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jueves, 31 de octubre de 2019

SOBRE EL SINODO DE LA AMAZONIA Y LA ENCICLICA PASCENDI DE SAN PIO X



Nota. Dados los acontecimientos tan lamentables que se han dado en la Sede de SAN PEDRO con la celebración del Sínodo de la Amazonia en donde se quiso pasar por católico lo puramente pagano, no podemos dejar pasar por alto esta abominable afrenta al Dios Trino y Uno. Este famoso Sínodo que se venía planeando desde hace tiempo y al cual se opusieron en su momento tanto cardenales como obispos y sacerdotes no pudo nunca sorprender al Sumo Pontífice como hoy se nos quiere hacer creer cuyo espíritu esta imbuido del modernismo y ansioso de novedades cuyo fin no es otro que la descristianización y paulatinamente la destrucción de la Iglesia Única fundada por Nuestro Señor Jesucristo sumo y eterno SACERDOTE Y PONTÍFICE. No podemos quedarnos callados ante el error venga de quien venga, no podemos quedarnos de brazos cruzados mirando como destruyen la Iglesia los que deben, por obligación de estado, defenderla y custodiarla contra los enemigos de la Iglesia o, ¿acaso nos quedaríamos de brazos cruzados mientras el ladrón mata a nuestra madre pudiendo defenderla? Y, ¿qué nos pasa ante este nuevo ultraje perpetrado contra nuestra Madre la Iglesia? Dejaremos que esta idolatría consumada dentro del mismo ceno de ella pase desapercibida? No, pero es el Papa el Vicario de Cristo. Con mayor razón mayor responsabilidad tiene él en este Sínodo excusarlo ante la VERDAD ÚNICA no podemos so pena de hacernos sus cómplices.  Su santidad San Pío X dice de él y de todos los que abrazaron consientes la herejía del MODERNISMO en su carta Encíclica Pascendi lo siguiente, la cual es digna de meditación dada que en ella se expone la doctrina del magisterio de la Iglesia con claridad diáfana y simplicidad propia de un santo, he aquí sus palabras:
(Quienes esto lean no juzguen la dureza de mis palabras porque después de leer con calma y sin pasión de ninguna índole, dirán con toda verdad que me he quedado corto ante las duras palabras de este gran Santo)
Adoración a los ídolos o culto a Dios, ¿que es esto? 
INTRODUCCIÓN

Al oficio de apacentar la grey del Señor que nos ha sido confiada de lo alto, Jesucristo señaló como primer deber el de guardar con suma vigilancia el depósito tradicional de la santa fe, tanto frente a las novedades profanas del lenguaje como a las contradicciones de una falsa ciencia. No ha existido época alguna en la que no haya sido necesaria a la grey cristiana esa vigilancia de su Pastor supremo; porque jamás han faltado, suscitados por el enemigo del género humano, hombres de lenguaje perverso»(1), «decidores de novedades y seductores»(2),«sujetos al error y que arrastran al error»(3).


Gravedad de los errores modernistas

1. Pero es preciso reconocer que en estos últimos tiempos ha crecido, en modo extraño, el número de los enemigos de la cruz de Cristo, los cuales, con artes enteramente nuevas y llenas de perfidia, se esfuerzan por aniquilar las energías vitales de la Iglesia, y hasta por destruir totalmente (No lo dice quien esto publica sino un santo), si les fuera posible, el reino de Jesucristo. Guardar silencio no es ya decoroso, si no queremos aparecer infieles al más sacrosanto de nuestros deberes, y si la bondad de que hasta aquí hemos hecho uso, con esperanza de enmienda, no ha de ser censurada ya como un olvido de nuestro ministerio. Lo que sobre todo exige de Nos que rompamos sin dilación el silencio es que hoy no es menester ya ir a buscar los fabricantes de errores entre los enemigos declarados: se ocultan, y ello es objeto de grandísimo dolor y angustia, en el seno y gremio mismo de la Iglesia, siendo enemigos tanto más perjudiciales cuanto lo son menos declarados.
Hablamos, venerables hermanos, de un gran número de católicos seglares y, lo que es aún más deplorable, hasta de sacerdotes, (Hoy diríamos de obispos, cardenales y hasta el mismo Papa) los cuales, so pretexto de amor a la Iglesia, faltos en absoluto de conocimientos serios en filosofía y teología, e impregnados, por lo contrario, hasta la médula de los huesos, con venenosos errores bebidos en los escritos de los adversarios del catolicismo, se presentan, con desprecio de toda modestia, como restauradores de la Iglesia, y en apretada falange asaltan con audacia todo cuanto hay de más sagrado en la obra de Jesucristo, sin respetar ni aun la propia persona del divino Redentor, que con sacrílega temeridad rebajan a la categoría de puro y simple hombre.
2. Tales hombres se extrañan de verse colocados por Nos entre los enemigos de la Iglesia. Pero no se extrañará de ello nadie que, prescindiendo de las intenciones, reservadas al juicio de Dios, conozca sus doctrinas y su manera de hablar y obrar. Son seguramente enemigos de la Iglesia, y no se apartará de lo verdadero quien dijere que ésta no los ha tenido peores. Porque, en efecto, como ya hemos dicho, ellos traman la ruina de la Iglesia, no desde fuera, sino desde dentro: en nuestros días, el peligro está casi en las entrañas mismas de la Iglesia y en sus mismas venas; y el daño producido por tales enemigos es tanto más inevitable cuanto más a fondo conocen a la Iglesia. Añádase que han aplicado la segur no a las ramas, ni tampoco a débiles renuevos, sino a la raíz misma; esto es, a la fe y a sus fibras más profundas. Mas una vez herida esa raíz de vida inmortal, se empeñan en que circule el virus por todo el árbol, y en tales proporciones que no hay parte alguna de la fe católica donde no pongan su mano, ninguna que no se esfuercen por corromper (La PACHAMAMA no es lo primero que han introducido,  en la Iglesia recuerdese las reuniones paganas en Asís. Y mientras persiguen por mil caminos su nefasto designio, su táctica es la más insidiosa y pérfida. Amalgamando en sus personas al racionalista y al católico, lo hacen con habilidad tan refinada, que fácilmente sorprenden a los incautos. Por otra parte, por su gran temeridad, no hay linaje de consecuencias que les haga retroceder o, más bien, que no sostengan con obstinación y audacia. Juntan a esto, y es lo más a propósito para engañar, una vida llena de actividad, constancia y ardor singulares hacia todo género de estudios, aspirando a granjearse la estimación pública por sus costumbres, con frecuencia intachables. Por fin, y esto parece quitar toda esperanza de remedio, sus doctrinas les han pervertido el alma de tal suerte, que desprecian toda autoridad y no soportan corrección alguna; y atrincherándose en una conciencia mentirosa, nada omiten para que se atribuya a celo sincero de la verdad lo que sólo es obra de la tenacidad y del orgullo.
A la verdad, Nos habíamos esperado que algún día volverían sobre sí, y por esa razón habíamos empleado con ellos, primero, la dulzura como con hijos, después la severidad y, por último, aunque muy contra nuestra voluntad, las reprensiones públicas. Pero no ignoráis, venerables hermanos, la esterilidad de nuestros esfuerzos: inclinaron un momento la cabeza para erguirla en seguida con mayor orgullo. Ahora bien: si sólo se tratara de ellos, podríamos Nos tal vez disimular; pero se trata de la religión católica y de su seguridad. Basta, pues, de silencio; prolongarlo sería un crimen. Tiempo es de arrancar la máscara a esos hombres y de mostrarlos a la Iglesia entera tales cuales son en realidad.
3. Y como una táctica de los modernistas (así se les llama vulgarmente, y con mucha razón), táctica, a la verdad, la más insidiosa, consiste en no exponer jamás sus doctrinas de un modo metódico y en su conjunto, sino dándolas en cierto modo por fragmentos y esparcidas acá y allá, lo cual contribuye a que se les juzgue fluctuantes e indecisos en sus ideas, cuando en realidad éstas son perfectamente fijas y consistentes; ante todo, importa presentar en este lugar esas mismas doctrinas en un conjunto, y hacer ver el enlace lógico que las une entre sí, reservándonos indicar después las causas de los errores y prescribir los remedios más adecuados para cortar el mal. (Si es de vuestro agrado esta encíclica continuara)


miércoles, 30 de octubre de 2019

EL APOKALIPSYS DE SAN JUAN. POR EL PADRE CASTELANI



Esto dice el que tiene
Los siete espíritus de Dios
Y las siete estrellas:

Los siete ángeles "que asisten continuamente a la faz de Dios", de los cuales conocemos – un poco – al Ángel de la Anunciación, Gabriel, son a la vez las Siete Estrellas, por hendíadis. (Es una figura retórica que consiste en la expresión de un único concepto mediante dos términos coordinados. Así, si decimos "estará aquí en carne y hueso", los dos sustantivos sirven para trasmitir una sola idea ('en persona'). Otros ejemplos comunes son las expresiones "prometer el oro y el moro", "estar a las duras y a las maduras", "a tontas y a locas", "a trancas y barrancas" y "a troche y moche" (en las que intervienen también la rima y la paronomasia).
Conozco tus obras
Que tienes nombre de viviente
Y eres muerto.
El llamado Renacimiento no fue un nuevo nacimiento de la civilización, como se ilusionó el mundo mundano; ni una nueva creación, ni una resurrección de la cultura; eso es un engaño. Los historiadores protestantes y liberales crearon esa burda ilusión, de que el Renacimiento – y la Reforma – marcan el fin de las Épocas Oscuras, y el Alba de los gloriosos y refulgentes tiempos… en que vivimos: más oscuros que nunca. Estamos de vuelta de ese desaforado mito del iluminismo. Por el contrario, y por una reacción contra él, muchos autores actuales (Maritain, Bioy, Peter Wust, un poco el mismo Belloc, y otros) pintan al Renacimiento como una caída vertical, un verdadero desastre, causa de todas las ruinas actuales; y vuelven sus ojos nostalgiosos a la Edad Media, como a un parangón de todos los bienes. Las dos teorías son extremosas y simplistas.
Quien bien lo considere, verá que el llamado Renacimiento fue una especie de equilibrio inestable entre la gran crisis ya mencionada del siglo XIV – con su Muerte Negra, su Cisma de Occidente, su Guerra de los Cien Años, y su universal desorden político – y la otra gran crisis del XVII producida por el Protestantismo; una especie de gran resuello, una brillante fiesta, en la cual se quemaron, espléndidamente por cierto, las reservas vitales acumuladas durante la Edad Media. Ésa es la visión de los mejores historiadores actuales: una breve y alocada primavera después de un largo y duro pero muy salubre invierno. Junto con el reencuentro del arte griego y las obras de los grandes sabios antiguos, la invención de la técnica moderna, y la estructuración estatal de los grandes reinos europeos, el paganismo, mantenido durante la Edad Media en el subsuelo, irrumpe a la superficie de la vida europea, al mismo tiempo que afluyen a ella las riquezas de todo el orbe, y estalla la gran revolución religiosa. De manera que bien pueden cifrarse en el versículo perentorio del Profeta: "Tienes el nombre de viviente [renacido] pero en realidad vas a la muerte."
Hazte vigilante
Y corrobora lo que te queda
Lo que tiene que morir....
Otra recomienda de la Tradición: desde ahora más la Iglesia lo que tiene que hacer es conservar lo que le queda, los restos (taloipa) aun sabiendo que son cosas perecederas y van al muere: por ejemplo, el Vaticano, el poder temporal del Papa, la liturgia ya ininteligible a la mayoría, el boato regio en San Pedro: apariencias de un Rey que ya no es obedecido, las excomuniones y el "index"… la legitimidad de la Monarquía hereditaria, el cultivo de la filosofía y las bellas letras, la defensa de la libertad política, las corporaciones o guildas medievales, la no separación de la Iglesia y el Estado, la ley civil del matrimonio indisoluble …
pietosi residui d'un tempo chefú …
Todo esto y mucho más, que entendemos bajo el nombre de Tradición Occidental, toda la herencia de Occidente que podríamos llamar Romanidad (el "Obstáculo" al Anticristo, que dice San Pablo), a partir del Renacimiento comienza a ir al muere; y el esfuerzo de la Iglesia se emplea solamente en roborarlo. Los signos han cambiado, el poder creador no es ya de la Iglesia sino del enemigo. Mas las creaciones modernas son bajo el signo de Satán; son destrucciones en el fondo y creaciones sólo en apariencia; son parasitaciones enormes e hipertróficas de antiguas creaciones, enormes escapes de fuerzas por la ruptura de antiguos equilibrios: la "técnica" moderna es una degeneración y una desviación de la Ciencia, el capitalismo es estructura enfermiza de la industria y el comercio, la actual cultura ("cultolatría"), degeneración del antiguo esfuerzo del intelecto por procurar al hombre un poco de felicidad, que ha virado hacia el ideal de los goces materiales; de modo que hoy día bien puede dársele la vieja definición de Tácito:
"llámase cultura al corromper y ser corrompido."
Todas estas cosas hemos de defenderlas, son buenas en sí mismas; y sin embargo un día – y hoy ya se ve la dirección del proceso – serán presa y presea del Maligno, vaciadas por dentro y convertidas en engañosa cáscara. Este es el misterio de las Profundidades de Satán.
Porque ya no encuentro tus obras llenas
En la faz y en los oíos de mi Dios.
El proceso ha seguido ese camino: una hipertrofia de la cáscara, y un vaciamiento del fondo y la sustancia. Las grandes obras del Renacimiento ya no son llenas, ya tienen huecos, ya están picadas. Todos sabemos que la Iglesia se equivocó con Galileo; sin embargo, el filósofo judío Max Scheler defiende que "no se equivocó"; que resistió al gran mecánico llevada de un instinto oscuro pero certero de que la ciencia se estaba picando, estaba saliéndose de su lugar, hipertrofiándose.
Acuérdate cómo has recibido y escuchaste
Y guárdalo
Y conviértete.
Tercera exhortación a lo tradicional, a lo que has escuchado. Pero eso hay que practicarlo (téerei). Hoy día las palabras de la religión resuenan por todas partes, pero muchas veces vacías por dentro, no practicadas, no vividas. En la película yanqui The Hooddlum Priest, por ejemplo, "hay mucha religión", dice la gente. Hay; pero, ¿qué religión? Religión de Hollywood ¡sentimentalismo naturalista! Y ésta es de las mejores "películas religiosas" actuales.
Si no vigilas, vendré como ladrón
Y nulamente sabrás a qué hora
Caeré sobre ti.
Por primera vez en estas Epístolas proféticas aparece la Parusía, y en forma de amenaza. Esta fórmula "vendré como ladrón" la usa de continuo Jesucristo para aludir a la muerte. Las muertes de épocas que vienen después del Renacimiento (la Revolución Francesa, la Guerra Mundial) surgen en forma imprevista, en medio de una euforia. Nos causa risa hoy día leer a Víctor Hugo, leer las desaforadas predicciones eufóricas de los "iluministas"... a las vísperas de la catástrofe del 14.
"Si me preguntan cuál es la mejor época de la historia del mundo, sin reflexionar respondo que la nuestra", dice Kant, el más serio de todos ellos. Literalmente: "Fragt man nun, welche Zeit der ganze bisher bekannten Kirchengeschichte die beste sei, so trage ich kein Bedenken zu sagen: es sei die jetztige; und zwar so, dass man den Keim des wahren Religionsglaubens , so wie es jetzt […] öffenlich gelegt worden, nur ungehindert sich mehr und mehr darf enwickeln lassen, um davon eine continuierliche Annaeherung zu dejenigen alle Menschen auf immer vereinigenden Kirche zu erwarten, die sichbare Vorstellung […] eines unsichtbaren Reiches Gottes auf Erden ausmacht." [12]
O sea, en cristiano: "Si se me preguntara qué tiempo de toda la Historia de la Iglesia conocida hasta aquí, es el mejor, no tengo que pensarlo para decir: es el presente; y en tal manera que el núcleo de la verdadera fe religiosa, [13] tal como hoy abiertamente está puesto, no hay más que dejarlo desarrollarse sueltamente más y más, para poder esperar de él un continuo acercamiento de todos los hombres a una Iglesia perennemente unificante, que efectuará sobre la faz de la tierra una Imagen Visible del Invisible Reino de Dios." Hasta aquí el asno solemne de Kant.
Pero tú tienes algunos pocos nombres en Sardes
Que no han ensuciado sus túnicas -
Y caminarán conmigo en vestes blancas
Puesto que son dignos.
Los hombres realmente religiosos comienzan a devenir una minoría (olíga onómata) en medio de multitudes ensuciadas. Hay una notable constelación o pléyade de Santos que comienza a fines del siglo XIV y termina en el XVIII, cuya enumeración me es imposible, que se parecen como hermanos y "caminaron con Cristo en alba veste": Catalina de Siena, Francisco de Paula, Francisco de Capua y sus seguidores; Ignacio, Teresa, Felipe Neri, Pablo de la Cruz, Juan de la Cruz, José de Calasanz, y todos los otros fundadores; Sixto V, Gonzaga, Cámpion y los demás mártires de la Primera Compañía de Jesús; Vicente Ferrer, Pedro Claver, Luis Beltrán, Martín de Porres … y otros muchos menos conocidos que ahora se me escapan. Su predicación y penitencias atajaron que viniese entonces el Anticristo, si hemos de dar fe al extraño caso de San Vicente Ferrer – Herrero en castellano – el cual anunció por toda Europa que el fin del mundo estaba a las puertas … y resucitó un muerto para probarlo, a creer a las actas de su canonización.
El Victorioso
Ese será revestido en veste alba
Y jamás borraré su nombre del libro de la Vida
Y Yo confesaré su nombre
A la faz de mi Padre
Y a la faz de sus ángeles.
La canonización, inscripción del nombre de los Taumaturgos y los Mártires en el catálogo oficial de los bienaventurados y la solemne confesión en San Pedro, se vuelve hábito de la Iglesia en este tiempo. No quiero decir que el Profeta la haya predicho aquí, sino quizá inverso modo. Aquí esto significa la canonización de la otra vida, la Vida Eterna; de la cual esta otra es signo y figura.
El que tenga oídos que oiga
Lo que el Espíritu - dice a las Iglesias
La admonición a la atención y a la fe sobrenatural está en estas tres últimas al final de las Epístolas. Don Benjamín Benavides me dijo en Roma que a las Cuatro Primeras Épocas se les prometen premios temporales y a las tres Últimas Premios Eternos – que son para los individuos y no para los cuerpos sociales – porque desde Sardes la Iglesia debe ocuparse ya de los individuos y no de las naciones. Yo no estoy muy seguro de eso; y más bien creería que todos los premios prometidos son a la vez temporales y eternos, como creyeron los Santos Padres Apostólicos, los cuales casi sin excepción  fueron todos milenistas espirituales, como dicen ahora; o sea que todos los premios de los primeros capítulos responden al Capítulo Veinte.
Esta es pues la Era del Protestantismo, como la llama Holzhauser, y correspondería al Segundo Caballo, a la Tercera Tuba y a la Cuarta Fiala en los otros tres Septenarios. La rápida corrupción del Renacimiento, que fue un equilibrio inestable después de la crisis del siglo XIV, que realmente pareció una nueva vida en Europa hasta que la crisis se renovó empeorada con el estallido de la "reforma" protestante … " y llevas nombre de vivo - Y estás muerto"; la Contrarreforma, con su empeño en conservar, con su apelo a la tradición europea, ya herida de corrupción por el "humanismo" pagano, cuyas obras realmente no son plenamente católicas, sino misturadas de paganismo y mundanismo... "no encuentro tus obras llenas”…fue realmente un esfuerzo por corroborar: de restauración católica, de modo que sus adversarios tomaron el nombre de revolución (protesta), y los partidos que defendían lo tradicional el nombre de contrarreforma, o sea de una defensiva. La Iglesia se puso en reaccionaria; y de hecho en algunas cosas reaccionó demasiado, como puede verse en el humillante proceso de Bartolomé Carranza. Pero realmente lo que denomina la Contrarreforma no son sus fanáticos, sino los que "caminaron con Cristo en vestes blancas", los Santos. 
Ésta es pues la edad de las Riquezas, y el Florecer en Falso; cuando los galeones hispanos volvían de América cargados de oro y plata, Europa se desgarraba en una confusa guerra de Treinta Años, las Artes y las Ciencias se hinchaban en engolada pompa, la lucha entre protestantes y papistas quedaba empatada por obra de Richelieu y Gustavo Adolfo, la Protesta ya establecida en el Norte desbordaba sobre las naciones católicas en forma de filosofismo y liberalismo, los neonobles ingleses con los bienes arrebatados a monasterios y hospitales creaban el actual capitalismo, y la Revolución por antonomasia aniquilaba en Francia la Monarquía Cristiana, ya herida de muerte en Inglaterra, para iniciar tumultuariamente los tiempos que Kant llama "los mejores de la historia"… los nuestros.



martes, 29 de octubre de 2019

EL SANTO ABANDONO. DOM VITAL LEHODEY


11. LOS CONSUELOS Y LAS ARIDECES

Entonces Dios la sumerge y la vuelve a sumergir hasta la saciedad en la aridez, en las tinieblas y en otras penas semejantes. En opinión de nuestro Padre San Bernardo, «el orgullo, sea que ya excita, sea que aún no se haya manifestado, es siempre la causa de la sustracción de la gracia». Dios se propone prevenirlo o reprimirlo para curarnos de sus heridas. A fuerza de sentir su impotencia y su miseria, el alma acaba por comprender que nada puede sin Dios y vale muy poca cosa aun después de recibir tantas gracias; se empequeñecerá ante la Majestad tres veces santa, y orará con mayor humildad. No tendrá dificultad en pedir consejo, y llegará a ser sencilla y dócil, a la vez que el sentimiento de su miseria le hará compasiva para con los demás.
Prolongándose, esta dura prueba la humillará, la anonadará a sus propios ojos, de suerte que se librará de toda llana complacencia y presunción, desconfiando de sí misma y confiando en sólo Dios, vacía, por decirlo así, de orgullo y llena de humildad.
Desembarazada de esta suerte de la soberbia y de la sensualidad, que son los azotes de la vida espiritual, ábrase el alma a la gracia y se entrega de lleno a la benéfica acción de lo alto, dispuesta por tanto a realizar positivos adelantos en las virtudes sólidas, puras y perfectas. Y si Dios se digna otorgarle sus más valiosos dones, ella está preparada; pues, en opinión de nuestro Padre San Bernardo, las grandes pruebas son el preludio de grandes gracias, ya que las unas no vienen sin que las acompañen las otras.
Más aun en esto se tropieza con algún inconveniente. Las arideces espirituales y las desolaciones sensibles dejan, sin duda, subsistir en el servicio de Dios esa voluntad generosa, que constituye la esencia de la devoción y hasta la inclinación, la facilidad, la destreza que denotan la virtud adquirida. Con todo, por el hecho mismo de aminorar la abundancia de piadosos pensamientos y santas afecciones, las arideces hacen desaparecer el suplemento de la fuerza de alegría que aportaban las consolaciones, dejando en su lugar las penas y la dificultad. No son una tentación propiamente dicha, pues directamente no impelen al mal, mas el diablo abusa de ellas con intención de sembrar la cizaña entre el alma y Dios. Ya no envía el Señor ni luces ni devoción, ¿acaso estará indiferente, irritado, implacable?, sin embargo, nosotros obramos lo mejor que podemos. Entonces el temor y la desconfianza acumulan nubarrones y amenazan hacer estallar la tempestad.
Tampoco la naturaleza halla compensación, y, cansada de sufrir largo tiempo y sin entrever el término, se lanza a buscar en las criaturas lo que no halla en Dios.
Así, pues, las consolaciones y las arideces están destinadas por Dios a desempeñar en el alma una muy benéfica misión. Tienen también sus escollos, pero la acción de las unas completa y corrige la acción de las obras; las consolaciones inflaman el amor propio; si las dulzuras elevan, la impotencia rebaja; si la desolación desalienta, la consolación conforta. Dios se ha reservado el derecho de conceder unas u otras, lo mismo que el de hacerlas cesar.
Hace que alternen, y las combina como mejor convengan a nuestros intereses, con no menos sabiduría que firmeza. De ordinario comienza por las consolaciones a fin de ganar los corazones y sostener la debilidad. Cuando el alma se ha robustecido y es capaz de soportar un tratamiento más enérgico, le envía ante todo el dolor, ¡nos es tan necesario el morir a nosotros mismos! En sentir de San Alfonso, «todos los santos han padecido estas sequedades, estos desamparos espirituales; y lo que es más todavía, de ordinario han estado en las arideces y no en las consolaciones sensibles. Estos favores pasajeros no los concede Dios sino raras veces, y sólo quizá a las almas demasiado débiles, para impedir que se detengan en el camino de la virtud; en cuanto a las delicias que han de constituir el premio de nuestra fidelidad, es en el Paraíso donde nos aguardan... Si estáis desolados, consolaos pensando que tenéis con vos al divino Consolador. ¿Os lamentáis de una aridez de dos años?; cuarenta la hubo de sufrir Santa Juana de Chantal, y Santa María Magdalena de Pazzis tuvo cinco años de penas y de tentaciones continuas sin el menor alivio». San Francisco de Asís sufrió durante dos años tan grandes desamparos, que parecía abandonado de Dios; pero una vez que hubo sufrido humildemente está furiosa tempestad, el Señor le devolvió en un momento su dichosa tranquilidad. De donde concluye San Francisco de Sales que «los más privilegiados servidores de Dios están sujetos a estas sacudidas, y que los que no lo son tanto, no han de maravillarse si padecen algunas». No tiene Dios un modo uniforme para conducir a los santos, pero tomados en general, parece que al consumarse su santidad es cuando les somete a las más rudas pruebas; cuanto más los ama, más los prueba y purifica, ya que para llegar a imponerles las mayores purificaciones, Dios espera que lleguen a ser capaces de soportar estos santos rigores.
Resumamos lo que acabamos de decir, y saquemos la conclusión práctica. El fin que nos hemos de proponer, es este perfecto amor que nos une estrechamente a Dios por un mismo querer y no querer. Esta es la devoción sustancial.
Pongamos un santo ardor en conseguirlo por los medios que de nosotros dependen, y que la voluntad de Dios significada nos indica. Las consolaciones, aun las divinas, no constituyen la devoción, y las arideces involuntarias no son la indevoción.
Las unas y las otras son medios providenciales; guardémonos de convertirlas en obstáculos. ¿Qué camino nos será el más riguroso y provechoso, el de las consolaciones o el de las arideces? Lo ignoramos; y por otra parte, Dios se ha reservado la decisión. En todo caso, el partido más acertado es suprimir las causas voluntarias de la sequedad, hacernos indiferentes por virtud y abandonarnos a su Providencia.
Esta doctrina tiene a su favor la multitud de santos que han hecho de ella la regla de su conducta. Citaremos tan sólo a nuestros dos doctores favoritos y ante todo a San Francisco de Sales: «Os acontecerá, dice, no experimentar consolaciones en vuestros ejercicios, indudablemente por permisión de Dios, por lo que conviene permanecer en una total indiferencia entre las consolaciones y la desolación. Esta renuncia de sí mismo implica el abandono al divino beneplácito en todas las tentaciones, arideces, sequedades, aversiones, repugnancias, en las que se ve el beneplácito de Dios, cuando no suceden por culpa nuestra y no hay en ellas pecado.» Repetidas veces nos aconseja el Santo entregamos plena y perfectamente al cuidado de la Providencia, como un niño se abandona en los brazos de su madre, o como el Niño Jesús en los de su Madre dulcísima; y añade: «Si os dan consolaciones, recibidlas agradecidos; si no las tenéis, no las deseéis, sino tratad de tener preparado vuestro corazón para recibir las diversas disposiciones de la Providencia y, en cuanto sea posible, con igualdad de ánimo... Es necesario una firme determinación de no abandonar jamás la oración cualquiera que sea la dificultad que en ella podamos encontrar y de no ir a este ejercicio preocupados con el deseo de ser allí consolados y satisfechos, pues esto no sería tener nuestra voluntad unida a la de Nuestro Señor que desea que, al ponernos en la oración, estemos resueltos a sufrir la molestia de continuas distracciones, sequedades, disgustos, permaneciendo tan contentos como si hubiéramos tenido abundantes consolaciones y no menos tranquilidad. Con tal que ajustemos siempre nuestra voluntad a la de su divina Majestad, permaneciendo en sencilla expectación y preparados a recibir las disposiciones de su beneplácito con amor, sea en la oración, sea en los demás acontecimientos. El hará que todas las cosas nos sean provechosas y agradables a sus ojos.»
En este sentido decía el Santo Doctor: «Yo deseo pocas cosas,  y lo que deseo las deseo muy poco; apenas tengo deseos, pero si volviera a nacer, no tendría ninguno. Si Dios viniera a mí -por las consolaciones-, iría también a Él; pero si no quisiera llegarse a mí, me mantendría alejado y no iría a Él.» Y de hecho, «ejercitaba esta perfecta indiferencia en las sequedades y en las consolaciones, en las dulzuras y en las arideces, en las acciones y en los padecimientos». He aquí el testimonio de Santa Juana de Chantal: «El decía que la verdadera manera de servir a Dios era seguirle sin arrimos de consolación, de sentimiento, de luz, sino sólo con el de la fe desnuda y sencilla; por esto amaba tanto los olvidos, los abandonos y las desolaciones interiores. Díjome en cierta ocasión que no se preocupaba de si estaba en consolación o en desolación: cuando Nuestro Señor le concedía mercedes, recibíalas con toda sencillez, y si no se las concedía, no pensaba en ellas. Es cierto, sin embargo, que, de ordinario, disfrutaba de grandes dulzuras interiores, como lo daba a entender su semblante.»


lunes, 28 de octubre de 2019

AUTOBIOGRAFIA DEL NIÑO QUE NO NACIO. HUGO WASH

es como si utilizaran una aspiradora, sale demenbrado
VI
¡CUÁNTO HE DORMIDO!
SÉ QUE TENGO DOS HERMANITOS.
He dormido largamente no sé cuántas noches, pero el ángel no ha cesado de hablarme en sueños. Sostiene que los ángeles hablan a tus hombres más fácilmente en sueños.
Me parece que estoy un poquito más grande que ayer, pero él dice que ningún ojo humano podría verme todavía, tan chiquito sigo siendo.
Me ha revelado tantas cosas. Continúa enseñándome amar a Dios y a la Santísima Virgen, que es mi madre en el cielo. Dice que ésta es la mejor lección que puede darme. Quedo muy contento y pienso con todas mis fuerzas en ello. Además me ha enseñado a amar a mi madre en la tierra y a mis dos hermanitos, que en comparación mía son inmensamente grandes.
Me parece que yo me había adelantado a esta otra lección, porque ya amaba a mi madre de un modo extremado y triste. No sé por qué me entristece este amor, mientras el amor a la Virgen, mi otra madre, me alegra.
Hoy, cuando me he despertado, se me ha ocurrido preguntar cómo me llamo yo. He tenido que darme mucho valor para hacer tal pregunta, empleando palabras que nadie me ha enseñado y que me vienen como los pensamientos. Pero solamente el oído de un ángel puede entenderlas. Me pareció que mi ángel se sonreía. ¡Qué oscuridad tan grande hay aquí en el corazón de mi madre! Yo me animé a preguntárselo porque él, cuando todavía yo estaba dormido, me dijo que mi hermanito, de cuatro años, se llama José y que mi hermanita menor, María.
Si todos los seres humanos y los ángeles tienen nombre, yo debo llamarme         de algún modo. ¿Cómo me llamo yo?     
El ángel me ha contestado que todavía mi nombre está escrito en el cielo pero no en la tierra y que él no lo sabe y que yo no me llamaré de ninguna manera hasta que nazca y me bauticen y sea hermanito de Jesús, el Hijo de Dios.
No he podido entender todo o que me dice, pero me he atrevido a preguntar cuándo voy a nacer y cuándo me bautizarán para ser hermanito del Hijo de Dios, y me ha contestado que tenga paciencia pues falta mucho tiempo.  
Me he vuelto a dormir. El seno de mi madre es sumamente oscuro y a veces me da miedo vivir allí.

VII
EL ALMA DE MI POBRE MADRE ESTÁ SOMBRÍA.
ALGO LE HA CONTADO A ABSALÓN EL ARCÁNGEL GABRIEL.

Lo primero que le he preguntado a Absalón cuando he despertado en un nuevo día es por qué parece tan oscuro el seno de mi madre. Yo no he visto nunca luz, ni sé cómo será, pero la oscuridad en que ahora vivo me da miedo y pienso que viviría más a gusto en eso que mi ángel llama "la luz de Dios”.
Esta vez el ángel me contesta que no hay nada en el universo más negro que el pecado y que en el corazón de mi madre hay pecados. Son cosas que no entiendo, pero que él no quiere explicarme mucho.
Soy tan pequeñito que no debería sentir dolores, porque dice el ángel que el dolor es una cosa de las personas grandes, no de los niños inocentes como yo, que no han nacido.
Sin embargo, como mi alma es perfecta yo he sentido una gran aflicción al saber que el corazón de mi madre está lleno de pecados. Porque yo la quiero ya con todas las fuerzas de mi pequeñísimo corazón, que todavía no se ha formado.
Mi ángel es un sabio. Me enseña muchas cosas que yo aprendo en seguida y no quiero olvidar. Mi ángel, que sabe todo lo que pasó antes de que Dios creara mí alma, y todo lo que está pasando alrededor de mí, sin embargo aún ignora lo que va a ser de mí en el futuro, porque el futuro es algo que sólo está en la mente de Dios y ni los arcángeles pueden penetrarlo.
Absalón ha conversado con el ángel de la guarda de mi papá. No me ha contado de qué hablaron. Solamente me dice como antes: ¡Hay que rogar a Dios mucho, mucho, mucho!"
Le he preguntado qué tal persona es mi papá, y me ha contestado que yo soy demasiado curioso y que no puede darme noticias de tantas cosas.
Para consolarme me anuncia que mañana me contará algo mejor, que ha sabido por el arcángel Gabriel. Es algo que se refiere a mi porvenir y que Gabriel sabe por habérselo confiado la Virgen. Ella sí lo sabe todo, lo pasado, lo presente y lo futuro, no como criatura humana, sino como Madre de Jesucristo, que es Dios, y que nada le oculta.
Me he quedado pensativo! Ya he dicho que mi alma es perfecta, a pesar de la insignificancia de mi cuerpo que ahora sólo puede ser visto con esos aparatos que usan los hombres para ver los microbios.
Yo soy un poquito más grande que un microbio. Y ya tengo a varios ángeles preocupados por cuenta mía. Absalón cree que el arcángel Gabriel se interesa por mí y que ha hablado de ello con la Santísima Virgen.
¡No cabe en mi pequeña cabeza una cosa parecida! ¿Cómo puede ser que un microbio como yo preocupe a los ángeles del cielo y a la misma Virgen? Vuelvo a sentirme sumamente cansado. Quisiera dormir no una noche, sino muchas noches seguidas. ¡Dios mío! ¡Qué terrible oscuridad la del corazón de mi madre! ¡Ojalá mañana ella tuviera la luz que mi ángel dice que hay en la presencia de Dios! Veo que me estoy durmiendo, porque ya he comenzado a soñar.
se le inyecta solución salina y el feto muere lentamente en medio de grandes sufrimientos.
VIII
LOS ÁNGELES DE MI FAMILIA HABLAN DEL DOCTOR NEGRO.
LOS ASESINATOS DE NIÑITOS QUE ESTE HOMBRE COMETE LO HAN
HECHO RICO. PERO ÉL TAMBIÉN UN DÍA MORIRÁ.

He pasado muchos días sin pensar en nada, sintiéndome agotado.
Hoy al despertarme el ángel me ha dicho en qué día estoy viviendo. Debo de haber crecido muchísimo, pues aunque todavía yo no me veo, siento que mi cuerpo se extiende sin dolor y que voy formándome. Todavía el ángel no me ha revelado si seré un hombrecito o una mujercita, pero creo que él ya lo sabe. El ángel sabe muchas cosas y no me descubre ni siquiera la mitad de las que sabe.
Hoy, sin embargo, me ha dicho una que me ha dejado lleno de las pequeñas cavilaciones que pueden caber en mi pequeñísimo cerebro. Él asegura que tengo ya un cerebro, aunque ningún sabio del mundo con ningún instrumento podría descubrírmelo. Un ángel, sí, porque sus ojos tienen un rayo de la luz de la cara de Dios y lo ven todo.
Me ha dicho, pues, mi ángel que se han reunido los ángeles de la guarda de mi padre y de mis dos hermanitos con él para hablar de mí, y que están muy tristes porque le han oído a mi padre una terrible conversación mantenida con un hombre negro, un doctor, según lo llaman.
No es que ese hombre sea propiamente negro, sino que tiene tantos millones de pecados sobre el alma que aparece horriblemente negro a los ojos de los ángeles.
Absalón afirma que ese doctor es uno de los mayores criminales que existen en el mundo, que él solo, y a veces ayudado por una mujer que se viste de blanco, ha cometido innumerables asesinatos de niños como yo y más grandes que yo, que aunque pequeñitos y-todavía apenas formados poseían ya un alma perfecta, creada por Dios, para que fuera eternamente feliz en el cielo. Y que por obra de ese hombre negro, esos niñitos han muerto sin bautismo y perdido para siempre la gloria.  
Dice mi ángel que los incontables asesinatos que él comete con sus herramientas de médico no son reprobados por los padres, malos casi todos, quienes te paguen mucho por cada niñito que asesina.
Pero ese doctor, que, como dice mi ángel, "hace vanos los planes de Dios" un día morirá. La vida de cada una de sus víctimas es como una cadena de hierro que se le ha enroscado al cuerpo. Nada le puede librar de esos millares de cadenas que lo envuelven. Y cuando muera, su alma, ahogada por ese enorme peso, que ahora no 'siente, porque él nunca piensa que tiene alma, se hundirá en las llamas del más profundo infierno.
IX
Los PLANES DE DIOS.
Y O SERÉ UN HOMBRECITO, NO UNA MUJERCITA.

Medio muerto de miedo, yo lo he preguntado qué quiere decir que ese hombre "nace vanos los planes de Dios".
Absalón me ha respondido que todavía no tengo edad de comprender lo que se llama el misterio de la gracia ni el del libre albedrío de los seres humanos, que Dios les ha dado para que libremente lo adoren y lo 'sirvan Y que ellos emplean muchas veces, para cargarse de pecados y no solamente irse ellos al infierno, sino impedir que millones y millones de niñitos alcancen por el bautismo la gloria para que Dios los ha creado.
Casi no comprendo nada de lo que se me acaba de enseñar, pero no pido más explicaciones, porque antes de dormirme quiero que Absalón me diga de qué han hablado entre ellos, los ángeles de mi familia.
-Hemos hablado de ti -me contesta- y de que el doctor negro ha conversado con tu padre para hacer vanos los planes de Dios" con respecto a ti.
-¿y cuáles son los planes de Dios con respecto a mí?
-Ése es el porvenir que sólo Dios ve. Pero te prometo: que voy a preguntárselo al arcángel Gabriel, quien lo sabrá por su Señora la Virgen, a quien Dios se lo revela todo.
-Pero a lo menos tú, ¿has podido saber si yo seré un hombrecito o una mujercita?
-Sí serás un hombrecito. Tu hermanita tendrá dos hermanitos...
Desplegó las alas, como hace cuando va a volar, unas alas inmensas que sin embargo caben en el corazón de mi mamá y lo iluminan maravillosamente.
-¡Oh, si el corazón de mamá estuviera siempre así! -exclamo yo, y él me responde:
-Creo que mañana estará ahí, pero no puedo decirte por qué ...
-Si tú no puedes decirme esas cosas, ¿por qué me las anuncias, y me dejas inquieto?
-Para que aprendas a tener paciencia.
Con esto se voló y yo me dormí tan profundamente que tardé, por lo menos, ocho días en despertar.
por extracción puede ser todo o en partes se usa primero visturi y luego pinzas 
x
LA VOZ DEL DOCTOR NEGRO.
¿PODRÁN MIS PADRES CRIAR OTRO HIJITO?

Mañana te podré dar una buena noticia, me dijo Absalón, pero han pasado         muchos días y no ha hablado,        _ Las lecciones que me dio me cansaron de tal modo que no he podido despertarme en no sé cuánto tiempo.        
Me siento algo viejo. Cuando se lo he dicho a Absalón ha sonreído y me ha contestado
-así te sientes viejo y sin embargo tu mamá todavía ignora que existes. Algo sospecha y eso la tiene en mortal angustia, porque sin saber-que existes te quiere inmensamente.
Le he respondido que él siempre me dice cosas incomprensibles para mí.
-Pronto sabrás por qué no te hablo con más claridad. Pronto tú mismo lo comprenderás sin que yo agregue nada. ¿Ves como no eres tan viejo? Reza, pues, por tu madre que está llena de miedo a causa de ti y se ha volado otra vez sin explicarme lo que me anunció, que pronto el corazón de mi 'madre estaría resplandeciente de luz.
Ha pasado un día más. Han pasado dos y tres y hasta seis días más en que he dormido muy mal, por haber escuchado. ¡Ya tengo mis pequeños oídos que no pierden ningún rumor de fuera! Y he oído varias veces la voz del doctor negro que hablaba con mi padre, delante de mi pobrecita mamá que temblaba entera.
Yo sólo entiendo todavía la lengua de los ángeles, pero el mío, que estaba conmigo una de las veces que habló el doctor negro con su odiosa voz, que también a mí me hace estremecer, ha escuchado sus palabras y me las ha explicado. Se reducen a esto, que el doctor negro repite como una lección ante sus alumnos: Los padres no tienen derecho de traer al mundo hijos a quienes no pueden sostener.  
-¿Qué significa eso? -le he preguntado.
-Algún día lo sabrás sin que yo te lo explique.
No me satisface la respuesta y vuelvo a la carga. Soy un poco testarudo.
Pienso que Dios se ha esmerado al crear mi alma y la ha hecho así.
-¿Significa que si yo naciera mis padres no podrían sostenerme?
-De eso han hablado -me responde indirectamente.

Nota._Estos tres métodos definidos en las fotografías son lo mas abominable que puede existir en el mundo porque es matar a un inocente que no puede defenderse y todos están en contra del que va a nacer. La iglesia tiene una ley canónica con la cual EXCOMULGA (separa del cuerpo místico de Cristo a esta ralea de pecadores) al medico, enfermera, padres del niño/a y consejeros que si llegan a morir sin levantar esta pena se van directo al infierno sin escalas. Por favor corrijanme si me he equivocado respecto a los métodos, no soy médico. DIFUNDANLO LO MAS QUE PUEDAN salvar a un feto de esto es hacer ciudadanos para el cielo.








domingo, 27 de octubre de 2019

EN LA FESTIVIDAD DE CRISTO REY




Al hablar de la realeza de Jesucristo nos referimos a su título personal de REY. Pero un título, si es verdadero, debe responder a una realidad en la persona. Nuestro trabajo va a concentrarse en el estudio de esa realidad: conviene, pues, de todo punto, investigar antes la altísima significación de esa realidad que hay en Cristo.
Las ideas que de Dios tenemos son necesariamente análogas e imperfectas, si bien verdaderas, como quiera que de Dios no poseamos un conocimiento intuitivo. Para este conocimiento analógico de Dios, tenemos que echar mano de los datos que recogemos de las creaturas.
Por lo que mira al conocimiento del Dios-Hombre, Jesucristo, si bien podemos adquirir de El algunas ideas propias y adecuadas, en cuanto a su humanidad, por hallarse revestido de nuestra propia carne; todavía, aun para la adquisición de una idea o concepto claro acerca de Jesucristo en cuanto hombre, es necesario antes consultar los conocimientos que, respecto a esa idea, tenemos en los objetos y personas humanas; y la razón es, porque; la cualidad humana, al presentarse viviente en Jesucristo, persona divina, es elevada también a un plano divino.
Procedamos gradualmente.

l.-El Concepto humano de Rey.

Nuestra palabra castellana rey se deriva de la latina "rex",  sustantivo que, a su vez, se origina del verbo "rego" que significa regir, dirigir, gobernar. Atendida, pues, la sola etimología, rey es el hombre que rige, dirige, gobierna.
Santo Tomás nos da esta definici6n real y completa: "Rex est qui unius multitudinem civitatis vel provinciae et propter bonum commune regit".
Reyes el que rige al conjunto de ciudadanos de una nación o provincia y por el bien común 1.
Definición que el Angélico Doctor deduce de la naturaleza social del hombre y de la naturaleza de la sociedad. Por donde se ve que el cargo de rey exige excelencia de virtud y prioridad, o cierta primacía sobre los miembros de la sociedad. Porque si es propio de la virtud hacer que por ella sea buena la obra del hombre, debe ser mayor la virtud por la cual se espera un bien mayor. "Mayor y más divino -dice otra vez Santo Tomás-, es el bien de la multitud que el de uno solo" 2. Además regir es ordenar y llevar a otros hacia su fin. Y si todo motor tiene prioridad o primacía sobre lo que mueve, el oficio de rey debe tenerla sobre los miembros de una sociedad, a quienes mueve hacia su fin.
Pero junto con la excelencia y la prioridad es esencial al rey el poder -"regia potestas"-, que es una forma de autoridad civil, ya que la autoridad civil es, por definición: "Jus societatem civilem ad finem suum dirigendi". El derecho de dirigir la sociedad civil a su fin.
O también: "El derecho de poder obligar a los miembros de la sociedad
civil a cooperar al bien común.
Siendo la autoridad el derecho de obligar a los asociados a conseguir el fin común, se sigue que debe residir en un sujeto, pues todo derecho exige un sujeto para que pueda actuarse y ejercerse 4. El sujeto puede ser una persona física o moral. En el primer caso tenemos la monarquía, en el segundo la poliarquía, la que a su vez se subdivide en aristocracia y democracia.
Según Aristóteles tres son las formas de suma autoridad: Monarquía (él la llama Reino), o el gobierno de uno; Aristocracia, o el gobierno en que participen los mejores; República o el gobierno en el que participan todos los ciudadanos. De estas tres formas de autoridad consta, por la historia sagrada y profana, que la monarquía es la más antigua.
De la definición de Santo Tomás se infiere también que la potestad regia está destinada a ejercerse, como tal, en una sociedad perfecta, y no en sociedades imperfectas, como la familia, el patriarcado o la tribu 1.
El hecho de la existencia entre los hombres de la potestad regia y de su anterioridad con respecto a otras formas de gobierno, puede confirmarse por la historia, como dijimos antes; el modo, en cambio, cómo los primeros reyes que existieron llegaron a serlo, se disputa en Ética.
Además de las cuestiones de hecho y de derecho en general, podemos inquirir en un rey humano, tomado ya en concreto, la naturaleza de su potestad y el origen próximo de esa potestad.
En la naturaleza de la potestad regia humana, tomada en su concepto propio y adecuado se incluye necesariamente la triple: potestad legislativa, ejecutiva y judicial, porque sin ella el fin de la sociedad no se conseguiría. En efecto: hay que imponer a la comunidad una norma obligatoria para que los asociados consigan, con sus obras, el fin social, incumbencia que pertenece a la potestad legislativa. Es menester, en segundo lugar, poner en ejecución todo aquello que manden las leyes, acudiendo, si fuere preciso, a la fuerza coactiva. Esto se obtiene por la potestad ejecutiva. Finalmente es indispensable dirimir en cada caso las controversias sobre el derecho, o aclarar autoritativamente si fue o no lesionado por alguno, lo cual se consigue por la potestad judicial.
El mayor de todos estos poderes es el legislativo, por dimanar y depender los otros dos de él.
La potestad regia puede ser de dos órdenes distintos, en cuanto que tiende a procurar la prosperidad material y temporal de la sociedad, o su bien espiritual y eterno, como fin propio a que los hombres deben ser encaminados. La primera es potestad temporal, que ha de ejercerse en todo reino o sociedad civil; la segunda es potestad espiritual que ejerce su dominio en todo lo referente al bien y salvación de las almas.
Por lo que mira a otras subdivisiones de la potestad regia: directa e indirecta, in actu primo et in actu secundo, preferimos dejarlas para el segundo volumen de nuestra obra, donde tienen su propio lugar, ya que aparecieron con las controversias de los Teólogos.
En cuanto al origen próximo de la potestad regia lo, podemos afirmar con certeza: ningún hombre de suyo nace rey. Decimos de suo, porque puede darse otra razón extrínseca a su naturaleza de hombre, por ejemplo, la herencia. La conclusión en este punto es incontrovertible: la realeza o potestad regia entre los hombres nunca nace con la naturaleza humana, sino que a lo más nace  "per accidens" en este hombre determinado, es decir, que siempre  se encuentra en el hombre por un título meramente extrínseco, ya  sea hereditario, electivo o adquisitivo.
Estas nociones acerca de la idea de rey entre los hombres nos han sido proporcionadas por la Filosofía y la historia profana. Una consulta a las Sagradas Letras, no sólo confirmará lo expuesto, sino que hará mayor luz sobre cuanto llevamos dicho.
La antigüedad de la institución real es manifiesta en la Biblia.
Poco después de que el Señor separó para sí a Abraham para hacerlo el tronco de su pueblo escogido y progenitor del Mesías, Abraham descendió a Egipto donde habitaba un pueblo organizado y civilizado que tenía por rey a Faraón 11. El Génesis nos informa de muchos reyes 12, cuyos dominios apenas si abarcaban una ciudad; en cambio el poder de otros se extendía a vastos territorios 13 y aun a otros reinos conquistados 14.
Encontramos también en las Sagradas Páginas el proceso natural en la formación y constitución de la sociedad perfecta y del poder civil. Desde Abraham hasta Salomón se distinguen con toda claridad estas cuatro etapas: familia, patriarcado, tribu y reino.
Ya si en particular nos fijamos en la institución del poder real entre los judíos, advertimos, por una parte, causas y circunstancias humanas y naturales, por otra, la voluntad y providencia de Dios que siempre prepara los medios mejores para sus fines. Las causas naturales se encuentran fácilmente: los antiguos Patriarcas trataron muchas veces con reyes; los israelitas vivieron largos años bajo el yugo del Faraón; y, libres ya de la esclavitud de Egipto y en camino para la tierra prometida, tuvieron que luchar contra muchos reyes. Establecidos en Palestina cayeron muy pronto en la cuenta de que todos los pueblos circunvecinos eran gobernados por reyes. Y por imitar a esos pueblos paganos anhelaron un rey, y los ancianos de Israel, como niños antojadizos, acudieron con esta petición a Samuel: "Ecce senuisti, et filii tui non ambulant in viís tuis: constitue nobis regem, ut judicet nos, sicut et universa habent nationes".
Mira que ya estás viejo y tus hijos no van por tus caminos: establece entre nosotros un rey para que nos juzgue, como tienen todas las naciones 15.
Este dato sólo revela la antigüedad del gobierno monárquico y su universalidad.
Tal gobierno monárquico entre los hebreos, que en su concepto humano iba a preparar providencialmente el concepto humano-divino de Cristo Rey, ya había sido previsto por el gran legislador Moisés en el Deuteronomio 16. Y reyes judíos gobernaron por siglos al pueblo elegido. Por tal manera la bondad y misericordia de Dios allanaban el camino para que, primero los judíos, y, pasados los siglos, también los cristianos, fueran capaces de entender y comprender más fácilmente, en su carácter de Rey, a su Divino Hijo Jesucristo. Por eso, cuando los Profetas predican al Mesías, al REY, en sus cantos sagrados nos presentan a un Rey Divino con rasgos humanos: con la majestad, con el esplendor, con todos los arreos orientales de los grandes monarcas judíos. Y, en parte, ésta fue la raíz del equívoco para los descendientes de Abraham duros de cerviz, que sólo pararon mientes en lo humano del Mesías y se olvidaron de lo divino. La desilusión fue asaz sangrienta, cuando en vez de un nuevo David victorioso, descubrieron al hijo de un carpintero...
Antes de proseguir recojamos brevemente lo que hemos descubierto en el concepto humano de potestad regia: Significa siempre excelencia y primacía sobre los miembros de la sociedad.
2-.Es una forma de autoridad, o sea un poder moral de jurisdicción ordenado a dirigir a los asociados al fin común.
3-Esencialmente está constituida por tres poderes: legislativo, ejecutivo y judicial.
4-En cuanto a su origen, nunca es connatural al hombre, sino que proviene por un título o fundamento extrínseco.
5-Su extensión en el tiempo y en el espacio siempre es limitada.
6-Se ejerce, como tal, en una sociedad perfectamente organizada.
7-Historicamente, es la forma más antigua de gobierno.
8_Es un principio de estabilidad social y precede a otras formas de gobierno perfecto, por ejemplo al de los Jueces en el A. T.
9-La Sagrada Escritura, sobre todo en el Antiguo Testamento, nos ilustra acerca de su establecimiento, de su ejercicio, de su magnificencia, de sus virtudes y defectos.
Con estos conocimientos de la realeza humana tenemos abierto el camino para entender, apreciar y amar con más prontitud y facilidad la Divina Realeza de Jesucristo.

II_ Los conceptos de rey y de reino en general.

Antes de investigar la significación del concepto de Cristo Rey, hacemos notar la correlación de los términos rey y reino; de manera que, en teoría, no puede darse uno de ellos, sin que necesariamente incluya y suponga el otro. Así, si alguien es en verdad rey, supone, por lo mismo, un reino, ° sea el sujeto sobre el cual cae su dominio regio, a saber los súbditos y cierto territorio. Inversamente un reino jurídicamente no puede existir sin la presencia exigitiva física, o, al menos moral, del rey.
Atendido el fin de nuestro trabajo, no juzgamos necesario ocupamos directa y formalmente del Reino de Cristo, ya se le considere como reino interior de la gracia, o exterior y organizado en la Iglesia, o de consumación y de gloria eterna, como el reino de los cielos. Pero precisamente por la correlación de los términos antes explicada, tendremos que hacer alusiones necesarias al Reino de Cristo en la tierra, como objeto sobre el cual recae o se ejerce su potestad regia.
Va, pues, a circunscribirse nuestra labor primordialmente al estudio de la POTESTAD REGIA del Hombre-Dios, a su Realeza, a su Carácter y Oficio de Rey. Nuestra posición se justifica plenamente, ya que el reino, al constituir el sujeto u objeto sobre el que cae o se ejercita la potestad, necesariamente se distingue de ella. La posición teológica que asumimos se equipara, en cuanto al fin, a la que asumiría el historiador que estudiara por separado la persona de un monarca, por ejemplo, Felipe II, considerando en él su poder y dignidad, y después tratara del reino, es decir, de los súbditos y extensión de sus territorios, de los españoles de la Península y de los habitantes en los reinos de Hispano-América.

III.-El Concepto de Cristo Rey.

Los conocimientos que al estudiar las creaturas acumulamos, los podemos referir y aplicar a Dios conforme a esta ley: si incluyen una perfección, ésta se encuentra en Dios en grado infinito; si incluyen imperfección, de cualquier orden, tal conocimiento de ningún modo puede convenir a Dios, si no es en sentido puramente negativo. Así la bondad que palpamos y nos cautiva en las creaturas, podemos y debemos referirla y aplicarla a Dios en grado infinito; por el contrario la ignorancia, el pecado, no sólo no pueden encontrarse en Dios, sino que repugna en El la existencia de cualquiera imperfección y del mal moral.
Ahora bien; el Cap. primero nos ha proporcionado conocimientos claros, siquiera sea abstractos, acerca de la realeza entre los hombres. De esos mismos conocimientos vamos a hacer escala para subir al claro y distinto conocimiento de la potestad regia de Cristo.
Supuesta, en estos momentos, la existencia de la Realeza de Jesucristo, nos preocupa sólo esclarecer el modo como esa realeza se verifica en el Dios hecho hombre. Es decir cómo se realiza el concepto humano de rey en el Dios Hombre. Con esto hemos llegado a la cuestión culminante de esta primera parte de nuestro estudio: el concepto metafísico de la Realeza-de Cristo, o en otras palabras: los constitutivos esenciales de ese concepto.
Antes de analizar así los constitutivos esenciales como los accidentales de la Realeza de Cristo, conviene recordar lo que queda dicho 11 respecto de la potestad humana: que exige un sujeto, una persona en concreto, física o moral, que actúe sobre los asociados para hacerles conseguir el fin común. Al aplicar esta noción a la potestad regia de Cristo, si inquirimos teológicamente sobre el sujeto adecuado y completo de la potestad regia, como en Jesucristo hay dos naturalezas, la humana y la divina, no se puede decir ni que la naturaleza humana sola, ni que la naturaleza divina sola son el sujeto adecuado y completo de la Realeza en Jesucristo, sino el compuesto teándrico, es decir: Cristo, Dios-hombre 18.
Haciendo pie en todo lo que dejamos explicado en páginas anteriores decimos que el concepto de Cristo Rey excluye todo lo que de imperfecto y limitado encontramos en el concepto de realeza humana, e incluye cualquier género de perfección en un grado infinito. Desentrañemos un poco esta afirmación.
Perfecciones son en el rey humano: la excelencia y la primacía entre los miembros de la sociedad: perfección es su autoridad o poder moral de jurisdicción i perfección es su triple poder de dar leyes, de hacerlas ejecutar y de castigar y premiar; perfección es que ejerza su potestad sobre una sociedad perfecta: todas estas perfecciones se encuentran en Cristo Rey en grado infinito.
Imperfección, o por lo menos limitación, es en el rey humano el recibir su realeza por un título extrínseco a su naturaleza. Semejante imperfección no existe en Jesucristo Rey, al contrario: de Su misma naturaleza, de la unión sublimemente misteriosa de su humanidad con la divinidad nace el UNGIDO por excelencia, Hombre-Dios Rey por esencia 19.
Imperfección es también en los reyes humanos el que vean su poder real muy limitado en el tiempo y en el espacio, y sujeto a muchas peripecias de la fortuna.
Si nos fijamos en el poder de jurisdicción, o sea el que confiere la superioridad, la potestad pública de dirigir los miembros de la sociedad perfecta a su fin, i cuán gran diferencia encontramos entre la jurisdicción de los hombres y la de Cristo! La jurisdicción de un rey humano es limitada: a)-en cuanto al número de súbditos; b) -en cuanto a la extensión del territorio. Las expresiones que encontraremos en el profeta Daniel; en las que Nabucodonosor para ponderar su poder; se atribuye hiperbólicamente la sumisión de "todos los pueblos, lenguas y naciones", son propias del lenguaje oriental, y, en realidad, falsas. (Cfr. Dan. 3, 4, 98); c)-en cuanto a las acciones externas e internas de los súbditos; d)-en cuanto a las cosas de los súbditos, pues El, como Dios las ha creado y tan sólo se las ha dado en usufructo; el-finalmente su jurisdicción traspasa los límites del tiempo y persistirá durante toda la eternidad.
No debemos omitir que la raíz principal de las diferencias entre la jurisdicción humana de los reyes y la jurisdicción humano-divina de Cristo Rey, es la finalidad primordial de ambas jurisdicciones: la jurisdicción de los reyes se dirige a conseguir el bien común material de los súbditos: la Jurisdicción de Jesucristo Rey persigue primordialmente -no. únicamente-, el bien espiritual 20.
Los hombres perversos, instrumentos del Demonio, y el Demonio mismo con sus legiones del mal, pueden jactarse momentáneamente -mil años se reducen a un día en la presencia del Señor-, 21 de haber vencido a las huestes de Cristo Rey. .. ¡Insensatos! Hasta ahora la sangre de mártires ha sido siempre semilla de cristianos, y el tirano y perseguidor, a la hora tremenda de la muerte, muy a su pesar, habrá de gritar su derrota: "¡Venciste, Galileo! ... "
A estas perfecciones esenciales de la realeza de Cristo podemos añadir dos accidentales que tienen su fuente en el amor: en el Corazón de Cristo Rey, y en el corazón de los súbditos de Cristo Rey.
Cristo Rey tenía derecho a su realeza, por el solo derecho de nacimiento; pero su amor, con misericordia libérrima, quiso conquistar un título, un derecho nuevo para reinar: el derecho y título de conquista, y esta conquista se realizó con lucha! con sangre, con muerte; no con plata y oro corruptibles 22. De esta manera, al derecho nativo) Cristo ha añadido el derecho adquisitivo de conquista.
Los hombres, los que tenemos la dicha y el privilegio de conocer y de amar a Jesucristo, hemos querido, libremente, añadir un nuevo título a su realeza: el electivo. Llevados del conocimiento, sobre todo conquistados por el amor, los cristianos de todos los tiempos hemos formado pavés de nuestros corazones, y arrancando la negación a la frase blasfema, hemos gritado en lo íntimo del alma, y, si ha sido necesario en las calles y en las plazas, en las arenas del circo o en el paredón patibulario, que queremos que EL REINE sobre nosotros ... ¡VIVA CRISTO REY!. ..
Resumamos: decir Cristo Rey o decir Realeza de Cristo es lo mismo que decir y confesar:
l.-SU infinita excelencia y primacía sobre todos sus súbditos.
2.-Su infinita autoridad.
3.-Su infinito poder legislativo, ejecutivo y judicial, con una jurisdicción primordialmente espiritual.
4.-Su infinito poder en el espacio y en el tiempo, es decir que se extiende a todas las naciones y a todos los tiempos.
5.-Su triple derecho a la realeza: nativo, adquisitivo, y electivo.
Tal es la riqueza y profundidad del concepto de Cristo Rey, que confiamos manifestar e ilustrar teológicamente extrayendo lo más precioso que encontremos en esas minas inagotables: las fuentes de la Revelación. Pero antes queremos llamar la atención sobre un aspecto de la Realeza de Cristo, que por su actualidad e importancia merece un estudio aparte.