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sábado, 14 de noviembre de 2015

CONSAGRACIÓN DE MÉXICO A CRISTO REY




Hay actos benéficos y asombrosos que las autoridades, tanto eclesiásticas como civiles, en el momento determinado por Dios y en las circunstancias más difíciles y contrapuestas, se han llevado a cabo. Aún teniendo en contra, a los enemigos más poderosos de la Religión Católica. Uno de esos raros actos fue la Consagración de nuestro país a Cristo Rey en el aciago año de 1914.
Victoriano Huerta (Consagró a Mexico a Cristo Rey)

Justo al inicio de la mayor revolución social sufrida por México, planeada, azuzada, sostenida por los sucesivos gobiernos y los grandes financieros de los Estados Unidos de América en complicidad con las sectas masónicas mexicanas. Cuyo fin inmediato era quedarse con el petróleo y la red de ferrocarriles propiedad de capitales europeos. Aunado a este fin, estaba otro más importante; destruir también, la religión católica y la cultura hispana de México.

La Revolución planeada y preparada para nuestro país por la cúpula política y financiera de los Estados Unidos, desde la ciudad de Nueva York, seguía un plan perfectamente planeado desde el anterior siglo XIX. El plan secreto era imponer al pueblo mexicano la anarquía, previa a la introducción del Nuevo Orden Mundial de esa época. Se intentaba implantar el Comunismo en todo el mundo comenzando por México de manera experimental. El primer paso para ello era la destrucción de la religión del pueblo mexicano, la Religión Católica, y de toda autoridad civil, de la influencia cultural europea, y de toda la riqueza material acumulada en 30 años de paz porfiriana, así como el robo de los capitales privados. Después, seguiría la uniformidad de sus habitantes en las doctrinas socialistas ateas.


México había sido escogido por esa cúpula plutocrática de los EE.UU. para servir de experimento a la revolución posterior, de 1917, aplicada en Rusia por los bolcheviques y en España entre 1933 y 1939 con la llamada Guerra Civil, que produjo, como en México, un millón de muertos. Estas revoluciones y prácticamente todas, desde la Revolución protestante del siglo XVI contra el papado y la Religión Católica, hasta las guerras del Medio Oriente, pasando por las devastadoras destrucciones del continente asiático, han sido ejecutadas por los agentes del Anticristo para instaurar su reino materialista en todo el mundo; llamado “Novus Ordo Seculorum”.
“Las Revoluciones de México son impulsadas por dos agentes que operan sobre él mancomunadamente: la masonería y el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica…..” (A. Gibaja y Patrón, “Revoluciones Sociales de México”, cap. XX tomo V….1)

Don Francisco I. Madero pasó la frontera del norte con el “Plan de San Luis” en la mano, lo proclamó el 5 0ctubre de 1910, para derrocar al Gral. Porfirio Díaz después de casi 30 años de un gobierno fuerte, aunque masónico, que había traído la paz anhelada al pueblo mexicano….Francisco. I. Madero, masón y espiritista, era el ariete para comenzar la Revolución que destruiría la riqueza y el prestigio internacional de México, duramente adquirido después de 70 años de desorden nacional. Francisco I. Madero, como el cura Miguel Hidalgo cien años antes, estaba imbuido por las utopías de los filósofos del siglo XVIII. Pero, era el hombre de paja de la política yanqui que lo quemaría en el momento adecuado.

A principios de 1911 los revolucionarios de Madero tomaron posiciones en lugares cercanos a la frontera norte apoyados por asesores extranjeros entre ellos el revolucionario italiano José Garibaldi, nieto de Giuseppe Garibaldi el unificador de Italia. La Revolución tomó fuerza con las contribuciones de Francisco Villa y Emiliano Zapata, armados con pertrechos y asesores yanquis. El 8 de junio de 1911 Madero entró en la ciudad de México como jefe de la Revolución que predicaba un gobierno democrático establecido por el pueblo y para el pueblo. Se convocaron elecciones para Presidente y Vicepresidente, pero la gran mayoría de la gente de razón no votó. Por lo que se contabilizaron los votos de la plebe más ignorante que no tenía idea de lo que era la Democracia, y con ese bagaje espurio, se reconoció como presidente de México a Madero y vicepresidente a Pino Suárez.

(1. Capítulo XX, Tomo V, “Revoluciones Sociales de México”, Ed. Tradición, Antonio Gibaja y Patrón.
2. Idem.)

Madero y su gobierno comenzaron con una política de estabilidad nacional ajena a las intenciones aceleradas de los financieros yanquis que deseaban la destrucción rápida del antiguo régimen para, que en aguas tormentosas, hacerse de las riquezas naturales del suelo y subsuelo mexicanos.

Por tanto, deseaban que el nuevo gobierno maderista hiciera las reformas necesarias para tal fin. Sin embargo Francisco I. Madero no se mostraba diligente. Ya había pasado un año de la toma del poder y su gobierno no desbarataba los tratados con las potencias europeas. Entonces era necesario moverle el tapete para que retomara los postulados revolucionarios. El inquieto caballerango Emiliano Zapata desconoció a Madero y proclamó el Plan de Ayala en el sur del país, ayudado por sus asesores yanquis, su propósito oficial era reivindicar a la raza indígena. Esto, aunado a la división de los maderistas en dos tendencias de logias: unos acelerados y otros más calmados en las reformas y expropiaciones que pretendían de la riqueza del país en beneficio de los capitalistas judeoyanquis, y que comandaba sin embozo el embajador de USA. Henry Lane Wilson, debilitaron el gobierno de Madero quien retardaba unas veces, y otras se oponía francamente, a las ordenes impertinentes del Departamento de Estado yanqui por medio de su embajador.

A parte de esta lamentable situación, el general Félix Díaz masón de alto grado, pariente del depuesto presidente Porfirio Díaz, y otros masones, se pronunciaron en Veracruz desconociendo a Madero, para supuestamente, restablecer el régimen anterior. (Gibaja y Patrón, cap. XXI, “Revoluciones Sociales de México.”) El general Félix Díaz y su gente se hicieron fuertes en la Ciudadela de la capital; con la defección y ayuda del general maderista Huerta, tomaron prisioneros a Francisco I. Madero, a su hermano Ernesto y a José Ma. Pino Suárez el 19 de febrero de 1913, por presiones renunciaron a sus cargos, siendo trasladados a la Penitenciaría. Mientras tanto, a instancias del embajador H. L. Wilson se reunieron en la Embajada norteamericana los militares golpistas, acordando dar el gobierno provisional al general Huerta.

El presidente Madero y su vicepresidente Pino Suárez renunciaron a sus puestos quedando prisioneros del general Victoriano Huerta. Trasladados a la Penitenciaría, el 22 de febrero en la madrugada se hallaron sus cadáveres. Después de esa acción viene una serie de conjeturas que los historiadores no han podido aclarar porque la masonería internacional siempre se empeña en oscurecer los acontecimientos donde ella interviene de manera relevante. Existen muchas versiones para dilucidar la responsabilidad directa en esos asesinatos, pero ninguna ha resultado convincente.


Sin embargo, la historia oficial de los sucesivos gobiernos masónicos mexicanos ha declarado, al general Huerta católico y antimasónico, como el único responsable, eximiendo de ello, a todos los participantes revolucionarios. Los verdaderos culpables han quedado en la sombra, resguardados por el secreto de las logias. De esos acontecimientos ha pasado un siglo, hoy son muchos los historiadores que han investigado y sacado conjeturas que han deslindado los tejemanejes de los revolucionarios mexicanos. Pero, los hechos de los protagonistas son los que cuentan. En los doscientos años que han pasado desde que el cura Hidalgo dio el grito de Dolores con el cual dio inicio la guerra de indecencia los gobiernos liberales mexicanos han cometido miles de horrendos crímenes contra los mexicanos que no han aceptado su ideología anticristiana, y sin embargo, la historia oficial de México ha ocultado y mantenido a cubierto, las traiciones, los asesinatos, robos y todo tipo de fechorías de sus llamados héroes y próceres.