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domingo, 4 de junio de 2017

SANTO DIA DE PENTECOSTES




 
El gran día que consuma la obra divina en el género humano ha brillado por fin sobre el mundo. "El día de Pentecostés-como dice San Lucas-se ha cumplido" Desde Pascua hemos visto deslizarse siete semanas; he aquí el día que le sigue y hace el número misterioso de cincuenta. Este día es Domingo, consagrado al recuerdo de la creación de la luz y la Resurrección de Cristo; le va a ser impuesto su último carácter, y por él vamos a recibir "la plenitud de Dios".
 PENTECOSTÉS JUDÍA. - En el reino de las figuras, el Señor marcó ya la gloria del quincuagésimo día. Israel había tenido, bajo los auspicios del Cordero Pascual, su paso a través de las aguas del mar Rojo. Siete semanas se pasaron en ese desierto que debía conducir a la tierra de Promisión, y el día que sigue a las siete semanas fue aquel en que quedó sellada la alianza entre Dios y su pueblo. Pentecostés (día cincuenta) fue marcado por la promulgación de los diez mandamientos de la ley divina, y este gran recuerdo quedó en Israel con la conmemoración anual de tal acontecimiento. Pero así como la Pascua, también Pentecostés era profético: debía haber un segundo pentecostés para todos los pueblos, como hubo una segunda Pascua para el rescate del género humano. Para el Hijo de Dios, vencedor de la muerte, la Pascua con todos sus triunfos; y para el Espíritu Santo, Pentecostés, que le vio entrar como legislador en el mundo puesto en adelante bajo la ley.
 
de Promisión, y el día que sigue a las siete se-
manas fué aquel en que quedó sellad
a la alian
-
za entre Dios y su pueblo.
Pentecostés (día cin-
cuenta) fué marcado por la promulgacíón de
los diez mandamientos de la ley divina, y este
gran recuerdo quedó en Israel con la conmemo-
ración anual de tal acontecimiento. Pero así
como la Pascua, también Pentecostés era profé-
tico: debí
a
haber un segundo pentecostés para
todos los pueblos
, como hubo una segunda Pas
-
cua para el rescate del género humano.
Para el
Hijo de D
ios, vencedor de la muerte, la Pasc
ua
con todos sus triunfos; y para el Espíritu Santo,
Pentecostés
, que le vió entrar como legis
lador
en el mundo puesto en adelante bajo la ley.
PENTECOSTÉS CRISTIANA. - Pero ¡qué diferen-
cia entre las dos fiestas de Pentecostés! La pri
-
mera, sobre los riscos salvajes de Arabia, entre
truenos y relámpagos, intimando una ley grab
a
-
da en dos tablas de piedra; la segunda en
Je-
rusalén, sobre la cual no ha c
aído aún la maldi-
ción
, porque hasta ahora contiene las primici
as
del pueblo nuevo sobre el que debe ejercer su
imperio el Espíritu de amor
.
En este segundo
Pentecostés, el cielo no se ensombrece, no se
oyen los estampidos de los rayos; los corazones
de los hombres no están petrificados de espanto
como a la falda del Sinaí; sino que laten bajo la
impresión del arrepentimiento y acción de gra-
cias. Se ha apoderado de ellos un fuego divino
de Promisión, y el día que sigue a las siete se-
manas fué aquel en que quedó sellad
a la alian
-
za entre Dios y su pueblo.
Pentecostés (día cin-
cuenta) fué marcado por la promulgacíón de
los diez mandamientos de la ley divina, y este
gran recuerdo quedó en Israel con la conmemo-
ración anual de tal acontecimiento. Pero así
como la Pascua, también Pentecostés era profé-
tico: debí
a
haber un segundo pentecostés para
todos los pueblos
, como hubo una segunda Pas
-
cua para el rescate del género humano.
Para el
Hijo de D
ios, vencedor de la muerte, la Pasc
ua
con todos sus triunfos; y para el Espíritu Santo,
Pentecostés
, que le vió entrar como legis
lador
en el mundo puesto en adelante bajo la ley.
PENTECOSTÉS CRISTIANA. - Pero ¡qué diferen-
cia entre las dos fiestas de Pentecostés! La pri
-
mera, sobre los riscos salvajes de Arabia, entre
truenos y relámpagos, intimando una ley grab
a
-
da en dos tablas de piedra; la segunda en
Je-
rusalén, sobre la cual no ha c
aído aún la maldi-
ción
, porque hasta ahora contiene las primici
as
del pueblo nuevo sobre el que debe ejercer su
imperio el Espíritu de amor
.
En este segundo
Pentecostés, el cielo no se ensombrece, no se
oyen los estampidos de los rayos; los corazones
de los hombres no están petrificados de espanto
como a la falda del Sinaí; sino que laten bajo la
impresión del arrepentimiento y acción de gra-
cias. Se ha apoderado de ellos un fuego divino
PENTECOSTÉS CRISTIANA. - Pero ¡qué diferencia entre las dos fiestas de Pentecostés! La primera, sobre los riscos salvajes de Arabia, entre truenos y relámpagos, intimando una ley grabada en dos tablas de piedra; la segunda en Jerusalén, sobre la cual no ha caído aún la maldición, porque hasta ahora contiene las primicias del pueblo nuevo sobre el que debe ejercer su imperio el Espíritu de amor. En este segundo Pentecostés, el cielo no se ensombrece, no se oyen los estampidos de los rayos; los corazones de los hombres no están petrificados de espanto como a la falda del Sinaí; sino que laten bajo la impresión del arrepentimiento y acción de gracias. Se ha apoderado de ellos un fuego divino y este fuego abrasará la tierra entera... Jesús había dicho: "He venido a traer fuego a la tierra y “¡qué quiero sino que se encienda!" Ha llegado la hora, y el que en Dios es Amor, la llama eterna e increada, desciende del cielo para cumplir la intención misericordiosa del Emmanuel.
 
En este momento en que el recogimiento reina en el Cenáculo, Jerusalén está llena de peregrinos, llegados de todas las regiones de la gentilidad, y algo extraño agita a estos hombres hasta el fondo de su corazón. Son judíos venidos para la fiesta de Pascua y de Pentecostés, de todos los lugares donde Israel ha ido a establecer sus sinagogas. Asia, África, Roma incluso, suministran todo este contingente. Mezclados con los judíos de pura raza, se ve a paganos a, quienes cierto movimiento de piedad ha llevado a abrazar la ley de Moisés y sus prácticas; se les llama Prosélitos. Este pueblo móvil que ha de dispensarse dentro de pocos días, y a quienes ha traído a Jerusalén sólo el deseo de cumplir la ley, representa, por la diversidad de idiomas, la confusión de Babel; pero los que le componen están menos influenciados de orgullo y de prejuicios que los habitantes de Judea. Advenedizos de ayer, no han conocido ni rechazado como estos últimos al Mesías, ni han blasfemado de sus obras, que daban testimonio de él. Si han gritado ante Pilatos con los otros judíos para pedir que el Justo sea crucificado, fue porque fueron arrastrados por el ascendiente de los sacerdotes y magistrados de esta Jerusalén, hacia la cual les había conducido su piedad y docilidad a la ley.
 
EL SOPLO DEL ESPÍRITU SANTO. - Pero ha llegado la hora, la hora de Tercia, la hora predestinada por toda la eternidad, y el designio de las tres divinas personas, concebido y determinado antes de todos los tiempos, se declara y se cumple. Del mismo modo que el Padre envió a este mundo, a la hora de medianoche, para encarnarse en el seno de María a su propio Hijo, a quien engendra eternamente: así el Padre y el Hijo envían a esta hora de tercia sobre la tierra el Espíritu Santo que procede de los dos: para cumplir en ella, hasta el fin de los tiempos, la misión de formar a la Iglesia esposa y dominio de Cristo, de asistirla y mantenerla y de salvar y santificar las almas.
De repente se oye un viento violento que venía del cielo; rugió fuera y llenó el Cenáculo con su soplo poderoso. Fuera congrega alrededor del edificio que está puesto en la montaña de Sión una turba de habitantes de Jerusalén y extranjeros; dentro, lo conmueve todo, agita a los ciento veinte discípulos del Salvador y muestra que nada le puede resistir. Jesús había dicho de él: "Es un viento que sopla donde quiere y vosotros escucháis resonar su voz" poder invisible que conmueve hasta los abismos, en las profundidades del mar, y lanza las olas hasta las nubes. En adelante este viento recorrerá la tierra en todos los sentidos, y nada puede sustraerse a su dominio.
 
LAS LENGUAS DE FUEGO. - Sin embargo, la santa asamblea que estaba completamente absorta en el éxtasis de la espera, conservó la misma actitud. Pasiva al esfuerzo del divino enviado, se abandona a él. Pero el soplo no ha sido más que una preparación para los que están dentro del Cenáculo, y a la vez una llamada para los de fuera. De pronto una lluvia silenciosa se extiende por el interior del edificio, lluvia de fuego, dice la Santa Iglesia, "que arde sin quemar, que luce sin consumir"; unas llamas en forma de lenguas de fuego se colocan sobre la cabeza de cada uno de los ciento veinte discípulos. Es el Espíritu divino que toma posesión de la comunidad en cada uno de sus miembros. La Iglesia ya no está sólo en María; está también en los ciento veinte discípulos. Todos ahora son del Espíritu Santo que ha descendido sobre ellos; se ha comenzado su reino, se ha proclamado y se preparan nuevas conquistas.
Pero admiremos el símbolo con que se obra esta revolución. El que no ha mucho se mostró en el Jordán en la hermosa forma de una paloma aparece ahora en la de fuego. En la esencia divina él la dulzura y la ternura, sino que es ardiente como el fuego Ahora, pues, que el mundo está entregado al Espíritu Santo es necesario que arda, y este incendio no se apagará nunca. ¿Y. por qué la forma de lenguas, sino porque la palabra será el medio de propaganda de este incendio divino? Estos ciento veinte discípulos hablarán del Hijo de Dios, hecho hombre y Redentor de todos, del Espíritu Santo que remueve las almas y del Padre celestial que las ama y las adopta; y su palabra será acogida por un gran número. Todos los que la reciban estarán unidos en una misma fe, y la reunión que formen se llamará Iglesia católica, universal, difundida por todos los tiempos y por todos los lugares. Jesús había dicho: "Id, enseñad a todas las naciones." El Espíritu trae del cielo a la tierra la lengua que hará resonar esta palabra y el amor de Dios y de los hombres que la ha de inspirar. Esta lengua y este amor se han difundido en los hombres, y con la ayuda del Espíritu, estos mismos hombres la transmitirán a otros hasta el fin de los siglos.
DON DE LENGUAS. - Sin embargo de eso, parece que un obstáculo sale al paso a esta misión. Desde Babel el lenguaje humano se ha dividido y la palabra de un pueblo no se entiende en el otro. ¿Cómo, pues, la palabra puede ser instrumento de conquista de tantas naciones y cómo, puede reunir en una familia tantas razas que se desconocen? No temáis: el Espíritu omnipotente ya lo ha previsto. En esa embriaguez sagrada que inspira a los ciento veinte discípulos les ha conferido el don de entender toda lengua y de hacerse entender ellos mismos. En este mismo instante, en un transporte sublime tratan de hablar todos los idiomas de la tierra y la lengua, como su oído, no sólo se prestan sin esfuerzo, sino con deleite a esta plenitud de la palabra que va a establecer de nuevo la comunión de los hombres entre sí. El Espíritu de amor hizo cesar en un momento la separación de Babel, y la fraternidad primitiva reaparece con la unidad de idioma. iCuán hermosa apareces, Iglesia de Dios, al hacerte sensible por la acción divina del Espíritu Santo que obra en ti ilimitadamente ¡Tú nos recuerdas el magnífico espectáculo que ofrecía la tierra cuando el linaje humano no hablaba más que una sola lengua. Pero esta maravilla no se limitará al día de Pentecostés ni se reducirá a la vida de aquellos en quienes aparece en este momento. Después de la predicación de los Apóstoles se irá extinguiendo, por no ser necesaria, la forma primera del prodigio; pero tú no cesarás de hablar todas las lenguas hasta el fin de los siglos, porque no te verás limitada a los confines de una sola nación, sino que habitarás todo el mundo. En todas partes se oirá confesar una misma fe en las diversas lenguas de cada nación, y de este mudo el milagro de Pentecostés, renovado y transformado te acompañará hasta el fin de los siglos y será una de tus características principales. Por esto, San Agustín, hablando a los fieles, dice estas admirables palabras: "La Iglesia, extendida por todos los pueblos, habla todas las lenguas. ¿Qué es la Iglesia sino el cuerpo de Jesucristo? En este cuerpo cada uno de vosotros es un miembro. Si, pues, formáis parte de un miembro que habla todas las lenguas, vosotros también podéis consideraros como participantes en este don". Durante los siglos de fe, la Iglesia, única fuente del verdadero progreso de la humanidad,  hizo aún más: llegó a reunir en una sola lengua los pueblos que había conquistado. La lengua latina fue durante largo tiempo el lazo de unión del mundo civilizado. A pesar de las distancias se la podían confiar todas las relaciones existentes entre los diversos pueblos, las comunicaciones de la ciencia y aun los negocios de los particulares; nadie de los Que hablaban esta lengua se consideraba extranjero en todo el Occidente.
La herejía del siglo XVI emancipó a las naciones de este bien como de tantos otros. Europa, dividida durante largo tiempo busca, sin encontrarlo, este centro común que únicamente la
Iglesia y su lengua podían ofrecerle. Pero volvamos al Cenáculo, cuyas puertas aún no se han abierto, y contemplemos de nuevo las maravillas que en él hace el Espíritu de Dios.
 
loma aparece ahora en la de fuego. En la esen-
cia divina él es amor; pero el amor no con-
sistesólo en la dulzura y la ternura, sino que
es ardiente como el fuego. Ahora, pues, que el
mundo está entregado al Espíritu Santo es ne-
cesario que arda, y este incendio no se apagar
á
nunca. ¿Y. por qué la forma de lenguas, sino
porque la palabra será el medio de propaganda
de este incendio divino? Estos ciento veinte dis-
cípulos hablarán del Hijo de D
i
os, hecho hom-
bre y Redentor de todos
,
del Espíritu Santo que
remueve las almas y del Padre celestial que la
s
ama y las adopta; y s
u palabra será acogida
por un gran número. Todos los que la reciban
estarán unidos en una misma fe, y la reunión
que formen se llamará Iglesia católica, univer
-
sal, difundida por todos los tiempos
y por todos
los lugares. Jesús había dicho: "Id, enseñad a
todas las naciones." El Espíritu trae del cielo
a la
'tierra la lengua que hará resonar esta pa-
labra y el amor de Dios y de los hombres que
la ha de inspirar. Esta lengua
y
este amor se
han difundido en los hombres, y con la ayuda
del Espíritu, estos mismos hombres la transmi-
tirán a otros hasta el fin de los siglos.
DON DE LENGUAS. - Sin embargo de eso, pa-
rece que un obstáculo sale al paso a esta mi-
sión. Desde Babel el lenguaje humano se ha
dívídído y la palabra de un pueblo no se en-
tiende en el otro. ¿Cómo, pues, la palabra puede
loma aparece ahora en la de fuego. En la esen-
cia divina él es amor; pero el amor no con-
sistesólo en la dulzura y la ternura, sino que
es ardiente como el fuego. Ahora, pues, que el
mundo está entregado al Espíritu Santo es ne-
cesario que arda, y este incendio no se apagar
á
nunca. ¿Y. por qué la forma de lenguas, sino
porque la palabra será el medio de propaganda
de este incendio divino? Estos ciento veinte dis-
cípulos hablarán del Hijo de D
i
os, hecho hom-
bre y Redentor de todos
,
del Espíritu Santo que
remueve las almas y del Padre celestial que la
s
ama y las adopta; y s
u palabra será acogida
por un gran número. Todos los que la reciban
estarán unidos en una misma fe, y la reunión
que formen se llamará Iglesia católica, univer
-
sal, difundida por todos los tiempos
y por todos
los lugares. Jesús había dicho: "Id, enseñad a
todas las naciones." El Espíritu trae del cielo
a la
'tierra la lengua que hará resonar esta pa-
labra y el amor de Dios y de los hombres que
la ha de inspirar. Esta lengua
y
este amor se
han difundido en los hombres, y con la ayuda
del Espíritu, estos mismos hombres la transmi-
tirán a otros hasta el fin de los siglos.
DON DE LENGUAS. - Sin embargo de eso, pa-
rece que un obstáculo sale al paso a esta mi-
sión. Desde Babel el lenguaje humano se ha
dívídído y la palabra de un pueblo no se en-
tiende en el otro. ¿Cómo, pues, la palabra puede
loma aparece ahora en la de fuego. En la esen-
cia divina él es amor; pero el amor no con-
sistesólo en la dulzura y la ternura, sino que
es ardiente como el fuego. Ahora, pues, que el
mundo está entregado al Espíritu Santo es ne-
cesario que arda, y este incendio no se apagar
á
nunca. ¿Y. por qué la forma de lenguas, sino
porque la palabra será el medio de propaganda
de este incendio divino? Estos ciento veinte dis-
cípulos hablarán del Hijo de D
i
os, hecho hom-
bre y Redentor de todos
,
del Espíritu Santo que
remueve las almas y del Padre celestial que la
s
ama y las adopta; y s
u palabra será acogida
por un gran número. Todos los que la reciban
estarán unidos en una misma fe, y la reunión
que formen se llamará Iglesia católica, univer
-
sal, difundida por todos los tiempos
y por todos
los lugares. Jesús había dicho: "Id, enseñad a
todas las naciones." El Espíritu trae del cielo
a la
'tierra la lengua que hará resonar esta pa-
labra y el amor de Dios y de los hombres que
la ha de inspirar. Esta lengua
y
este amor se
han difundido en los hombres, y con la ayuda
del Espíritu, estos mismos hombres la transmi-
tirán a otros hasta el fin de los siglos.
DON DE LENGUAS. - Sin embargo de eso, pa-
rece que un obstáculo sale al paso a esta mi-
sión. Desde Babel el lenguaje humano se ha
dívídído y la palabra de un pueblo no se en-
tiende en el otro. ¿Cómo, pues, la palabra puede
MARÍA EN EL CENÁCULO. - Nuestra mirada se dirige instintivamente hacia María, ahora más que nunca, "la llena de gracia". Podría parecer que después de los dones inmensos prodigados en su concepción inmaculada, después de los tesoros de santidad que derramó en ella la presencia del Verbo encarnado durante los nueve meses que le llevó en su seno, después de los socorros especiales que recibió para obrar y sufrir unida a su Hijo en la obra de la Redención, después de los favores con que Jesús la enriqueció, después de la gloria de la Resurrección, el cielo había agotado la medida de los dones con que podía enriquecer a una simple creatura, por elevada que estuviese en los planes eternos de Dios.
Todo lo contrario. Una nueva misión comienza ahora para María: en este momento nace de ella la, Iglesia; María acaba de dar a luz a la Esposa de su Hijo y nuevas obligaciones la reclaman. Jesús solo ha partido para el cielo; la ha dejado sobre la tierra para que inunde con sus cuidados maternales este su tierno fruto. iQué emocionante y qué gloriosa es la infancia de nuestra amada Iglesia, recibida en los brazos de Maria, alimentada por ella, sostenida por ella desde los primeros pasos de su carrera en este mundo! Necesita, pues, la nueva Eva, la verdadera "Madre de los vivientes", un nuevo aumento de gracias para responder a esta misión; por eso es el objeto primario de los favores del Espíritu Santo.
El fue quien la fecundó en otro tiempo para que fuese la madre del Hijo de Dios; en este momento la hace Madre de los cristianos. "El río de la gracia, como dice David, inunda con sus aguas a esta Ciudad de Dios que la recibe con regocijo" ; el Espíritu de amor cumple hoy el Oráculo de Cristo al morir sobre la Cruz. Había dicho señalando al hombre: "Mujer, he ahí a tu Hijo"; ha llegado el tiempo y María ha recibido con una plenitud maravillosa esta gracia maternal que comienza a ejercer desde hoy y que la acompañará aún sobre su trono de reina hasta que la Iglesia se haya desarrollado suficientemente y ella pueda abandonar esta tierra, subir al cielo y ceñir la diadema esperada. Contemplemos la nueva belleza que aparece en el rostro de quien el Señor ha dotado de una segunda maternidad: esta belleza es la obra maestra que realiza en este día el Espíritu Santo.
Un fuego celeste abrasa a María y un nuevo amor se enciende en su corazón: se halla por entero ocupada en la misión para la cual ha quedado sobre la tierra. La gracia apostólica ha, descendido sobre ella. La lengua de fuego que ha recibido no hablará en predicaciones públicas; pero hablará a los apóstoles, les guiará y les consolará en sus fatigas. Se expresará con tanta dulzura como fuerza al oído de los fieles que sentirán una atracción irresistible hacia aquella a quien el Señor ha colmado de sus gracias. Como una leche generosa, dará a los primeros fieles de la Iglesia la fortaleza que les hará triunfar en los asaltos del enemigo, y arrancándose de su lado, irá Esteban a abrir la noble carrera de los mártires.
LOS APÓSTOLES. - Consideremos ahora al colegio apostólico. ¿Qué ha sucedido después de la venida del Espíritu Santo a estos hombres a quienes encontrábamos ya tan diferentes de sí mismos después de las relaciones tenidas durante cuarenta días con su Maestro? ¿No sentís que han sido transformados, que un ardor divino les arrebata y que dentro de breves instantes se lanzarán a la conquista del mundo? Ya se ha cumplido en ellos todo lo que les había anunciado su Maestro; realmente ha descendido sobre ellos el poder del Altísimo a armarlos para el combate. ¿Dónde están los que temblaban ante los enemigos de Jesús, los que dudaban en su resurrección? La verdad que les ha predicado su maestro aparece clara a su inteligencia; ven todo, comprenden todo. El Espíritu Santo les ha infundido la fe en el grado más sublime y arden en deseos de derramar esta fe por el mundo entero. Lejos de temer, en adelante están dispuestos a afrontar todos los peligros predicando a todas las naciones el nombre y la gloria de Cristo, como él se lo había mandado.
LOS DISCÍPULOS. - En segundo plano aparecen los discípulos, menos favorecidos en esta visita que los doce príncipes del colegio apostólico, pero animados como ellos del mismo fuego, también ellos se lanzarán a conquistar el mundo y fundarán numerosas cristiandades. El grupo de las santas mujeres también ha sentido la venida de Dios manifestada bajo la forma de fuego. El amor que las detuvo al pie de la cruz de Jesús y que las condujo las primeras al sepulcro la mañana de Pascua, ha aumentado con nuevo fervor. La lengua de fuego que se ha posado sobre ellas las hará elocuentes para hablar de su Maestro a los judíos y gentiles.
 
LOS JUDÍOS. - La turba de los judíos que oyó el ruido que anunciaba la venida del Espíritu Santo se reunió ante el Cenáculo. El mismo Espíritu Que obra en lo íntimo de la conciencia tan maravillosamente les obliga a rodear esta casa Que contiene en sus muros a la Iglesia que acaba de nacer. Resuenan sus clamores y pronto el celo de los apóstoles no puede contenerse en tan estrechos límites. En un momento el colegio apostólico se lanza a la puerta del Cenáculo para poderse comunicar con una multitud ansiosa por conocer el nuevo prodigio que acaba de hacer el Dios de Israel.
Pero he aquí que esa multitud compuesta de gente de todas las nacionalidades que espera oír hablar a galileos se queda estupefacta. No han hecho más que expresarse en palabras articuladas y confusas y cada uno les oye hablar en su propio idioma. El símbolo de la unidad aparece ahora en toda su magnificencia. La Iglesia cristiana se ha manifestado a todas las naciones representadas en esta multitud. Esta Iglesia será una; porque Dios ha roto las barreras que en otro tiempo puso, en su justicia, para separar a las naciones. He aquí los mensajeros de Cristo: están dispuestos para ir a predicar el evangelio por todo el mundo.
Entre los de la turba hay algunos que, insensibles al prodigio, se escandalizan de la embriaguez divina que ven en los Apóstoles: "Estos hombres, dicen, se han saturado de vino." Tal es el lenguaje del racionalismo que todo lo quiere explicar a las luces de la razón humana. Con todo eso los pretendidos embriagados de hoy verán postrados a sus pies a todos los pueblos del mundo, y con su embriaguez comunicarán a todas las razas del linaje humano el Espíritu que ellos poseen. Los Apóstoles creen llegado el momento; hay que proclamar el nuevo Pentecostés en el día aniversario del primero. ¿Pero quién será el Moisés que proclame la ley de la misericordia y del amor que reemplaza la ley de la justicia y del temor? El divino Emmanuel ya antes de subir al cielo le había designado: será Pedro, el fundamento de la Iglesia.
Ya es hora de que toda esa multitud le vea y le escuche; va a formarse el rebaño, pero es necesario que se muestre el pastor. Escuchemos al Espíritu Santo, que va a expresarse por su principal instrumento, en presencia de esta multitud asombrada y silenciosa; todas las palabras que profiere el Apóstol, aunque habla solamente una lengua, la escuchan sus oyentes de cualquier idioma o país que sean. Solamente este discurso es una prueba inequívoca de la verdad y divinidad de la nueva ley.
EL DISCURSO DE PEDRO. - "Varones judíos, exclamó, y habitantes todos de Jerusalén, oíd y prestad atención a mis palabras. No están éstos borrachos, como vosotros suponéis, pues es la hora de Tercia, y esto es lo que predijo el profeta Joel: "y sucederá - en los últimos días, dice, el Señor, que derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas, y vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; y sobre mis siervos y sobre mis siervas derramaré mi Espíritu y profetizarán." Varones israelitas, escuchad estas palabras: Jesús de Nazaret, varón probado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo por El en medio de vosotros, como vosotros mismos sabéis, a éste, entregada según los designios de la presciencia de Dios, le alzasteis en la cruz y le disteis muerte por mano de infieles. Pero Dios, rotas las ataduras de la muerte, le resucitó, por cuanto no era posible que fuese dominado por ella, pues David dice de Él: "Mi carne reposará en la esperanza, porque no permitirás que tu Santo experimente la corrupción del sepulcro." David no hablaba de si propio, puesto que murió y su sepulcro permanece aún entre nosotros anunciaba la resurrección de Cristo, el cual no ha quedado en el sepulcro ni su carne ha conocido la corrupción. A este Jesús le resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos exaltado a la diestra de Dios y recibida del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo derramó sobre toda la tierra, como vosotros mismos veis y oís.
Tened, pues, por cierto hijos de Israel que Dios le ha hecho Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado"  
Así concluyó la promulgación de la nueva ley por boca del nuevo Moisés. ¿No habrían de recibir las gentes el don inestimable de este segundo Pentecostés, que disipaba las sombras del antiguo y que realizaba en este gran día las divinas realidades? Dios se revelaba y, como siempre, lo hacía con un milagro. Pedro recuerda los prodigios con que Jesús daba testimonio de sí mismo, de los cuales no hizo caso la Sinagoga.
Anuncia la venida del Espíritu Santo, y como prueba alega el prodigio inaudito que sus oyentes tienen ante sus ojos, en el don de lenguas concedido a todos los habitantes del Cenáculo.
 
LAS PRIMERAS CONVERSIONES. - El Espíritu Santo que se cernía sobre la multitud continúa su obra, fecundando con su acción divina el corazón de aquellos predestinados. La fe nace y se desarrolla en un momento en estos discípulos del Sinaí que se habían reunido de todos los rincones del mundo para una Pascua y un Pentecostés que en adelante  no serán estériles. Llenos de miedo y de dolor por haber pedido la muerte del Justo, cuya resurrección y ascensión acaban de confesar, estos Judíos de todo el mundo exclaman ante Pedro y sus compañeros: "Hermanos, ¿qué debemos hacer?" iAdmirable disposición para recibir la fe! el deseo de creer y la resolución firme de conformar sus obras con lo que crean; Pedro continúa su discurso: "Haced penitencia, les dice, y bautizaos todos en el nombre de Jesucristo, y también vosotros participaréis de los dones del Espíritu Santo. A vosotros se os hizo la promesa y también a los gentiles; en una palabra: a todos aquellos a quienes llama el Señor."
Con cada una de las palabras del nuevo Moisés se va borrando el antiguo Pentecostés, y el Pentecostés cristiano brilla cada vez con una luz más espléndida... El reino del Espíritu Santo se ha inaugurado en Jerusalén ante el templo que está condenado a derrumbarse sobre sí mismo.
Pedro habló más; pero el libro de los Hechos no recoge más que estas palabras que resonaron como el último llamamiento a la salvación: "Salvaos, hijos de Israel, salvaos de esta generación perversa."
En efecto, tenían que romper con los suyos, merecer por el sacrificio la gracia del nuevo Pentecostés, pasar de la Sinagoga a la Iglesia.
Más de una lucha tuvieron que soportar en sus corazones; pero el triunfo del Espíritu Santo fue completo en este primer día. Tres mil personas se declararon discípulos de Jesús y fueron marcados con el sello de la divina adopción.
¡Oh Iglesia del Dios vivo, qué hermosos son tus progresos con el soplo del Espíritu divino! En primer lugar has residido en la inmaculada Virgen María, la llena de gracia y Madre de Dios; tu segundo paso te dota de ciento veinte discípulos, y he aquí que en el tercero son tres mil los elegidos, nuestros padres en la fe, abandonarán pronto Jerusalén, que, cuando vayan a sus países, serán las primicias del nuevo pueblo Mañana hablará Pedro en el mismo templo y a su voz se proclamarán discípulos de Jesús más de cinco mil personas. Salve, oh Iglesia de Cristo, la noble última y creación del Espíritu Santo, que militas aquí en la tierra, al mismo tiempo que triunfas en el cielo.
¡Oh Pentecostés, día sagrado de nuestro nacimiento, tú abres con gloria la serie de siglos que recorrerá la Esposa de Cristo! Tú nos comunicas el Espíritu de Dios que viene a escribir la ley que regirá a los discípulos de Jesús, no sobre la piedra, sino sobre los corazones. iOh Pentecostés promulgado en Jerusalén!, pero qué pronto extenderás tus beneficios a los pueblos de la gentilidad, tú vienes a cumplir las esperanzas que despertó en nosotros el misterio de Epifanía. Los magos venían de Oriente y nosotros les seguimos a la cuna del Niño Jesús, pero sabíamos que también llegaría nuestro día. Tu gracia, Espíritu Santo, los había empujado hacia Belén; pero en este Pentecostés que proclama tu imperio con tanta energía, tú nos llamas a todos; la estrella se ha transformado en lenguas de fuego y la faz de la tierra se renovará.
Haz que nuestro corazón conserve los dones que nos has traído, estos dones que nos han destinado el Padre y el Hijo que te enviaron.
EL MISTERIO DE PENTECOSTÉS. - No. es extraño que la Iglesia haya dado tanta importancia al misterio de Pentecostés como al de Pascua, dada la importancia de que goza en la economía del cristianismo. La Pascua es el rescate del hombre por la victoria de Cristo; en Pentecostés el Espíritu Santo toma posesión del hombre rescatado; la Ascensión es el misterio intermediario.
Por una parte, consuma ésta el misterio de Pascua, constituyendo al Hombre-Dios vencedor de la muerte y cabeza de sus fieles, a la diestra desde invierno para llegar lentamente a su cenit.
En un sublime contraste, el Espíritu del Padre y del Hijo busca otras armonías. Es fuego y fuego que consume; por eso aparece en el mundo cuando el sol brilla con todo su esplendor, cuando este astro contempla cubierta de flores y de frutos a la tierra que acaricia con sus rayos.
Acojamos el calor vivificante del Espíritu de Dios y pidámosle que su calor no se extinga en nosotros. En este momento del año Litúrgico estamos en plena posesión de la verdad por el Verbo encarnado; procuremos conservar fielmente el amor que nos trae el Espíritu Santo.
 P. D. Espero me disculpen por el error de este texto en su configuración mi conocimiento en este tema no llega tan lejos como para resolver este problema, gracias
 


 
 

 
 


  
  
  
  
  

  

MARÍA EN EL CENÁCULO. - Nuestra mirada se dirige instintivamente hacia María, ahora más que nunca, "la llena de gracia". Podría parecer que después de los dones inmensos prodigados en su concepción inmaculada, después de los tesoros de santidad que derramó en ella la presencia del Verbo encarnado durante los nueve meses que le llevó en su seno, después de los socorros especiales que recibió para obrar y sufrir unida a su Hijo en la obra de la Redención, después de los favores con que Jesús la enriqueció, después de la gloria de la Resurrección, el cielo había agotado la medida de los dones con que podía enriquecer a una simple creatura, por elevada que estuviese en los planes eternos de Dios.

Todo lo contrario. Una nueva misión comienza ahora para María: en este momento nace de ella la, Iglesia; María acaba de dar a luz a la Esposa de su Hijo y nuevas obligaciones la reclaman. Jesús solo ha partido para el cielo; la ha dejado sobre la tierra para que inunde con sus cuidados maternales este su tierno fruto. iQué emocionante y qué gloriosa es la infancia de nuestra amada Iglesia, recibida en los brazos de Maria, alimentada por ella, sostenida por ella desde los primeros pasos de su carrera en este mundo! Necesita, pues, la nueva Eva, la verdadera "Madre de los vivientes", un nuevo aumento de gracias para responder a esta misión; por eso es el objeto primario de los favores del Espíritu Santo.

El fue quien la fecundó en otro tiempo para que fuese la madre del Hijo de Dios; en este momento la hace Madre de los cristianos. "El río de la gracia, como dice David, inunda con sus aguas a esta Ciudad de Dios que la recibe con regocijo" ; el Espíritu de amor cumple hoy el Oráculo de Cristo al morir sobre la Cruz. Había dicho señalando al hombre: "Mujer, he ahí a tu Hijo"; ha llegado el tiempo y María ha recibido con una plenitud maravillosa esta gracia maternal que comienza a ejercer desde hoy y que la acompañará aún sobre su trono de reina hasta que la Iglesia se haya desarrollado suficientemente y ella pueda abandonar esta tierra, subir al cielo y ceñir la diadema esperada. Contemplemos la nueva belleza que aparece en el rostro de quien el Señor ha dotado de una segunda maternidad: esta belleza es la obra maestra que realiza en este día el Espíritu Santo.

Un fuego celeste abrasa a María y un nuevo amor se enciende en su corazón: se halla por entero ocupada en la misión para la cual ha quedado sobre la tierra. La gracia apostólica ha, descendido sobre ella. La lengua de fuego que ha recibido no hablará en predicaciones públicas; pero hablará a los apóstoles, les guiará y les consolará en sus fatigas. Se expresará con tanta dulzura como fuerza al oído de los fieles que sentirán una atracción irresistible hacia aquella a quien el Señor ha colmado de sus gracias. Como una leche generosa, dará a los primeros fieles de la Iglesia la fortaleza que les hará triunfar en los asaltos del enemigo, y arrancándose de su lado, irá Esteban a abrir la noble carrera de los mártires.

LOS APÓSTOLES. - Consideremos ahora al colegio apostólico. ¿Qué ha sucedido después de la venida del Espíritu Santo a estos hombres a quienes encontrábamos ya tan diferentes de sí mismos después de las relaciones tenidas durante cuarenta días con su Maestro? ¿No sentís que han sido transformados, que un ardor divino les arrebata y que dentro de breves instantes se lanzarán a la conquista del mundo? Ya se ha cumplido en ellos todo lo que les había anunciado su Maestro; realmente ha descendido sobre ellos el poder del Altísimo a armarlos para el combate. ¿Dónde están los que temblaban ante los enemigos de Jesús, los que dudaban en su resurrección? La verdad que les ha predicado su maestro aparece clara a su inteligencia; ven todo, comprenden todo. El Espíritu Santo les ha infundido la fe en el grado más sublime y arden en deseos de derramar esta fe por el mundo entero. Lejos de temer, en adelante están dispuestos a afrontar todos los peligros predicando a todas las naciones el nombre y la gloria de Cristo, como él se lo había mandado.

LOS DISCÍPULOS. - En segundo plano aparecen los discípulos, menos favorecidos en esta visita que los doce príncipes del colegio apostólico, pero animados como ellos del mismo fuego, también ellos se lanzarán a conquistar el mundo y fundarán numerosas cristiandades. El grupo de las santas mujeres también ha sentido la venida de Dios manifestada bajo la forma de fuego. El amor que las detuvo al pie de la cruz de Jesús y que las condujo las primeras al sepulcro la mañana de Pascua, ha aumentado con nuevo fervor. La lengua de fuego que se ha posado sobre ellas las hará elocuentes para hablar de su Maestro a los judíos y gentiles.

 

LOS JUDÍOS. - La turba de los judíos que oyó el ruido que anunciaba la venida del Espíritu Santo se reunió ante el Cenáculo. El mismo Espíritu Que obra en lo íntimo de la conciencia tan maravillosamente les obliga a rodear esta casa Que contiene en sus muros a la Iglesia que acaba de nacer. Resuenan sus clamores y pronto el celo de los apóstoles no puede contenerse en tan estrechos límites. En un momento el colegio apostólico se lanza a la puerta del Cenáculo para poderse comunicar con una multitud ansiosa por conocer el nuevo prodigio que acaba de hacer el Dios de Israel.

Pero he aquí que esa multitud compuesta de gente de todas las nacionalidades que espera oír hablar a galileos se queda estupefacta. No han hecho más que expresarse en palabras articuladas y confusas y cada uno les oye hablar en su propio idioma. El símbolo de la unidad aparece ahora en toda su magnificencia. La Iglesia cristiana se ha manifestado a todas las naciones representadas en esta multitud. Esta Iglesia será una; porque Dios ha roto las barreras que en otro tiempo puso, en su justicia, para separar a las naciones. He aquí los mensajeros de Cristo: están dispuestos para ir a predicar el evangelio por todo el mundo.

Entre los de la turba hay algunos que, insensibles al prodigio, se escandalizan de la embriaguez divina que ven en los Apóstoles: "Estos hombres, dicen, se han saturado de vino." Tal es el lenguaje del racionalismo que todo lo quiere explicar a las luces de la razón humana. Con todo eso los pretendidos embriagados de hoy verán postrados a sus pies a todos los pueblos del mundo, y con su embriaguez comunicarán a todas las razas del linaje humano el Espíritu que ellos poseen. Los Apóstoles creen llegado el momento; hay que proclamar el nuevo Pentecostés en el día aniversario del primero. ¿Pero quién será el Moisés que proclame la ley de la misericordia y del amor que reemplaza la ley de la justicia y del temor? El divino Emmanuel ya antes de subir al cielo le había designado: será Pedro, el fundamento de la Iglesia.

Ya es hora de que toda esa multitud le vea y le escuche; va a formarse el rebaño, pero es necesario que se muestre el pastor. Escuchemos al Espíritu Santo, que va a expresarse por su principal instrumento, en presencia de esta multitud asombrada y silenciosa; todas las palabras que profiere el Apóstol, aunque habla solamente una lengua, la escuchan sus oyentes de cualquier idioma o país que sean. Solamente este discurso es una prueba inequívoca de la verdad y divinidad de la nueva ley.

EL DISCURSO DE PEDRO. - "Varones judíos, exclamó, y habitantes todos de Jerusalén, oíd y prestad atención a mis palabras. No están éstos borrachos, como vosotros suponéis, pues es la hora de Tercia, y esto es lo que predijo el profeta Joel: "y sucederá - en los últimos días, dice, el Señor, que derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas, y vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; y sobre mis siervos y sobre mis siervas derramaré mi Espíritu y profetizarán." Varones israelitas, escuchad estas palabras: Jesús de Nazaret, varón probado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo por El en medio de vosotros, como vosotros mismos sabéis, a éste, entregada según los designios de la presciencia de Dios, le alzasteis en la cruz y le disteis muerte por mano de infieles. Pero Dios, rotas las ataduras de la muerte, le resucitó, por cuanto no era posible que fuese dominado por ella, pues David dice de Él: "Mi carne reposará en la esperanza, porque no permitirás que tu Santo experimente la corrupción del sepulcro." David no hablaba de si propio, puesto que murió y su sepulcro permanece aún entre nosotros anunciaba la resurrección de Cristo, el cual no ha quedado en el sepulcro ni su carne ha conocido la corrupción. A este Jesús le resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos exaltado a la diestra de Dios y recibida del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo derramó sobre toda la tierra, como vosotros mismos veis y oís.

Tened, pues, por cierto hijos de Israel que Dios le ha hecho Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado"  

Así concluyó la promulgación de la nueva ley por boca del nuevo Moisés. ¿No habrían de recibir las gentes el don inestimable de este segundo Pentecostés, que disipaba las sombras del antiguo y que realizaba en este gran día las divinas realidades? Dios se revelaba y, como siempre, lo hacía con un milagro. Pedro recuerda los prodigios con que Jesús daba testimonio de sí mismo, de los cuales no hizo caso la Sinagoga.

Anuncia la venida del Espíritu Santo, y como prueba alega el prodigio inaudito que sus oyentes tienen ante sus ojos, en el don de lenguas concedido a todos los habitantes del Cenáculo.

 

LAS PRIMERAS CONVERSIONES. - El Espíritu Santo que se cernía sobre la multitud continúa su obra, fecundando con su acción divina el corazón de aquellos predestinados. La fe nace y se desarrolla en un momento en estos discípulos del Sinaí que se habían reunido de todos los rincones del mundo para una Pascua y un Pentecostés que en adelante  no serán estériles. Llenos de miedo y de dolor por haber pedido la muerte del Justo, cuya resurrección y ascensión acaban de confesar, estos Judíos de todo el mundo exclaman ante Pedro y sus compañeros: "Hermanos, ¿qué debemos hacer?" iAdmirable disposición para recibir la fe! el deseo de creer y la resolución firme de conformar sus obras con lo que crean; Pedro continúa su discurso: "Haced penitencia, les dice, y bautizaos todos en el nombre de Jesucristo, y también vosotros participaréis de los dones del Espíritu Santo. A vosotros se os hizo la promesa y también a los gentiles; en una palabra: a todos aquellos a quienes llama el Señor."

Con cada una de las palabras del nuevo Moisés se va borrando el antiguo Pentecostés, y el Pentecostés cristiano brilla cada vez con una luz más espléndida... El reino del Espíritu Santo se ha inaugurado en Jerusalén ante el templo que está condenado a derrumbarse sobre sí mismo.

Pedro habló más; pero el libro de los Hechos no recoge más que estas palabras que resonaron como el último llamamiento a la salvación: "Salvaos, hijos de Israel, salvaos de esta generación perversa."

En efecto, tenían que romper con los suyos, merecer por el sacrificio la gracia del nuevo Pentecostés, pasar de la Sinagoga a la Iglesia.

Más de una lucha tuvieron que soportar en sus corazones; pero el triunfo del Espíritu Santo fue completo en este primer día. Tres mil personas se declararon discípulos de Jesús y fueron marcados con el sello de la divina adopción.

¡Oh Iglesia del Dios vivo, qué hermosos son tus progresos con el soplo del Espíritu divino! En primer lugar has residido en la inmaculada Virgen María, la llena de gracia y Madre de Dios; tu segundo paso te dota de ciento veinte discípulos, y he aquí que en el tercero son tres mil los elegidos, nuestros padres en la fe, abandonarán pronto Jerusalén, que, cuando vayan a sus países, serán las primicias del nuevo pueblo Mañana hablará Pedro en el mismo templo y a su voz se proclamarán discípulos de Jesús más de cinco mil personas. Salve, oh Iglesia de Cristo, la noble última y creación del Espíritu Santo, que militas aquí en la tierra, al mismo tiempo que triunfas en el cielo.

¡Oh Pentecostés, día sagrado de nuestro nacimiento, tú abres con gloria la serie de siglos que recorrerá la Esposa de Cristo! Tú nos comunicas el Espíritu de Dios que viene a escribir la ley que regirá a los discípulos de Jesús, no sobre la piedra, sino sobre los corazones. iOh Pentecostés promulgado en Jerusalén!, pero qué pronto extenderás tus beneficios a los pueblos de la gentilidad, tú vienes a cumplir las esperanzas que despertó en nosotros el misterio de Epifanía. Los magos venían de Oriente y nosotros les seguimos a la cuna del Niño Jesús, pero sabíamos que también llegaría nuestro día. Tu gracia, Espíritu Santo, los había empujado hacia Belén; pero en este Pentecostés que proclama tu imperio con tanta energía, tú nos llamas a todos; la estrella se ha transformado en lenguas de fuego y la faz de la tierra se renovará.

Haz que nuestro corazón conserve los dones que nos has traído, estos dones que nos han destinado el Padre y el Hijo que te enviaron.

EL MISTERIO DE PENTECOSTÉS. - No. es extraño que la Iglesia haya dado tanta importancia al misterio de Pentecostés como al de Pascua, dada la importancia de que goza en la economía del cristianismo. La Pascua es el rescate del hombre por la victoria de Cristo; en Pentecostés el Espíritu Santo toma posesión del hombre rescatado; la Ascensión es el misterio intermediario.

Por una parte, consuma ésta el misterio de Pascua, constituyendo al Hombre-Dios vencedor de la muerte y cabeza de sus fieles, a la diestra desde invierno para llegar lentamente a su cenit.

En un sublime contraste, el Espíritu del Padre y del Hijo busca otras armonías. Es fuego y fuego que consume; por eso aparece en el mundo cuando el sol brilla con todo su esplendor, cuando este astro contempla cubierta de flores y de frutos a la tierra que acaricia con sus rayos.

Acojamos el calor vivificante del Espíritu de Dios y pidámosle que su calor no se extinga en nosotros. En este momento del año Litúrgico estamos en plena posesión de la verdad por el Verbo encarnado; procuremos conservar fielmente el amor que nos trae el Espíritu Santo.

 

 

sábado, 3 de junio de 2017

EL CORAZÓN ADMIRABLE E INMACULADO DE LA MADRE DE DIOS




De esta forma honra Nuestro Señor Jesucristo, por si y por los santos, las facultades, no solamente del alma, sino también del cuerpo de su gloriosa Madre. Ello me lleva a deducir una importantísima y favorabilísima consecuencia para el Corazón augustísimo de esta Madre de amor, como podremos comprobar en el párrafo siguiente *.

§ 3. EL CORAZÓN DE CARNE

El Corazón corporal de la Santísima Virgen, por ser la parte más noble de su sagrado Cuerpo, es digno de una veneración particularísima.

¿Sabes, caro lector, por qué me he extendido tanto exponiendo las excelencias de los sagrados miembros del cuerpo virginal de la Madre de Dios, y la veneración a que son acreedores? Para imprimir en tu alma una profunda estima y especialísima devoción en tu corazón hacia el divino Corazón de nuestra Madre admirable, en fuerza de una incontrovertible consecuencia Un cierto falso pudor, que «sobreexcita» una mal conformada sensibilidad moderna, nos ha obligado a suprimir aquí unas devotísimas y bellas páginas eudistas. Remitimos al lector al original consecuencia que arranca de cuanto queda ya dicho. Pues si el Espíritu Santo, el Hijo de Dios y sus. Santos celebran con tan sentidos loores los miembros sagrados del sagrado cuerpo de la Madre del Salvador, ¿no salta invenciblemente a la vista, que su bienaventurado Corazón, la primera y más digna parte de su cuerpo, merece una veneración singularísima? Y ¿no debemos compenetrarnos de los sentimientos de nuestro Guía, Jesús, e imitar el ejemplo que nos da? Si, pues, el hijo primogénito de María, nuestro, jefe y hermano, da muestras de tanto celo para honrar las menores cosas que aparecen en el exterior de su Madre dignísima, ¿quién verá con malos ojos que los demás hijos de esta amorosa Madre, se comporten conforme al espíritu de su Guía, imitando el ejemplo de su hermano, mayor, rindan particular honor a su Corazón materno, y le dediquen una fiesta especial con permiso de la Santa Iglesia?

¿Podría objetar alguno que de establecerse tal fiesta habría de hacerse otro tanto con su cabeza, sus ojos, sus manos y sus pies? Pero esta consecuencia no es necesaria.

Porque, decidme, os ruego, ¿no es cierto que todas las llagas que nuestro Salvador recibió en su santo cuerpo son dignas de veneración y deben adorarse incesantemente por los moradores de cielos y tierra, y sin embargo, la devoción de los fieles se fija principalmente en las cinco llagas de sus manos, pies, y costado, y que la Iglesia celebra en multitud de ocasiones fiestas particulares en honor de estas cinco solamente, con excepción de las demás? ¿No es cierto que todos los pensamientos, palabras, acciones, mortificaciones de este divino Salvador, todas sus santas acciones, todos los santos usos que de las partes de su cuerpo y alma hizo, son de un mérito infinito, y que todas estas cosas son dignas de otras tantas solemnidades permanentes y eternas; y que sin embargo la Iglesia no solemniza más que un reducido número de las más señaladas acciones y misterios de su vida? ¿Ignoráis acaso que todos los santos miembros de su cuerpo místico que están ya en el cielo, y cuyo número es incalculable, son dignos de tal veneración hasta el punto de no haber ni uno siquiera que no merezca en la tierra una fiesta especial en su honor; y que sin embargo sólo es celebrada con solemnidad la memoria de los principales y más importantes? ¿No sabéis que la gloriosa Reina del cielo ha realizado un sin fin de santas acciones, en el transcurso de su vida mortal, las cuales han de ser eterno objeto de alabanza para los ángeles y santos del cielo, y que deben ser consideradas como muy dignas de que se les asignen días especiales consagrados a su honor en la tierra: y que sin embargo no se celebra memoria sino de las más señaladas, como la que conmemora la presentación en el templo, la visitación a su prima Santa Isabel, y la sujeción a la Ley de la Purificación? Tampoco debéis perder de vista que en esta soberana Princesa nada hay pequeño, ni en su interior ni en su exterior; antes lo contrario, debéis saber que nada existe en Ella que no sea grande y por consiguiente digno de un grandísimo honor, y digno también de que cielos y tierra se ocupen en celebrarlo con eterna solemnidad, porque es tal su dignidad de Madre de Dios, que es hasta cierto punto infinita y comunica también casi infinita excelencia a cuanto se relaciona con Ella.

Pero es necesario que sepáis que su Corazón virginal -quiero decir, aun el corporal-, es acreedor a una veneración singularísima por las sublimísimas excelencias de que está adornado, y por otras muchas consideraciones que vais a ver en seguida. Por lo tanto, si se celebra una fiesta especial en su honor, no se sigue que haya de establecerse otras fiestas con relación a las distintas partes de su cuerpo.

¡Qué gloria y qué honor deseará se rinda al incomparable Corazón de su preciosísima Madre, el Hijo de Dios, que tanta solicitud muestra por las menores cosas que afectan a sus siervos, hasta llegar a asegurarlos que lleva cuenta de todos los cabellos de sus cabezas y que ni uno sólo se desprenderá. Y que coronará con gloria inmortal las menores acciones que se hagan en su servicio!

§ 4. SUS PREROGATIVAS

De otras muchas prerrogativas del Corazón corporal de la Santísima Virgen, que le hacen digno de una gran veneración.

Notad cinco maravillosas prerrogativas del Corazón corporal de nuestra Madre admirable, que le hacen digno objeto de veneración a los Ángeles y a los hombres.

Es la primera la de ser principio vital de esta Madre divina, principio de todas las funciones de su vida corporal y sensible, tan santa en sí misma y en sus acciones; principio de vida de la Madre de Dios; de la vida de la que dio a luz al Hijo de Dios; de la vida de la Reina del cielo y de la tierra; de la vida de quien Dios escogió para dar la vida a todos los hijos de Adán, precipitados en el abismo de la muerte eterna; de una vida tan noble, en fin, tan digna y tan santa, que es más preciosa delante de Dios que todas las vidas de los hombres y de los ángeles juntos.

La segunda prerrogativa de este Santo Corazón, es la de haber preparado y ofrecido la sangre virginal de que se formó el sagrado cuerpo del Hombre-Dios, en las purísimas entrañas de su preciosa Madre. Notad, os ruego, cómo no digo que Nuestro Señor Jesús haya sido formado en su Encarnación, en el Corazón de su Madre. Es éste un error que según el Cardenal Cayetano, se originó en su tiempo (27), y que ha sido frecuentemente condenado y rechazado como herejía perniciosa directamente opuesta a la expresión del Ángel: "concebirás en tu seno" (28). Un error que venía a destruir la divina Maternidad de nuestra Reina, porque si no habría concebido al Hijo de Dios en su virginal seno, no sería realmente Madre suya. Mi afirmación es que su Corazón ha elaborado y prestado la sangre de que se formó su cuerpo.

Comparten esta afirmación muchos Doctores de nota al decir que si la Santísima Virgen fue presa en un principio de turbación y temor frente a las alabanzas del ángel, su sangre se concentró rápida y abundantemente, como acontece en tales casos, en su Corazón para fortalecerla; y que al asegurarla y declararla el Santo Arcángel Gabriel los grandes planes de Dios sobre ella, este mismo Corazón fue invadido por una gran alegría, que al abrirse y dilatarse como una preciosa rosa, salió de él Sangre hacia las purísimas entrañas, de que el Espíritu Santo se sirvió para formar el sagrado cuerpo del Salvador, juntándolo con la sangre virginal de las mismas entrañas; como era menester para la realización del misterio de la Encarnación.

Mas para mejor inteligencia de esto, advertid en primer término que los Santos Padres, lo mismo que el Sexto Concilio general habido en Constantinopla, aseguran que la materia que la Santísima Virgen ha dado para formar el cuerpo del Verbo eterno, ha sido su purísima sangre.

En segundo lugar, tened presente, que son muchos y eminentes los doctores de hoy en día sobre los problemas del cuerpo humano, que fundados en la afirmación de Aristóteles de que es el corazón origen de la sangre, y sobre muchas razones y experimentos, llegan a sostener esta misma idea; y que el corazón dispone de dos cavidades, en una de las cuales se encuentran pequeños orificios por donde circula la sangre en comunicación con las restantes partes del cuerpo. No ignoro tampoco que hay muchos otros doctores --antiguos y modernos- que afirman que el centro productor de la sangre es el hígado. Pero sea de ello lo que fuere sobre el lugar de origen, todos convienen en que la sangre toda del cuerpo humano pasa por el corazón, que en él se perfecciona y transforma, sin que se haga de ella empleo alguno ni en la nutrición del cuerpo, ni en la generación o conservación de la vida, ni en otra función cualquiera, antes de recibir su última transformación en el corazón.

Esto sentado, bien puede afirmarse con toda verdad, o que la purísima sangre de que fue formado el cuerpo adorable de Jesús, en el sagrado seno de María brotó directa e inmediatamente del maternal Corazón de esta Virgen divina, al tiempo de la Encarnación del Hijo de Dios; o, que de no haber brotado inmediatamente, en él tomó partida y origen; y que él, Corazón virginal es su primera fuente. Y que si no ha tomado su primer origen, por él ha pasado y en él ha recibido las cualidades y las convenientes y necesarias disposiciones para ser empleada en la inefable generación y admirable alumbramiento del Niño Dios en las benditas entrañas de la Madre de Dios.

Por mi parte preferiría la primera de las tres proposiciones, por ser más ventajosa para el divino Corazón de nuestra gloriosa Reina, y por estar respaldada con la autoridad de un sin número de grandes doctores, principalmente en la forma explicada por Cartagena (29), cuando afirma que el Espíritu Santo se sirvió de una porción de la purísima sangre de la Santísima Virgen brotada de su corazón, junto con la sangre virginal de sus benditas entrañas, dispuesta ya a la realización del misterio de la Encarnación,, para formar el cuerpo adorable del Niño Dios..

¡Oh Jesús, Hijo de María, Dios de mi corazón, entregado a nosotros por el incomprensible amor del Padre eterno! Vuestro amor infinito os hizo salir del seno del Padre para venir al seno «de vuestra Madre y al centro de nuestras almas. La virtud del amor personal --el Espíritu Santo, os formó en las entrañas virginales. Así fue tan conveniente, oh Dios de amor, que la materia de que había de formarse vuestro santo, cuerpo, fuese asumida del Corazón abrasado en caridad de la Madre del amor, para que fueseis, de verdad fruto del vientre y del Corazón de vuestra Madre, como lo sois del seno de vuestro Padre, a quien sea bendición, alabanza y gloría con Vos y el Espíritu Santo. La tercera prerrogativa del Corazón corporal de la bienaventurada Madre Virgen es la de ser principio de la vida humana y sensible del Niño Jesús, mientras permanece en las entrañas de María.

 

 

viernes, 2 de junio de 2017

TRATADO DEL AMOR A DIOS





Cómo nuestro Señor practicó todos los actos más excelentes de amor

 

Después de haber hablado tan largamente de los actos sagrados del amor divino, para que más fácil y santamente conserves su recuerdo, voy ahora a ofrecerte un compendio y resumen de los mismos. La caridad de Cristo nos apremia dice el gran Apóstol. Sí, ciertamente, Teótimo esta caridad nos fuerza y hace violencia con su infinita dulzura, practicada durante toda la obra de nuestra redención, en la cual apareció la  benignidad y el amor de Dios para con los hombres; porque ¿qué, no hizo este divino Amante en materia de amor?

1.0 Nos amó con amor de complacencia, porque tuvo sus delicias en estar con los hijos de los hombres, y en atraer al hombre hacia Sí, haciéndose Él mismo hombre

2.° Nos amó con amor de benevolencia estableciendo su propia divinidad en el hombre, de manera que el hombre fuese Dios.

3.° Se unió a nosotros por un lazo incomprensible, adhiriéndose y abrasándose tan fuerte indisoluble e infinitamente con nuestra naturaleza, que jamás cosa alguna estuvo tan estrechamente vinculada y adherida a la humanidad, como lo está la santísima divinidad, en la persona del Hijo de Dios.

4.° Se difundió en nosotros, y, por decirlo así, derritió su grandeza para reducirla a la forma y a la figura de nuestra pequeñez, por lo que fue llamado fuente de agua viva, rocío y lluvia del cielo.

5.° Estuvo en éxtasis, no sólo porque, como dice San Dionisio, salió fuera de Sí mismo, en un exceso de su amorosa bondad, extendiendo su providencia a todas las cosas y permaneciendo en todas ellas; sino también, porque, según dice San Pablo, se dejó a Sí mismo, se vació de Sí mismo, se despojó de su grandeza y de su gloria descendió del trono de su incomprensible majestad y, sí es licito hablar así, se anonadó a Sí mismo para venir a nuestra humanidad, llenarnos de su divinidad, colmarnos de su bondad, elevarnos a su dignidad y damos el divino ser de hijos de Dios.

6.° Admiróse muchas veces por amor, como le ocurrió con el centurión y con la cananea.

7.° Contempló al joven que hasta entonces había guardado los mandamientos, Y deseó encaminarlo hacia la perfección.

8.° Reposó amorosamente en nosotros y aun con alguna suspensión de sus sentidos, como en el seno de su madre y en su infancia.

9.° Tuvo ternuras con los pequeñuelos, a los que tomó en sus brazos y acarició amorosamente; con Marta, con Magdalena Y con Lázaro, sobre quien lloró, como también sobre Jerusalén.

10.° Estuvo animado de un celo sin par, el cual, como dice San Dionisio, se convirtió en celos, y alejó, en cuanto estuvo en su mano, todo mal de su amada naturaleza humana, con peligro y aun a costa de su propia vida, echando de ella al diablo, príncipe de este mundo, que parecía ser su rival.

11.° Padeció mil dolencias de amor; porque ¿de dónde podían proceder estas divinas palabras: Con un bautismo he de ser bautizado, y ¡cómo tengo oprimido mi corazón hasta que lo vea cumplido? Veía la hora en que había de ser bautizado con su sangre, y desfallecía, mientras no llegaba: el amor que nos profesaba le apremiaba a librarnos, con su muerte, de la muerte eterna y así se entristeció, sudó sangre de angustia, en el huerto de los Olivos, no sólo por el extremado dolor que su alma sentía, en la parte inferior de su razón, sino también por el amor que, por nosotros, sentía en la parte superior de la misma; el dolor le infundía espanto ante la muerte, y el amor grandes deseas de ella, de suerte que un rudo combate y una cruel agonía se entabló entre el deseo y el horror a la muerte, hasta provocar una gran efusión de sangre, que manó, como de una fuente, chorreando hasta el suelo.

12.° Finalmente este divino Amante murió entre las llamas y los ardores de su infinita caridad para con nosotros y por la fuerza y la virtud del amor, es decir, murió en el amor, por el amor, para el amor y de amor. Porque, aunque los crueles suplicios fueron suficientísimos para hacer morir a cualquiera, con todo jamás la muerte hubiera podido entrar en la vida de Aquel en cuyo poder están las llaves de la vida y de la muerte, si el divino amor, que mueve estas llaves, no le hubiese abierto las puertas para que pudiese saquear aquel divino cuerpo y arrebatarle la vida; pues el amor no se contentó con haberlo hecho mortal por nosotros, sino que le quiso muerto. Murió por propia elección y no por la vehemencia del mal. Nadie me arranca la vida sino que Yo la doy de mi propia mano y soy dueño de darla y dueño de recobrarla” Fue ofrecido - dice Isaías, porque Él mismo lo quiso, y así, no se dice que su espíritu se fue, le dejó y se separó de Él, sino, al contrario, que fue Él quien lo entregó exhaló y lo puso en manos del Padre eterno y hace notar San Atanasio que inclinó la cabeza para morir, en señal de asentimiento, cuando llegó la muerte, lo cual, si así no fuera, no se hubiera atrevido a acercarse a Él; y clamando con una voz muy grande, envió su espíritu al Padre, para dar a entender que, así como tenía bastante fuerza y aliento para no morir, tenía también tanto amor, que no podía vivir sin hacer volver a la vida, con su muerte, a los que, sin esto, jamás hubieran podido evitar la muerte ni pretender la verdadera vida. La muerte del Salvador fue un verdadero sacrificio, y un sacrificio de holocausto, que Él mismo ofreció a su Padre por nuestra redención. Porque, si bien las penas y los dolores de su pasión fueron tan grandes y tan fuertes, que cualquiera otro hombre hubiera muerto de ellos, con todo, en cuanto a Él, nunca hubiera muerto, si no hubiese querido y si el fuego de su infinita caridad no hubiese consumido su vida. Fue, pues, Él mismo el sacrificador que se ofreció a su Padre, y el que se inmoló por amor.

Sin embargo, esta muerte amorosa del Salvador no tuvo lugar por vía de arrobamiento.

Porque el objeto por el cual su caridad le llevó a la muerte no fue tan amable que pudiese arrebatar a aquella alma divina, la cual salió de su cuerpo impelida y lanzada por la afluencia y la fuerza del amor, como arroja la mirra su primer licor, por su sola abundancia, sin que nadie se lo saque ni la exprima, según lo que el mismo Señor dijo, como ya lo hemos notado: Nadie me arranca ni arrebata la vida, sino que la doy de mi propia voluntad. ¡Dios mío, qué brasero, para inflamar nos en la práctica de los ejercicios del santo amor a un Salvador tan bueno, el ver que Él los practicó por nosotros, que somos tan malos! Esta es; pues, la caridad de Cristo que nos apremia.

 

LIBRO ONCE

Cómo todas las virtudes son agradables a Dios

La virtud es tan amable, por su propia naturaleza, que Dios la favorece donde quiera que la ve. Los paganos, practicaban algunas virtudes humanas y cívicas, cuya condición no excedía las fuerzas del espíritu racional. Puedes pensar, Teótimo, cuán poca cosa era esto. A la verdad, aunque estas virtudes tuviesen mucha apariencia, tenían de hecho muy poco valor, a causa de la bajeza de la intención de quienes las practicaban, los cuales no buscaban sino la propia honra, o algún fin muy insignificante, como las conveniencias sociales, o la satisfacción de alguna. ligera tendencia hacia el bien, la cual, no encontrando gran oposición, les inclinaba a la…

jueves, 1 de junio de 2017

EL CONCILIO VATICANO II. ¿FUE UN CONCILIO CATOLICO?



1960 un año clave para la cristiandad, no solo el año del Concilio Vaticano II sino también el termino de la Iglesia de siempre y el resurgimiento de una Iglesia que rompió totalmente con su pasado, un pasado glorioso y lleno de la acción divina y de la gracia.
¿Porque a las nuevas generaciones no se nos dio la oportunidad de mantenernos en contacto con la Iglesia de siempre? Porque se nos quiere obligar a seguir a la Iglesia moderna o nueva? A quienes Dios Nuestro Señor les ha dado la gracia de vivir en aquella época en la cual se daba la verdadera Misa en los altares de todo el mundo, conocen muy bien la diferencia entre la Misa de Siempre y la actual, conocen la santidad de una y la inutilidad de la otra. Dice un dicho, “nadie da lo que no tiene” y en verdad lo menos que tiene esta nueva misa es la santidad de donde emana la vida espiritual y se asentaron por mucho tiempo los valores éticos y morales que rigieron los destinos de muchas almas.
Hoy eso se ha terminado a cambio de una falsa paz porque esta nueva Iglesia, al haberse separado de la mies verdadera, no puede producir más que abrojos y espinas y, lo peor, una falsa paz sin Dios. No es de extrañar que los acontecimientos actuales, cuyo presagio no es nada bueno, desemboquen en una tan temida guerra producto del alejamiento de Dios y de los errores difundidos desde ese año 1960 en toda la sociedad católica, errores introducidos a propósito dentro del seno de la misma Iglesia Católica con el pérfido fin de protestantizarla y, en consecuencia, llevar a las almas no a la vida eterna sino al infierno porque el clero actual también a lanzado su grito infernal, “Non serviam” o este otro, “Nolumus regnare super nos” en donde se ponen directamente contra Dios verdad absoluta a la cual deben aspirar todas las almas redimidas por la Sangre del Cordero Inmaculado.
Esta nueva “religión” es tan tirana que debió imponerse por la fuerza so pretexto de desobediencia a Dios y han hecho tan pesado el yugo que ni ellos mismos lo llevan, pero si se benefician de sus prebendas al fin y al cavo, dicen ellos, los fieles son “ignorantes” y seguirán y aceptaran como ovejitas o borreguitos todo cuanto les digamos. Me pregunto, esta actitud anti Dios no desatara la cólera divina? O es que Dios, mirara con beneplácito como esta turba infame destruye lo que a Él tanto le costó? Su propia vida.
En lo particular no me extrañaría que Nuestro Señor esté preparando un gran castigo para unos, un aviso para otros y un retorno a la Iglesia de siempre y este puede ser la tercera guerra mundial bien merecida y bien ganada porque aun los pocos que comprenden la problemática se han quedado quietos, se han amoldado a la “comodidad” o han hecho pactos con los enemigos de Dios y de su Iglesia a pesar de los extensos escritos de almas verdaderamente celosas de la Gloria de nuestro Buen Dios. Una de estas almas celosas de esta gloria pone a vuestra disposición, después de un estudio profundo, los errores que esta Iglesia enemiga de Dios han envenenado las almas y las haya hecho caer en un sueño profundo cuyo fin es el infierno sino despiertan antes. Le dejo a él la palabra
 
RESUMEN DE LOS ERRORES DEL CONCILIO VATICANO II
 
INTRODUCCION
Se le imputa al Vaticano II (1962-1965), en general, una mente poco o nada católica, a causa del antropocentrismo, tan inexplicable como innegable, que rezuman todos sus documentos, como también la simpatía que manifiesta por el "mundo" y sus engañosos valores.
Más en concreto, se le imputan ambigüedades notables, contradicciones patentes, omisiones significativas y, 10 que más cuenta, errores graves en la doctrina y la pastoral.
Naturaleza jurídica ambigua
del último concilio
Procede recordar, a título preliminar, que la ambigüedad se insinúa hasta en la naturaleza jurídica efectiva del concilio Vaticano II: dicha naturaleza no está clara y parece indeterminada, porque el Vaticano II quiso declararse mero concilio pastoral, razón por la cual no pretendió definir dogmas, ni condenar errores. Por eso, las dos constituciones suyas que se adornan con el título de "dogmáticas" (Dei Verbum, sobre la revelación divina, y Lumen Gentium, sobre la Iglesia) son tales tan sólo de nombre, porque conciernen a materias relativas al dogma de la fe.
El concilio se quiso degradar a sí mismo, apertis verbis, a «magisterio ordinario sumo y manifiestamente auténtico» (Pablo VI), figura insólita e inadecuada para un concilio ecuménico, que encarna desde siempre un ejercicio extraordinario del magisterio, el cual se da en el momento en que el Papa decide ejercer excepcionalmente sobre toda la Iglesia-junto con todos los obispos, reunidos por él en concilio, la summa potestas, que le compete por derecho divino. Tampoco aclara las cosas la referencia al carácter "auténtico" de dicho magisterio, porque con tal término se entiende generalmente un magisterio "calificado", pero calificado nada más que en razón de la autoridad de la persona, no en razón de su infalibilidad. El magisterio mere authenticum no es infalible, mientras que sí lo es el "magisterio ordinario infalible". Como quiera que sea, la infalibilidad del magisterio ordinario no presenta las mismas características, las mismas notas, que la del magisterio extraordinario, por lo que no cabe aplicarla a un concilio. Baste pensar, al respecto, que los obispos concurren en el tiempo al magisterio ordinario infalible en cuanto se hallan dispersos por todo el orbe (enseñando la misma doctrina a pesar de su dispersión), no en cuanto se reúnen en un concilio.
Sea cual fuere la naturaleza jurídica efectiva del vaticano Il, lo cierto es que no quiso impartir una enseñanza dotada de la nota de infalibilidad; tan es así que el propio Pablo VI dijo que los fieles debían acoger las enseñanzas conciliares "con docilidad y sinceridad"; es decir, precisamos nosotros, que debían prestarles lo que se ha llamado siempre "asentimiento religioso interno" (que es el que se requiere para los documentos pastorales, por ejemplo).
Dicho asentimiento resulta obligado, pero a condición de que no haya razones graves y suficientes para no darlo; y ¿qué razón es más grave que la constituida por la alteración del depósito de la fe? Cardenales, obispos y teólogos fieles al dogma estigmatizaron ya repetidamente, durante el tormentoso desarrollo del concilio, las ambigüedades y los errores que se infiltraban en sus textos, errores que hoy, después de cuarenta años de reflexiones y de estudios cualificados, estamos en posición de determinar con más precisión todavía.
 
Errores en el discurso de inauguración
y en el mensaje al mundo
 
No pretendemos que sea completa nuestra sinopsis de los, errores imputados al Vaticano II; con todo, creemos haber identificado un número suficiente de errores importantes, comenzando por los contenidos en el discurso de inauguración y en el mensaje del concilio al mundo del 20 de octubre de 1962; se trata de textos que, aunque no pertenecían formalmente al concilio, lo encaminaron, sin embargo, en el sentido querido por el ala progresista, esto es, por los novadores neomodernistas.
 
DISCURSO DE INAUGURACION.
 
El célebre discurso de inauguración de Juan XXIII contiene verdaderos y propios errores doctrinales, además de diversas profecías desmentidas ruidosamente por los hechos (“En el presente orden de cosas, en el cual parece apreciarse un orden nuevo de relaciones humanas, es preciso reconocer los arcanos designios de la Providencia divina... »).
1 ER. ERROR: UNA CONCEPCIÓN MUTILADA DEL MAGISTERIO
Radica en la increíble afirmación, repetida por Pablo VI en el discurso de inauguración de la 2a sesión del concilio, el 29 de septiembre de 1963, según la cual la santa Iglesia renuncia a condenar los errores: «Siempre se opuso la Iglesia a estos errores [las opiniones falsas de los hombres], Frecuentemente los condenó con la mayor severidad. En nuestro tiempo, sin embargo, la Esposa de Cristo prefiere usar de la medicina de la misericordia más que de la severidad. Piensa que hay que remediar a los necesitados mostrándoles la validez de su doctrina sagrada más que condenándolos».
El Papa Roncalli faltaba a sus deberes de vicario de Cristo con esta renuncia a usar de su autoridad, que procedía de Dios, para defender el depósito de la fe y ayudar a las almas condenando los errores que acechan su salvación eterna. En efecto, la condena del error es esencial para la preservación del depósito de la fe (10 cual constituye el primer deber del Pontífice), dado que confirma a fortiori la doctrina sana, demostrando su eficacia con una aplicación puntual.
Además, la condena del error es necesaria desde el punto de vista pastoral, porque sostiene a los fieles, tanto a los más cultos como a los menos cultos, con la autoridad inigualable del magisterio, de la cual pueden revestirse para defenderse del error, cuya "lógica" es siempre más astuta y más sutil que ellos. No sólo eso: la condena del error puede inducir a reflexionar al que yerra, poniéndolo frente a la verdadera sustancia de su pensamiento; como siempre se ha dicho, la condena del error es obra misericordiosa ex sese.