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miércoles, 14 de septiembre de 2022

LOS ACONTECIMIENTOS ACTUALES, (LA SITUACION EN EUROPA, LA GUERRA DE RUSIA CONTRA UCRANIA) ¿SON CONSECUENCIA DEL TERCER SECRETO NO REVELADO HASTA AHORA?

 

Guerra en Ucrania


 Nota. Aunque ya en otra ocasión he editado este articulo bajo otro título, vuelvo a hacerlo agregando notas sobre los hechos actuales que están sucediendo en Europa por la actual guerra entre Rusia y Ucrania, ¿es posible que se este auto revelando el tercer secreto de Fátima en base al segundo que habla sobre Rusia? Saque usted estimado lector su conclusión. ¿La NO consagración de Rusia al INMACULADO CORAZON DE MARIA la causa de lo que hoy estamos viviendo en todo el mundo, en especial en Europa tanto occidental como oriental? Medítelo usted.

I

Un primer hecho capital: conocemos el contexto del tercer Secreto.

No hay en efecto, propiamente hablando, más que un sólo Secreto revelado por entero el 13 de julio de 1917. Ahora bien, a este todos  conocemos ahora tres partes sobre cuatro: conocemos el principio las dos primeras partes del Secreto- y el fin que constituye seguramente la confusión: "AI fin, nos promete Nuestra Señora, mi Corazón Inmaculado  triunfará, el Santo Padre me consagrará 'Rusia, que se convertirá, y será dado al mundo un tiempo de paz", Es en este contexto ya conocido, marcado por la misma Sor Lucía al fin de la segunda parte, que el tercer Secreto se inserta.       

Tal es el primer hecho que es para nosotros un criterio importante: él contenido de la parte inédita debe cuadrar con su contexto inmediato y encajar armoniosamente con el conjunto del mensaje de Fátima, cuya       coherencia es por otra parte totalmente notable.

II

Segundo hecho importante: Si las circunstancias en las cuales fue revelado nos prueban su unidad profunda, las circunstancias dramáticas de su redacción nos descubren ellas solas su gravedad trágica.

Crisis energética en Europa.

III

Tercer hecho muy esclarecedor: es a causa de su contenido y solamente por este motivo, es por el cual desde 1960 los Papas sucesivos han rehusado divulgarlo, Juan XXIII en primer lugar, como lo hemos visto, a pesar de la espera ansiosa, verdaderamente sobrenatural, de las muchedumbres católicas.

Fue él el primero que decide "enterrar el Secreto". Él lo deposita, contaba el cardenal Ottaviani, "en uno de esos archivos que son como un profundo pozo negro, negro, al fondo del cual los papeles caen, y nadie ve ya nada". De hecho, se sabe muy bien que el manuscrito de Sor Lucía fue colocado por el Papa en el escritorio de su mesa de trabajo y que allí permaneció hasta su muerte.

Pablo VI adopta de golpe la misma actitud. Elegido el 21 de junio de 1963, algún tiempo después reclama el texto del Secreto. Prueba de su viva preocupación a este respecto. Como no sabía lo que Juan XXIII había hecho de ello, hizo interrogar a Monseñor Capovilla, quien indica el lugar donde el manuscrito había sido colocado. El Papa Pablo VI seguramente lo ha leído en ese momento, pero no habla de ello. Sabéis sin embargo que el 11 de febrero de 1967, al aproximarse el jubileo de las apariciones de Fátima, el cardenal Ottaviani hizo, a nombre del Papa, una larga declaración sobre el tercer Secreto, para explicar que no sería aún divulgado. ¿Analizando este texto, siguiendo a los expertos portugueses, estoy obligado a constatar que, para justificar a toda costa la no divulgación del Secreto, el prefecto del Santo Oficio, defensor supremo de la verdad en la Iglesia, es obligado a acumular inexactitudes graves, distinciones sin fundamento, afirmaciones contradictorias?  

El Papa Juan Pablo I era muy devoto de Nuestra Señora de Fátima. Había ido en peregrinación a la Cova de Iría en julio de 1977. Y, hecho muy curioso, Sor Lucía misma pide encontrarse con él. El cardenal Luciani fue, pues, al Carmelo de Coímbra y tuvo una larga entrevista con la vidente.  Estoy en condiciones de afirmar que Sor Lucía le habló del tercer Secreto.  Quedó muy impresionado e hizo partícipes de su emoción y de la gravedad del mensaje a los que le rodeaban, después de su vuelta a Italia. Entonces habló y escribió sobre Fátima en términos vigorosos, expresando su admiración y su confianza total en Sor Lucía, que él consideraba visiblemente como una santa. Llegado a ser Papa, sin duda quiso preparar a la opinión pública antes de hacer algo. Desgraciadamente, nos fue trágicamente arrebatado antes de haber podido hablar.

El Papa Juan Pablo II, después del atentado del 13 de mayo de 1981 y antes de su peregrinación de acción de gracias del 13 de mayo siguiente, ha pedido la ayuda de un traductor portugués de la Curia para tener el sentido de "ciertas expresiones del Secreto propias de la lengua portuguesa".  El ha leído también el tercer Secreto. Pero no ha querido divulgarlo. En fin, sabemos que el cardenal Ratzinger ha tenido conocimiento del mismo; Lo ha declarado al periodista italiano Vittorio Messori. Habló de él dos veces más, en octubre de 1984 y en junio de 1985, evocando su contenido en términos muy diferentes de una a otra vez, lo que es para nosotros muy significativos. Pero siempre para esforzarse, -muy vanamente- en justificar su no divulgación.  En pocas palabras, después de veinticinco años, de Juan XXIII a Juan Pablo II, es siempre el mismo rechazo implacable; Roma permanece sorda, obstinadamente, a todas las demandas, vengan de donde vengan de la Jerarquía Portuguesa o de los responsables del Ejército azul, del P. Alonso o del Reverendo Laurentin. Nuestro Padre, el abate de Nantes, ha multiplicado las súplicas, en nombre de todos los miembros de la "Liga de Contrarreforma Católica» abril de 1973, en noviembre de 1974, el13 de mayo de 1975, el 25 de noviembre de 1978, el 13 de mayo de 1983, en enero de 1985... ¡Todas estas demandas han quedado sin respuesta! Un silencio tan obstinado debe tener sus razones. Ahora bien, se encuentra que todas las que han sido adelantadas en 1960 no eran más que argumentos inconsistentes. Todo justo para formar una espesa cortina de humo para ocultar una verdad demasiado molesta". Las razones del cardenal Ottaviani en 1967 no eran más serias. Y pasa lo mismo hoy con las que adelanta su sucesor, el cardenal Ratzinger.

El verdadero motivo del silencio de Roma, la verdadera razón que todos los otros intentan disimular vanamente, es evidentemente el contenido del famoso Secreto. También es éste un nuevo dato muy esclarecedor para progresar en el descubrimiento del último mensaje de Nuestra Señora.

IV

Cuarto hecho capital: la profecía del tercer Secreto se realiza actualmente, bajo nuestros ojos, desde 1960. Hay en efecto un calendario, una referencia es posible en la realización de las profecías de de Fátima.  De una parte, es seguro que nosotros no hemos aún llegado al tiempo anunciado por la conclusión del secreto. ¿Por qué? Porque Rusia no ha sido aún consagrada al Inmaculado Corazón de María, como debe serio, y como lo será un día. Sor Lucía lo ha hecho saber claramente, aun después del acto del 25 de marzo de 1984. Rusia no se ha convertido aún y el mundo no está en paz, ¡lejos de esto! Por tanto, no estamos al término de la profecía.

Por otra parte, los sucesos anunciados en el tercer Secreto no conciernen solamente a nuestro porvenir. Pues nosotros tenemos otra señal: 1960.  La Virgen había pedido que el Secreto fuera divulgado en 1960, porque, decía Lucía al cardenal Ottaviani, "en 1960, el mensaje aparecerá más claro", Ahora bien, la sola razón que puede hacer una profecía más clara a partir de una fecha determinada es sin ninguna duda el principio de su realización. Y nosotros tenemos otras declaraciones de Lucía diciendo que "el castigo predicho por Nuestra Señora en el tercer Secreto había ya comenzado".  Podemos estar seguros de que actualmente estamos en los límites extremos de la época relacionada en la profecía. Vivimos pues el tercer Secreto y asistimos a los sucesos que anuncia.

Falsos secretos y falsas hipótesis.

Falsos secretos que han sido publicados sucesivamente desde hace veinticinco años. EI más famoso de todos ha sido difundido en 1963 por la revista alemana "Neues Europa", y vuelto a publicar en diversas revistas.  Hay en ese texto varios errores monstruosos que prueban suficientemente que se trata de una falsedad. Y, además, aun cuando nos afirman que el texto publicado está formado de "extractos" del Secreto verdadero, esos "extractos" son al menos cuatro veces más largos que para estar contenidos en la hoja de papel sobre la cual Lucía ha redactado el conjunto del auténtico tercer Secreto Se pueden descartar también un buen número de falsas hipótesis. Por supuesto, no se trata -como osa pretenderlo el P. Caprile -de una simple invitación a la oración y a la penitencia. iLa Virgen María no hubiera pedido a Lucía esperar a 1944 ó 1960 para divulgar un mensaje que repetiría palabra por palabra su mensaje público del 13 de octubre de 1917! Tampoco se trata de profecías de felicidad: el tercer Secreto de Fátima no reúne seguramente las miras llenas de optimismo del Papa Juan XXIII anunciando que el Concilio sería "un nuevo Pentecostés", "una nueva primavera de la Iglesia". Si esto fuera así, El mismo o sus sucesores nos lo habrían revelado. ¡"Si era alegre, decía muy justamente el cardenal Cerejeira, nos lo dirían. ¡Puesto que no nos dicen nada, es que es triste”! Sí, es evidentemente grave y trágico. No es tampoco el anuncio del fin del mundo, puesto que la profecía de Fátima termina con una promesa maravillosa e incondicional, que se la debería predicar a tiempo y a destiempo, porque es la fuente de una inconfundible esperanza:

"AL FIN MI CORAZON INMACULADO TRIUNFARA, EL SANTO PADRE ME CONSAGRARA A RUSIA, QUE SE CON VER TIRA, y SE DARA AL MUNDO UN TIEMPO DE PAZ”.

¿Sería éste el anuncio de una tercera guerra mundial? ¿De una guerra atómica? Sería juicioso pensarlo, pues aquí la profecía no haría más que confirmar los más lúcidos análisis políticos... ¿La Virgen María no hubiera predicho esta guerra futura, horrible, que nos amenaza tan trágicamente? Siguiendo al P. Alonso, se puede demostrar que esto no es sin duda lo esencial del tercer Secreto. Por una sólida razón: y es que este anuncio de castigos materiales, de nuevas guerras y de persecuciones contra la Iglesia, constituye el contenido específico del segundo Secreto. ¿Hemos reflexionado sobre el alcance terrible de esas simples palabras: "los buenos serán martirizados, ¿el Santo Padre tendrá que sufrir mucho, ¿varias naciones serán aniquiladas”? "La Santa Virgen, nos ha dicho, confiaba Sor Lucía al P. Fuente, que muchas naciones desaparecerían de la superficie de la tierra, que Rusia será instrumento del castigo del Cielo para el mundo si no obtenemos antes la conversión de esta pobre nación".  (Esta forma de actuar por parte de Dios es muy común ya encontramos en las Sagradas Escrituras ejemplo de ello en Isaías profeta. En donde Dios, para castigar al pueblo judío por su infidelidad dice por boca del profeta: ¡“Hay de Asiria vara de mi ira! El bastón en su mano es instrumento de mi furor. Contra una nación impía le enviare, le daré orden de ir contra el pueblo. Objeto de mi ira para saquearlo y llevarse el botín, para pisotearlo como el lodo de las calles”) (IS C. 10, Vers. 5y 6) Es por esto que es de temer que la palabra ‘aniquiladas'' se deba tomar al pie de la letra, en su sentido obvio: aniquiladas, destruidas a fondo, enteramente.  Inverosímil en 1917, esta trágica amenaza no lo es para nosotros hoy, en la era atómica. Es pues claro: todos los castigos materiales que aún nos amenazan, inclusive los más espantosos, como la guerra nuclear, o la expansión del comunismo sobre todo el planeta, estaban ya anunciados por Nuestra Señora en su segundo Secreto, y conocíamos también los medios sobrenaturales para conjurarlos, antes de que sea demasiado tarde. Podemos estar seguros que nada de todo esto vendrá en la tercera parte del Secreto, afirma el P. Alonso. O al menos, añadiría yo, si allí se hace de él nueva alusión -como es del todo posible- éste no será el tema esencial de este tercer Secreto. En efecto, puesto que el Secreto está compuesto de tres partes coherentes, pero distintas, y cuyas fechas de divulgación fijadas por el Cielo no eran las mismas, se puede estar seguro que la tercera parte del Secreto no va a repetir la misma cosa que el segundo, a algunas líneas de intervalo.

P. D. Es una realidad irrefutable el desarrollo de los acontecimientos en la actualidad nada agradables, por cierto. Rusia la principal protagonista de este tercer secreto, está actuando de tal manera que nos hace volver los ojos asía lo que se insinúa en el tercer secreto. (en mi humilde opinión, el conflicto velico entre Rusia y la O. T.A. N. ya se inició en Siria en 2017 con la intervención de este último país que termino con la victoria de Siria y Rusia) Pero no es ella sola a ella debemos unir a los E. U. A., de Norteamérica porque su obstinación nos está arrastrando cada vez más a una guerra de proporciones inimaginables. (En la actualidad esta tendencia es mas notoria al querer poner en contra de Rusia a todo el mundo si fuera posible, como lo vemos en Europa que, por seguir las políticas de Washington, están sufriendo un terrible colapso energético que ya no se puede ocultar debido a la guerra de Rusia contra Ucrania, en cual esta interviniendo la O. T. A. N. junto a Estados Unidos.) No pienso hacer un estudio sobre este tema porque ya lo hice, pero si decir al menos dos o tres cosas sobre este tema: Actualmente Rusia renuncio al tratado de la no proliferación de las armas nucleares subscripto en los tiempos de Nikita Sergéyevich Jrushchov, también traducido como Nikita Kruschev y John Fitzgerald Kennedy, esta separación de Rusia del tratado mencionado lo lleva necesariamente a enriquecer el plutonio que es utilizado en las bombas nucleares. El rompimiento no oficial de las relaciones entre estos dos países y, finalmente el apoyo incondicional de Estados Unidos de Norteamérica a la facción terrorista rodeada por el ejército sirio en Alepo Siria, la guerra ya ha comenzado. ¿Estamos listos? He aquí un extracto de la advertencia rusa contra Estados Unidos “Si hay una agresión directa de Estados Unidos contra Damasco y el Ejército sirio, llevará a peligrosos cambios tectónicos no solo en el territorio de este país, sino en la región”, advirtió el sábado la portavoz de la Cancillería rusa, María Zajárova.

Anexo a este escrito un video muy actualizado de la situacuin actual del conflicto en Ucania.

 

viernes, 9 de septiembre de 2022

Dignidade do sacerdócio CATÓLICO. São João Crisóstomo.

 

 Observação. Quando São João Crisóstomo fala do sacerdote, refere-se ao sacerdócio católico segundo a ordem de Melquisedeque estabelecida por Nosso Senhor Jesus Cristo na Última Ceia e não aquela emanada do Concílio Vaticano II, que é de origem humana e protestante ( se existe como tal). ) contrário ao divino.

Quando você contempla o Senhor sacrificado e colocado no altar, e o sacerdote que reza e atende ao sacrifício, e todos os presentes banhados na púrpura daquele sangue preciosíssimo, você talvez pense que ainda está entre os homens e que pisa Não te sentes um tanto transferido para os Céus, onde, banidos de tua alma todo pensamento carnal, olhas com alma nua e mente pura as próprias realidades da glória? Oh maravilha! Ó bondade do nosso Deus! o

que está sentado na glória ao lado do Pai, é levado naquele momento nas mãos de todos, e se deixa abraçar e abraçar por quem quer. Eles fazem isso com os olhos da fé.

Você quer ver a santidade soberana desses mistérios? Imagine, eu lhe imploro, que você tenha diante de seus olhos o profeta Elias; veja a imensa multidão que o cerca, as vítimas nas pedras, a quietude e o silêncio absoluto de todos e somente do profeta que reza; e, de repente, o fogo que desce do céu sobre o sacrifício... Tudo isso é admirável e nos enche de espanto.

Bem, parta agora e contemple o que se cumpre entre nós: você verá não apenas coisas maravilhosas, mas algo que supera toda admiração. O sacerdote está aqui, não para fazer descer fogo do céu, mas para fazer descer o Espírito Santo; e ele prolonga a sua oração por muito tempo, não para que uma chama do alto consuma as vítimas, mas para que a graça desça sobre o sacrifício e, queimando as almas de todos os presentes, deixe-as mais brilhantes que a prata refinada.

Quem há, então, tão louco, que está tão perdido em julgamento que despreza orgulhosamente um mistério tão tremendo? Você não sabe que, sem uma ajuda particular da graça de Deus, não haveria alma humana capaz de resistir ao fogo desse sacrifício, mas que nos consumiria a todos absolutamente?

Se alguém considerar cuidadosamente o que significa ser um homem ainda envolto em carne e sangue, e ainda ser capaz de chegar tão perto dessa natureza abençoada e puríssima; que se possa compreender quão grande é a honra que a graça do Espírito concedeu aos sacerdotes. Porque pelas mãos do sacerdote se cumprem não só os ditos mistérios, mas outros que de modo algum estão atrás deles, seja por sua dignidade em si mesmos, seja para nossa salvação.

De fato, os habitantes da terra, que ainda têm sua conversa na terra, foram encarregados de administrar os tesouros do céu e receberam um poder que Deus nunca concedeu aos anjos ou arcanjos. A nenhum destes disse: tudo o que ligares na terra também será ligado no céu (Mt 18,18). É verdade que aqueles que exercem autoridade no mundo também têm o poder de vincular, mas apenas os corpos. O vínculo do sacerdote toca a própria alma e penetra nos céus. O que os sacerdotes fazem aqui, Deus confirma lá em cima; a sentença dos servos é confirmada pelo Senhor. ¿O que mais é isso, senão conceder-lhes todo o poder celestial? Cujos pecados você deve perdoar, ele diz, serão perdoados; e a quem os reter, serão retidos (Jo 20, 23). ¿Que poder pode ser maior do que este? Todo julgamento foi dado pelo Pai ao Filho (Jo 5,22); mas vejo que este julgamento, por sua vez, foi inteiramente colocado pelo Filho nas mãos de seus sacerdotes (...)

Sem a dignidade do sacerdócio não poderíamos nos salvar nem alcançar os bens que nos foram prometidos. ¿Porque se ninguém pode entrar no reino dos céus, se não for regenerado pela água e pelo Espírito (cf. Jo 3,5), se aquele que não come a carne e não bebe o sangue do Senhor está excluído da vida eterna (cfr. Jo 6, 53-54), e tudo isso só pode ser realizado pelas mãos santas do sacerdote, ¿cómo alguém poderia escapar do fogo do inferno e alcançar as coroas que nos estão reservadas?

Os sacerdotes são os que nos geram espiritualmente, aqueles que pelo Batismo nos dão à luz. Por meio deles nos revestimos de Cristo (cf. Rm 13,14; Gl 3,27), somos sepultados com o Filho de Deus (cf. Rm 6,4) e nos tornamos membros dessa bendita Cabeça. Para que os padres merecessem mais reverência do que magistrados e reis, e seria até justo prestar-lhes maior honra do que nossos próprios pais. Porque estes nos geraram pelo sangue e pela vontade da carne (cf. Jo 1,13), mas os primeiros são os autores do nosso nascimento de Deus, da bem-aventurada regeneração, da verdadeira liberdade e da filiação divina pela graça.

Os sacerdotes judeus tinham poder para livrar o corpo da lepra; Digo errado: eles só tinham o poder de examinar os já curados dela, e sabemos bem como era disputada então a dignidade sacerdotal. Mas os sacerdotes cristãos receberam poder, não sobre a lepra do corpo, mas sobre a impureza da alma; não para examinar a lepra curada, mas para purificá-la absolutamente. Por esta razão, aqueles que desprezam o sacerdote cometem um sacrilégio maior do que Datan e seus seguidores, e merecem punição mais severa (cf. Nm 16).

(...) Mas não só para castigar, mas também para nos fazer bem, Deus deu aos sacerdotes maior poder do que os pais naturais. A diferença que corre entre a vida presente e a vida futura vai de uma para a outra, pois uma nos gera pela primeira e a outra pela segunda. Além disso, os pais não podem libertar seus filhos da morte corporal, nem mesmo são capazes de remover deles uma doença que os ataca; os padres, por outro lado, muitas vezes curam uma alma doente e salvam a que está prestes a se perder; Eles atenuam a punição que merecem para alguns, enquanto impedem que outros caiam. E isso não só por causa de seus ensinamentos e admoestações, mas também com a ajuda de suas orações. E é assim que os sacerdotes não só têm o poder de perdoar os pecados quando nos regeneram pelo Batismo, mas também aqueles que cometemos depois de nossa regeneração (...). Além disso, os pais naturais pouco ou nada podem fazer em favor dos filhos, quando ofendem algum personagem ou poderoso na terra, os sacerdotes, por outro lado, nos reconciliam muitas vezes, não com magistrados ou imperadores, mas com o próprio Deus. com raiva de nós

 

 

Dignity of the CATHOLIC priesthood. Saint John Chrysostom.

 

Note. When Saint John Chrysostom speaks of the priest, he refers to the Catholic priesthood according to the order of Melchizedek established by Our Lord Jesus Christ at the Last Supper and not the one emanating from the Second Vatican Council, which is of human and Protestant origin (if it exists as such). ) contrary to the divine.

When you contemplate the Lord sacrificed and placed on the altar, and the priest who prays and attends the sacrifice, and all those present bathed in the purple of that most precious blood, do you perhaps think that you are still among men and that you tread the earth? Don't you feel rather transferred to the Heavens where, banished from your soul all carnal thought, you look with naked soul and pure mind the very realities of glory? ¡Oh wonder! ¡O kindness of our God! The

who is seated in glory next to the Father, is taken at that moment into the hands of all, and allows himself to be embraced and embraced by those who want. They do so with the eyes of faith.

¿Do you want to see the sovereign sanctity of these mysteries? Imagine, I beg you, that you have before your eyes the prophet Elijah; he looks at the huge crowd that surrounds him, the victims on the stones, the stillness and the absolute silence of all and only the prophet who prays; and, suddenly, the fire that comes down from heaven on the sacrifice... All this is admirable and fills us with astonishment.

Well, move now from there and contemplate what is fulfilled between us: you will see not only wonderful things, but something that surpasses all admiration. The priest stands here, not to call down fire from heaven, but to bring down the Holy Spirit; and he prolongs his prayer for a long time, not so that a flame from on high consumes the victims, but so that grace descends on the sacrifice and, burning the souls of all those present, leave them brighter than refined silver.

Who is there, then, so crazy, who is so lost in judgment that he proudly despises such a tremendous mystery? ¿Do you not know that, without a particular help of God’s grace, there would be no human soul capable of withstanding the fire of that sacrifice, ¿but that it would consume us all absolutely?

If someone carefully considers what it means to be a man still wrapped in flesh and blood, and yet be able to come so close to that blessed and most pure nature; that one will be able to understand how great is the honor that the grace of the Spirit granted to the priests. Because by the hands of the priest not only the said mysteries are fulfilled, but others that are in no way behind them, either because of their dignity in themselves, or in order to our salvation.

Indeed, the inhabitants of the earth, who still have their conversation on earth, have been entrusted to administer the treasures of Heaven, and have received a power that God never granted to the angels or the archangels. To none of these did he say: whatever you bind on earth will also be bound in heaven (Mt 18, 18). It is true that those who exercise authority in the world also have the power to bind, but only the bodies. The bond of the priest touches the soul itself and penetrates into the heavens. What the priests do down here, God confirms up there; the sentence of the servants is confirmed by the Lord. What else is this, but to have granted them all the celestial power? Whose sins you shall forgive, he says, will be forgiven them; and to whom you retain them, they shall be retained (Jn 20, 23). What power can be greater than this? All judgment has been given by the Father to the Son (Jn 5, 22); but I see that this judgment has in turn been entirely placed by the Son in the hands of his priests (...)

Without the dignity of the priesthood we could not save ourselves or achieve the goods that have been promised to us. Because if no one can enter the kingdom of heaven, if he is not regenerated by water and the Spirit (cf. Jn 3, 5), if he who does not eat the flesh and drink the blood of the Lord is excluded from eternal life (cfr. Jn 6, 53-54), and all this can only be accomplished by the holy hands of the priest, how could anyone escape the fire of hell and reach the crowns that are reserved for us?

The priests are the ones who beget us spiritually, those who through Baptism give birth to us. Through them we clothe ourselves with Christ (cf. Rom 13, 14; Gal 3, 27), we are buried with the Son of God (cf. Rom 6, 4) and we become members of that blessed Head. So that priests should deserve more reverence than magistrates and kings, and it would even be fair to pay them greater honor than our own parents. Because the latter beget us by blood and the will of the flesh (cf. Jn 1:13), but the former are the authors of our birth from God, of blessed regeneration, of true freedom and of divine filiation by grace.

The Jewish priests had power to rid the body of leprosy; I say wrong: they only had the power to examine those already cured of it, and we well know how disputed the priestly dignity was then. But the Christian priests have received power, not over the leprosy of the body, but over the impurity of the soul; not to examine the cured leprosy, but to absolutely cleanse it. Therefore, those who despise the priest commit a greater sacrilege than Datan and his henchmen, and deserve more severe punishment (cf. Num 16).

(...) But not only in order to punish, but also to do us good, God has given priests greater power than natural parents. The difference that runs between the present life and the life to come goes from one to the other, since the one begets us for the former and the other for the latter. In addition, parents cannot free their children from bodily death, they are not even capable of removing from them an illness that attacks them; the priests, on the other hand, often cure a sick soul and save the one that is about to be lost; They mitigate the punishment they deserve for some, while they prevent others from falling at all. And that not only because of his teachings and admonitions, but also with the help of his prayers. And so it is that priests not only have the power to forgive sins when they regenerate us through Baptism, but also those we commit after our regeneration (...). In addition, natural parents can do little or nothing in favor of their children, when they offend some character or powerful on earth, the priests, on the other hand, reconcile us many times, not with magistrates or emperors, but with God himself. angry at us

 

jueves, 8 de septiembre de 2022

Dignidad del sacerdocio CATOLICO. San Juan Crisóstomo.

 

 Nota. San Juan Crisóstomo cuando habla del sacerdote, se refiere al sacerdocio católico según el orden de Melquisedec establecido por Nuestro Señor Jesucristo en la ultima cena y no al emanado del Concilio Vaticano II, que es de procedencia humana y protestante (si es que existe como tal) contrario al divino.

Cuando contemplas al Señor sacrificado y puesto sobre el altar, y al sacerdote que ora y asiste al sacrificio, y a todos los presentes bañados con la púrpura de aquella sangre preciosísima, ¿acaso piensas que estás aún entre los hombres y que pisas la tierra?, ¿no te sientes más bien trasladado a los Cielos donde, desterrado de tu alma todo pensamiento carnal, miras con alma desnuda y mente pura las realidades mismas de la gloria? ¡Oh maravilla! ¡Oh benignidad de nuestro Dios! El

que está sentado en la gloria junto al Padre, es tomado en aquel momento en manos de todos, y se deja abrazar y estrechar de los que quieren. Así lo hacen con los ojos de la fe.

¿Quieres ver la soberana santidad de estos misterios? Imagínate, te ruego, que tienes ante los ojos al profeta Elías; mira la ingente muchedumbre que lo rodea, las víctimas sobre las piedras, la quietud y el silencio absoluto de todos y sólo el profeta que ora; y, de pronto, el fuego que baja del cielo sobre el sacrificio... Todo esto es admirable y nos llena de estupor.

Pues trasládate ahora de ahí y contempla lo que entre nosotros se cumple: verás no sólo cosas maravillosas, sino algo que sobrepasa toda admiración. Aquí está en pie el sacerdote, no para hacer bajar fuego del cielo, sino para que descienda el Espíritu Santo; y prolonga largo rato su oración, no para que una llama desprendida de lo alto consuma las víctimas, sino para que descienda la gracia sobre el sacrificio y, abrasando las almas de todos los asistentes, los dejes más brillantes que plata acrisolada.

¿Quién habrá, pues, tan loco, quién tan perdido de juicio que desprecie soberbiamente misterio tan tremendo? ¿Acaso ignoras que, sin una particular ayuda de la gracia de Dios, no habría alma humana capaz de soportar el fuego de ese sacrificio, sino que nos consumiría a todos absolutamente?

Si alguien considera atentamente qué cosa significa estar un hombre envuelto aún de carne y sangre, y poder no obstante llegarse tan cerca de aquella bienaventurada y purísima naturaleza; ése podrá comprender cuán grande es el honor que la gracia del Espíritu otorgó a los sacerdotes. Porque por manos del sacerdote se cumplen no sólo los misterios dichos, sino otros que en nada les van en zaga, ya en razón de su dignidad en sí, ya en orden a nuestra salvación.

En efecto, a moradores de la tierra, a quienes en la tierra tienen aún su conversación, se les ha encomendado administrar los tesoros del Cielo, y han recibido un poder que Dios no concedió jamás a los ángeles ni a los arcángeles. A ninguno de éstos dijo: lo que atareis sobre la tierra será también atado en el cielo (Mt 18, 18). Cierto que quienes ejercen autoridad en el mundo tienen también poder de atar, pero sólo los cuerpos. La ligadura del sacerdote toca al alma misma y penetra dentro de los cielos. Lo que los sacerdotes hacen aquí abajo, Dios lo ratifica allá arriba; la sentencia de los siervos es confirmada por el Señor. ¿Qué otra cosa es esto, sino haberles concedido todo el poder celeste? A quienes perdonareis—dice—los pecados, les serán perdonados; y a quienes se los retuviereis, les serán retenidos (Jn 20, 23). ¿Qué poder puede haber mayor que éste? Todo el juicio se lo ha dado el Padre al Hijo (Jn 5, 22); pero yo veo que ese juicio ha sido a su vez enteramente puesto por el Hijo en manos de sus sacerdotes (...)

Sin la dignidad del sacerdocio no podríamos salvarnos ni alcanzar los bienes que nos han sido prometidos. Porque si nadie puede entrar en el reino de los cielos, si no es regenerado por el agua y el Espíritu (cfr. Jn 3, 5), si se excluye de la vida eterna al que no come la carne y bebe la sangre del Señor (cfr. Jn 6, 53-54), y todo esto sólo puede cumplirse por las manos santas del sacerdote, ¿cómo podría nadie escapar al fuego del infierno y alcanzar las coronas que nos están reservadas?

Los sacerdotes son quienes nos engendran espiritualmente, los que por el Bautismo nos dan a luz. Por ellos nos revestimos de Cristo (cfr. Rm 13, 14; Gal 3, 27), nos consepultamos con el Hijo de Dios (cfr. Rm 6, 4) y nos hacemos miembros de aquella bienaventurada Cabeza. De suerte que los sacerdotes debieran merecernos más reverencia que los magistrados y reyes, y sería incluso justo tributarles mayor honor que a nuestros mismos padres. Porque éstos nos engendran por la sangre y la voluntad de la carne (cfr. Jn 1, 13), más aquellos son autores de nuestro nacimiento de Dios, de la regeneración bienaventurada, de la libertad verdadera y de la filiación divina por la gracia.

Los sacerdotes judíos tenían poder de librar de la lepra del cuerpo; digo mal: sólo tenían poder de examinar a los ya curados de ella, y bien sabemos cuán disputada era entonces la dignidad sacerdotal. Mas los sacerdotes cristianos han recibido potestad, no sobre la lepra del cuerpo, sino sobre la impureza del alma; no de examinar la lepra ya curada, sino de limpiar absolutamente de ella. Por eso, los que desprecian al sacerdote cometen un sacrilegio mayor que Datan y sus secuaces, y merecen más severo castigo (cfr. Num 16).

(...) Pero no sólo en orden a castigar, sino también para hacernos bien, ha dado Dios a los sacerdotes mayor poder que a los padres naturales. Va de los unos a los otros la diferencia que corre entra la vida presente y la venidera, pues los unos nos engendran para aquélla y los otros para ésta. Además, los padres no pueden librar a sus hijos de la muerte corporal, no son capaces ni de alejar de ellos una enfermedad que les acometa; los sacerdotes, en cambio, curan muchas veces a un alma enferma y salvan a la que está a punto de perderse; a unas les mitigan el castigo que merecen, a otras les impiden en absoluto caer. Y eso no sólo por sus enseñanzas y amonestaciones, sino también con la ayuda de sus oraciones. Y es así que los sacerdotes no sólo tienen poder de perdonar los pecados cuando nos regeneran por el Bautismo, sino también los que cometemos después de nuestra regeneración (...). Además, los padres naturales poco o nada pueden hacer en favor de sus hijos, cuando éstos ofenden a algún personaje o poderoso de la tierra los sacerdotes, en cambio, nos reconcilian muchas veces, no ya con magistrados o emperadores, sino con el mismo Dios irritado contra nosotros

jueves, 1 de septiembre de 2022

O GOLPE MESTRE É SATANÁS. Mons. MARCEL LEFEBVRE (APARENTE DESOBEDIÊNCIA, MAS REAL OBEDIÊNCIA...”)

 

APARENTE DESOBEDIÊNCIA,

MAS REAL OBEDIÊNCIA...”

Querido Padre, hoje você tem a alegria de celebrar a Santa Missa no meio de seus entes queridos, cercado por sua família, seus amigos, e é com grande satisfação que estamos perto de você hoje para lhe contar toda a nossa alegria e todo o nosso votos para o seu futuro apostolado. , pelo bem que fará às almas.

Neste dia rezamos especialmente a São Pio X, nosso padroeiro, cuja festa celebramos hoje e que esteve presente em todos os seus estudos e ao longo de sua formação. Vamos pedir-lhe que lhe dê um coração de apóstolo, um coração de sacerdote santo como o dele. E já que estamos aqui, muito perto da cidade de Santo Hilário e de São Radegunde e do grande Cardeal Pie, então, vamos pedir a todos esses protetores da cidade de Poitiers que venham em seu auxílio para que você siga seu exemplo, e para que preserves, como fizeram em tempos difíceis, a Fé Católica.

Você poderia ter aspirado a uma vida feliz, talvez fácil e confortável no mundo, já que já havia preparado estudos médicos. Você poderia, portanto, ter desejado outro caminho que não aquele que você escolheu. Mas não, você teve a coragem, mesmo em nosso tempo, de vir pedir a formação sacerdotal em Ecóne. ¿E por qué em Ecóne? Porque lá você encontrou a Tradição, porque lá você encontrou o que correspondia à sua Fé. Para você, este foi um ato de coragem que o honra.

E é por isso que gostaria de responder, com poucas palavras, às acusações que foram feitas nos últimos dias nos jornais locais após a publicação da carta de Monsenhor Rozier, Bispo de Poitiers. Ah, não para discutir. Tenho o cuidado de evitá-lo, não tenho o hábito de responder a essas cartas e prefiro ficar calado. No entanto, parece-me que é bom que eu o justifique porque nessa carta você está envolvido como eu. ¿Por que isso está acontecendo? Não por causa de nosso povo, mas por causa da escolha que fizemos. Somos incriminados porque escolhemos o suposto caminho da desobediência.Mas seria que compreendêssemos precisamente qual é o caminho da desobediência. Acho que podemos realmente dizer que, se escolhemos o caminho da aparente desobediência, escolhemos o caminho da obediência real.

Então, acho que aqueles que nos acusam talvez tenham escolhido o caminho da aparente obediência, mas da desobediência real. Porque quem segue o novo caminho, quem segue as novidades, quem adere a novos princípios, contrários aos que nos foram ensinados no nosso catecismo, contrários aos que nos foram ensinados pela Tradição, por todos os Papas e por todos os Conselhos, esses escolheram o caminho da desobediência real.

Porque não se pode dizer que hoje a autoridade é obedecida enquanto se desobedece toda a Tradição. O sinal da nossa obediência é precisamente seguir a Tradição, que é o sinal da nossa obediência: “Jesus Christus herí, hodie et in saecula”. Jesus Cristo ontem, hoje e sempre.

Nosso Senhor Jesus Cristo não pode ser separado. Não se pode dizer que se obedece a Jesus Cristo de hoje e que não se obedece a Jesus Cristo de ontem, porque então não se obedece a Jesus Cristo de amanhã. Isto é muito importante. Por isso não podemos dizer: desobedecemos ao Papa de hoje e por isso mesmo desobedecemos aos de ontem. Obedecemos aos de ontem, por isso obedecemos aos de hoje e por isso obedecemos aos de amanhã. Porque não é possível que os Papas não ensinem a mesma coisa, não é possível que os Papas se contradigam, que os Papas se contradigam.

E      é por isso que estamos convencidos de que, sendo fiéis a todos os Papas de ontem, a todos os Concílios de ontem, somos fiéis ao Papa de hoje, ao Concílio de hoje e ao Concílio de amanhã e ao Papa de amanhã. Mais uma vez: “Jesus Christus ferido, hodie et in saecula”. Jesus Cristo ontem, hoje e sempre.

E      se hoje, por um mistério da Providência, um mistério que para nós é insondável, incompreensível, estamos em aparente desobediência, não estamos realmente em desobediência, estamos em obediência.

Por que estamos em obediência? Porque cremos no nosso Catecismo, porque temos sempre o mesmo Credo, o mesmo Decálogo, a mesma Missa, os mesmos Sacramentos, a mesma oração: o Pai Nosso de ontem, de hoje e de amanhã. É por isso que estamos em obediência e não em desobediência.

Ao contrário, se estudarmos o que é ensinado hoje na nova religião, notamos que já não têm a mesma Fé, o mesmo Credo, o mesmo Decálogo, a mesma Missa, os mesmos Sacramentos, já não têm a mesma Nossa Pai. Basta abrir os catecismos de hoje para perceber isso, basta ler os discursos que são proferidos em nosso tempo para perceber que quem nos acusa de estar em desobediência são os que não seguem os Papas, são os que já eles não seguem os Conselhos, são eles que estão em desobediência.Porque não temos o direito de mudar nosso Credo, de dizer que os Anjos não existem hoje, de mudar a noção de pecado original, de afirmar que a Virgem não é mais a sempre virgem, e assim por diante.

Não há direito de substituir o Decálogo pelos Direitos do Homem; no entanto, hoje só falamos dos Direitos do homem e não falamos dos seus deveres que constituem o Decálogo. Ainda não vimos que em nossos catecismos devemos substituir o Decálogo pelos Direitos do Homem!... E isso é muito grave. Os Mandamentos de Deus são atacados, todas as leis que dizem respeito à família e assim por diante não são mais defendidas.

A santíssima missa, por exemplo, que é o resumo da nossa fé, que é precisamente o nosso catecismo vivo, a santíssima missa está distorcida, tornou-se equívoca, ambígua. Os protestantes podem dizer isso, os católicos podem dizer isso.

Para este fim, eu nunca disse e nunca segui aqueles que disseram que todas as novas Missas são Missas inválidas. Eu nunca disse tal coisa, mas acho que, de fato, é muito perigoso se acostumar a seguir a nova Missa porque ela não representa mais nosso catecismo habitual, porque há noções que se tornaram protestantes e foram introduzidas em a nova missa.

sobre as almas pelo Batismo, pela Eucaristia, pelo Sacramento da Penitência. ¡Oh! ¡a beleza, a grandeza do sacerdócio, ¡uma grandeza da qual não somos dignos! do qual nenhum homem é digno. Nosso Senhor Jesus Cristo quis fazer isso. ¡Que grandeza!¡ Que sublimidade!

E é isso que nossos jovens sacerdotes entenderam. Certifique-se de que eles entenderam. Eles amaram a Santa Missa durante todo o seminário. Eles penetraram em seu mistério. Eles nunca penetrarão seu mistério de maneira perfeita, mesmo que Deus nos conceda uma longa vida aqui embaixo. Mas eles amam a sua Missa e penso que compreenderam e compreenderão sempre melhor que a Missa é o sol da sua vida, a razão da sua vida sacerdotal para dar às almas Nosso Senhor Jesus Cristo e não simplesmente para partir o pão da amizade. que Nosso Senhor Jesus Cristo já não é encontrado. E, consequentemente, não existe mais graça nas Missas que seriam puramente Eucaristia, puramente significado e símbolo de uma espécie de caridade humana entre nós.

É por isso que nos apegamos à Santa Missa. E a Santa Missa é a expressão do Decálogo. ¿O que é o Decálogo senão o amor a Deus e o amor ao próximo? ¿O que melhor realiza o amor de Deus e o amor ao próximo do que o Santo Sacrifício da Missa? Deus recebe toda a glória por Nosso Senhor Jesus Cristo e por seu Sacrifício. Não pode haver maior ato de caridade para com Deus do que celebrar o santo sacrifício da Missa instituída por Ele. E também um ato de caridade para com os homens do que o Sacrifício de Nosso Senhor. O próprio Nosso Senhor Jesus Cristo diz assim: ¿existe maior ato de caridade do que dar a vida por aqueles que você ama? Portanto, o Decálogo se realiza no Sacrifício da Missa: o maior ato de amor que Deus pode ter de um homem e o maior ato de amor que podemos ter de Deus para conosco. Assim é o Decálogo: é o nosso catecismo vivo. O Santo Sacrifício da Missa está ali continuando o Sacrifício da Cruz. Os Sacramentos nada mais são do que a irradiação do Sacramento da Eucaristia. Todos os Sacramentos são, de certa forma, como satélites do Sacramento da Eucaristia. Do Batismo à Extrema Unção, passando por todos os demais sacramentos, não são mais que a irradiação da Eucaristia, porque toda graça vem de Jesus Cristo que está presente na Santa Eucaristia. Os Sacramentos nada mais são do que a irradiação do Sacramento da Eucaristia. Todos os Sacramentos são, de certa forma, como satélites do Sacramento da Eucaristia. Do Batismo à Extrema Unção, passando por todos os demais sacramentos, não são mais que a irradiação da Eucaristia, porque toda graça vem de Jesus Cristo que está presente na Santa Eucaristia. Os Sacramentos nada mais são do que a irradiação do Sacramento da Eucaristia. Todos os Sacramentos são, de certa forma, como satélites do Sacramento da Eucaristia. Do Batismo à Extrema Unção, passando por todos os demais sacramentos, não são mais que a irradiação da Eucaristia, porque toda graça vem de Jesus Cristo que está presente na Santa Eucaristia.

Agora, o sacramento e o sacrifício estão intimamente unidos na Missa. O sacrifício não pode ser separado do sacramento. O Catecismo do Concílio de Trento explica isso magnificamente. Há duas grandes realidades no Sacrifício da Missa: o sacrifício e o sacramento, o sacramento dependente do sacrifício, o fruto do sacrifício.

Esta é toda a nossa santa religião e por isso estamos nos apegando à Santa Missa. Você entenderá agora talvez melhor do que até hoje por que defendemos esta Missa, a realidade do Sacrifício da Missa. Ela é a vida da Igreja e a razão da Encarnação de Nosso Senhor Jesus Cristo. E a razão da nossa existência é unir-nos a Nosso Senhor Jesus Cristo no Sacrifício da Missa. Então, se eles querem desnaturar nossa Missa, arrancar nosso Sacrifício da Missa de uma certa maneira, começamos a gritar! Estamos sendo dilacerados e não queremos ser separados do Santo Sacrifício da Missa.

É por isso que nos apegamos firmemente ao nosso Sacrifício da Missa. E estamos convencidos de que nosso Santo Padre o Papa não proibiu e nunca poderá proibir a celebração do Santo Sacrifício da Missa de sempre. Por outro lado, o Papa São Pio V disse de forma solene e definitiva, que aconteça o que acontecer no futuro, um sacerdote nunca poderá ser impedido de celebrar este Sacrifício da Missa e que todas as excomunhões, todas as suspensões, todas as penas que poderia acontecer a um padre para celebrar este Santo Sacrifício seria nulo e sem efeito. Para o futuro: “no futuro in perpetuum”.

Portanto, temos a consciência tranquila, aconteça o que acontecer. Se podemos estar com a aparência de desobediência, estamos realmente em obediência. Aqui está a nossa situação. ¿E é conveniente que o digamos, que o expliquemos, ¿porque somos nós que continuamos a Igreja? Aqueles que desnaturam o Sacrifício da Missa, os Sacramentos, nossas orações, aqueles que colocam os Direitos do Homem no lugar do Decálogo, que transformam nosso Credo, são eles que estão na realidade da desobediência.Ora, isto é o que fazem os novos catecismos de hoje. ¡Por isso sentimos uma profunda tristeza por não estarmos em perfeita comunhão com os autores dessas reformas... e lamentamos infinitamente! Gostaria de ir imediatamente ao Monsenhor Rozier para lhe dizer que estou em perfeita comunhão com ele. Mas é impossível para mim, se Monsenhor Rozier condena esta Missa que celebramos, poder estar em comunhão com ele não é possível, porque esta Missa é a da Igreja. E aqueles que rejeitam esta Missa não estão mais em comunhão com a Igreja de todos os tempos.

CONTINUA...

 

THE MASTER BLOW IS SATAN. Mons. MARCEL LEFEBVRE (APPARENT DISOBEDIENCE, BUT REAL OBEDIENCE...”)

 



APPARENT DISOBEDIENCE,

BUT REAL OBEDIENCE...”

Dear Father, today you have the joy of celebrating Holy Mass in the midst of your loved ones, surrounded by your family, your friends, and with great satisfaction we find ourselves near you today to tell you all our joy and all our wishes for your future apostolate. , for the good you will do to souls.

On this day we pray especially to Saint Pius X, our patron saint, whose feast we celebrate today and who was present in all your studies and throughout your training. We will ask him to give you an apostle's heart, a holy priest's heart like his. And since we are here, very close to the city of Saint Hilary and Saint Radegunde and the great Cardinal Pie, well then, we will ask all these protectors of the city of Poitiers to come to your aid so that you follow their example, and so that you preserve, as they did in difficult times, the Catholic Faith.

You could have aspired to a happy, perhaps easy and comfortable life in the world, since you had already prepared medical studies. You could therefore have desired another path than the one you have chosen. But no, you have had the courage, even in our time, to come to ask for priestly formation at Ecóne. And why in Ecóne? Because there you have found the Tradition, because there you have found what corresponded to your Faith. For you, this was an act of courage that honors you.

And that is why I would like to respond, with a few words, to the accusations that have been made in recent days in local newspapers following the publication of the letter from Monsignor Rozier, Bishop of Poitiers. Oh, not to argue. I am careful to avoid it, I am not in the habit of answering those letters and I prefer to remain silent. However, it seems to me that it is good that I justify you because in that letter you are involved just as I am. Why is this happening? Not because of our people, but because of the choice we have made. We are incriminated because we have chosen the supposed path of disobedience.But it would be that we understand precisely what the path of disobedience is. I think we can truly say that if we have chosen the path of apparent disobedience, we have chosen the path of real obedience.

So, I think that those who accuse us have perhaps chosen the path of apparent obedience, but of real disobedience. Because those who follow the new path, those who follow novelties, those who adhere to new principles, contrary to those that were taught to us in our catechism, contrary to those that were taught to us by Tradition, by all the Popes and by all the Councils, those such have chosen the path of real disobedience.

Because it cannot be said that today authority is obeyed while disobeying all of Tradition. The sign of our obedience is precisely to follow Tradition, that is the sign of our obedience: “Jesus Christus herí, hodie et in saecula”. Jesus Christ yesterday, today and forever.

Our Lord Jesus Christ cannot be separated. It cannot be said that he obeys Jesus Christ of today and that he does not obey Jesus Christ of yesterday, because then he does not obey Jesus Christ of tomorrow. This is very important. For this reason we cannot say: we disobey the Pope of today and for that very reason we also disobey those of yesterday. We obey those of yesterday, therefore we obey those of today and therefore we obey those of tomorrow. Because it is not possible that the Popes do not teach the same thing, it is not possible that the Popes contradict each other, that the Popes contradict each other.

And      that is why we are convinced that, being faithful to all the Popes of yesterday, to all the Councils of yesterday, we are faithful to the Pope of today, to the Council of today and to the Council of tomorrow and to the Pope of tomorrow. Once again: “Jesus Christus hurt, hodie et in saecula”. Jesus Christ yesterday, today and forever.

And      if today, due to a mystery of Providence, a mystery that for us is unfathomable, incomprehensible, we are in apparent disobedience, we are not really in disobedience, we are in obedience.

Why are we in obedience? Because we believe in our Catechism, because we always have the same Creed, the same Decalogue, the same Mass, the same Sacraments, the same prayer: the Our Father of yesterday, today and tomorrow. That is why we are in obedience and not in disobedience.

On the contrary, if we study what is taught today in the new religion, we notice that they no longer have the same Faith, the same Creed, the same Decalogue, the same Mass, the same Sacraments, they no longer have the same Our Father. It is enough to open today's catechisms to realize this, it is enough to read the speeches that are delivered in our time to realize that those who accuse us of being in disobedience are they who do not follow the Popes, they are the ones who already they do not follow the Councils, it is they who are in disobedience.Because we do not have the right to change our Creed, to say that Angels do not exist today, to change the notion of original sin, to affirm that the Virgin is no longer the ever-virgin, and so on.

There is no right to replace the Decalogue with the Rights of Man; however, today we only talk about the Rights of man and we do not talk about his duties that constitute the Decalogue. We have not yet seen that in our catechisms we should replace the Decalogue with the Rights of Man!... And this is very serious. The Commandments of God are attacked, all the laws that concern the family and so on are no longer defended.

The Most Holy Mass, for example, which is the summary of our Faith, which is precisely our living catechism, the Most Holy Mass is distorted, it has become equivocal, ambiguous. Protestants can say it, Catholics can say it.

To this end, I have never said and have never followed those who have said that all new Masses are invalid Masses. I have never said such a thing, but I think that, in fact, it is very dangerous to get used to following the new Mass because it no longer represents our usual catechism, because there are notions that have become Protestant and have been introduced in the new Mass.

over souls through Baptism, through the Eucharist, through the Sacrament of Penance. ¡Oh! ¡the beauty, the greatness of the priesthood, ¡a greatness of which we are not worthy! of which no man is worthy. Our Lord Jesus Christ wanted to do this. What greatness! What sublimity!

And this is what our young priests have understood. Be sure that they have understood. They have loved the Holy Mass throughout their seminar. They have penetrated its mystery. They will never penetrate its mystery in a perfect way even if God grants us a long life here below. But they love their Mass and I think they have understood and will always understand better that the Mass is the sun of their lives, the reason for their priestly life to give Our Lord Jesus Christ to souls and not simply to break bread of friendship. in which Our Lord Jesus Christ is no longer found. And, consequently, grace no longer exists in Masses that would be purely a Eucharist, purely a meaning, and a symbol of a kind of human charity among us.

That is why we are clinging to the Holy Mass. And the Holy Mass is the expression of the Decalogue. What is the Decalogue if not the love of God and the love of neighbor? What better realizes the love of God and the love of neighbor than the Holy Sacrifice of the Mass? God receives all glory for Our Lord Jesus Christ and for his Sacrifice. There can be no greater act of charity towards God than celebrating the holy sacrifice of the Mass instituted by Him. And also an act of charity towards men than the Sacrifice of Our Lord. Our Lord Jesus Christ himself says so: ¿is there a greater act of charity than giving your life for those you love? Therefore, the Decalogue is realized in the Sacrifice of the Mass: the greatest act of love that God can have from a man and the greatest act of love that we can have from God towards us. That is what the Decalogue is: it is our living catechism. The Holy Sacrifice of the Mass is there continuing the Sacrifice of the Cross. The Sacraments are nothing but the irradiation of the Sacrament of the Eucharist. All the Sacraments are, in a certain way, like satellites of the Sacrament of the Eucharist. From Baptism to Extreme Unction, passing through all the other sacraments, they are nothing but the irradiation of the Eucharist, because all grace comes from Jesus Christ who is present in the Holy Eucharist. The Sacraments are nothing but the irradiation of the Sacrament of the Eucharist. All the Sacraments are, in a certain way, like satellites of the Sacrament of the Eucharist. From Baptism to Extreme Unction, passing through all the other sacraments, they are nothing but the irradiation of the Eucharist, because all grace comes from Jesus Christ who is present in the Holy Eucharist. The Sacraments are nothing but the irradiation of the Sacrament of the Eucharist. All the Sacraments are, in a certain way, like satellites of the Sacrament of the Eucharist. From Baptism to Extreme Unction, passing through all the other sacraments, they are nothing but the irradiation of the Eucharist, because all grace comes from Jesus Christ who is present in the Holy Eucharist.

Now, the sacrament and the sacrifice are intimately united in the Mass. The sacrifice cannot be separated from the sacrament. The Catechism of the Council of Trent explains this magnificently. There are two great realities in the Sacrifice of the Mass: the sacrifice and the sacrament, the sacrament dependent on the sacrifice, the fruit of the sacrifice.

This is our whole holy religion and for this we are clinging to the Holy Mass. You will understand now better perhaps than you did until today why we defend this Mass, the reality of the Sacrifice of the Mass. She is the life of the Church and the reason for the Incarnation of Our Lord Jesus Christ. And the reason for our existence is to join Our Lord Jesus Christ in the Sacrifice of the Mass. So, if they want to denature our Mass, to tear away our Sacrifice from the Mass in a certain way, ¡we begin to shout! We are being torn apart and we do not want to be separated from the Holy Sacrifice of the Mass.

This is why we firmly hold to our Sacrifice of the Mass. And we are convinced that our Holy Father the Pope has not prohibited it and he will never be able to prohibit the celebration of the Holy Sacrifice of the Mass of always. On the other hand, Pope St. Pius V said in a solemn and definitive way, that whatever happens in the future, a priest could never be prevented from celebrating this Sacrifice of the Mass and that all excommunications, all suspensions, all the penalties that could befall a priest for celebrating this Holy Sacrifice would be null and void. For the future: “in future in perpetuum”.

Therefore, we have a clear conscience, whatever happens. If we can be with the appearance of disobedience, we are actually in obedience. Here is our situation. And is it convenient that we say it, that we explain it, because we are the ones who continue the Church? Those who denature the Sacrifice of the Mass, the Sacraments, our prayers, those who put the Rights of Man instead of the Decalogue, who transform our Creed, are they who are in the reality of disobedience. Now this is what is done by the new catechisms of today. That is why we feel a deep sorrow for not being in perfect communion with the authors of these reforms... and we are infinitely sorry! I would like to go immediately to Monsignor Rozier to tell him that I am in perfect communion with him. But it is impossible for me, if Monsignor Rozier condemns this Mass that we celebrate, to be able to be in communion with him is not possible, because this Mass is that of the Church. And those who reject this Mass are no longer in communion with the Church of all time.

TO BE CONTINUE...