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martes, 9 de agosto de 2016

Memorias de de un mártir Cristero o “Entre las patas de los caballos”


Las Dos Últimas Rosas de la Corona


¡Rosas encarnadas salpicadas con gotas de sangre generosa de mártires! ¡Rosas perfumadas con el delicado aroma de la virtud hasta el heroísmo! ¡Rosas encendidas por el amor a Dios y a su hijo Jesucristo Rey, cuajadas del rocío de las lágrimas, que arrancara el dolor a las madres sin hijos, a las esposas sin esposo, a los hermanos sin hermanos, a las ovejas sin pastor! ¡Rosas de martirio y de gloria! ¡Rosas de pasión y de resurrección! (Sin duda alguna estas cuantas líneas definen no el martirio de sangre sino el martirio moral que en la actualidad se padece. La revolución se canso de proporcionar santos a la Iglesia Católica e invento otra tortura más cruel e inhumana, pues si bien aquel martirio dura unas horas o quizá días antes de que se consume, cuánto puede durar este? Toda la vida o hasta que se apostate y se pasen a la nueva religión modernista que no tiene nada de CATOLICA y si de revolucionaria porque nació o es producto de todos aquellos “pensadores” iluministas y los que le siguieron hasta plasmar su obra en el Conciliábulo Vaticano II, desde entonces las cosas ya no son las mismas de antes. Lo han cambiado TODO) todas ellas los mexicanos católicos desde 1927 a 1932 tejieron continuamente una esplendidísima corona, para ofrecerla sobre su misma cruz bendita al Rey de Reyes y Señor de Señores, a quien osaban negar sus derechos en nuestra patria, los miserables directores y cómplices de la conspiración contra el orden cristiano de nuestros días . . .Y cuando los verdugos toparon con ese doble muro de los valientes soldados de Cristo Rey, en las montañas abruptas de nuestra Sierra Madre, y el de los corazones no menos enamorados de Jesucristo, en los pacíficos habitantes de nuestras rancherías, aldeas y ciudades; cuando el grito vibrante de ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen de Guadalupe! resonaba cada vez más pujante en las campiñas, y lo devolvían en sus ecos más sonoros las quebradas de los montes acompañados por el estruendo de la fusilería; cuando el miedo a la derrota final se iba infiltrando cada vez más en los malhechores enemigos de Cristo; idearon acogerse como tabla de salvación en el inminente naufragio a la otra especie de la misma táctica inspirada por Satán a todos los perseguidores de la Iglesia . . . Primero, el terror y el martirio. . . y si ya no da resultado, la hipocresía, la ofrenda de la oliva de la paz, debajo de la cual se esconde el puñal de la traición. Primero Nerón y Tiberio bañándose en sangre. . . después Juliano el Apóstata, infiltrando el veneno de la escuela pagana.

Después de la muerte de Obregón, el Lic. Emilio Portes Gil, Gran Oriente de la masonería, subió provisionalmente al poder. Astutamente hizo manifestaciones de que deseaba terminar el conflicto entre la Iglesia y el Estado, y devolver la paz religiosa a nuestra nación. (Esta solución la tomo como dice el autor de este libro astutamente porque la derrota del gobierno por los cristeros ya se anunciaba y antes de ser derrotados mejor era pactar con el enemigo mediante unos “arreglos” malditos arreglos por un lado y benditos por el otro pues trajo un mayor número de mártires que los que murieron en el campo de batalla) El pueblo en masa se guiaba por el proverbio popular: "Piensa mal y acertarás. . ." Pero la Iglesia, al fin es una madre, y aprovecha el menor signo de bondad para oír las súplicas del hijo pródigo. El señor Delegado Apostólico Dr. D. Leopoldo Ruiz y el señor Arzobispo de México Dr. D. Pascual Díaz, no quisieron desaprovechar aquellas insinuaciones de Portes Gil...(Pobres Obispos no quiera culparlos ni juzgarlos pues ya lo hizo el divino Redentor. Dos obispos contrarios a la guerra cristera, que no tuvieron en cuenta a los lideres cristeros y que con facilidad ingenua se dejaron llevar por las mentiras de un gobierno que siempre ha mentido como fiel vasallo de Satanás) ¿Cómo, se decían, podremos pensar que un abogado, es decir un defensor de la justicia, no hará honor a su palabra?...Y vinieron los arreglos, el modus vivendi...Voluntariamente, piadosamente quisieron ignorar que los mismos grandes jefes de la masonería, tienen órdenes superiores del poder oculto, que han de cumplir, quiéranlo o no. . . Y el gobierno prometió la amnistía a condición de que los cristeros bajaran de las montañas y volvieran a sus pacíficos trabajos, que dieran sus direcciones y noticias de sus grados militares, y entregaran sus armas. En cambio se abrirían las iglesias al culto... y se concedía el derecho de petición a las Cámaras para la reforma de las leyes. Por cierto que este derecho, también lo había ¡concedido! Calles y ya sabemos con cuál resultado. Por amor a la paz, la Iglesia sacrificaba casi todo: el Estado prometía ¡casi nada... Y en efecto en un convite ofrecido a Portes Gil por la masonería, éste declaraba "Mientras el clero se había rebelado contra las instituciones y las leyes, el gobierno debía combatirlo tanto cuanto fuere necesario; mientras que el clero negaba a nuestro país y a nuestro gobierno el derecho de tener sus leyes (???) y el deber de hacerlas respetar, era un deber del gobierno hacer desaparecer al clero...

"Ahora, queridos hermanos, (los hijos de la viuda) el clero ha plenamente reconocido al estado y ha declarado que se someterá estrictamente a las leyes y sin reservas. . ." Esto es absolutamente falso, y Portes Gil lo sabía bien. El Papa en su Encíclica Acerba Animi del 29 de septiembre de 1932 lo declararía solemnemente con estas palabras: "Los Obispos en tales circunstancias, no aprueban la ley, no dan su consentimiento a lo decretado. Se someten a los decretos inicuos, como se dice, materialmente, a fin de apartar el obstáculo que se opone al ejercicio del culto sagrado". Y Portes Gil proseguía: "En México, durante estos últimos años el estado y la masonería han sido una misma cosa (¡qué confesión, santo Dios!), dos entidades, que han ido siempre una al lado de la otra. Nos toca pues oponer armas contra armas. La batalla no debe causarnos miedo. Es preciso obrar, obrar enérgicamente, con el puño cerrado, si es preciso. Y así solamente, hermanos, se ganará la batalla que dará a la humanidad su suprema felicidad". Y entonces se vio qué clase de espíritu era el que animaba a los luchadores por Cristo Rey. .

Los valientes cristeros, habían ido a los combates con la sonrisa en los labios, cantando jubilosos el ¡Tú Reinarás!, al enfrentarse con la muerte. . .Ahora, con las lágrimas en los ojos y el corazón como una pasa, bajaron de las montañas para rendir sus armas que tantas veces les dieran la victoria y dar sus direcciones a los traidores ... ¡Ante todo debían obedecer a las autoridades eclesiásticas! y... ¡obedecían! La victoria final no la habían logrado. . . pero ¡estaban seguros de que ahora, inermes e indefensos, darían su vida y su sangre por la misma causa! Porque los martirios seguirían quizás en mayor número; porque ya no temerían a los cristeros los verdugos de la Iglesia. . .Y en efecto siguieron... Al cabo de un año de aquella paz. . . más de quinientos antiguos cristeros, entre los cuales casi la mitad de los jefes del ejército libertador ¡habían sido asesinados cobardemente!

¡Ah, que no tenga yo la lista completa de estos mártires de nuevo cuño! Sólo tengo los siguientes: el mayor Félix Ramírez, jefe en la batalla del Borbollón, asesinado el 13 de octubre de 1930; retirado pacíficamente a su casa de Ciudad Guzmán, adornaba su casa con farolillos en la festividad de San José, cuando fue acribillado a balazos rubricando con su sangre lo que había dicho: "Yo no pido al Señor sino una sola cosa: que me permita trabajar mucho por su santa causa, y que después me ayude y me conserve fiel a ella. No le demando, que prolongue mi vida, ni que me envíe la muerte. El sabe lo que ha de hacer conmigo en esta vida y en la otra". El capitán Joaquín Guerrero, asesinado dentro de su propia casa junto con su asistente y un hermano suyo. Los capitanes Enrique Mendoza y Agustín Carrillo. Los subtenientes Margarito García y J. de Jesús Chávez... etc. Y entre los seglares mi querido amigo y condiscípulo, hombre bueno si los hay, ingeniero José González Pacheco, asesinado en la carretera de México a Pachuca juntamente con el ingeniero y general Luis G. Alcorta. El primero había sido segundo Vice-Presidente del Comité Directivo de la ahora, inermes e indefensos, darían su vida y su sangre por la misma causa! Porque los martirios seguirían quizás en mayor número; porque ya no temerían a los cristeros los verdugos de la Iglesia...Y en efecto siguieron... Al cabo de un año de aquella paz... más dequinientos antiguos cristeros, entre los cuales casi la mitad de los jefes delejército libertador ¡ habían sido asesinados cobardemente! ¡Ah, que no tenga yo la lista completa de estos mártires de nuevo cuño! Sólo tengo los siguientes: el mayor Félix Ramírez, jefe en la batalla del Borbollón, asesinado el 13 de octubre de 1930; retirado pacíficamente así casa de Ciudad Guzmán, adornaba su casa con farolillos en la festividad de San José, cuando fue acribillado a balazos rubricando con su sangre loque había dicho: "Yo no pido al Señor sino una sola cosa: que me permita trabajar mucho por su santa causa, y que después me ayude y me conserve fiel a ella. No le demando, que prolongue mi vida, ni que me envíe la muerte. El sabe lo que ha de hacer conmigo en esta vida y en la otra". El capitán Joaquín Guerrero, asesinado dentro de su propia casa junto con su asistente y un hermano suyo. Los capitanes Enrique Mendoza y Agustín Carrillo. Los subtenientes Margarito García y J. de Jesús Chávez...etc. Y entre los seglares mi querido amigo y condiscípulo, hombre bueno si los hay, ingeniero José González Pacheco, asesinado en la carretera de México a Pachuca juntamente con el ingeniero y general Luis G. Alcorta. El primero había sido segundo Vice-Presidente del Comité Directivo de la Liga de Defensa, y el segundo, representante en México del generalísimo cristero, Enrique Gorostieta Velarde. Sus cadáveres atrozmente mutilados y atados de pies y manos con alambre, fueron encontrados en el canal del desagüe cerca de San Cristóbal Ecatepec el 2 de noviembre de 1932.


Entre los sacerdotes ya he dado los nombres de algunos también asesinados en tiempo de paz. . . ¡para recuerdo sin duda! de la persecución sangrienta. Y Dios había reservado como a una de las últimas rosas del martirio para la corona del homenaje mexicano a una genuina representante de la mujer mexicana la jovencita María de la Luz Camacho.

CONTINUARA...

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