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sábado, 21 de septiembre de 2019

EL SANTO ABANDONO. DOM VITAL LEHODEY



9. LAS PRUEBAS INTERIORES EN GENERAL

Hemos considerado ya los bienes y los males temporales, la esencia de la vida espiritual y sus modalidades extrínsecas.

Siendo esto así, evitemos con cuidado estorbar los favores divinos; mas si Dios tuviera a bien quitarnos estos días claros en que experimentamos gustos sensibles en la oración, en la comunión, en que nuestra unión con el Amado sólo nos proporciona encantos y delicias, no echemos de menos las dulzuras, porque Dios nos las quita sin culpa nuestra; han desempeñado su misión y no ofrecen ya la misma utilidad.
¡Qué preciosos son bajo otro aspecto el martirio y la agonía de los días presentes! Si se supiera aceptar, estimar y amar está feliz abyección interior, se la querría sentir siempre y permanecer siempre en ella, porque en ella el alma se hallaría más cerca de Dios.
Muchos santos, impulsados por particular inspiración, decían a Dios en sus sufrimientos: Más, Señor, más. Según el P. Caussade, es por lo regular presunción e ilusión pretender seguir estos ejemplos, y juzga que somos demasiado pequeños y demasiado débiles para llegar hasta ahí, a menos de una certeza moral de que Dios quiere esto de nosotros.
Nunca deseó ni pidió penas y contradicciones para sí mismo, y a una de sus Filoteas prohíbe solicitar más ni menos de las que ya tiene: porque Dios sabe mejor que nosotros la justa medida de todo lo que necesitamos, y las pruebas que nos envía son suficientes, sin necesidad de desearías o procurarías uno mismo. Esperarlas y prepararse a ellas es el mejor medio de disponer de más valor y ánimo para recibirlas con fruto cuando las envíe.
Por lo demás, preciso nos será armarnos de paciencia y de humildad. Si no tenemos una naturaleza afortunada, y si Dios nos envía más pruebas a fin de reducirla, la violencia y la resistencia del combate no acarrean mal alguno al alma que lucha con la resolución de no desanimarse jamás. Lo rudo de los ataques hará crecer la fatiga y el peligro, pero, con la ayuda de Dios, dará lugar a más victorias, santidad, méritos y recompensas.
Mientras que el Médico celestial nos prodiga las lancetadas y las píldoras amargas, mirémonos, no en el engañoso espejo del amor propio, sino en el espejo fiel de la verdad, pero sin perder de vista nuestras miserias. Entonces nos humillaremos sin esfuerzo bajo la poderosa mano de Dios, y lejos de recriminar su justicia y su amor, reconoceremos que aún nos perdona, y que es muy misericordioso hasta en sus rigores.
Establezcámonos sobre todo en la santa indiferencia. «Que el navío se incline al levante o poniente, al mediodía o septentrión, sea cual fuere el viento que le empuje, nunca su aguja dejará de mirar a su hermosa estrella norte y del polo”.
De igual modo, aunque todo se revuelva de arriba abajo en derredor de nosotros, y aun en nuestro interior, esto es, que nuestra alma esté triste o alegre, entre dulzuras o amarguras, o en tranquilidad o en guerra, en claridad o en tinieblas, en tentaciones, gusto o disgustos, en sequedad o en ternura, que el sol la abrase o el rocío la refresque, siempre la cumbre del corazón y del espíritu, esto es, nuestra voluntad superior que es nuestra brújula, ha de mirar sin cesar y se ha de dirigir perpetuamente al amor de Dios.» La parte inferior de nuestra alma quizá se halle en la inquietud y agitación, mas la voluntad ha de permanecer tranquila en medio de la borrasca, vuelta hacia Dios y no buscando otra cosa que a Él, sin que nada pueda jamás separarnos de su amor: ni la tribulación, ni la angustia, ni el dolor presente, ni el temor a los males futuros. Amar a Dios y hacer su santísima voluntad, ¿no es lo esencial y nuestro mismo fin? Todo lo demás no es sino el medio de conseguirlo, lo mismo los consuelos que las aflicciones, la paz como el combate, la luz como las tinieblas.
¿Qué camino será el mejor para nosotros? Lo ignoramos; Dios lo sabe y nos ama; dejémosle, pues, disponer de nosotros como vea que nos conviene, que nuestra suerte mejor está en sus manos que no en las nuestras. Por otra parte, no nos dejará la elección, sino que dispone como dueño y soberano; por tanto, prestémonos de buena gana a su acción: El es quien nos pone en la prueba, El nos sostendrá. Los santos preferían el dolor, pues más se aprovecha padeciendo que obrando; el santo abandono es el camino más seguro y más directo.
El P. Baltasar Álvarez hacía a Dios esta admirable oración: «Dignaos disponer de mí según vuestra voluntad, que esto es todo lo que deseo y no os pediré ni otra fe, ni otros medios, ni más favores, ni menos padecimientos. Deseo permanecer tal como me habéis hecho, y ser tratado como lo he merecido.
Me contentaré con los consuelos que me diereis, y no me quejaré de las desolaciones que me enviareis. Ejecutad, Señor, vuestros designios sobre mí con toda libertad, que tan sólo así puede hallar mi alma el reposo que tanto desea.
Cuando las penas vengan a caer sobre nosotros duras y persistentes, abandonémonos sin reservas a Aquel de quien nos creemos quizá abandonados, y digámosle con ánimo resuelto: «Vos lo queréis, Dios mío, también lo quiero yo y por todo el tiempo que quisiereis.» Nada mejor podemos hacer entonces, en el coro, en la oración, en la Misa, en la Sagrada Comunión, que repetir dulcemente y sin esfuerzo nuestro fiat -hágase-; repetir con frecuencia durante el día, según lo encomienda San Francisco de Sales: «Sí, Padre celestial, si y siempre si», y conservarnos en esta disposición habitual de completo abandono. Ved ahí una corta y sencilla práctica, y no sería necesario más para adquirir esa perfección que frecuentemente vamos a buscar muy lejos. El simple fiat en todas nuestras penas interiores y exteriores, bastará para conducirnos a una elevada santidad.
Sin duda podemos pedir a Dios que aligere nuestras pruebas, o nos las quite, pero no estamos a ello obligados; lo más conveniente para su gloria y para nuestro bien sería que El se dignare aumentar nuestra paciencia. San Alfonso nos enseña a decir: «¡Heme aquí, Señor! Si queréis que permanezca en la desolación y en la aflicción toda mi vida, dadme gracia, haced que os ame, y disponed de mí como os plazca.» Evitemos por lo menos la inquietud y el apresuramiento, que denotaría un deseo desarreglado.
Suframos en paz sin ir a mendigar las consolaciones en las criaturas. Para no condolernos de nosotros mismos, hablemos de nuestras penas lo menos posible, evitando aun ocupar demasiado en ellas nuestro espíritu, pero pidamos consejo y esfuerzo a un hombre de Dios; sobre todo, refugiémonos en la oración, a fin de implorar la fortaleza y aceptar la cruz, fijos amorosamente los ojos en nuestro Amado Jesús, que nos amó y se entregó por nosotros. Nunca como en estas circunstancias  necesitamos perseverar en la oración, llamar al Señor en nuestra ayuda y apoyarnos sólo en El.

10. LAS TENTACIONES

«Para un alma que ame a Jesucristo -dice San Alfonso-, no hay mayores penas que las tentaciones, pues todos los otros males le facilitan la unión más íntima con Dios, recibiéndolos con resignación; empero, las tentaciones le exponen a separarse de Jesucristo, siendo por lo mismo mucho más amargas que cualquier otro tormento.»

No todas las tentaciones vienen del demonio: «Cada cual es tentado por su concupiscencia que le arrastra y seduce», y este fuego maldito es atizado por el escándalo de los perversos y de los imperfectos. La mayor parte de los hombres se exponen personalmente al peligro, o se precipitan en él unos a otros. El demonio no ha de hacer sino cruzarse de brazos, contemplándoles realizar su obra; mas al contrario, no cesa de agitarse alrededor de las almas que no le son adictas. Así, un padre del desierto vio al diablo sentado tranquilamente sobre la puerta de la ciudad de Alejandría, mientras que las legiones infernales acometían impetuosamente a los santos de la soledad.
«El demonio nos ataca de diferentes maneras -dice el venerable Luis de Blosio-. Ora viene secretamente y al parecer sin hacer nada, o aun bajo el exterior de piedad, a fin de hacernos caer más fácilmente en sus lazos; ora de una manera brutal se abalanza sobre nosotros, para hacernos sucumbir a los violentos y numerosos golpes que descarga sobre nuestra persona; en ocasiones, se desliza de un modo insensible a manera de serpiente, intentando arrastrarnos a faltas mayores por el desprecio de las más pequeñas y pisoteando ciertos remordimientos y ciertas dudas, para formarnos una conciencia falsa y endurecida. A tiempos, sin guardar estas consideraciones, preséntase bajo todas las formas y con todos los horrores, y propone los mayores crímenes. Unas veces emplea los consuelos espirituales o las penas interiores con la mira de engreírnos o de abatirnos; otras, sírvese de la prosperidad o de la adversidad temporal para inclinarnos a la pereza o precipitarnos en la desesperación... ¿Qué diremos de los asaltos que os darán los malignos espíritus? Semejantes a reiteradas olas de mar embravecido, sacudirán con violencia vuestro corazón y os creeréis a cada instante a punto de padecer triste naufragio.


viernes, 20 de septiembre de 2019

Rusia promulga una ley para restringir la libertad religiosa y las actividades misioneras


La religión en Rusia es el comunismo 
Nota. Nuestra señora de Fátima no pediría la conversión de Rusia si esta estuviera convertida al catolicismo, este documento confirma una vez más la no conversión de este país y, por lo tanto, nada bueno se puede augurar cuando el mismo Vladimir Putin ha dictado estas leyes que afectan directamente a las sectas protestantes y a la Iglesia. Negar esta evidencia seria ser un demente, o un loco. Para que esto cambie debe ser consagrada al Inmaculado Corazón de la Virgen Maria, todo cuanto se diga contra estas leyes no son sino solo opiniones que se las lleva el viento por enésima ves RUSA NO SE HA CONVERTIDO y, en consecuencia, será el azote de la humanidad, azote físico porque el espiritual ya lo dio el Concilio Vaticano II.

La historia: con el pretexto de implementar medidas "antiterroristas", Rusia ha adoptado nuevas leyes que restringen la libertad religiosa y criminalizan las actividades misioneras.
Antecedentes: Según la Comisión de Libertad Religiosa Internacional de los Estados Unidos (USCIRF), el presidente ruso Vladimir Putin firmó medidas legales que redefinen las "actividades misioneras" como prácticas religiosas que tienen lugar fuera de los sitios sancionados por el estado. La nueva ley prohibirá “predicar, orar, hacer proselitismo y diseminar materiales religiosos” fuera de los sitios designados oficialmente por el estado. Los ciudadanos también pueden recibir una multa de hasta $ 15,000 rublos por participar en estas actividades en residencias privadas o distribuir materiales religiosos no autorizados a través de "medios masivos, transmisión o medios en línea".
Los misioneros extranjeros también deben demostrar que fueron invitados por grupos religiosos registrados por el estado y deben operar solo en regiones donde sus organizaciones patrocinadoras están registradas. Los misioneros que no cumplan se enfrentan a severas multas y deportación.
La USCIRF también señala que la ley actual contra el extremismo permite atacar a grupos religiosos que nunca han amenazado o utilizado la violencia. Los cargos de "extremismo" pueden incluir la promoción pacífica de "la superioridad de la propia religión", y han resultado en la prohibición de textos religiosos y el encarcelamiento de sus miembros. Las nuevas medidas antiterroristas aumentarán los términos de prisión bajo la ley de extremismo actual. 
Por qué es importante: Rusia, una de las diez naciones más pobladas del planeta, contiene una gran cantidad de grupos de personas no alcanzadas. Según el Proyecto Joshua , aproximadamente 13.4 millones de personas (9.4 por ciento de la población) no han sido alcanzadas, y solo 1.2 por ciento de la población es evangélica. La nueva ley impedirá la difusión del evangelio y amenaza con reducir la expresión de nuestros hermanos y hermanas cristianos en ese país. Solo por esta razón, debemos oponernos firmemente a la política totalitaria.
La promoción de la libertad religiosa también debe ser un objetivo primario de política interna y externa de los Estados Unidos. Las libertades conjuntas de religión y conciencia constituyen la "primera libertad" y merecen protección tanto en nuestro propio país como en el extranjero. Como dijo recientemente el senador de Nebraska, Ben Sasse, "esta ley rusa sería una afrenta para las personas libres en todas partes, en casa y en el extranjero, que creen que los derechos de conciencia, los derechos a la libertad de expresión y libertad de religión, son prepolíticos".
"Los gobiernos no nos otorgan estos derechos y los gobiernos no pueden quitarlos", dijo Sasse. "Estos derechos de expresión, religión y reunión pertenecen a todos los hombres, mujeres y niños porque todos somos portadores de imágenes de nuestro creador"
Pero esto no funciona en Rusia en donde la religión oficial es la Iglesia Ortodoxa que, como dije en otra ocasión tampoco hace apostolado y la Iglesia Católica actual no tiene entrada oficial en Rusia

 7,000 iglesias en ayunas, rezando por una nueva y aterradora ley de persecución


El presidente ruso, Vladimir Putin, firmó una ley antiterrorista, pero para las numerosas iglesias del país, la firma provocó una demanda de oración y ayuno.
El proyecto de ley endurece el castigo por actos considerados terrorismo y por la organización de "disturbios masivos", según Los Angeles Times . También introduciría penas de prisión de hasta un año para aquellos que no denuncien esos crímenes.
Además, el presidente de los Ministerios de la Gran Comisión, Hanny Haukka, le dice a Charisma News que la ley implica:
o    1) Los invitados extranjeros no pueden hablar en las iglesias a menos que tengan un "permiso de trabajo" de las autoridades rusas
o    Si un amigo o pariente de fuera de Rusia desea compartir su fe en su hogar, el huésped será multado y expulsado de Rusia.
o    Cualquier discusión de Dios con los no creyentes se considera actividad misionera y será castigada.
o    La actividad misionera será permitida por un permiso especial del gobierno. Ejemplo: si alguien que viaja en un tren comparte su fe sin un permiso por escrito, el delincuente será puesto bajo custodia policial durante el viaje y recibirá una multa de 50,000 rublos ($ 1,000).
o    Los delincuentes a partir de los 14 años serán procesados
o    La actividad religiosa ya no está permitida en casas particulares. La mayoría de las iglesias en Rusia se reúnen en hogares.
o    Cada ciudadano está obligado a informar a las autoridades sobre la actividad religiosa de los vecinos. La falta de información es punible por ley.
o    Uno puede orar y leer la Biblia en casa, pero no en presencia de una persona no creyente. Estarás violando la ley y serás castigado.
o    Si la iglesia ha comprado propiedades, no puede convertirse en un lugar de culto.
o    En los edificios de la iglesia, no está permitido invitar a las personas a recurrir a Dios. Los servicios de adoración están permitidos, pero hacer que un no creyente sea un seguidor de Cristo es ilegal.
Lo que es más, los críticos ahora están declarando las leyes de Yarovaya, también conocidas como "Gran Hermano", como un signo de los últimos tiempos :
Si estas enmiendas entran en vigencia, las penas de prisión por ciertos crímenes "extremistas" no violentos serán potencialmente el doble que, por ejemplo, los asesinatos cometidos en plena pasión, que conlleva una pena máxima de tres años.
A pesar de recibir un apoyo casi unánime en el parlamento, las leyes de Yarovaya han provocado una avalancha de comentarios apocalípticos. Muchos se preguntan por qué las leyes penales de Rusia, que ya son excesivamente duras, se estánendureciendo.
Sin embargo, la única crítica oficial a la legislación proviene del Consejo Presidencial de Derechos Humanos, que ha resaltado las formas en que las enmiendas propuestas contradicen directamente la Constitución y las leyes existentes. Esta crítica ha sido ignorada casi por completo.
La Duma ya aprobó una serie de leyes que han endurecido la ley rusa en nombre de la lucha contra el terrorismo y el extremismo. Criminalizó los "llamamientos públicos a la violación de la integridad territorial" y la "rehabilitación del nazismo", una afrenta directa a la libertad de expresión. En 2013, aprobó una ley que permitía al estado confiscar bienes de personas afiliadas a terroristas, incluidos sus familiares.
El gobierno ha usado durante mucho tiempo la "lucha contra el terrorismo y el extremismo" para justificar las leyes represivas, sin importar cuán obviamente sean insensatas. Como resultado, el marco legal de Rusia ahora se puede utilizar efectivamente para atacar no solo las amenazas extremistas creíbles, sino también los opositores políticos del estado. Un gran grupo de destacados abogados rusos denunció este problema en una carta abierta en 2013, diciendo que "el trabajo legislativo del parlamento ha adquirido un carácter claramente prohibitivo y represivo".
En respuesta, Haukka suplica a los creyentes de todo el mundo que se unan a las iglesias rusas en oración y ayuno.
"Rusia se está cerrando de una manera horrible. La nueva ley está en conflicto total con el propósito y la tarea encomendada a la iglesia por el Señor. La ley devolverá a la iglesia a la persecución comunista de la era soviética", dice. 



lunes, 16 de septiembre de 2019

Padre Royo Marin. El castigo del culpable



Señores: La medicina moderna ha hecho progresos admirables. Pero con todos los adelantos modernos, ¡cuánto cuesta y con qué lentitud se logra la curación de un leproso! El bacilo de Hansen es dificilísimo de vencer, aún hoy, con todos los progresos y adelantos de la medicina. Pero a Cristo le bastó hace veinte siglos una sola palabra: ―Quiero, y al momento desapareció la lepra.
Otro día le seguía una inmensa multitud. Cinco mil hombres, sin contar las mujeres ni los niños. Y Jesús les dice a sus apóstoles: ―Dadles de comer.
 Pero ellos le respondieron: ―No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces. Él les dijo: ―Traédmelos acá. Y alzando sus ojos al cielo, bendijo y partió los panes y se los dio a sus discípulos, y estos, a la muchedumbre.
Y comieron todos y se saciaron y recogieron de los fragmentos sobrantes doce cestos llenos (Mt 14, 14-21). ¿Qué os parece?
Otro día dormía Jesús tranquilamente en la barca de sus discípulos. De pronto se levanta un fuerte viento, y la débil barquichuela, bajo los embates de las olas, amenaza zozobrar. Sus discípulos le despiertan atemorizados: ― ¡Señor, sálvanos, que perecemos! Y Jesús se puso sencillamente de pie y mandó al viento y dijo al mar: ―Calla, enmudece. Y al instante se aquietó el viento y se hizo completa calma. Y sus discípulos se preguntaron asustados: ― ¿Quién será éste que hasta el viento y el mar le obedecen? (Mc 4, 34-41).
Otro día Jesucristo caminó majestuosamente sobre las olas del mar como sobre una alfombra azul festoneadas de espumas (Mt 14, 25).
Otro día...
¿Para qué seguir? Aquel hombre jugaba con el mar, con los vientos y tempestades, con las enfermedades de los hombres y con las fuerzas de la Naturaleza como Dueño y Señor de todo.
Pero hay todavía, señores, una prueba más impresionante de la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo.
Señores: en medicina legal no se admite más que una prueba definitiva de muerte real: la putrefacción. Mientras el cadáver no comience a descomponerse, no podemos tener una seguridad científica y absoluta de que está realmente muerto. Pero cuando empieza a descomponerse, cuando comienza la putrefacción, la muerte real es ciertísima, científicamente segura.
Recordemos ahora la impresionante escena evangélica. Lázaro de Betania, el amigo de Cristo, cae gravemente enfermo. Y sus hermanas Marta y María envían un recado al Maestro, diciéndole: ―Señor, el que amas está enfermo. Jesucristo no acude enseguida; deja pasar dos días después de recibido el aviso. Cuando llegó a Betania, Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. Y cuando Marta le dice llorando a Jesús: ―Señor: si hubieras estado aquí, mi hermano no hubiera muerto, Jesús le dice: ―Yo soy la resurrección y la vida... El que cree en Mí, aunque hubiese muerto, vivirá. Se dirige al sepulcro, seguido de una gran muchedumbre. Y ordena: ―Quitad la piedra. Y al instante perciben todos el hedor pestilencial del cadáver putrefacto en descomposición. Y Jesucristo, alzando sus ojos al cielo, pronuncia estas palabras: ―Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo sé que siempre me escuchas, pero por la muchedumbre que me rodea, lo digo: para que crean que Tú me has enviado”. Y diciendo esto, gritó con fuerte voz: ―¡Lázaro, sal fuera! Y al instante, como un siervo obediente cuando su amo le da una orden, el cadáver putrefacto de Lázaro se presentó delante de todos lleno de salud y de vida.
Señores: el milagro, por definición, trasciende las fuerzas de toda naturaleza creada y creable. Solamente Dios, Autor de la Naturaleza, o alguien en nombre de Dios, puede suspender sus leyes inmutables. Ahora bien: Jesucristo hacía los milagros en nombre propio, no en nombre de Dios. Cuando invoca a Dios le llama Padre, y le invoca no para pedirle el poder de hacer milagros, sino únicamente para que los que le rodean crean que ha sido enviado por Él.
Jesucristo tuvo la osadía de decir que era el Hijo de Dios, pero lo demostró de una manera aplastante y definitiva. El mismo Dios se encargó de confirmarlo desde el cielo, cuando en el momento del bautismo de Jesús se abrieron los cielos y se oyó la voz augusta del Eterno Padre, que exclamaba: ―Este es mi Hijo muy amado, en el que tengo puestas mis complacencias‖. (Mt 3, 16-17).
Pues bien: ese que es el Hijo de Dios, ese que ha venido del cielo y sabe perfectamente lo que hay en el otro mundo, ése nos dice veinticinco veces en el Evangelio que existe el infierno y que es eterno, que no terminará jamás. ―Que venga alguien del otro mundo a decirlo. ¡Ya ha venido! Y nada menos que el que dijo y demostró que era el Hijo de Dios. ¿Comprendéis ahora la increíble insensatez de la carcajada volteriana negando la existencia del infierno? Las cosas de Dios son como Dios ha querido que sean, no como se les antojen a los incrédulos.
¡Pobres incrédulos! ¡Qué pena me dan! No todos son igualmente culpables. Distingo muy bien dos clases de incrédulos completamente distintos. Hay almas atormentadas que les parece que han perdido la fe. No la sienten, no la saborean como antes. Les parece que la han perdido totalmente. Esta misma tarde he recibido una carta anónima: no la firma nadie. A través de sus palabras se transparenta, sin embargo, una persona de cultura más que mediana. Escribe admirablemente bien. Y después de decirme que está oyendo mis conferencias por Radio Nacional de España, me cuenta su caso. Me dice que ha perdido casi por completo la fe, aunque la desea con toda su alma, pues con ella se sentía feliz, y ahora siente en su espíritu un vacío espantoso. Y me ruega que si conozco algún medio práctico y eficaz para volver a la fe perdida que se lo diga a gritos, que le muestre esa meta de paz y de felicidad ansiada.
¡Pobre amigo mío! Voy a abrir un paréntesis en mi conferencia para enviarte unas palabras de consuelo. Te diré con Cristo: ―No andas lejos del Reino de Dios. Desde el momento en que buscas la fe, es que ya la tienes. Lo dice hermosamente San Agustín: ―No buscarías a Dios si no lo tuvieras ya. Desde el momento en que deseas con toda tu alma la fe, es que ya la tienes. Dios, en sus designios inescrutables, ha querido someterte a una prueba. Te ha retirado el sentimiento de la fe, para ver cómo reaccionas en la oscuridad. Si a pesar de todas las tinieblas te mantienes fiel, llegará un día –no sé si tarde o temprano, son juicios de Dios– en que te devolverá el sentimiento de la fe con una fuerza e intensidad incomparablemente superior a la de antes. ¿Qué tienes que hacer mientras tanto? Humillarte delante de Dios. Humíllate un poquito, que es la condición indispensable para recibir los dones de Dios. El gozo, el disfrute, el saboreo de la fe, suele ser el premio de la humildad. Dios no resiste jamás a las lágrimas humildes. Si te pones de rodillas ante Él y le dices: ―Señor: Yo tengo fe, pero quisiera tener más. Ayuda Tú mi poca fe. Si caes de ropillas y le pides a Dios que te dé el sentimiento íntimo de la fe, te la dará infaliblemente, no lo dudes; y mientras tanto, pobre hermano mío, vive tranquilo, porque no solamente no andas lejos del Reino de Dios, sino que, en realidad, estás ya dentro de él.
¡Ah! Pero tu caso es completamente distinto del de los verdaderos incrédulos. Tú no eres incrédulo, aunque de momento te falte el sentimiento dulce y sabroso de la fe. Los verdaderos incrédulos son los que, sin fundamento ninguno, sin argumento alguno que les impida creer, lanzan una insensata carcajada y desprecian olímpicamente las verdades de la fe.



sábado, 14 de septiembre de 2019

EL APOCALIPSIS DE SAN JUAN. COMENTADO POR EL P. CASTELLANI



B. Esmyrna (2, 8-11)

Y al Ángel en la Iglesia de Esmyrna escríbele:

La edad de las Persecuciones, desde Nerón a Diocleciano. Smyrna en griego significa mirra ; substancia usada en la antigüedad para restaño o restaurativo en las heridas y para preservar de la corrupción; substancia amarga, símbolo en la Escritura de dolores corporales y de embalsamamiento; los tres Reyes ofrecieron al Niño Dios oro, incienso y mirra, como a Rey, Dios y Hombre, dicen los Santos Intérpretes.

He aquí lo que dice el Primero y el Último El que fue muerto y revivió.

Repetición de uno de los títulos de Cristo de la Visión Preparatoria, con la añadidura de otro atinente a esta Iglesia: la alusión a la Muerte y al triunfo sobre la Muerte.
Conozco tu tribulación y tu miseria
Pero tú eres rica...
La persecución atroz sobrellevada por Cristo es la riqueza de la Iglesia desde el siglo II al V

Y [conozco] la blasfemia De los que se autodicen judíos Y no lo son Mas son la Sinagoga de Satán.
Las persecuciones fueron de carácter satánico: su crueldad superhumana, la iniquidad con que caían sobre los mejores ciudadanos y hombres más de bien del Imperio, su objetivo de hacer renegar la fe … Las calumnias de los judíos contra los cristianos (Popea, concubina de Nerón, fautora de la primera persecución) fueron el fómite de las persecuciones, como es sabido. Sin Popea, el bestia de Nerón no se hubiese enterado ni de la existencia de los cristianos: las cosas religiosas lo tenían sin cuidado. Las calumnias de los judíos eran realmente blasfemas: que Jesús fue el hijo adulterino de un soldado romano, que los cristianos comían en sus agapees el cadáver de un niño asesinado para la ocasión (la Eucaristía), que adoraban a una cabeza de burro, [4] etcétera. El profeta dice que no son judíos, es decir, no pertenecen ya al "Israel de Dios", que ahora es la Iglesia. Ellos de vicio se siguen autodenominando israelitas.

Mira, no temas Lo que habrás de sufrir: He aquí que arrojará el diablo [A muchos] de vosotros En prisión para que sufráis.

Se reitera el carácter diabólico de la persecución. El ser arrojados en prisión no excluye la muerte – que por lo demás es mencionada de inmediato – sobre todo con el verbo ballein: la prisión era el preludio de la ejecución. Los romanos no tenían "cárcel perpetua" como nosotros – invento muy malo de la benignidad de nuestros tiempos – a no ser las llamadas minas , que eran en realidad casi una condena a muerte … o peor.
De las prisiones se salía brevemente por la absolución o por la pena capital, con enorme frecuencia.
Y tendréis tribulación
De diez días.
"Son las Diez Persecuciones", exclamó en el siglo VIII uno de los más grandes comentadores del Apokalypsis, el monje benedictino español San Beatus de Liébana. Y con mucha razón. Una tribulación de diez días literales sería ridículamente corta, y en realidad no podría llamarse así; tanto más cuanto la palabra griega thlipsis no significa nunca los comunes tríbulos o abrojos del camino, sino una gran apretura, opresión, vejación o tiranía. La interpretación literal exclusiva , como nota Billot, es aquí imposible; aunque nada impide que haya podido acaecer una angustia de 10 días en la comunidad cristiana de Esmyrna, que Juan haya tomado como typo de la Persecución Universal, que duró casi cuatro siglos.
Diez Días en lugar de Cuatro Siglos: quizás manera consolatoria – aunque a osadas bastante andaluza – de insinuar que "el tiempo es corto y al fin todo pasa".
Hazte fiel hasta la muerte
Y te daré la corona de la vida.

Mención final de la muerte que completa la descripción atenuada de la terrible satánica – persecución. N o solamente hay que "ser" fiel, como traduce la Vulgata, sino que hay que hacerse de nuevo fiel – el verbo griego guinoü dice nacerse o engendrarse fiel, es decir, cambiarse y no solamente mantenerse como antes –. Por este tiempo, San Policarpo, Obispo de Esmyrna, sufrió el martirio por haberse negado a proferir la fórmula idolátrica: "El César es el Señor [absoluto]". Los judíos impulsaron al pueblo a pedir su muerte, calumniándolo de "antipatriota"; o sea "nazi", como diríamos hoy.
"La corona de la vida" puede contener una asociación con la decantada "corona de Esmyrna", frase halagüeña para el patriotismo local que los esmirniotas oían continuamente en los discursos: guirnalda de magníficas construcciones que coronaban la altura sobre que está la ciudad, una de las más seductoras del mundo, "flor del Asia, primera por su hermosura", como la llama el rétor Elios Arístides.

El que tenga oídos que oiga Lo que el Espíritu - dice a las iglesias. El victorioso no será alcanzado Por la muerte, la Segunda.

La Segunda Muerte es el Infierno, la muerte definitiva; supuesto que por la primera, "nuestra hermana la muerte corporal", serán muchos alcanzados antes de tiempo, como ha anunciado el Profeta. Esta expresión de la Muerte Segunda repercute, como hemos notado, en el capítulo del Triunfo Final (XX, Visión del Reino Milenario), donde es contrapuesta a la Primera Resurrección.

C. Pérgamo (2, 12-17)

Y al Ángel en la Iglesia de Pérgamo escríbele:

Pérgamo (libros), la Iglesia de los Doctores y de las Herejías, hasta Carlomagno. Es la ciudad que, si no inventó el "pergamino", por lo menos se hizo el emporio de su fabricación e industria, dándole su nombre. Era el baluarte del paganismo, una de sus fortalezas ("el trono de Satán") habiendo sido la primera donde se levantó un templo al Divino Augusto (la Primera Bestia), primer santuario de la adoración sacrílega del hombre por el hombre, que será la herejía del Anticristo. El sacerdote de Zeus Soter (Júpiter Salvador) era al mismo tiempo sacerdote del Emperador Deificado; y junto a ese culto imperial obligatorio hacían buenas migas Athenea Nikéfora, Dionysos Kathéguemon y el Dios-Serpiente, Asklepios, o sea Esculapio, dios de la Medicina; a cuyo santuario concurrían peregrinaciones y se producían curaciones reputadas milagrosas. La fuerza del Paganismo era su cultura… y su violencia; y Pérgamo simbolizaba la cultura con sus pergamineros y sus copistas; y según parece en ella comenzaron los martirios: "el mártir Antipas, mi testigo, mi fiel, que fue muerto entre vosotros, allí donde Satán mora".
En el Anticristo habrá dos cosas, un sacrilegio y una herejía (Segunda Bestia). Se hará adorar como Dios, lo cual es un sacrilegio; y por cierto el máximo; y para ello se servirá como de instrumento de un culto religioso derivado espuriamente del mismo Cristianismo: es decir, de una herejía cristiana, que pareciera ha nacido ya en el mundo.(EL MODERNISMO EN LA IGLESIA ACTUAL) Léase por ejemplo el libro póstumo de Kirkegord [5] llamado El Instante (oAttack Upon Christendom , en su traducción inglesa de Walter Lowrie) donde el autor desenmascara la corrupción suprema del Cristianismo … "sobre todo en el Protestantismo y principalmente en Dinamarca", según la restricción que él no cesa de repetir. Pues bien, el estado de cosas religioso durante las persecuciones era similar o análogo, es decir, el typo: el culto sacrílego del déspota coronado estaba apoyado y conveído por todos los cultos supersticiosos de la mitología, empezando por el de Zeus; de modo que el Emperador y Zeus hacían una sola cosa divina, que no era otra que el Imperio divinizado: especie de Trinidad monstruosa. Y así el poder político deificado y encarnado en un plebeyo genial y apoyado por un sacerdocio, será la abominación de la desolación y el reinado del Anticristo.


viernes, 13 de septiembre de 2019

Padre Royo Marin. El castigo del culpable


Presentación y Exposición:
Querido lector, el siguiente texto íntegro es de una serie de Conferencias Cuaresmales pronunciadas por el autor ―Antonio Royo Marín, O.P. en la Real Basílica de Atocha, de Madrid, que fueron retransmitidas a toda España por Radio Nacional en conexión con varias emisoras de provincias. Este teólogo dominico, Habla sobre las postrimerías. Es un autor muy reconocido y habla del infierno en la 5ta conferencia.
La resonancia verdaderamente nacional que alcanzaron aquellas conferencias, nos ha impulsado a ofrecerlas en su texto taquigráfico, a fin de conservar en lo posible la espontaneidad y el ritmo oratorio con que fueron pronunciadas. Son varios puntos los que menciona el autor, en su libro ―Misterio del más allá- pero nos vamos a focalizar en el tema del castigo del culpable.
No podemos rehuir estos temas trascendentales que nos salen ahora al paso. Se trata de dos dogmas importantísimos de nuestra fe: la existencia del cielo y del infierno, el destino eterno de las almas inmortales. Prefiero dejar para mañana, último día de estas conferencias, la descripción del panorama deslumbrador del cielo. Será una conferencia llena de luz, de alegría, de colorido, que expansionará nuestro corazón. Pero esta tarde, señores, no tenemos más remedio que enfrentarnos con el tema tremendo, terriblemente trágico, del destino eterno de los réprobos.
Es un tema muy incómodo y desagradable, lo sé muy bien. Me gustaría y os gustaría muchísimo más que os hablara, por ejemplo, de la infinita misericordia de Dios para con el pecador arrepentido. Se ha dicho que la sensibilidad y el clima intelectual moderno no resiste el tema del infierno, tan incómodo y molesto; que es preferible hablar de la caridad, de la justicia social, del amor y compenetración de los unos con los otros, y otros temas semejantes.
Son temas maravillosos, ciertamente; son temas cristianísimos. Pero la Iglesia Católica no puede renunciar, de ninguna manera, a ninguno de sus dogmas. Yo respeto la opinión de los que dicen que en estos tiempos no se resisten estos temas tan duros; pero tratándose de unas conferencias cuaresmales sobre el misterio del más allá, yo no puedo cometer el grave pecado de omisión de soslayar el dogma del infierno, que forma parte del depósito sagrado de la divina revelación.
Señores: La Iglesia Católica viene manteniendo íntegramente, durante veinte siglos, el dogma terrible del infierno. La Iglesia no puede suprimir un solo dogma, como tampoco puede crear otros nuevos.
Cuando el Papa define una verdad como dogma de fe (v. gr., la Asunción corporal de María) no crea un nuevo dogma. Simplemente, se limita a garantizarnos, con su autoridad infalible, que esa verdad ha sido revelada por Dios.
El Papa no crea, no inventa nuevos dogmas; simplemente declara, con su autoridad infalible –que no puede sufrir el más pequeño error, porque está regida y gobernada por el Espíritu Santo–, que aquella verdad que define está contenida en el depósito de la revelación, ya sea en la Sagrada Escritura, ya en la verdadera y auténtica tradición cristiana. Se trata de una verdad revelada por Dios, no de una opinión teológica inventada o patrocinada por la Iglesia. La Iglesia no altera, no cambia, no modifica, poco ni mucho, el depósito de la divina revelación que recibió directamente de Jesucristo y de los Apóstoles.
El dogma católico permanece siempre intacto e inalterable a través de los siglos. Si la Iglesia alterara, reformara o modificara sustancialmente alguno de sus dogmas, os digo con toda sinceridad que yo dejaría de ser católico; porque ésa sería la prueba más clara y más evidente de que no era la verdadera Iglesia de Jesucristo.
Este es, precisamente, el argumento más claro y convincente de que las Iglesias cristianas separadas de Roma (protestantes y cismáticos) no son las auténticas Iglesias de Jesucristo. Porque están cambiando y reformando continuamente sus dogmas. Ya creen esto, ya aquello; ya aceptan lo que antes rechazaron, ya rechazan lo que antes aceptaron, sin más norte ni guía que el capricho del libre examen. Y así, se da el caso pintoresco, señores, de que ciertas sectas protestantes que se separaron de la Iglesia Católica principalmente por no admitir la doctrina del purgatorio ahora proclaman que el infierno no es eterno, sino temporal. Con lo cual –como ya les echaba en cara, con fina ironía, José de Maistre–, después de haberse rebelado contra la Iglesia por no admitir el purgatorio, vuelven a rebelarse ahora por no admitir más que el purgatorio. Es que el error, señores, conduce, lógicamente, a los mayores disparates.
La Iglesia Católica, en cambio, ha mantenido intacto, durante los veinte siglos de su existencia, el depósito sagrado de su divina revelación; porque sabe perfectamente que Jesucristo le confió ese tesoro para que lo custodie, vigile, defienda y lo mantenga intacto, sin alterarlo en lo más mínimo.
El dogma católico es siempre el mismo, señores, el dogma católico no cambia ni cambiará jamás. Y precisamente por eso, en el siglo veinte, lo mismo que en el siglo primero, la existencia del infierno es un dogma de fe y lo continuará siendo hasta el fin del mundo.
Os voy a hablar del infierno con serenidad, con altura científica, como debe hacerse hoy.
Por de pronto, os advierto que rechazo, en absoluto, las descripciones dantescas. ―La Divina Comedia, de Dante, es maravillosa desde el punto de vista poético o literario, pero tiene grandes disparates teológicos. Aquellas descripciones de los tormentos del infierno son pura fantasía, pura imaginación. El dogma católico no nos dice nada de eso. Rechazo, en absoluto, las descripciones dantescas. Voy a limitarme a exponeros lo que dice el dogma católico en torno a la existencia y naturaleza del castigo de los réprobos.
En primer lugar, os voy a hablar de la existencia del infierno.
Lo hemos oído muchísimas veces: si un personaje histórico conocido del mundo entero (v. gr. Napoleón Bonaparte) viniese del otro mundo y, compareciendo visiblemente ante nosotros, nos dijera: ―Yo he visto el infierno y en él hay esto y lo otro y lo de más allá, causaría en el mundo una impresión tan enorme y definitiva, que nadie se atrevería ya a dudar de la existencia de aquel terrible lugar. ¿Por qué no lo envía Dios, para bien de toda la humanidad?
Señores: los que piden o desean esa prueba no han reflexionado bien; no han caído en la cuenta de que ese hecho que reclaman se ha producido ya, y en unas condiciones de autenticidad que jamás hubiera podido soñar la crítica más severa y exigente.
No voy a invocar el testimonio de alguna revelación privada hecha por Dios a alguna monjita de clausura. Ni siquiera voy a alegar el testimonio de Santa Catalina de Sena o el de Santa Teresa de Jesús, a quienes Nuestro Señor mostró el infierno y lo describieron después en sus libros de manera impresionante. Ni voy a citar, en pleno siglo XX, a los pastorcitos de Fátima, que vieron también, por sus propios ojos, el fuego del infierno. Personalmente yo estoy convencido de la verdad de esas visiones y revelaciones privadas que acabo de citar. Pero nuestra fe católica, señores, no se apoya en estos testimonios de personas particulares, aunque se trate de grandes Santos canonizados por la Iglesia. Nuestra fe se apoya, directamente, en un testimonio mucho más fuerte, mucho más inconmovible. Voy a deciros cuál es el gran testigo de la existencia y de la naturaleza del infierno. Os voy decir quién es.
Trasladémonos con la imaginación a Jerusalén, en la noche del primer jueves Santo que conoció la humanidad. Ante el jefe de la Sinagoga, reunida en Sanedrín con los principales escribas y fariseos de Israel, acababa de comparecer un preso maniatado: es Jesús de Nazaret. Y el jefe de la Sinagoga, o sea el representante legítimo de Dios en la tierra, el entonces jefe de la verdadera Iglesia de Dios –porque ya sabéis, señores, que el cristianismo enlaza legítimamente con la religión de Israel, de la que es su plenitud y coronamiento: no hay más que una sola Biblia, con su Antiguo y Nuevo Testamento–, el representante auténtico de Dios en la tierra se pone majestuosamente de pie, y, encarándose con aquel preso que tiene delante, le dice solemnemente: ―Por el Dios vivo te conjuro que nos digas claramente, de una vez, si Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios. Y aquel preso maniatado, levantando con serenidad su rostro, le contesta: ―Tú lo has dicho, Yo lo soy. Y os digo que un día veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo (Mt 26, 63-64).
Señores: nadie hasta entonces, en toda la historia de la humanidad, se había atrevido jamás a decir: ―Yo soy el Hijo de Dios, y nadie se ha atrevido a repetirlo de entonces acá. Esa tremenda afirmación, solamente Jesús de Nazaret ha tenido el inaudito atrevimiento de hacerla. Pero ese Jesús, que ha tenido la infinita osadía de decirlo, ha tenido también la infinita audacia de demostrarlo. Una serie de pruebas aplastantes, absolutamente infalsificables, han puesto la rúbrica divina a esa tremenda afirmación: ―Yo soy el Hijo de Dios. ¿Queréis que recordemos unas cuantas?
Un día se acercaba Jesús, acompañado de un gran gentío, a un pueblo llamado Jericó. Y a la entrada del pueblo, en lugar y sitio estratégico de paso, la escena que estamos contemplando todos los días: un ciego pidiendo limosna. El pobrecillo no veía absolutamente nada, pero oyó el murmullo de la muchedumbre que se acercaba, y preguntó: ― ¿Qué pasa? ―Es Jesús de Nazaret que se acerca‖, le contestaron. Y al instante, el pobre ciego comenzó a gritar: ― ¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí! Y alargando las manos, que son los ojos del ciego, buscaba con ellas a Jesús. Le llevan ante Él, y le pregunta Jesús con dulzura: ― ¿Qué quieres? ¡Pobrecito, qué iba a querer! ―Señor, que vea. Y Jesús pronuncia una sola palabra: ―Quiero. Y al instante se abren los ojos del ciego y comienza a ver claramente (Lc 18, 35-43).
Oculista que me escuchas: tú sabes muy bien lo que significa atrofia del nervio óptico, corteza cervical, ceguera de nacimiento... No tiene remedio, ¿verdad? Pues lo tuvo con una sola palabra de Jesucristo. ¿Qué te parece la prueba?
Otro día se le presenta un hombre cubierto de lepra, con su carne podrida que se le caía a pedazos; y aquella piltrafa humana cae de rodillas ante Jesús y le dice con lágrimas en los ojos: ―Señor, si quieres, puedes limpiarme. Y extendiendo Él su mano, le toca diciendo: ―Quiero, sé limpio. Y en el acto la carne podrida del leproso se vuelve fresca y sonrosada como la de un niño que acaba de nacer (Lc 5, 12-13).

miércoles, 11 de septiembre de 2019

LA CONSAGRACIÓN DE MEXICO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESUCRISTO Y SU PROCLAMACIÓN DE LA REALEZA DE CRISTO




COMENTARIOS DEL ARZOBISPO D. FRANCISCO OROZCO Y JIMÉNEZ A LACARTA PAPAL continuación.

A profesar la Fe y a practicar la caridad, con ocasión de nuestros cultos al Sacratísimo Corazón de Jesús, nos moverá la altísima significación de los misterios que la Santa Iglesia propone en la fecha providencialmente fijada para la solemne Consagración: la Epifanía de Nuestro Señor Jesucristo.
En ese día se presenta Nuestro Salvador al universo mundo como revestido de la autoridad real de Monarca Supremo y recibiendo las más puntuales adoraciones; la gentilidad representada en tres grandes personajes, viene a los pies de Jesucristo; acuden las ciencias y las artes, y las magnificencias humanas a rendir a Cristo un amplio vasallaje.”
“Además: en la Epifanía se celebra el Bautismo de Jesús, con toda la humildad y la Fe de aquel memorable hecho en que el Divino Nazareno estableció el sacramento de regeneración, por el cual, al recibirlo, nos hacemos hijos de Dios y herederos del Reino de los Cielos”.
“Finalmente, se conmemora en la Epifanía la realización de aquellas célebres bodas, santificadas con la presencia de Jesús y de María, y en que el matrimonio vino a ser una de las fuentes de la Gracia, y el origen santificado de la sociedad doméstica”.
“Ahora bien; tan completo y máximo testimonio de obsequio y de piedad (la Consagración que se hace) conviene de un modo especial a Jesucristo por ser Príncipe y Sumo Señor de todas las cosas…. Y la universalidad del género humano está bajo la potestad de Jesucristo; puesto que quien es unigénito del Padre y consustancial a Él, esplendor de Su Gloria y figura de Su substancia, es necesario que tenga comunes todas las cosas con el Padre y consiguientemente el sumo imperio de todas ellas. Cristo ejerce el sumo poder, no solo con derecho nativo, sino también con derecho adquirido. Él nos libró del poder de las tinieblas y también se entregó a redención a sí mismo por todos. Todo cuanto dio lo dio por adquirirlo todo.”
“Esta potestad Cristo la ejerce sobre los hombres todos por medio de la Verdad, de la Justicia, y principalmente de la Caridad.”
“Para el fundamento de tal potestad y dominio, benignamente permite que nosotros añadamos una devoción voluntaria. Ciertamente Jesucristo, Dios y Redentor a la vez, es rico en la posesión perfecta y cumplida de todas las cosas; mientras que nosotros somos tan pobres e indigentes, que nada poseemos que sea bastante para remunerarlo.”
“Pero no obstante, llevado de su bondad y caridad suma, Jesucristo no rechaza que le ofrezcamos lo que es suyo, y que se lo demos y consagremos como si se tratara de cosa nuestra; y no solamente no la rechaza, sino que la pide repetidamente: Hijo
mío, dame tu corazón.Así, pues, podemos todos ciertamente podemos gratificarle con el mejor ánimo y buena voluntad; puesto que consagrándonos al Mismo, no solamente reconocemos y acatamos su poderío de un modo grato y manifiesto, sino que a la par atestiguamos con ello que, si en realidad de verdad fuese nuestro lo que ofrecemos, lo daríamos con la misma excelente voluntad, y le pedimos a la vez que no se ofenda al admitir de nosotros lo que es completamente suyo.”
“Y puesto que en el Sagrado Corazón se encierra el símbolo y la expresión de la infinita caridad de Cristo, que nos incita a amarnos mutuamente, es justo consagrarse a Su Corazón Augusto, lo que no es otra cosa más que, entregarse y obligarse con Jesucristo, ya que todo honor, obsequio o devoción piadosa que se ofrece al Corazón Divino, se ofrece propia y verdaderamente al mismo Cristo.”
“Consagrémonos, por tanto, social y privadamente, al Sagrado Corazón de Jesús”
“Conságresele el Sacerdocio, participante de la potestad del mismo Dios, al administrar los sagrados misterios, y propagar en las sociedades y en las conciencias el Reinado de Cristo. En la renovación del sacrificio incruento, en el rezo del Oficio Divino, en la adoración del Sacramento de Amor; al predicar, al exhortar y dirigir oportuna e importunamente, arguyendo, suplicando con toda paciencia y doctrina, el Sacerdote vivirá con la vida de Cristo, y del Corazón Divino le vendrá la abundancia de gracia que necesita para el ejercicio de las altísimas funciones que desempeña.”
“Conságrese al Sagrado Corazón de Jesús la sociedad civil en sus diversos elementos, ahora que gobernantes y gobernados niegan, por apostasía pública, al Cristo, proclaman _a imitación del pueblo deicida_ que no quieren que Aquel reine sobre ellos.”
“Ocurra la sociedad en masa a los espléndidos cultos que rodearán esta solemne Consagración; ya acercándose al banquete eucarístico, ya visitando al Prisionero de los tabernáculos o manifiesto a la adoración pública; y que esa Consagración pase, por abundantes corrientes de gracia, del templo al hogar, y que en éste haya júbilo santo y mayor expansión de piedad, y de alegría; el Sacratísimo Corazón será el Dueño de la casa y en Él hallarán refrigerio todos los miembros de la familia, grandes y pequeños. Los gozos y las lágrimas convergerán, por decirlo así, al Corazón de Jesús, fervorosa y constantemente”.
“Las almas entregadas a Dios, ya por promesa solemnes o por aceptadas y ordenadas prácticas de piedad y de beneficencia, en innumerables confraternidades, de todas las condiciones, edades y sexos, conságrense al Divino Corazón de un modo espontáneo y singular. En la soledad del templo, en las fatigas cotidianas del hogar, en el ejercicio de las obras de misericordia, en la enseñanza de la Doctrina Cristiana y tantas otras obras, habrá ocasión de ofrecerse al Sagrado Corazón para alabarlo y desagraviarlo.”
“Las escuelas católicas, los Hospitales, los Asilos, los Orfanatorios, las Casas Religiosas, conságrense también al Corazón de Cristo. La prensa católica cumpla su noble misión de prestar al Corazón Deífico sus homenajes llevando a todas partes la buena semilla de la lectura sana, y a la vez, siempre amena y oportuna.”
“Hágase que la porción escogida y grata al Corazón Divino _la niñez inocente_ beba allí, en aquel manantial, las aguas purísimas de la Gracia; y renovando las promesas del Bautismo o asistiendo a prácticas exclusivas de misión, y sobre todo, comulgando, forme una gloriosa Corte del Rey de los Cielos y tierra.”
“Que el Corazón de Jesús extienda su dominio a los hogares atribulados por las enfermedades, o por la ausencia o por la muerte de sus seres queridos, y que conforte con su presencia real los corazones agobiados por el dolor. Que las miradas divinas lleven la regeneración a los encarcelados; y los inválidos y los pobres alégrense al sentir los carismas del Corazón de Dios.”
“¡Consagrémonos todos al Corazón de Jesús! Propaguemos y defendamos Su Realeza, de la cual dimana toda autoridad, para que cese la lucha fratricida, y viviendo todos como hermanos, luzcan días serenos para México; y así, ligados con vínculos de caridad, seamos dignos participantes, un día, con Cristo, de la gloria de la Iglesia Triunfante”.
“Para darle forma al hermoso pensamiento de que Nos hemos venido ocupando, los Párrocos y Rectores encargados de los templos de esta Arquidiócesis, preparen, acomodándose a las circunstancias de lugar y personas, los cultos que deban celebrarse el repetido día seis de enero próximo, a fin de que la Coronación y Consagración de que se trata, revista la mayor solemnidad posible.”
“Pero con el objeto de que, en lo general, haya la uniformidad que es de desearse, disponemos:
“I.- Que en toda la Arquidiócesis haya un Triduo en honor del Sacratísimo Corazón de Jesús, que deberá comenzar el día cuatro del repetido enero, con exposición del Sacratísimo Sacramento, todo el día, en donde fuere posible, o por lo menos en la Misa y en el ejercicio vespertino; para cuya exposición concedemos nuestra licencia.”
“II.- El día seis, designado para la Consagración, se hará ésta, después de una Misa solemne, colocando la Corona y el Cetro a los pies de la imagen del Sagrado Corazón. En la Misa se predicará al pueblo la trascendencia del acto de la Consagración de nuestra Patria toda al Divino Corazón; cuya Consagración se hará usando la fórmula que anualmente se emplea en el mes de junio para el mismo objeto, y deberá tener lugar enseguida de la Coronación.”
“III.- Se procurará que hay el mayor número de comuniones de desagravio”
“IV.- Se dispondrá que haya algunas manifestaciones exteriores de regocijo, para que sea como una expresión pública de nuestro amor y veneración al Sacratísimo Corazón
“V.- Oportunamente se hará conocer a los fieles, de esta capital, el programa de las festividades que tendrán lugar en la Santa Iglesia Catedral, y los demás que se acordarán para celebrar el fastuoso acontecimiento”
“Esta Carta Pastoral será leída inter Missarum Solemnia el primer día festivo después de su recibo.”
“Recibid, venerables Hermanos y amados Hijos, la Bendición Pastoral que os enviamos en el nombre + del Padre, + del Hijo y + del Espíritu Santo.”
“Dada en Nuestro Palacio Arzobispal de Guadalajara, el día 18 de diciembre, fiesta de la Expectación del Parto de la Santísima Virgen María, de 1913.”

+Francisco, Arzobispo de Guadalajara.

Para que sirva como antecedente de la Consagración de México al Sagrado Corazón de Jesús; he creído conveniente transcribir la Carta Encíclica que S.S. León XIII, Papa reinante de la Iglesia Católica en 1899.