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miércoles, 27 de julio de 2016

TRATADO DE LOS ANGELES - SANTO TOMAS DE AQUINO

INTRODUCCION A LA CUESTION LII
(CONTINUACION)

Conviene, ante todo, distinguir los varios modos como una cosa puede estar en otra. Esto puede ser de un modo natural o de modo sobrenatural. Los modos sobrenaturales que conocemos son tres: Dios está en el alma del justo por la gracia santificante. En la naturaleza humana de Cristo está por la unión hipostática. Y hay un tercer modo, llamado sacramental, modo especialísimo, propio de Cristo en          a Eucaristía.

Naturalmente  puede una cosa estar en otra de dos maneras: la primera es intencionalmente, como el objeto conocido está en la facultad cognoscitiva, no según su entidad física y real, sino por una representación: la segunda, contrapuesta a ésta, es cuando está realmente, no mediante una representación, sino con su propia substancia física y real.

Mas este modo real puede, a su vez, ser de dos clases:

cirunscritivo, modo propio y exclusivo de los cuerpos, por el contacto de la cantidad, que se da por la igualdad de medida y simetría entre las partes y, dimensiones propias del cuerpo contenido en el lugar y las del lugar mismo, correspondiendo entonces, según expresión de los filósofos, el todo contenido a todo el lugar continente, y cada parte de uno a las del otro; y no cirunscritivo, cuando lo que se dice estar en el lugar no, tiene dimensiones propias, no habiendo por ello contacto cuantitativo, sino contacto por la aplicación de la virtud operativa al lugar, correspondiendo entonces el todo limitado por el lugar al todo del lugar mismo y, al mismo tiempo, a cada una de sus partes.

Este modo no circunscriptivo se da: en el caso de la ubicuidad u omnipresencia divina, por la que Dios está a la vez en todas las cosas que existen, conservándolas, conociéndolas y gobernándolas (La p., q. 8); Y en el caso de, las substancias espirituales, alma humana y ángeles, llamándose modo definitivo o definitivo o delimitativo (IV sent. Dist. 10, q, 1, a. 3, y q. 4, sol. 2), por el cual el alma y los espíritus están en un lugar aplicando su virtud, quedando como contenidos y limitados a aquel lugar y no obrando en ningún otro. Hay, sin embargo, aquí entre el alma humana y el ángel esta diferencia: que aquélla de tal modo está en el cuerpo, que es su forma substancial; por eso se dice que está en él informándolo, informative dando el ser al compuesto; al paso que los ángeles no se unen al cuerpo como forma substancial, sino sólo accidentalmente, como motor al móvil representativo.

Comparando los ángeles con el lugar, Santo Tomás estudia el problema general del hecho y el modo de estar de los ángeles en un lugar (a. 1), discutiendo luego de manera particular si es posible por parte de un ángel estar en varios lugares á la vez (a. 2) y que varios ángeles estén al mismo tiempo en un solo lugar (a. 3).

II.-ENSEÑANZA DE LA REVELACION DIVINA

La divina revelación, que tan reiteradamente nos narra las apariciones de los ángeles, enseña explícitamente que los ángeles de hecho están de alguna manera en algún lugar, aunque directamente no determine el modo. Si bien explícitamente también excluye de ellos el estar en todas partes simultáneamente, en cuanto que pone siempre la ubicuidad u omnipresencia como propia y exclusiva de Dios. (Véase la Introducción a la 1., q. 8, pp. 286-287 del volumen 1 de la SUMA en esta edición de la B. A. C., y el a. 4 de Santo Tomás en la misma cuestión.)

Como lugar propio de todos los ángeles antes de pecar y de los buenos después del pecado de los otros, se asignan los cielos; y como lugar circunstancial, aquellos en que aparecen y se hacen visibles a los hombres.

Las sagradas letras, por lo que a los ángeles buenos se refiere, y a quienes atribuyen como lugar propio el cielo (Gen. 16, 17; 22, 11; Tob.12, 15 y 20; Mt. 18,10; 22, 30; Le. 1, 19; 2, 8 s.; 15,10; Marc. 23, 32, etc.), atestiguan expresamente que desde allí son enviados, se manifiestan y obran en el lugar. Así nos dicen de ellos que, apareciéndose a Abrahán, levantáronse y se dirigieran a Sodoma y Abrahán iba con ellas para despedirlos... Y partiérondose de allí dos de los varones. y cuando llegaron a Sodoma los dos ángeles (Gen. 18, 16 Y 22). encontraron en la puerta de la ciudad a Lot, que les ofreció hospedaje en su casa, respondiendo ellos: No, pasaremos la  noche en la plaza. Instóles mucho y se fueron con: él a su casa; (Gen. 19, 1-3).

También de los ángeles malos asignan las sagradas letras el lugar. Según la expresión de San Juan, hubo una batalla en los cielos: Miguel y sus ángeles peleaban con el dragón y peleó el dragón y sus ángeles y no pudieron triunfar ni fue hallada su lugar en el cielo. Fue arrojado el dragón grande la antigua serpiente, llamada Diablo y Satanás que extravía a toda la redondez de la tierra) y fue precipitado en la tierra y sus ángeles fueron con él precipitados (Apoc. 12, 7-9).

En Tobías se nos dice que el demonio huyó al Egipto superior donde el ángel le ató (Tob. 8, 3). Como lugar de los demonios se designa el infierno: Dios no perdonó a los ángeles que pecaron sino que, precipitados en el tártaro, los entregó a las prisiones tenebrosas (2 Petr. 2, 4). Por eso se llama al príncipe de los demonios ángel del abismo (Apoc. 9, 11), donde el fuego eterno está preparado para el diablo y para sus ángeles (Mt. 25, 41; Apoc, 20, 10), a quienes San Pablo llama dominadores de este mundo tenebroso...espíritus malos de los aires (Eph. 6, 12), contra quienes San Pedro nos manda: Estad alerta y velad que vuestro adversario el diablo como león rugiente anda rondando y busca a quien devorar (1 Petr. 5, 8).


Tenemos, por otra parte, el testimonio fehaciente de los múltiples casos de posesión diabólica narrados en él Nuevo Testamento, aquí dejamos las citas para los lectores que quieran profundizar más sobre el tema: Mt. 4', 24; 8, t6; Mc. 1, 23 S.; Lc. 4, 41; MI(:. 8, 28-34; Mc. 5, 1-20; Lc. 8; 27-33; Mt. 9, 32 S.; 10,1; 12, 43; 17,18; Mc. 9, 17 S.; 1,6, 9; Lc. 9, 37-42; Act. 5, 16; 8, 17-18; 16, 16, etc.

CONTINUARA...