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lunes, 26 de septiembre de 2016

LOS MANDAMIENTOS - Fr. Antonio Royo Marín, O.P.

El Decálogo y la vida eterna

INTRODUCCIÓN:

EL DESTINO DEL HOMBRE

1. El gran problema de la vida no tiene una solución satisfactoria fuera de la vida cristiana y de sus leyes.  

2. ¿Qué es lo que hago en esta vida? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Por dónde debo ir?

3. ¡Salvar la propia alma! Es el fin supremo al que hay que subordinar todo lo demás. "¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?" (M. 16, 26).

4. "Al final de la jornada, aquel que se salva sabe, y el que no, no sabe nada". La salvación es la única cosa estrictamente necesaria.

5. "Maestro bueno, ¿qué he de hacer para conseguir la vida eterna? Y Jesús le respondió: Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos" (M. 19, 16). Es decir: Si cumples mis leyes, te daré la vida eterna, te haré heredero de mi Reino y reinarás eternamente.

I. SIRVE A DIOS Y REINARAS
La dignidad del cristiano guarda proporción con el grado de obediencia a las leyes de Dios. "Serviré Deo, regnare est".

A) Servir.
He aquí una palabra, para muchos odiosa, humillante...Nuestro orgullo se figura oír la recomendación que se hace a los niños: "obedece, sé bueno". Sin embargo, no podemos huir de esta servidumbre: En el ejército, en las oficinas, en los cargos públicos, en la familia, en la Iglesia... Los superiores tienen que obedecer a sus superiores; y todos, al deber, a la ley. ¿No quieres servir a Dios? Servirás al demonio, al mundo y a las pasiones.

Reinar En esta vida:
Si sirves a Dios en sus mandamientos:

a) Reinarás sobre las sugestiones del demonio: El pecado es una obediencia al demonio. ¡Cuántos hombres sirven al demonio!
b) Reinarás sobre el mundo: Sobre sus caprichos, vanidades, modas, lujos...
c) Reinarás sobre las pasiones: La peor servidumbre es la de la carne... Promete mucho, da poco; llega a producir náuseas; lleva a la corrupción anticipada.

En la vida eterna:
Todos los bautizados tienen que escoger entre estos dos estados definitivos: cielo o infierno. No hay medio. El cielo supone reinar con Cristo, con los ángeles, con los santos... Servir a Dios es al mismo tiempo servir a nuestros propios intereses. El hombre que obra así, asegura su bienaventuranza para toda la eternidad.

II. EL DECÁLOGO Y LA VIDA ETERNA

Para conseguir la vida eterna -unión con Dios- dos cosas son necesarias: Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo.

A) Amar a Dios sobre todas las cosas.

1. Dios es el fin de toda nuestra vida: Objeto de nuestra felicidad y causa eficiente de ella.

2. Por tanto, hemos de abrazarnos íntimamente a El:   
a) No tendrás dioses ajenos: No endiosarás el objeto de tus
pasiones y concupiscencias, ni te postrarás ante una creatura, que es nada en las manos de Dios omnipotente.
b) No tomarás el nombre de Dios en vano: Lo exige la reverencia, que se debe al Señor que te ha creado. No ama a otro el que le injuria y arrastra su nombre por el polvo.
c) Santificarás el día del Señor: Es el reconocimiento de todos los beneficios que se han recibido de Dios: Creador, redentor, glorificador... En realidad, todos los días son de Dios. Pero, ¿qué menos que un día a la semana?

3. Estos tres preceptos están dados para librarnos de la soberbia de la vida, que bajo muchas formas pretende hacernos lanzar el grito de la desobediencia a Dios. Si amas verdaderamente a Dios, serás humilde y no te ensoberbecerás.  

B) Al prójimo como a ti mismo.

1. Has de amar a Dios entre los hombres y en los hombres. Para ello has de reconocer en los demás su dignidad -imágenes y templos de Dios- llamados a gozar eternamente de la bienaventuranza divina. No puedes amar a Dios, si no amas a las que son sus criaturas, objeto del infinito amor divino.

2. Honra a los padres: Estás en deuda, en una deuda que no puedes pagar. Debes a tus padres casi, casi, lo que a Dios. El te ha creado por ellos, y ellos te han infundido los principios para que puedas volver a Dios. Les debes en justicia: amor, reverencia, servidumbre filial...

3. A los demás hombres debes respetarles en sus derechos, que puedes lesionar: a) De obra:

1. Contra la persona que ya existe: No matarás.

2. Contra la persona que puede existir: No adulterarás.

3.  Contra los bienes de la persona: No robarás. 
b) De palabra: No dirás falso testimonio.
c) Con el pensamiento: No desearás lo ajeno.

4. Estos preceptos están dados para preservamos de la concupiscencia de la carne y de los ojos, que junto con la soberbia de la vida, son la causa de todos los males de este mundo.

CONCLUSIÓN

1. Si cumples estas cosas con espíritu de hijo de Dios, alcanzarás la vida eterna.

2. No el que diga, Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos...


3. Estos mandamientos forman un puente con diez arcos que une la tierra con el cielo; no puede faltar uno solo...