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viernes, 5 de agosto de 2016

La Santa Rusia

El misterio liberador de la Anunciación


La fiesta de la Anunciación, celebrada el 25 de marzo, es, después de la Pascua, la fiesta más gozosa para el creyente ruso. A ella está ligada, de modo particular, la idea de la libertad respecto del mal que nos sujeta. Aunque generalmente cae en Cuaresma, la fiesta es celebrada siempre, incluso en Semana Santa, incluso si coincide con el viernes Santo. Todo trabajo debe cesar; se dice que, ese día, ni los pájaros trabajan en su nido. Con ocasión de asta solemnidad, pájaros son puestos en libertad, para subrayar las palabras del Salmo: "Nuestra alma se escapó como un pájaro del lazo del cazador. La red se rompió, y estamos libres (S. 123,7). Porque el asentimiento de María al mensaje del ángel fue una palabra liberadora, por la que el hombre comenzó a salir del estado de dominación de Satanás. Se llevan regalos a los prisioneros. Sobre las nuevas semillas, bendecidas ese día, se coloca un ícono de la Madre de Dios; ella velará por la eclosión de una nueva mies.

En todo esto se puede ver una expresión simbólica, más o menos consciente, de ciertos aspectos de esta gran fiesta mariana. Tanto los textos litúrgicos bizantinos cuanto la homiléticos, están, llenos del pensamiento que María, como nueva Eva, con una perfecta libertad y pureza de alma, no ha sido tocada nunca por el mal: el pecado no la ha jamás sujetado en nada. Es lo mismo que expresa el dogma católico: por una gracia insigne, que forma parte del plan redentor, María ha sido preservada del pecado original. Este privilegio no la coloca fuera de la humanidad caída, sino que, por el contrario, su estado de liberada la hace supremamente solidaria con nosotros. Ella será enteramente dúctil y disponible en las manos de Dios, para la obra salvífica. Estará íntimamente asociada a esa obra, en todo su desarrollo. Es en virtud de su condición de lnmaculada, que ha podido pronunciar tan libremente y tan plenamente su Sí al designio redentor de Dios. Así se abrió a la humanidad, un camino de liberación.

Ole aquí el soplo de libertad con que está marcada la fiesta de la Anunciación. Por eso, este misterio está representado siempre en las puertas centrales del iconostasio de las iglesias bizantinas: por esas puertas tenemos acceso al árbol de la Vida que es el Altar de la nueva Alianza.

Salve, llave de las puertas del Paraíso
Salve, tierra de fruto imperecedero.
Salve, gleba que has producido una abundancia de misericordia...
Salve, principio de nueva creación...
Salve, Tú que detienes la acción de aquel que pierde a las almas...
Salve, preludio de las maravillas de Cristo".
(Akathistos)

En la piedad rusa, el pensamiento de la Cruz está estrechamente ligado al dolor de María. La liturgia del viernes Santo muestra esta asociación. Por su veneración a la Madre de los Dolores, los cristianos orientales en general, y los rusos en particular, pueden ser tan admirables en sus propios sufrimientos, llevados con paciencia
y esperanza.

La mediación de María



Con ocasión de la fiesta de la Protección de la Santísima Virgen, el célebre predicador popular Dimitri, arzobispo de Rostov (1709), decía: "Si alguien me preguntase cuál es el mayor poder en el universo, respondería: después de Jesucristo, nada es más 'fuerte y más poderoso sobre la tierra y en el cielo, que nuestra purísima Soberana y Madre de Dios, María siempre Virgen. Ella es igualmente poderosa en el cielo, porque por sus plegarias sabe persuadir a Dios mismo, el Fuerte y Todopoderoso. A Dios, a Quien, en otro tiempo, ella envolviera en pañales, ahora lo envuelve con sus plegarias".

El célebre padre Juan de Cronstadt, muerto en 1909, dice en su libro Reflexiones sobre la Liturgia de la iglesia ortodoxa (Moscú 1894): "La Santísima Madre de Dios es la benevolencia de Dios respecto de los mortales, y es la santa audacia de los mortales respecto de Dios. Es la puerta abierta del Paraíso". Cabe señalar aquí, que los íconos del último juicio, representan la Teotokos a la derecha del Juez, su Hijo. La piedad rusa atribuye una particular importancia a esta intercesión escatológica, 'como lo testimonia el famoso relato del "Pasaje de la Madre de Dios a través de los tormentos del infierno", en el que se la muestra dejando el paraíso, en compañía del arcángel Miguel, a fin de salvar todavía almas, cueste lo que costase. Por el misterio de su Maternidad divina, María permanece en el centro y en el corazón de la vida de la Iglesia. Al igual que en las pinturas occidentales, los leones orientales de Pentecostés, presentan a María en medio de los Apóstoles, recibiendo al Espíritu Santo, con el fin de conducir al nuevo pueblo de Dios en su marcha hacia la Jerusalén celestial.

En uno de sus sermones de la Asunción, el metropolitano de Moscú, Filareto (de quien nos hablaba Soloviev), dice: "A punto de unirse a la Iglesia celestial, la Madre de Dios reúne en torno suyo a los supremos representantes de la Iglesia sobre la tierra: por acá, ella nos hace comprender que su comunión con los fieles sobre la tierra, lejos de romperse con su partida, se reforzará, haciéndose, en adelante, más universal y más eficaz, y que la gracia en ella, después de estar oculta tan largo tiempo en su abajamiento y humildad, se desplegará en más, a partir de su sepulcro, a fin de llenar la tierra entera".

La mayor parte de los santuarios -no sólo los antiguos como antes acotamos- llevan el título de La Dormición. El primer monasterio, la Laura de las Grutas, en Kiev (Siglo XI) la fue dedicada. Alrededor de mil años, fueron levantados en Rusia más de tres mil monasterios y conventos (en 1917 no quedaba más que un tercio, por la simple razón que la revolución bolchevique incubada desde 1905 y consolidada en 1917, logro destruir todos los conventos y monasterios que pudo, pero aun así la devoción a la Santísima Virgen no lograron desterrarla del corazón eslavo pues Ella forma una esencia con ellos). Algo más de la mitad estaban consagrados a la Madre de Dios; muchos de ellos con el título de la Natividad de la Virgen o el de la anunciación.

No cabe duda que todo el misterio de la Virgen, fue un tema de particular predilección en la vida de ascesis y de oración de tos monjes y de las monjas rusas, lo que nos obliga a considerarlo en especial.

La devoción mariana en la tradición monástica.



Fueron los ambientes monásticos, los que más contribuyeron al desarrollo de la piedad mariana en las poblaciones rusas. Las Vidas de los santos monjes narran cómo María jugó un papel decisivo en su vocación. Desde luego, que no se trata de discutir el valor que hay que atribuir, en cada caso, al hecho milagroso en esas vidas. Lo que sí es cierto, es que estamos en el terreno de lo sobrenatural, con sus relaciones personales, donde hay que abandonar toda falsa mística, heredada de un pasado pagano, todavía no completamente extinguida.

El monje Juan, fundador del eremitorio de Sarov (†1737), es llamado a la vida monástica en un sueño: la visión de un ícono de la Purísima, lo impulsa a darse totalmente a Dios. Es sobre todo Serafín de Sarov (†1833), quien es conocido por su devoción filial a María. Esta se le apareció acompañada de los apóstoles Pedro y Juan. Serafín se hacía conducir en todo por la Virgen. Este santo ermitaño apareció muerto delante de un ícono de la Virgen, llamado Alegría de todas las Alegrías.

Con el aceite de la lámpara encendida junto a ese ícono, obraba curaciones. Un día, un visitante le preguntó si quería enviar a decir algo a su familia que vivía en Kursk. El monje, mostrándole alegremente los íconos de Crristo y de su Madre, le respondió: "Estos son mis parientes, para mi familia en esta vida, soy como un cadáver viviente". Esta intimidad con el cielo aparece ya en la Vida de San Sergio de Rodonez (t 1392), fundador del monasterio de la Santísima Trinidad de Zagorsk, cerca de Moscú, sitio que es hoy todavía un centro de peregrinación muy concurrido. En el relato de su vida, se narran tres apariciones de la Virgen, acompañada también con Pedro y Juan. San Sergio, dice su biógrafo, oraba a Marra "como un niño, en la simplicidad de su corazón".