanamente aceptable, por ejemplo, prohibir el acompañamiento de los enfermos en su lecho de muerte. No podemos aceptar que nos priven de ‎nuestra libertad sin razones válidas. ‎

La Convención Europea de Derechos Humanos del 4 de noviembre de 1950, firmada por todos ‎los Estados del continente europeo –desde el Reino Unido hasta Rusia– autoriza en su Artículo 5 ‎‎«la detención regular de una persona susceptible de propagar una enfermedad contagiosa», ‎pero no para manejar la afluencia de pacientes a los hospitales. ‎

Los Tratados de la Unión Europea ponen la barra más alto aún al afirmar que el «derecho de ‎circulación de las personas» es parte de la identidad misma de la Unión Europea. De hecho, ‎varios Estados miembros de la Unión Europea se han puesto al margen de esa regla fundamental, ‎iniciando así la desagregación del Estado supranacional. ‎

Varios gobiernos han optado por convertir a los ciudadanos en enemigos. Al hacerlo, privan ‎al Estado de su legitimidad ya que lo convierten en enemigo de la población. ‎

En Francia, el prefecto de policía de París, Didier Lallement, declaró públicamente que ‎los enfermos que hoy se encuentran en unidades de cuidados intensivos son personas que ‎violaron las medidas de confinamiento. ‎

En otras latitudes, el presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, ordenó inicialmente a la policía ‎‎«tirar a matar» contra todo ciudadano que intentara violar las reglas de confinamiento, orden ‎que luego modificó. ‎

Si bien todos parecen conscientes del costo económico exorbitante de la política actual y de su ‎impacto psicológicamente destructivo en las personas vulnerables, pocos tienen conciencia del ‎precio político futuro. ‎



Uso de trajes herméticos para evitar el contagio con el Covid-19 ‎en Wuhan. ¿Cuándo tendremos algo que nos proteja contra la NBC y CNN?‎

                                          Medidas de tipo placebo

cubre bocas de las pestes de la edad media


 Sin saber nada de la nueva enfermedad, las autoridades médicas y políticas aplican medidas que ‎no pasan de ser simples placebos, para mantener alta la moral de sus conciudadanos. ‎

En el siglo XVII, los médicos que luchaban contra la peste portaban una especie de traje ‎confeccionado con lino, cuero o tejido encerado y una máscara con un pico alargado en el que ponían esencias de menta, de alcanfor u otras para purificar el aire que respiraban. El uso de esa indumentaria, inventada por el médico del rey de Francia, se extendió por toda Europa. Hoy en día, ante el ‎coronavirus, el personal sanitario recurre al uso de trajes herméticos de plástico o de goma y de ‎máscaras, tapabocas o nasobucos quirúrgicos. El uso de este último accesorio sanitario por parte ‎de la población se inició en tiempos de la epidemia de gripe española, en 1918, en Japón e ‎infundió cierta confianza a la población japonesa al equiparla con un accesorio similar al que ‎usaban los cirujanos occidentales. El uso del nasobuco se extendió paulatinamente por Asia y ‎ahora se expande mundialmente, incentivado por la epidemia de coronavirus. ‎

En realidad, la eficacia de la indumentaria que usaban los médicos contra la peste nunca llegó a ‎demostrarse, como tampoco se ha demostrado ahora la eficacia del uso masivo de máscaras ‎quirúrgicas ante la actual epidemia de coronavirus. Pero al recomendar el uso de ese accesorio, ‎las autoridades chinas, y posteriormente los dirigentes políticos de casi todo el mundo, proponen ‎una “solución” para un problema que de hecho nadie puede resolver en este momento. ‎Lo esencial no es prevenir y mucho menos curar, sino hacer ver que algo hacen. ‎



Thierry Meyssan





lunes, 13 de julio de 2020

EL COMUNISMO DENTRO DEL MODERNISMO. CARTA ABIERTA A LOS CATOLICOS PERPLEJOS



¿Significa hacer política querer apartar el socialismo y el comunismo de nuestras escuelas? El católico siempre pensó que la iglesia se oponía a estas doctrinas a causa del ateísmo militante que ellas profesan. Y ese católico tiene completa razón en cuanto al principio y en cuanto a las aplicaciones: el ateísmo determina modos radicalmente diferentes de concebir el sentido de la vida, el destino de las naciones, las orientaciones de la sociedad. Por eso no sale uno de su asombro cuando lee en Le Monde del 5 de junio de 1984 que monseñor Lustiger, al responder a las preguntas de ese diario y al expresar, por lo demás, varias ideas muy justas, se lamenta de haber visto desperdiciar una oportunidad histórica con la votación del Parlamento sobre la escuela libre. Dice que esa oportunidad consistía en encontrar, de acuerdo con los socialistas y comunistas, una serie de valores fundamentales para la educación de los niños. ¿Qué valores fundamentales comunes puede haber entre la izquierda marxista y la doctrina cristiana? Son cosas radicalmente opuestas. Pero el católico ve con sorpresa cómo se intensifica el diálogo entre la jerarquía eclesiástica y los comunistas. Dirigentes soviéticos y hasta terroristas como Yaser Arafat son recibidos en el Vaticano. El concilio Vaticano II dio el tono al negarse a renovar la condenación del comunismo.
Como en los proyectos que les habían sido sometidos no encontraban ningún indicio sobre este punto, cuatrocientos cincuenta obispos, recordémoslo, firmaron una carta en la que reclamaban una enmienda en ese sentido. Los obispos se apoyaban en las pasadas condenaciones y particularmente en la afirmación de Pío XI que calificaba al comunismo como "intrínsecamente perverso", con lo cual quería significar que en esa ideología no había aspectos negativos y aspectos positivos, sino que era menester rechazarla en su totalidad. Bien se recuerda lo que ocurrió: la enmienda no fue transmitida a los padres, el secretario general del concilio declaró que no tuvo conocimiento de ella, luego la comisión admitió que había recibido la enmienda pero demasiado tarde, lo cual no era exacto. Se produjo un escándalo que terminó, por orden del Papa, con un agregado a la constitución, Gaudium et Spes de un pasaje alusivo sin grandes alcances. ¡Cuántas declaraciones de obispos para justificar o para alentar la colaboración con los comunistas, independientemente del ateísmo implícito! "No me corresponde a mí, sino a los cristianos, que son adultos, responsables", decía monseñor Matagrin, "resolver en qué condiciones pueden colaborar con los comunistas". Para monseñor Delorme los cristianos deben "luchar para que haya más justicia en el mundo junto con todos -aquellos amantes de la justicia y la libertad, incluso los comunistas". El mismo toque de campanas se percibe en monseñor Poupard, quien incita a "trabajar con todos los hombres de buena voluntad en las obras de la justicia, en las que se construye incansablemente un mundo nuevo". En un boletín diocesano se dice así la oración fúnebre de un padre obrero: "Tomó partido por el mundo de los trabajadores en las elecciones municipales. No podía ser el sacerdote de todos. Eligió a quienes elegían una sociedad socialista. Fue duro para él, se hizo enemigos, pero también muchos amigos nuevos. Tit-Paul era un hombre bien situado". Hace poco un obispo disuadía a sus sacerdotes de hablar en sus parroquias de la obra "Ayuda a la Iglesia en apuros" diciendo: "Tengo la impresión de que esta obra se presenta con aspectos demasiado exclusivamente anticomunistas". Se comprueba con desconcierto que la excusa dada a este género de colaboración descansa en la idea, ella misma falsa, de que el partido comunista tiene por finalidad instaurar la justicia y la libertad. Sobre este punto hay que recordar las palabras de Pío IX: "Si los fieles se dejan engañar por los promotores de las actuales maniobras, si consienten en conspirar con ellos en favor de los sistemas perversos del socialismo y del comunismo, sepan y consideren seriamente esto: acumulan para sí mismos y ante el divino Juez caudales de venganza para el día de la cólera; mientras tanto, de esa conspiración no se seguirá ninguna ventaja temporal para el pueblo, sino que antes bien se producirá un acrecentamiento de miserias y de calamidades". Para ver la exactitud de esta advertencia formulada en 1849, hace casi ciento cuarenta años, basta observar lo que ocurre en todos los países colocados bajo el yugo comunista. Los acontecimientos han dado razón a aquel papa y a pesar de ello la ilusión continúa viva y aun se acentúa.
Hasta en Polonia, país eminentemente católico, los pastores ya no dan como primordial la cuestión de la fe católica y de la salvación de las almas por la cual hay que aceptar todos los sacrificios, incluso el de la vida. En su espíritu, lo que más importa es no provocar una ruptura con Moscú lo cual permite a Moscú reducir a una esclavitud completa
al pueblo polaco sin encontrar verdadera resistencia en ese pueblo. El padre Floridi 7 muestra con claridad los compromisos que implica la Ostpolitik vaticana: "Es sabido que los obispos checoslovacos consagrados por monseñor Casaroli son colaboradores del régimen así como lo son los obispos que dependen del patriarcado de Moscú... Feliz por haber podido dar un obispo a cada diócesis húngara, el papa Pablo VI rindió homenaje a Janos Kadar, primer secretario del partido comunista húngaro, 'principal promotor y el hombre más autorizado de la normalización de las relaciones entre la Santa Sede y Hungría'. Pero el Papa no mencionaba el elevado precio con que se había pagado esta normalización: la introducción en puestos importantes de la Iglesia de 'sacerdotes de la paz'... Ciertamente grande fue el estupor de los católicos cuando oyeron al sucesor del cardenal Midszenty, el cardenal Laszlo Lekai, prometer que se intensificaría el diálogo entre católicos y marxistas." Al referirse a la perversidad intrínseca del comunismo, Pío XI agregaba: "y no se puede admitir en ningún terreno la colaboración con el comunismo por parte de quien quiera salvar la civilización cristiana. Esta ruptura de la enseñanza de la Iglesia, agregada a las otras que enumeré, nos obliga a afirmar que el Vaticano está penetrado por modernistas y hombres de este mundo que creen encontrar en las astucias humanas y diplomáticas más eficacia para la salvación del mundo que lo instituido por el divino fundador de la Iglesia. He mencionado al cardenal Midszenty; lo mismo que él, todos los héroes y los mártires del comunismo, en particular los cardenales Beran, Stepinac, Wyszynski, Slipyi son considerados testimonios molestos por la actual diplomacia vaticana y, digámoslo, como reproches mudos en lo que se refiere a aquellos que hoy descansan ya en la paz del Señor, en tanto se procura acallar la voz potente de monseñor Slipyi. Los mismos acercamientos se producen con la masonería, a pesar de la declaración sin ambigüedades de la Congregación para la Doctrina de la Fe de febrero de 1981, que había sido precedida por una declaración de la conferencia episcopal alemana en abril de 1980. Pero el nuevo derecho canónico no hace mención alguna de esos acercamientos ni formula expresamente ninguna sanción. Los católicos se habían enterado ya antes de que los masones B 'nai Brith habían sido recibidos en el Vaticano y que en fecha reciente el arzobispo de París recibía al gran maestre de una logia para mantener una conversación con él, a pesar de que algunos eclesiásticos se niegan a ver reconciliada la sinagoga de Satanás con la Iglesia de Cristo. Se tranquiliza a los católicos diciéndoles, como en todo lo demás: "La condenación de las sectas tal vez estuviera justificada ayer, pero hoy los hermanos masones no son lo que eran". Veamos, pues, cómo se comportan hoy. El escándalo de la logia P2 en Italia está todavía fresco en todas las memorias. En Francia no cabe ninguna duda de que la ley laica contra la enseñanza libre es ante todo la obra del Gran Oriente, que multiplicó las presiones sobre el Presidente de la República y los afiliados presentes en el gobierno y en los gabinetes ministeriales para que se realice por fin el "gran servicio único de la educación nacional". Y esta vez hasta actuaron a plena luz del día; diarios como Le Monde informaron regularmente sobre los trámites y en las revistas masónicas se publicó el plan y la estrategia.


domingo, 12 de julio de 2020

EL SERCRETO ADMIRABLE DEL SANTÍSIMO ROSARIO. San Luis María Grignion de montfort


EL ROSARIO EN FAMILIA
18a Rosa
52) Esta divina salutación atrae sobre nosotros la bendición abundante de Jesús y María, porque es principio infalible que Jesús y María recompensan magnánimamente a quienes les glorifican: devuelven centuplicadas las bendiciones que reciben. "Ego diligentes me diligo... ut ditem diligentes me et thesauros eorum repleam" (5). Es lo que claman claramente Jesús y María: "Amamos a quienes nos aman, los enriquecemos y henchimos sus tesoros." "Qui seminat in benedictionibus, in benedictionibus et metet" (6): Los que siembran bendiciones, recogerán bendiciones.
Ahora bien, rezar debidamente la salutación angélica ¿no es amar, bendecir y glorificar a Jesús y María? En cada avemaría decimos una bendición doble, una a Jesús y otra a María: "Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús." Por cada avemaría rendimos a María el mismo honor que Dios le rindió, saludándola con el arcángel Gabriel.
¿Quién podrá creer que Jesús y María -que tantas veces hacen bien a quienes les maldicen lancen maldición contra quienes les honran y bendicen con el avemaría?
La Reina de los cielos, dicen San Bernardo y San Buenaventura, no es menos agradecida y cortés que las personas de más alta condición del mundo; las aventaja en tal virtud como en todas las demás perfecciones y no dejará que la honremos respetuosamente sin darnos el ciento por uno. María -dice San Buenaventura- nos saluda con la gracia si la saludamos con el avemaría: "Ipsa salutabit nos cum gratia si salutaverimus eam cum Ave Maria."
¿Quién podrá comprender las gracias y bendiciones que operan en nosotros el saludo y las miradas benignas de la Santísima Virgen? Desde el momento en que oyó Santa Isabel el saludo que le hacía la Madre de Dios, fue llena del Espíritu Santo, y su niño saltaba de gozo. Si nos hacemos dignos del saludo y la bendición recíprocos de la Santísima Virgen, seremos sin duda llenos de gracia, y un torrente de consuelos espirituales inundará nuestras almas.
19a Rosa
53) Está escrito: "Dad y se os dará" (7). Tomemos la comparación del Beato Alano: "Si yo os diese cada día ciento cincuenta diamantes, ¿no me perdonaríais aunque fuerais mi enemigo? ¿No me otorgaríais como a amigo todas las gracias posibles? ¿Queréis enriqueceros con bienes de gracia y de gloria? Saludad a la Santísima Virgen, honrad a vuestra bondadosa Madre."
"Sicut qui thesaurizat, ita et qui honorificat matrem" (8). El que honra a su Madre, la Santísima Virgen, es como el que atesora.
Presentadle, al menos, cincuenta avemarías diariamente, cada una de las cuales contiene quince piedras preciosas, que le son más agradables que todas las riquezas de la tierra. ¿Qué no podréis esperar de su liberalidad? Ella es nuestra Madre y nuestra amiga. Es la Emperatriz del Universo, que nos ama más que todas las madres y reinas reunidas amaron a hombre alguno, porque, como dice San Agustín, la caridad de la Virgen María excede a todo el amor natural de todos los hombres y de todos los ángeles.
54) Nuestro Señor se apareció un día a Santa Gertrudis contando monedas de oro; ella tuvo curiosidad de preguntarle qué contaba. "Cuento -respondió Jesucristo- tus avemarías: son la moneda con que se compra mi paraíso."
El devoto y docto Suárez, de la Compañía de Jesús, estimaba de tal modo la salutación angélica, que decía que con gusto daría toda su ciencia por el precio de un avemaría bien dicha.
55) El Beato Alano de la Roche se dirige así a la Santísima Virgen: "Que quien te ama, oh excelsa María, escuche esto y se llene de gozo: El cielo exulta de dicha, y de admiración la tierra, cuando digo Ave María. Mientras aborrezco al mundo, en amor de Dios me inundo cuando digo Ave María. Mis temores se disipan, mis pasiones se apaciguan, cuando digo Ave María. Se aumenta mi devoción y alcanzo la contrición cuando digo Ave María. Se confirma mi esperanza, mi consuelo se agiganta, cuando digo Ave María. Mi alma de gozo palpita, mi tristeza se disipa, cuando digo Ave María, porque la dulzura de esta suavísima salutación es tan grande que no hay término apropiado para explicarla debidamente, y después que hubiera uno dicho de ella maravillas, resultaría aún tan escondida y profunda que no podríamos descubrirla.
Es corta en palabras, pero grande en misterios; es más dulce que la miel y más preciosa que el oro. Es preciso tenerla frecuentemente en el corazón para meditarla y en la boca para leerla y repetirla devotamente."
"Auscultet tui nominis amator, o Maria, coelum gaudet, omnis terra stupet cum dico Ave Maria; Satan fugit, infernus contremiscit, cum dico Ave Maria; mundus vilescit, cor in amore liquescit, cum dico Ave Maria; terror evanescit, caro marcescit, cum dico Ave Maria; crescit devotio, oritur compunctio, cum dico Ave Maria; spes proficit, augetur consolatio, cum dico Ave Maria; recreatur animus, et in bono confortatur aeger affectus, cum dico Ave Maria. Siquidem tanta suavitas hujus benignae salutationis, ut humanis non possit explicari verbis, sed semper manet altior et profundior quam omnis creatura indagare sufficiat. Haec oratio parva est verbis, alta mysteriis, brevis sermone, alta virtute, super mel dulcis, super aurum pretiosa; ore cordis est jugiter ruminanda labiisque puris frequentissime legenda ac devote repetenda."
El amador cuando investiga tu nombre, oh María, el cielo se alegra, toda la tierra permanece estupefacta, cuando digo Ave María: Satanás se va, el infierno teme, cuando digo Ave María el mundo envilece, la carne se inmuta, cuando digo Ave María; crece la devoción, aumenta la compunción, cuando digo Ave María; profeso mi esperanza aumenta la consolación, cuando digo Ave María el ánimo cobra aliento y en el bien se recrea el afecto, cuando digo Ave María. Se encuentra tanta suavidad en esta benigna salutación que lo humano no la puede explicar estas palabras pues siempre permanece muy alto y muy profundo que ninguna criatura podrá indagar lo suficiente. Esta oración es pequeña, de altos misterios, breve sermón, alta virtud, más dulce que la miel, es más preciosa que el oro, en la boca del corazón es ruñida con alegría, muy frecuentemente es pura en los labios ya leída o devotamente repetida. (Sepan disculpar mis errores de traducción pues no tengo en mi poder ningún diccionario latino- español y traduzco como lo aprendí en el seminario)
Refiere el mismo Beato Alano, en el capítulo 69 de su Salterio, que una religiosa muy devota del Rosario se apareció después de su muerte a una de sus hermanas y le dijo: "Si pudiera volver a mi cuerpo para decir solamente un avemaría, aun cuando fuera sin mucho fervor, por tener el mérito de esa oración, sufriría con gusto cuantos dolores padecí antes de morir." Hay que advertir que había sufrido durante varios años crueles dolores.
56) Miguel de Lisle, Obispo de Salubre, discípulo y colega del Beato Alano de la Roche en el restablecimiento del Santo Rosario, dice que la salutación angélica es el remedio de todos los males que nos afligen, con tal que la recemos devotamente en honor de la Santísima Virgen.
20a Rosa
Breve explicación del avemaría.
57) ¿Estáis en la miseria del pecado? Invocad a la divina María; decidle: "Ave", que quiere decir: "Te saludo con profundo respeto, oh Señora, que eres sin pecado, sin desgracia." Ella os librará del mal de vuestros pecados.
¿Estáis en las tinieblas de la ignorancia o del error? Venid a María; decidle: "Ave, María", es decir: "Iluminada con los rayos del sol de justicia." Ella os comunicará sus luces.
¿Estáis separados del camino del cielo? Invocad a María, que quiere decir: Estrella del mar y Estrella polar que guía nuestra navegación en este mundo. Ella os conducirá al puerto de eterna salvación.
¿Estáis afligidos? Recurrid a María, que quiere decir: "mar amargo", que fue llena de amarguras en este mundo, al presente cambiada en mar de purísimas dulzuras en el cielo. Ella convertirá vuestra tristeza en alegría y vuestras aflicciones en consuelos.
¿Habéis perdido la gracia? Honrad la abundancia de gracias de que Dios llenó a la Santísima Virgen; decidle: "Llena de Gracia" y de todos los dones del Espíritu Santo. Ella os dará sus gracias.
¿Os sentís solos y abandonados de Dios? Dirigíos a María y decidle: "El Señor es contigo" más noble e íntimamente que en los justos y los santos, porque eres con Él una misma cosa; pues, siendo tu Hijo, su carne es tu carne, y, dado que eres su Madre, estás con el Señor por perfecta semejanza y mutua caridad. Decidle, en fin: "Toda la Trinidad Santísima está contigo, pues Tú eres su Templo precioso." Ella os colocará bajo la protección y salvaguardia de Dios.
¿Habéis llegado a ser objeto de la maldición de Dios? Decid: "Eres bendita entre todas las mujeres" y de todas las naciones por tu pureza y fecundidad; Tú cambiaste la maldición divina
en bendición. Ella os bendecirá.
¿Estáis hambrientos del pan de la gracia y del pan de la vida? Acercaos a la que ha llevado el pan vivo que descendió del cielo; decidle: "Bendito es el fruto de tu vientre", que concebiste sin detrimento de tu virginidad, que llevaste sin trabajo y que diste a la vida sin dolor. Sea bendito "Jesús", que rescató del cautiverio al mundo, que curó al mundo enfermo, resucitó al hombre muerto, hizo volver al desterrado, justificó al hombre criminal, salvó al hombre condenado. Sin duda vuestra alma será saciada del pan de la gracia en esta vida y de la gloria eterna en la otra. Amén.
58) Concluid vuestra oración con la Iglesia, y decid: "Santa María", santa en cuerpo y alma, santa por tu abnegación singular y eterna en el servicio de Dios, santa en calidad de Madre de Dios, que te ha dotado de una santidad eminente, como convenía a tan infinita dignidad.
"Madre de Dios" y también Madre nuestra, nuestra Abogada y Mediadora, Tesorera y Dispensadora de las gracias de Dios, procúranos prontamente el perdón de nuestros pecados y nuestra reconciliación con la Majestad divina.
"Ruega por nosotros, pecadores", pues tienes tanta compasión con los miserables, que no desprecias ni rechazas a los pecadores, sin los cuales no serías la Madre del Salvador.
"Ruega por nosotros ahora", durante el tiempo de esta corta vida frágil y miserable; "ahora", porque sólo nos pertenece el momento presente; ahora, que estamos acometidos y rodeados noche y día de poderosos y crueles enemigos.
"Y en la hora de nuestra muerte", tan terrible y peligrosa, en que nuestras fuerzas estarán agotadas, en que nuestros espíritus y nuestros cuerpos estarán abatidos por el dolor y el terror; en la hora de nuestra muerte, en que Satanás redoblará sus esfuerzos por nuestra eterna perdición; en esa hora en que se decidirá nuestra suerte dichosa o desgraciada para toda la eternidad. Ven en auxilio de tus pobres hijos; Oh Madre compasiva, abogada y refugio de los pecadores; aleja de nosotros en la hora de la muerte a los demonios, enemigos y acusadores nuestros, cuyo aspecto horroroso nos espanta. Ven a iluminarnos en las tinieblas de la muerte.
Condúcenos, acompáñanos al tribunal de nuestro Juez, tu Hijo, intercede por nosotros para que nos perdone y nos reciba en el número de tus escogidos en la mansión de la gloria eterna. "Amén." Así sea.
59) ¿Quién no admirará la excelencia del Santo Rosario, compuesto de dos partes divinas: la oración dominical y la salutación angélica? ¿Hay oración más grata a Dios y a la Santísima Virgen, más fácil, más dulce y más saludable para los hombres? Tengámoslas siempre en el corazón y en la boca para honrar a la Santísima Trinidad, a Jesucristo nuestro salvador y a su Santísima Madre. Además, al fin de cada decena es conveniente añadir el gloria: Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.



viernes, 10 de julio de 2020

Lo que muestran las manifestaciones en ‎Estados Unidos


Estados Unidos: más de 200 detenidos en Washington D.C. en medio ...
Las manifestaciones contra el racismo en Estados Unidos han evolucionado ‎rápidamente hacia una promoción de las ideas que el Partido Demócrata quiere ‎implantar. Ya no se trata de luchar por la igualdad de derechos para todos, ni de ‎cuestionar los prejuicios de ciertos policías sino de reabrir un verdadero conflicto ‎cultural, lo cual implica el riesgo de hacer estallar una nueva Guerra de Secesión.‎


Las manifestaciones en Estados Unidos ya no están dirigidas contra el racismo sino contra los ‎símbolos de la historia del país. La Guardia Nacional fue desplegada para proteger ‎monumentos. Aquí la vemos, el 2 de junio de 2020, en el Lincoln Memorial de Washington.
Las manifestaciones que se han iniciado en diversos países de Occidente contra el racismo en ‎Estados Unidos están disimulando la verdadera evolución del conflicto en suelo estadounidense. ‎En los propios Estados Unidos, los hechos se han deslizado de un cuestionamiento inicial de las ‎secuelas que aún persisten desde los tiempos de la esclavitud de los negros hacia un conflicto ‎diferente, capaz de poner en peligro la integridad misma del país. ‎
La semana pasada yo recordaba en este mismo sitio web que Estados Unidos pudo haberse ‎disuelto después de la desaparición de la Unión Soviética ya que parte de la identidad ‎estadounidense se basaba entonces en la oposición a la URSS. Sin embargo, el proyecto imperialista –la ‎‎«guerra sin fin»– puesto en manos de George W. Bush permitió reactivar el país después de los ‎atentados del 11 de septiembre de 2001.
También subrayaba que durante las últimas décadas la población estadounidense se había desplazado considerablemente para reagruparse ‎geográficamente por afinidades culturales [1]. Los matrimonios entre personas de ‎razas diferentes comenzaron a disminuir nuevamente. Y llegaba a la conclusión de que la ‎integridad de Estados Unidos estaría en peligro cuando otras minorías, aparte de los negros, ‎se unieran al movimiento de protesta [2].‎
Eso es precisamente lo que hoy estamos viendo. El conflicto ya no es de blancos contra negros ‎ya que los blancos se han hecho mayoritarios en ciertas manifestaciones antirracistas y visto ‎el hecho que hispanos y asiáticos se han unido a las marchas y que el Partido Demócrata ahora ‎se implica en ellas. ‎
Desde el mandato de Bill Clinton, el Partido Demócrata se ha identificado con el proceso de ‎globalización financiera, tendencia que el Partido Republicano apoyó tardíamente y sin llegar ‎nunca a adoptarla plenamente. ‎
Donald Trump representa una tercera vía: la del «sueño americano», o sea la vía del ‎empresariado contrario al mundo de la finanza. Trump logró ganar la elección presidencial bajo ‎el lema «America First!», que no era –aunque así se dijo– una referencia al movimiento ‎aislacionista pronazi de los años 1930 sino al regreso de los puestos de trabajo que las ‎transnacionales estadounidenses habían trasladado a otros países sin importarles el aumento del ‎desempleo en Estados Unidos. Trump contó ciertamente con el apoyo del Partido Republicano, ‎pero sigue siendo un «jacksoniano» [seguidor de los principios políticos de Andrew Jackson, el ‎séptimo presidente de Estados Unidos (1829 a 1837)] y no es lo que normalmente se entiende ‎por «conservador». ‎
Como lo demostró el historiador Kevin Phillips –el consejero electoral de Richard Nixon–, la cultura ‎anglosajona ha dado lugar a 3 guerras civiles sucesivas [3]:
Descripción: - la primera guerra civil inglesa, también llamada «Gran Rebelión», entre los seguidores de Oliver ‎Cromwell y los defensores del rey Carlos I, de 1642 a 1651;
Descripción: - la segunda guerra civil inglesa o «Guerra de Independencia de Estados Unidos», de 1775 ‎a 1783;
Descripción: - la tercera guerra civil anglosajona o «Guerra de Secesión», en Estados Unidos, de 1861 ‎a 1865. ‎
Los acontecimientos actuales en Estados Unidos podrían llevar a una cuarta guerra. Al menos ‎eso es lo que parece pensar el general James Mattis, ex secretario de Defensa, quien acaba de ‎expresar a la publicación estadounidense The Atlantic su inquietud ante la política del presidente ‎Trump, estimando que acentúa la división en vez de unir. ‎
Volvamos a la historia de Estados Unidos en relación con los bandos en pugna. El presidente ‎Andrew Jackson (1829-1837), catalogado como populista, impuso su veto al Banco Federal (Fed), ‎instituido por el primer secretario del Tesoro, Alexander Hamilton, uno de los padres de la ‎Constitución, quien era favorable al federalismo debido a su violenta oposición personal a la ‎democracia. Como buen discípulo de Jackson, el presidente Trump también está hoy en conflicto ‎con la Fed. ‎
Veinte años después de la presidencia de Jackson estalló la «Guerra de Secesión» (1861-1865), ‎que los manifestantes de hoy usan como referencia. Según los manifestantes, en la «Guerra de ‎Secesión» se enfrentaron el sur esclavista y el norte humanista. El movimiento de protesta que ‎comenzó a partir de un acto racista –el linchamiento de George Floyd por un policía blanco en ‎Minneapolis– ahora continúa con la destrucción de estatuas de generales sudistas, como Robert ‎Lee. Acciones similares ya habían tenido lugar en 2017 [4] pero ahora cobran importancia con la participación de varios gobernadores del Partido ‎Demócrata. ‎

El gobernador de Virginia, Ralph Northam, del Partido Demócrata, anunció el ‎desmantelamiento de una célebre estatua del general sudista Robert Lee, a pedido de ‎manifestantes blancos. Ya no se trata de luchar contra el racismo sino de destruir los símbolos ‎de la unidad del país. ‎

Pero esa narración no se ajusta a la realidad. Al inicio de la Guerra de Secesión, ambos bandos ‎eran esclavistas. Y al final, ambos bandos era antiesclavistas. El fin del esclavismo no fue un ‎logro de los abolicionistas. Simplemente, ambos bandos necesitaban más soldados para enviarlos ‎al frente. ‎
En la Guerra de Secesión se enfrentaron el sur agrícola, católico y rico y el norte industrial, ‎protestante y ansioso de enriquecerse. El conflicto se cristalizó alrededor de la cuestión de los ‎derechos de aduana –los sudistas estimaban que cada Estado debía establecer sus derechos de ‎aduana pero los nordistas querían abolirlos entre los Estados y dejar su control en manos del ‎gobierno federal. ‎
Por consiguiente, con la eliminación de símbolos sudistas, vistos como restos del esclavismo, ‎en realidad se rechaza la visión sudista de la Unión. Por cierto, es particularmente injusto ‎arremeter contra la memoria del general Robert Lee, quien puso fin a la Guerra de Secesión ‎al rechazar la adopción de una táctica de acciones de guerrillas para proseguir el conflicto desde ‎las montañas y optó por la unidad nacional. En todo caso, estos actos abren el camino a una ‎cuarta guerra civil anglosajona. ‎
Hoy en día, las antiguas nociones estadounidenses de norte y sur ya no corresponden a ‎realidades geográficas. Sería más apropiado hablar de Dallas contra Nueva York y Los Angeles. ‎
No es posible escoger sólo los aspectos considerados positivos en la historias de un país y destruir ‎todo lo que se considera “malo” sin cuestionar todo lo construido. ‎
Al hacer referencia al eslogan de Richard Nixon en las elecciones de 1968 –«Law and Order», ‎o sea “Ley y Orden”–, Donald Trump no predica el odio racista, como afirman numerosos ‎comentaristas, sino que vuelve al pensamiento del autor de ese eslogan, el ya mencionado Kevin ‎Philipps. Trump no está interesado en provocar la disgregación de Estados Unidos sino en hacer ‎volver el país al pensamiento de Andrew Jackson, contrario al predominio del mundo de la ‎finanza. ‎
El estadounidense Donald Trump se ve en la situación que vivió el soviético Mijaíl Gorbatchev a ‎finales de los años 1980. La economía de su país –no la finanza– está en evidente declive desde hace ‎décadas, pero sus conciudadanos se niegan a reconocer las consecuencias de ese declive ‎ ‎ [5]. Estados Unidos sólo puede sobrevivir si se fija nuevos objetivos. Pero ‎ese tipo de cambio se hace especialmente difícil en periodo de recesión. ‎
Paradójicamente, Donald Trump se aferra al «American Dream», o sea al célebre « Sueño ‎Americano», la posibilidad de “hacer fortuna”, en una sociedad estadounidense estancada, donde ‎la clase media está en vías de desaparición y en momentos en que los nuevos inmigrantes ya ‎no son europeos. Frente a él, sus opositores –la Fed, Wall Street y Silicon Valley– proponen un ‎nuevo modelo, pero en detrimento de las masas. ‎
El problema de la URSS era diferente, pero la situación es la misma. Gorbatchov fracasó y la URSS ‎se derrumbó. Sería sorprendente que el próximo presidente de Estados Unidos, sea quien sea, ‎lograra preservar la unidad nacional. ‎
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 [1American Nations. A history of the 11 rival regional ‎cultures of North America, Colin Woodard, Viking, 2011.
[2] «[USA: les émeutes raciales et la tentation séparatiste-‎‎>article210033.html]», por Thierry Meyssan, Red!Voltaire, 31 de mayo de 2020.
[3The Cousins’ Wars, Kevin Philipps, Basic ‎Books, 1999.
[4] «Ce que révèlent les élections US sur le ‎conflit intérieur», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 13 de noviembre ‎de 2018.
[5] «Trump, le Gorbatchev états-unien», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, ‎‎30 de enero de 2018.


martes, 7 de julio de 2020

¿Quiénes son los verdaderos sacerdotes y quienes los sacerdotes mercenarios en los actuales tiempos de esta pantomima de pandemia?




Nota. Creo que el título de este articulo lo dice todo. Mis respetos a aquellos sacerdotes que durante esta seudo- pandemia han permanecido fieles al pie del cañón.

Nuestro Señor es el Buen Pastor y es el modelo de sus sacerdotes que deben ser buenos pastores. Nuestro Señor muestra la diferencia entre el Buen Pastor y el falso Pastor quién sólo es asalariado. Aquí están las palabras de Nuestro Señor: “Yo Soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por sus ovejas. Pero el asalariado, y el que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, cuando ve venir al lobo, deja a las ovejas y huye; y el lobo atrapa y esparce las ovejas; y el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas.” (San Juan 10,11-13) Un asalariado pone su propia seguridad su propio interés antes que el bien de su rebaño. Se retira de su rebaño en tiempos de miedo y tribulación.
Cuando los tiempos son fáciles y pacíficos, es difícil distinguir a los sacerdotes asalariados de los de los verdaderos sacerdotes. La prueba que determina si un sacerdote en particular es solamente un asalariado se descubre durante los tiempos de miedo y prueba. Así es como el Papa San Gregorio Magno, Doctor de la Iglesia, explica esta verdad: “No se puede saber realmente si él [es decir, un sacerdote] es un pastor o un asalariado a menos que surja un momento de prueba. Por regla general, en tiempos de paz, tanto el pastor como el asalariado permanecen vigilando a sus rebaños. Es solo cuando llega el lobo que cada uno muestra la finalidad por la cual ha estado de guardia sobre su rebaño. “(Sermón Dom. p. 292)
En cualquier tribulación, ya sea una persecución religiosa o una plaga, un sacerdote tiene el deber de continuar administrando a las almas. Mientras que un asalariado se retira del rebaño, un verdadero pastor continúa atendiendo al rebaño.
Solo hay dos circunstancias en las que un sacerdote puede retirarse de su rebaño:
a) cuando él está en un peligro especial, peligro en el cuál no están otros buenos sacerdotes que se pueden quedar para reemplazarlo y cuidar bien de ese rebaño; o
b) cuando el sacerdote puede llevar a todo su rebaño con él a un lugar seguro y administrar a sus almas en ese lugar seguro.
Así es como San Agustín, Doctor de la Iglesia, enseña esta verdad: “Que los siervos de Cristo, los ministros de su Palabra y de sus sacramentos, huyan de ciudad en ciudad cada vez que uno de ellos sea especialmente buscado por los perseguidores; pero siempre y cuando el rebaño de fieles no sea abandonada y pueda ser administrado por sacerdotes que no están siendo perseguidos. Pero cuando el peligro es común para todos, es decir, para los obispos y el clero y para los laicos, que aquellos que necesitan la ayuda de otros no sean abandonados por aquellos cuya ayuda necesitan. Por lo tanto, o se retiran todos a un lugar seguro, o se deja que aquellos que necesariamente deben permanecer no sean abandonados por aquellos a través de los cuales se debe satisfacer su necesidad de los ritos de la Iglesia.”
“Los ministros de la Iglesia, por lo tanto, deben huir, cuando hay persecución, pero solamente cuando en aquél lugar en que se encuentra no haya personas de Cristo a quienes se deban ministrar, o cuando el ministerio necesario puede ser cumplido por otros que No tiene la misma razón para huir. Pero cuando los fieles permanecen, y los ministros emprenden la huida, y eso causa que el ministerio es retirado, ¿qué tenemos entonces sino esa condenable huida de asalariados que no se preocupan por las ovejas?”. (Sermón Segundo Dom. de Pascua)
Entonces, cuando los fieles tienen que permanecer en un lugar durante cualquier tribulación, ya sea una persecución religiosa o una plaga, solo el falso pastor que sólo es asalariado es el que los abandona retirando su cuidado espiritual.
El temor por su seguridad personal es el sello distintivo de éstos sacerdotes mercenarios, asalariados. Él cuando "ve venir al lobo, abandona las ovejas, y huye" por su propia seguridad.
En esta época de coronavirus, los dos temores principales de un sacerdote mercenario son:
1. Teme las amenazas del gobierno si continúa cuidando a su rebaño en lugar de estar "confinado en su casa"; y
2. Teme al coronavirus mismo.
A continuación examinaremos cada uno de los temores de los falsos pastores asalariados.
Un sacerdote que es un verdadero pastor continúa cuidando a su rebaño incluso cuando el gobierno lo amenaza si lo hace.
Nuestros impíos gobiernos civiles han ordenado a los sacerdotes que “se encierren" y "se refugien en un lugar" y que no salgan a atender las almas de sus rebaños. Estos gobiernos impíos afirman que la religión no es un "servicio esencial" para la gente y que, para el (supuesto) "bien de la gente", los sacerdotes no deben atender a sus rebaños.
Ha sucedido muchas veces en la historia de la Iglesia Católica que el gobierno civil ordenó a los sacerdotes que no asistieran a sus rebaños. Un verdadero pastor nunca se sometería a esos mandamientos malvados. A diferencia de los verdaderos pastores, los asalariados se someten por su propio interés.
En México, a principios del siglo XX, cuando el gobierno masónico y anti católico impío ordenó a los sacerdotes que no administraran a sus rebaños, muchos sacerdotes asalariados huyeron a los Estados Unidos, siguiendo el ejemplo de sus obispos asalariados. Muchos de los sacerdotes restantes en México abandonaron sus rebaños, se casaron y se establecieron en las ciudades.
Sin embargo, nada de esto hicieron los buenos y verdaderos sacerdotes:
Una valiente minoría de sacerdotes se negó a comprometerse. Se escondieron y recorrieron México por la noche, disfrazados, haciendo todo lo posible para llevar la Verdadera Fe y los Sacramentos a los fieles. Los atraparon, fueron arrestados, multados, encarcelados y, a veces, torturados y ejecutados. Tan sólo en febrero de 1915, el gobierno mexicano martirizó a 160 sacerdotes.
¡Esos eran pastores fieles! Imitaron a Nuestro Señor, el Buen Pastor, que dio su vida por sus ovejas. Esos sacerdotes rechazaron la orden del gobierno civil que les ordenaba que se retiraran de sus rebaños "por el bien de la gente".
Los santos Juan y Pablo son modelos para nuestro tiempo, y muestran el peligro de que la autoridad civil llegue a sofocar gradualmente el ministerio de la Iglesia Católica.
Los santos mártires San Juan y San Pablo (que se mencionan en el Canon de la Misa) son modelos especiales para nuestro tiempo. Fueron martirizados en el año 363 d. C., bajo el emperador Julián el Apóstata, porque no se sometieron a las restricciones que la autoridad civil les imponía con respecto a la predicación de la verdadera religión y con respecto al ministerio de la salvación de las almas.
El emperador romano, Julián el Apóstata, intentó sofocar la religión católica al imponer restricciones a los católicos con respecto a la educación de los jóvenes. Estas restricciones fueron mucho más peligrosas para la Iglesia que las sangrientas persecuciones anteriores bajo Nerón y Diocleciano debido al peligro de que los católicos aceptaran estas restricciones por parte del gobierno. Peligro realmente grave que no se podía aceptar. Prefirieron los católicos aceptar la sangrienta persecución del gobierno y martirio de los católicos antes que someter los intereses de Cristo al gobierno.
Debido a esta actitud valiente, el gobierno civil cambió su estrategia y en su lugar intentó destruir a la Iglesia a través de "pequeños" compromisos para sofocar poco a poco la fe.
Los católicos cobardes pensarían indudablemente que el mejor curso sería aceptar compromisos "pequeños" y limitaciones "pequeñas" en el cuidado de las almas a través de compromisos "prudentes" con el gobierno civil.
Si los santos Juan y Pablo hubieran aceptado las “limitaciones” impuestas por el gobierno sobre la Iglesia, algunos liberales asalariados habrían encontrado sin duda alguna manera de "justificar" su compromiso.
¡Pero los verdaderos soldados de Cristo no hacen compromisos! Los santos Juan y Pablo se opusieron abiertamente a esta sofocación de la fe católica y fueron gloriosamente martirizados.
Hoy en día las autoridades civiles buscan nuevamente sofocar a la Iglesia Católica mediante prohibiciones graduales.
En el mundo actual, vemos que las tácticas de Julián el Apóstata se vuelven a usar, en las órdenes de los gobiernos civiles de que los sacerdotes se "encierren" y dejen de administrar a su rebaño. Solo los sacerdotes mercenarios se someterían a esa orden.
San Edmundo Campion, fue otro buen pastor que resolvió firmemente cuidar a su rebaño yendo en contra de las órdenes del gobierno civil.
Alrededor de 1580, San Edmundo Campion, un sacerdote católico, declaró firmemente su determinación de continuar administrando a las almas en la Inglaterra isabelina, a pesar de la orden del gobierno a los sacerdotes católicos de no atender a las almas. Aquí está la valiente respuesta de San Edmundo a la orden del gobierno civil: “Salí de Alemania y Bohemia, siendo enviado por mis superiores, y me aventuré en este noble reino [a saber, Inglaterra], mi querido país, para la gloria de Dios y el beneficio de las almas. Sabía que, en este lugar tan ocupado, vigilado y sospechoso de todo, tarde o temprano habría de ser interceptado y detenido.”
“Por lo tanto, previendo todos los eventos, e incierto de lo que pudiera ser de mí, cuando Dios entregase mi cuerpo al encarcelamiento, supuse que era necesario poner esto por escrito en una disposición, deseando sus señorías [es decir, el fallo del Consejo de Inglaterra] le dieran lectura, para que conocieran mi causa. Al hacer esto, confío en que les aliviaré un poco el trabajo. Por lo que de otro modo hubieran buscado ingeniosamente la manera de encarcelarme, ahora de una vez lo pongo en sus manos por simple confesión. …"
¡San Edmundo Campion fue un verdadero pastor! ¡No se retiró de su rebaño a pesar de que el gobierno civil le dijo que la religión católica no es un "servicio esencial"! En cambio, este fiel pastor le dice valientemente a las autoridades civiles que nada le impedirá atender a su rebaño hasta el día en que seguramente lo atrapen y lo maten (¡cosa que efectivamente sucedió!).
¡Qué contraste de este verdadero pastor con respecto a los cobardes del Coronavirus que se retiran de sus rebaños porque el gobierno civil les ordenó "Quédate en casa"!
Por ejemplo, en abril del 2020, los obispos franceses (supuestos) dijeron sin reservas que estaban "lamentando" la orden del gobierno civil de que "la adoración católica estará obligada a esperar tres semanas más que las tiendas, negocios y transporte público para tomar lugar públicamente”.
¿Dónde están los verdaderos pastores? ¡No ahí! ¡Esos son asalariados!
Como enseña San Agustín:
“[Cuando] la gente permanece [necesitada], y los ministros huyen [o se quedan en casa para “quedar confinados en su casa”], y su ministerio se retira, ¿qué tenemos entonces sino huida condenable de asalariados que no tienen cuidado por las ovejas?.”
Los buenos sacerdotes-pastores continúan administrando a sus rebaños y no los abandonan, incluso cuando el gobierno ordena un "cierre". Actúan al contrario los sacerdotes asalariados; ellos "se quedan en su casa" por temor al gobierno.
Un sacerdote que es un verdadero pastor continúa cuidando a su rebaño incluso durante una plaga.
Aunque los sacerdotes asalariados "se quedan en casa", los buenos sacerdotes-pastores se quedan con sus rebaños en tiempos de peste.
Por ejemplo, cuando la plaga golpeó a Milán, San Carlos Borromeo visitó los fieles con todo y la plaga con celo incansable, los ayudó con afecto paternal y, administrándoles con sus propias manos los sacramentos de la Iglesia, los consoló singularmente. San Carlos Borromeo y San Luis Gonzaga murieron atendiendo a víctimas de la peste.
Cuando la plaga estaba en su apogeo en Roma, San José Calasanz se unió a San Camilo, y no contento con cuidar con ardiente celo a los pobres enfermos, incluso llevó a los muertos a la tumba sobre sus propios hombros.
Cuando la plaga diezmó a los habitantes de Valencia y sus alrededores en 1557, San Luis Bertrand incansablemente ministró las necesidades espirituales y físicas de los afligidos. Como la ternura y la devoción de una madre, así cuidó a los enfermos. A los muertos los preparó para el entierro y los enterró con sus propias manos.
Aunque la peste se extendió violentamente en Suiza, esto no impidió que San Francisco de Sales, ni de día ni de noche, dejara de ayudar a los enfermos en sus últimos momentos; y Dios lo preservó del contagio. Y en otra plaga que se desencadenó allí, expuso diariamente su propia vida para ayudar a su rebaño.
Hay muchos otros ejemplos de buenos pastores-sacerdotes que asistieron fielmente a sus rebaños durante una plaga. Este es su deber: ayudar siempre a su rebaño durante una plaga. La devoción desinteresada de un buen pastor-sacerdote a su rebaño obliga a la admiración incluso de los no católicos. Por ejemplo, así es como un protestante admiraba a los sacerdotes religiosos de Manila durante la plaga:
“De valor inquebrantable, siempre han estado al frente cuando las calamidades amenazaban a sus rebaños. En epidemias de peste y cólera no se han consternado, ni en tales casos han abandonado nunca sus rebaños…" (Enclic. Católica)
Además debemos recordar de que en tiempos de peste, las oraciones de la Iglesia Católica deben ser públicas. La Iglesia Católica siempre ha sabido lo que el Papa Francisco ahora niega, a saber, que las plagas son un castigo justo de Dios por el pecado. En tiempos de peste, la Iglesia Católica redobla sus oraciones públicas. Por el contrario, la iglesia conciliar y los asalariados se "encierran" y se quedan en casa.
Cuando la plaga devastó Roma, esto es lo que hizo el Papa San Gregorio Magno: “[La] plaga continuó haciendo estragos en Roma con gran violencia; y, mientras la gente esperaba la respuesta del emperador, San Gregorio aprovechó las calamidades para exhortarlos al arrepentimiento. Habiéndolos convertido después de predicarles un patético y muy conmovedor sermón sobre ese tema, nombró una solemne letanía o procesión en siete compañías, con un sacerdote a la cabeza de cada uno, que iban a marchar desde diferentes iglesias, para finalmente todos reunirse en la Iglesia de Santa María la Mayor; cantaban el Kyrie Eleison mientras recorrían las calles. Durante esta procesión, murieron en una hora ochenta (es decir, ochenta personas) de los que asistieron. Pero San Gregorio no se abstuvo de exhortar a la gente y rezar hasta el momento en que cesó el moquillo.” (Vida de los Santos, Buttler. San Greg.)
“Cuando San Gregorio cruzaba el puente de San Pedro, una visión celestial los consoló [a saber, a la gente] en medio de sus letanías. El arcángel Miguel fue visto sobre la tumba de Adriano, envainando su espada de fuego en señal de que la peste debía cesar. San Gregorio escuchó la Antifonal angelical de las voces celestiales - Regina Coeli, lætare, y agregó el verso final - “Ora pro nobis Deum, aleluya.”
¡Qué grande fue la fe de San Gregorio en comparación con los asalariados modernos! Basta recordar que en abril del 2020, el cardenal Cupich de Chicago se burló blasfemamente del poder
de la oración como ayuda contra el coronavirus diciendo: "la religión no es mágica cuando solo decimos oraciones y pensamos que las cosas van a cambiar".
Los asalariados, aquellos sacerdotes obedeciendo la recomendación “Quédate en casa”, no ven la importancia de la oración pública y la penitencia en el momento de la peste porque son hombres de poca fe.
¡Pero los buenos pastores hacen lo contrario! “Cuando la plaga golpeó a Milán, San Carlos Borromeo estaba en Lodi, en el funeral del obispo.
De inmediato regresó e inspiró confianza en todos. Estaba convencido de que la plaga fue enviada como un castigo por el pecado... y ordenó que se hicieran súplicas públicas, y él mismo caminó en las procesiones, con una soga alrededor del cuello, los pies descalzos y sangrando por las piedras, y llevando una cruz; y ofreciéndose así como víctima por los pecados del pueblo, se esforzó por rechazar la ira de Dios.” (Encicl. Católica)
COCLUSION
Los sacerdotes asalariados se esconden de miedo en casa cuando el gobierno les ordena “Quédate en casa". Los sacerdotes mercenarios huyen del coronavirus para salvar su propio pellejo. En cambio, los buenos sacerdotes son pastores que se reconocen como tales en aquellos que se quedan con sus rebaños a pesar de las persecuciones del gobierno o el peligro de enfermarse por el Covid19.