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viernes, 7 de diciembre de 2018

CONFESIONES. SAN AGUSTÍN



Y así, aun a ti, vida de mi vida, te imaginaba como un Ser grande extendido por los espacios infinitos que penetraba por todas partes toda la mole del mundo, y fuera de ellas, en todas las direcciones, la inmensidad sin término; de modo que te poseyera la tierra, te poseyera el cielo y te poseyeran todas las cosas y todas terminaran en ti, sin terminar tú en ninguna parte. Sino que, así como el cuerpo del aire-de este aire que está sobre la tierra-no impide que pase por él la luz del sol, penetrándolo, no rompiéndolo ni rasgándolo, sino llenándolo totalmente, así creía yo que no solamente el cuerpo del cielo y del aire, y del mar, sino también el de la tierra, te dejaban paso y te eran penetrables en todas partes, grandes y pequeñas, para recibir tu presencia, que con secreta inspiración gobierna interior y exteriormente todas las cosas que has creado. De este modo discurría yo por no poder pensar otra cosa; mas ello era falso. Porque si fuera de ese modo, la parte mayor de la tierra tendría mayor parte de ti, y menor la menor. Y de tal modo estarían todas las cosas llenas de ti, que el cuerpo del elefante ocuparía tanto más de tu Ser que el cuerpo del pajarillo, cuanto aquél es más grande que éste y ocupa un lugar mayor; y así, dividido en partículas, estarías presente, a las partes grandes del mundo, en partes grandes, y pequeñas a las pequeñas, lo cual no es así.
Pero entonces aún no habías iluminado mis tinieblas.
II, 3. Me bastaba, Señor, contra aquellos engañados engañadores y mudos charlatanes-porque no sonaba en su boca tu palabra-, bastábame, ciertamente, el argumento que desde antiguo, estando aún en Cartago, solía proponer Nebridio, y que todos los que le oímos entonces quedamos impresionados.
«¿Qué podía hacer contra ti-decía-aquella no sé qué raza de tinieblas que los maniqueos suelen oponer como una masa contraria a ti, si tú, no hubieras querido pelear contra ella?»
III, 4. Pero tampoco yo, aun cuando afirmaba y creía firmemente que tú, nuestro Señor y Dios verdadero, creador de nuestras almas y de nuestros cuerpos, y no sólo de nuestras almas y de nuestros cuerpos, sino también de todos los seres y cosas, eras incontaminable, inalterable y bajo ningún concepto mudable, tenía por averiguada y explicada la causa del mal. Sin embargo, cualquiera que ella fuese, veía que debía buscarse de modo que no me viera obligado por su causa a creer mudable a Dios inmutable, no fuera que llegara a ser yo mismo lo que buscaba.
Así, pues, buscaba aquélla, mas estando seguro y cierto de que no era verdad lo que decían aquéllos [los maniqueos], de quienes huía con toda el alma, porque los veía buscando el origen del mal repletos de malicia, a causa de la cual creían antes a tu sustancia capaz de padecer el mal, que no a la suya capaz de obrarle.
5. Ponía atención en comprender lo que había oído de que el libre albedrío de la voluntad es la causa del mal que hacemos, y tu recto juicio, del que padecemos; pero no podía verlo con claridad. Y así, esforzándome por apartar de este abismo la mirada de mi mente, me hundía de nuevo en él, e intentando salir de él repetidas veces, otras tantas me volvía a hundir.
Porque levantábame hacia tu luz el ver tan claro que tenía voluntad como que vivía; y así, cuando quería o no quería alguna cosa, estaba certísimo de que era yo y no otro el que quería o no quería; y ya casi, casi me convencía de que allí estaba la causa del pecado; y en cuanto a lo que hacía contra voluntad, veía que más era padecer que obrar, y juzgaba que ello no era culpa, sino pena, por la cual confesaba ser justamente castigado por ti, a quien tenía por justo.
Pero de nuevo decía: «¿Quién me ha hecho a mí? ¿Acaso no ha sido Dios, que es no sólo bueno, sino la misma bondad? ¿De dónde, pues, me ha venido el querer el mal y no querer el bien? ¿Es acaso para que yo sufra las penas merecidas? ¿Quién depositó esto en mí y sembró en mi alma esta semilla de amargura, siendo hechura exclusiva de mi dulcísimo Dios? Si el diablo es el autor, ¿de dónde procede el diablo? Y si éste de ángel bueno se ha hecho diablo por su voluntad, ¿de dónde le viene a él la mala voluntad por la que es demonio, siendo todo él hechura de un creador bonísimo?»
Con estos pensamientos me volvía a deprimir y ahogar, si bien no era ya conducido hasta aquel infierno del error donde nadie te confiesa, al juzgar más fácil que padezcas tú el mal, que no sea el hombre el que lo ejecuta.
IV,6. Así, pues empeñábame por hallar las demás cosas, como ya había hallado que lo incorruptible es mejor que lo corruptible, y por eso confesaba que tú, fueses lo que fueses, debías ser incorruptible. Porque nadie ha podido ni podrá jamás concebir cosa mejor que tú, que eres el bien sumo y excelentísimo. Ahora bien: siendo certísimo y verdaderísimo que lo incorruptible debe ser antepuesto a lo corruptible, como yo entonces lo anteponía, podía ya con el pensamiento concebir algo mejor que mi Dios, si tú no fueras incorruptible (...).
V,7. (...) ¿De dónde, pues, procede éste, puesto que Dios, bueno, hizo todas las cosas buenas: el Mayor y Sumo bien, los bienes menores; pero Criador y criaturas, todos buenos? ¿De dónde viene el mal? ¿Acaso la materia de donde las sacó era mala y la formó y ordenó, sí, mas dejando en ella algo que no convirtiese en bien? ¿Y por qué esto? ¿Acaso siendo omnipotente era, sin embargo, impotente para convertirla y mudarla toda, de modo que no quedase en ella nada de mal? Finalmente, ¿por qué quiso servirse de esta materia para hacer algo y no más bien usar de su omnipotencia para destruirla totalmente? ¿O podía ella existir contra su voluntad? Y si era eterna, ¿Por qué la dejó por tanto tiempo estar por tan infinitos espacios de tiempo para atrás y le agradó tanto después de servirse de ella para hacer alguna cosa? O ya que repentinamente quiso hacer algo, ¿no hubiera sido mejor, siendo omnipotente, hacer que no existiera aquélla, quedando él solo, bien total, verdadero, sumo e infinito? Y si no era justo que, siendo él bueno, no fabricase ni produjese algún bien, ¿por qué, quitada de delante y aniquilada aquella materia que era mala, no creó otra buena de donde sacase todas las cosas? Porque no sería omnipotente si no pudiera crear algún bien sin ayuda de aquella materia que él no había creado».
Tales cosas revolvía yo en mi pecho, apesadumbrado con los devoradores cuidados de la muerte y de no haber hallado la verdad. Sin embargo, de modo estable se afincaba en mi corazón, en orden a la Iglesia católica, la fe de tu Cristo, Señor y Salvador nuestro; informe ciertamente en muchos puntos y como fluctuando fuera de la norma de doctrina; mas con todo, no la abandonaba ya mi alma, antes cada día se empapaba más y más en ella.
VI, 8. Asimismo había rechazado ya las engañosas predicciones e impíos delirios de los matemáticos.
¡Confiésete, por ello, Dios mío, tus misericordias desde lo más íntimo de mis entrañas! (...) sólo tu procuraste remedio a aquella terquedad mía con que me oponía a Vindiciano, anciano sagaz, y a Nebridio, joven de un alma admirable, los cuales afirmaban-el uno con firmeza, el otro con alguna duda, pero frecuentemente-que no existía tal arte de predecir las cosas futuras y que las conjeturas de los hombres tienen muchas veces la fuerza de la suerte, y que diciendo muchas cosas acertaban a decir algunas que habían de suceder sin saberlo los mismos que las decían, acertando a fuerza de hablar mucho.
VII, 11. Ya me habías sacado, Ayudador mío, de aquellas ligaduras; y aunque buscaba el origen del mal y no hallaba su solución, mas no permitías ya que las olas de mi razonamiento me apartasen de aquella fe por la cual creía que existes, que tu sustancia es inconmutable, que tienes providencia de los hombres, que has de juzgarles a todos y que has puesto el camino de la salud humana, en orden a aquella vida que ha de sobrevenir después de la muerte, en Cristo, tu hijo y Señor nuestro, y en las Santas Escrituras, que recomiendan la autoridad de tu Iglesia católica.
Puestas, pues, a salvo estas verdades y fortificadas de modo inconcuso en mi alma, buscaba lleno de ardor de dónde venía el mal. Y ¡qué tormentos de parto eran aquellos de mi corazón!, ¡qué gemidos, Dios mío! Allí estaban tus oídos y yo no lo sabía. Y como en silencio te buscara yo fuertemente, grandes eran las voces que elevaban hacia tu misericordia las tácitas contriciones de mi alma.
Tú sabes lo que yo padecía, no ninguno de los hombres. Porque ¿cuánto era lo que mi lengua comunicaba a los oídos de mis más íntimos familiares? ¿Acaso percibían ellos todo el tumulto de mi alma, para declarar el cual no bastaban ni el tiempo ni la palabra? Sin embargo, hacia tus oídos se encaminaban todos los rugidos de los gemidos de mi corazón y ante ti estaba mi deseo; pero no estaba contigo la lumbre de mis ojos, porque ella estaba dentro y yo fuera; ella no ocupaba lugar alguno y yo fijaba mi atención en las cosas que ocupan lugar, por lo que no hallaba en ellas lugar de descanso ni me acogían de modo que pudiera decir: «¡Basta! ¡Está bien!»; ni me dejaban volver a donde me hallase suficientemente bien. Porque yo era superior a estas cosas, aunque inferior a ti; y tú eras gozo verdadero para mí sometido a ti, así como tú sujetaste a mí las cosas que criaste inferiores a mí. Y éste era el justo temperamento y la región media de mi salud: que permaneciese a imagen tuya y, sirviéndote a ti, dominase mi cuerpo. Mas habiéndome yo levantado soberbiamente contra ti y corrido contra el Señor con la cerviz crasa de mi escudo, estas cosas débiles se pusieron también sobre mí y me oprimían y no me dejaban un momento de descanso ni de respiración.


La nueva lucha de clases en Europa




"El mundo que nosotros queremos para el siglo XXI no es el de quienes utilizan vehículos de gasoil y fuman sin parar". Frase, del portavoz del Gobierno francés, Benjamin Grivaux, resume el desprecio de clase del que se acusa a las élites europeas y que tiene como respuesta los movimientos antisistema que se extienden del Norte al Sur de Europa.
Francia está viviendo una revuelta inusual. Los llamados "chalecos amarillos", por el color de la prenda obligatoria que debe utilizarse fuera del automóvil cuando uno se detiene al borde de la ruta, han boqueado diferentes autopistas, centros comerciales o gasolineras y amenazan con cerrar la capital, París este 17 de noviembre.
La chispa que encendió la protesta fue el aumento de las tasas del gasoil y el consiguiente aumento del precio de este combustible, el más utilizado por los automovilistas menos pudientes. La subida de la tasa estaba justificada por el gobierno como parte de las necesidades de la transición energética hacia una sociedad más ecológica. El problema es que lo recibido por el Estado irá a parar, en un 80%, a otros apartados alejados del medio ambiente.
​En realidad, "los chalecos amarillos", aglutinan el enfado generalizado por las dificultades que viven obreros, empleados, campesinos, o trabajadores independientes ante los aumentos constantes de impuestos y el descenso de su poder adquisitivo desde hace ya años.
Emmanuel Macron está centrando los ataques de esta nueva clase de ciudadanos que se sientes desprotegidos social, económica y culturalmente. Pero la protesta en Francia, definida por muchos analistas —quizá interesados políticamente—, como una nueva lucha de clases, no es un fenómeno exclusivo francés.
Insultados en EEUU, Francia o Alemania
Innumerables análisis sociológicos se han publicado ya sobre los norteamericanos que se decantaron por el discurso electoral de Donald Trump. Basta mirar un mapa de Estados Unidos para cerciorarse de que no fueron precisamente los habitantes de las grandes ciudades, ni de las regiones más ricas, los que se decantaron por el candidato republicano.
Basta también echar un vistazo a la sociología regional del voto que apoyó el Brexit en el Reino Unido, y se comprueba cómo regiones desindustrializadas y fuera de los focos de la actualidad confiaron más en cerrarse a la globalización y a la apertura de fronteras, antes que seguir dependiendo, en parte, de decisiones tomadas por una estructura supranacional.
Fenómenos similares se viven en países tan valorados económica y socialmente como Suecia y Alemania, con las consecuencias electorales ya conocidas: aumento del voto nacionalpopulista en las zonas rurales o menos desarrolladas (Alemania del Este) y rechazo a una apertura al mundo abierto que auguraba un porvenir brillante gracias a la globalización.
Hillary Clinton llamó "despreciables" a los votantes de Donald Trump. El portavoz del gobierno de Macron les desprecia a su manera, uniéndose a los que en su país considera la protesta de los "chalecos amarillos" como una revuelta de "palurdos".
Estos palurdos son los ciudadanos que no pueden pagarse un alquiler en el centro de las ciudades, los nuevos centros de producción de riqueza tras la agonía de las industrias locales. Son los ciudadanos a los que se les dijo en su día que era mejor comprar un automóvil movido por gasoil. A los que se les exige pagar el elevado coste social de Francia, mientras las zonas periféricas o rurales se vacían de hospitales, centros postales u otras instituciones estatales, además, claro está, de transportes públicos que les ayuden a paliar el gasto en combustible.

Ahora se les insulta por su inaptitud ecológica. Portavoces del gobierno y del partido de Emmanuel Macron (La Repúbica En Marcha) les conminan a comprar automóviles eléctricos, o incluso híbridos, cuando no solo el precio de estos es inalcanzable para quien sigue pagando el plazo del coche de gasoil comprado hace diez años, sino que, además, no existe una infraestructura suficiente para cargar las baterías de esos nuevos adelantos que disfrutan los buenos ciudadanos preocupados por el aire puro del centro de la ciudad donde viven.
Quinoa versus tocino
Palurdos son para los urbanitas enganchados a la economía del nuevo mundo los que no se desplazan en coche eléctrico, aunque vivan a más de 50 kilómetros de su centro de trabajo. Palurdos los que fuman y se quejan del aumento brutal del precio del tabaco decidido por el gobierno. Palurdos los que desconocen los benéficos efectos de la quinoa u otros alimentos comprados en mercados, donde vendedores con uniforme hípster aconsejan sobre las virtudes de los granos y plantas frente al peligro del tocino. Palurdos, en fin, si han perdido la evolución del patinete impulsado por piernas hacia el eléctrico.
A esa nueva clase de tarados de la modernidad no solo se les aumentan los impuestos de los productos contaminantes que consumen. Además, se les exigirá un óbolo para permitirles la entrada de sus autos contaminantes en las nuevas ciudadelas verdes.
Las élites progresistas urbanas consideran a estos "subciudadanos" como antiecologistas.
En primer lugar, no es cierto; pero, además, convertir a la ciudadanía en defensores del medio ambiente a base de impuestos puede reconvertir al más ilustre ecologista en un climaescéptico radical. Nadie acepta envenenarse ni envenenar a sus descendientes, pero unos lo tienen más fácil que otros.

El movimiento de los "chalecos amarillos", se originó en las redes sociales y es independiente de partidos políticos y sindicatos, pero mientras estos últimos ven con cierto temor la revuelta, los partidos se han apresurado a recuperar la protesta en beneficio propio.
La extrema izquierda sueña con una nueva revolución, con un "bloqueo al gobierno" a través de una huelga general, con una "coagulación de la ira" que abofetee al presidente francés en los comicios europeos de mayo.
La extrema derecha fue la primera en subirse al carro amarillo. El movimiento plasmaba lo que Marine Le Pen pretende defender: la revuelta del pueblo contra unas élites de las que, curiosamente, ella no se siente parte. La derecha tradicional (Los Republicanos) se decidió a apoyar la ola amarilla viendo que Macron centraba personalmente la ira de los manifestantes.
La protesta de los "chalecos amarillos" querría ser interpretada por algunos como el germen de un nuevo movimiento político, aunque, de momento, se trata de una convergencia heteróclita de cabreos y exigencias dispares.
Algunos ya hablan de una versión francesa del Movimiento 5 Stelle italiano. Otros prefieren ver similitudes con el partido "Alternativa para Alemania", porque, aseguran, a la inseguridad económica se le une la cultural.

Y esa misma explicación de la nueva sociología urbana explica cómo los obreros que sobran ante la falta de industrias y fábricas dentro de las ciudades son reemplazados en la concesión de viviendas sociales por inmigrantes, los trabajadores de bajos salarios que necesitan la urbes y que ocupan en Francia los barrios adjuntos al centro, las "banlieues" conectadas por trenes de cercanías al centro del mundo, 'high-tech' y cosmopolita.
Por eso, a los "palurdos" no solo se les reprocha ser antiecológicos y antimodernos, sino también ser racistas y xenófobos. Y con esos argumentos, los que se consideran progresistas y liberales están convencidos de frenar lo que describen, alarmados, como nacionalismo populista en Europa. O, dicho de otro modo, oponerse al conflicto entre las dos clases sociales que se perfilan en el, cada día más, Viejo Continente: la de los "palurdos" y la de los beneficiados con la globalización.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DEL BLOG


jueves, 6 de diciembre de 2018

SAN BERNARDO: DE LAUDE NOVAE MILITIAE AD MILITES TEMPLI.



V. El templo.
9. Hay un templo en la ciudad de Jerusalén en el que todos estos caballeros viven juntos, que no es, la verdad, tan magnífico en su estructura como el famoso y antiguo templo de Salomón, pero que tampoco le cede en nada en cuanto al esplendor de su gloria. Porque toda la magnificencia del primero consistía únicamente en la materia corruptible del oro y la plata con que estaba enriquecido, en las perfectamente encuadradas piedras y en la diversidad de las maderas con que estaba fabricado. Pero la gran piedad y el excelente modo de vida de los que habitan éste conforman todo su ornamento. Aquél era admirable por la variedad de sus colores, éste es venerable por las muchas virtudes y acciones santas que se practican en él. También la santidad es el verdadero ornamento de la casa de Dios, que no se complace tanto de pulidos mármoles como de las buenas costumbres y prefiera las almas puras mucho más que las paredes doradas. Toda la fachada de este templo está adornada de armas, no de piedras preciosas. En lo relativo a las coronas de oro con las que estaban cubiertos los muros del antiguo, lo de éste están cargados de escudos que cuelgan de todas partes. Y la casa está provista de buenos arneses, de protecciones para caballos, de frenos y de lanzas, en lugar de los candelabros, incensarios y copas litúrgicas. Todas estas cosas hacen ver claramente que nuestros caballeros están animados del mismo celo por la casa de Dios que manifestó en otro tiempo el gran Capitán de los ejércitos cuando, encolerizado y con la mano armada de hierro, sino de un azote hecho de cuerdas, entró en el templo y echó del a los vendedores de palomas, juzgando que era una cosa enteramente indigna el profanar la casa de la oración con esta clase de negocios y tráficos temporales. Así, nuestros piadosos caballeros, animados por este ejemplo de su Rey y viendo que los lugares santos eran manchados por los infieles de una manera más indigna e intolerable que por los antiguos mercaderes del templo, vinieron a establecerse en la casa de la santidad con sus caballos y armas. Y, después de haber expulsado de esta morada y de los demás santos lugares toda la inmunda y tiránica prepotencia de los infieles, desempeñan día y noche en este mismo lugar ocupaciones útiles y honestas. Honran con una santa emulación el templo de Dios por los servicios que aquí hacen asiduamente y con sinceridad de corazón, sacrificando todos los días con una devoción constante no la carne de las bestias, a la manera de los antiguos judíos, sino las víctimas verdaderamente pacíficas de una caridad fraterna, de una devota obediencia, de una pobreza voluntaria.
10. Estas cosas que están sucediendo en Jerusalén animan al mundo entero. Las islas escuchan estas noticias, los pueblos más remotos las escuchan y hierven todos, desde oriente a occidente, como un torrente que inunda de gloria a las gentes, como un río que se desborda y que alegra la ciudad de Dios. Pero lo más agradable y lo más útil es que entre esa gran multitud de personas que vienen a este lugar veréis muy pocos que no sean malhechores, impíos, ladrones, sacrílegos, homicidas, perjuros o adúlteros. De manera que, así como su viaje produce un doble bien, igualmente resulta de él una doble alegría, pues se regocijan por su partida los del país de donde salen y por su llegada estos a los que vienen a socorrer. Así, son de utilidad a los unos y a los otros; a éstos, presentándose para defenderlos, y a aquellos, cesando en su opresión. Por una parte, Egipto se llena de alegría por su partida; por otra, Sión y las hijas de Judá se llenan de gozo por la protección que reciben en su llegada. Egipto presume de estar libre de sus manos y Sion se ve más segura por la fuerza de su brazo. Aquél pierde con agrado a los que le robaban con crueldad y esta recibe alegre a los que vienen a defenderla con fidelidad, siendo la misma causa de la desolación saludable de Egipto y del dulce consuelo de Jerusalén. Así sabe Cristo vengarse perfectamente de sus enemigos; así suele triunfar no sólo de ellos mismos, sino por ellos mismos, tanto más gloriosamente cuanto lo hace más poderosamente. En lo cual no se encuentra menos placer que provecho, pues comienza a tener por protectores a los mismos que por tanto tiempo le habían sido opuestos y hace un fiel soldado de su propio enemigo, como en otro tiempo hizo de un Saulo perseguidor un Pablo predicador. Por eso no me asombro de que, según la expresión del Salvador, la corte celestial manifieste más alegría por la conversión de un pecador que hace penitencia que por la perseverancia de muchos justos que no tienen necesidad de ella. Porque la conversión de un pecador y de un impío es para muchos más ventajosa que nociva la mala vida que llevaban antes.
11. Salve, pues, ciudad santa que el Hijo del Altísimo santificó para morada suya con el fin de obrar en ti la salvación de todas las naciones de la tierra. Salve, ciudad del gran Rey, en la que se manifestaron al mundo tan nuevos y tan agradables prodigios en todos los tiempos desde su principio. Salve, soberana de las naciones, princesa de las provincias, posesión de los patriarcas, madre de los profetas y los apóstoles, origen de la fe, gloria y honor de todo el pueblo cristiano. Dios permitió que fueras fácilmente combatida a fin de que tú misma fueras para nuestros valientes guerreros ocasión de salvación, como también de esfuerzo y valor. Salve, tierra de promisión que, habiendo en otro tiempo manado leche y miel en beneficio de tus primeros habitantes, presentas ahora a todos los pueblos del universo los alimentos de la vida, los remedios de la salvación. Tierra, vuelvo a decir, buena y excelentísima que, recibiendo en tu seno fecundo el grano celestial del arca del corazón paterno, produjiste de esta divina simiente un número crecido de santos mártires; que, como un terrón más fértil que todas las tierras, aún produjiste el treinta, sesenta y hasta el ciento por uno en todos los estados de la vida cristiana. Por tanto, plenamente saciados y abundantemente nutridos de la riqueza de tu dulzura, todos los que te vieron proclaman por todo el mundo el recuerdo de tus abundantes fragancias que van a hablar, por los confines de la tierra, a cuantos no te han visto, y pregonar la magnificencia de tu gloria y de las maravillas que se hacen en tí. ¡Qué pregón tan hermoso para ti, ciudad de Dios!. Pero ahora digamos nosotros también alguna cosa de estas grandes delicias de que gozas en honor y gloria de tu nombre.


Occidente devora a sus hijos



Al lanzarse a las calles, los franceses son el primer pueblo del mundo occidental que ‎se decide a correr riesgos físicos para oponerse a la globalización financiera, estima ‎Thierry Meyssan. Aunque no tengan conciencia de ello y sigan creyendo que ‎sus problemas son de naturaleza exclusivamente nacional, el enemigo de los franceses ‎es el mismo que ha ensangrentado la región africana de los Grandes Lagos y parte del ‎Gran Medio Oriente. Occidente atraviesa una crisis existencial y sólo lograrán ‎sobrevivir a ella los pueblos que comprendan la lógica que los destruye y ‎la rechacen. ‎

La causa de la recesión occidental
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Las relaciones internacionales sufrieron un profundo cambio con la parálisis de la Unión Soviética, ‎en 1986, cuando el Estado soviético no logró actuar con eficacia ante el incidente nuclear de ‎Chernobil [1], ‎más tarde, con la desaparición del Pacto de Varsovia, en 1989, cuando el partido comunista de la ‎República Democrática Alemana (RDA) destruyó el muro de Berlín [2] y, finalmente, con la ‎disolución de la URSS, en 1991. ‎
En aquel momento, el presidente de Estados Unidos, George Bush padre, decidió desmovilizar un ‎millón de soldados y consagrar los esfuerzos de su país a la prosperidad de los estadounidenses. ‎
George Bush padre quiso convertir la hegemonía que Estados Unidos ejercía sobre su zona de ‎influencia en un papel de líder del mundo en su conjunto y de garante de su estabilidad. Enunció ‎entonces las bases de un «Nuevo Orden Mundial». Lo hizo primeramente en el discurso que ‎pronunció junto a la primer ministro británica Margaret Thatcher en el Aspen Institute –el 2 de ‎agosto de 1990– y también en su discurso del 11 de septiembre de 1990 ante el Congreso ‎estadounidense, donde anunció la operación «Tormenta del Desierto» [3]. ‎
El mundo posterior a la desaparición de la Unión Soviética es el mundo de la libre circulación, ya ‎no sólo de las mercancías sino también de los capitales mundiales, sin otro control que el de ‎Estados Unidos. Se trata, en otras palabras, del paso del capitalismo a la financierización, ‎no al logro del libre intercambio para todos sino a una forma exacerbada de la explotación ‎colonial en todo el mundo, incluso en Occidente. En 25 años, las grandes fortunas ‎estadounidenses se multiplicaron varias veces y la riqueza global del mundo aumentó ‎considerablemente. ‎
Al dar rienda suelta al capitalismo, el presidente Bush padre esperaba extender la prosperidad a ‎todo el mundo. Pero el capitalismo no es un proyecto político, es sólo una lógica sobre cómo ‎obtener ganancias. Y la lógica de las transnacionales estadounidense no era otra que ‎incrementar sus ganancias produciendo en China, cuyos trabajadores eran los peor pagados del ‎mundo. ‎
Son muy pocos los que lograron ver el costo que ese avance tuvo para Occidente. Es cierto que ‎en países del Tercer Mundo empezaron a aparecer clases medias –aunque menos ricas que las ‎clases medias de los países occidentales– lo cual permite a nuevos Estados, principalmente ‎asiáticos, desempeñar un papel en la escena internacional. Pero, simultáneamente, las ‎clases medias comienzan a desaparecer en Occidente [4], haciendo imposible ‎la supervivencia de las instituciones democráticas que esas clases habían conformado. ‎
Lo más importante es que las poblaciones de regiones enteras van a ser diezmadas, comenzando ‎par las de los Grandes Lagos africanos. Esta primera guerra regional deja 6 millones de muertos ‎en Angola, Burundi, Uganda, en la República Democrática del Congo, Ruanda y Zimbabwe, ‎sin que el mundo se preocupe por entender lo que sucede. El objetivo era seguir apoderándose ‎de los recursos naturales de esos países… pero pagando aún menos que antes. ¿Cómo? ‎Negociando esos recursos con pandillas armadas en vez de tratar con Estados que tienen la ‎obligación de alimentar a sus ciudadanos. ‎
La transformación sociológica del mundo es muy rápida y sin precedente. No disponemos ‎actualmente de las herramientas estadísticas necesarias para evaluarla correctamente. Pero todos ‎percibimos el progreso de Eurasia –no de la Eurasia que evocaba De Gaulle, «de Brest ‎a Vladivostok», sino de una Eurasia que sólo incluye a Rusia y Asia, sin Europa occidental ‎ni Europa central– hacia la búsqueda de libertad y prosperidad, mientras que las potencias ‎occidentales –incluyendo a Estados Unidos– se apagan poco a poco, limitando las libertades ‎individuales y encerrando a la mitad de su población en zonas de pobreza. ‎
Hoy en día la tasa de encarcelación de los chinos es 4 veces inferior a la de los estadounidenses, ‎mientras que su poder adquisitivo es ligeramente superior al de los estadounidenses. ‎Objetivamente, con todos sus defectos, China se ha convertido un país más libre y próspero que ‎Estados Unidos. ‎
Ese proceso era previsible desde el principio. Su instauración se discutió por mucho tiempo. ‎Por ejemplo, el 1º de septiembre de 1987, un cuadragenario estadounidense publicaba una ‎página publicitaria a contracorriente en el New York Times, el Washington Post y el ‎‎Boston Globe. En ella advertía a sus compatriotas en contra del papel que el presidente ‎Bush padre iba a hacer asumir a Estados Unidos haciendo a esa nación responsable, asumiéndolo ‎sola, del «Nuevo Orden Mundial» que se construía. Mucha gente se rió del autor de aquel ‎artículo… el promotor inmobiliario Donald Trump. ‎
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La aplicación del modelo económico a las relaciones internacionales
‎
Un mes después de los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001, el secretario ‎estadounidense de Defensa, Donald Rumsfeld, designó al almirante Arthur Cebrowski como ‎director de la nueva Oficina de Transformación de la Fuerza (Office of Force Transformation). ‎La misión de Cebrowski era modificar la cultura de los militares estadounidenses para que ‎pudieran adaptarse a un cambio total de su misión. ‎
Ya no se trataría de utilizar las fuerzas armadas de Estados Unidos para defender principios o ‎intereses sino de servirse de los ejércitos estadounidenses para reorganizar el mundo… ‎dividiéndolo en dos: de un lado estarían los Estados integrados a la economía globalizada, del ‎otro lado quedarían los demás [5]. El Pentágono ya no libraría guerras para apoderarse de ‎los recursos naturales sino que pasaría a controlar el acceso de los países globalizados a esos ‎recursos. Esa división se inspira directamente en el proceso de globalización que ya había ‎marginalizado a la mitad de la población occidental. Sólo que en lo adelante lo que se preveía ‎era la exclusión para la mitad de la población mundial [6]. ‎
La reorganización del mundo se inició en la zona política definida como el «Medio Oriente ‎ampliado» o «Gran Medio Oriente», o sea la que va desde Afganistán hasta Marruecos, ‎exceptuando Israel, Líbano y Jordania. Fue esa la supuesta epidemia de guerras civiles que ya ha ‎dejado varios millones de muertos en Afganistán, Irak, Sudán, Libia, Siria y Yemen [7]. ‎
Como un monstruo que devora a sus hijos, el sistema financiero global, con base en ‎Estados Unidos, sufrió su primera crisis en 2008, cuando estalló la burbuja de las subprimes. ‎Al contrario de lo que afirma el mito, aquello no fue una crisis global sino una crisis ‎exclusivamente occidental. Por primera vez, los países de la OTAN fueron los primeros en sufrir ‎las consecuencias de las políticas que respaldaban. Pero las clases superiores occidentales ‎no modificaron su comportamiento en nada, se limitaron a mirar compasivamente el naufragio ‎de la clase media. ‎
La única modificación notable fue la adopción de la «regla Volcker» [8], que prohíbe a los bancos utilizar informaciones obtenidas de sus clientes ‎para especular contra los intereses de estos. Ahora bien, aunque es cierto que los conflictos de ‎intereses han permitido a muchos inescrupulosos enriquecerse rápidamente, también hay que ‎decir que no son ellos el problema de fondo. Este es mucho más amplio. ‎
‎

La revuelta de los occidentales
‎
La revuelta de las clases medias y populares de Occidente contra la clase superior globalizada ‎comenzó en realidad hace 2 años. ‎
Consciente de que, en relación con Asia, Occidente está en recesión, el pueblo británico fue ‎el primero en tratar de salvar su nivel de vida saliendo de la Unión Europea y acercándose ‎a China y al Commonwealth (“Sí” al Brexit como resultado del referéndum realizado el 23 de junio ‎de 2016) [9]. Por desgracia, los dirigentes del Reino ‎Unido no lograron concretar el acuerdo que esperaban obtener con China y están enfrentando ‎graves dificultades para reactivar sus vínculos con la Commonwealth.‎
Más tarde, viendo como su industria civil se derrumbaba, una parte de los estadounidenses votó ‎el 8 de noviembre de 2016 por el único candidato a la presidencia que se oponía al Nuevo Orden ‎Mundial: Donald Trump. Se trataba de volver al «american dream» (el “sueño americano”). ‎Por desgracia para esos estadounidenses, Donald Trump no tiene un equipo en torno a él –‎exceptuando a su familia– y solamente está logrando modificar –pero no cambiar– la estrategia ‎militar de su país, donde la casi totalidad de los generales del Pentágono y de los altos ‎funcionarios son hostiles a su política. ‎
Ya ante el fin de su industria nacional y con la certeza de que están siendo traicionados por su ‎clase alta, los italianos votaron el 4 de marzo de 2018 por los partidos antisistema: la Liga y el ‎Movimiento 5 Estrellas. Esos dos partidos constituyeron una alianza de gobierno para poner ‎en práctica una política social. Por desgracia para ellos, la Unión Europea se opone a esa política ‎‎ [10].‎
En Francia, en momentos en que decenas de miles empresas pequeñas y medianas que trabajaban ‎en el sector industrial han ido a la quiebra durante los 10 últimos años, los impuestos –que ya ‎clasificaban entre los más elevados del mundo– han aumentado en un 30% en ese mismo periodo ‎de tiempo. Ahora cientos de miles de franceses han salido a las calles para protestar contra un alza ‎de los impuestos que les parece abusiva. Por desgracia para ellos, la clase alta francesa se ha ‎contaminado con el discurso que los estadounidenses rechazan. Esa clase privilegiada está ‎tratando ahora de adaptar su política a la revuelta popular, en vez de cambiar de política. ‎
Si se abordan por separado los casos de cada uno de esos cuatro países, seguramente ‎aparecerán explicaciones diferentes para lo que en ellos sucede. Pero si los analizamos como un ‎fenómeno único que se produce en culturas diferentes, veremos que los mecanismos son ‎los mismos. En esos cuatro países, las clases medias están desapareciendo con mayor o menor ‎rapidez –como consecuencia del capitalismo– y con ellas desaparece el régimen político que esas ‎clases encarnaban: la democracia. ‎
Los dirigentes occidentales van a tener que renunciar al sistema financiero que han construido y ‎volver al capitalismo productivo de los tiempos de la guerra fría, o inventar una organización ‎diferente en la que nadie haya pensado hasta ahora. Si no lo hacen, el Occidente que ha dirigido ‎el mundo desde hace 5 siglos acabará hundiéndose en una serie de conflictos internos.‎
Los sirios han sido el primer pueblo no globalizado capaz de sobrevivir y de resistir a la destrucción ‎que reinaría en el inframundo de Rumsfeld y Cebrowski. ‎
Los franceses son el primer pueblo globalizado que se revela contra la destrucción de Occidente, ‎aunque no tengan conciencia de que están luchando contra el enemigo único de toda la ‎humanidad. El presidente Emmanuel Macron no es el “hombre de la situación”, no porque sea ‎responsable de un sistema que ya existía antes que él sino porque él mismo es producto de ese ‎sistema. Ante los motines que estallaron en su país, este presidente de la República Francesa ‎no encontró nada mejor que decir –desde la cumbre del G20 realizada en Buenos Aires– que ‎la reunión le había parecido un éxito –en realidad no lo fue– y que él mismo avanzaría más ‎rápidamente que sus predecesores… en la dirección equivocada. ‎
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Cómo salvar los privilegios
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La clase dirigente británica parece haber hallado su propia solución. Si Occidente en general, y ‎Londres en particular, ya no está en condiciones de gobernar el mundo, lo conveniente es ‎resignarse y tratar de salvar lo que sea posible salvar dividiendo el mundo en dos zonas. Esa fue ‎la política que aplicó la administración Obama durante sus últimos meses en el poder [11], es la política de la primer ministro británica ‎Theresa May y también la de Donald Trump, política que aplica con su negativa a cooperar y sus ‎acusaciones estruendosas, primero contra Rusia y ahora contra China. ‎
También parece que Rusia y China, a pesar de su rivalidad histórica, han tomado conciencia de ‎que nunca podrán tener como aliados a las potencias occidentales que siempre han querido ‎desmembrarlas. Esa es la idea que ha dado lugar a su proyecto de «Asociación de la Eurasia ‎Ampliada»: si el mundo va a dividirse en dos, cada bando tiene que organizar su parte del ‎mundo. Para Pekín, eso significa concretamente abandonar la mitad de su proyecto de «Ruta de ‎la Seda» y redesplegarse junto a Moscú en la Eurasia ampliada. ‎
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Fijar la línea divisoria
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Tanto para Occidente como para la Eurasia ampliada lo más conveniente sería fijar sin demora la ‎línea divisoria. Por ejemplo, ¿de qué lado quedará Ucrania? Al construir el puente sobre el ‎Estrecho de Kerch, Rusia buscaba cortar el país, absorber la región de Donbass, la cuenca del Mar ‎de Azov y, posteriormente, Odesa y Transnistria. El incidente organizado en Kerch por el bando ‎de los occidentales apunta a meter toda Ucrania en la OTAN antes de que el país se divida. ‎
Viendo que el bando de la globalización financiera se hunde, muchos comienzan a tratar de salvar ‎sus intereses personales sin preocuparse por los demás. De ahí viene, por ejemplo, la actual ‎tensión entre la Unión Europea y Estados Unidos. Y el movimiento sionista siempre lleva la ‎ventaja en ese juego, lo cual explica la rápida mutación de la estrategia israelí, que ahora está ‎dejando Siria a Rusia para volverse simultáneamente hacia el Golfo Pérsico y el este de África. ‎
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Perspectivas
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Teniendo en cuenta todo lo que está en juego, es evidente que la insurrección en Francia es ‎sólo el comienzo de un proceso mucho más amplio que se extenderá a otros países ‎occidentales. ‎
Es absurdo creer que en estos tiempos de globalización financiera, algún gobierno –sea cual sea– ‎logrará resolver los problemas de su país sin afectar las relaciones internacionales y recuperar ‎simultáneamente su capacidad de reacción. El problema es precisamente que la política exterior ‎ha sido mantenida fuera del ámbito democrático desde que desapareció la Unión Soviética. Es por ‎lo tanto urgente salir de casi todos los tratados y compromisos pactados en los 30 últimos años. ‎Sólo los Estados capaces de recobrar su soberanía tendrán posibilidades de recuperarse. ‎

Thierry Meyssan

[1] Según Mijaíl Gorbatchov, ese acontecimiento fue lo que hizo posible la disolución del ‎Pacto de Varsovia y de la Unión Soviética en la medida en que deslegitimó el Estado soviético.
[2] Al contrario de lo que afirma ‎el mito divulgado en Occidente, quienes echaron abajo el muro de Berlín, visto como el símbolo ‎de la dominación soviética, no fueron los anticomunistas (y los proestadounidenses) sino los ‎nacionalistas del partido comunista de la RDA (y las iglesias luteranas).
[3] El principal objetivo de ‎la invasión de Irak no fue liberar Kuwait sino utilizar la ocupación de este último país como ‎pretexto para conformar la mayor coalición internacional posible, bajo el mando de ‎Estados Unidos y con la participación incluso de la URSS.
[4] Global Inequality. A New Approach for ‎the Age of Globalization, Branko Milanovic, Harvard University Press, 2016.
[5] «El proyecto militar de Estados Unidos para el mundo», por Thierry Meyssan, Haïti Liberté (Haití), ‎‎Red Voltaire, 22 de agosto de 2017.
[6] Es evidente que las guerras de los ‎presidentes Bush hijo y Obama nunca tuvieron como objetivo extender la democracia. Primero ‎porque, por definición, la democracia sólo puede emanar del Pueblo y no puede imponerse con ‎bombardeos. Y además porque Estados Unidos ya era una plutocracia.
[7] Me refiero ‎no sólo al millón de personas que murieron en las guerras mismas sino también a las víctimas de ‎los desórdenes suscitados por esos conflictos.
[8] El ex presidente de la ‎Reserva Federal estadounidense, Paul Volcker, es uno de los arquitectos de la financierización ‎global. Fue Volcker quien persiguió, en nombre de la ONU, a las personas y entidades que habían ‎ayudado a Irak para que burlara el embargo impuesto por la ONU (el caso «petróleo a cambio de ‎alimentos»). Volcker es una de las principales personalidades de la Pilgrim’s Society, el club ‎transatlántico que tiene como presidente a la reina Isabel II. Fue así como Volcker se convirtió ‎en el principal consejero económico del presidente Barack Obama y conformó una parte de su ‎equipo de gobierno.
[9] «La nueva política exterior británica», por ‎Thierry Meyssan, Red Voltaire, 4 de julio de 2016.
[10] El Mercado Común Europeo era un sistema de cooperación entre Estados, pero fue reemplazado ‎por la Unión Europea, que –según la definición enunciada en el Tratado de Maastricht– es una ‎entidad supranacional y se halla bajo control de la OTAN. La Unión Europea tiene, por tanto, la ‎prerrogativa de oponerse a las decisiones nacionales.
[11] «Dos ‎mundo separados», por Thierry Meyssan, Al-Watan ‎‎(Siria) , Red Voltaire, 8 de noviembre de 2016.


sábado, 1 de diciembre de 2018

EL SANTO ABANDONO. DOM VITAL LEHODEY




Sin embargo, por perfecto que sea nuestro desasimiento de la reputación, nuestro abandono en Dios en lo a ella referente, no podemos menos de tener un cuidado razonable.
Expresamente lo recomienda el Sabio; y, por consiguiente, es voluntad de Dios significada. La buena reputación, dice San Francisco de Sales, «es uno de los fundamentos de la sociedad humana, sin la cual no sólo somos inútiles al público, sino también perjudiciales a causa del escándalo que de nosotros recibe; la caridad, pues, lo exige, y la humildad se complace en que nosotros conservemos y deseemos con toda diligencia el buen nombre. Además, no deja de ser muy útil para la conservación de nuestras virtudes, en particular, de las virtudes aún débiles. La obligación de conservar nuestra reputación y de ser tales que se nos pueda estimar, estimula a un ánimo generoso con poderosa y dulce violencia. Con todo, no seamos demasiado apasionados, exigentes y puntillosos para conservarla. El desprecio de la injuria y de la calumnia es por lo regular un remedio mucho más saludable que el resentimiento; el desprecio hace que se desvanezcan, y el resentimiento, al contrario, parece darles consistencia. Es necesario ser celoso, mas no idólatras de nuestro buen nombre.»
«Renunciemos, pues, aquella conversación y a aquel trato inútil, aquella amistad frívola, aquellos modales inconsiderados si ofenden la buena fama, porque el buen nombre es mucho más estimable que todo vano solaz; pero si murmuran, nos reprenden y calumnian a causa de los ejercicios de piedad, los progresos en la devoción y la diligencia en buscar los bienes eternos, dejémoslos hablar, puestos siempre los ojos en Jesucristo crucificado, que será el protector de nuestra fama. Si permite que nos la arrebaten, será para devolvernos otra mejor o para hacernos adelantar en la santa humildad, de la cual una sola onza vale más que mil libras de honra. Si injustamente somos censurados, opongamos con serenidad la verdad a la calumnia, y si ésta persevera, perseveremos también nosotros en humillarnos, pues nunca estará más al abrigo que cuando la ponemos juntamente con nuestra alma en manos de Dios.
Exceptuemos, sin embargo, ciertos crímenes tan atroces e infames, que nadie tiene derecho a sufrir su imputación, cuando de ellos se puede justamente sincerarse.
Exceptuemos, también ciertas personas de cuya buena reputación depende la edificación de muchos, porque en estos casos es preciso procurar tranquilamente la reparación de la ofensa recibida.»
Así hablaba San Francisco de Sales a su Filotea, y éste era su modo de obrar. Quería que la dignidad episcopal fuese respetada en su persona, pero era indiferente en cuanto a su persona concernía tocante a la estima y al desprecio, y no tanto le preocupaban las alabanzas como los menosprecios.
Defendióse modestamente de ciertas calumnias que podían comprometer su ministerio, pero, en general, permanecía insensible a las injurias y juicios desfavorables que contra él se hicieran; contentándose con reír cuando de ellos se acordaba (lo que rara vez acontecía). «Los que se quejan de la maledicencia -acostumbraba a decir- son harto delicados, porque al fin y al cabo es una crucecita de palabras que lleva el viento; y se necesita tener la piel y los oídos muy tiernos para no poder sufrir el zumbido y la picadura de una mosca.»
En las calumnias de mayor importancia, pensaba en el Salvador expirando como un infame sobre la cruz y entre dos ladrones: «Esta es -decía- la verdadera serpiente de bronce, cuya vista nos cura de las mordeduras del áspid. Ante este gran ejemplo, vergüenza habríamos de tener de quejamos, y mayor aún de conservar resentimientos contra los calumniadores.» Pensaba también en el juicio final que nos hará completa justicia, e importábale poco entretanto el ser censurado de los hombres, con tal de agradar a su amado Maestro. Ni siquiera quería se tomase su defensa: «¿Os he dado el encargo de incomodaros por mí? Dejad que hablen, pues no es sino una cruz de palabras, una tribulación de viento, y es posible también que mis detractores vean mis defectos mejor que los que me aman, siendo de esta manera, más que enemigos, nuestros amigos, puesto que cooperan a la destrucción del amor propio.» En una palabra, indiferente a las alabanzas y a los desprecios, se abandonaba en manos de la Providencia, dispuesto a cumplir su obligación con buena o mala fama, y no deseando otra reputación, sino la que Dios juzgara conveniente que disfrutara para los intereses de su servicio.
Aun en ocasiones en que podían rechazar la calumnia y que hasta parecía imponérselo el deber, los santos han preferido casi siempre guardar silencio, a ejemplo de Nuestro Señor durante la Pasión, dejando a la divina justicia el cuidado de justificarlos si lo juzgaba conveniente. San Gerardo de Mayella, entre otros muchos, nos ofrece de ello un memorable ejemplo. «Una infame le acusó de un crimen horrible. Inquieto y turbado, San Alfonso llamó al acusado, le manifestó la denuncia y le preguntó qué alegaba en contra. Impasible como el mármol, Gerardo no articuló palabra. Alfonso le privó de la comunión y de toda relación con los de fuera, y el hermano, sin embargo, no se permitió la menor murmuración.
Convencidos de su inocencia, los Padres le instaban a que se justificara: "Hay un Dios -decía- y a Él le corresponde ocuparse de eso". Y aconsejado de que para aliviar su martirio pidiese al menos poder comulgar, respondió: "No; muramos bajo el peso de la divina voluntad". Cincuenta días después, satisfechos de haber obrado con Gerardo como con su divino Hijo, "el oprobio de las gentes", declaró su inocencia. La infeliz que le había acusado retractó su calumnia, declarando haber obrado por inspiración del demonio. El verse declarado inocente no impresionó más a Gerardo que la acusación, y como San Alfonso le preguntase por qué había rehusado disculparse, le respondió de manera sublime diciendo: "Padre mío, ¿no es prescripción de la Regla no excusarse jamás, sino sufrir en silencio cualquier mortificación?"» Es verdad que la Regla no le obligaba en aquella circunstancia, y el ejemplo es más de admirar que de imitar, pero, ¡qué lección para nuestra delicadeza!
Artículo 2º.- Las humillaciones
La humildad es una virtud capital y su acción altamente beneficiosa. De ella provienen la fuerza y la seguridad en los peligros, ilusiones y pruebas, pues sabe desconfiar de sí y orar. Es del agrado de los hombres, a quienes hace sumisos a los superiores, dulces y condescendientes con los inferiores; es el encanto de nuestro Padre celestial, porque nos hace adoptar la actitud más conveniente ante su majestad y su autoridad, imprime a nuestro continente un notable parecido con nuestro Hermano, nuestro Amigo, nuestro Esposo, Jesús, «manso y humilde de corazón». ¿No es El la humildad personificada? «El humilde le atrae, el orgulloso le aleja. Al humilde le protege y le libra, le ama y le consuela, y hacia el humilde se inclina y le colma de gracias, y después del abatimiento le levanta a gran gloria; al humilde revela sus secretos, le convida y le atrae dulcemente hacia Si». La palabra del Maestro es categórica: «El que se humillare será ensalzado, y, por el contrario, el que se ensalce será humillado».
Si tenemos, pues, la noble ambición de crecer cada día un tanto en la amistad e intimidad con Dios, el verdadero secreto de granjeamos sus favores será siempre rebajarnos por la humildad; secreto en verdad muy poco conocido. Hay quienes no se preocupan sino de subir, siendo así que ante todo convendría esforzarse por descender. Cuánto convendría meditar la respuesta tan profunda de Santa Teresa del Niño Jesús a una de sus novicias: «Encójome cuando pienso en todo lo que he de adquirir; en lo que habéis de perder, querréis decir, porque estoy viendo que equivocáis el camino y no llegaréis jamás al término de vuestro viaje. Queréis subir a una elevada montaña, y Dios os quiere hacer bajar, y os espera en el fondo del valle de la humildad... El único medio de hacer rápidos progresos en las vías del amor, es conservarse siempre pequeña.» Muchos son los caminos que conducen a la humildad.
Confiemos muy particularmente en los abatimientos, según esta bella expresión de San Bernardo: «La humillación conduce a la humildad, como la paciencia a la paz y el estudio a la ciencia.» ¿Queréis apreciar si vuestra humildad es verdadera? ¿Queréis ver hasta dónde llega, y si avanza o retrocede? Las humillaciones os lo enseñarán. Bien recibidas, empujan fuertemente hacia adelante y con frecuencia hacen realizar notables progresos, y sin ellas jamás se alcanzará la perfección en la humildad. «¿Deseáis la virtud de la humildad? -concluye San Bernardo-; no huyáis del camino de la humillación, porque si no soportáis los abatimientos, no podéis ser elevados a la humildad.»
Decía San Francisco de Sales que hay dos maneras de practicar los abatimientos: la una es pasiva y se refiere al beneplácito divino, y constituye uno de los objetos del abandono; la otra activa, y entra en la voluntad de Dios significada. La mayor parte de las personas no quieren sino ésta, llevando muy a mal la otra; consienten en humillarse, y no aceptan el ser humilladas; y en esto se equivocan de medio a medio.
Conviene sin duda humillarse a sí mismo, y hemos de dar siempre marcada preferencia a las prácticas más conformes a nuestra vocación y más contrarias a nuestras inclinaciones.
San Francisco de Sales quería que nadie profiriese de sí mismo palabras despreciativas que no naciesen del fondo del corazón, de otra suerte, «este modo de hablar es un refinado orgullo. Para conseguir la gloria de ser considerado como humilde, se hace como los remeros que vuelven la espalda al puerto al cual se dirigen; y con este modo de obrar se camina sin pensarlo a velas desplegadas por el mar de la vanidad».


¿Quiere castigar a un Estado? Sólo diga ‎que es “terrorista”‎


El secretario de Defensa James Mattis (a la izquierda) junto al secretario del Tesoro Steven ‎Mnuchin.‎
Las nuevas sanciones unilaterales de Estados Unidos contra Irán, Rusia y Siria ‎se agregan a las ya adoptadas antes contra esos mismos países. Este conjunto ‎constituye ahora el embargo más duro de la Historia. Esas sanciones están organizadas ‎de manera totalmente ilegal a la luz de la Carta de las Naciones Unidos. En realidad ‎son armas de guerra concebidas para matar. ‎
Cuando viajó a Moscú, el 8 de noviembre, el embajador estadounidense James Jeffrey tenía como ‎misión explicar la preocupación de Estados Unidos ante la expansión de la influencia iraní en el ‎mundo árabe (Arabia Saudita, Bahréin, Irak, Líbano, Siria y Yemen). En lo adelante, Washington ‎prefiere plantear esta cuestión en términos geoestratégicos en vez de religiosos (antes aludía a la ‎oposición entre chitas y sunnitas), precisamente ahora que Teherán organiza su defensa nacional ‎alrededor de los puestos avanzados chiitas árabes. ‎
Moscú concibió entonces la idea de negociar por Teherán una flexibilización de las sanciones ‎unilaterales estadounidenses a cambio de una retirada militar iraní del escenario sirio. ‎El presidente ruso Vladimir Putin confirmó su propuesta, no sólo a su homólogo estadounidense ‎sino también al primer ministro israelí, en ocasión de la estancia de los tres en París, durante la ‎conmemoración del centenario del fin de la Primera Guerra Mundial, el 11 de noviembre. ‎
El presidente de la Federación Rusa trató de convencer a sus interlocutores occidentales de que ‎era preferible que Rusia se quedara sola en Siria, en vez de tener allí un tándem irano-ruso. Pero ‎no podía afirmar que Irán tiene suficiente autoridad sobre el Hezbollah libanés –como afirman ‎Washington y Tel Aviv– como para ordenar a esa formación de la resistencia libanesa retirarse ‎también de Siria. ‎
Por toda respuesta, Washington anunció, 9 días después, el onceno tren de sanciones unilaterales ‎que adopta contra Rusia desde agosto de este año. Estas nuevas sanciones vinieron ‎acompañadas de un discurso ridículo donde se afirma que Rusia e Irán organizaron en conjunto ‎un tráfico para mantener en el poder al presidente sirio Bashar al-Assad y hacer posible el control ‎persa sobre el mundo árabe. ‎
Esa retórica, que todos creían definitivamente abandonada, presenta a 3 países –la Federación ‎Rusa, la República Árabe Siria y la República Islámica de Irán– como máquinas al servicio de ‎‎3 personas –Vladimir Putin, Bashar al-Assad y Alí Khamenei), unidos los tres por un mismo odio ‎contra sus pueblos respectivos. Se ignora olímpicamente el masivo apoyo popular que esos tres ‎líderes tienen en sus países, precisamente en momentos en que Estados Unidos se ve cada vez ‎más profundamente dividido como país. ‎
No vamos a detenernos en la absurda afirmación que pretende hacernos creer que Rusia ‎contribuye a la conquista del mundo árabe por los persas.‎
Según el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Steven Mnuchin, quien anunció las nuevas ‎sanciones unilaterales estadounidenses el 20 de noviembre, esas medidas son sólo la parte ‎económica de la guerra ya iniciada, pero «castigan» las «atrocidades» de esos tres ‎‎«regímenes».
No es casual que esas sanciones lleguen precisamente en este momento. ‎Está comenzando el invierno y esas sanciones apuntan al aprovisionamiento del pueblo sirio en ‎petróleo refinado, necesario para la producción de electricidad y para calentar las casas. ‎
Está de más recordar aquí que los tres países objeto de esas nuevas sanciones niegan haber ‎cometido las «atrocidades» que se les atribuyen, mientras que Estados Unidos proclama ‎actualmente la continuación de la guerra que inició en Afganistán, en Libia y en Siria. ‎

Las nuevas sanciones estadounidenses no cuentan con el aval del Consejo de Seguridad de la ONU ‎sino que fueron adoptadas única y exclusivamente por decisión de Estados Unidos. No son ‎sanciones legales a la luz del derecho internacional porque –para hacerlas realmente letales– ‎Washington está tratando de obligar otros Estados a asociarse a ellas, lo cual constituye una ‎amenaza contra los países que son objeto de esas sanciones y, por ende, una violación de la Carta ‎de las Naciones Unidas. ‎

Está de más precisar aquí que Estados Unidos tiene el derecho soberano de negarse a comerciar ‎con quién le parezca. Pero no tiene derecho ejercer presión sobre terceros países para perjudicar ‎a las naciones que no le agradan. El Pentágono afirmaba en el pasado que maltratando a una ‎nación podía lograrse que el pueblo derrocara a sus gobernantes. Ese argumento sirvió de ‎justificación teórica tanto al bombardeo que devastó la ciudad alemana de Dresde –durante la ‎Segunda Guerra Mundial– como al interminable bloqueo económico contra Cuba, durante la ‎guerra fría. Sin embargo, en 75 años nunca, absolutamente nunca se ha logrado justificar esa ‎teoría con hechos. Actualmente, el Pentágono ve la adopción de sanciones contra una nación ‎exactamente como un arma. Los embargos están concebidos, a sabiendas, para matar civiles. ‎

El conjunto de disposiciones instauradas contra Irán, Rusia y Siria constituye el más importante ‎sistema de asedio de toda la Historia [1]. Es evidente que no son medidas ‎económicas sino una acción militar aplicada en el ámbito económico. Con el tiempo, esas ‎sanciones divirán de nuevo el mundo en dos partes, como en la época de la rivalidad entre ‎Estados Unidos y la URSS. ‎

El secretario del Tesoro Mnuchin insistió mucho en el hecho que estas sanciones apuntan ‎ante todo a interrumpir la venta de hidrocarburos, o sea a privar esos países –en principio ‎exportadores de petróleo– de su principal fuente de financiamiento. ‎

Veamos el mecanismo que describió Steven Mnuchin:‎
- Siria no puede refinar su petróleo desde que sus refinerías fueron destruidas por el Emirato ‎Islámico (Daesh) y por los bombardeos de la coalición internacional (encabezada por ‎Estados Unidos y creada supuestamente para luchar contra Daesh).
- Hace 4 años que Irán aprovisiona Siria con petróleo refinado, violando así las sanciones ‎unilaterales estadounidenses adoptadas anteriormente. Ese petróleo llega a Siria a través de ‎compañías occidentales que trabajan para la empresa pública rusa Promsyrioimport. Esta última ‎es remunerada por la compañía privada siria Global Vision Group, que a su vez cuenta con apoyo ‎financiero de la empresa iraní Tabir Kish Medical and Pharmaceutical.
- Finalmente, Global Vision Group entrega parte de los fondos que recibe de Irán‎ al Hezbollah libanés y ‎al Hamas. ‎

Todo lo anterior es puro cuento:‎
- La coalición internacional tiene como objetivo (al menos oficialmente) luchar contra Daesh. ‎Sin embargo, numerosos testimonios recogidos durante los 4 últimos años denuncian que la ‎coalición internacional bombardeaba a los yihadistas de Daesh sólo cuando salían de la región que ‎el Pentágono les había asignado (conforme al mapa publicado por la periodista Robin Wright). ‎Pero les lanzaba alijos de armas en paracaídas para que pudieran conservar el control de la ‎región a ellos asignada. En definitiva, los yihadistas y la coalición internacional proestadounidense ‎‎[encabezada por Estados Unidos] se dedicaron juntos a destruir las refinerías sirias.
- ¿Para qué implicar al gobierno ruso en el transporte de un petróleo proveniente de ‎las refinerías iraníes hacia los puertos sirios?‎
- ¿Por qué tendría Irán que pasar por Siria para enviar dinero al Hezbollah libanés y al Hamas?‎
- ¿Por qué facilitaría Siria la entrega de fondos iraníes al Hamas, organización palestina cuyos ‎dirigentes son miembros de la Hermandad Musulmana y que además le está haciendo la guerra?‎

El secretario del Tesoro Steven Mnuchin ni siquiera se toma el trabajo de explicar mucho. Para él ‎todo es muy simple: Siria es criminal, Rusia es su cómplice mientras que Irán, el Hezbollah y el ‎Hamas son todos «terroristas». Eso es lo importante. La palabra «terrorista» pone fin a toda ‎discusión o reflexión. ‎

Hay un proverbio francés que sentencia: «Quien quiere matar a su perro, dice que tiene rabia». Asi ‎que no podemos esperar que haya lógica en la respuesta del secretario del Tesoro de Estados Unidos a ‎la propuesta de mediación del presidente Putin. ‎

Estados Unidos está retirando poco a poco sus tropas de los conflictos en los que estaban ‎implicadas. Y las sustituyen con mercenarios reclutados localmente (los yihadistas) y con la ‎adopción de sanciones económicas, la versión moderna del asedio medieval. ‎

Thierry Meyssan
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