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jueves, 1 de septiembre de 2016

LA CONFESIÓN - TEMAS DE MEDITACIÓN - Padre Antonio Royo Marín, O.P.

Efectos negativos del sacramento de la
penitencia



INTRODUCCIÓN

1. Recordemos la parábola del hijo pródigo.

a) Un día, insolentes, pedimos a Dios "nuestra herencia" y nos alejamos de El, creyendo encontrar la felicidad fuera de sus brazos.

b) ¿Qué nos quedó de "nuestra herencia"? Nos vimos apartados de la sociedad de los hijos de Dios y alejados de sus promesas.

c) Al fin reconocemos nuestro yerro: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti...".

d) Y nuestro Padre nos perdona ("se arrojó a su cuello y le cubrió de besos") y nos viste de la gracia ("traed la túnica más rica y vestídselas").

2. La confesión, nuevo encuentro con el Padre, tiene como efecto reconciliarnos con El, con dos aspectos: negativo -perdón de los pecados y remisión de la pena- y positivo -infusión de la gracia. Aquí tratamos el aspecto negativo.

I. EL PERDÓN DE LOS PECADOS


A) El pecado mortal

1. Cómo lo castiga Dios.

a) Un solo pecado de los ángeles fue suficiente para que Dios les condenase para siempre.

b) Por un solo pecado de nuestros primeros padres Dios les arrojó del paraíso y sumió a la humanidad entera en un mar de lágrimas, sufrimientos y muertes.

c) Un solo pecado mortal es suficiente para ir al infierno para toda la eternidad.

2. Cómo lo combate.

a) Da al mundo su Unigénito, en quien tiene puestas todas sus complacencias.

b) Le sacrifica sobre el Calvario, de una vez para siempre, y diariamente sobre los altares, para que nos aprovechemos de sus frutos.

c) Establece el tribunal de la misericordia, donde la sangre de Cristo "nos purifica de todo pecado" (I Jn. 1, 7).

3. Cómo lo perdona en la confesión.

a) En la confesión perdona todos los pecados mortales cometidos después del bautismo, por muchos y muy grandes que sean.

b) Estos pecados perdonados no vuelven a aparecer jamás, aunque el pecador recaiga en el pecado.

c) Los pecados mortales pueden perdonarse sin el perdón de los veniales, pero no al revés.

B) El pecado venial

1. No nos separa de Dios.

a) Es sólo una pequeña desviación en nuestro camino.

b) Es un pequeño apego a las criaturas que no nos hace cobrar aversión a Dios.

c) Los hay sumamente pequeños, imposibles de evitar, en los que el justo cae siete veces al día (Prov. 24, 16). Pero los hay también de cierta gravedad, que debemos evitar cuidadosamente.

2. Pero predispone a caer en el mortal.

a) "El que desprecia lo poco, poco a poco se precipitará" (Eclo. 19. 1).

b)Va enfriando nuestro amor a Dios y llegará un momento en que cometer un pecado mortal supondrá tan poco como cometer uno venial.

c) No nos acarrea pena eterna, pero sí pena temporal, que pagaremos en esta vida o en la otra.

3. La confesión nos lo perdona.

a) En el catecismo se señalan nueve maneras de perdonarse el pecado venial. Todas ellas suponen el arrepentimiento.

b) La manera mejor y más segura es someterlo al tribunal de la penitencia.

C) Setenta veces siete

1. Los brazos que siempre están abiertos.

a) Dios no se cansa de esperar. Todas las tardes otea el horizonte, para ver si volvemos a sus brazos: "El Señor... pacientemente os aguarda, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan a penitencia" (II Petr. 3, 9).

b) Su tribunal es tan benigno que el confesor no se llama juez, sino Padre.

c) Sólo nos exige el arrepentimiento: "Si el malvado se retrae de su maldad... vivirá y no morirá. Todos los pecados que cometió no le serán recordados" (Ez. 18, 21-22).

2. Para perdonar aún los mayores pecados.

a) "Aunque vuestros pecados fuesen como la grana, quedarían blancos como la nieve. Aunque fuesen rojos como la púrpura, vendrían a ser como la lana blanca" (Is. 1,18). b) Dios no ha puesto límites a su misericordia.

3. una y mil veces.

a) El Señor, con la expresión "setenta veces siete", quiso significar su voluntad de perdonar siempre que el pecador se acerque arrepentido.

b) Su misericordia es infinita, y antes se cansa el pecador de pecar que El de perdonar.

c) Dios quiere la vuelta del pecador: "Por mi vida, dice el Señor, Yagé, que no me gozo en la muerte del impío, sino en que se retraiga de su camino y viva" (Ez. 33, 11).

II. EL PERDÓN DE LA PENA

A) La pena eterna

1. El pecado mortal nos trae la muerte y el destierro de la patria celeste.

a) "El alma que pecare, ésa perecerá" (Ez. 18, 4).

b) "La soldada del pecado es la muerte" (Rom. 6, 23).

c) "Ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros... poseerán el reino de Dios" (I Cor. 6, 9-10).


2. La confesión nos vuelve a la vida y nos restituye a la patria.

a) "El don de Dios es la vida eterna" (Rom. 6, 23). b) "No hay, pues, ya condenación para los que son de Cristo Jesús" (Rom. 8, 10).

b) "Si el malvado se retrae de su maldad..., vivirá y no morirá" (Ez. 18, 21).

3. De una manera total y completa. 

a) Porque la confesión nos restituye la gracia santificante, que automáticamente nos hace hijos de Dios y herederos del cielo.  

b) Porque ya no se nos tomarán en cuenta las anteriores iniquidades: "La impiedad del impío no le será estorbo el día en que se convierta de su iniquidad" (Ez. 33, 12).

c) "No se recordará ninguno de los pecados que cometió" (Ez. 33, 16).

B) La pena temporal

1. El pecado, además de la pena eterna, tiene pena temporal.

a) Lo vemos en la Sagrada Escritura, donde Dios castiga a los justos con penas temporales.

b) Consta por la autoridad de la Iglesia, que afirma la existencia del purgatorio.

2. La confesión no siempre perdona toda la pena lemporal.

a) Dios perdonó a nuestros primeros padres su culpa, pero les impuso una terrible pena.

b) Natán dice a David: "Yavé te ha perdonado tu pecado. No morirás... mas el hijo que te ha nacido morirá" (II Sam. 12, 13-14).

c) Lo ha definido la Iglesia (Dz. 922).

3. Ni todas las reliquias del pecado.

a) Las reliquias del pecado son los malos hábitos naturales contraídos por la repetición de actos pecaminosos.

b) El sacramento de la penitencia, al infundir la gracia y las virtudes infusas, contribuye a extirparlas, no como regeneración, sino como medicina.

c) Pero no suele suprimirlas de una vez. De aquí que resulte muy penoso para el convertido el practicar la virtud.

CONCLUSIÓN

1. Demos gracias a Dios, que ha querido instituir un medio tan sencillo para libramos del infierno y volvemos a sus brazos.

2. Vayamos al tribunal de la penitencia tan pronto como hayamos tenido la desgracia de caer en el pecado.


3. Procuremos satisfacer por las penas temporales debidas a nuestros pecados.

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