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miércoles, 8 de noviembre de 2017

NACIMIENTO, GRANDEZA, DECADENCIA Y RUINA DE LA NACION MEJICANA


DISTINTOS ESTRATOS SOCIALES DE LA HISPANIDAD EN MEXICO

Diez de esos héroes que efectuaban un reconocimiento fueron sorprendidos por fuerzas del 15° Regimiento causándoles 5 bajas.
Armando Téllez Vargas fue hecho prisionero, los demás pudieron huir y unirse a sus compañeros. El capitán que hizo prisionero a Téllez Vargas le preguntó por quién peleaba, respondiendo con firmeza: por Cristo Rey. Entonces lo retó a que gritara ¡Viva Cristo Rey!, lo cual hizo en voz alta y con mayor firmeza. Acto seguido, el capitán descargó toda la carga de su pistola sobre la cabeza de Armando Téllez Vargas.
Los Cristeros sobrevivientes se aprestaron a hacer frente al inminente ataque, que recibieron con una cerrada descarga que hizo retroceder al enemigo con numerosas bajas de muertos y heridos, recogiendo un botín de 15 fusiles con su dotación de municiones, siete caballos y ocho monturas.
El 15 de abril de 1927 sostuvieron un reñido combate que los obligó a la retirada y a la dispersión. Manuel Bonilla y su asistente llegaron a una hacienda cuyo dueño los entregó al cabecilla callista Urbalejo, quien los fusiló en los Llanos de Salazar. Manuel Bonilla murió con el rosario en la mano y los brazos en cruz, vitoreando a Cristo Rey; tenía 22 años. Cuando 14 días después el cuerpo fue exhumado por su madre, se encontró incorrupto. En 1943, quince años después estaba en el mismo estado.
El general don Manuel Reyes fue hecho prisionero en combate y fusilado en la ciudad de Toluca en agosto de 1927, muriendo al grito de ¡Viva Cristo Rey! Sería muy larga la relación de los héroes y mártires de todas las condiciones, edades y sexos que en las más diversas formas y circunstancias: en combate, fusilados o ahorcados, murieron en esa gloriosa epopeya aclamando a Cristo Rey y a Santa Maria de Guadalupe.
"Fusilando sin parar hasta en Guadalajara, cuyos habitantes se llegaron a habituar al ruido de las salvas nocturnas, la federación no hizo más que derramar la sangre de los mártires, semilla de cristeros. " 56
Benedicto Romero, Cristero de 21 años, Manuel Hernández de 17, y Francisco Santillán de 14, acompañados de Candelaria y Rosario Borjas, de las Brigadas de Santa Juana de Arco, salieron de la ciudad de Colima con destino al campamento cristero. Fueron traicionados por el chofer del vehículo en el cual viajaban y llevados a la jefatura de operaciones militares. Benedicto Romero, único que estaba armado, hizo resistencia, resultó herido y ahí mismo rematado. 
Rosario Borjas logró escapar en la confusión y Maria Ortega, también perteneciente a las Brigadas, fue aprehendida.
Los cuatro fueron brutalmente martirizados para obtener
información sobre personas de la ciudad comprometidas con la causa, sin obtener ningún resultado a pesar de las bárbaras torturas.
A la mañana siguiente fueron conducidos Manuel y Francisco
al muro de las espaldas de la Catedral para ser fusilados. A sus lados colocaron a las dos muchachas de las Brigadas y a sus pies el cadáver de Benedicto.
LA BANDERA DE LOS CRISTEROS
“-Aquí los vamos a matar- dijo el jefe del pelotón de soldados.
"Cuando ellos vieron que allí iban a ser fusilados, con visible alegría, Manuel dice a Francisquillo:
"-Mira, vamos a morir a los pies de la Virgen de Guadalupe.
"-¿Cómo...? ¿Por qué? "<Porque estamos al pie de la ventana en donde está, por dentro, la Virgen de Guadalupe.
"Ambos levantaron la cara para mirar la ventana superior que corresponde al lugar en donde, sobre el ático del altar, está la imagen de la Santísima Virgen de Guadalupe y se cruzaron algunas palabras al respecto.
"EI rostro de ambos se iluminó de satisfacción.
"-Quítate el sombrero, compañero -dice Manuel a francisquillo-; dentro de unos momentos estaremos en la presencia de Dios; no debemos caer con la cabeza cubierta. Mientras con dificultad, por sus brazos demasiado golpeados, arrancaba de un jalón su sombrero de fieltro, color claro, que por la sangre seca se había pegado a una herida ancha que tenía sobre la parte izquierda del cráneo.
"AI arrancarlo, principió a correr de nuevo, por la sien y el cuello, un grueso hilo de sangre.
Yo no puedo quitármelo -replicó Francisco. Es que en verdad, no podía servirse de sus brazos, cuyos huesos, por la rudeza del tormento a que había estado sujeto toda la noche anterior, estaban salidos de su lugar. "<Como puedas, quítatelo, necesitamos estar descubiertos- dijo Manuel.
"Y Francisco, con gran esfuerzo, se quitó el sombrero guaymeño y lo retuvo cogido. Luego, con mucha dificultad, pero con muy grande devoción, se persignó reverentemente. Y con la cara levantada, serena, con ingenuidad de verdadero niño y grandeza de héroe legendario, se puso a esperar a "Manuel imitó a Francisco, persignándose también.
"Cuando Manuel vio que se acercaba el momento, como en arrebato santo de un místico en éxtasis, levantó sus ojos al cielo y los clavó en la inmensidad de la altura. Luego paseó su mirada por las circunstantes que aumentaban a momentos, como buscando a los amigos que allí estuviesen.
"Cuando vio que llegaba el instante supremo, gritó:
"-¡Viva Cristo Rey!”
- ¡y Santa Maria de Guadalupe- Contestó Francisco.

"Con la última eüoba de su grito, coincidió la descarga que los derribó al suelo. 1
En tierras de Michoacán, en uno de esos combates en los cuales los Cristeros se veían obligados a la retirada por falta de municiones o por la enorme superioridad del enemigo, cayó muerto el caballo del general don Prudencia Mendoza. José Sánchez del Río, Cristero de 13 años, miembros de una de las principales familias de Sahuayo, instó a don Prudencia para que montase su caballo y escapase, porque él hacía más falta a la causa. Hizo José frente al adversario hasta terminar sus municiones, y después de inutilizar su fusil se entregó prisionero, haciendo constar que no se rendía, sino que se le había acabado el parque. Rechazó todas las ofertas que se le hicieron para salvar la vida. Fue cruelmente martirizado y después fusilado.
Treinta Cristeros fueron sorprendidos y hechos prisioneros en la Cueva del Moral. En el atrio de la parroquia de Sahuayo, veintisiete de ellos fueron uno a uno intimados a dar un grito de adhesión a la tiranía para salvarla vida. Todos respondieron con el grito de ¡Viva Cristo Rey" y también uno a uno fueron asesinados y amontonados los cadáveres. Entonces se desató una fuerte tormenta que los lavó, corriendo la sangre por la calle. Después sopló un fuerte viento que hizo que las flores de los árboles de laurel los cubrieran.
En septiembre de 1927 fueron nombrados: jefe de operaciones en Jalisco, el general don Enrique Gorostieta Velarde, joven y distinguido militar profesional. El general don Jesús Degollado Guízar, jefe de operaciones en el Sur de Jalisco, Calima y Nayarit, y el padre don Aristeo Pedrosa.
jefe de la Brigada de Los Altos, con un efectivo de 2,000 hombres. El general don Dionisio Eduardo Ochoa, iniciador del movimiento armado en Colima, murió en acto del servició, cuando se encontraba fabricando bombas. Le sucedieron Andrés Salazar y Miguel Anguiano Márquez.
A finales de ese año se combatía en la mayor parte del territorio nacional. No menos de 25,000 hombres se encontraban en pie de guerra, siendo tan fuertes en algunas regiones, que hacían fracasar todas las ofensivas de las fuerzas armadas de la tiranía. Y en los años de 1928 y 1929 llegó a su mayor esplendor la insurrección armada cristera.
"El agregado militar norteamericano observaba que la campaña combinada en los estados de Jalisco, Michoacán, Aguascalientes y Zacatecas, en diciembre no había dado resultado alguno, como tampoco las columnas punitivas de los generales Figueroa y Fax, que fueron llevadas con tal fin de la capital de la República y Chilpancingo, con cinco regimientos, cinco batallones y ocho aviones. El ofrecimiento de amnistía que hizo Amaro en 1928, con reconocimiento de grados e incorporación al ejercito, prima e indemnizaciones por los daños materiales sufridos, no fue más eficaz que la represión. A fines de enero, Amaro, de regreso de Calima siguió pidiendo más tropas, más aviones y más dinero.

"En esa fecha se podían calcular seriamente 25,000 cristeros en armas, con actividad en Sinaloa, Nayarit, Jalisco, Michoacán, Guanajuato, Aguascalientes, Méjico, Zacatecas, Puebla, Oaxaca, Morelos y Veracruz.
"El 16 de marzo de 1928 el agregado militar norteamericana creía deber aumentar en 10,000 la cifra de enero, ya que la segunda concertación había provocado una segunda ola de alzamientos.

"En Michoacán, la concentración de las poblaciones civiles era echar leña al fuego, puesto que 8,000 cristeros se encontraban en armas en el Oeste, de Zamora a Coalcomán, e inflingían muy grandes pérdidas a las dos columnas federales enviadas contra ellos.















"En Guanajuato la situación empeoraba, y comenzaban a organizarse 2,500 hombres. El alzamiento general era un hecho en el pequeño estado de Aguascalientes: 2,000 cristeros, de los cuales 500 en los confines de Jalisco, 3,000 en Zacatecas, 1,200 solamente en el estado de Méjico, donde el gobierno se vio obligado a lanzar 6 regimientos y dos batallones en persecución de Benjamín Mendoza. 1,000 en Oaxaca, 700 en Veracruz, 1,000 en el estado de Puebla, 2,000 en Durango, 3,000 en Guerrero y un centenar en Tabasco al Sur de Villahermosa.

"Nuestra lucha va por muy buen camino, tan bueno, que el callista ya no duerme pensando en nosotros, y yo tengo la convicción de que la pérdida de su sueño está justificada, pues ya andan volando muy bajito, podía escribir el general Gorostieta, sin dejar de desesperarse por la falta de municiones que lo privaba de la victoria.

"En enero de 1928, Ramón Aguilar aniquiló el 11° regimiento y las defensas de Ixtlán y Zamora en el cerro del Encinal. El fanfarrón general Ayala, que se jactaba de regresar con los cristeros maniatados, perdió la vida junto con un centenar de hombres. Los cristeros, que sólo habían tenido unos muertos, recogieron 96 rifles y 15,000 cartuchos. En marzo se luchó en las orillas del lago de Chapala, en La Palma, en San Pedro Caro, en Sahuayo y en toda la región. La batida llevada a cabo por los generales Claudio Fax y Anacleto Guerrero no dio gran resultado. De Zamora a Tacámbaro, los cristeros se hallaban por doquier, y comenzaban a organizarse en regimientos a los' cuales se incorporaban los nuevos insurrectos."
En Michoacán, no obstante la oposición de los prelados, con excepción de Mons. Lara y Torres, Obispo de Tacámbaro, abundaban los Cristeros tanto o más que en Jalisco. Al mando del general don Fernando González, Ramón Aguilar, Anatolio Partida, José María Méndez, operaban con gran actividad y audacia atacando poblaciones, cortando vías férreas, incendiando estaciones, e inflingiendo graves y continuas derrotas a las fuerzas armadas de la tiranía al mando de Lázaro Cárdenas, Tranquilino Mendoza y otros.
A partir de ese año de 1928 se dio mayor atención al ataque de las vías férreas y convoyes, afectando a la actividad económica y dificultando los movimientos del enemigo, quien además se veía obligado a distraer numerosas fuerzas para la vigilancia y protección de las vías de comunicación.

Los Cristeros estaban ya mejor organizados y armados, y los jefes eran capaces de maniobrar combinando esfuerzos y direcciones para reunir fuerzas y atacar un objetivo.

A fines de abril de 1928 planeó el general don Jesús Degollado Guízar apoderarse el 24 de mayo, día de Maria Auxiliadora, del importante puerto de Manzanillo. Bien guarnecido este, con buenas defensas naturales y obras de fortificación, y defendido desde el mar por el cañonero Guerrero. Y para tal fin hizo concurrir fuerzas de Jalisco, Colima y Michoacán.
El general Bouquet efectuaría el ataque directo del Puerto en tres columnas; una fuerza ocuparía Toxín para proteger su retaguardia y el capitán Ramírez en Santiago, cubriría el flanco derecho vigilando las fuerzas enemigas de Cihuatlán.
El general Salazar debería atacar Colima y Villa de Álvarez para inmovilizar a las fuerzas que allí se encontraban. El general Gutiérrez debería destruir el Puente Negro y cortar las comunicaciones ferroviarias y telegráficas con Colima. El general Degollado y el general Cueva atacarían y tomarían Cihuatlán y marcharían sobre Manzanillo.
En la madrugada del 24 inició el ataque el general Bouquet haciendo retroceder y abandonar sus posiciones a los defensores del puerto que luchaban bravamente. Los generales Degollado y Cueva tomaron la plaza de Cihuatlán y rápidamente llegaron a Manzanillo para completar la victoria. El secreto de los preparativos, y el secreto y la rapidez de los movimientos, dio como resultado la sorpresa y la derrota del adversario. La toma de Manzanillo y la captura de gran cantidad de elementos de guerra y el dinero de la aduana costó muy pocas bajas.
La operación había terminado cuando aparecieron importantes fuerzas federales que llegaban en auxilio de la plaza. El general Gutiérrez había hecho una imperfecta e insuficiente destrucción de Puente Negro y no había cortado las comunicaciones ferroviarias y telegráficos con Colima, y el general Salazar no había cumplido la orden de atacar e inmovilizar a las fuerzas de Calima y Villa de Álvarez, que oportunamente avisadas acudieron en auxilio del puerto, para lo cual bastó una rápida reparación y un transbordo de las tropas y el material.
El general Degollado ordenó la retirada para evitar quedar sitiado y encerrado entre tierra y mar. El General Cueva perdió tiempo recogiendo material y quedó cortado con 45 hombres, todos los cuales murieron combatiendo bizarramente. Los Cristeros tuvieron 80 bajas, la mayor parte tratando de rescatar al general Cueva y a sus hombres. Los federales sufrieron 300 bajas.