jueves, 30 de marzo de 2017

UT NOS CREDIDIMUS CARITATE. VIDA DE MONS. LEFEBVRE


Una revelación


Las expresiones de gratitud, veneración y afecto hacia su Superior romano lloverán a menudo en las palabras de Monseñor Lefebvre durante sus sermones o conferencias espirituales. Así, en el sermón de su jubileo sacerdotal, el 23 de septiembre de 1979, se complacerá en evocar «la elevada dirección del querido y venerado Padre Le Floch, Padre amado, Padre que nos enseñó a ver claro en los acontecimientos de la época, comentándonos las encíclicas de los Papas."
«Jamás agradeceré lo bastante a Dios -decía- haberme permitido conocer a ese hombre realmente extraordinario».
Monseñor Lefebvre decía que las enseñanzas del Padre Le Floch fueron para él una «revelación»:
Fue él quien nos enseñó lo que eran los Papas en el mundo y en la Iglesia, y lo que habían enseñado durante un siglo y medio: el antiliberalismo, el antimodernismo, el anticomunismo y toda la doctrina de la Iglesia sobre estos temas. Nos hizo comprender y vivir realmente este combate emprendido por los Papas con absoluta continuidad para preservar al mundo y a la Iglesia de esas plagas que hoy nos oprimen. Eso fue para mí una revelación.
¿En qué fue una revelación? El antiguo alumno del colegio de Tourcoing nos lo explicaba claramente: Durante mis estudios no había entendido antes lo que está en juego en este combate de la Iglesia por la Iglesia y por la Cristiandad". Recuerdo [...] haber llegado al Seminario con ideas equivocadas que fui corrigiendo durante mi Seminario. Yo creía, por ejemplo, que era excelente que el Estado estuviese separado de la Iglesia. ¡Sí, yo era liberal! Esa confesión desencadenó, evidentemente, la risa de sus oyentes, los seminaristas de Écone: ¡Monseñor Lefebvre había sido liberal! Y ¿cómo ocurrió su conversión intelectual? Simplemente, decía, escuchaba las conversaciones de mis compañeros mayores. Escuchaba sus reacciones y, sobre todo, lo que mis profesores y mi superior me enseñaban. Y me di cuenta de que, en efecto, tenía muchas ideas falsas. [ ... ] Me sentía feliz de poder aprender la verdad, me sentía feliz de comprender que estaba equivocado, que tenía que cambiar mi manera de concebir ciertas cosas, y eso sobre todo estudiando las en cíclicas de los Papas que nos mostraban precisamente todos los errores modernos: esas magníficas encíclicas de todos los Papas hasta San Pío X y el Papa Pío XI.
Para mí -insistía-, fue una revelación total. Y así iba naciendo poco a poco en nosotros el deseo de conformar nuestro juicio con el de los Papas. Nos preguntábamos: ¿C6mo juzgaron los Papas los acontecimientos, las ideas, los hombres, las cosas de su tiempo? Y el Padre Le Floch nos mostraba" las ideas directivas de esos Papas en sus encíclicas: siempre las mismas, exactamente las mismas. Eso nos enseñó [...] cómo había que juzgar la historia [...], y eso es lo que se nos quedó grabado",
«Tal como juzgaron los Papas»: la preocupación constante de Monseñor Lefebvre sería la de inscribirse en la continuidad de juicio de los Papas y no tener ninguna idea personal, sino ser simplemente fiel a la «verdad de la Iglesia, la que siempre Ella ha enseñado» Vivimos siempre en estado de cruzada Ahora bien, la Iglesia siempre había enseñado a la vez que combatía.
El Padre Le Floch -decía Monseñor Lefebvre-, nos hizo entrar y vivir en la historia de la Iglesia, en ese combate que las fuerzas perversas sostenían contra Nuestro Señor. Eso nos movilizó contra este funesto liberalismo, contra la Revolución y las potestades del mal que trabajan para derribar la Iglesia, el reino de Nuestro Señor, los Estados católicos y la cristiandad entera.
La mayor parte de los seminaristas abrazaban ese combate, y los demás no se quedaban, explicaba también Monseñor Lefebvre: «Tuvimos que elegir: o dejar el seminario si no estábamos de acuerdo, o continuar y entrar en el combate-F. Pero entrar en ese combate significaba comprometerse de por vida: «Creo que toda nuestra vida sacerdotal (y episcopal) quedó orientada por ese combate contra el liberalismo.
Ese liberalismo era también el de los católicos liberales, «gente de doble cara» que se dice católica pero que «no puede soportar la verdad íntegra ni que se condenen los errores, a los enemigos de la Iglesia, y que estemos siempre en estado de cruzada».
«Eso es -concluía Monseñor Lefebvre-, vivimos en estado de cruzada, en estado de combate continuo, y esta cruzada -precisaba- puede exigir el rnartirio-".
Bajo la bandera de Cristo Rey y Sacerdote

Como lo atestigua Denis Fahey"; las lecturas que se proponían a los seminaristas o se hacían en el comedor les hacían contemplar con Godefroid Kurth'" «el Cuerpo Místico de Cristo transformando la sociedad pagana del Imperio Romano y preparando el movimiento creciente de reconocimiento del programa de Nuestro Señor Jesucristo Sacerdote y Rey»; les ayudaba a comprender con el Padre Deschamps" que «las revoluciones provocaban la exclusión del gobierno de Cristo Rey con la intención de eliminar finalmente la misa y la vida sobrenatural de Cristo sumo Sacerdote». El De Ecclesia del Padre (luego Cardenal) Billot, S.]., les hacía «captar el sentido de la realeza de Cristo y el horror al liberalismo». Con las enseñanzas del Cardenal Pie aprendían «el significado pleno del "Venga a nosotros tu reino", esto es, que el reino del Señor debe establecerse no solamente en las almas individuales y en el cielo, sino también en la tierra mediante la sumisión de los Estados y de las naciones a su gobierno. Destronar a Dios sobre la tierra es un crimen al que no hemos de resignarnos jamás».
«El Syllabus del Papa Pío IX y las encíclicas de los cuatro últimos papas -decía Fahey- fueron el objeto principal de mis meditaciones sobre la realeza de Cristo y sus relaciones con el sacerdocio».
Marcel Lefebvre hizo lo mismo.
En San Pedro, cuando visitaba la basílica, Fahey se quedaba un buen rato en la Confesión y allí prometía al primer Papa «enseñar la verdad sobre su Maestro como él y sus sucesores, los Romanos Pontífices, querían que se enseñases ".
La verdad sobre Cristo Rey y Sacerdote, a la luz de los Papas, en el combate contra los adversarios de esta verdad, era también el depósito sagrado que Marcel Lefebvre decidió transmitir.

3. Un filósofo contemplativo

¡Esa buena y antigua Gregoriana! Pero antes de transmitir, había que dejarse formar. El 5 de noviembre la Universidad Gregoriana abrió sus puertas para la lectio brevis a la bandada pintoresca y multicolor de setecientos seminaristas que llegarían a ella cada mañana desde todas las callejuelas adyacentes, los alemanes vestidos de rojo, los hispanos de azul y negro, y los religiosos en toda la variedad de sus sayales. De esa lección inaugural recitada en un latín cantarín y voluble por el Padre Lazzarini, Mareel sólo entendió algunas palabras. Se quedó casi desanimado.
Pero no tardaría en arreglárselas", Se inscribió en la Facultad de Filosofía, en el curso de «segundo año, cuyo ritmo diario incluía dos o tres horas por la mañana y otras tantas por la tarde.
Hacían falta tres minutos para cruzar la Piazza della Minerva y llegar, en la Vía del Seminario, al alto portal del Palazzo Borromeo que, después de la expoliación del Colegio Romano en 1870, albergaba la Universidad Gregoriana. Su nombre original era el que le dio su creador San Ignacio: Colegio Romano?.
Allí Louis Billot había enseñado, como un dívus Thomas redivivus, el tomismo y el combate contra el modernismo y contra el liberalismo, al que calificaba de «perfecta y absoluta incoherencia, por la oposición que sus partidarios establecen entre los principios y la práctica, ya que los principios que ellos dicen aceptar no son sino las reglas prácticas de acción, que precisamente se niegan a admitir». Creado Cardenal por San Pío X en noviembre de 1911, tuvo que dejar la docencia, pero en 1923 todavía seguía siendo el maestro ideal, venerado por los Padres y seminaristas de Santa Chiara.
Aridez metafísica y verdades políticas antirrevolucionarias No sin esfuerzo, el joven estudiante llegó a saborear «la única y verdadera filosofía del sentido común y de lo real»43 que ofrecía el Padre Charles Boyer en su clase de lógica y de metafísica general, que hacía las delicias de las mentes más especulativas que Marcel.
Aprobó el examen el 2 de julio con la calificación de bene probatus.
Le costó tener que «hacer pura filosofía sin relación con la fe»; faltaban las aplicaciones y consecuencias cristianas de los principios filosóficos; ahora bien -pensaba el alumno- «la filosofía no escapa al dominio universal de Nuestro Señor, es la sierva de la teología», y por eso ha de ser «asumida por la gracia, del mismo modo que la naturaleza humana de Nuestro Señor por su naturaleza divinax,
La política que enseñaba el Padre Lorenzo Giammusso en su clase de ética apasionaba a Marcel Lefebvre. Exponía las verdades que acababan con los mitos revolucionarios de la «voluntad popular» y de «la armonía de las libertades de las personas»; y concluía que la sociedad civil, tal como la concibió el Autor de la naturaleza, debía honrar a Dios con un culto público. La filosofía se convertía en el trono de Cristo Rey. (pag. 77)















AVISOS ESPIRITVALES DE SANTA THERESA DE J E S V S.


ACUÉRDATE QUE NO TIENES MAS DE UN ALMA 
COMENTADOS
POR EL PADRE ALONSO DE ANDRADE

1.- Este aviso es del ESPÍRITU SANTO, en tantos lugares, que fuera larga materia repetidos. Valga por todos el del Eclesiástico:

ACUÉRDATE EN TODAS TUS OBRAS DE TUS POSTRIMERÍAS, y NO CAERÁS EN PECADO.
 Estas son Muerte, Juicio, Infierno y Gloria, cuya memoria será la triaca de tu alma, el freno de tus acciones, y el desengaño de tu vida; y ni el demonio te engañará, ni los deleites te cautivarán, ni las riquezas te cegarán, ni las honras te llevarán en pos de sí.
2.- Mas antes estarás firme y constante contra todos esos enemigos, que lo son declaradamente de tu alma; y, conociendo en lo que todo para, darás de mano a muchas cosas, vivirás libre para DIOS, en paz contigo, y alcanzarás gloriosas victorias.
3.- Acuérdate, no te olvides, porque el olvido de estas verdades infalibles es la perdición del mundo. Por él pecan los hijos de Adán, por él se endurecen en sus vicios, por él se resfrían los devotos, por él no viven con fervor los tibios; por él son cautivos de los bienes caducos de este mundo, por él no codician los eternos; por él pierden la paz del cuerpo y alma; por él andan ciegos y caen a cada paso, porque no contemplan más que lo presente, olvidados de lo por venir.
4.- Y así dice S. Bernardo: sé por experiencia que ninguno se puede salvar sin el conocimiento de sí mismo; y que la causa POR QUE TANTOS SE CONDENAN es el olvido de sí, de lo que son y en lo que han de parar; porque son un muladar de basura, concebidos en culpa, viven en pena, y rematan en la muerte, que es el fin de todos. Y el que tiene esta verdad delante de los ojos da de mano a todas las vanidades del mundo, y sólo cuida de lo eterno que le puede llevar a DIOS.
5.- Bien tenía tomado el pulso a esta doctrina S. Agustín, cuando afirmó que valía más el que conocía su flaqueza y en lo que para todo lo que brilla en el mundo, que el que conoce todas las propiedades de las plantas, las influencias de las estrellas, los movimientos de los cielos y cuanto hay en el orbe.
6.- Y, si no, dime ¿qué has ganado después de haber considerado las estrellas... y penetrado las calidades de todo lo criado, si de ti te olvidaste? Oye lo que dice el más sabio de los hombres, Salomón, a quien DIOS comunicó esos conocimientos, y la conclusión que de ello sacó fue que todo es vanidad de vanidades...

TANTO DAÑO QUE HACE EL OLVIDO DE ESTAS
VERDADES, CUANTO PROVECHO SU MEMORIA

7.- Conociendo, pues el demonio cuánto importa la memoria de esta verdad, ninguna cosa procura con más veras que borrarla de nuestro pensamiento, cegándonos los ojos, y haciéndonos olvidar lo que tanto importa, para que caigamos en pecado, y no aspiremos a lo eterno; porque no siente el corazón lo que los ojos no ven, ni pica la pimienta que no se masca, ni amarga la píldora que se traga entera, ni mueve el pecado que no se considera, ni la muerte, o el juicio de que no se hace memoria.
8.- Reparó S. Gregorio que a aquel Rico del Evangelio entonces le salteó la muerte, y le llamaron a cuentas, confiscándole sus bienes, precisamente esa noche, en que pensando en vivir, estaba echando sus trazas para muchos largos años: ¡Oh alma mía, decía, alégrate, que tienes copiosas riquezas para muchos años!
9.- Aún las postreras palabras no arrojaba de la boca, cuando
DIOS abrió la suya y le llamó a cuentas, diciéndole: “Necio! esta, noche te piden cuenta de tu alma, y lo que allegaste ¿para quién será? Añade aquí S. Gregorio: no sin misterio nos narra el Evangelista que sucedió esto de noche, porque estaba ciego y en tinieblas, sin ver ni considerar su fin, ni acordarse de DIOS, ni de la muerte, ni del juicio, ni del infierno a donde iba a arar antes, olvidado de todo esto, pensaba vivir largos años, raíz de perdición.
10.- ¡Oh lamentable olvido! ¡Oh perniciosa ceguedad la de los hombres, que los hace caer en tales despeñaderos! ¡Qué de ellos hay, acota S. Juan Crisóstomo, que, olvidados de su fin, sólo piensan en vivir, y, estando un paso de la sepultura, no se acuerdan de ella, echando trazas como éste para edificar suntuosos palacios, plantar amenos jardines, fructuosas viñas, situar gruesas rentas, fundar ricos mayorazgos. Hacen contratos, ordenan casamientos, entablan sus cosas con tantas y tan firmes raíces en este mundo, como si hubieran de ser eternos en él, y tan olvidados del otro, como si no le hubiera, o como si no hubieran de ir a él!
11.- Y al mejor tiempo, y plegue a DIOS no sea el peor, cuando más descuidados están les llaman a dar cuenta de su alma, y de toda la fábrica que levantaron en tierra, y la triste alma va sola y pobre por aquellas regiones no conocidas sin saber en qué parará, acompañada de sus culpas de sus malas obras, y atormentada de su mala conciencia. ¡Las riquezas se quedaron acá, y las goza quien no las ganó, y el desdichado que las afanó va a tener el infierno, por haberlas adquirido mal!
12.- ¡Oh locura de los hijos de Adán! ¡Oh ceguedad lamentable de los que sólo miran lo presente, sin cuidado de lo por venir!
13.- Acuérdate que tienes alma, y no tienes más de una, y que has de morir, y no más que una vez, y has de dar cuenta de tu vida en el Tribunal del Juez más recto que hubo, y que esta cuenta no se ha de dar 2 veces, sino una, y si ésa sale mal, no hay apelación ni tiempo de restaurarla, y que forzosamente te ha de caber una de dos suertes: o vivir para siempre con los Santos en el cielo, o morir eternamente con los demonios en el infierno.
14.- Carga el peso de la consideración sobre aquella ETERNIDAD; piensa una y mil veces cómo nunca se ha de acabar, como no ha de tener fin, ni ha de haber disminución, ni tregua, ni intermisión en el gozar de los buenos, ni en el penar de los malos; que como dice S. Agustín, no parece posible que se pueda compadecer creer esto, ser Cristiano y hombre de razón, y no temer, y prepararse para la muerte y cuenta que esperamos.
15.- Y así añade: los que no temen esto no solamente no son
Cristianos, pero ni hombres de razón; pues por esta sola debieran temer, creyendo que se ha de llegar aquel día, en que se han de hallar en aquel riguroso Tribunal, para dar cuenta de sí; y si tú te descuidas, es porque no lo consideras; por cuya razón te aviso que te acuerdes.
16.- Prueba bien esta verdad lo acontecido a Moisés, cuando con DIOS retirado en el monte pecó el pueblo y DIOS le mandó bajase a reducirle Baja, le dijo, presto porque ha pecado tu pueblo.
17.- Movióse a piedad Moisés, y rogó a Dios le perdonase, con tantas veras, que no salió de su presencia, hasta alcanzar el perdón; pero en llegando a su vista, y en viendo el ídolo, y las fiestas que hacían, se indignó de tal manera, que hizo pedazos las tablas de la Ley escritas con el dedo de DIOS, y derribó el ídolo, y le molió y se le dio a beber, y castigó a los culpados con tanto rigor, que pasó a cuchillo 22,000 de los plebeyos, sin otros muchos nobles.
18.- Donde se debe ponderar cuánta fuerza tiene la vista para mover el corazón; pues cuando Moisés estaba en el monte, aunque supo el pecado del pueblo no se movió a castigo, sino a perdón; pero en viéndole se airó de manera que no perdonó a los culpados, haciendo en ellos tan ejemplar castigo. Porque sepas cuánta verdad es que ojos ciegos no mueven al corazón; y, si tú no sientes las idolatrías, que cometes con las criaturas, y contigo mismo, es porque estás ciego para verlas.
19.- Y que, si no lloras la perdición de tu alma es porque no la
consideras; y que, si no remedias el incendio en que se abrasa, ni previenes las penas que la amenazan, es porque las tienes olvidadas; que, si las tuvieras presentes, y meditaras a menudo en la muerte, por donde has de pasar, en la cuenta que has de dar, y en las penas del infierno, adonde puedes caer, y mereces por tus culpas, sin duda que vivieras con temor, y que oyeras y sintieras los clamores de tu alma, a quien tienes cautiva en obscuro calabozo de olvido, enajenado con solo lo visible, cuya afición se ha apoderado de todos tus sentidos; porque, conociendo el demonio que todo tu bien consiste en tener presente tu fin, ninguna cosa procura con más veras que olvidarte de él, ocupando tu memoria con lo caduco y perecedero.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Tratado del amor a Dios


“Cómo estando ocupado todo el corazón en el amor sagrado; puede, sin embargo, amar a Dios deferentemente, y amar también muchas cosas por Dios" (continuación)

No sólo entre los que aman a Dios de todo corazón, hay quienes le aman más y quienes le aman menos, sino que una misma persona se excede, a veces, a sí misma, en este soberano ejercicio del amor de Dios sobre todas las cosas.
¿Quién no sabe que hay progresos en este santo amor, y que el fin de los santos está colmado de un más perfecto amor que los comienzos? Según la manera de hablar de las Escrituras, hacer alguna cosa de todo corazón no quiere decir sino hacerla de buen grado y sin reserva.
Todos los verdaderos amantes son iguales en dar todos su corazón, con todas sus fuerzas; pero son desiguales en darlo todos diversamente y de diferentes maneras, pues algunos dan todo su corazón con todas sus fuerzas, pero menos perfectamente que otros. Unos lo dan todo por el martirio, otros por la virginidad, otros por la pobreza, otros por la acción, otros por la contemplación, otros Dar el ministerio pastoral, y, dándolo todos todo, por la observancia de los mandarmietos, unos empero, lo dan más imperfectamente que otros.
El precio de este amor que tenemos a Dios donde de la eminencia y excelencia del motivo dar el cual y según el cual le amamos. Cuando le amamos por su infinita y suma bondad, como Dios y porque es Dios, una sola gota de este amor vale mucho más, tiene más fuerza y merece más estima que todos los otros amores Que jamás puedan existir en los corazones de los hombres y entre los coros de los ángeles, porque mientras este amor vive, es él el que reina y empuña el cetro sobre todos los demás afectos, haciendo que Dios sea en la voluntad preferido a todas las cosas, universalmente y sin reservas.

De dos grados de perfección con los cuales este man-
damiento puede ser observado en esta vida mortal

Hay algunas almas que, habiendo hecho ya algunos progresos en el amor divino, han cortado todo otro amor a las cosas peligrosas; mas, a pesar de esto, no dejan de tener algunos afectos perniciosos y superfluos, porque se aficionan con exceso Y con un amor demasiado tierno y más apasionada de lo que Dios quiere. Dios quería que Adán amase tiernamente a Eva, pero no tanto que, por complacerla. quebrantase la orden que la divina Majestad le había dado. No amó, pues, una cosa superflua y de suyo peligrosa, pero la amó con superfluidad y peligro. El amor a nuestros padres, amigos y bienhechores es, de suyo, un amor según Dios, pero no es lícito amarlos con exceso; las mismas vocaciones, por espirituales que sean, y nuestros ejercicios de piedad (a los cuales debemos aficionarnos) pueden ser amados desordenadamente, cuando son preferidos a la obediencia o a un bien más universal, o cuando se pone en ellos el afecto como en el último fin, siendo así que no son sino medios y preparativos para la realización de nuestro anhelo final, que es el divino amor. y estas almas, que no aman sino lo que Dios quiere que amen, pero que se exceden en la manera de amar, aman verdaderamente a la divina bondad sobre todas las cosas.. pero no en todas las cosas, porque a las mismas cosas cuyo amor les está permitido, aunque con la obligación de amarlas según Dios, no las aman solamente según Dios, sino por causas y motivos Que no son contrarios a Dios, pero que están fuera de Él. Tal fue el caso de aquel pobre joven que, habiendo guardado los mandamientos desde sus primeros años, no deseaba los bienes ajenos, pero amaba con demasiada ternura los propios. Por esto, cuando nuestro Señor le aconsejó que los diese a los pobres, se puso triste y melancólico. No amaba nada que no le fuese lícito amar, pero lo amaba con un amor superfluo y demasiado cerrado.
Estas almas, oh Teótimo, aman de una manera demasiado ardorosa y superflua, pero no aman las superfluidades, sino lo que deben amar. Y, por esta causa, gozan del tálamo nupcial de la unión, de la quietud y del reposo amoroso de que nos hablan los libros quinto y sexto de los Cantares; pero no gozan en calidad de esposas, porque la superfluidad con que se aficionan a las cosas buenas hace que no penetren con mucha frecuencia en las divinas íntimadades del Esposo, por estar ocupadas y distraídas en amar, fuera de Él y sin el, lo que deberían amar únicamente en Él y por El.

De otros dos grados de mayo perfección por los cúa-
les podemos amar a Dios sobre todas las cosas.

Hay almas que aman tan sólo lo que Dios quiere. Almas felices, pues aman a Dios, a, sus amigos en Dios y a sus enemigos por Dios, pero no aman ni una sola sino en Dios y por Dios; Refiere San Lucas que nuestro Señor invitó a que le siguiese a un joven que le amaba mucho, pero que también amaba mucho a su padre, por lo cual deseaba volver a él y el Señor le corta esta superfluidad de su amor y le da un amor más puro, no sólo para que ame a Dios más que a su padre, sino también para que ame a su padre únicamente en Dios. Deja a los muertos el cuidado de enterrar a sus muertos; mas tú, ve y anuncia el reino de Dios". y estas almas, Teótimo, como ves, gozando de una tan grande unión con el Esposo, merecen participar de su calidad y de ser reinas, como Él es rey, pues le están todas dedicadas, sin división ni separación alguna, no amando nada fuera de Él y sin Él, sino tan sólo en Él y por Él.
Finalmente, por encima de todas estas almas hay una absolutamente única, que es la reina de las reinas, la más amable, la más amante y la más amada de todas las amigas del divino Esposo, la cual no sólo ama a Dios sobre todas las cosas y en todas las cosas, sino únicamente a Dios en todas las cosas; de suerte que no ama muchas cosas, sino una sola cosa, que es Dios. Y, porque solamente ama a Dios en todo lo que ama, le ama igualmente en todas partes, fuera de todas las cosas y sin todas las cosas, según lo exige el divino beneplácito. Si es tan sólo Ester a quien ama Asuero, ¿por qué le amará más cuando anda perfumada y adornada que cuando viste en traje ordinario? Si sólo amo a mi Salvador, ¿por qué no he de amarle tanto en el Calvario como en el Tabor, pues es el mismo, en uno y otro monte? ¿Por qué no he de decir con el mismo afecto, en uno y otro lugar: Señor, bueno es estarnos aquí? La verdadera señal de que amamos a Dios sobre todas las cosas es amarle igualmente en todo, pues, siendo Él siempre igual a Sí mismo, la desigualdad de nuestro amor para con Él no puede tener su origen sino en la consideración de alguna cosa que no es Él.


DEL CONOCIMIENTO QUE LOS ÁNGELES TIENEN DE LAS COSAS MATERIALES (q. 57)





III. EXPOSICIÓN TEOLÓGICA DE
SANTO TOMAS (continuación)

¿Habrá de sostenerse la doctrina general del conocimiento angélico por medio de las especies impresas connaturales, o, para obviar la dificultad, será ¡preciso poner que los ángeles han de recibir nuevas especies o modificar las que ya tienen, desde un principio, y en las cuales no los conocían antes de que los futuros tuviesen realidad en sí? El Angélico Doctor sigue manteniendo firmemente la tesis de que, aunque los ángeles puedan conocer tales futuros por revelación antes que existan (ad 1), no los pueden conocer en modo alguno naturalmente. Cuando los futuros existan, los ángeles los conocerán mediante las especies infusas connaturales, pues entonces será cuando tengan en sí una naturaleza por la cual se asemejen a las especies, precisamente en esto pone Santo Tomás la diferencia entre el conocimiento que los ángeles pueden tener de las cosas pretéritas o presentes y las futuras (ad 3, y De veritate, q. 8, a. 12 ad 1).
No necesita, pues, el ángel nuevas especies, ya que las que tiene son desde un principio aptas para representar todos los futuros cuando ellos existan y se asemejen a ellas y esto sin modificación alguna por parte de las especies, pues así lo afirma el Santo expresamente en otro lugar, diciendo: "Cuando algo comienza a existir, el ángel empieza a conocerlo, no por algún cambio en el ángel, sino en la cosa cognoscible, en la cual hay algo que antes no había" (Quodlib, VlI, q. 1, a. 3 ad 2). Recuérdese también lo afirmado en la respuesta a la cuarta dificultad del artículo 2 de la cuestión anterior.
y más explícito, indicando el modo como el ángel conoce el futuro al tener éste existencia, afirma en la respuesta ad 1 en el lugar citado del Quodlib. VlI." "Las especies que el ángel tiene concreadas en sí bastan para conocer todas las cosas cognoscibles, pero en cuanto el entendimiento del ángel es elevado por una luz superior para prorrumpir en más elevados conceptos; así como el profeta, por las mismas especies de los fantasmas, ayudado por la luz profética, recibe un nuevo conocimiento para el cual no bastaba la luz natural del entendimiento agente".

4°_Los ángeles no pueden conocer naturalmente los pensamientos ni los afectos de la voluntad, pues esto es propio de Dios, a no ser que se manifiesten por sus efectos o en algún signo exterior. (a. 4)
Santo tomas a la proposición de “Si los ángeles conocen los pensamientos de los corazones, contesta”:

Lo que es propio de Dios no conviene a los ángeles. Pero conocer los pensamientos de los corazones es propio de Dios, según aquellas palabras del profeta Jeremías: perverso es el corazón del hombre e inescrutable ¿quién lo conocerá? Yo, el Señor, que penetro los corazones.
Luego el ángel no conoce el secreto de los corazones [65].
El pensamiento del corazón puede ser conocido de dos maneras, La primera, en su efecto, y de este modo puede ser conocida no solamente por el ángel, sino también por el hombre, y tanta mayor ventaja lleva el ángel cuanto más recóndito sea el efecto. Un pensamiento, por ejemplo, es conocido a veces no sólo por algún acto externo, sino también por la alteración de las facciones, y los médicos pueden conocer algunas afecciones del alma por el pulso. Los ángeles, pues, y los mismo los demonios, le conocerán tanto más cuanto con mayor penetración escudriñan esta clase de alteraciones corporales ocultas; y por esto dijo San Agustín, hablando de los demonios, que a veces descubren con toda facilidad las disposiciones de los hombres, y no solo las que manifiestan de palabra, sino también las concebidas en los pensamiento, si en el cuerpo se reflejan cualesquiera signos procedentes del alma si bien en el libro de las retractaciones dice que no se puede asegurar cómo esto sucede.
El otro modo es el de conocer los pensamientos conforme están en el entendimiento, y los afectos como están en la voluntad, y de esta modo solamente Dios puede conocer los pensamientos de los corazones y los afectos de la voluntad. La razón es porque la voluntad de la criatura racional no está sujeta más que a Dios, y en ella, corno más adelante veremos, sólo puede obrar el que es su objeto principal y su último fin; de donde se sigue que lo que está en la voluntad, o la que no depende más que de la voluntad, solamente es conocido de Dios. En efecto, no cabe duda de que de la voluntad sola depende el que alguien piense de hecho alguna cosa, porque cuando alguno tiene el hábito de la ciencia posee especies inteligibles, usa de ello cuando quiere, y por esto dijo el Apóstol: Lo que hay en el hombre nadie lo conoce si no es el espíritu del hombre, que está en él [66].
Si, como se ha dicho en el artículo anterior, en tanto una cosa es cognoscible en cuanto tiene actualidad, parece qué podrá conocer el ángel los pensamientos y afectos actuales de los hombres y de ,los otros ángeles mediante las especies que de unos y otros tiene el entendimiento angélico, que los representan tal como son actualmente.
La sentencia de Santo Tomás queda expresada en la proposición que antecede, conforme en todo con lo qué la Sagradas Escritura nos dice del poder de penetrar los secretos, de los corazones. Por pensamientos de los corazones entiéndese en primer lugar los actos inmanentes libres del entendimiento y la voluntad; y secundariamente, también los actos de cualquier potencia que de algún modo participa de la libertad, v. gr., la fantasía y apetito sensitivo cuando sus actos son imperados por la libre voluntad.        
Todos estos secretos de los, corazones pueden manifestarse por sus efectos o signos exteriores, como son el acto externo, alteración de las facciones, cambios internos del organismo, etc.     
En  tales casos pueden sin duda, ser conocidos naturalmente por el hombre y por el ángel, y por éste tanto más perfectamente cuanto su naturaleza sea superior, sus especies inteligibles más perfectas y su entendimiento más penetrante.
Mas, considerados en sí mismos, en cuanto que son inmanentes al entendimiento y la voluntad, sin manifestación alguna, sólo Dios puede conocerlos, En este sentido, los testimonios escríturísticos ya aducidos son numerosos y explícitos.
La razón, para Santo Tomás está en la misma naturaleza íntima de la voluntad y del entendimiento; libres Y contingentes e indeterminados absoluta e intrínsecamente, independientes en su determinación de toda otra criatura Y dependientes sólo de Dios (a. 2; cf. también 1-2, q. 9, a. 6; 1." p., q. 105, a. 4, Y 106, a. 2), de quien reciben el ser.
Al no depender el entendimiento Y la voluntad en su determinación de causa alguna, no tienen sus actos conexión necesaria con ninguna cosa natural, y, por consiguiente, tampoco con las especies infusas connaturales dé los ángeles (De veritate, q. 8, a. 13), que sólo representan de modo actualmente cognoscible las cosas que actualmente existen en el universo.
La voluntad Y el entendimiento son, pues, un sagrario sólido e impenetrable, en el cual riada ni nadie puede entrar sino sólo Dios, Y aquello a lo cual la misma voluntad abra sus puertas. Y de esa misma Impenetrabilidad participan en parte la imaginación Y el apetito sensitivo, en cuanto movidos por la libre voluntad (ad 3; cf. De veritate) q. 8, a. 13 ad 4).

5. "Los ángeles con conocimiento natural no  pueden conocer los misterios de la gracia; con el conocimiento que, los hace bienaventurados, por el cual ven al Verbo y las cosas en el Verbo conocen los misterios de la gracia, aunque no todos los misterios, ni todos los ángeles por igual sino en la medida que Dios haya querido revelárselos" (a. 5).

Se pregunta en este artículo, “Si los ángeles conocen los misterios de la gracia” y contesta el angélico:


POR OTRA PARTE, nadie aprende lo que sabe. Pero los ángeles, incluso los supremos, investigan los misterios de la gracia y los aprenden, puesto que dice Dionisio que la Sagrada Escritura habla de ciertas esencias celestes que proponían cuestiones al mismo Jesús y aprendían la ciencia de su obra divina en favor nuestro, y Jesús les enseño; sin intermediario; y esto concuerda con aquel pasaje de Isaías, cuando preguntan los ángeles: ¿ Quién es este que viene de Edom?, y responde Jesús: Yo, el que hablo justicia. Luego los ángeles no conocen los misterios de la gracia      los ángeles no conocen los misterios de la gracia en los ángeles hay dos clases de conocimiento. Uno natural; por el que conocen las cosas, bien por su esencia o también por especies innatas, y con esta clase de conocimiento no pueden conocer los misterios de la gracia, porque éstos dependen de la sola voluntad de Dios; y si un ángel no puede conocer los pensamientos que dependen de la voluntad de otro, mucho menos conocerá los que solamente dependen de la' voluntad divina. Y esto es lo que enseña, el Apóstol cuando dice: Lo que hay en el hombre nadie lo conoce sino el espíritu del hombre) que en él está.



martes, 28 de marzo de 2017

Sociopolitica a la Luz de Fátima y La Salette.


Médica rumana hace un fuerte y poderoso llamamiento al Papa y los obispos en su charla Sínodal

Una doctora le dice al Papa en la cara: “En este mundo, el mal proviene del pecado. No de la disparidad de ingresos ni del ‘cambio climático’"
Finalmente, después de esperar en vano que los obispos encaren al Papa por su inversión de prioridades en Laudato Si, le viene su merecida reprimenda de una doctora en medicina rumana que asiste al Sínodo.
A veces en la historia, cuando los hombres de la Iglesia son demasiado cobardes para cumplir su deber, Dios los avergüenza llamando a una mujer para que lo haga por ellos. Nos acordamos, por ejemplo, de Santa Juana de Arco y Santa Catalina de Siena. Habiendo sufrido su familia persecución por parte de los comunistas, esta señora católica no se sintió intimidada en lo más mínimo por la presencia del Sumo Pontífice, y le dijo precisamente lo que a todos nos habría gustado decirle. Espero sinceramente que esta reprimenda infunda contrición al Santo Padre y a todos los prelados progresistas afines por el escándalo que ha originado con sus actos en la Iglesia, y que empiecen a cumplir de verdad su función.
Como informa Lifesite News, la doctora Anca-María Cernea, del Centro de Diagnostico y Tratamiento Víctor Babes y presidenta de la Asociación de Médicos Católicos de Bucarest (Rumania) pronunció la siguiente ponencia en el Sínodo el pasado viernes:
Santidad, Padres Sinodales, hermanos, represento a la Asociación de Médicos Católicos de Bucarest.
Pertenezco a la Iglesia Católica rumana de rito griego.
Mi padre era un dirigente político cristiano que estuvo encarcelada durante diecisiete años por los comunistas. Aunque mis padres estaban comprometidos para casarse, no pudieron hacerlo hasta 17 años después.
Durante todos aquellos años, mi madre esperó a mi padre, sin saber siquiera si estaría aún vivo. Fueron heroicamente fieles a Dios y a su compromiso.
Su ejemplo demuestra que la gracia de Dios puede sobreponerse a unas circunstancias sociales terribles y a la pobreza material.
Los médicos católicos que defendemos la vida y la familia vemos que, ante todo, nos encontramos en una batalla espiritual.
La pobreza material y el consumismo no son la causa primera de la crisis de la familia.
La causa primera de la revolución sexual y cultural es ideológica. Nuestra Señora de Fátima dijo que los errores de Rusia se propagarían por todo el mundo.
Se hizo primero de forma violenta, con el marxismo clásico, matando a decenas de millones de personas.
Ahora se hace mediante el marxismo cultural. Hay una continuidad, desde la revolución sexual leninista, a través de Gramsci y de la Escuela de Frankfurt, hasta la actual ideología de los derechos homosexuales y de género.
El marxismo clásico pretendía rediseñar la sociedad adueñándose por medios violentos de la propiedad.
Ahora la revolución va más lejos: pretende redefinir la familia, la identidad sexual y la naturaleza humana.
Esta ideología se hace llamar progresista, pero no es otra cosa que la tentación de la serpiente antigua para que el hombre se haga el amo, reemplace a Dios y organice la salvación en este mundo.
Es un error de naturaleza religiosa; es gnosticismo.
Los pastores tienen la misión de reconocerlo y de alertar al rebaño de este peligro.
“Buscad, pues, primero el Reino y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura”.
La misión de la Iglesia es salvar almas. En este mundo el mal proviene del pecado. No de la disparidad de ingresos ni del “cambio climático”. La solución es: Evangelización. Conversión.
No un dominio cada vez mayor por parte de las autoridades. No un gobierno mundial. Esos son hoy en día los agentes principales de la imposición del marxismo cultural, por medio del control de la natalidad, la salud reproductiva, los derechos de los homosexuales, la ideología de género, etcétera.
Lo que el mundo necesita hoy en día no es que se limite la libertad, sino libertad verdadera, liberación del pecado. Salvación.
Nuestra Iglesia estuvo prohibida durante la ocupación soviética. Pero ninguno de nuestros doce obispos traicionó la comunión con el Santo Padre. Nuestra Iglesia sobrevivió gracias a la determinación y el ejemplo de nuestros obispos, que resistieron en las cárceles y entre el terror.
Nuestros prelados pidieron a los fieles que no siguieran al mundo. No que cooperan con los comunistas.
Ahora necesitamos que Roma le diga al mundo: “Arrepentíos de vuestros pecados y volved a Dios, porque el Reino de los Cielos está cerca”:
No sólo nosotros los católicos laicos, sino también muchos cristianos ortodoxos están rezando fervorosamente por este Sínodo. Porque, como ellos dicen, si la Iglesia Católica se entrega al espíritu de este mundo, será muy difícil para todos los demás cristianos resistirlo.

Chris Jackson



ESCRITOS SUELTOS DEL LIC. ANACLETO GONZALEZ FLORES




LA COBARDÍA DE LOS PADRES

Los padres de familia de hoy, educados casi en sus totalidad en la escuela laica, que, como lo hechos dicen, es la escuela del miedo a confesar abierta y públicamente a Dios, son grandemente responsables de los estragos que está causando la enseñanza de los establecimientos de instrucción laica.

Porque hasta ahora, en cuestión tan importante y de alcance inmenso para el porvenir de la Patria, de la familia y de los individuos, los padres de familia no han hecho, ni hacen otra cosa que encogerse de hombros y renunciar prácticamente a sus derechos.

Porque renunciar a sus derechos es no tomarse el trabajo de hacer algo serio, constante, tenaz, para defender el alma de sus hijos, de la obra de extravío y de corrupción del maestro laico.

De tal manera que la intromisión del gobierno en materia de enseñanza, aunque no se justifica, ni se justificará jamás, ni ante la ley, ni ante los derechos esenciales de la personalidad humana, sin embargo, se explica al darse cuenta de que los padres de familia, en lo que toca a la conciencia de sus hijos, de su porvenir, de su vida y de su formación no hacen más que echarse en la corriente y profesar la doctrina del miedo a los poderes públicos, hoy tan en boga entre nosotros.

Más aún; todos los días no hacen más que transigir.

Saben –se necesita ser ciego o idiota para no saberlo y para no verlo– que el contacto con la escuela laica, con los textos, con los alumnos, con los profesores, en fin, con la atmósfera envenenada de los establecimientos oficiales de instrucción, contrarresta todos los esfuerzos que se hacen en el templo, en el hogar y en cualquier otra parte para orientar a la niñez y a la juventud hacia Dios; y que a la vuelta de unos cuantos años, quizá de unos cuantos meses, sus hijos han empezado a andar por la ruta del mal y de la guerra a la Iglesia. Y a pesar de esto, tranquilamente envían a sus hijos a las escuelas laicas.

Por tanto, los padres de familia saben perfectamente que en estos momentos de propaganda intensa y fuerte por el laicismo, se hallan en esta situación: o se abstienen de mandar a sus hijos a las escuelas sin Dios, o los mandan para que en ellas les enciendan el corazón y el alma en el odio a la Iglesia.

Y no vale que aleguen que no se les enseña a maldecir a Dios ni a perseguir a la Iglesia, porque esto es enteramente falso: por una parte, y por la otra, la sola indiferencia es ya un peligro terrible que equivale a una catástrofe para la vida de los que se educan en la escuela laica.

Los padres de familia deben pensar en que, o están a la altura de su deber y afirman enérgicamente sus derechos delante de la tiranía oficial; o ceden, flaquean, capitulan y entonces dejarán de ser respetables no solamente para el mismo gobierno, sino aun para sus mismos hijos, pues la familia será y es de hecho la primera en aprender y entender la lección de cobardía y de deserción, ya que los padres no saben, ni quieren afrontar sus responsabilidades.


Monseñor Lefevbre y la sede Romana

JUSTIFICACIÓN TEOLÓGICA
Y JURÍDICA DE LA ACTITUD PRUDENCIAL
DE MÓNS. LEFEBVRE.
PLANTEO DEL PROBLEMA.
(Continuación)

PRIMERA DIFICULTAD


(3) Se trata de la famosa proposición herética del conciliarismo, según la cual un concilio universal tiene poder sobre el Sumo Pontífice. Se puede consultar para profundizar este tema Denzinger 657 y nota, 1322 y nota, 1598199, 717.
Este cuadro nos muestra que la cuestión es muy discutida entre los autores y que entre ellos, algunos serios y de peso, hay quienes estiman que es más probable que el Sumo Pontífice no pueda caer en herejía, incluso como persona privada. No consideran esta opinión como cierta, sino como más probable; por ese motivo, analizan la hipótesis de que un Papa incurriese en herejía y estudian las consecuencias que para el Pontificado se seguirían de este hecho.
Cuando tratemos la tercera dificultad analizaremos cada una de las opiniones. Por el momento hacemos ver solamente la divergencia que existe sobre esta cuestión y sacamos la conclusión: no es fácil demostrar que el Pontífice pueda caer en herejía.
Llamamos la atención sobre el hecho de que todos los autores posteriores siempre hacen referencia a San Roberto Bellarmino y su obra De Romano Pontífice, que constituye el lugar obligado de consulta y argumentación.
A esto se agrega el principio de "la inmunidad judicial del Sumo Pontífice". En efecto, el canon 1556 establece que "la primera Sede por nadie puede ser juzgada".
Este principio establece que ningún particular, ninguna persona moral, eclesiástica o secular tiene el derecho de juzgar al Soberano Pontífice. El jefe supremo de la Iglesia no puede ser juzgado más que por Dios.
Los términos "primera Sede", conforme al canon 7, designan únicamente la persona del Pontífice Romano. Las personas que lo secundan en el gobierno de la Iglesia no gozan de tal inmunidad judicial.
Este principio fue explícitamente enunciado por primera vez bajo el pontificado de San Símaco (498514). Los obispos convocados en sínodo por el rey Teodorico para juzgar al Papa, observan que el obispo de Roma no está sometido al juicio de sus inferiores y que no hay ejemplo en la historia de que el obispo de Roma haya sido juzgado por otros obispos.
Este principio es nuevamente proclamado en el siglo IX. Los obispos convocados por Carlomagno para decidir sobre las acusaciones de las que era víctima San León III, protestan unánimemente e invocan la tradición de la Iglesia: "No osamos juzgar a la Sede Apostólica. Por ella y por su Vicario somos juzgados, pero ella no es juzgada por nadie, como siempre y desde antiguo fue esta costumbre".
San Nicolás I, en la carta "Proposueramus quidem", al emperador Miguel, del año 865, dice: "...el juez no será juzgado ni por el Augusto, ni por todo el clero, ni por los reyes, ni por el pueblo... La primera Sede no será juzgada por nadie..." (Dz. 330)
San León IX en la carta "In terra pax hominibus", a Miguel Cerulario y León de Acrida del 2 de septiembre de 1053 dice: "...Dando un juicio anticipado contra la Sede suprema, de la que ni pronunciar juicio es lícito a ningún hombre, recibisteis anatema de todos los Padres de todos los venerables Concilios... Como el quicio, permaneciendo inmóvil trae y lleva la puerta: así Pedro y sus sucesores tienen libre juicio sobre toda la Iglesia, sin que nadie deba hacerles cambiar de sitio, pues la Sede suprema por nadie es juzgada. (Dz. 352-353).
En el siglo XI, San Gregorio VII lo formula en un texto imperioso: "quod a nemine (romanus Pontifex) judicari ebeat" (Dictatus papae, n.19).
La misma afirmación aparece en la Bula Unam Sanctam de Bonifacio VIII: "... Si la potestad terrena se desvía, será juzgada por la potestad espiritual; si se desvía la espiritual inferior, por su superior; mas si la suprema, por Dios sólo, no por el hombre, podrá ser juzgada" (Dz. 469).
Clemente VI, en la carta "Super quibusdam" a Consolador Católicon de los armenios, del 29 de septiembre de 1351 pregunta: "Si has creído y crees que en tanto haya existido, exista y existirá la suprema y preeminente autoridad y jurídica potestad de los Romanos Pontífices que fueron, de Nos que somos y de los que en adelante serán, por nadie pudieron ser juzgados, ni pudimos Nos ni podrán en adelante, sino que fueron reservados, se reservan y se reservarán para ser juzgados por sólo Dios, y que de nuestras sentencias y demás juicios no se pudo ni se puede ni se podrá apelar a ningún juez". (Dz. 570 g).
Pablo IV, en la Bula Cum ex Apostolatus Officio, del 15 de febrero de 1559, parágrafo 1, dice: "considerando la gravedad particular de esta situación y sus peligros, al punto que el Romano Pontífice... que a todos juzga y no puede ser juzgado por nadie en este mundo, si fuese sorprendido en una desviación de la fe, podría ser impugnado (redargui)..."
San Roberto Bellarmino, en su De Romano Pontífice, libro segundo, capítulo XXVI, prueba con testimonio de concilios, de pontífices, de emperadores y doctores de la Iglesia que el Romano Pontífice no puede ser juzgado por nadie en la tierra.
Si se objeta con el texto de Inocencio III: "sólo por un pecado cometido en cuestiones de fe podría ser yo juzgado por la Iglesia" (P. L. t. =VII, cal. 656) o el del Decreto de Graciano: "El mismo que está destinado a juzgar a todos, no debe ser juzgado por nadie, a no ser que se lo encuentre desviado en la fe" (part 1, dist. XL, c.6), se responde diciendo que aun concediendo que estos dos textos hubiesen formado parte de la legislación eclesiástica, (cosa que no responde a la realidad), el Código de Derecho Canónico del año 1917 los abrogó al no incluir esa salvedad.
Esto queda claro al examinar el canon 1556 a la luz del canon 6.
Hemos dicho que no responde a la realidad que los dos textos citados hayan pertenecido a la legislación canónica.
Lo probamos así:
Se alega primero la autoridad de Inocencio III. El texto está tomado del Segundo Sermón en la consagración del Sumo Pontífice, hablando de sí mismo, que dice: "En tan alto grado me es necesaria la fe que, si bien respecto de todos los otros pecados sólo a Dios tengo por juez, solamente por el pecado que pudiese cometer contra la fe podría ser juzgado por la Iglesia".
"Realmente hay que decir, afirma el Cardenal Billot, que Inocencio III no presenta el caso como simplemente posible (simpliciter possibilem), sino para exaltarla necesidad de la fe: tan necesaria es ésta, dice Inocencio, que, si por un imposible (per possibile vel impossibile) se encontrase el Pontífice desviado en la fe, ya estaría sujeto al juicio de la Iglesia.
Es un modo similar de hablar, agrega Billot, semejante a aquel del Apóstol San Pablo cuando, queriendo mostrar la inmutabilidad de la verdad del Evangelio dijo: "Aun cuando nosotros mismos, o un ángel del cielo os predicase un Evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema" (Gálatas 1,8)." Resulta simpático imaginar la reacción de San Pablo en el cielo si viese que su texto ha dado lugar a una controversia sobre la posibilidad de que un ángel del cielo predicase un Evangelio contrario al de Cristo y que, por esa causa, fuese considerado excomulgado. ¡Igual reacción imaginamos en Inocencio III!


lunes, 27 de marzo de 2017

ADVERTENCIAS DEL MAS ALLÁ


EL INFIERNO ES HORRIBLE

A. —Tengo todavía que hablar...
E. —Di la verdad y solo la verdad, en el nombre de la Santísima Trinidad, de la Santísima Virgen María, de la Inmaculada Concepción (...).
A. —Así, en su nombre, y en nombre de los Tronos de donde vengo, tengo todavía que hablar.
Yo estaba en los Tronos. Yo, Akabor, tengo que decir (respira constantemente y grita con voz horrible) cuán horrible es el infierno. Es mucho más horrible de lo que se piensa. La Justicia de Dios es terrible; ¡terrible es la Justicia de Dios! (grita y gime).
E. —Continúa diciendo la verdad, en nombre de la Santísima Trinidad (...) di lo que Dios te ordena.
A. —El infierno es mucho peor de lo que a primera vista y superficialmente pueden pensar; la justicia... esta ahí, mas es precisa mucha confianza, es preciso rezar mucho, es necesaria una confesión, todo es necesario. No se debe simpatizar fácilmente con los modernismos.  
E. — ¡Continúa, en nombre de la Santísima Trinidad, de la Santísima Virgen María, de la Inmaculada Concepción! ¡Continúa en nombre de los Santos Tronos! ¡Continúa!

LA JUVENTUD ES ENGAÑADA

A. —Los lobos están ahora.
E. —Di la verdad, solo la verdad, en nombre (...).
A. —Los lobos están ahora en medio de ustedes, en medio mismo de los buenos.
E. — Di la verdad, ¡solo la verdad! Nosotros te lo ordenamos en el nombre (...).
A. —Como ya dije, toman la forma de Obispos y Cardenales.
E. — Continúa diciéndonos la verdad, en el nombre (...).
A. —Digo esto en contra de mí voluntad. Todo lo que digo es contra mi voluntad. La juventud..., la juventud es engañada. piensan que podrán con algunas...
E. —Di la verdad, en nombre (...), ¡tú no puedes mentir!
A. —Con algunas obras caritativas van a alcanzar el Cielo, mas no pueden, ¡no! ¡Nunca!
E. —Continúa diciéndonos la verdad, en el nombre de los Santos Tronos, la verdad total en nombre (...).
A. —Los jóvenes deben, aunque me cueste mucho decirlo...
E. —Continúa diciendo la verdad en ¡nombre de la Santísima Trinidad! Tienes que decirla, en nombre (...).

COMUNIÓN EN LA BOCA

A. —Deben recibir convenientemente los sacramentos..., hacer una confesión verdadera y no apenas participar en las ceremonias penitenciales y en la Comunión. La Comunión, el Celebrante debe decir tres veces “Señor yo no soy digno”, y no una vez sola. (Como hoy desgraciadamente se hace en la misa nueva) Deben recibir la Comunión en la boca, y no en la mano.
E. —Di solo la verdad en el nombre de la Preciosísima Sangre, de la Santa Cruz, de la Inmaculada
Concepción...
A. —Nosotros trabajamos durante mucho tiempo, allá abajo (apunta para abajo) hasta que conseguimos que la Comunión en la mano fuera puesta en práctica. La Comunión en la mano es muy buena para nosotros, en el infierno ¡créanme!
E. —Nosotros te ordenamos, en nombre (...) ¡que digas solamente lo que el Cielo te ordena! Di solo la verdad, la verdad total; tú no tienes el derecho de mentir. ¡Sal de ese cuerpo! ¡Vete!
A. —Ella (apunta para arriba) quiere que yo siga...
E. —Di la verdad, en el nombre (...).
A. —Ella quiere que yo siga... Si Ella, la gran Señora, todavía viviera, recibiría la Comunión en la boca, incluso de rodillas, y se inclinaría profundamente así (muestra como procedería la Santísima Virgen siempre y cuando fuera la Misa DE SIEMPRE en la cual no hay duda de la presencia real.)
E. —En el nombre de la Santísima Virgen (...) ¡di la verdad!
A. —Tengo que decir que no se debe recibir la Comunión en la mano. El propio Papa da la Comunión en la boca. No es su voluntad que se dé la Comunión en la mano. Eso viene de sus Cardenales.
E. —En nombre (...) ¡di la verdad!
A. —De ellos pasó a los Obispos, y después los Obispos pensaron que era cuestión de obediencia, que deberían obedecer a sus Cardenales. De ahí, la idea pasó a los Sacerdotes y también ellos pensaron que tenían que someterse, porque la obediencia se escribe con mayúsculas.
E. —Di la verdad. Tú no tienes el derecho de mentir, en el nombre (...).
A. —No se está obligado a obedecer a los malos. Es al Papa, a Jesús Cristo y a la Santísima Virgen, que es preciso obedecer, la Comunión en la mano no es de ningún modo algo querido por Dios.
E. —Continúa diciendo la verdad, en el nombre (...).

EL CULTO A LA SANTÍSIMA VIRGEN

A. —Los jóvenes deben habituarse a hacer peregrinaciones. Deben volverse, cada vez más, hacia la Virgen Santísima, no deben dejar de hacerlo, deben reconocer a la Virgen Santísima y no vivir según los espíritus innovadores. No deben aceptar absolutamente nada de ellos (grito lleno de furia). Son ellos los Lobos. A esos, ya los tenemos bien seguros.
E. —Continúa, diciendo la verdad, en nombre (...).
A. —Los jóvenes, actualmente, creen que realizan cosas maravillosas cuando hacen algunas obras caritativas y se reúnen junto con los otros, mas eso solo no es nada. Es preciso que los jóvenes hagan sacrificios, que adquieran espíritu de renuncia, y es preciso que recen. Deben frecuentar los sacramentos, deben frecuentarlos por lo menos una vez por mes. Mas la oración y el sufrimiento son también importantes. Antes de todo eso, tengo todavía algo que decir...
E. —Continúa diciéndonos la verdad, en el nombre (...), ¡di lo que la Virgen María Santísima te ordena!
IMITACIÓN DE CRISTO
A. —Antes de esto tengo que decir que el mundo de hoy, lo mismo que el mundo católico, se olvidó por completo de esta verdad: es preciso sufrir por los otros. Cayó en el olvido que todos ustedes forman el Cuerpo Místico de Cristo y que todos deben sufrir unos por los otros (llora como un miserable y gime como un perro).
Cristo no realizó todo en la Cruz. Abrió las puertas del Cielo, mas los hombres deben responder los unos por los otros. Las sectas vienen a decir que Cristo hizo todo, mas eso no corresponde a la verdad. La Pasión de Cristo continúa; en Su Nombre, ella continuará hasta el fin del mundo (gime).

SENTIDO DEL SUFRIMIENTO

E. —Continúa, en nombre de la Santísima Virgen, dice lo que Ella manda que digas.
A. —Es preciso que Ella (la Pasión de Cristo) continúe. Tienen que sufrir los unos por los otros y ofrecer los sufrimientos en unión con la Cruz y con los sufrimientos de Cristo.
Se debe sufrir en unión con la Santísima Virgen y con todas las renuncias que Ella soportó durante Su vida, unir los propios sufrimientos, los horribles sufrimientos del Cristo en la Cruz y en Su Agonía, en el Huerto de los Olivos.
Esos sufrimientos fueron mucho más terribles de lo que los hombres puedan pensar. Cristo, en el Huerto de los Olivos, sufrió como apenas tal vez puedan concebir. El fue presionado por la Justicia de Dios, como si Él mismo hubiera sido el peor de los pecadores, como si estuviese condenado al infierno. Tuvo que sufrir por ustedes, los hombres; de lo contrario, no hubieran sido salvados. Tuvo que soportar los más terribles sufrimientos,. Los sufrimientos fueron entonces tan fuertes que Él se sintió completamente abandonado por el Padre Celestial, Su Sangre, porque se sintió totalmente perdido y abandonado por Él. Se sintió quebrado como si fuese uno de los mayores pecadores.
Eso es lo que Él hizo por ustedes y ustedes deben imitarlo.
Esos sufrimientos tienen un valor inmenso. Esos sufrimientos, esos momentos oscuros, esos terribles abandonos, cuando se está convencido de que todo está perdido. Yo no quiero decir más, no... (respira con gran dificultad).
E. —Continúa diciéndonos la verdad, en el nombre (...).
A. —Es precisamente cuando se sufre así, cuando todo parece estar perdido, cuando la persona se juzga totalmente abandonada por Dios, cuando cree ser la más miserable de la criaturas, es entonces que Dios puede meter Su Mano en el juego, estos sufrimientos, estos tenebrosos y horribles sufrimientos, son lo más valioso (lanza gritos y ruidos terribles) que existe. Mas es precisamente esto lo que la juventud desconoce. La mayoría de los jóvenes ignoran que es ahí donde reside nuestro triunfo.

ACEPTACIÓN DEL SUFRIMIENTO

E. —Continúa diciéndonos la verdad, en el nombre (...).
A. —Muchos, la mayoría se suicidan cuando se creen abandonados por Dios y piensan ser las criaturas más miserables. Por más oscura que sea la noche, Dios está próximo a ellos, ¡aunque ellos ya no lo sientan! Dios está entonces como si ya no estuviese. De hecho, momentáneamente su presencia deja de serles perceptible, mas a pesar de eso deben imitar los Sufrimientos de Cristo, sobre todo aquellos a los que Él llamó a sufrir mucho. Hay muchos que, entonces, piensan que ya no son normales, la mayor parte, y es entonces cuando capitulan mucho más fácilmente. Piensan entonces que se tienen que suicidar porque ya nadie los comprende.
Y es nuestro triunfo. La Mayoría va al Cielo, mas a pesar de eso, es nuestro triunfo, porque...
E. —Continúa en nombre (...).
A. —No cumplirán su misión, deberían haber continuado viviendo.
E. —Continúa en nombre (...).
A. —En el mundo de hoy las cruces son extremadamente pesadas. Es Ella la que manda a decirlo (apunta para arriba). Esas cruces son muchas veces mal soportadas. Cruces visibles como el cáncer, defectos físicos y otras enfermedades son muchas veces más fáciles de soportar que las angustiosas noches del espíritu que muchas personas tienen que soportar actualmente.
Ella, allá arriba (apunta para arriba), manda a decir que una vez transmitió a través de un alma privilegiada: “Yo enviare a mis hijos sufrimientos tan grandes y profundos como el mar”. Esos a quienes fueran destinadas las cruces tan pesadas algunos son escogidos entre muchos– no deben desesperar.
E. —En el nombre de la Santísima Trinidad, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, di, Akabor, di lo que la Santísima te manda a decir!
A. —Las cruces que termino de mencionar son cruces que parecen inútiles y absurdas. Pueden llevar al desespero. Muchas veces, parecen imposibles de soportar, pero son esas las más preciosas. Yo, Akabor, quiero todavía agregar: Ella (apunta hacia arriba) quiere gritar a todos esos que cargan una Cruz: “¡Coraje! ¡No se desanimen! En la Cruz está la Salvación, en la Cruz está la victoria. La Cruz es más fuerte que la guerra”.
E. —Continúa en nombre (...).