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jueves, 22 de octubre de 2020

«Soy yo, el acusado, quien tendría que juzgaros» Monseñor Marcel Lefebvre

 



Introducción (continuación)

Luego nos detendremos en las encíclicas que condenan el liberalismo y también, como su consecuencia, el socialismo, el comunismo y el modernismo: las encíclicas de Gregorio XVI, Pío IX, León XIII y San Pío X. Estos textos son de una importancia capital, pues yo no me niego a lo que me pide ahora la Santa Sede: “leer el Concilio Vaticano II a la luz del magisterio constante de la Iglesia”. Este magisterio está en los documentos de estos Papas, de modo que, si en el Concilio hay cosas que no están de acuerdo con ellos y los contradicen, ¿cómo podemos aceptarlas? No puede haber contradicciones. Los Papas enseñan con mucha claridad y nitidez. El Papa Pío IX escribió incluso un Syllabus, es decir, un catálogo de verdades que hay que abrazar. San Pío X hizo otro tanto en su decreto Lamentabili. ¿Cómo podríamos, pues, aceptar estas verdades enseñadas por siete u ocho Papas y al mismo tiempo aceptar una enseñanza impartida por el Concilio que contradice lo que han afirmado esos Papas de modo tan explícito?

Durante dos siglos, los Papas no han enseñado ni han dejado que se enseñen errores. Eso no debiera suceder. Puede ocurrir que lo hagan momentáneamente, o que ellos mismos los abracen, como por desgracia el Papa Pablo VI o ahora el Papa Juan Pablo II; eso sí puede ser, pero en ese caso estamos obligados a resistir, apoyados en el magisterio constante de la Iglesia desde hace siglos.

CAPÍTULO 1

Encíclica E supremi apostolatus

del Papa San Pío X

(4 de octubre de 1903)

La primera encíclica de San Pío X se titula E supremi apostolatus. Su fecha es el 4 de octubre de 1903. El Papa había sido coronado el 4 de agosto, así que tan sólo dos meses después de haberse convertido en Papa publicó esta encíclica, relativamente corta y sencilla en su estructura. Tras el prólogo, expone el programa que pretende realizar durante su pontificado, no sin dar una visión del mundo actual. Luego exhorta a los obispos a que le ayuden, insistiendo sobre todo en la formación de los seminaristas, y su desvelo por el clero y la acción católica.

El Papa empieza, pues, con algunas consideraciones sobre su elección. De hecho, él nunca había pensado, ni siquiera imaginado, que sería elegido por el cónclave; incluso había prometido a sus fieles de Venecia que volvería, pero no fue así… Dice:

«Al dirigirnos por primera vez a vosotros desde la Cátedra apostólica a la que hemos sido elevados por el inescrutable designio de Dios, no es necesario recordar con cuántas lágrimas y oraciones hemos intentado rechazar esta enorme carga del pontificado».

Hace suyas las palabras de San Anselmo cuando fue elevado al episcopado:

«Porque Nos tenemos que recurrir a las mismas muestras de desconsuelo que él [San Anselmo] profirió para exponer con qué ánimo y con qué actitud hemos aceptado la pesadísima carga del oficio de apacentar la grey de Cristo. Mis lágrimas son testimonio —esto dice—, así como mis quejas y los suspiros de lamento de mi corazón, cuales en ninguna ocasión y por ningún dolor recuerdo haber derramado hasta el día en que cayó sobre mí la pesada suerte del arzobispado de Canterbury. No pudieron dejar de advertirlo todos aquellos que en aquel día contemplaron mi rostro...»

«Efectivamente —dice entonces San Pío X— no Nos faltaron múltiples y graves motivos para rehusar el pontificado... Dejando aparte otros motivos, Nos llenaba de temor sobre todo la tristísima situación en que se encuentra la humanidad. ¿Quién ignora, efectivamente, que la sociedad actual, más que en épocas anteriores, está afligida por un íntimo y gravísimo mal que, agravándose por días, la devora hasta la raíz y la lleva a la muerte? Comprendéis, Venerables Hermanos, cuál es el mal: el abandono de Dios y la apostasía».

El abandono de Dios

El laicismo

Después, echa una mirada sobre el mundo:

«Ciertamente, al hacernos cargo de una empresa de tal envergadura y al intentar sacarla adelante Nos proporciona, Venerables Hermanos, una extraordinaria alegría el hecho de tener la certeza de que todos vosotros seréis unos esforzados aliados para llevarla a cabo».

Cuenta con el apoyo de los obispos para que lo ayuden.

«Verdaderamente contra su Autor se han amotinado las gentes y traman las naciones planes vanos (Sal 2, 1); parece que de todas partes se eleva la voz de quienes atacan a Dios: Apártate de nosotros (Job 22, 14). Por eso, en la mayoría se ha extinguido el temor al Dios eterno y no se tiene en cuenta la ley de su poder supremo en las costumbres, ni en público ni en privado».

Aquí se hace notar la introducción del laicismo, de lo que hoy quizás se llamaría de modo más corriente la secularización, es decir, que la religión ya no influye en la vida pública, que únicamente el hombre organiza la sociedad y todas las cosas como si Dios no existiera para nada. Es el laicismo puro.

El Papa prosigue:

«Aún más, se lucha con denodado esfuerzo y con todo tipo de maquinaciones para arrancar de raíz incluso el mismo recuerdo y noción de Dios».

¡Qué habría dicho si hubiese vivido en los tiempos del comunismo y de las escuelas del ateísmo!

La venida del Anticristo

Después, algo curioso, el Papa hace alusión al Anticristo:

«Es indudable que quien considera todo esto tendrá que admitir sin más que esta perversión de las almas es como una muestra, como el prólogo de los males que debemos esperar al fin de los tiempos, o incluso pensará que ya habita en este mundo el hijo de la perdición (2 Tes. 2, 3) de quien habla el Apóstol».

No cabe duda de que San Pío X estaba inspirado al hablar así desde el principio de su pontificado, como si le pareciera que el Anticristo ya estaba viviendo en la sociedad de su época. El Papa santo continúa:

«Por el contrario —esta es la señal propia del Anticristo según el mismo Apóstol—, el hombre mismo con temeridad extrema ha invadido el campo de Dios, exaltándose por encima de todo aquello que recibe el nombre de Dios».

Sabemos que la venida del Anticristo será cuando los hombres rechacen a Dios en todas partes. Esta lucha abierta ha empezado ya desde hace mucho tiempo (desde la caída de Satanás y después del pecado original), pero en el transcurso de la historia de la Iglesia hemos vivido un tiempo en que Dios ha sido conocido, amado y respetado por la mayoría de las naciones.

El culto del hombre

Con el Renacimiento y el protestantismo aparecieron pensadores que deseaban transformar la sociedad y volverla laica, o más bien atea, pero mientras había reyes y príncipes católicos no podían conseguir lo que pretendían. Por eso, levantaron la Revolución, matando a los reyes y exterminando a los príncipes, y después de haber destruido el antiguo orden, consiguieron poco a poco establecer una sociedad realmente laica en todas partes, el mayor o menor grado de los diferentes países. Hoy los legisladores ya no tienen en cuenta los derechos de Dios ni el decálogo, sino sólo los derechos del hombre. Es algo que ya veía San Pío X:

«Hasta tal punto que —aunque no es capaz de borrar dentro de sí la noción que de Dios tiene— tras el rechazo de Su majestad, se ha consagrado a sí mismo este mundo visible como si fuera su templo para que todos lo adoren».

Todo esto ha sido profetizado. Hablando sobre su tiempo, el Papa dirige sus pensamientos hacia el futuro. Siente que van a llegar tiempos terribles en que la persecución contra Nuestro Señor será abierta. ¿Presentía acaso la llegada del comunismo ateo? En todo caso, veía al Anticristo en obra.

 

 

 

 

 

EL SERCRETO ADMIRABLE DEL SANTÍSIMO ROSARIO. SAN LUIS MARIA GRIGNION DE MONTFORT

 


30a Rosa

96) Si los privilegios, las gracias y las indulgencias hacen recomendable a una cofradía, puede afirmarse que la del Rosario es la más recomendable que tiene la Iglesia, puesto que es la más favorecida y enriquecida con indulgencias; y desde su institución apenas hay Papa que no haya abierto los tesoros de la Iglesia para gratificarla. Como el ejemplo persuade mejor que las palabras y los beneficios, los Soberanos Pontífices no han podido expresar mejor la estima en que tenían a esta santa Cofradía que asociándose a ella.

He aquí un pequeño resumen de las indulgencias concedidas a la Cofradía del Santo Rosario, confirmadas de nuevo por nuestro Padre Santo el Papa Inocencio XI el día 31 de julio de 1679, recibida y autorizada su publicación por el Arzobispo de París el 25 de septiembre del mismo año:

1) En el día de ingreso en la Cofradía: indulgencia plenaria.

2) En la hora de la muerte: indulgencia plenaria.

3) Por el rezo de cada una de las tres partes del Rosario: diez años y diez cuarentenas.

4) Por cada vez que pronuncien devotamente los santos nombres de Jesús y María: siete días de indulgencia.

5) A los que devotamente asistan a la procesión del Santo Rosario: siete años y siete cuarentenas.

6) A los que, verdaderamente arrepentidos y confesados, visiten la capilla del Rosario en la iglesia en que esté establecida, los primeros domingos de cada mes y las fiestas de Nuestro Señor y de la Santísima Virgen: indulgencia plenaria.

7) A los que asistan a la Salve: cien días de indulgencia.

8) A los que devotamente y para dar ejemplo lleven sin reserva el Santo Rosario: cien días de indulgencia.

9) A los cofrades enfermos que, no pudiendo ir a la iglesia y habiendo confesado y comulgado, recen durante el día el Santo Rosario, o al menos una parte: indulgencia plenaria el día señalado para ganarla.

10) Los Sumos Pontífices, por su gran liberalidad hacia los cofrades del Rosario, les han dado la facultad de ganar las indulgencias de las estaciones de Roma visitando cinco altares y rezando ante cada uno de ellos cinco veces el padrenuestro y el avemaría por la prosperidad de la Iglesia. Si sólo hay un altar o dos en la iglesia donde está establecida la Cofradía, rezarán veinticinco veces el padrenuestro y avemaría ante este altar.

97) Gran favor ciertamente para los cofrades del Rosario, pues la visita de las iglesias de las estaciones de Roma lleva aparejados consigo indulgencias plenarias, librar almas del purgatorio y muchas otras grandes remisiones que los cofrades pueden ganar sin trabajo, sin gastos, sin salir de su país; y aun si la Cofradía no está establecida en el lugar que habitan los cofrades, pueden ganar dichas indulgencias visitando cinco altares de otra iglesia cualquiera, según concesión de León X.

He aquí los días en que pueden ganarlas, determinados y fijos para los que habitan fuera de Roma, por decreto de la Sagrada Congregación de Indulgencias, aprobado por nuestro Santo Padre el Papa el 7 de marzo de 1678, que ordenó sea inviolablemente observado:

Todos los domingos de Adviento; los tres días de las cuatro Témporas; la vigilia de Navidad, en las Misas de media noche, de la aurora y del día; las fiestas de San Esteban, San Juan Evangelista, Santos Inocentes, Circuncisión y Reyes; los domingos de Septuagésima, Sexagésima, Quincuagésima, y desde el miércoles de Ceniza todos los días hasta el domingo de

Cuasimodo inclusive; los tres días de Rogativas, el día de la Ascensión, la vigilia de Pentecostés y todos los días de la octava y los tres días de las cuatro Témporas de septiembre.

Amados cofrades del Rosario, hay aún muchas más indulgencias. Si queréis verlo, leed el Sumario de las indulgencias concedidas a los cofrades del Rosario. Allí veréis los nombres de los Papas, el año y otros particulares que no es posible consignar en este resumen.

Cuarta Decena

Excelencia del Santo Rosario demostrada por las maravillas que Dios ha hecho en su favor.

31a Rosa

98) Santo Domingo, al visitar a Doña Blanca, reina de Francia, que en los doce años que llevaba de casada no había tenido hijos, y estaba afligida sobremanera, le aconsejó que rezara el Rosario todos los días para lograr del cielo la gracia de tener descendencia. Así lo hizo la reina, y su petición fue oída el año 1213, en que nació su primogénito, que fue llamado Felipe. Pero

la muerte se lo arrebató, y más que nunca acudió ella a la Santísima Virgen, y distribuyó gran cantidad de Rosarios en la Corte y en varias ciudades del reino para que Dios la colmase con una completa bendición. Y esto sucedió el año 1215, en que vino al mundo San Luis, gloria de Francia y modelo de reyes cristianos.

99) Alfonso VIII, rey de Aragón y de Castilla, fue, a causa de sus pecados, castigado por Dios de varias maneras, y se vio obligado a retirarse a una ciudad de uno de sus aliados.

Encontrándose Santo Domingo en la misma el día de Navidad, predicó, según su costumbre, el Rosario y las gracias que se obtienen de Dios por esta devoción, y dijo, entre otras cosas, que los que lo rezan devotamente obtendrán la victoria sobre sus enemigos y recobrarán todo lo perdido.

El rey advirtió bien estas palabras y envió a buscar a Santo Domingo y le preguntó si era cierto cuanto había predicado. El Santo respondió que no había que dudar, y le prometió que si quería practicar esta devoción y apuntarse en la Cofradía, vería los efectos. Resolvióse el rey a rezar todos los días el Rosario, continuó así durante un año, y el mismo día de Navidad, después de rezarlo se le apareció la Santísima Virgen y le dijo: "Alfonso, hace un año que me sirves devotamente con el Rosario. Vengo a recompensarte. Sabe que he obtenido de mi Hijo el perdón de todos tus pecados. Aquí tienes esto Rosario. ¡Te lo regalo! Llévalo siempre contigo y jamás podrán perjudicarte tus enemigos." Desapareció, dejando al rey muy consolado; volvió él a su casa llevando en la mano el Rosario, y viendo a la reina le contó lleno de gozo el favor que acababa de recibir de la Santísima Virgen, le tocó los ojos con el Rosario y recobró la vista, que había perdido.

Algún tiempo después, habiendo el rey reunido algunas tropas, con ayuda de sus aliados atacó osadamente a sus enemigos, les obligó a devolver las tierras y a reparar los daños, los arrojó enteramente, y fue tan afortunado en la guerra que de todas partes iban soldados para combatir bajo su mando, porque las victorias parecían seguir por todas partes sus batallas. No debe

sorprendernos, porque no entraba jamás en batalla sino después de haber rezado el Rosario de rodillas; había hecho ingresar en la Cofradía a toda la corte y exhortaba a sus oficiales y criados

a ser devotos del Rosario. La reina se obligó igualmente y los dos perseveraron en el servicio de la Santísima Virgen y vivieron piadosamente.

miércoles, 14 de octubre de 2020

LIBERALISMO: EL PEOR ENEMIGO DE LA IGLESIA (Mons. Marcel Lefebvre)

 
NIÑO JESUS CRUSIFICADO (MUSEO SAN CARLOS BORROMEO GUATEMALA)


  Dos corrientes se combaten al interior del catolicismo desde hace dos siglos. Después de la Revolución francesa algunos quisieron acomodarse con los principios revolucionarios y componer con los enemigos de la Iglesia; otros rehusaron este arreglo, teniendo en cuenta que Nuestro Señor Jesucristo nos advirtió: "Quien no está Conmigo está contra Mí". Por consiguiente, si se está por el reinado de Jesucristo, se está contra sus enemigos. No es posible de otra forma. Para pactar, los primeros pretendieron que se podía dejar de hablar de Nuestro Señor a pesar de continuar amándole. Más los Papas, hasta el Concilio Vaticano II, desaprobaron a éstos.

 

JESUCRISTO ÚNICO REY, ÚNICO DIOS

Nuestro Señor es nuestro Rey, nuestro Dios. Debe, pues, reinar y no solo en privado sobre nuestras personas sino sobre nuestras familias, aldeas, y por doquier. Por otro lado, quiérase o no, Él será un día nuestro juez. Cuando vendrá sobre las nubes a juzgar el mundo entero, todos los hombres estarán postrados de rodillas: budistas, musulmanes, todos. No hay, en efecto, varios dioses, sino uno solo, como lo cantamos en el Gloria: "Tu solus sanctus, Tu solus altissimus Jesu Christe". Él descendió de los Cielos para salvarnos, es Él que reina en el Cielo; lo veremos cuando muramos.

 

DIVISIÓN DE LOS CATÓLICOS: LOS "CATOLICOS-LIBERALES"

Con la Revolución francesa se declaró una verdadera división, la que, por otra parte, tuvo su inicio ya con los protestantes. Toda una clase de intelectuales se sublevó contra Nuestro Señor, en un auténtico complot diabólico contra su reino del que no se quería oír más. Esos toleraban que Le honrásemos en nuestras capillas y sacristías, pero en forma alguna al exterior. No se debía hablar más de Nuestro Señor en los tribunales, la escuela, los hospitales, en una palabra, en ninguna parte. Más Nuestro Señor tiene el derecho de reinar, sobre todo, y en los países católicos es el Amo. Y nosotros debemos tratar de hacerlos reinar lo más posible, de convertir a aquellos que no le conocen y no le aman todavía, a fin de que éstos lleguen a ser también sus súbditos, y que reconozcan a su Maestro, en el Cielo.
Así, desde la Revolución francesa, los católicos se dividieron entre los que aceptaban honrar a Nuestro Señor en las familias y parroquias, pero no en la vida pública, y en aquellos que, al contrario, querían que Nuestro Señor reine en todos lados. Los primeros, para justificar el silencio sobre Nuestro Señor en la sociedad, se apoyaron sobre la libertad de creer y de no creer. Pero esto no es así; uno no es libre de creer lo que quiere. Nuestro Señor dijo "El que creerá será salvado, el que no creerá será condenado". Por supuesto, se puede usar mal de esta libertad, pero entonces se desobedece alejándose de Dios. Moralmente uno no es libre: se debe honrar a nuestro Señor y seguir su enseñanza.

 

LOS PAPAS CONDENAN A LOS LIBERALES

He aquí aquellos que se llamó liberales, porque estaban por la libertad, dejando a cada uno el derecho de pensar lo que quería según su conciencia. Pero los Papas han condenado siempre ese liberalismo, afirmando en alta voz que no hay más libertad de conciencia que la de hacer el bien y evitar el mal. Por supuesto se puede desobedecer. Un niño puede desobedecer a sus padres, pero ¿tiene derecho a eso? Evidentemente no. Es lo mismo en la religión. Cierto, existen personas que desobedecen, pero hay que tratar de convertirlos y de llevarlos a obedecer a nuestro Señor, el Dios verdadero que nos juzgará a todos.

Esa corriente liberal fue desarrollada por católicos como Lamennais que era sacerdote; de allí la división en el propio seno de la Iglesia. Pero papas tales como Pío IX, León XIII; San Pío X, Pío XI, y Pío XII, han condenado siempre a esos liberales como los peores enemigos de la Iglesia, dado que alejaban a las gentes, las familias y los Estados de Nuestro Señor Jesucristo.

Cuando Nuestro Señor no está más presente en las escuelas, hospitales, tribunales y gobiernos, cuando está ausente del ambiente público, es la apostasía y el ateísmo. En efecto, se toma el hábito de no pensar más en Nuestro Señor, ya que no se lo ve en ninguna parte, y poco a poco este olvido se difunde y se introduce en las familias.

¿Cuáles son actualmente, para dar un ejemplo, los restaurantes y hoteles donde se halla la Cruz de Nuestro Señor? Por mi parte viajo mucho, y no he hallado sino en Austria un hermoso crucifijo en algunos restaurantes y una bella imagen de la Santísima Virgen en la habitación del hotel. En otra parte esto se terminó. Antes no había casa sin crucifijo. Hoy, hasta buenos católicos tienen miedo de colocar una en su casa, por temor de la reacción de aquellos que no aman la Religión cristiana. Ved a lo que se llega alejando suavemente a Nuestro Señor.

 

LOS ENEMIGOS EN EL INTERIOR DE LA IGLESIA

Al comenzar el siglo, San Pío X decía que ahora los enemigos de la Iglesia no están solamente en el exterior sino también en el interior. Con esto quería señalar esos católicos que no querían más la realeza pública de Nuestro Señor.

Pero eso no es todo. Dado que había hasta en los seminarios profesores modernistas, que querían adaptarse al mundo moderno, con su rechazo de nuestro Señor y su apostasía, San Pío X exigió que se los apartase de los seminarios, para que no influyan sobre los seminaristas que, una vez sacerdotes, difundirían a su turno las malas doctrinas. Y San Pío X tenían razón, pues es lo que ocurrió. Los obispos no quisieron prestar atención y suavemente esas ideas fueron introducidas en los seminarios, luego en el clero y finalmente en todos lados. Al nombre de la libertad, se dejó de hablar de Nuestro Señor y fue la apostasía.

En 1926, hace pues más de sesenta años, me encontraba en el seminario en Roma, bajo Pío XI, quien, él también, combatía y condenaba a los sacerdotes favorables al laicismo. En este año tuvo lugar en Roma una semana contra el liberalismo, y se presentaron dos pequeños libros: "Libéralisme et Catholicisme" del R.P. Roussel y "Le Christ Roi des Nations" del R.P. Philippe.

He aquí la introducción del primero:

"Queremos que Jesucristo, Hijo de Dios y Redentor de los hombres, reine no sólo sobre el individuo, sino sobre las familias, pequeñas y grandes, sobre las naciones y sobre el orden social entero; este es el pensamiento que nos une especialmente esta semana. Este reinado social, de Jesús Rey, reinado legítimo en sí, necesario para nosotros, no tiene adversario más temible, por su astucia, su tenacidad y su influencia, que el liberalismo moderno".

¿Cuáles son, pues, los orígenes de este liberalismo, sus manifestaciones principales, su desarrollo lógico? ¿Cómo calificarlo y refutarlo? Tales son las cuestiones que trata el libro del R.P. Roussel con su respuesta; un libro muy interesante que damos a todos nuestros seminaristas para que estén al corriente de esos errores modernos. El liberalismo, el laicismo, la secularización y la ausencia de sumisión pública a Nuestro Señor se han difundido a pesar de los Papas, porque los obispos y los sacerdotes no los escucharon lo suficiente.

El segundo pequeño libro editado, con ocasión de esa semana contra el liberalismo, en Roma, es: "Catechisme des droits divins dans L'ordre social", conocido bajo el título "Le Christ Roi des Nations" del R.P. Philippe, redentorista. Veamos el prefacio:

"Bajo pretexto de seguir las solas luces de la conciencia, se tomó el hábito de abandonar a la libre disposición de ésta el cumplimiento de todos los deberes: los derechos de la verdad y especialmente, los de la Verdad suprema son pisoteados. Nuestro catecismo pide un gran acto de fé, el acto de fe en Dios y en Jesucristo que ejerce su autoridad. Los pueblos deben saber que, en todas las relaciones de hombre a hombre, en todo lo que constituye la intimidad de una nación, dependen de Dios y de Jesucristo".

Todo esto ocurrió en 1926. Entonces los sacerdotes resistían aprestándose para luchar contra la apostasía invasora y para defender a Nuestro Señor, contra la secularización y la laicización de todas las instituciones. León XIII en su incíclica Humanun genus describió que los francmasones tienen por fin descristianizar todo, especialmente las instituciones, y que quieren quitar y expulsar a Nuestro Señor de todos lados. Todo esto se desarrolló pues a pesar de los Papas, y así se llegó al Concilio Vaticano II.

 

LA PREPARACIÓN DEL CONCILIO: LOS OBISPOS LIBERALES

Ahí también fue la división, en el seno mismo de la Iglesia. Esos liberales que no quieren que se hable más de Nuestro Señor en la sociedad, que, al contrario, quieren la libertad de todas las religiones y de todos los sistemas de pensamiento, crearon una oposición entre las cardenales y esto desde la preparación del concilio.

La Santa Sede había instituido unas comisiones a la cabeza de las cuales se elevaba la "Comisión central preparatoria del Concilio". Sesionó de 1960 a 1962 y estaba integrado de setenta cardenales y una veintena de arzobispos y obispos, y si me encontraba allí era por ser presidente de la Asamblea de arzobispos y obispos de la África occidental francesa. El Papa Juan XXIII presidía, con frecuencia, nuestras reuniones.

Fue como un campo de batalla, hay que decirlo. ¿Quién ganaría? ¿Los liberales o los auténticos católicos que estaban con todos los Papas en su condena al liberalismo? Por un lado, unos querían que la Iglesia declarase su tesis sobre la libertad, la neutralidad de las sociedades y la ausencia de Nuestro Señor Jesucristo de la vida pública. Por otro, hubo vivas reacciones contrarias. ¿Nosotros católicos no tendríamos el derecho de tener nuestros Estados católicos para no chocar con las religiones musulmana, budista o protestante? ¿Y esto bajo el pretexto de no hacerles agravio, cuando ellos nos lo hacen categórica y públicamente?

En los Estados protestantes, por ejemplo, se es protestante oficialmente. El cantón de Vaud inscribió en su constitución que el protestantismo es religión de Estado. Así es igualmente para Suecia, Noruega, Inglaterra y Dinamarca, y públicamente la religión protestante es la única reconocida por el Estado.

 

LOS LIBERALES SUPRIMEN LOS ESTADOS CATÓLICOS

¿Entonces no tendríamos el derecho de tener nosotros también nuestros Estados católicos? El Estado del Valais era católico un 90 %. Como los liberales ganaron en el Concilio, y dominan ahora en Roma, pidieron a Mons. Adams (a quien conocí bien y que era un buen amigo), por intermedio del nuncio en Berna, de acabar con el Estado católico del Valais. La constitución valdense enunciaba, en efecto, que la Religión católica era la única religión reconocida públicamente por el Estado. Esto era, en definitiva, afirmar que Nuestro Señor Jesucristo era el Rey del Valais. Y Mons. Adam, todo lo favorable que fuese la Tradición, él que había combatido durante el concilio a favor del reinado social de Nuestro Señor, escribió una carta a todos sus fieles para que el Estado de Valais cambiase su constitución y se convierta oficialmente en neutra.

Me informé y se me contestó que eso venía del nuncio. Fui pues a encontrarlo a Berna y él que había combatido durante el Concilio a favor del reinado social de Nuestro Señor, escribió una carta a todos sus fieles para que el Estado de Valais cambiase su constitución y se convierta oficialmente en neutra.

Me informé y se me contestó que eso venía del nuncio. Fui pues a encontrarlo a Berna y él me confirmó que Mons. Adam había escrito por orden suya.

- ¿Y no tiene Usted, vergüenza de pedir que Nuestro Señor Jesucristo no reine más el Valais?

- (El Nuncio) Oh, pero ahora esto no es más posible. Usted comprende no es más posible.

- ¿Y los protestantes? Vaya Usted, pedirles de dejar de reconocer su protestantismo como religión oficial en el cantón de Vaud y o en Dinamarca. ¿Y nosotros católicos, no tenemos, acaso, el derecho de tener Estados en los cuales la Religión católica es la única reconocida públicamente?

- (El nuncio) Ah, eso no es más posible. - ¿Qué hace Usted de la magnífica encíclica Quas primas donde Pío XI recuerda que Nuestro Señor Jesucristo debe reinar sobre todos los Estados y sobre todas las naciones?

- (El nuncio) Oh, el Papa no lo escribiría ahora.

Ah, esto como ejemplo. Esta encíclica fue escrita en 1925 por Pío XI para recordar a todos los obispos la doctrina sobre el reinado social de Nuestro Señor Jesucristo, y he aquí ahora obispos hacen exactamente lo contrario. Y es lo que desgraciadamente aconteció: oficialmente el Estado del Valais no es más un Estado católico. La Iglesia sólo sigue reconocida al mismo nivel que cualquier asociación privada, como las otras religiones, que tienen el derecho de organizarse en el Valais (Suiza).

 

EL CARDENAL BEA PORTAVOZ DE LOS LIBERALES

¿Cómo ocurrió esto? Un día el cardenal Ottaviani y el cardenal Bea nos trajeron dos fascículos que valían su peso en oro. Estos dos fascículos delimitaron los campos en la Iglesia: uno es de la Revolución francesa y el otro de la Tradición católica. Uno es el del cardenal Bea, liberal, el otro el del cardenal Ottaviani, prefecto de la Comisión.

En su documento el cardenal Ottaviani habla de la "tolerancia religiosa". Es decir, si hay otras religiones en los Estados católicos, se los tolera, pero no se les concede las mismas libertades que a la Iglesia, del mismo modo que se toleran los pecados y los errores, dado que no se puede expurgar todo. En una sociedad hace falta una cierta tolerancia, pero esto no quiere decir que se apruebe el mal.

Cuando llegó el momento para el cardenal Ottaviani de presentar su documento a la Comisión central preparatoria del Concilio, documento que no hacía más que retomar la doctrina enseñada siempre por la Iglesia católica, el cardenal Bea se irguió diciendo que se oponía. El cardenal Ruffini, de Sicilia, intervino para detener ese pequeño escándalo de dos cardenales que se enfrentaban así con violencia ante todos los otros. Pidió referir a la autoridad superior, es decir al Papa que ese día no presidía la sesión. Pero el cardenal Bea dijo, no, quiero que se vote para saber quién está conmigo y quién con el cardenal Ottaviani.

Se procedió, pues, a votar. Los setenta cardenales, los obispos y los cuatro superiores de órdenes religiosas que estaban allí se dividieron más o menos por mitades. Prácticamente todos los cardenales de origen latino: italianos, españoles y sudamericanos, estaban por el cardenal Ottaviani. El contrario los cardenales norteamericanos, ingleses, alemanes y franceses estaban por el cardenal Bea. Así se halló una Iglesia dividida sobre un tema fundamental de su doctrina: La realeza de Nuestro Señor Jesucristo.
Era la última sesión, y uno se podía preguntar lo que iba a acontecer con ese Concilio si ya la mitad de los setenta cardenales eran favorables a la tolerancia religiosa del cardenal Ottaviani y la otra mitad favorable a la libertad religiosa del cardenal Bea que se basaba en la Revolución francesa y la Declaración de los derechos del hombre. Y bien, en el Concilio también hubo lucha, y hay que reconocer que son los liberales los que se impusieron. ¡Qué escándalo! Así llegó esa nueva religión, que desciende más de la Revolución francesa que de la Tradición católica, ese famoso ecumenismo donde todas las religiones están en pie de igualdad. Ahora Ustedes, pueden comprender la situación actual, esta se deriva de los liberales en el Concilio.

Hubo, sin embargo, oposiciones violentas, pero como el Papa tomó parte prácticamente por la libertad, son los liberales que tomaron los puestos en Roma y los ocupan aún.

Me opuse a esto con Mons. Sigaud, Mons. de Castro Mayer y muchos otros miembros del Concilio. Porque no se puede admitir que Nuestro Señor sea destronado. La Iglesia está fundada sobre el principio que exige la realeza de Nuestro Señor sobre la tierra del mismo modo que en el Cielo. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el Cielo. ¡Sí, que la voluntad del Señor sea hecha por doquier y no solamente en las familias! Pero ahora que el liberalismo reina en Roma, aquel que nuestros autores de 1926 calificaban como de el peor enemigo de la Iglesia, asistimos a la demolición de la Iglesia.

Hay una auténtica ruptura. Más nosotros permanecemos en comunión con todos los Papas hasta el Concilio, mientras que el cardenal Bea no da referencia alguna en su documento. Él no podía remitirse a ningún Papa, dado que su doctrina es nueva y ésta siempre fue condenada por los Sumos Pontífices. En el folleto del Cardenal Ottaviani hay más páginas de referencia que de texto, referencias a los Papas, a los concilios, a toda la doctrina de la Iglesia. La tolerancia religiosa está realmente en la continuidad de la Tradición. La Fe en la Iglesia fue siempre predicar la verdad y tolerar el error, ya que no puede hacer de otro modo, pero esforzándose en ser misionera, reducir el error y atraer a la verdad. La Iglesia no afirmó jamás que se tenía el derecho tanto de estar en el error como en la verdad, que había igual derecho de ser budista que católico. Esto no es posible, o la Religión católica no es más la única verdadera. Es una catástrofe fundamental para la Iglesia. Hemos vivido ese combate en el Concilio y lo vivimos todavía.

 

CONSECUENCIAS DE LA NEUTRALIDAD

Una vez que el Estado deja de tener religión, y que la Iglesia exige que todas las religiones sean admitidas, las puertas están abiertas. Y se asiste a una invasión inverosímil. Moon, adventistas, testigos de Jehová, a tal punto que hasta los obispos se han reunido en Sudamérica para constatar la gravedad de la situación. Unos hablan de cuarenta millones, y otros de sesenta millones de católicos que han pasado a las sectas desde 1968; por consiguiente, desde el Concilio. He aquí la terrible consecuencia de la posición del cardenal Bea: la apostasía de millones y millones de católicos. Y se constata la misma cosa por doquier, como en Francia, donde se ve de más en más católicos pasarse al islam, a las sectas o a las logias masónicas. Es la apostasía general, es por eso que resistimos, pero las autoridades romanas quieren que aceptemos esto. Cuando discutí con ellas en Roma, querían que yo conozca la libertad religiosa como el cardenal Bea. Pero les dije, no, no puedo. Mi fe es la del cardenal Ottaviani fiel a todos los Papas y no esta doctrina nueva y perpetuamente condenada.

He aquí lo que constituye nuestra oposición y es la razón por la cual no existe posibilidad de entenderse. Y no es tanto la cuestión de la Misa, dado que la Misa es precisamente una de las consecuencias del hecho que quiso acercarse al protestantismo y, por ende, transformar el culto, los sacramentos, el catecismo, etc...

 

EL FUNDAMENTO DE NUESTRA POSICIÓN

La verdadera oposición fundamental es el reinado de Nuestro Señor Jesucristo. Opportet Illum regnare, nos dice San Pablo. Ellos dicen, no, nosotros decimos, sí, con todos los Papas. Nuestro Señor no vino para estar escondido en el interior de las casas sin salir de éstas. ¿Por qué se han hecho masacrar los misioneros? Para predicar que Nuestro Señor Jesucristo es el único Dios verdadero, para decir a los paganos que se conviertan. Entonces los paganos han querido hacerlos desaparecer, pero ellos no han dudado en dar su vida para continuar predicando a Nuestro Señor Jesucristo.

¿Habrá que hacer ahora lo contrario, decir a los paganos: "vuestra religión es buena, conservadla siempre que seáis buenos budistas, buenos musulmanes, o buenos paganos"? ¡He aquí la razón de nuestra desinteligencia! Nosotros obedecemos a Nuestro Señor que dijo a los Apóstoles "Id a enseñar el Evangelio hasta los confines de la tierra".

No hay que extrañarse que no lleguemos a entendernos con Roma. Esto no será posible hasta que Roma no vuelva a la fe en el reino de Nuestro Señor Jesucristo, hasta que deje de dar la impresión de que todas las religiones son buenas. Nos enfrentamos con ellos sobre un punto de la Fe católica, como se han enfrentado el cardenal Bea y el cardenal Ottaviani, y como se han enfrentado todo los Papas con el liberalismo. Es la misma cosa, la misma corriente, las mismas ideas y las mismas divisiones en el interior de la Iglesia.

Antes del Concilio los Papas y Roma sostenían la Tradición contra el liberalismo, mientras ahora los liberales ocuparon el lugar. Evidentemente éstos están contra los tradicionalistas y, por consiguiente, somos perseguidos. Pero estamos tranquilos porque estamos en comunión con todos los Papas desde Nuestro Señor y los Apóstoles. Guardamos su Fe y no vamos a pasarnos ahora a la fe revolucionaria en la Declaración de los derechos del hombre. No queremos ser hijos de 1789, sino hijos de Nuestro Señor e hijos del Evangelio.

Los representantes de la Iglesia católica dicen: cada uno es libre y se puede colocar a todas las religiones juntas para rezar como en Asís. ¡Eso es una abominación! El día en el que el Señor se enoje no será cosa de risa. Pues si Nuestro Señor castigó a los judíos, como lo hizo, es porque estos habían rehusado creen en Él. Anunció que Jerusalén sería destruida y lo fue, y el templo nunca fue reconstruido desde aquel entonces. Bien podría decir lo mismo ahora cuando todos sus pastores están contra Él, ya que no quieren creer más en su realeza universal.

Hay que seguir apegado a la doctrina de la Iglesia. Permaneced apegados a Nuestro Señor que es todo para nosotros. Él es el Amo que nos juzgará como juzgará a todo el mundo. Luego, hay que rezar para que su reino llegue, aún cuando se deba ser perseguido.

Por más extraordinario que pueda parecer, he aquí la situación de hoy. No soy yo quien la inventé. ¿Por qué me he hallado casi sólo contra ese liberalismo al que son favorables la mayoría de los obispos, hasta de Roma? Es un gran misterio. Siendo, como antes, fiel a todo lo que han dicho los Papas, uno se halla casi solo.

Lo principal es estar con Nuestro Señor, aún cuando haya que estar solo. Si se está con toda la enseñanza de la Iglesia de veinte siglos, no se tiene miedo. ¿No hay que hacerse problemas, ¿verdad? ¡Confiad en la Providencia! Dios que conoce el futuro, restablecerá todas las cosas un día, dado que la iglesia no puede quedar indefinidamente en esta situación.

Confiemos en la Santísima Virgen y en Nuestro Señor y no nos acobardemos ni nos deprimamos, ya que continuamos la Iglesia. Permanezcamos en paz. ¡Que Dios os bendiga!


+ Mons. MARCEL LEFEBVRE

Arzobispo

De su conferencia en Sierre, Suiza, 27 de noviembre de 1988

 

La 'Era del desorden' que vendrá tras la muerte de la globalización, según Deutsche Bank

 



Un estrujante reporte de Deutsche Bank constata el fin de la globalización y expone su sustitución por la “era del desorden” con ocho temas que la enmarcarán, entre los que destaca el ascenso de China como máxima potencia tecno-económica. En lugar de una guerra militar entre EEUU y China, el reporte vaticina la agudización de la guerra económica.

Un equipo de Deutsche Bank, encabezado por Jim Reid, director Gerente y estratega del banco alemán, avizora La era del desorden: una Nueva Era para la economía, la política y nuestra manera de vivir.

En su Estudio 2020 sobre el retorno de activos a largo plazo, el equipo de marras juzga que "el mundo se encuentra en la cúspide de una nueva era que será caracterizada principalmente por el desorden con un probable relajamiento de la globalización que creó el crecimiento veloz de la economía y de los precios de los activos en los pasados 40 años".

Aduce que la Era del desorden ha sido acelerada, pero no ha sido causada por el coronavirus y que en términos geopolíticos, "la tensión entre EEUU y China deberá caracterizar la Era del desorden conforme China prosigue su camino para restaurar su papel histórico como poder económico global, mientras prefiere sus propios valores a los del liberalismo occidental".

Así las cosas, "un choque de culturas e intereses se asienta en consecuencia, especialmente conforme China crece para situarse más cerca de ser la máxima economía en el mundo".

En su estudio de la Era del desorden, el banquero Jim Reid contempla los retornos de los activos en el largo plazo y sustenta cinco súper-ciclos estructurales que "reconfiguran todo, desde las economías a los precios de los activos, la política y la vida en general".

Reid identifica cinco súper-ciclos en los pasados 160 años: 

1.  La Primera era de la globalización (1860-1914): que difiere mínimamente de la tesis seminal del insigne historiador británico marxista Eric Hobsbawm.

2.  Las grandes guerras y la depresión (1914-1945): que obligaría a plantear, a mi juicio, si las grandes guerras y la Depresión conforman el corolario del fin de las globalizaciones. Incluso, me atrevería a bosquejar de que este segundo súper-ciclo pudiera ser definido como la Primera era del desorden, en el lapso de los 160 años planteados.

3.  Bretton Woods y el regreso a un sistema monetario basado en el patrón oro (1945-1971): que se recuerda fue abolido por el presidente Nixon debido a su gran dispendio militar en la guerra de Vietnam, lo cual detonó el largo periodo de volatilidad y de devaluaciones en los cuatro rincones del planeta.

4.  El inicio del dinero Fiat y la era de alta inflación de la década de los setenta (1971-1980). 

5.  La segunda era de la globalización (¿1980-2020?)

6.  La era del desorden (¿2020? -????)

Un grave defecto de los seis súper-ciclos de Reid es que pecan de ultrareduccionismo economicista/financierista y omite la matriz operativa de la geoestrategia, como fue el caso de la disolucion de la URSS que propició el advenimiento de la segunda era de la globalización, de características anglosajonas y que colmó el vacío ideológico circundante.

Desde luego que la Era del desorden, que implica profundas sacudidas políticas y socioeconómicas, sigue su secuencia del fin de la Segunda era de la globalización.

Banquero a final de cuentas, Reid deduce que las antigravitatorias alzas bursátiles se encuentran amenazadas por el advenimiento de la Nueva era del desorden que vislumbra "ocho mayores temas globales", donde destaca el deterioro de las relaciones de EEUU y China, además de los niveles explosivos de la deuda global, una indomable hiperinflación y una todavía mucho mayor desigualdad de la riqueza y los ingresos. 

Los ocho temas planteados son: 

1.  Deterioro de las relaciones de EEUU y China y la reversión de la globalización desregulada.

2.  Una década de consolidación o ruptura para Europa: "en los próximos 10 años las oportunidades de Europa para salir del paso han disminuido", mientras que "el potencial para su mayor integración se ha incrementado con el reciente Fondo de Recuperación" y las "divergencias económicas probablemente se incrementarán todavía más y causarán mayores puntos de estrés post-COVID".

3.  Todavía mayor deuda y Teoría Monetaria Moderna (MMT, por sus siglas en inglés) con dinero helicóptero convertido en la pauta. Se recuerda que el dinero helicóptero traduce la metáfora del anterior gobernador del Banco Central de EEUU (la Reserva Federal), Ben Shalom Bernanke, quien advirtió que lanzaría pantagruélicas cantidades de dinero desde los helicópteros para combatir la grave crisis financiera de 2008.

4.  ¿Inflación o deflación?

5.  Empeoramiento de la desigualdad antes de que acontezcan un contragolpe o una reversión.

6.  Ampliación de la división intergeneracional. 

7.  Instalación del debate climático y

8.  ¿Revolución tecnológica o burbuja?: "los próximos 10 años mostrarán si el crecimiento exponencial del valor de las empresas tecnológicas valió la pena" ya que ello puede significar "el inicio de una revolución tecnológica o probar de que se trató de la segunda burbuja dot-com".

El banquero Reid le concede la importancia que se merece a la disruptiva "brecha intergeneracional" entre los desposeídos jóvenes millennials, la generación Y y la generación Z, frente a los pudientes Baby Boomers. 

Tanto la desigualdad como la brecha intergeneracional significarán "un cambio en el balance del poder que pudiera incluir un régimen impositivo más severo en las herencias, menor protección de ingresos para los pensionados, mayores impuestos a la propiedad, al unísono de mayores impuestos a los ingresos y a las empresas" con el fin de implementar "políticas más redistributivas".

El reporte juzga que China "se ha encontrado en el corazón de la Era más reciente de la globalización", por lo que no se debe soslayar que hoy busque su "restauración" histórica de genuina "potencia económica global", como sucedió a inicios del siglo XIX con su participación de 20% a 30% de la economía global de aquel entonces y que colapsó hasta un 4% en la Era colonial para regresar ahora a 16%. 

El problema de esta visión economicista ultrarreduccionista es que deja de lado la posesión de bombas nucleares por la China de Mao Zedong, en la década de los 50 (mediante un acuerdo secreto con Moscú), lo cual le otorgó mayor margen de maniobra para progresar en la esfera mundial.

El equipo de Deutsche Bank concluye y advierte que el "mayor error en los años venideros sería simplemente extrapolar las tendencias del pasado". 

El reporte vaticina que "independientemente del triunfador en la elección presidencial en Estados Unidos, la brecha entre las dos superpotencias, EEUU y China, se profundizará, en medio de una guerra económica con tarifas, sanciones y ataques en la esfera tecnológica, pero sin desencadenar una guerra militar entre ambos, como suele ocurrir cuando un poder creciente intenta desafiar a la potencia hegemónica", en clara alusión a la clásica teoría muy en boga en EEUU sobre la Trampa de Tucídides

En la Teoría del Caos, una de sus características dentro de los sistemas complejos radica en la existencia de fractales (zonas de orden) en medio del desorden imperante. 

La hazaña de la humanidad consistirá en encontrar sus fractales de supervivencia para el mayor número posible de los ciudadanos: en búsqueda de sus extraviadas zonas de orden.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA Del blog