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lunes, 22 de mayo de 2017

AVISOS ESPIRITUALES DE SANTA TERESA DE JESUS



CUANTO IMPORTA LA MEDITACION DE ESTA VERDAD

 

151.- Pues, ¿cómo tú, que temes a las veces el rostro de un hombre, airado, no temes ver enojado el de CRISTO? Tú, que revuelves el orbe por sacar buena sentencia en un pleito de un mayorazgo o de un pundonor de honra, ¿cómo no cuidas de sacar buena sentencia en el mayor pleito y de mayor importancia que puedes tener jamás, en que te va el mayorazgo del cielo y la verdadera honra para siempre?

152.- Advierte que eres Cristiano, y que has de dar cuenta de tu vida, y por ventura tan presto, que te la pedirán antes que concluyas con la lectura de este párrafo.

153.- Mira por ti que está ya puesta la segur a la raíz y El que la ha de cortar levantada la mano y amenazando a tu cabeza para descargar el golpe. Mira ¿adónde darás contigo?, que, si esto consideras con atención, no es posible que, si tienes juicio, no vuelvas a él y mires por ti.

154.- Y dice bien: a la raíz del árbol, porque a ella se echa el estiércol y el riego para que crezca y fructifique; y no hay beneficio más eficaz, para que el hombre florezca en virtud, y lleve colmados frutos de santas obras, que la memoria del juicio. Estas son las trompetas, dice S Agustín, cuyo sonido derribó los muros inexpugnables de la rebelde Jericó y desmantelada la sujetó al imperio de Josué.

155.- Porque no hay medio más eficaz para rendir el corazón más obstinado, y sujetarle a la voluntad de DIOS, que la trompeta del juicio y aquella última palabra: levantaos, muertos, y venid a juicio. Tú la has de oír, y todos la hemos de oír. Por eso disponte y piensa en lo que has de parar; y no te quieras tan mal que te olvides de ti.


 

TAMBIEN SU MEMORIA ES UTIL A PERSONAS

DEVOTAS.

 

156.- Ni pienses que hablo solamente con los pecadores envejecidos en sus vicios, y que este sobrescrito no dice a ti ni hablo contigo, porque ha días que estás en el servicio de DIOS.

157.- Engañaste si esto piensas, porque, como dice S. Juan Crisóstomo, con la memoria del juicio el malo se convierte, y el bueno se mejora, y por bueno que sea, si deja el freno del temor, se hará malo y se perderá. ¿Serás tú, por ventura tan antiguo en la casa de DIOS y tan santo como S. Jerónimo? Pues oye lo que él dice de sí: ahora coma, ahora beba, ahora haga otra cualquiera cosa, siempre me parece que estoy oyendo aquella última trompeta que ha de resonar, diciendo: LEVANTAOS, MUERTOS, Y VENID A JUICIO.

158.- Y el Abad Agatón, varón penitentísimo, criado en el yermo desde su tierna edad, que fue un espejo de perfección, y Padre de muchos y santos Monjes, estando en la hora de la muerte temblando de la cuenta que iba a dar en el juicio de CRISTO, certificó a sus discípulos que siempre había vivido con aquel temor. Y lo mismo pudiéramos referir de otros muchos Santos.

159.- Pues si tan grandes Santos vivieron siempre con este miedo de la cuenta que habían de dar en el Tribunal de CRISTO, ¿no será justo que temas tú también la que has de dar de tu vida? Si éstos tuvieron continuamente presente aquella hora, por no desmandarse en los vicios y a fervorizarse en la virtud, ¿no será razón que la tengas tú también, para refrenar tus apetitos, y espolear tu tibieza en el servicio de DIOS?

160.- No dejes este refreno, porque si le dejas, caerás en muchos pecados, como dice S. Crisóstomo. Acuérdate siempre de la cuenta, si quieres vivir con cuenta; ten presente a DIOS riguroso, y le tendrás misericordioso; no eches en olvido su juicio, si quieres llevar buena sentencia; acuérdate de continuo cómo ha de venir a juzgar, y siempre estará contigo para ayudarte.

161.-Con este resguardo dice Cayetano que envió CRISTO a sus discípulos a predicar por el mundo a todas las ciudades y pueblos adonde había de ir. Porque, aunque eran tan Santos, les dio esta espuela, para enfervorizarlos en el espíritu y este freno para que no excediesen, con saber que había de ir El después a los mismos pueblos a residenciar lo que habían hecho, para que viviesen con mayor cuidado y se diesen más diligencia, sabiendo que había de haber día de cuenta en la que la habían de dar de lo que hacían.

162.- Esto mismo te digo a ti, que estás en la escuela del Señor: mira que ha de venir a juzgarte, y que te ha de pedir cuenta de lo malo que haces, y de lo bueno que dejas por hacer, de la tibieza con que obras, de la negligencia con que vives, de la remisión de tu corazón, de las faltas que cometes en las buenas obras, que salen tales de tus manos, que merecen más castigo que galardón; de las Reglas que quiebras, de las palabras que hablas, de las obras que haces, y del tiempo que desperdicias, con que pudieras
comprar la felicidad eterna, y hasta de los pensamientos que tienes, y de las inspiraciones que te da y dejas pasar en balde. Acuérdate de todo esto, y que será más presto que piensas.

163.- Mandaba DIOS en el Éxodo que llevase el Sacerdote campanillas pendientes en la orla de la vestidura, entretejidas con granadas, y da la razón Teodoreto, diciendo: para que procediese con mayor atención, temor y reverencia, acordándose de las campanas que habían de clamorear por él, y de la última cuenta que había de dar, del oficio y ministerio que ejercitaba.

164.- Memoria que hace a los más Santos atentos, y engendra
temor y reverencia en los más espirituales y perfectos. ¡Oh, sí cuando el Sacerdote se viste para decir Misa, y cuando tocan al Coro y a la Oración al Religioso, se acordasen de la cuenta que han de dar de 10 que van a hacer, y con cuánta reverencia y atención dirían la Misa!

165.- Y si el seglar en las obras que empieza hiciese memoria del juicio, y se acordase que se ha de ver en él, y que bien obraría. Ninguno, por espiritual que sea, pierda este anillo y memorial de su mano; tráigale siempre delante de los ojos, y le será preservativo de culpas y estímulo de virtudes.

166.- Y porque veas con cuánta razón temían los Santos este juicio, oye lo que se cuenta en el Prado Espiritual del Abad Silvano, y es que, estando con sus discípulos, fue arrebatado en espíritu, y después volvió, y cubriéndose el rostro empezó a llorar amargamente.

167.- Los discípulos le rogaron que les dijese 10 que había visto, y, aunque lo rehusó por algún tiempo, últimamente vencido de sus instancias dijo: Yo, hijos míos, fui arrebatado al Tribunal de CRISTO, en el cual vi la estrecha cuenta; que se pide a los hombres de sus vidas, y a muchos de nuestro hábito y profesión, que fueron condenados en él al infierno, y no pocos de los seglares llevados al cielo. Esto lloro, y esto tiemblo. ¡Ay de mí, que soy pecador y peor que aquellos!

168.- ¡¿Qué será de mí en aquel juicio a donde vi a los solitarios y penitentes condenados a fuego eterno?! Los discípulos enmudecieron, y el Santo Abad quedó tan triste, que nunca más le vieron el rostro alegre, ni los ojos enjutos, ni ocuparse en otra cosa más que llorar, gemir; orar y hacer rigurosa penitencia de sus culpas.

169.- Yo te ruego que mires lo que pasa, y consideres ¿qué será en aquel tribunal de ti? En él te has de ver forzosamente, la misma cuenta te ha de pedir, y con el mismo arancel te han de juzgar. Si los muy penitentes se hallaron tan alcanzados en él, y fueron condenados para siempre, ¿qué será de ti que nunca haces penitencia?

170.- Si los solitarios no supieron satisfacer a los cargos de aquel juicio, ¿cómo sabrás tú que vives en medio del siglo, tan olvidado de ti y de DIOS, y tan enfrascado en medio de los negocios del mundo, como si no hubieras de salir de él? Abre los ojos, pues tienes tiempo, recógete con este Santo a mirar de ti, porque puedas entonces dar buena cuenta a JESUCRISTO.

 


DE LA ULTIMA SENTENCIA QUE SE DARA EN EL TRIBUNAL DE CRISTO, DE SU EJECUCION Y DURACION

171.- Entonces dirá CRISTO a los malos que estarán a su mano
siniestra: APARTAOS DE MÍ, MALDITOS, ¡AL FUEGO
ETERNO!, que está aparejado para el demonio y para sus
Ángeles.
Estas mismas palabras dirá a cada uno en singular de los condenados, cuando le da la última sentencia el día y hora de su muerte. Y porque es una de las partes más principales de aquella cuenta -de que trata aquí nuestra Santa- para arrancar un alma de lo caduco y frágil, que le impide el amino del cielo, no he quendo pasarla en silencio, sin hacer alguna mención de ella.

172.- S. Juan Crisóstomo aconseja a todos, de cualquier estado y condición que sean, que tengan muy en la memoria las penas del infierno, y que rumien a menudo aquella última sentencia, y aquel fuego eterno, si quieren no bajar al infierno. Y S. Bernardo decía muchas veces: bajen los hombres vivos con la memoria al infierno, porque no bajen muertos. DESCENDANT VIVENTES...

173.- El que desearé escapar de aquellas terribles penas medítelas una y muchas veces, tenga largas horas de oración, pensando en lo que allí se padece de tormentos y tormentadores en el alma y en el cuerpo, en los sentidos anteriores y exteriores. Discurra por cada uno en singular, y vea, guste, y oiga y toque aquellas penas.