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miércoles, 23 de diciembre de 2020

EL SERCRETO ADMIRABLE DEL SANTÍSIMO ROSARIO. SAN LUIS MARIA GRIGNION DE MONTFORT

 

Cada Ave María golpea duro la cabeza del Demonio.

35a Rosa

108) El Beato Alano refiere que un Cardenal llamado Pedro, del título de Santa María del Tíber, instruido por Santo domingo, su íntimo amigo, en la devoción del Santo Rosario, se interesó por ella de tal modo que fue su panegirista y la inculcaba a todos cuantos podía. El Cardenal fue enviado como legado a Tierra Santa entre los cristianos cruzados que combatían a los sarracenos, e hizo tales prosélitos en el ejército cristiano practicando todos esta devoción para conseguir el auxilio del cielo, en un combate, con sólo tres mil triunfaron sobre cien mil.

Ya hemos visto que los demonios temen infinitamente al Rosario. Dice San Bernardo que la salutación angélica les quebranta y hace estremecer a todo el infierno. El Beato Alano asegura haber conocido varias personas que se habían entregado al diablo en cuerpo y alma y que habían renunciado al bautismo y a Jesucristo y que, después de abrazar la devoción del Santo Rosario, fueron libertadas de su tiranía.

36a Rosa

109) En el año 1578 una mujer de Amberes se entregó al demonio, firmando el acta de entrega con su sangre. Algún tiempo después se arrepintió, y como sintiera gran deseo de reparar el mal que había hecho, buscó un confesor prudente y caritativo para conocer el medio de librarse del poder del diablo.

Encontró efectivamente un sabio y virtuoso sacerdote que le aconsejó buscase al Padre Enrique, director de la Cofradía del Santo Rosario del convento de Santo Domingo, para que la inscribiese en la Cofradía y la confesara; y así se lo pidió, pero en vez del Padre encontró al demonio bajo la forma de un religioso que la reprendió severamente y le dijo que ninguna gracia podía esperar de Dios, ni había modo de revocar lo que había firmado; lo cual la afligió mucho. Pero no perdió por completo la esperanza en la misericordia del Señor, volvió a buscar al Padre y encontró nuevamente al diablo, que la rechazó como en la ocasión anterior; mas repitiendo por tercera vez el intento, permitió el Señor que encontrase al Padre Enrique, a quien buscaba, el cual la recibió con caridad, exhortándola a confiar en la bondad de Dios y hacer una buena confesión; la admitió en la Cofradía y le ordenó que con frecuencia rezase el Santo Rosario. Y un día, durante la Misa que el Padre celebraba por la mencionada mujer, la Santísima Virgen obligó al diablo a devolverle la cédula firmada; y quedó así libertada por la autoridad de María y la devoción al Rosario.

37a Rosa

110) Un señor que tenía muchos hijos, metió a una de las hijas en un monasterio que se encontraba a la sazón completamente desarreglado, pues las religiosas sólo respiraban vanidad y frivolidad. El confesor, hombre fervoroso y devoto del Santo Rosario, deseando dirigir a esta joven religiosa a la práctica de vida más perfecta, le ordenó rezar todos los días el Rosario en

honor de la Santísima Virgen, meditando la vida, pasión y gloria de Jesucristo. Le agradó a ella mucho esta devoción y poco a poco fue aborreciendo el desarreglo de sus hermanas y empezaron a gustarle el silencio y la oración, a pesar del desprecio y burlas de las otras religiosas, que interpretaban su fervor como gazmoñería.

Habiendo ido por aquellos días a visitar el monasterio un santo Abad, tuvo una extraña visión mientras oraba; le pareció ver una religiosa en oración en su celda ante una Señora de admirable hermosura, acompañada de un coro de ángeles, los cuales con flechas encendidas arrojaban a la multitud de demonios que pretendía entrar; y estos espíritus malignos huían a las celdas de las demás religiosas, en figura de sucios animales, para excitarlas al pecado, en el cual muchas de ellas consentían.

Conoció el Abad por esta visión el mal espíritu de este monasterio, creyó morir de pena, llamó a la joven religiosa y la exhortó a la perseverancia. Reflexionando sobre la excelencia del Santo Rosario, resolvió reformar a estas religiosas con tal devoción; adquirió para ello hermosos Rosarios que regaló a todas las religiosas persuadiéndolas de que lo rezasen todos los días y prometiéndoles, si así lo hacían, no violentarlas para que se reformasen. Recibieron complacidas los Rosarios y prometieron rezarlo con esa condición. ¡Cosa admirable!: poco a poco dejaron sus vanidades, se dieron al recogimiento y al silencio y en menos de un año pidieron ellas mismas la reforma. El Rosario pudo en sus corazones más de lo que hubiera conseguido el Abad con sus exhortaciones y su autoridad.

38a Rosa

111) Una condesa española, instruida por Santo Domingo en la devoción del Rosario, lo rezaba diariamente con maravilloso adelanto en la virtud. Como aspiraba a la vida de perfección, pidió cierto día a un Prelado y célebre predicador algunas prácticas de perfección.

Este Prelado le dijo que antes era preciso le declarase el estado de su alma y sus ejercicios de piedad, y ella contestó que el principal era el Rosario, que rezaba todos los días, meditando los misterios gozosos, dolorosos y gloriosos con gran fruto espiritual para su alma. El Obispo, entusiasmado al oír explicar las raras enseñanzas encerradas en los misterios, le dijo: "Hace

veinte años que soy doctor en teología, he leído muchas y excelentes prácticas de devoción, pero no he conocido nada más fructífero ni más conforme al cristianismo. Quiero imitaros;

predicaré el Rosario." Y así lo hizo, y con tal éxito, que al poco tiempo pudo ver un gran cambio de costumbres en su diócesis: muchas conversiones, restituciones y reconciliaciones; el libertinaje, el lujo y el juego cesaron; comenzaron a florecer la paz en las familias, la devoción y la caridad. Cambio tanto más admirable cuanto que este Obispo había trabajado mucho para

conseguirlo y hasta entonces ineficazmente.

Para inculcar mejor la devoción al Rosario, llevaba siempre uno muy hermoso, y enseñándolo al auditorio decía: "Sabed, hermanos míos, que el Rosario de la Santísima Virgen es tan excelente que yo soy vuestro Obispo, doctor en teología y en ambos derechos, me glorío de llevarlo siempre como el más ilustre signo de mi episcopado y doctorado."

39a Rosa

112) El rector de una parroquia de Dinamarca contaba frecuentemente, para mayor gloria de Dios y con gran gozo de su alma, que había obtenido en su parroquia un resultado análogo al de este Obispo en su diócesis.

"Había predicado -decía- sin éxito alguno las materias más urgentes y más provechosas. No había fruto alguno. Al fin me resolví a predicar el Santo Rosario y expliqué su excelencia y su

práctica, y puedo asegurar que, desde que mi pueblo gustó esta devoción, he visto un cambio evidente en seis meses.

Tan cierto es que esta divina oración tiene especial poder para mover los corazones e inspirarles horror al pecado y amor a la virtud."

La Santísima Virgen dijo un día al Beato Alano: "Así como Dios ha escogido la salutación angélica para la Encarnación de su Verbo y para la Redención de los hombres, así quienes deseen reformar las costumbres de los pueblos y regenerarlos en Jesucristo deben honrarme y dirigirme la misma salutación. Yo soy -añadió- el camino por el cual vino Dios a los hombres, y

es necesario que después de Jesucristo obtengan la gracia y las virtudes por mi mediación."

113) Yo, que esto escribo, he aprendido por experiencia propia la fuerza de esta oración para convertir los corazones más endurecidos. He encontrado algunos en los que las más terribles verdades predicadas en una misión no habían hecho impresión alguna; y en cambio, habiendo adquirido, por consejo mío, la costumbre de rezar diariamente el Santo Rosario, se convirtieron y se dieron a Dios.

He podido observar la enorme diferencia de costumbres entre pueblos y pueblos de las parroquias donde di misiones pues mientras unos, por haber abandonado la práctica del Rosario, habían vuelto a caer en las malas costumbres, otros, por haberla conservado, conservaban también la gracia de Dios y adelantaban todos los días en la vida cristiana.

40a Rosa

114) El Beato Alano de la Roche, el Padre Juan Dumont, el Padre Thomas, las crónicas de Santo Domingo y otros autores, que fueron muchos de ellos testigos oculares, refieren un gran número de conversiones milagrosas de pecadores y pecadoras después de veinte, treinta o cuarenta años en el mayor desorden, nada había podido convertirlos, y que se convirtieron por esta maravillosa devoción. Por temor a extenderme demasiado, no las referiré.

Tampoco he de referirme a las que yo mismo he visto; todas las omito por diversas razones.

Caros lectores, si practicáis y predicáis esta devoción, aprenderéis por propia experiencia, y experimentaréis felizmente, el efecto maravilloso de las promesas hechas por la Santísima Virgen a Santo Domingo, al Beato Alano de la Roche y a cuantos hagan florecer esta devoción que le es tan grata, que instruye a los pueblos en las virtudes de su Hijo y en las suyas, inicia en la oración mental y conduce a la imitación de Jesucristo, a la frecuencia de los sacramentos, a la práctica sólida de las virtudes y toda clase de buenas obras; a ganar preciosas indulgencias que los pueblos ignoran porque los predicadores de esta devoción apenas han hablado de ellas, contentándose con hacer del Rosario un sermón a la moderna, aunque sólo cause muchas veces admiración y ninguna instrucción.

115) En fin, me contento con deciros con el Beato Alano de la Roche que el Rosario es manantial y depósito de toda clase de bienes:

1) P Peccatoribus praestat poenitentiam;

2) S Sitientibus stillat satietatem;

3) A Alligatis adducit absolutionem;

4) L Lugentibus largitur laetitiam;

5) T Tentatis tradit tranquillitatem;

6) E Egenis expellit egestatem;

7) R Religiosis reddit reformationem;

8) I Ignorantibus inducit intelligentiam;

9) V Vivis vincit vastitatem;

10) M Mortuis mittit misericordiam per modum suffragii (2).

"Volo -dijo un día la Santísima Virgen al Beato Alano- ut psaltae mei in vita et in morte, et post mortem, habeant benedictionem, gratiae plenitudinem ac libertatem, immunesque sint a caecitate, obduratione, inopia ac servitute."

"Quiero que los devotos de mi Rosario obtengan la gracia y bendición de mi Hijo durante su vida, en la hora de la muerte y después de ella. Quiero que se vean libres de todas las esclavitudes y sean reyes verdaderos, con la corona en la cabeza y el cetro en la mano, y alcancen la gloria eterna. Amén."

(1) Oh dignísima Madre de la Sabiduría, acerca de cuya salutación, de qué forma debe rezarse, ya queda instruido este pueblo, te ruego para la salud de los fieles aquí presentes que obligues a estos tus enemigos a que abiertamente confiesen aquí la verdad completa y sincera.

(2) Los pecadores obtienen el perdón, Las almas sedientas se sacian, Los que están atados ven sus lazos deshechos, Los que lloran hallan alegría, Los que son tentados hallan tranquilidad,

Los pobres son socorridos, Los religiosos son reformados, Los ignorantes son instruidos, Los vivos vencen la decadencia espiritual, Los muertos alcanzan la misericordia por vía de sufragios.

jueves, 17 de diciembre de 2020

La Parusía. Padre Juan Rovira. Mártir de la Guerra civil Española.

 


Duración del Reino de los Santos

 

Hemos visto que, según la predicción de Daniel (7, 26-27), inmediatamente después de la muerte del Anticristo no se acabará el mundo, sino que seguirá la Iglesia, compuesta de judíos y gentiles y extendida por toda la tierra, y los santos ejercerán el poder y la soberanía y a ellos servirán y obedecerán todos los reyes del orbe. Esta interpretación del texto de Daniel no es universalmente reconocida, pero sí la más común y autorizada y más conforme a las palabras del profeta.

Pero, ¿Cuánto tiempo ha de durar este reino de los santos en la tierra? Esto es ya objeto de discusión; del texto daniélico no puede sacarse nada, pues, aunque Daniel dice que su reino será sempiterno, es porque nos presenta este reino de los santos en la tierra continuándose con el del cielo, el reino de los santos anterior al juicio final, continuándose con el de después del juicio. Mas ahora hablamos solamente del reino de los santos en la tierra, del reino de los santos anterior al Juicio Final: y éste, claro está que no ha de ser eterno. Pero ¿Cuánto tiempo ha de durar?

Algunos intérpretes, aun de los que admiten el reino de los santos en la tierra, dicen como Tirini, a Lapide y otros que este reino ha de durar breve tiempo; otros no hablan de su duración; otros suponen o afirman que durará largo tiempo; y esto último parece más conforme con la mente de Daniel, pues que nos presenta un reino en la tierra, debajo del cielo, y lo contrapone a los otros cuatro reinos anti teocráticos figurados por las cuatro bestias, que son, según la interpretación común de los Santos Padres y de los buenos intérpretes, el reino o imperio babilónico, el medo-persa, el griego y el romano.

Pero, en fin, Daniel nada nos dice de la duración de este reino de los santos en la tierra. Y, por consiguiente, de las palabras de Daniel no podemos sacar cuánto durará, si breve, si largo tiempo. Si, pues, hay otro texto en la Sagrada Escritura que nos determine de algún modo la duración del reino de los santos, la sabremos, si no, no la sabremos.

En este punto los milenaristas, fundándose en el Apocalipsis (20, 1-9), admitieron después de la muerte del Anticristo un reino de Cristo y de los Santos en la tierra que había de durar mil años. Pero los milenaristas eran de dos clases. El milenarismo herético y judaizante, cuyo fundador fue Cerinto, de los que admitían un reino de Cristo terreno con placeres y deleites materiales y sensuales, o asimismo un reino judaizante en el que se restablecería la circuncisión y los sacrificios, ritos y ceremonias de la ley mosaica.

El otro milenarismo admitía un reino espiritual de Cristo y de los santos en la tierra que había de durar mil años. Este otro milenarismo, aunque no fue universalmente admitido, estuvo con todo muy extendido en los primeros siglos de la Iglesia. Y así, milenaristas fueron San Papías, obispo de Hierápolis; San Ireneo, obispo de Lion, Adv. Haer. (c. 32-36); San Justino mártir, Dialog. cum Tryph. (n. 80), quien dice que muchos cristianos, aunque no todos, son del mismo parecer; el Autor de la Epístola de Bernabé (t. 15), el de la Didascalia, Tertuliano, Adv. Martion (L. 3, c. 24), San Victoriano, obispo Petavionense y mártir, De Fabrica Mundi; San Metodio, Conviv. Decem Virginum (Or. 9, c. 5), y Lactancio, Divinae Institut. (Lib. 7, c. 24), San Zenón, obispo de Verona (Lib. 2, Tract. 6) y otros.

Verdad es que otros Santos Padres no admiten el milenarismo y aun positivamente lo rechazan y combaten, pero, en general, atacan y combaten el milenarismo terreno y carnal o el judaizante, mas no el de Ireneo y Papías. Y así, San Agustín (De Civitate Dei, lib. 20, c. 7), dice: “Esta opinión (la de los milenaristas) sería tolerable si juzgasen que los santos en aquel sábado habían de gozar de delicias espirituales por la presencia del Señor. Pues que también nosotros fuimos en otro tiempo de esta opinión; más como dicen que los que resucitaren se entregarán a placeres carnales sin moderación alguna, esto no pueden creerlo sino los carnales.” Por donde se ve que San Agustín rechaza el milenarismo carnal.

Asimismo, San Jerónimo, acérrimo impugnador del milenarismo judaizante, dice del otro milenarismo, en sus Comm. in Jer. (c. 19): “Y aunque no sigamos esta opinión, con todo no podemos condenarla, porque muchos varones eclesiásticos y mártires dijeron estas cosas.” Dos cosas son también dignas de notarse. La primera es que la Santa Iglesia nunca ha reprobado positivamente el milenarismo de los Santos Padres y mártires de que habla San Jerónimo. La segunda, que los milenaristas más antiguos, como fueron San Papías y San Ireneo, transmiten esta doctrina del reino milenario no como fruto de sus interpretaciones escriturísticas, sino como enseñanzas recibidas de los Apóstoles y de los varones apostólicos.

Con todo, no puede negarse que en la doctrina milenarista se mezclaron y se involucraron con frecuencia otros errores, que motivaron la condenación de libros de autores milenaristas. Por eso, prescindiendo de todo lo demás, trataremos solamente esta cuestión: ¿Puede o debe admitirse entre el Anticristo y el juicio final un reino de mil años, tal cual lo describe San Juan al principio del capítulo 20 del Apocalipsis? O, en otras palabras: El reino de Cristo y de los santos, reino de mil años, que describe San Juan en el Apocalipsis (20, 1-7), ¿ha de ser posterior a la muerte del Anticristo? La respuesta más probable parece que es la afirmativa, ya se miren las razones o indicios extrínsecos, o ya se consideren los argumentos intrínsecos.

Vemos, en efecto, que los milenaristas más antiguos son San Papías y San Ireneo, los cuales apelan, como dijimos, a las enseñanzas apostólicas. Ahora bien, San Ireneo es discípulo de San Policarpo, y San Policarpo y San Papías son discípulos de San Juan Evangelista, el autor del Apocalipsis. ¿No es, pues, lo más natural que en el Apocalipsis se halle la misma doctrina que enseñaban San Papías y San Ireneo?

Además, sabido es que muchos milenaristas se fundaban en este texto del Apocalipsis y, al contrario, Eusebio de Cesárea, para rechazar el milenarismo, puso en duda la inspiración del Apocalipsis y negó que fuese escrito por San Juan Evangelista. A esto puede añadirse la comparación del texto del Apocalipsis con el de Daniel ya citado (Dn. 7, 25-28). En uno y otro texto se describe la destrucción del Anticristo (Dn. 7, 25-26; Ap. 19, 19-21). En uno y otro se predice un reino de los santos (Dn. 7, 27; Ap. 20, 4).

El reino de los santos en Daniel es posterior a la muerte del Anticristo; es, pues, natural que el reino de los santos que se describe en el Apocalipsis (20, 4-6) sea también posterior a la muerte del Anticristo. Pero vengamos ya a las razones y argumentos intrínsecos y examinemos el mismo texto y la mente de San Juan. Dos cosas principales dicen el texto en cuestión:

1ª) El encadenamiento y encarcelamiento del demonio. Vio el Ángel que ató al demonio por mil años, y lo arrojó en el abismo y cerró y selló sobre él para que no engañe más las gentes hasta que se cumplan mil años; después lo desatarán un poco de tiempo.

2ª) La resurrección y el reino de los santos con Cristo. Vio las almas de los degollados por el testimonio de Jesús y por la palabra de Dios y los que no adoraron a la bestia ni a su imagen, ni recibieron su señal en sus frentes y en sus manos y vivieron y reinaron con Cristo mil años.

Todo esto puede entenderse de dos modos:

1º) Unos dicen: Todo esto ya se ha cumplido. El demonio fue encarcelado y encadenado con la Encarnación o, mejor, con la Pasión de Cristo, porque entonces fue vencido y ya no puede dañar sino a los que se le acercan. La resurrección primera de que aquí habla San Juan es la entrada en el cielo de las almas que gozan de la visión beatífica y reinan con Cristo y son reverenciados y venerados en la tierra.

2º) Otros, al contrario, dicen que nada de esto se ha cumplido: todo se ha de cumplir después de la destrucción del Anticristo. Porque el demonio, aunque con la Pasión de Cristo quedó vencido, no parece que esté atado y encerrado en el abismo, como lo pinta aquí San Juan; antes, otros textos de la Escritura nos le presentan muy suelto. Así, San Pablo dice que nuestra lucha no es contra la carne y sangre, sino contra los principados y potestades, contra los señores del mundo, de estas tinieblas, contra las malicias espirituales en los aires -esto es, contra los demonios- (Ef. 6, 12); y San Pedro pinta al diablo como león rugiente buscando a quien devorar (1 Pe. 5, 8). De manera que los Príncipes de los Apóstoles no describen al diablo encerrado y aprisionado en el infierno.

Tampoco parece que la que San Juan llama primera resurrección haya de entenderse de la vida de gloria de las almas; porque la palabra resurrección, anástasis, suele decirse de los cuerpos y no suele aplicarse a las almas y menos a su entrada en la gloria. Podrá decirse que el alma resucita o se levanta del pecado a la vida de la gracia (Ef. 5, 14); pero parece violento decir que el alma resucita al empezar su vida de gloria, pues que sólo resucita lo que murió.

Además de esto, San Juan dice claramente que vio a los que no adoraron a la bestia, ni a su imagen, ni recibieron su señal, y que éstos vivieron y reinaron con Cristo mil años; pero estos que no adoraron a la bestia, ni a su imagen son contemporáneos del Anticristo que hacía adorar su imagen, como se dice en Ap. 13, 14; luego, si éstos reinaron mil años, estos mil años han de empezar a contarse después de la destrucción del Anticristo.

Consideremos, por fin, la mente de San Juan: cómo entendía San Juan este texto. En cuanto al diablo, distingue él tres periodos:

1º) Un primer período en que el diablo está en el cielo o en el aire luchando con San Miguel hasta que es derribado en tierra, como se describe en Ap. 12, 3-9.

2º) Un segundo período en que el diablo está en la tierra, período que comienza a lo que parece poco antes de la aparición del Anticristo (Ap. 12, 13-18), y que dura todo el tiempo de la persecución del Anticristo (Ap. 13, 4; 16, 13).

3º) Por último, un tercer período en que el diablo está encerrado en el abismo; lo cual no parece pueda ser sino después de la destrucción del Anticristo.

Y en cuanto al reino de los santos, ¿Qué piensa San Juan? Él dice expresamente que han de reinar sobre la tierra (Ap. 5, 10). Pero ¿entiende que reinan ya ahora sobre la tierra? Compárese Ap. 6, 9-11 con Ap. 20, 4-6, y la descripción que hace de las almas de los mártires en uno y otro texto. En el primero de ellos (6, 9-11) aparecen las almas de los mártires debajo del altar, clamando al Señor con grandes voces y diciéndole: “¿Hasta cuándo, Señor, ¿no juzgas y no vengas nuestra sangre de los que habitan en la tierra?” Y se les dieron sendas estolas blancas y se les dice que aguarden un poco de tiempo, hasta que se complete el número de los mártires.

Y ¿Quién dirá que, según la mente de San Juan, las almas que están aquí clamando al Señor y pidiéndole juicio y venganza de los que viven en la tierra, y aguardando a que se complete el número de los mártires, reinan ya sobre la tierra? Si reinan ya, ¿Qué piden entonces? ¿Por qué claman? ¿Qué aguardan? Se dirá que piden la resurrección de sus cuerpos. Se podrá decir esto, pero no dice esto San Juan, sino que piden juicio y venganza.

Cuán diferente es el cuadro que nos presenta el capítulo 20, 4-6. Aquí ya no piden ni claman; aquí los mártires han resucitado y reinan con Cristo; aquí son sacerdotes de Dios y de Cristo y reinan con Él mil años. Son sacerdotes y el sacerdote no es un alma, es un hombre, como dice San Pablo (Heb. 8, 3).

Distingue, pues, San Juan claramente dos diversos períodos, uno antes del Anticristo, antes que se complete el número de los mártires, en el cual las almas de los mártires claman, piden, aguardan juicio y venganza (Ap. 6, 9-11); y otro período, después de la destrucción del Anticristo, en que se les da el juicio y los mártires, resucitados ya, son sacerdotes de Dios y de Cristo y reinan con él mil años (Ap. 20, 4-6).

A esto se añade que la persecución del Anticristo es muy diversa de la de Gog y Magog, ni pueden en modo alguno confundirse. Porque la del Anticristo es una persecución en que el Anticristo, que es rey, hace guerra a los santos y los vence y los conculca (Ap. 13, 7 y Dn. 7, 25), pero la de Gog y Magog no es una persecución, es una guerra y rebelión, en la cual los ejércitos de Gog y Magog ponen cerco al campamento de los Santos y a la ciudad querida; pero no entran en ella, pues baja fuego del cielo, de Dios, que los abrasa y consume.

Así que, miradas y consideradas todas estas razones, parece más probable que el reino de mil años que predice San Juan en su Apocalipsis ha de ponerse después de la destrucción del Anticristo. Admitido esto, muchos puntos obscuros del Apocalipsis se esclarecen; de lo contrario, este libro se convierte en un tejido de incoherencias inexplicables. Y no sólo el Apocalipsis, sino muchos otros textos bíblicos se esclarecen con esta explicación.

Afectivamente admitido este reino, se explica por qué los Profetas con frecuencia, después de describir el juicio, hablan del reino del Señor. Se explica, por ejemplo, por qué Zacarías (c. 14), después de habernos descripto a las gentes que se juntan para pelear contra Jerusalén y al Señor que baja en auxilio de Jerusalén a pelear contra ellas (que, según vimos, es Cristo que viene a vencer y derrotar al Anticristo), después de hablarnos de aquel día que es conocido de Dios (Zac. 14, 7 y Mt. 24, 36), y que no es día ni noche, después sigue en el v. 9: “Y será el Señor rey sobre toda la tierra: en aquel día, será el Señor uno, y será su nombre uno”, y describe luego la situación y la seguridad de Jerusalén.

Así se explica por qué Joel (c. 3), después de haber descripto el juicio de Dios contra las gentes, esto es contra el Anticristo y sus reyes, después de describir las señales próximas de la Parusía, el sol y la luna que se oscurecen y las estrellas que niegan su luz, luego, en los versos siguientes, pinta la santidad de Jerusalén y su prosperidad: “Y el Señor bramará desde Sión, y desde Jerusalén dará su voz: y se conmoverán los cielos y la tierra, más el Señor será la esperanza de su pueblo y la fortaleza de los hijos de Israel. Y sabréis que yo soy el Señor vuestro Dios que habito en Sion, el monte de mi santidad: y Jerusalén será santa, y los extraños no pasarán más por ella” (Jl. 3, 15-18). Y así podrían traerse otros ejemplos.

Podría, sí, objetarse a todo lo dicho que el reino que Daniel predice después del Anticristo (Dn. 7, 27) no puede ser el que predice San Juan (Ap. 20, 4), porque el de Daniel es perpetuo; más el del Apocalipsis ha de durar un tiempo definido de mil años (ora se haya de ver en éste un número exacto o bien un número redondo).

Pero, en realidad, no hay oposición entre los dos textos. Porque el reino de los santos que describe Daniel es perpetuo, según dijimos, porque dura en la tierra hasta el fin del mundo y porque se continúa después en el cielo eternamente. Y en este sentido es también perpetuo el reino de los santos que pinta San Juan en su Apocalipsis. Mas éste dice que el reino durará mil años; porque en realidad, durante este tiempo, el demonio estará encarcelado y encadenado y los santos reinarán pacífica y universalmente en toda la tierra.

Después sobrevendrá la seducción de las gentes y la sublevación de Gog y Magog, durante la cual los santos conservarán su poder y soberanía, puesto que no serán vencidos; pero su reino ya no será entonces pacífico ni universal como antes; hasta que, castigadas con fuego del cielo las tropas rebeldes de Gog y Magog, se restablecerá en su primitivo esplendor el reino de los santos hasta el fin del mundo o hasta el tiempo que Dios sabe.

Puesto que el fin del mundo no ha de seguir inmediatamente a la rebelión de Gog y Magog, ya que, después de ésta, dice Ezequiel, los israelitas pasarán siete años sin gastar otra leña que la de las armas de los ejércitos de Gog y Magog. Cuánto tiempo haya pues de transcurrir entre esta rebelión y el fin de los tiempos, es cosa que sólo Dios sabe.

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[1] Enciclopedia Espasa-Calpe, Artículo “Parusía”, tomado de: https://radiocristiandad.org/2013/01/16/p-jose-rovira-s-j-parusia/#more-24433 - Texto publicado en 2018 por la editorial Vórtice en el libro “El que vuelve”: http://www.vorticelibros.com.ar/libro.php?id=156 - http://millenarismus.blogspot.com/2018/06/el-que-vuelve.html - Este texto fue revisado, corregido, editado y publicado por Miles Christi el 25/10/2020: https://gloria.tv/post/mAbBjmCqrZjr2vPsFz2vKCGZG

[2] Sobre el Padre Rovira: http://millenarismus.blogspot.com/2016/02/p-juan-rovira-sj.html 

[3] “Y el reino y el imperio y la grandeza de los reinos bajo los cielos todos serán dados al pueblo de los santos del Altísimo. Reino eterno es su reino, y todos los imperios le servirán y le obedecerán” (Dn. 7, 27). Cornelio a Lapide comenta: “Digo que es cierto que vendrá este reinado de Cristo y de los santos, y que no será solamente espiritual como el que ha tenido siempre en la tierra, cuando sufrieron persecuciones y el martirio, sino será corporal y glorioso, pues reinarán gloriosamente con Cristo para siempre. Sin embargo, Cristo y los santos comenzarán este reino en la tierra, tras la muerte del Anticristo. Entonces, destruido el reino del Anticristo, la Iglesia reinará en toda la tierra y de los judíos y de los gentiles se hará un solo redil con un solo pastor, ya que no dice ‘‘arriba’’ sino ‘‘bajo el cielo’’, es decir toda la tierra, todo el espacio que se halla bajo el cielo. Luego, un poco después, este reino será confirmado y glorificado por toda la eternidad.” (Commentaria In Danielem Prophetam 7, 27)

http://reader.digitale-sammlungen.de/en/fs1/object/goToPage/bsb10624768.html?pageNo=90

 

lunes, 14 de diciembre de 2020

UNA POBRE APORTACION A LA FIESTA DE LA INMACULADA CONCEPCION

 


   SE dice en el Eclesiástico: “YO HICE NACER EN EL CIELO LA LUZ INDEFICIENTE” palabras que podríamos aplicar a la Sma., Virgen María en esta su solemnidad de la Inmaculada Concepción, claro guardando las debidas proporciones. Pues sabemos que en sentido propio se aplican a Ntro., Señor Jesucristo.

   Tres son las condiciones de la luz:

1) EL SER LA PRIMERA DE LAS CRIATURAS. Así lo dice el Génesis: AL PRINCIPIO CREO Dios EL CIELO Y LA TIERRA...Y LAS TINIEBLAS CUBRÍAN LA HAZ DE LA MISMA... DIJO Dios: HÁGASE LA LUZ.” La Sma., Virgen es la primera en la dignidad. Dice san Anselmo: “NADA HAY IGUAL A TI ¡OH SEÑORA! NADA QUE PUEDA COMPARÁRSETE; PUES TODO LO QUE EXISTE, O ESTA SOBRE TI, ES Dios, O BAJO TI, TODO LO QUE NO ES Dios.” Y en el Génesis leemos: “DESDE EL PRINCIPIO Y ANTES DE TODOS LOS SIGLOS ME CREO, Y HASTA EL FIN NO DEJARÉ DE SER.” Es decir, que fue creada sin defecto alguno ni pecado. Pues el Ángel y el hombre fueron creados también en gracia. Y se dice de Lucifer: “HABITABAS EN EL JARDIN DE Dios” Por consiguiente, como el ángel y Adán fueron creados en gracia la Sma. Virgen fue concebida en gracia. Pero tanto el ángel como Adán cayeron más la Virgen, por un privilegio especial, conservo siempre intacta la gracia que desde, sin arrojarla por el pecado. Lo confirma san Agustín: “¡OH CARIDAD, TÚ HICISTE QUE NO SOLO NO PECASE MARÍA, ¡MAS NI AUN PUDIERA PENSAR EN EL PECADO!” Por consiguiente, la gracia que limpió a otros del pecado, preservó a la Virgen de pecar, sino también de contraer el pecado original.

   2) LA LUZ ES LA MAS HERMOSA DE LAS CRIATURAS. Corporales, porque si ella nada hay hermoso, sino que es todo odioso. Dice San Bernardo: “QUITA EL SOL Y, ¿QUÉ QUEDA SINO TINIEBLAS? QUITA A MARÍA, Y ¿QUÉ HAY SINO OSCURIDAD Y CEGUERA DE ESPÍRITU? Por eso dice el esposo: “QUE HERMOSA ERES, AMADA MÍA QUE HERMOSA ERES.” Hermosa con la hermosura de la inocencia, hermosa con la hermosura de la gracia; hermosa en el cuerpo, hermosa en el espíritu, esta Virgen real ha sido decorada como con perlas y estrellas con estas excelentes perfecciones. “UNA MUJER ENVUELTA EN SOL”; así como el sol aventaja a todas las lumbreras del cielo por la prerrogativa de su claridad extremada, así, después de Cristo la Virgen aventaja a toda criatura racional por el esplendor y hermosura de la virtud y de la gracia. Como dice San Bernardo, ningún defecto alcanza a la Virgen, y, a diferencia de todas las demás criaturas, pasa por encima de toda fragilidad y corrupción con una excelentísima sublimidad, de tal modo que con razón se puede decir que la luna está bajo sus pies.

   Además, tiene sobre su cabeza doce estrellas sobre lo cual dice San Bernardo: “CON JUSTA RAZON SE PUEDE CORONAR DE ESTRELLAS LA CABEZA QUE, BRILLANDO INTENSAMENTE MÁS QUE ELLAS, PRÉSTALES MÁS HERMOSURA QUE LA QUE ELLAS LE DAN.” Si la sola concepción de la Virgen sin pecado, a diferencia de las demás, ofusca y deslumbra la penetración de toda humana criatura me atrevo a afirmar que, aun las miradas angélicas se enturbian ante la prerrogativa, fulgor, esplendor y hermosura de esta concepción.

   3) LA LUZ ES UNIVERSAL todo lo llena, dice San Ambrosio: “LA VIRGEN NO FUE HECHA CON PESO Y MEDIDA DETERMINADOS. DIO A TODOS Y LO LLENÓ TODO; Y COMO EL SOL DE JUSTICIA, CRISTO, NUESTRO Dios, HACE BRILLAR SOBRE LOS BUENOS Y LOS MALOS, ASÍ ESTA LUZ INEXTINGUIBLE, LA VIRGEN SACRATÍSIMA, REFLEJANDO LOS RAYOS DE LA DIVINA MISERICORDIA, OFRECE A TODOS SIN DISTINCION SUS GRACIAS Y CLEMENCIA Y SE COMPADECE CON UNIVERSAL AFECTO D LAS NECESIDADES DE TODOS.” Ante estas palabras exclama Santo Tomas de Villa Nueva: “¡OH ANTORCHA BRILLANTÍSIMA, A CUANTOS ALEGRASTE, CUANDO, ILUMINADA POR RESPLANDOR DIVINO, ¡APARECISTE INMACULADA EN EL SENO DE TU MADRE! TU CONCEPCION, ¡OH VIRGEN MADRE DE Dios! ANUNCIO EL GOZO DE TODO EL MUNDO.

 

viernes, 11 de diciembre de 2020

EN LA FESTIVIDAD DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE



En este momento tan lamentable que esta viviendo la humanidad, cuando de nuevo el comunismo feroz y atroz quiere ocupar nuestra patria, gracias a los parias y apátridas, por tercera vez, sabedores que gracias a Nuestra Madre de Guadalupe nos libro de las otras dos por la confianza firme de nuestros antepasados en LA MORENITA DEL TEPEYAC NUESTRA MADRE DE GUADALUPE. No será en esta ocasión que Ella se quede impávida ante el inminente avance del comunismo y espera que nosotros fieles herederos de aquellos fieles devotos hijos de tan GRAN MADRE, sino que espera nuestra colaboración desde el puesto de batalla donde nos encontremos cada uno de nosotros. No temamos al enemigo y démosle batalla allí donde el nos la plantee sin temor a perder nuestras vidas sabiendo con certeza que la causa es justa y necesaria. ¡VIVA CRISTO REY! ¡VIVA NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE!

Esta festividad de Ntra., Señora de Guadalupe debe llenar nuestros corazones de un profundo agradecimiento a la trinidad augusta por gran Sabiduría al disponer las cosas con un orden admirable, sorprendente, pero no nuevo porque la antigua ley fue dada a Moisés en un monte, el Cordero inmaculado se inmolo en otro monte y la fe se difunde rápidamente por el continente americano a raíz de otro monte o cerro donde la Madre del Salvador se dignó pisar suelo americano.

  De todas las palabras que la Sma. Virgen nos dirigió en sus prodigiosas apariciones las dichas a Juan Diego en el Tepeyac por nuestra Señora de Guadalupe son, sin duda, las más consoladoras. Porque brotan del corazón de una Madre ternísima y van encaminadas a producir en nuestras almas, descanso y confianza. Fueron dichas en la cuarta y última aparición a Juan Diego cuando él, preocupado por la enfermedad de su tío Bernardino tomo otro camino al acostumbrado. He aquí sus palabras:

“A DONDE VAS, HIJO MÍO, ¿Y QUE CAMINO LLEVAS? OYE HIJO MÍO, LO QUE VOY A DECIRTE: NO TE MOLESTE NI TE AFLIJA COSA ALGUNA. NO TEMAS NI ENFERMEDAD NI DOLOR. ¿NO ESTOY YO AQUÍ QUE SOY TU MADRE? ¿NO ESTAS DEBAJO DE MI SOMBRA Y AMPARO? ¿NO SOY YO VIDA Y SALUD? ¿NO ESTAS EN MI REGAZO Y CORRES POR MI CUENTA? ¿TIENES NECESIDAD DE OTRA COSA? NO TE AFLIJAS POR LA ENFERMEDAD DE TU TIO, QUE NO MORIRA DE ESTE ACHAQUE, Y TEN POR CIERTO QUE YA ESTA SANO. Sin duda alguna este sublime dialogo quedo fijo en el corazón de su fiel servidor, y nosotros las debemos grabar en lo más profundo de nuestro corazón y saborearlas en lo más íntimo de nuestra alma. Porque nuestra buena Madre de Guadalupe conoce todas nuestras amarguras, todos nuestros temores y desde lo más íntimo de su corazón se compadece de nuestras miserias. Por eso desde esa intimidad, asentada en el mismo seno de la Trinidad Santísima, brotaron estas primeras palabras: “NO ESTOY YO AQUÍ QUE SOY TU MADRE? Cuando se es niño se confía mucho en la madre; a ella acudíamos siempre y de tal manera se grabó en nuestro corazón la confianza en nuestra madre, que todavía en plena madurez, ¡cuántas veces en medio de los dolores, en medio de las alegrías, repetimos este nombre santo: “Madre!

Pues bien, la Sma. Virgen María es nuestra Madre más perfectamente que la madre de la tierra porque nos da una vida que es la del cielo. Es muy importante recalcar que somos sus hijos no por adopción como se entiende a la manera humana sino, ¡VERDADERAMENTE ES NUESTRA MADRE! Porque nos ha dado la vida, porque nos ama más, mucho más, que la madre de la tierra.

   Y como si no bastara el habernos dicho: “NO ESTOY YO AQUÍ QUE SOY TU MADRE? Agrega: “NO ESTAS BAJO DE MI SOMBRA Y AMPARO? Nuestras madres están lejos y solo de lejos nos aman o aunque estén cerca muchas veces se ven imposibilitadas para ayudarnos no solo en el cuerpo sino también en el alma y se ven también impotentes para protegernos en el momento presente. No así con nuestra Madre del cielo porque estemos donde estemos ella nos protegerá siempre porque así se lo prometió a Juan Diego representante nuestro en ese tiempo y es fiel a su promesa. Además, no olvidemos que es la omnipotencia suplicante, pero sobre todo su corazón maternal es el motor o la garantía de su fidelidad en lo prometido. Además, estamos bajo su sombra y cuidado; por lo tanto, Nuestra Madre de Guadalupe podemos decir que está más cerca de nosotros que nuestras propias madres y, sin duda alguna nuestra alma está más unida a Ella: Madre cariñosa y siempre presente. Pues nos dice: “NO ESTOY LEJOS, NO ESTOY EN REGIONES MISTERIOSAS. YO ESTOY CERCA DE TI, TE AMPARO, TE PROTEJO, TE CUBRO CON MI MANTO Y MI SOMBRA.”

   Y continua más adelante como para que no quede duda en nosotros de su protección maternal: “NO SOY VIDA Y SALUD? Nuestra madre de la tierra por mucho que nos ame no puede decir lo mismo porque la experiencia nos demuestra que hay trances en los cuales ella es impotente. No así con nuestra Madre del cielo porque Ella es la vida que triunfa de la muerte; es la salud que triunfa de la enfermedad y del dolor. esto sería suficiente para disipar toda duda, todo temor, y para llenar nuestro corazón de santa y divina confianza.

   Pero no contenta con eso va más allá: “¿NO ESTAS BAJO MI REGAZO Y CORRES POR MI CUENTA?” Por favor saboreémoslas en lo íntimo de nuestro corazón: ¡estamos en el regazo de la Virgen María y, me pregunto ¿quiénes están en el regazo de las madres? Sino los más pequeños, entonces “SOMOS HIJOS PEQUEÑITOS Y DELICADOS” Y aún más, “CORREMOS POR SU CUENTA” al hijo mayor no se le dice esto sino al pequeñito, al enfermo, al delicado corre totalmente por su cuenta; esta buena Madre del cielo nos da todo su amor, nos viste, nos acaricia etc. Es curioso si vivimos en el regazo de nuestra buena Madre del cielo, ¿por qué tantas amarguras, tantas vicisitudes en nuestra vida, tantas asechanzas de nuestros enemigos? No es bueno contestar con otra pregunta, pero: ¿Jesucristo no fue singularmente amado, infinitamente amado por el Padre Celestial? Y a pesar de ello, ¿no recordamos que tuvo vicisitudes, amarguras y dolores sin cuento? ¿cómo dice El Padre: “ESTE ES MI HIJO MUY AMADO EN QUIEN YO TENGO PUESTAS TODAS MIS COMPLACENCIAS” SI LO HA AZOTADO, SI LO HAN CORONADO DE ESPINAS, SI LO HAN ENCLAVADO EN LA CRUZ”

   ¡Es que los azotes, las espinas y la cruz eran verdaderas riquezas para Jesucristo Nuestro Señor! ¡Su gloria, su dicha, está cifrada en la Cruz! ¡Sin ella Jesucristo no hubiera sido glorioso! ¡No hubiera conquistado todos los corazones, todas las almas!

   Y Nuestra Buena Madre de Guadalupe ama a la manera divina; Ella también a los que ama les manda sacrificios y persecuciones. Esto en lugar de ser una objeción contra el amparo de la Virgen, es un nuevo argumento que nos hace comprender que nos ama, que nos protege, que nos da la cruz para hacernos semejantes a Jesucristo, que nos da el dolor para engrandecernos. Pero allí, en su regazo, todos lo dolores y todas las persecuciones se estrellan.

   Por eso debemos confiar plenamente, amorosamente, en la Santísima Virgen de Guadalupe. ¡Ah! ¡que ninguna pena nos aflija, que ningún dolor nos inquiete, que ninguna persecución nos haga temblar! Aquí esta nuestra buena Madre de Guadalupe; Ella es vida y salud, vivimos bajo su amparo y corremos por su cuenta.

 

miércoles, 9 de diciembre de 2020

¡Abrid los ojos!‎

 

Distribución geográfica de las 11 comunidades culturales rivales que hoy existen en ‎Estados Unidos.‎
Fuente: Colin Woodard ‎


Muchos creen ver en el resultado de esta elección presidencial estadounidense el triunfo ‎de los demócratas y de un senador senil. Error. Lo que estamos viendo es la victoria de ‎la corriente puritana sobre la tendencia jacksoniana. Es una victoria que no refleja ‎en nada las opiniones políticas de la ciudadanía estadounidense y sólo encubre la crisis ‎de civilización en la que su país está hundiéndose. ‎

La elección presidencial estadounidense de 2020 viene a confirmar la tendencia general surgida ‎desde la disolución de la Unión Soviética: la población estadounidense vive una crisis de ‎civilización y se dirige inexorablemente hacia una nueva guerra civil, que debería desembocar ‎lógicamente en el fraccionamiento de su país. Esa inestabilidad también pondría fin al estatus de ‎hiperpotencia que aún mantiene Occidente. ‎

Para entender lo que está sucediendo es necesario sobreponerse al espanto que sobrecoge a las ‎élites europeas ante el anuncio de la desaparición que la potencia que las protege desde hace ‎tres cuartos de siglo y mirar con honestidad la historia mundial de los 30 últimos años. Hay que ‎hacer un profundo recuento de la historia de Estados Unidos y analizar nuevamente su ‎Constitución. ‎

La hipótesis de la disolución de la OTAN y de los Estados Unidos de América

Cuando, al cabo de tres cuartos de siglo de dictadura, se derrumbó la Unión Soviética, todos ‎los que deseaban verla desaparecer quedaron sorprendidos. Durante años la CIA había ‎organizado un sabotaje sistemático de la economía soviética y denigrado todas sus realizaciones, ‎pero no había previsto que los pueblos pudieran llegar a derrocarla… en nombre de los ideales ‎de Occidente. ‎

Todo comenzó con una catástrofe a la que el Estado no supo responder: el accidente nuclear de ‎Chernobil, en 1986. Un cuarto de millón de soviéticos tuvo que huir definitivamente de ‎su propia tierra. Tal muestra de incompetencia marcó el fin de la legitimidad del régimen ‎soviético. A partir de aquel momento, en sólo 5 años los aliados reunidos en el Pacto ‎de Varsovia recuperaron su independencia y la Unión Soviética se desmembró. Las juventudes ‎comunistas asumieron la concretización de aquel proceso, que a última hora fue desvirtuado por ‎el alcalde de Moscú, Boris Yeltsin, a la cabeza de un equipo formado en Washington. ‎El subsiguiente saqueo de los bienes de la colectividad y el desplome de la economía provocado ‎por ese saqueo significaron para la nueva Rusia un siglo de retroceso. ‎

Un proceso similar debería llevar a la desaparición de Estados Unidos. El país perderá su fuerza ‎centrípeta y sus vasallos acabarán abandonándolo antes del derrumbe final. Sólo tendrán ‎posibilidades de salir mejor quienes hayan abandonado el barco antes del hundimiento. ‎Normalmente, la OTAN debería extinguirse antes que Estados Unidos, de la misma manera que el ‎Pacto de Varsovia se extinguió antes que la URSS. ‎

La fuerza centrífuga que afecta a Estados Unidos

Con sólo 200 años de historia, Estados Unidos es muy joven como país. Su población aún sigue en ‎plena formación, con oleadas sucesivas de inmigrantes provenientes de las más diversas regiones ‎geográficas. Siguiendo el modelo británico, esos inmigrantes se unen en comunidades, según ‎su origen, comunidades que conservan su propia cultura y no se mezclan con las demás. ‎El llamado melting pot fue un concepto que en realidad existió sólo con el regreso de los ‎soldados negros que combatieron en la Segunda Guerra Mundial y la abolición de la segregación ‎que finalmente suscitó, en tiempos de Eisenhower y Kennedy, pero que finalmente desapareció. ‎

La población estadounidense suele desplazarse mucho de un Estado a otro. Desde la Primera ‎Guerra Mundial y hasta el fin de la guerra de Vietnam, los estadounidenses trataban de convivir ‎en ciertos barrios. Aquella movilidad de la población se perdió durante una veintena de años. Y ‎desde la disolución de la URSS los estadounidenses han vuelto a dividirse en guetos, pero ‎no en función de criterios “raciales” sino de diferencias culturales. De hecho, Estados Unidos ya ‎es un país dividido. ‎

Estados Unidos ya no es una nación sino 11 naciones diferentes. ‎

El conflicto interno de la cultura anglosajona

La mitología estadounidense vincula la existencia del país a los 67 «Padres Peregrinos» que ‎llegaron a América a bordo del buque Mayflower. Era un grupo de fanáticos cristianos ingleses ‎que ya vivía en «comunidad» en los Países Bajos y que logró que la Corona le asignara la misión ‎de instalarse en el «Nuevo Mundo» para combatir allí el imperio español. Un grupo desembarcó ‎en el actual Massachusetts, donde instauró una sociedad sectaria: la colonia de Plymouth, ‎en 1620. Eran cristianos que imponían a sus mujeres el uso del velo y aplicaban durísimos ‎castigos corporales a quien pecaba y se alejaba de la «Vía Pura», doctrina que dio lugar a que ‎fuesen llamados «puritanos». ‎

Los estadounidenses de hoy ignoran tanto la misión política de los «Padres Peregrinos» como su ‎sectarismo y les rinden homenaje durante la celebración conocida como Thanksgiving o Día de ‎Acción de Gracias. Aquellos 67 fanáticos religiosos han tenido una influencia considerable sobre ‎un país que hoy cuenta 328 millones de habitantes. Ocho de los 46 presidentes de Estados Unidos –‎entre ellos Franklin Roosevelt, George Bush padre y George Bush hijo– se presentaron como ‎descendientes directos de aquel grupo. ‎

En Inglaterra, otros puritanos –organizados alrededor de Oliver Cromwell– protagonizaron una ‎rebelión, decapitaron al rey, instauraron una República caracterizada por su intolerancia y ‎perpetraron masacres contra los irlandeses, a quienes consideraban herejes por ser «papistas», ‎o sea católicos. Los historiadores británicos designan aquellos hechos como la «Primera Guerra ‎Civil» (1642-1651).‎

Más de un siglo después, los colonos del «Nuevo Mundo» se rebelaron contra los impuestos ‎excesivos que debían pagar a la monarquía británica e iniciaron lo que los historiadores ‎estadounidenses llaman la «Guerra de Independencia» (1775-1783), algo que los historiadores ‎británicos ven como la «Segunda Guerra Civil». Los colonos que pelearon en aquella ‎guerra eran ciertamente gente pobre sometida a durísimas condiciones de trabajo. Pero sus ‎líderes eran descendientes de los «Padres Peregrinos», deseosos de hacer prevalecer su ideal ‎sectario ante la monarquía británica que había recuperado el poder. ‎

Ochenta años después, Estados Unidos se desgarraba con la Guerra de Secesión (1861-1865), ‎conflicto que algunos historiadores estadounidenses designan como la «Tercera Guerra Civil» ‎anglosajona. Ese conflicto estalló entre los Estados que –fieles a la Constitución original– ‎deseaban mantener derechos de aduana para regular la circulación de bienes de un Estado ‎a otro y un grupo de Estados que querían transferir los derechos de aduana al nivel federal y ‎crear así un gran mercado interno. Pero en esa guerra se oponían al mismo tiempo las élites ‎puritanas del norte a las élites católicas del sur, reproduciendo así el conflicto de las dos guerras ‎anteriores. ‎

Hoy se perfila en Estados Unidos una «Cuarta Guerra Civil» anglosajona, nuevamente por ‎iniciativa de las élites puritanas. Esa continuidad se esconde bajo la transformación de esas élites ‎que, incluso sin creer en Dios, conservan el mismo fanatismo. Son esas élites puritanas las que ‎hoy se dedican a reescribir la historia del país. Según ellas, Estados Unidos es un proyecto racista ‎de los europeos que los «Padres Peregrinos» no lograron corregir. Su credo dicta que hay que ‎regresar a la «Vía Pura» mediante la destrucción de todos los símbolos del Mal –como las ‎estatuas de los monarcas, de los ingleses y de los líderes confederados. Predican y hablan lo ‎‎«políticamente correcto», aseguran que existen varias «razas» humanas, escriben «Negro» ‎con mayúscula y «blanco» con minúscula y rinden culto a los abstrusos suplementos del New York ‎Times.‎

La historia reciente de Estados Unidos

Cada país tiene sus demonios. Richard Nixon estaba convencido de que el peligro que ‎Estados Unidos tenía que evitar a toda costa no era una guerra nuclear con la URSS sino esta ‎posible «Cuarta Guerra Civil» anglosajona. Fue esa convicción lo que llevó a Nixon a recurrir al ‎especialista en este tema, el historiador Kevin Philips, quien fue su consejero electoral, ‎permitiéndole ganar dos elecciones presidenciales. Sin embargo, los herederos de los «Padres ‎Peregrinos» no aceptaron su lucha y lo hundieron con el escándalo del Watergate –en 1972–, ‎orquestado por el sucesor de Edgar Hoover, el fundador y casi sempiterno director del FBI. ‎

Cuando el poderío estadounidense comenzó a perder fuerza, el grupo de presión imperialista, ‎dominado por los puritanos, puso en el poder uno de los descendientes directos de los ‎‎67 «Padres Peregrinos», el republicano George Bush hijo. Miembros de su administración ‎organizaron un shock emocional (los atentados del 11 de septiembre de 2001) y adaptaron las ‎fuerzas armadas de Estados Unidos al nuevo capitalismo financiero, ante la mirada hipnotizada de ‎sus conciudadanos. Su sucesor, el demócrata Barack Obama, dio continuidad a lo iniciado por la ‎administración del republicano George Bush hijo, adaptando a su vez la economía ‎estadounidense. En aras de llevar a cabo esa tarea, Obama eligió la mayoría del equipo que lo ‎acompañó durante su primer mandato entre los miembros de la Pilgrim’s Society, o sea la ‎‎«Sociedad de los Peregrinos».‎

En 2016 se produjo un acontecimiento disruptivo. Un presentador de televisión que había ‎cuestionado la transformación del capitalismo estadounidense y la tesis oficial sobre los atentados ‎del 11 de septiembre, Donald Trump, se presentó como candidato a participar en la elección ‎presidencial. Comenzó conquistando el Partido Republicano y llegó a la Casa Blanca. Todos ‎los que habían participado en la caída de Richard Nixon arremetieron contra Trump, incluso antes ‎de su investidura como presidente. Finalmente han logrado impedir su reelección rellenando ‎torpemente las urnas. Lo importante es que, durante su mandato, reaparecieron siglos de ‎problemas y rencores de los que no se hablaba abiertamente. La población de Estados Unidos ‎se dividió de nuevo alrededor de los puritanos. ‎

Es por eso que, si bien resulta evidente que una mayoría de estadounidenses estuvo lejos de votar ‎con entusiasmo por un senador senil, me parece erróneo decir que esta elección presidencial ‎de 2020 era un referéndum sobre Donald Trump. En realidad, fue un referéndum sobre ‎los puritanos. ‎

Un resultado conforme con el proyecto de los «Padres Peregrinos»

Al final de la Guerra de Independencia de Estados Unidos, o Segunda Guerra Civil anglosajona, ‎los sucesores de los «Padres Peregrinos» redactaron la Constitución estadounidense. ‎No ocultaron su intención de crear un sistema aristocrático similar al modelo inglés. ‎Tampoco ocultaron su desprecio por el pueblo. Es por eso que la Constitución estadounidense ‎no reconoce la soberanía del Pueblo sino la de los gobernadores de cada Estado. ‎

El pueblo que había ganado la guerra aceptó ese estado de cosas, pero impuso a la Constitución ‎‎10 enmiendas que constituyen la Carta de Derechos (Bill of Rights) y según las cuales la clase ‎dirigente no puede, en ningún caso, violar los derechos de los ciudadanos en nombre de alguna ‎presunta «Raison d’Etat» (Razón de Estado). Aquella Constitución, así enmendada, aún ‎se mantiene en vigor en Estados Unidos. ‎

Si se acepta el hecho, ampliamente comprobado, que en el plano constitucional Estados Unidos ‎nunca ha sido ni es una democracia… no hay razón para indignarse con el resultado de las ‎elecciones. Aunque no está previsto en la Constitución, a lo largo de 2 siglos el voto popular ‎para la elección presidencial ha ido imponiéndose poco a poco en cada Estado de la unión ‎estadounidense. Los gobernadores deben seguir el resultado de ese voto al designar los ‎‎538 delegados o grandes electores, que a su vez deben votar por uno de los candidatos a la ‎presidencia al reunirse el Colegio Electoral. Hay gobernadores que simplemente “rellenaron” ‎las urnas, de manera por demás bastante torpe, tanto que en al menos un condado de cada 10 ‎la cantidad de votos excede la cantidad de habitantes mayores de edad. Digan lo que digan los ‎comentaristas, el hecho es que hoy es perfectamente imposible decir cuántos electores votaron ‎realmente ni a quién habrían querido tener como presidente. ‎

Un futuro sombrío

En esas condiciones, el presidente “electo”, Joe Biden, no podrá ignorar la justificada cólera de ‎los partidarios de su contendiente. Simplemente no podrá unificar a los estadounidenses. Hace ‎‎4 años, yo escribía que Trump sería el Gorbatchov estadounidense. Estaba equivocado. ‎Trump supo dar nuevos bríos a su país. En definitiva, será Joe Biden quien cargará con la culpa ‎de no haber logrado mantener la unidad territorial de su país.

Los aliados de Estados Unidos, que no han percibido la cercanía de la catástrofe, van a sufrir graves ‎consecuencias. ‎

Thierry Meyssan