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miércoles, 1 de marzo de 2017

REVELACIONES DEL MAS ALLA



LA POSEÍDA

Cuando, después de los más rigurosos tratamientos, le dieron de alta considerándola como un caso inexplicable, un exorcista conocido, comprobó casualmente la posesión de un modo inequívoco. Después de un exorcismo, que contó con la colaboración de varios sacerdotes, realizado en un lugar de las Apariciones de la Virgen (Fontaneli Montichiari, en Italia), tanto los demonios (ángeles caídos) como almas dañadas (personas condenadas) fueron obligados por la Santísima Virgen, a hacer importantes revelaciones dirigidas a la Iglesia actual.
Teniendo convidados varios Obispos y representantes de la psiquiatría y medicina para que asistieran a un exorcismo, efectuado el 26 de abril de 1978, el día de Fiesta de la Señora del Buen Consejo, estuvieron en mi casa, para su realización, seis sacerdotes y también un psiquiatra francés, el Dr. M. G. Mouret, director clínico del hospital psiquiátrico de Limoux (Francia) poseedor de gran experiencia en tales fenómenos. Después del exorcismo de tres personas, con muchas revelaciones, salidas de la boca de una poseída antes y después del exorcismo, el Dr. Mouret dejó por escrito su testimonio, afirmando que en el caso presente no se trataba de esquizofrenia ni de histeria, sino del control de una persona por una fuerza exterior, al cual la Iglesia Católica llama Posesión.
Esta mujer poseída y madre de cuatro hijos, era continuamente atormentada hasta el límite de sus fuerzas. A pesar de eso, procuraba cumplir lo mejor posible con sus deberes familiares. El peso monstruoso, los tormentos causados por los demonios que le perturbaban el sueño nocturno, las continuas revelaciones hechas por los espíritus, significaban un martirio permanente. Y su único alivio vino de aquellos sacerdotes que, contrariando las tendencias actuales, se compadecieron de su estado, le administraron los Sacramentos y recitaron el Exorcismo.

* * *
Mas ya el 25 de abril de 1977, por disposición de la Divina Providencia, había visitado a la poseída y asistido a un exorcismo, acompañado por el profesor Dr. Georg Siegmund, de Fulda. Como docente, ha formado generaciones de sacerdotes y es también teólogo, filósofo y biólogo, ya ha publicado un gran número de trabajos científicos, de tal modo que es un físico de renombre mundial.
Sin tomar posición con respecto al contenido de las revelaciones demoníacas, el Prof. Siegmund escribe en su epílogo: en relación a lo personal, estoy convencido de que no se trata ni de una histérica ni de una psicópata ni de una enferma psíquica, lo que además ya fue confirmado por médicos especialistas. Esos fenómenos de posesión, como yo mismo pude apreciar, dan la impresión de tratarse de una posesión auténtica. Ella y también su familia sufren, pues las autoridades competentes, impiden una verdadera asistencia espiritual, por recelos todavía incomprensibles, en una época en que reina la negación espiritual.
En su testimonio, el profesor Siegmund se refiere al número siempre creciente de personas, incluso en las escuelas superiores de Teología, que niegan la existencia de Satanás y de los Ángeles. A esta actitud le sigue la destronización del Santísimo.
No es raro que la Iglesia actual niegue la existencia de lo preternatural, afirmarla seria seguir lo que la Iglesia de siempre a defendido hasta desde el punto de vista teológico en la SUMA TEOLOGICA DE SANTO TOMAS DE AQUINO. En cuanto a la destronización del Altísimo no necesita demostrarse “contra facta non fit argumentum” al promover la religión del hombre se deja de lado las enseñanzas que imperaban hasta el Concilio Vaticano y “murieron” con Su Santidad Pio XII, y “supuestamente” el Concilio Vaticano II las “sepulto”.

LA VIDA DE LA POSEÍDA

Aunque la persona citada, debido a su estado de salud y gran distancia y aislamiento de su aldea, Nataly, que solo tiene escuela primaria, posee una inteligencia por encima de la media, comprensión rápida y buena memoria. De su biografía, que ella misma escribió a máquina, extraemos los siguientes mensajes (por motivos comprensibles omitimos nombres y lugares, y por cuestiones de espacio abreviamos las descripciones): “Mis padres vivían en una pequeña Quinta. El lugar es muy solitario. Nací en la Suiza-Alemana, en 1937, el Domingo del Santo Escapulario, día en que la admisión de niños en la Congregación del Escapulario era solemnemente festejada. Fui bautizada el martes siguiente. Dice mi madre que yo, un bebé, lloraba mucho y dormía excepcionalmente poco. Pensaban, en tanto, que eso era debido a problemas intestinales, pero nunca fue posible fundamentar esas conjeturas de una manera satisfactoria.
En la primavera de 1944, comencé la escuela. Era una criatura tímida y muy calma. Aprendía con facilidad. La lectura, la escritura y las cuentas no representaban dificultad para mí.
El lugar preferido era la vera del río, las hierbas y las flores, muchas veces me juntaba con otros niños y nos gustaba dejar las piernas dentro del agua. Nuestras conversaciones eran iguales a la de otros niños de la misma edad, también hablamos algunas veces de asuntos de carácter religioso, del Cielo, del Infierno, del Purgatorio.
Hice mi primera Comunión en 1946. Realicé ese acto de una manera muy seria y me preparé todo lo que pude.
De un modo general, puedo decir que el tiempo escolar pasó sin incidentes dignos de notar. Desde muy pequeña acompañaba a mis padres al campo donde intentaba ser útil. Y mis hermanitos exigían mucho tiempo de atención.
Después de mi primera comunión iba casi diariamente a Misa y a la Sagrada Comunión. Tenía entonces la sensación que cuando leía mi Misal negligentemente o rezaba menos, eran menos abundantes las Gracias recibidas. A mis trece años, tuve que aguantar algunos ataques más o menos duros de otros niños. Ellos cuchicheaban que era una ‘beata’ y que sería monja. Sentía mucha vergüenza, mas refiriéndose al caso, mi abuela me decía: ‘Reza, no le des los oídos a otros niños, ellos no saben lo que dicen. Lo que importa es que Dios esté constantemente contigo’.
Me gustaba mucho ir a la Iglesia y cuando en la Solemne Misa el coro entonaba sus cánticos, los altares estaban adornados con flores y el olor a incienso se esparcía, tenía la impresión que todos los que allí se encontraban estaban muy cerca del Cielo”.

CAE LA NOCHE



“Algún tiempo, después de la muerte de mi abuela, en 1951, tuve que enfrentar un período de duras pruebas.
Apoderándose bruscamente de mi alma angustias y escrúpulos que jamás había experimentado anteriormente.
El sufrimiento se prolongó de manera inquietante y ya no era la misma!, es claro que mis principios y mi actitud para con Dios se mantenían, mas todo mi universo mental se puso a vacilar y fui presa de una confusión profunda. Sentía una enorme apatía, e interiormente, una total falta de interés. La dolencia y los sufrimientos atacaban con una intensidad tal, que a veces me sentía despedazada. Mis pensamientos iban y venían.
Fuese cual fuese el asunto de mis reflexiones, jamás encontraba una luz. Y lo peor es que no conseguía liberarme de esos pensamientos. Era como si todo estuviera triste y apagado.
En una ocasión, pienso que en el día de Todos los Santos, en 1952 (tenía entonces 15 años), en medio de una gran perturbación, dije a mi madre: “Madre, me siento en un estado de gran aturdimiento”. Ella me dijo algunas palabras de confianza y me dijo que todo volvería a la normalidad.
Solo era preciso que yo lo quisiera realmente y buscara mi alegría perdida. Mas ahí es que encontraba la dificultad: no conseguí encontrarla, aunque la hubiese buscado con toda mis fuerzas. En cuanto a la voluntad, lo que no habría hecho y dado para recuperar mi antigua libertad!, pero eso no estaba en mis manos. Mis angustias aumentaban y ya ni siquiera podía dormir sola en mi cuarto. Mi padre se mudó de cuarto, así podría estar cerca de mi madre. Aunque ella estuviera junto a mí, el miedo y la angustia estrangulaban mi garganta.
Los latidos de mi corazón resonaban hasta el cuello. Me sentía asaltada de un terror inmenso que me impedía hasta hablar. La angustia y el terror me penetraban a tal punto que una hora parecía casi una eternidad.
Independientemente de esto, tenía la conciencia de que Dios quería que aceptase esos sufrimientos por la salvación de las almas. Me esforcé por aceptar todo. En esa noche también aconteció algo extraordinario, que me impedía aceptar ese sufrimiento. (Cuando digo aceptar, me gustaría acentuar que esto aconteció en la noche en que di el sí)”.

ACEPTAR LA VOLUNTAD DE DIOS

“Era el comienzo de la insania total y lo más simple era aceptar la voluntad de Dios.
Más tarde, comprendí que me envolvía y revolvía en esta cruel oscuridad, sin encontrar una salida. Este tormento era mi cuestión, día y noche, y ninguno podía ayudarme. Mi madrina me acompañó al médico, que quedaba muy alejado. Él dijo que yo tenía una inflamación en los riñones y en la vejiga y que eso me atacaba el sistema nervioso. Me recetó medicamentos, más continué empeorando y algún tiempo después, el médico me mandó para el hospital”.
De este modo, esta pobre criatura fue sometida, desde los catorce años, la mayor de los martirios. “Pasé los años siguientes ayudando en los trabajos domésticos, siendo esta actividad solamente interrumpida por los tratamientos médicos y por cortas estadías en el hospital. Como esos sufrimientos no bastasen, tuve que mandar a arrancarme los dientes por que un médico pensó que ellos eran las causas de mis sufrimientos. Esto, pues, no me llevó a ningún cambio, fue apenas para la pobre, un sufrimiento adicional”.
La Divina Providencia le dio entonces un hombre sin fortuna, pero honesto y se casó con él en 1962, aunque al principio la familia no estuviera de acuerdo.
Esta mujer, y madre, cerca de los cuarenta años, dio a luz a cuatro encantadores bebés. Durante los embarazos y los partos, no experimentó ninguna mejoría en sus inexplicables sufrimientos. Por el contrario. Más enflaquecida que nunca fue llevada a clínicas y casas de reposo, hasta que, por fin, los especialistas de una clínica de gran prestigio la mandaron a casa, como una persona mentalmente sana, considerándola un caso inexplicable. Inyecciones, electrochoques y otros tormentos, le habían ocasionado mayores e insoportables sufrimientos, interrumpidos apenas por pequeños rayos de luz, por el año 1972 (entonces con 35 años), cuando registró ligeras mejorías. Ella escribió sobre esto: “Se descubrió, por casualidad, que sufría de una falta total de fósforo, tomé unas cápsulas y sentí mejoría en mi estado general, hasta qué punto era fósforo, ¿hasta qué punto era voluntad de Dios que me daba finalmente alivio? ¡No lo sé! Conseguí dormir, si es que se puede llamar dormir a un mero pasar por el sueño, o tal vez era solo dormitar. Los estados de angustia eran cada vez más raros, sentía de nuevo voluntad de reír y hasta podía hacer mis trabajos caseros normalmente. Y mi marido andaba radiante, en realidad, no había nadie que se sintiese mas aliviado que yo. Podía tener nuevamente dos hijos conmigo, lo que me daba una enorme alegría. Alabé y glorifique al Señor por estar felizmente liberada, mas no por eso dejé de comprender que el sufrimiento, por mayor y más amargo que sea, puede ser siempre una gracia. Por eso, pensé muchas veces que Él sabía la razón de haberme conducido a través de esa noche”

EXORCISMOS Y REVELACIONES

En 1974, sobrevino una grave recaída. “Mi hermana me llevó a la casa de un hombre bueno y que ya había prestado ayuda a muchas personas. En su presencia, sentí bruscamente una sacudida en el brazo, sin que yo lo hubiera movido. El hombre dice de repente: ‘¡Pienso que la señora está poseída!’. Enseguida fui a ver a un Sacerdote que se mostró muy escéptico, mas, a pesar de eso, me hizo un exorcismo. Entonces él me dijo que todas las señales indicaban que se trataba de una posesión”.
Finalmente, después de varios exorcismos difíciles y muchas oraciones, un exorcista experimentado consiguió romper la barrera. Después de varios exorcismos, los demonios y las almas condenadas, con ciertos intervalos, se fueron revelando. Así consiguió una liberación temporaria, pero todos los demonios volvieron. Se le pidió a un Obispo la autorización para hacer un exorcismo oficial y asumir la responsabilidad.
El día 8 de diciembre de 1975, cinco exorcistas obtuvieron la autorización para el Gran Exorcismo, luego siguieron otros, de carácter más limitado, en los que estuvieron presentes no más de tres sacerdotes. Las revelaciones hechas en el curso de estos exorcismos por los demonios, bajo las órdenes de la Santísima Virgen, son las que se encuentran en la presente obra.

SITUACIÓN PRESENTE

Los padres confirmaron, en algunas frases escasas y sucintas, ciertos datos de la vida de su familia. Tanto esta como ella, ignoraron hasta 1974 el origen de sus indecibles sufrimientos. Lo habían intentado todo por medio de la medicina, de la psiquiatría, para que la hija pudiera tener el alivio de una cura. Todo en vano, solo le restó el camino de la oración.
Lo que más impresiona en la casa paterna es la simplicidad y el horror ante cualquier idea de lo maravilloso o espectacular. Los orígenes de los sufrimientos de su hija son para ellos inexplicables y se entregan confiadamente a la oración, una sumisión total a la voluntad de Dios. Los numerosos documentos, como cartas, registros grabados y fotografías sacadas durante el exorcismo están a disposición de la Iglesia, para una investigación canónica.
La Divina Providencia no ha permitido ni siquiera que sus amigos y vecinos se enteraran sobre lo que le estaba pasando. Su posesión solo se manifiesta en su vida interior y, aunque sea atormentada durante noches enteras, puede durante el día desempeñarse en sus tareas domésticas.

Desde 1975 no frecuenta la iglesia ya que es horriblemente acosada por los demonios en diversas partes de la Santa Misa, en la bendición o cuando se encuentra en contacto con las reliquias y objetos benditos. Siempre que es posible, la visita semanalmente un Sacerdote que le administra los Sacramentos.