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jueves, 2 de febrero de 2017

ESCRITOS SUELTOS DEL LIC. Y MARTIR ANACLETO GONZALES FLORES, “EL MAISTRO”

EN MITAD DEL CORAZÓN


Las adiciones hechas últimamente al Código Penal Federal no tienen otro objeto que apretar reciamente la mordaza que la revolución ha querido ajustar a todas las bocas que pueden gritarle a los cuatro vientos sus miserias, sus fístulas y sus crímenes. De una manera especial la prensa periódica va a recibir de acuerdo con esas modificaciones, un golpe muy rudo. Porque en lo sucesivo la prensa confesional no podrá emitir su opinión acerca de la actitud del gobierno en asuntos de interés general. Y esto, claro está, es ponerle una mordaza a la prensa y, sobre todo, a la conciencia y a la opinión pública. Porque no nos hagamos la ilusión. La conciencia en nuestro país es confesional, es decir, es intensamente religiosa pese a quien pasare. La conciencia es la retaguardia de la opinión. Y la opinión no es, no puede ser más que un reflejo más o menos vivo de la conciencia. Y a pesar de todos los esfuerzos y de todos los sofismas hechos para desgajar el árbol de la vida, individual y colectiva, la política y la religión ambas continúan estrechamente unidas cuando menos en lo que se refiere a la esencia de los principios y a las bases hondas de donde arrancan el pensamiento y las actitudes integrales de los pueblos.

La revolución, es decir, el gobierno actual, se propone, según parece, cerrar apretadamente todos los labios de los creyentes; se propone amarrar todas las plumas de los católicos; se propone ahogar todos los pensamientos y colocarse en una posición de Júpiter[1] de manera que ante él, solamente los laicos, solamente los que han expulsado de su conciencia y de si opinión a Dios pueden decir su palabra respecto a los actos del gobierno.

Resalta de nuevo y por centésima vez la contradicción: los revolucionarios proclaman y han proclamado hacia todos los rumbos la muerte, la extinción de la fuerza moral de los católicos y de su influjo sobre el pueblo. Si así es ¿para qué amordazar a la prensa confesional? Para atar de pies y manos a los más irreductibles enemigos de la revolución. Esto es todo.

Porque de sobra se sabe que si hay quien no capitule ni capitulará frente a las banderas de la revolución es la prensa católica, es el pensamiento católico. Todos los demás, llámense portaestandartes del pensamiento en las escuelas o en la prensa, encuentran siempre motivos serios para arriar su bandera delante de los fuertes, entregados a las orgías de canibalismo donde hoy se asfixia y naufraga la libertad en nuestra patria. Solamente el catolicismo encuentra y encontrará siempre motivos lógicos para mantenerse erguido y de frente delante de los desfogues y de las intemperancias salvajes de la revolución. Más aún: solamente el Catolicismo tienen en cada conciencia: en la individual y en la colectiva, en nuestro país, un fuerte y recio dominio interior.

De manera que una prensa católica vigorosa y de alcance nacional, tarde o temprano tendrá o tendría que juntar todas las miradas de chispas de pensamiento que arden aún bajo el rescoldo inmenso de nuestras catástrofes echar a andar como si fueran diez millones de antorchas encendidas y apretadas por un solo enorme puño, una opinión pujante y viva que desquiciara inevitablemente la revolución. Por esto, por más que se trata de un alarde de fuerza incontestable, al adicionar el Código Penal con eso que se puede llamar la ley de la mordaza, como en España se llamó la del Candado a una ley parecida, es preciso subrayar, recalcar este hecho: la revolución tiembla delante del porvenir, de su porvenir y de su suerte.

Hoy como ayer, la revolución abre desmesuradamente sus ojos inyectados de sangre y de barbarie ante la pensa, sobre todo, ante la prensa periódica. Por instinto sabe que la prensa periódica ha venido a ser a la vuelta de los años, la institución más altamente democrática que existe. Porque la prensa periódica podrá alguna vez tergiversar sus destinos propios, pero su esencia misma es la democracia del pensamiento, por ser la democracia de la palabra. Dios ha sido y es el primer demócrata: abrió su mano y echó a soplar el viento para todos los pulmones. Trazó con sus radiantes pinceles los crepúsculos las auroras y todos los días se hartan nuestros ojos con la policromía de cuadros vivos y palpitantes que todavía no han sido soñados ni por Velázquez ni por Rubens. El aire, el sol, el mar, son permanentes testimonios de la democracia de Dios. la imprenta, como el sol, como el agua, como el viento, cruza hoy, por encima de todas las frentes y de todos los caminos y lleva a la cabaña, a los palacios, a los talleres y a los gabinetes de los sabios, el aliento oxigenante de la palabra que lleva sobre el invisible plumaje de sus alas rápidas, como el relámpago, el cabrilleo radiante del pensamiento.

Antiguamente los grandes pensamientos de los grandes maestros no salían de los límites estrechos de una escuela, solamente los iniciados podrían quedar extasiados frente a la corriente de luz que fluía de los labios de los oráculos de una escuela. Hoy la prensa periódica, como riego de sol, como lluvia que va a todas partes, arroja el pan del pensamiento a todos los caminos y a todos los talleres. La prensa ha venido a ser por esto, una institución democrática por su esencia, por su naturaleza. Se la podrá matar o se la podrá amarrar: pero habrá que preguntarse por qué se la mata y por qué se la amarra. Y la respuesta la encontramos en los mismos hechos: la matan y la amarran los que tienen que la democracia los arrojaría hacia abajo.

Para descubrir a un déspota, a un tirano, a un violador empedernido de la democracia, no hay más que buscar en sus manos para averiguar si lleva señales de perseguidor de la prensa periódica. Porque si se han manchado las manos con atentados a la prensa periódica, decimos a ojo cerrado: es un tirano y se halla indiscutiblemente en el polo donde viven y vegetan los irreconciliables enemigos de la democracia.

El golpe que de una manera especial se le asesta a la prensa periódica, en las adiciones al Código Penal Federal, es un golpe que se le da en la mitad del corazón a la democracia. Porque nadie puede herir a la prensa periódica sin herir a la democracia.



[1] Júpiter. Mitología griega. Identificado con el Zeus de los griegos, es el jefe del panteón romano, de la luz divina y del rayo.