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jueves, 5 de noviembre de 2015

INTERVENCIÓN DIVINA EN LAS CRISIS DE LA IGLESIA (1a parte)


Papa Honorio I

¿Porque este título? ¿Fue elegido al azar o es algo providencial, para estos momentos? Hoy el mundo “católico” está de fiesta porque, por fin la Roma modernista y no la verdadera Roma Católica, va a “canonizó” a dos verdaderos creadores y promotores de la madre de todas las herejías; el Modernismo.

Nuestro Señor en el pasado suscitó verdaderos defensores del catolicismo siempre que la esposa virginal de Nuestro Salvador, la Iglesia por Él fundada, se vió en peligros muy serios para defenderla de sus agresores físicos y morales. Sin embargo lo sucedido el 27 de abril del presente año muchos podrán decir que no tiene parangón dentro de la Iglesia de siempre. Afortunadamente no es así, siempre la Divina Providencia tiene un as bajo la manga y lo muestra en su momento oportuno no antes ni después porque para Ella no existe el tiempo, según lo define Santo Tomas; “El tiempo es según un antes y un después” (quien esto acota es el autor o cuando menos el porta voz de los variados artículos que, sobre la pasión del Señor, hizo llegar para vuestra meditación en esta pasada semana Santa). Como dije más arriba hablando sobre las “canonizaciones” de estos dos portentos del liberalismo y modernismo actual dentro de la Iglesia ocupada, cuenta con un antecedente en el Papa Honorio de triste memoria que en el año del Señor 650 apoyó la herejía Monofisita llevando consigo a una parte considerable de la cristiandad de aquellos tiempos. ¿Cómo sucedió eso?, he aquí la historia estimado lector. 

Grandes méritos y cualidades del Papa Honorio
 

Vamos a referirnos al serio conflicto ocurrido en los tiempos del Papa Honorio siendo de capital importancia, sobre todo en este mes de abril de 2014, que todos los, clérigos y laicos tengan conocimiento de los medios extraordinarios que Nuestro Señor Jesucristo ha utilizado, para salvar a su Iglesia de sus peores crisis, incluso cuando todo parecía ya humanamente perdido. Este ejemplo fortalecerá a nuestros lectores en estos tiempos aciagos donde la herejía modernista, “madre y cloaca de todas la herejías”, como en su momento lo dijo San Pío X y les mostrara cuales han sido, en crisis tan graves, como la actual que la venimos padeciendo desde 1960, los medios de salvación de salvación señalados por Dios. El Papa Honorio fue elegido por el clero y el pueblo de la ciudad de Roma, pues como es sabido en la elección del Papa ha habido en la Iglesia a través  de su historia, distintos sistemas, todos los cuales han sido legítimos. Su Santidad el Papa Honorio I fue tan hábil político como Paulo VI y fue también magnífico administrador de los asuntos de la Iglesia, desplegó gran celo en la conversión de los habitantes de las islas Británicas continuando la obra de San Agustín, liquidó el cisma provocado por el Patriarca Fortunato que siguió los pasos del surgido en tiempos del Papa Virgilio, deponiendo de su cargo al mencionado jerarca cismático, y como lo han hecho la mayoría de los Papas, combatió las conspiraciones de los israelitas contra la Iglesia de Cristo, dirigiendo una carta al concilio de Toledo, muy elocuente a este respecto, y siendo también su epitafio que contenía las siguientes frases: “Judaicae gentis sub te est perfidia victa Sic unum Domini redis ovile nium”.


La unidad de los cristianos, deseada por Cristo y por su Santa Iglesia

Fue el noble fin de la unidas de los cristianos, el que en esta ocasión dió inicio a una crisis de gravísimas proporciones. La herejía de los “Monofisitas”, que afirmaban que siendo Cristo Nuestro Señor una sola persona, tenía también una sola naturaleza (remito al lector a los escritos que, sobre la pasión se encuentran en este sitio), había sido ya condenada por la Santa Iglesia y vencida en la Cristiandad, quedando solamente algunos núcleos heréticos minoritarios, aunque de cierta fuerza, dirigida por los obispos aferrados a la herejía.

Esta lamentable situación hizo ver a todos la necesidad de hacer un esfuerzo supremo a favor de la unidad de los cristianos y de la Santa Iglesia, UNIDAD DESEADA POR EL MISMO CRISTO Y POR TODOS LOS QUE SOMOS FIELES A SU DOCTINA, DICHA UNIDAD ERA EN ESOS TRAGICOS MOMENTOS DE MAYOR URGENCIA EN VISTA QUE LA CRISTIANDAD SE HALLABA EN PELIGRO ANTE LA INVASION AL IMPERIO ROMANO DE ORIENTE por los persas, dualistas y paganos, que iban conquistando una tras otra las provincias del este de África cometiendo las atrocidades más horribles contra los cristianos y destruyendo las iglesias y monasterios. 

Pero la unidad de los cristianos no debe intentarse adulterando o negando, la divina revelación. 


Ante el avance arrollador de los persas, la unidad de los cristianos ERA UN ASUNTO VITAL. Pero desgraciadamente, cuando este objetivo no se busca por los verdaderos caminos, en vez de obtenerse la anhelada unidad deseada, se han provocado una mayor discordia y una desunión todavía mayor que la que existía cuando se inicio el noble intento. Y eso fue lo que lamentablemente ocurrió en el caso que nos ocupa por traer a la unidad a ciertos núcleos heréticos, se provocó un cisma y una nueva hernia, que desgarró a la Santa Iglesia en el curso del siglo VI, y que provocaron MUCHO MAS DESUNION QUE LA QUE SE QUERIA SUPRIMIR.


Ante los avances inminentes de los persas, el emperador Heraclio, que acababa de tomar el trono, se encontraba desmoralizado ante una situación que agravaba, por el hecho de que los herejes monofisitas en Egipto habían facilitado los triunfos de los invasores persas. Entonces surgió el Patriarca Sergio de Constantinopla, como el hombre que trabajó incansablemente por inyectar ánimo al desmoralizado emperador y empujarlo a una acción eficaz, para defender al cristianísimo imperio, conduciéndolo un día a una Iglesia, según refiere la tradición, donde hablándole de Dios, le exigió el juramento de morir por la defensa de la cristiandad y el imperio; operándose con esto un cambio en Heraclio, que inició inmediatamente una serie de campañas victoriosas para recuperar los santos lugares y recobrar de los persas las bastas regiones que habían capturado, pero al mismo tiempo, movido el combativo Patriarca, del celo por obtener la Unidad de los Cristianos, concibió la idea de que esta solamente podría conseguirse  mediante el dialogo (mediante el cambio de impresiones, negociaciones y términos que equivalen al dialogo actual de la Neo- Fraternidad empleando este término que más se adapta a nuestros tiempos), con los herejes y concesiones que hicieron a estos, mediante una fórmula de transacción llamada por él formula de conciliación, que parecía justificarse, ante el nuevo peligro de la invasión musulmana que se gestaba en el sur

ESO DE CREER QUE LA VERDAD REVELADA, PUEDE SER OBJETO DE DIALOGO, PARA REALIZAR CON ELLA TRANSACCIONES, como con cualquier asunto político, lejos de conseguir la unidad tan deseada, ha traído siempre, por castigo de Dios, nuevas herejías y todo género de males, ya que la verdad revelada por Dios no puede ser modificada por los hombres ni ser objeto de componendas. Dios ha castigado siempre estos gestos de debilidad o de oportunismo de algunos grandes jerarcas eclesiásticos, permitiendo que ocurran mayores conflictos  a la Santa Iglesia, que aquellos que con estos diálogos y transacciones se querían liquidar, quizá para hacernos ver a todos que la Divina Revelación no puede ser objeto de componendas humanas.
El patriarca Sergio, que demostró con hechos su gran celo por defender la Cristiandad, pensó que podría lograr la adhesión de los herejes monofisitas, a la Iglesia Católica, mediante el diálogo y concesiones mutuas que hicieron varias partes y la adopción de la fórmula de compromiso, que aceptando que en Cristo Nuestro Señor hubiera una sola persona, tuviera dos naturalezas, la Divina y la humana, pero una sola energía, una sola voluntad. Creyó que en esta forma se lograría, que los monofisitas, que sostenían la existencia de Cristo en una sola naturaleza, podrían unirse a la ortodoxa, pero se incurrió en una más grave herejía, que en el fondo era el mismo monofisismo con otro aspecto. Y ocurrió que la famosa fórmula de transacción, si bien logró atraer a la mayoría de los monofisitas, fue insuficiente e inaceptable para otros.

Patriarcas y Obispos se adhieren a la herejía MONOTELITA que avanza sin resistencia entre el episcopado. 

Lo más grave de todo, fue que el emperador Heraclio, sobre quien el Patriarca de Constantinopla tenía influencia decisiva, aceptó con gusto la llamada fórmula de reconciliación y la hizo suya, puso en su apoyo toda la fuerza imperial, siendo atraídos a la nueva herejía. Plegándose a las presiones del emperador y del Patriarcado un numero cada día mayor de obispos, entre ellos el Metropolitano de Laica, Atanasio de Antioquia, Faran de Arabia, y otros.

El patriarca Sergio logró que el emperador nombrara a Ciro de Fasis, para ocupar el Patriarcado de Alejandría, al quedar vacante este, con lo que los partidarios de la nueva herejía controlaban las sedes más importantes de oriente, tomando proporciones gigantescas esta nueva herejía, sin haber logrado la tan ansiada anhelada unidad de los cristianos, sino mas bien, acrecentando la discordia y la división, en forma más aguda y peligrosa.

Desgraciadamente, como en el caso de la herejía arriana, fueron los obispos los primeros en claudicar y abrazar la nueva herejía arrastrando en su traición al clero de su diócesis, además, como en otras crisis de la Iglesia, lo primero que hicieron los jerarcas herejes fue la promoción de obispos herejes para que ocuparan las sedes vacantes y demás puestos claves. Clérigos herejes que contribuyeran a propagar la herejía; sin la menor resistencia de los obispos, faltando con esta acción, gravemente a sus deberes para con Dios. En medio de esta tormenta, el Papa Honorio I, convencido de la necesidad de lograr la unidad de los cristianos, había sufrido el impacto de los argumentos del Patriarca de Constantinopla y se encontraba en actitud vacilante, sin condenar la nueva herejía, que era apoyada por la gran parte de la jerarquía y el silencio del Papa, iba controlando cada vez más a la cristiandad.
En realidad, lo que provocaba las vacilaciones del Papa, eran motivos de alta política, pero relacionados íntimamente con la salvación de la cristiandad. Los mismos motivos que inspiraron al Patriarca Sergio y al emperador Heraclio, o sea, lograr a toda costa la unidad de los cristianos para impedir que una división interna facilitara el avance de los Musulmanes, que de llevarse acabo causaría un gran desastre al catolicismo. No se trata de justificar a un Papa sobre quien recayó tremenda excomunión de un santo Concilio Ecuménico, ratificada por un Papa Santo; sino simplemente hacer honor a la verdad histórica, la cual demuestra que los móviles de ese vicario de Cristo en la tierra fueron bien intencionados aunque se hayan desencadenado en una actuación equívoca, que dio motivo justificado a un terrible anatema post mortem. 

Unos cuantos sacerdotes se enfrentan a sus obispos, en defensa de la ortodoxia católica.


En tan grave situación, Dios Nuestro Señor se valió, para iniciar la defensa de la verdadera doctrina, de un humilde monje de Palestina llamado Antíoco que, dejando la paz de su convento y rebelándose contra su obispo y Patriarcas que sostenían la herejía, acuso públicamente al Patriarca de Antioquía de ser el Anti-Cristo y de renovar las herejías de Estiques y Apolinar. La rebelión del fraile Antíoco contra la jerarquía eclesiástica hereje, encontró eco en Egipto, donde unos simples sacerdotes y frailes se rebelaron contra sus obispos herejes y contra el nuevo Patriarca Ciro de Alejandría, que vendría siendo ahora como el primado de la Iglesia de Egipto, después del Papa y del Patriarca de Constantinopla, el jerarca de mayor categoría en la Iglesia de esos tiempos. El poderoso Patriarca condenó, excomulgó y hasta empleó la violencia contra esos infelices sacerdotes y monjes que lo sacrificaron todo por la verdadera doctrina de Cristo.

Poco a poco se fue propagando la llama de la defensa de la Fe verdadera y la rebelión contra un episcopado que se había sumado a la herejía, convirtiendo algunos modestos presbíteros, los templos a su cargo en verdaderos baluartes de la verdadera doctrina cristiana, por supuesto con el apoyo moral y físico de sus feligreses, quienes, junto con sus pastores comprendieron la gran necesidad de defender la Fe ortodoxa incluso yendo en contra de sus Obispos y altos jerarcas de la Iglesia en aquellos tiempos y gracias a esta unión lograron sacar a los Obispos herejes. Estos éxitos fueron posibles mientras las autoridades civiles locales se mantuvieron al margen de todo esto y e incluso se abstuvieron de brindar apoyo militar a los Jerarcas eclesiásticos Monotelitas. Pero siempre que dichas autoridades por orden del emperador intervinieron militarmente a favor de los herejes, quitaron a los celosos párrocos sus iglesias y las entregaron a los herejes, así la victoria de los herejes se antojaba definitiva.

Continua...