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lunes, 21 de enero de 2019

EL SANTO ABANDONO. DOM VITAL LEHODEY


Jesucristo y San Pedro
Artículo 2º.- La vida de la gracia
La vida de la gracia es el germen cuya expansión es la vida de la gloria. La una pasa luchando en la prueba, la otra triunfa en la felicidad; mas en realidad, es una sola y misma vida sobrenatural y divina la que comienza aquí abajo y se consuma en el cielo. Por otra parte, la vida de la gracia es la condición indispensable de la vida de la gloria, y es la que determina su medida. En consecuencia, hemos de desear tanto la una como la otra. Dios quiere ante todo que aspiremos a ellas como a fin supremo de la existencia, ya que trabaja exclusivamente por hacérnoslas alcanzar, y el demonio por hacérnoslas perder. Las almas que plenamente han entendido la importancia de su destino, no tienen otro objetivo en medio de los trabajos y vicisitudes de esta vida, que conservar la vida de la gracia tan preciosa y tan disputada, y de llevarla a su perfecto desenvolvimiento. Tocante, pues, a la esencia de esta vida, no hay lugar al santo abandono, por ser la voluntariamente significada que las almas «tengan la vida y que la tengan en abundancia». Pero el abandono hallará su puesto en lo que concierne al grado de la gracia, y por ende al grado de las virtudes y al grado de la gloria eterna; pues, según el Concilio de Trento, «recibimos la justicia en nosotros en la medida que place al Espíritu Santo otorgárnosla, y en la proporción que cada uno coopera a ella». La gracia, las virtudes y la gloria dependen, por tanto, de Dios que da como El quiere, y del hombre en cuanto que se prepara y corresponde.
Puesto que todo esto depende de la generosidad individual, es preciso orar, orar más, orar mejor, corresponder a la acción divina con ánimo y perseverancia, no omitir esfuerzo alguno para no quedar por debajo del grado de virtud y de gloria que la Providencia nos ha destinado. ¿Cuál es la causa de que no seamos más santos? ¿Quién tiene la culpa de que tan sólo vegetemos como plantas marchitas, en lugar de tener sobreabundancia de vida espiritual? La gracia afluye a las almas generosas, se nos prodiga en el claustro, y más aún se nos prodigaría y frutos más copiosos produciría si supiéramos obtenerla mejor por la oración y no contrariaría por nuestras infidelidades. No, no es la gracia la que nos falta, nosotros somos los que faltamos a la gracia. No acusemos a Dios de paliar nuestra negligencia, pues tenemos muy merecida esta reflexión de San Francisco de Sales: «Jesús, el Amado de nuestras almas, viene a nosotros y halla nuestros corazones llenos de deseos, de afectos y de pequeños gustos.
No es esto lo que El busca, sino que querría hallarlos vacíos para hacerse dueño y guía suyo. Verdad es que nos hemos apartado del pecado mortal y de todo afecto pecaminoso, pero los pliegues de nuestro corazón están llenos de mil bagatelas que le atan las manos, y le impiden distribuimos las gracias que nos quiere otorgar. Hagamos, pues, lo que de nosotros depende, y abandonémonos a la divina Providencia.»
A pesar de todo, Dios permanece dueño de sus dones, y a nadie niega las gracias necesarias para alcanzar el fin que se ha dignado asignarnos. Pero a unos concede más, a otros menos, y con mucha frecuencia su mano abre con sobreabundancia y profusión cuando El quiere y como a Él le place. Por eso Nuestro Señor, «con corazón verdaderamente filial, previniendo a su Madre con las bendiciones de su dulzura la ha preservado de todo pecado», y de tal suerte la ha santificado, que Ella es su «única paloma, su toda perfecta sin igual». Con certeza se afirma de San Juan Bautista y con probabilidad de Jeremías y de San José, que la divina Providencia veló por ellos desde el seno de su madre y los estableció en la perpetuidad de su amor. Los Apóstoles elegidos para ser las columnas de la Iglesia fueron confirmados en gracia el día de Pentecostés. Entre la multitud de los santos no hay quizá dos que sean iguales, pues la Liturgia nos hace decir en la fiesta de cada Confesor Pontífice: «No se halló otro semejante a él.» La misma diversidad reina entre los fieles, y ¿quién no ve que entre los cristianos los medios de salvación son más numerosos y eficaces que entre los infieles, y que entre los mismos cristianos hay pueblos y ciudades donde los ministros de la Religión son de mayor capacidad y el ambiente más ventajoso? La gracia riega el claustro más que el mundo, y con frecuencia un monasterio mucho más que otro. Pero es preciso guardarse bien de inquirir jamás por qué la Suprema Sabiduría ha concedido tal gracia a uno con preferencia a otro, ni por qué.
Ella hace abundar sus favores más en una parte que en otra. «No, Teótimo, nunca tengas esta curiosidad, porque contando todos con lo suficiente y hasta con lo abundante para la salvación, ¿qué razón puede nadie tener para lamentarse, si a Dios place distribuir sus gracias con mayor abundancia a unos que a otros...? Es, pues, una impertinencia el empeñarse en inquirir por qué San Pablo no ha tenido la gracia de San Pedro, ni San Pedro la de San Pablo; por qué San Antonio no ha sido San Atanasio, ni San Atanasio San Jerónimo. La Iglesia es un jardín matizado de infinidad de flores; y así, conviene que las haya de diversa extensión, de variados colores, de distintos olores y, en suma, de diferentes perfecciones. Cada cual tiene su valor, su gracia y su esmalte, y todas en conjunto forman una agradabilísima perfección de hermosura. Además, no creamos jamás hallar una razón más plausible de la voluntad de Dios que su misma voluntad, la que es sobradamente razonable y aun la razón de todas las razones, la regla de toda bondad, la ley de toda equidad.»
En consecuencia, un alma que practica bien el santo abandono, deja a Dios la determinación del grado de santidad que ha de alcanzar en la tierra, de las gracias extraordinarias de que esta santidad pueda estar acompañada aquí abajo y de la gloria con que ha de ser coronada en el cielo. Si Nuestro Señor eleva en poco tiempo a alguno de sus amigos a la más alta perfección, si les prodiga señalados favores, luces sorprendentes, sentimientos elevadísimos de devoción, no por esto siente celos, sino que, muy al contrario, se regocija de todo esto por Dios y por las almas. En lugar de dar cabida a la tristeza malsana o a los deseos vanos, mantiénese firme en el abandono; y con esto, el grado de gloria a que aspira es precisamente el que Dios le ha destinado. Más hace cuanto de sí depende con ánimo y perseverancia, a fin de no quedarse en plano inferior a ese grado de santidad, que es el objeto de todos sus deseos.


viernes, 18 de enero de 2019

EL SANTO ABANDONO. DOM VITAL LEHODEY


SAN JUAN DE DIOS
6. DEL ABANDONO EN LOS BIENES ESENCIALES ESPIRITUALES
Consideremos aquí la vida espiritual en su parte esencial:
1º Su fin esencial, que es la vida de la gloria.
2º Su esencia aquí abajo, que es la vida de la gracia. 
3º Su ejercicio esencial en este mundo, es decir, la práctica de sus virtudes y la huida del pecado. 4º Sus medios esenciales, que son la observancia de los preceptos, de nuestros votos y de nuestras Reglas, etc.
Todas estas cosas son necesarias a los adultos, religiosos o seglares, cualquiera que sea la condición en que Dios los ponga o el camino por donde los lleve. Son ellas el objeto propio de la voluntad de Dios, significada, y, por tanto, son del dominio de la obediencia y no del abandono. El abandono, sin embargo, hallará ocasiones de ejercitarse aun en estas cosas.
Artículo 1º.- La vida de la gloria
«Dios nos ha significado de tantos modos y por tantos medios su voluntad de que todos fuésemos salvos, que nadie puede ignorarlo. Pues aunque no todos se salven, no deja, sin embargo, esta voluntad de ser una voluntad verdadera, que obra en nosotros según la condición de su naturaleza y de la nuestra; porque la bondad de Dios le lleva a comunicamos liberalmente los auxilios de su gracia, pero nos deja la libertad de valernos de estos medios y salvarnos, o de despreciarlos y perdernos. Debemos, pues, querer nuestra salud como Dios la quiere, para lo cual hemos de abrazar y querer las gracias que Dios a tal fin nos dispensa, porque es necesario que nuestra voluntad corresponda a la suya.» Así se expresa San Francisco de Sales, al que nos complacemos en citar, para 182 vindicar su doctrina del abuso que de ella han hecho los quietistas. De este pasaje toma pie Bossuet para establecer con mil pruebas en su apoyo, que comprendida como está la salvación en primer término en la voluntad de Dios significada, el piadoso Doctor de Ginebra no la hacía materia del abandono y que, «si él extiende la santa indiferencia a todas las cosas», ha de entenderse con esto los acontecimientos que caen bajo el beneplácito divino. Además, sería impiedad contra Dios y crueldad para nosotros mismos hacernos indiferentes para la salvación o la condenación.
SANTO TOMAS DE VILLANUEVA
Esta monstruosa indiferencia era con todo muy querida de los quietistas, y condenaban el deseo del cielo y despreciaban la esperanza: unos, porque este deseo es un acto; otros, porque la perfección exige que se obre únicamente por puro amor, y el puro amor excluye el temor, la esperanza y todo interés propio. Tantos errores hay en esta doctrina como palabras contiene. Para dejar obrar a Dios y tornarse dócil a la gracia, es preciso suprimir lo que hubiera de defectuoso en nuestra actividad, más no la actividad misma, ya que ella es necesaria para corresponder a la gracia: A Dios rogando y con el mazo dando, reza el refrán. El motivo del amor es el más perfecto, pero los demás motivos sobrenaturales son buenos y Dios mismo se complace en suscitarlos a las almas. La caridad anima las virtudes, las gobierna y ennoblece, mas no las suprime; y como reina que es, no va nunca sin todo su cortejo, ocupando ella el primer puesto y siguiéndola la esperanza, pues ambas son necesarias y, lejos de excluirse, viven en perfecta armonía. ¿Acaso no es propio del amor tender a la unión? Y así, cuanto más se enciende el amor, más intenso es el deseo de la unión, se piensa en el Amado, desease su presencia, su amistad, su intimidad y no acertamos a separarnos de él. Cuando un alma fervorosa consiente de grado en no ir al cielo sino algún tanto más tarde, es por el sólo deseo de agradar a Dios abrazando su santa voluntad y de verle mejor, de poseerle más perfectamente durante toda la eternidad. En definitiva, ¿no es la salvación el amor puro, siempre actual, invariable y perfecto, mientras que la condenación es su extinción total y definitiva? Es verdad que Moisés pide ser borrado del libro de la vida, 183 si Dios no perdona a su pueblo; San Pablo desea ser anatema por sus hermanos; San Francisco de Sales asegura que un alma heroicamente indiferente «preferiría el infierno con la voluntad de Dios al Paraíso sin su divina voluntad; y si, suponiendo lo imposible, supiera que su condenación seria más agradable a Dios que su salvación, correría a su condenación». En estos supuestos imposibles, los santos muestran la grandeza, la vehemencia, los transportes de su caridad, que están, sin embargo, a infinita distancia de una cruel indiferencia de poseer a Dios o perderlo, de amarle u odiarle eternamente. Tan sólo quieren decir que sufrirían con gusto, si el cumplimiento de la voluntad divina lo precisara, todos los males del mundo y hasta los tormentos del infierno, pero no el pecado; en todo lo cual demuestran lo que aman a Dios, y cuán deseosos se hallan de agradarle haciendo todo lo que El quiere, y glorificarle convirtiéndole almas. Santa Teresa del Niño Jesús era el eco fiel de estos sentimientos cuando, «no sabiendo cómo decir a Jesús que le amaba, que le quería ver por todas partes servido y glorificado, exclamaba que gustosa consentiría en verse sepultada en los abismos del infierno, porque El fuese amado eternamente. Esto no podía glorificarle, ya que no desea sino nuestra felicidad; pero cuando se ama, se experimenta la necesidad de decir mil locuras». Tales protestas son muy verdaderas en San Pablo, en Moisés y otros grandes santos; en las almas menos perfectas corren el riesgo de ser una presuntuosa ilusión, un vano alimento de su amor propio.
En resumen, es necesario querer positivamente lo que Dios manda; y como nada desea tan ardientemente como nuestra dicha eterna, es necesario querer nuestra salvación de un modo absoluto y por encima de todo. Aquí no cabe el abandono sino en cuanto al tiempo más cercano o más lejano, como hemos dicho tratando de la vida o de la muerte, y también en cuanto a los grados de gracia y gloria que ahora vamos a explicar.


jueves, 17 de enero de 2019

La Unión Europea acepta la instalación ‎de nuevos misiles nucleares ‎estadounidenses en Europa



Los países miembros de la Unión Europea se alinearon unánimemente tras la estrategia ‎militarista de su “hermano mayor” estadounidense. Al hacerlo aceptan que Europa ‎se convierta en campo de batalla nuclear si Estados Unidos entra en conflicto ‎con Rusia.‎
Cerca del “Palacio de Cristal” de las Naciones Unidas, en Nueva York, puede verse una escultura ‎metálica llamada El Mal vencido por el Bien que representa a San Jorge atravesando un dragón ‎su lanza. Es un regalo de la URSS, que quiso celebrar así, en 1990, la firma del Tratado INF entre ‎Moscú y Washington, documento que eliminaba los misiles nucleares terrestres de corto y ‎mediano alcance (entre 500 y 5 000 kilómetros). Simbólicamente, el cuerpo del dragón nuclear ‎agonizante está hecho con pedazos de misiles balísticos estadounidenses Pershing-2 (que habían ‎estado desplegados en Alemania occidental) y de SS-20 soviéticos retirados de sus bases en la ‎URSS. ‎

Pero el dragón nuclear vuelve hoy a la vida, gracias a Italia y a los demás países de la Unión ‎Europea que han votado contra el proyecto de resolución sobre la Preservación y Aplicación del ‎Tratado INF propuesto por Rusia en la Asamblea General de la ONU, rechazado con 46 votos ‎en contra, 43 votos a favor y 78 abstenciones. ‎

La Unión Europea –que entre sus 27 miembros cuenta 21 miembros de la OTAN– adoptó así la ‎posición de la OTAN, que es a su vez la posición de Estados Unidos. Como antes lo hizo la ‎administración Obama, la administración Trump acusó a Rusia –sin presentar prueba alguna– de ‎haber realizado ensayos con un misil de la categoría prohibida y anunció que Estados Unidos va a ‎retirarse del Tratado INF. Simultáneamente, Estados Unidos ha iniciado un programa tendiente a ‎reinstalar en Europa misiles nucleares que apuntarán a Rusia, además de desplegar también ‎misiles nucleares, que apuntarán a China, en la región Asia-Pacífico. ‎

El representante de la Federación Rusa ante la ONU ya advirtió que «eso constituye el inicio de ‎una carrera armamentista abierta». En otras palabras, advirtió que si Estados Unidos instala ‎nuevamente en Europa misiles nucleares apuntando a Rusia (como los misiles estadounidenses ‎‎Cruise desplegados en [la región italiana de] Comiso en los años 1980, Rusia responderá ‎instalando nuevamente –en su territorio nacional– misiles similares que apuntarán hacia blancos ‎en Europa (aunque no alcancen el territorio de Estados Unidos). ‎

Ignorando todo eso, el representante de la Unión Europea ante la ONU acusó a Rusia de socavar ‎el Tratado INF y anunció el ya mencionado voto negativo de todos los países de la UE porque «la ‎resolución presentada por Rusia desvía del tema en discusión». Dicho claramente, la Unión ‎Europea dio luz verde a la posible instalación de nuevos misiles nucleares estadounidenses ‎en Europa, incluyendo Italia. ‎

Sobre este tema tan importante, el gobierno de Giuseppe Conte [el primer ministro de Italia], ‎renunciando –como hicieron sus predecesores– al ejercicio de la soberanía nacional, se alineó ‎tras la Unión Europea, que a su vez se alineó tras la OTAN, que a su vez actúa bajo las órdenes ‎de Estados Unidos. Y de todo el arco político [italiano] no se elevó ni una voz para exigir que ‎sea el Parlamento quién decida cómo votar en la ONU. Y en el Parlamento tampoco se hizo oír ‎ni una sola voz para exigir que Italia respete el Tratado de No Proliferación del armamento ‎nuclear, documento en virtud del cual Estados Unidos está obligado a retirar del suelo italiano ‎sus bombas nucleares B61 y abstenerse además de desplegar en Italia –a partir de principios de ‎‎2020– sus nuevas bombas atómicas B61-12, aún más peligrosas que las anteriores.‎

Así se viola nuevamente el principio fundamental de la Constitución italiana que estipula que «la ‎soberanía pertenece al pueblo». Y como el aparato político-mediático mantiene a los italianos en ‎la ignorancia sobre estas cuestiones de vital importancia, el derecho a la información se viola ‎doblemente, ya que se viola no sólo la libertad de informar sino también el derecho a que ‎nos informen. ‎

Si no se hace algo ahora, mañana ya no habrá tiempo para decidir: un misil balístico de alcance ‎intermedio portador de una carga nuclear es capaz de alcanzar su objetivo y destruirlo en sólo 6 u ‎‎11 minutos. ‎

Manlio Dinucci

SAN BERNARDO: DE LAUDE NOVAE MILITIAE AD MILITES TEMPLI.



26. Pero también fue completamente necesario que este hombre, retardando su muerte, quisiera convivir algún tiempo entre los hombres, con el fin de que, por las instrucciones frecuentes y llenas de verdad, los elevase al conocimiento de las cosas invisibles, los fortificase en la fe por sus obras milagrosas y los formase en las buenas costumbres por la santidad de sus acciones. ¿Qué le faltó a este Dios-hombre, que tuvo siempre una vida adecuada, justa y santa ante los hombres, que predicó siempre la verdad, obrado prodigios y sufrido mil indignidades para lograr nuestra salvación? Y, si añadimos también la gracia de la remisión de los pecados, es decir, la remisión gratuita de nuestros crímenes, ¿no es esto seguramente la consumación perfecta de la obra de nuestra salvación? En verdad, no debemos temer que Dios no tenga poder para perdonar nuestros pecados, cuando padeció, y padeció tanto, por los pecadores, mientras sigamos solícitamente sus ejemplos, veneremos sus milagros y no seamos incrédulos a su doctrina ni ingratos con sus padecimientos.
27. En fin, todo lo que Cristo hizo por nosotros, nos fue fecundo; todo nos fue necesario y ventajoso para nuestra salvación; su debilidad no fue menos útil que su majestad. Porque si por la fuerza de su divinidad nos libró del yugo del pecado, también por la debilidad de su carne abolió todos los derechos de la muerte. Por lo que felizmente dijo el Apóstol: La debilidad de Dios es más fuerte que los hombres. Pero aunque su propia locura, mediante la cual se complació en salvar el mundo, combatir la sabiduría del mundo y confundir a los sabios. A pesar de su naturaleza divina y siendo igual a Dios, se despojó de su rango tomando la condición de un siervo; siendo rico se hizo pobre por nuestro amor; de grande, se hizo pequeño; de elevado, humilde; débil, de poderoso que era; padeció hambre y sed, se fatigó en los caminos y padeció voluntariamente y no por coacción; esta especie de locura, vuelvo a decir, ¿no ha sido para nosotros un camino de sabiduría, un modelo de justicia y un ejemplo de santidad, según lo que dice el mismo Apóstol: La locura de Dios es más sabia que los hombres.
Su muerte nos libró de la muerte; su vida, del error; y su gracia, del pecado. Su muerte consumó su victoria por la justicia, porque habiendo el justo pagado por lo que no robara, justamente mereció recibir lo que perdió. Su vida alcanzó su fin en la fuerza de su sabiduría, que permanece como ejemplo y espejo de nuestra vida. En fin, su gracia perdonó los pecados por la potencia de lo que acabamos de hablar; porque hizo absolutamente todo lo que quiso. La muerte de Cristo fue la muerte de mi muerte, porque él murió para que yo viva. ¿Cómo será posible que aquél por quien la Vida murió no viva? ¿Quién temerá en adelante engañarse en el camino de la virtud y en el conocimiento de la verdad teniendo a la Sabiduría por guía y por conductora? ¿Quién será tenido por culpable después de haber sido absuelto por la Justicia? Cristo da este testimonio de sí mismo en el Evangelio cuando dice: Yo soy la vida. Y el Apóstol nos asegura las dos cosas siguientes cuando habla de Cristo en estos términos: Nos fue dado por Dios Padre para ser nuestra justicia y nuestra sabiduría.
28. Porque si la ley del espíritu de la vida en Cristo Jesús nos libró de la ley del pecado y de la muerte, ¿por qué continuamos aún muriendo y no nos revestimos inmediatamente del don de la inmortalidad? Simplemente para que se cumpla la verdad de Dios; pues, como Dios ama la misericordia y la verdad, es preciso que el hombre muera, por haberlo Dios declarado así; y es menester también que resucite de la muerte a la vida para que Dios no se olvide de tener misericordia. Y, aunque la muerte no tenga un dominio perpetuo sobre nosotros, pese a ello, lo tiene por un tiempo, a causa de la verdad de Dios; del mismo modo, no es destruido enteramente el pecado en nosotros, aunque ya no ejerza tan poderosamente su tiranía sobre nuestro cuerpo mortal. Por eso San Pablo, mientras por una parte se ufana de estar libre de la ley del pecado y de la muerte, por otra se queja de las miserias y penas que siente alguna veces de la parte de una y otra ley cuando clama contra los ataques del pecado con estas palabras quejumbrosas: Siento en mis miembros otra ley, etc., o sea, cuando gime por las miserias que lo aflijen, que son, sin duda, la ley de la muerte, aguardando con ansia la libertad de su cuerpo.
29. Similares reflexiones, u otras análogas, según la disposición de cada uno, pueden ser sugeridas a los cristianos por el sepulcro; pienso que quienes puedan contemplar el lugar propio de la sepultura del Señor se sentirán como poseídos de la más dulce e intensa devoción, y que les hará un gran bien contemplarlo con sus propios ojos. Pues, aunque este sepulcro quede ahora privado de la posesión de sus miembros sagrados, no deja, con todo ello, de estar lleno de nuestros gozosos misterios. Yo los llamo nuestros, y muy nuestros, con tal de que con tanto afecto los abracemos con cuanta seguridad aceptemos las palabras del Apóstol: Fuimos sepultados con Él por el bautismo para morir por Él, con el fin de que, igual que Cristo resucitó por la gloria del padre, también nosotros caminemos en una nueva vida. Pues, si fuimos injertados en él por una muerte semejante a la suya, también lo seremos por la semejanza de su resurrección. ¡Qué satisfacción tan agradable experimentan los peregrinos, después de haber padecido las grandes fatigas de un largo viaje, después de haber escapado a una infinidad de peligros a los que se expusieron por mar y por tierra, al reposar, por fin, en el mismo lugar en el que su mismo Señor fue depositado! Imagino que reciben una alegría tan grande que no sienten ya las fatigas del camino ni la cuantía de sus gastos, sino que, según el pensamiento de la Escritura, se sienten transportados de gozo después de haber encontrado el sepulcro, al que miran como la recompensa de sus trabajos y el premio de su carrera. Pero no penséis que casualmente, súbitamente o por un rumor popular se hiciera tan célebre este santo sepulcro, pues el profeta Isaías ya lo predijo claramente muchos siglos antes en estos términos: Aquel día la raíz de Jesé se levantará como insignia de los pueblos; lo buscarán las naciones y será glorioso su sepulcro. Así vemos efectivamente cumplido lo que predijeron los profetas y, si es una novedad para los que ahora lo ven, es antigua para los que leyeran las Escrituras. Así sentimos el gozo del nuevo y no quedamos sin la garantía de lo antiguo. Y esto es suficiente por lo que toca al sepulcro.

XII. Betfage.
30. ¿Qué diré del lugar de Betfage, la aldea de los sacerdotes, de la que por poco me olvido, pero que guarda tanto el sacramento de la confesión como el misterio del ministerio sacerdotal? Betfage significa “casa de la boca”. Y escrito está: La palabra está cerca de tu boca y de tu corazón. Ten presente que esta palabra no está ni en el corazón ni en la boca, sino en ambas. La palabra produce en el corazón del pecador la contrición saludable, y esta misma palabra arranca en la boca la vergüenza perniciosa, para que no estorbe la necesaria confesión. De donde viene que declare la Escritura: hay un pudor que conduce al pecado y un pudor que conduce a la gloria. El pudor útil es lo que nos hace avergonzar de haber cometido pecado o de cometerlo actualmente, y hace que, sin nadie ser testimonio de tu acción, respetes la mirada de Dios más que la de los hombres, por cuanto sabes que Dios es mucho más puro y lo conoce todo mejor que cualquiera, y que el pecador tanto más gravemente lo ofende cuanto el pecado le es más esencialmente opuesto. Sin duda, este pudor destierra el oprobio y dispone a la gloria cuando rechaza el pecado o, cometido éste, lo satisface por la penitencia o lo elimina con la confesión; con todo, debe de quedar claro que nuestra gloria radica también en el testimonio de la propia conciencia. Pero, si alguien tiene vergüenza de confesar el pecado que le pesa, esta vergüenza produce el pecado y destruye la gloria que viene del testimonio de la conciencia, al estorbar esta necia vergüenza, teniendo cerrada la boca, que la lengua ponga fuera el pecado que la compunción se esfuerza en arrojar del fondo del corazón; ¡cuándo a ejemplo de David debería clamar: ¡No, no impediré a mis labios hablar, Señor; tú lo sabes! También de este pudor necio e irracional, según pienso, el rey penitente se hacía esta reprensión: Porque callé, mis huesos se consumían. Lo que igualmente le hace desear que se ponga una puerta de circunspección a sus labios con el fin de saber abrir su boca para la confesión y cerrarla para las excusas. En fin, pide abiertamente esta misma gracia a Dios sabiendo muy bien que la confesión y los loores son obra suya. En verdad es un gran bien esta doble confesión, por la que no ocultamos nuestra malicia y anunciamos la magnificencia de la bondad y de la potencia divina; pero también esto es un puro don de la libertad de Dios. Por ello le habla en estos términos: No dejes que se incline mi corazón a palabras maliciosas para pretextar excusas a mis pecados. Es, pues, muy necesario que los sacerdotes, como ministros que son de Dios, tengan un cuidado muy particular de insinuar las palabras de temor y de contrición en los corazones de los pecadores, con tanta moderación, que no se espanten ni se retiren de la confesión de sus pecados. Abran de tal manera los corazones que no cierren sus bocas y no absuelvan sino a los que, estando verdaderamente compungidos, confesaran todos sus pecados, porque es menester creer de corazón para obtener la rehabilitación, y confesar de boca para obtener la salvación. De lo contrario, sería como la confesión de un muerto, que es como si no existiese. Cualquiera, pues, que tenga la palabra en la boca, y no en el corazón, es un superficial o un mentiroso; y aquél que la tiene en el corazón y no en la boca o es soberbio o un tímido.

XIII. Betania.
31. Aunque me apresuro a acabar, no debo de ningún modo pasar en silencio por la casa de la obediencia que significa el nombre de Betania, la villa de María y de Marta, donde Lázaro fue resucitado; ésta representa la figura de la vida activa y contemplativa que nos recuerda el ligar de la admirable clemencia de Dios hacia los pecadores, y la virtud de la obediencia junto a los frutos de la penitencia. Basta con advertir sucintamente en este lugar que ni la práctica de las obras buenas, ni el reposo de una santa contemplación, ni las lágrimas de la penitencia serán jamás agradables fuera de Betania a aquel Señor que estimó tanto la obediencia, que quiso más perder la vida que esta virtud, haciéndose obediente al Padre hasta su muerte. Estas son, sin duda, aquellas riquezas que el profeta nos promete de la palabra del Señor: El Señor consolará a Sión y la relevará de todas sus ruinas; cambiará su desierto en lugar de delicias y su soledad se hará jardín del Señor. No se verá en ella sino gozo y alegría, acciones de gracias y cánticos de alabanza. Estas delicias del orbe, este tesoro celestial, esta herencia de los pueblos fieles, han sido confiadas a vuestra fe, carísimos, se han encomendado a vuestra prudencia y a vuestro valor. Y vosotros seréis capaces de guardar fielmente este sagrado depósito con tal de que no presumáis nada de vuestra prudencia y de vuestra fuerza y sólo pongáis toda vuestra seguridad en el socorro de Dios. Pues debéis saber que el hombre no se sostendrá de su propia fuerza. Por tanto, debéis decir con el profeta: El Señor es mi fuerza, mi refugio y mi libertador. Y también: Conservaré mi fuerza para ti, porque tu eres mi protector; ¡oh Dios mío! Su misericordia me va a prevenir. Y aún: No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre de la gloria, para que sea bendecido en todas las cosas aquel Señor que adiestra a vuestras manos para la batalla y vuestros dedos para el combate.


miércoles, 16 de enero de 2019

¿SE PUEDE DECIR QUE LA PAZ REINA ACTUALMENTE EN EL MUNDO?



Durante el pontificado de su S. Pío XII tuvo lugar una de las guerras más violentas y sanguinarias de la historia actual, al termino de ella dijo estas palabras escritas en el titulo porque en realidad la guerra termino, pero la paz verdadera no vino con ella.
Hoy sucede lo mismo pedimos paz y mas paz, pero la verdad es lamentablemente la paz no llega, sino todo lo contrario podemos decir con certeza absoluta que una guerra se está gestando y en ella encontramos  asépticos, incrédulos, confiados en una solución humana y los que dicen que Dios es misericordia y no permitirá esta catástrofe. Los humanos somos muy olvidadizos o ignorantes pues con facilidad olvidamos los hechos de la historia la cual nos restrega en el rostro no otra cosa que su realidad.

¿Quién olvido como las tropas de los romanos cercaron a Jerusalén allá por el año setenta de nuestra era? ¿Quién podría referir las atrocidades que se cometieron antes durante y después del sitio ejercido por los romanos? ¿Quiénes se escaparon de esa terrible barbarie? La respuesta a esta última pregunta se las dejo a quien esto lee.
¿Qué es la paz? ¿Cómo la describen? En lo particular me quedo con esta respuesta: “La paz es la tranquilidad en el orden” si tienen otra definición más acertada con gusto la recibiré, pero mediten en la definición antes dicha o, mejor dicho meditemos en ella.
Si hay algo que tanto desea el hombre porque está en su naturaleza es la paz, una paz que lo englobe todo, es decir, el orden espiritual debido a su alma, el orden físico para su cuerpo y en el orden social porque como ser humano forma parte de una sociedad debido a su misma definición de hombre: “Animal racional sociable”.
Por donde se ve que no basta la paz en el primer y tercer orden sino que principalmente rige a esta paz verdadera el orden primero. El alma como tal no se conforma con tener en si la paz en orden físico ni tampoco social sino tiene su principio y fin en el espiritual. En esto quizá haya discrepancia, pero la realidad nos dice otra cosa, nuestra alma tiene una sed insaciable de infinito por tanto lo que ella apetece no es algo efímero y pasajero sino algo duradero y eterno tal cual lo ambiciona ella y en el encuentra su descanso o su reposo. Ahora me pregunto, ¿Puede haber paz cuando esta no se encuentra en el alma como fin inmediato y como fin mediático en Dios? La respuesta es no ¿Por qué? Porque la paz de la cual se habla no es de orden natural, no es un invento del hombre tampoco es patrimonio de una nación x, la paz verdadera procede de su autor que es Dios, nuevamente será esta última frase tema de debate por quienes opinen de otra manera, pero hay verdades universales que no dependen del hombre sino que tienen su objetividad propia o intransferible y una de estas es Dios verdad suprema y única.
Su S. Pío XII cuando dice: “Paz, paz” solo coreaba lo que en aquel momento se decía por todo el mundo porque la II guerra mundial había terminado, el enemigo había sido vencido, los soldados regresaban a sus casas las naciones firmaban tratados y todo parecía volver a la normalidad, no había porque ser esépticos, negativos o descreídos. Luego, podrían decir, vino el progreso, la tecnología, pero todo esto no estaba bien fundamentado por tal razón era es y será una paz falsa porque de ella fue excluido Dios.
Por tal razón el Pontífice concluía: “ET NON HABEMUS PACEM”, es decir, “y no tenemos paz”. Palabras que siguen resonando desde entonces en nuestra sociedad sin Dios, la cual se ha engañado a si misma o se ha hecho sorda a las sirenas suenan anunciando la guerra, que está por venir, la III Guerra mundial.
Pero a esta sociedad se le ha olvidado el sentido de la vista y, que nos muestra ella? Un escenario patético. Se puede escapar de los hechos metiendo la cabeza en el agujero como lo hacen los avestruces, pero la realidad queda afuera o como si el elefante quisiera esconderse tras de un árbol para no ser visto y para qué sirve la acción del avestruz y la estrategia del elefante? Al fin la realidad superara tanto a quienes se comportan como avestruces o a quienes prefieren la estrategia del elefante.

TAMORES DE GUERRA

El sonido de los tambores de guerra cada vez están más cerca de lo imaginado y, forma de ver, ya estamos librado una muy fea batalla con todos los medios de comunicación divididos entre sí, narrando las más horribles pesadillas y los escenarios más tétricos y, a la verdad, son tan subjetivos que no se puede confiar en ellos so pena de morir de un paro cardiaco. Mas, dentro de su funesta subjetividad, algo hay de cierto. Podríamos decir: “Mucho ruido y pocas nueces”, pero cuidado pues en esas pocas nueces puede camuflarse, como de hecho está sucediendo, aquello más atemorizante: LA GUERRA MUNDIAL.


AUDI, FILIA, ET VIDE, ETC. SAN JUAN DE ÁVILA





CAPITULO 3 (Continuación)
Y si es poderosa cosa el afecto de la honra vana, muy más poderosa es la medicina del ejemplo y gracia de Cristo, que de tal manera la vencen y desarraigan del corazón, que le hacen sentir que es cosa muy abominable, que viendo un cristiano al Señor de la Majestad bajarse a tales desprecios, se quede el gusano vil hinchado con amor de la honra. Por lo cual el Señor nos convida y esfuerza con su ejemplo, diciendo (Jn., 16, 33): Confiad mundo que yo vencí al mundo. Como si dijese: Antes que, que yo vencí el yo acá viniese, cosa recia era tomarse con el mundo engañoso, desechando lo que en él florece, y abrazando lo que él desecha; mas después que contra mí puso todas sus fuerzas, inventando nuevo género de tormentos y deshonras, todo lo cual yo sufrí sin volverles el rostro, ya no solamente pareció flaco, pues encontró con quien pudo más sufrir; mas aun queda vencido para vuestro provecho, pues con mi ejemplo que yo os di, y fortaleza que os gané, lo podréis ligeramente vencer, sobrepujar y hollar.
Mire el cristiano, que pues el mundo despreció al bendito Hijo de Dios, que es eterna Verdad y Bien sumo, no hay por qué nadie en nada le tenga, ni en nada le crea. Antes mirando que fue engañado en no conocer una tan clarísima luz, y en no honrar al que es verdaderísima honra; aquello repruebe el cristiano, que el mundo aprueba; y aquello precie y ame, que el mundo aborrece y desprecia; huyendo con mucho cuidado de ser preciado de aquel que a su Señor despreció; y teniendo por grande señal de ser amado de Cristo, el ser despreciado del mundo, con Él y por Él.
De lo cual resulta, que así como los qué son de este mundo no tienen orejas para escuchar la verdad y doctrina de Dios, antes la desprecian, así el que es del bando de Cristo no las ha de tener para escuchar ni creer las mentiras del mundo. Porque ahora halagué, ahora persiga, ahora prometa, ahora amenace, ahora espante, o parezca blando, en todo se engaña y quiere engañar, y con tales ojos lo debemos mirar; pues es cierto que en tantas mentiras y falsas promesas le hemos tomado, que las medias (las medias: la mitad) que un hombre dijese, en ninguna cosa nos fiaríamos de él, y a duras penas, aunque dijese verdad, le daríamos crédito. No es bien ni mal verdadero lo que el mundo puede hacer, pues no puede dar ni quitar la gracia de Dios. Ni aun en lo que parece que puede, no puede nada, pues que no puede llegar al cabello de nuestra cabeza sin la voluntad del Señor (Lc., 21, 18): y si otra cosa nos quisiere hacer entender, no le creamos. ¿Quién habrá ya que no ose pelear contra un enemigo qué no puede nada?
CAPITULO 4
En qué grado y por qué fin es lícito desear la humana honra; y del grandísimo peligro que hay en los oficios honrosos y de mando.

Para que mejor entendáis lo que se os ha dicho, habéis de saber que una cosa es amar la honra o estimación humana por sí misma y parando en ella, y esto es malo según se ha dicho, y otra cosa es cuando estas cosas se aman por algún buen fin, y esto no es malo.
Claro es que una persona que tiene mando o estado de aprovechar a otros, puede querer aquella honra y estima para tratar su oficio con mayor provecho de los otros; pues que si tienen en poco al que manda, tendrán en poco su mandamiento, aunque sea bueno.
Y no solamente estas personas, mas generalmente todo cristiano debe cumplir lo que está escrito (Eccli., 41, 15): Ten cuidado de la buena fama. No porque ha de parar en ella, mas porque ha de ser tal un cristiano, que quienquiera que oyere o viere su vida, dé a Dios gloria; como la solemos dar viendo una rosa, o un árbol con fruto y frescura. Esto es lo que manda el santo Evangelio (Mí., 5, 13), que luzca nuestra luz delante de los hombres, de manera que, viendo nuestras buenas obras, den gloria al celestial Padre, del cual procede todo lo bueno.
Y este intento de la honra de Dios y de aprovechar a los prójimos movió a San Pablo (2 Cor., 4) a contar de si mismo grandes y secretas mercedes que nuestro Señor le había hecho, sin tenerse por quebrantador de la Escritura, que dice (Prov., 27): Alábete la boca ajena, y no la tuya. Porque contaba él estas sus alabanzas tan sin pegársele nada de ellas, como si no las hablara; cumpliendo él mismo lo que había dicho a los de Corinto (1 Cor., 7), que los que tienen mujeres sean como si no las tuviesen, y los que lloran como si no llorasen, con otras cosas semejantes a éstas.


viernes, 11 de enero de 2019

"EEUU se ha convertido en una república bananera"



El líder estadounidense, Donald Trump, calificó de productiva una nueva ronda de conversaciones para poner fin al cierre parcial de la Administración. Sputnik conversó con Shane Hazel, excandidato del Partido Republicano al Congreso de EEUU, sobre los últimos acontecimientos relacionados con el cierre del Gobierno.
"Todo lo que hacen [en la Cámara de Representantes] es dividir a la gente aquí en Estados Unidos. Es su 'modus operandi', quieren que la gente se divida para que puedan hacer lo que quieran como Gobierno y hacer crecer el poder del Gobierno", comentó Shane Hazel en declaraciones a la agencia.
Los republicanos y los demócratas se han culpado unos a otros por el cierre de la Administración, se han señalado mucho con el dedo.
"Ambas son alas del mismo pájaro. Es todo un espectáculo. (…) Y en realidad, veo muchas cosas que están sucediendo en este país, lo que yo llamaría un retroceso estadounidense", señaló al respecto el republicano.

Según Shane Hazel, "los demócratas y los republicanos, ambos son tiranos, están tomando cada vez más nuestro dinero, nuestra propiedad, ignorando completamente nuestros derechos".

"Tenemos un Gobierno fuera de control en Estados Unidos en este momento, que creo que la gente está empezando a reconocerlo y habrá una corrección en un futuro muy cercano", opinó.
El interlocutor de la agencia recordó que EEUU tiene una deuda pública de 21 billonesde dólares con un  creciente déficit presupuestario. "Eso no es sostenible. El resto del mundo lo ve", añadió.
"Estados Unidos se ha convertido en una república bananera. No hay justicia. Somos insolventes, estamos endeudados, hemos estado atacando a todo el mundo militarmente a través de nuestro Departamento de Estado, nuestra CIA, la DEA, la ATF, el FBI, todas estas organizaciones burocráticas en la cima del complejo industrial-militar están llegando a su fin".
Al mismo tiempo, el republicano señaló que le "da un poco de crédito" a Donald Trump, puesto que no es parte del 'establishment'.
"Es un narcisista, no dejaría que cuidara a mis hijos, pero al mismo tiempo creo que definitivamente hay algo en él y estos tipos están ahora expuestos a la luz", dijo Shane Hazel en referencia a los medios de comunicación y el estado profundo en términos de burocracia.
De acuerdo con el político, con las conversaciones sobre la paz con Rusia y Corea del Norte, y la retirada de las tropas de Siria y Oriente Medio, Trump ha desenmascarado a la izquierda y a la derecha, y a los aparatos de inteligencia en Estados Unidos.

"Espero que esto se desmorone pacíficamente y que los estados puedan reorganizarse de una manera muy diferente. (…) Hay un gran cambio que se avecina en un futuro muy cercano en EEUU", concluyó Shane Hazel.
En un proyecto de resolución presentado ante el Congreso, que habilita los fondos para el Ejecutivo hasta el 8 de febrero, la Administración Trump añadió una enmienda que prevé una partida de más de 5.000 millones de dólares para construir una muralla en la frontera con México destinada a frenar el ingreso de indocumentados. Ante la resistencia de legisladores demócratas de aprobar la enmienda, el mandatario ordenó el 22 de diciembre el cierre parcial del Gobierno, que implica la suspensión de servicios públicos no esenciales y afecta a varios departamentos y agencias de la Administración estadounidense, incluidos los Departamentos de Estado, del Tesoro, de Seguridad Nacional, de Transporte y de Agricultura.

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CAPITULO 2. (Continua)
Serviréis a, dioses ajenos de día y de noche (Jerem., 16, 13), echa Dios por maldición a los que sirven a los falsos dioses; y cúmplese muy bien en los que adoran la honra. Hablando San Juan (12, 43) de una gente principal de Jerusalén, que creyeron en Cristo, mas no osaron publicarse por suyos por respeto de los hombres, dice de ellos con gran vituperio que amaron más la honra de los hombres que la honra de Dios. Lo cual con mucha razón se puede decir de estos amadores de la honra, pues vemos que por no ser despreciados de los hombres desprecian a Dios, cuya Ley se avergüenzan de seguir, por no ser avergonzados de los hombres.
Mas hagan lo que quisieren; honren su honra basta que no puedan más; que fija y firme está la sentencia pronunciada contra ellos por Jesucristo, soberano Juez, que dice (Lc, 9, 26): Quien se avergonzare de Mí y de mis palabras, avergonzarse ha de él el Hijo de la Virgen; cuando viniere en su Majestad y de su Padre y de sus ángeles. Y entonces cantarán todos los ángeles y todos los Santos (Ps., 118, 137): Justo eres, Señor, y justos tus juicios; que si el vil gusano se avergonzó de seguir al Rey de la Majestad, que Tú, Señor, te avergüences, siendo la misma honra y alteza, de que una cosa tan baja y tan mala esté en compañía de los tuyos y tuya. ¡Oh, con qué ímpetu (Apoc, 18, 21) será entonces echada la honra de Babilonia en los profundos infiernos, en compañía de tormentos del soberbio Lucifer, pues quisieron ser compañeros de él en la culpa de la soberbia! No se burle; nadie, ni tenga por pequeño mal el amor de la honra del mundo, pues el Señor, que escudriña los corazones, dijo a los fariseos (Jn., 5, 44): ¿Cómo podéis creer en Mí, pues que buscáis ser honrados unos de otros, y no buscáis la honra que de sólo Dios viene? Y pues este mal afecto es tan poderoso, que bastó a hacer que no creyesen en Jesucristo, ¿qué mal no podrá?, ¿y quién de él no se santiguará? Por lo cual dijo San Agustín que ninguno sabe qué fuerzas tiene para dañar el amor de la honra vana, sino aquel a quien ella hubiere movido guerra.
CAPITULO 3
De qué remedios nos habernos de aprovechar para desapreciar la honra vana del mundo, y de la grande fuerza que Cristo da para la poder vencer.

Mucha ayuda contra este mal nos debía ser, que la misma lumbre natural lo condene; pues nos enseña que el hombre ha de hacer obras dignas de honra, mas no por la honrar merecerla y no preciarla; y que el corazón grande debe despreciar el ser preciado y el ser despreciado; y que ninguna cosa debe tener por grande, sino la virtud.
Mas si con todo esto no tuviere el cristiano corazón para despreciar esta vanidad, alce los ojos a su Señor puesto en cruz, y verle ha tan lleno de deshonras, que si bien se pesaren, pueden competir con la grandeza de los tormentos que recibía. Y no sin causa eligió el Señor muerte con extrema deshonra, sino porque conoció cuan poderoso tirano es el amor de la honra en el corazón de muchos; que no dudan de ponerse a la muerte, y huyen del género de la muerte, si es con deshonra. Y para darnos a entender que no nos ha de espantar lo uno ni lo otro, eligió muerte de cruz, en la cual se juntan graves dolores con excesiva deshonra.
Mirad, pues, si ojos tenéis, a Cristo estimado por el más bajo de los hombres, y aviltado (vilmemente menospreciado, afrentado) con graves deshonras; unas, que la misma muerte de cruz trae consigo, pues era la más infame de todas; y otras con que particularmente ofendieron a nuestro Señor, pues ningún género de gente quedó que no se emplease en le blasfemar, despreciar e injuriar con géneros de deshonras no vistos; y veréis cuán bien cumple lo que predicando había dicho (Jn., 8): Yo no busco mi honra. Haced vos así. Y si paras las orejas de vuestra alma has de oír con atención aquel lastimero pregón que contra la misma inocencia se dio, pregonando a Jesucristo nuestro Señor por malhechor por las calles de Jerusalén, os confundiréis vos cuando lo vieres que os honran, o cuando deseéis ser honrada; y diréis con gemido entrañable: ¡ Oh Señor! ¿Vos pregonado por malo, y yo alabada por buena? ¿Qué cosa de mayor dolor? Y no sólo se os quitará la gana de la honra del mundo, mas tendréis gana de ser despreciada, por ser conforme al Señor, seguir al cual, como dice la Escritura (Ecli., 23, 38), es grande honra.  Y entonces diréis con San Pablo (Gal., 6, 14): No agrade a Dios que yo me honre, sino en la cruz de Jesucristo nuestro Señor; y desearéis cumplir lo que el mismo Apóstol dice (Hebr., 13, 13): Salgamos, a Él fuera del campamento, cargados con su oprobio.


jueves, 10 de enero de 2019

EL APOKALIPSYS DE SAN JUAN. POR EL PADRE CASTELLANI.



Hemos terminado con “EL MISTERIO DEL TERCER SECRETO DE FATIMA”, pero ahora siguiendo con el mismo tema será el P. Leonardo Castelani quien nos instruya y nos introduzca en el último libro de las Sagradas Escrituras como lo es el APOCALIPSIS escrito por el apóstol San Juan. Quien fue el Padre Leonardo Castelani a quien vuestro servidor tuvo la gracia de conocer en Buenos Aires Argentina? He aquí un breve biografía de este gran sacerdote:

Leonardo Castellani nace en Reconquista, Argentina (1899), ingresa en la Compañía de Jesús (1918) y es ordenado sacerdote (1931). Obtiene doctorados en Filosofía y Teología en la Universidad Gregoriana de Roma, estudia psicología en la Sorbona de París, y en 1935 regresa a Argentina. Publica desde joven muchos libros y artículos de carácter poético, literario, religioso y político, y es con frecuencia muy crítico. Expulsado de la Compañía de Jesús y suspendido como sacerdote (1949), es acogido por el obispo de Salta (1959) y regresa a Buenos Aires (1952). Por estos años publica El Apocalipsis de San Juan. Es reintegrado al ejercicio del sacerdocio ministerial (1966), y hasta su muerte en Buenos Aires (1981) sigue escribiendo y publicando. Es uno de los escritores más grandes de Hispanoamérica en el siglo XX. Las distinciones anuales más prestigiosas, instituidas para los escritores católicos argentinos por el Cardenal Antonio Quarracino, cuando era Arzobispo de Buenos Aires, llevan el nombre de «Leonardo Castellani».
PADRE CASTELLANI
El P. Castellani dedicó El Apokalypsis (1963) al Papa Juan XXIII, «que me devolvió la misa». Y en el prólogo escribe: «Hemos traducido el libro de la “Revelación” de San Juan directamente del texto griego y le hemos añadido una interpretación literal. Cuanto más “tradicional” sea una exégesis de la Sagrada Escritura, mejor es. La presente interpretación no podría exactamente llamarse “mía”, por lo cual es llamada “nuestra”. Proviene del trabajo de innumerables intérpretes, comenzando por los Santos Padres antiguos. Es fruto de innumerables lecturas y muchas meditaciones».
BREVE INTRODUCCION AL LIBRO.
En nuestro libro El fin de los tiempos y seis autores modernos (Asociación procultura occidental, A.C., Guadalajara 19962, 402 pgs.), expusimos el pensamiento sobre este tema en los escritores Dostoiewski, Soloviev, Benson, Thibon, Pieper y Castellani. En esta breve obra presente reproducimos solamente el último capítulo, que expone lo que el P.
Leonardo Castellani nos dice acerca de las ultimidades de la historia.
Los cuatro primeros pensadores aludidos, Dostoievski, Soloviev, Benson y Thibon, se expresaron prevalentemente mediante el recurso literario, sin dejar de lado, por cierto, las cosas que de los tiempos postreros se leen en el Apocalipsis.
En lo que toca a Josef Pieper, investigó el mismo tema desde el punto de vista filosófico-
teológico. El P. Castellani, que cita frecuentemente a algunos de los autores nombrados, apelará a los dos expedientes, el del novelista y el del teólogo. Lo que en algunas de sus obras nos lo dice de manera novelada, lo reitera en otras de modo más sistemático.
Para muchos, señala nuestro autor, el Apocalipsis es un libro enigmático, prácticamente hermético, y por consiguiente resulta inútil leerlo. Pero cuesta pensar que Dios haya legado a su Iglesia una revelación tan impresionante –«Apocalipsis» significa descubrimiento, develación–, sabiendo que resultaría inaccesible al entendimiento de la mayoría. Un enigma insoluble es lo contrario de una revelación.
Castellani se abocará a su interpretación, con la ayuda de la gran tradición patrística de la Iglesia, y de autores más recientes como Newman, Billot, Benson y Pieper.
Los Padres vieron mucho, sin duda, pero en cierto modo nosotros podemos ver más, encaramados sobre sus hombros y con la experiencia de los hechos que ya han sucedido o que se van volviendo predecibles.
Por otra parte, el mundo actual se muestra ansioso de atisbar el futuro que la historia le depara. Nada de extraño, ya que semejante inquietud se suele acrecentar en las épocas tempestuosas y preñadas de amenazas. ¿A dónde se dirige el acontecer histórico?, se preguntan todos. De ahí el pulular de falsas profecías, de apariciones insólitas, de pronósticos peregrinos.
Por eso hoy se vuelve más apremiante que nunca poner sobre el tapete el gran tema de la esjatología. A decir verdad, algunas de las interpretaciones que nos ofrecerá el genial Castellani son muy personales y no estamos obligados a hacerlas nuestras. Con todo, sus intuiciones resultan frecuentemente brillantes y, según decíamos, se respaldan en el aval de grandes pensadores.
Visión Primera
Mensajes monitorio-proféticos a Iglesias
Los siete mensajes tienen una estructura estrófica similar: comienzan con un titulo ditirámbico de Cristo, sigue el mensaje compuesto de una alabanza y un reproche que a veces es amenaza, termina con la frase típica que indica el misterio o sentido arcano: «El que tenga oídos, que oiga» , y una promesa "al vencedor".
A EFESO (2, 1-8)
Al Ángel en la Iglesia de Éfeso escríbele:
Éfeso significa ímpetu según Billot. Representa la primera edad de la Iglesia, la Iglesia Apostólica, hasta Nerón.
Esto dice El que tiene las siete estrellas en su diestra Y anda en medio de los siete candelabros De oro...
Al comienzo de cada mensaje a las Iglesias, el Ángel declina los títulos de Cristo, descomponiendo la imagen de la Visión Preambular; menos el título de la última Iglesia, Laodicea, que es nuevo.
Sé tus obras y tu labor y tu paciencia.
Riquísima en estas tres cosas fue la Iglesia Apostólica, que se difundió en poco más de un siglo por todo el Imperio: "vuestra fe es conocida en el Universo Mundo", dijo San Pablo; "somos de ayer y ya lo llenamos todo", Tertuliano.
Y no puedes aguantar a los malos Y probaste a los que se dicen ser Apóstoles Sin serlo Y los encontraste embusteros.
Nacen las primeras herejías y se producen los primeros martirios. Nacen del gremio mismo de los Apóstoles, el primer hereje siendo Nicolao, uno de los siete Diáconos nombrados por San Pedro; en tanto que los verdaderos Enviados de Dios llegan hasta España (Sant Yago, San Pablo), Abisinia (Felipe), Persia (Bartolomé), y aun quizás las Indias Orientales (Tomás). También hoy día y siempre hay quienes "se dicen Apóstoles sin serlo", helás.
Y tienes paciencia Y aguantaste por el nombre mío Y no defeccionaste.
Habían comenzado los primeros martirios, por la expoliación y rapiña de los bienes de los cristianos palestinos, que testifica San Pablo; y por lo menos uno de los Apóstoles había sido ya asesinado por el nombre de Cristo, Sant Yago el Menor, primo del Señor, muerto a golpes por los judíos recalcitrantes en Jerusalén.
Pero tengo contra ti alguito:
Que la caridad tuya de antes has dejado.
La caridad fraterna de los primeros fieles fue extraordinaria: ponían sus bienes en común a los pies de los Apóstoles, no había entre ellos ricos ni pobres, dirimían sus pleitos con el arbitraje, se sometían a la exo-mologésis o confesión pública, y a rigurosos castigos en caso de caída en pecado, practicaban la hospitalidad y la defensa mutua. Esta caridad y fraternidad no sólo era la admiración y espanto de los gentiles, sino que constituía la fuerza política incontrastable que los mantenía.
Este estado de comunismo ideal – muy diferente del de Lenin – tenía que decaer rápidamente, ya vemos en los Actos de los Apóstoles el caso de Ananías y Záfira. No es lo mismo poner los bienes en común que sean de todos, que tener los bienes en común y que sean de nadie, es decir del Estado, es decir – en nuestros días – de la Fiera.
Ten memoria pues de donde surgiste... Y conviértete
Y haz [de nuevo] tus primeras obras.
La Iglesia Apostólica surgió directamente de Cristo. E l texto griego dicepéptokes: "de donde decaíste".
La metanoia del Nuevo Testamento, que la Vulgata traduce a veces "hacer penitencia", significa propiamente el arrepentimiento y la transmutación interior, es decir, la conversión; que es efectivamente el principio y la esencia de la penitencia.
Si no, yo vengo contra ti
A trasladar tu antorcha de su lugar
Si acaso no te conviertes.
Cuando una Iglesia – o una época de la Iglesia – decae y se corrompe, lo que hace Dios simplemente es retirarle su luz, con lo cual termina de pudrirse, surgiendo en otro lugar el resplandor de la fe y el fervor. Aquí hay quizá una alusión a los cambios de lugar que sufrió la ciudad de la Diana Multimamífera, Éfeso, en el curso de su historia. Era ella una de las metrópolis religiosas del Asia, tanto para los paganos como para los cristianos, como vemos en los Actos de los Apóstoles. Hoy día no queda de Éfeso más que la aldea árabe de Aya-Soluk, y un montón de ruinas debajo de las cuales encontró en 1869 el arqueólogo Wood los restos del Artemísion o templo de Diana, considerado por la antigüedad como una de las siete maravillas del mundo.
Pero tienes en tu pro esto
Que odias las obras de los Nicolaítas
Como yo las odio.
La primera herejía, atribuida a Nicolao, uno de los siete primeros Diáconos, estaba muy extendida, pues la veremos luego repetida en Pérgamo y Thyatira. La primera herejía, por lo que sabemos de ella, se parece a la última herejía; quiero decir, a la de nuestros tiempos; y se puede decir que transcurre transversamente toda la historia de la Iglesia, y es como el fondo de todas las herejías históricas. Era una especie de gnosticismo dogmático y laxismo moral, un sincretismo, como dicen hoy los teohistoriógrafos. Era una falsificación de los dogmas cristianos, adaptándolos a los mitos paganos, sin tocar su forma externa, por un lado; y concordantemente, una promiscuación con las costumbres relajadas de los gentiles; nominalmente, en la lujuria y en la idolatría, como les reprocha más abajo el Apóstol. Comían de las carnes sacrificadas a los dioses, en los banquetes rituales que celebraban los diversos gremios, lo cual era una especie de acto religioso idolátrico, o sea, de comunión; y se entregaban fácilmente a la fornicación, que entre los paganos no era falta mayor ni vicio alguno; incluso, según parece, después y como apéndice de los dichos banquetes religiosos.
De Nicolao cuenta Alberto el Magno que puso su mujer a disposición de todos; lo imitaron sus secuaces, y se hizo rito… cornudo.
El que tenga oídos oiga
Lo que el Espíritu - dice a las Iglesias.
La fórmula escriturística usual, monitoria de que en lo dicho se contiene un misterio; o por lo menos, una cosa muy importante.
Al vencedor, daréle a comer
Del Árbol de la Vida
Que está en el Paraíso de Dios.
El conocido símbolo del Génesis… Este premio, prometido al que venciere de la Iglesia de Éfeso ¿qué es? ¿La vida eterna? Todos los "premios al vencedor" de las siete cartas, menos el 4°, es decir el deThyatira, se pueden referir a la vida de ultratumba y a la gloria del cielo; pero con muchísima más propiedad se pueden aplicar a los mil años de vida feliz y resucitada del Capítulo XX , en la interpretación de los milenistas: todos, también el cuarto. Así los interpreta el mártir Victorino, en el siglo IV, primer comentador del Apokalypsis. Sea como fuere, lo cierto es que todos los "premios" aluden literalmente al enigmático Capítulo XX; o sea, que el Capítulo XX los resume; lo cual prueba una vez más la unidad literaria y profética del libro; y excluye la hipótesis racionalista de que las cartas sean una añadidura posterior de mano de otro autor; o bien un billete pastoral pegadizo, de mano del mismo Juan.