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jueves, 28 de julio de 2016

Ite Missa Est


28 DE JUNIO
SAN NAZARIO Y 
SAN CELSO, MARTIRES
SAN VICTOR I, PAPA Y MARTIR
SAN INOCENCIO I, PAPA Y CONFESOR

Misa - Intret
III Clase – Ornamentos Rojos
Epístola – Sap; X, 17-20
Evangelio – San Lucas; XXI, 9-19


SAN NAZARIO Y SAN CELSO. — Gloria de Milán y de San Ambrosio fue el ofrecer a la veneración de los fieles a los Santos Nazario y Celso. Los dos, se cree, fueron del número de los más antiguos mártires de Milán. Sus cuerpos habían sido sepultados en un jardín, situado fuera de los muros de la ciudad, y no eran objeto de un culto especial antes de fines del siglo iv. Más aún, la tumba de S. Celso había caído en el más completo olvido. Pero en el 395 San Ambrosio procedió a reconocer los restos de San Nazario. Se encontró el cuerpo bien conservado, la cabeza separada del tronco y la sangre fresca todavía. Colocó se le en una carroza con todo respeto, y, formando en procesión, el pueblo siguió al obispo, quien antes de llevar a Milán las reliquias, se detuvo a orar delante de otra tumba: la de San Celso, al que llamó así San Ambrosio, acaso por revelación, para que le honrasen los fieles. Sólo las reliquias de San Nazario, se llevaron procesionalmente a la ciudad y depositándolas en la iglesia de los Santos Apóstoles que, desde entonces, fué la de San Nazario. En el siglo x las reliquias de San Celso fueron trasladadas a su vez a una iglesia de Milán que le fué dedicada. Muy pronto, sin embargo, asoció la Liturgia a los dos mártires en una misma fiesta. Sin embargo gozó San Nazario de mayor celebridad en todo el Occidente. La antigua catedral de Autun estaba dedicada al santo así como también una basílica de Embrún; lo estuvieron también muchos pueblos de Francia.

SAN VÍCTOR. — Nació en Africa. Sucedió al Papa Eleuterio hacia el año 189, reinando por espacio de diez años, y según el Líber Pontificalis murió mártir. Autoritario y enérgico fué el esclarecido defensor de la Tradición. Excomulgó a Teodoto que enseñaba que Cristo era solo hijo adoptivo de Dios. Condenó a los Montañistas de Frigia que sólo querían gobernarse según revelaciones privadas. Finalmente, prohibió la costumbre de las iglesias de Asia que celebran la Pascua como los judíos, en el plenilunio de Abril y en cualquier día de la semana que cayese. En su tiempo consolidó se notablemente el pontificado y dejó sentir su influencia en toda la cristiandad.


SAN INOCENCIO I. — San Víctor, en el siglo n, había afirmado con hechos la primacía de la Iglesia romana. Con San Inocencio I vemos que, desde hace mucho tiempo es una tradición reconocida en toda la Iglesia, y el Papa la recordó autoritativamente a ciertos obispos que intentaron sustraerse a ella. Este Pontífice oriundo de Albano, reinó del 401 al 417, y su infatigable solicitud se extendió por toda la Iglesia. Sus decretales hicieron ley en España, Galia e Italia. Exigió a los Obispos de Constantinopla, Alejandría y Antioquía la rehabilitación de San Juan Crisóstomo, injustamente depuesto de su sede. Reprendió al Obispo de Jerusalén por causa de su negligencia. Ratificó la condenación fulminada por los Obispos de Africa contra los Pelagianos, que negaban la necesidad de la gracia. Sin embargo llenaron de luto su pontificado la toma y saqueo de Roma por los bárbaros de Alarico que entraron en la ciudad cuando él estaba fuera. Emprendió ardorosamente la tarea de levantarla de sus ruinas, y demostrando su mucha caridad socorriendo a las víctimas. San Inocencio I es uno de los mayores papas del siglo V.

PLEGARIA A LOS MÁRTIRES CONFESORES. — Gloriosos Papas que, tanto por la efusión de vuestra sangre sobre la arena, como por los decretos promulgados desde la Silla apostólica, habéis exaltado la fe del Señor, dignaos acoger nuestras súplicas. Haced que comprendamos la enseñanza que para nosotros supone vuestra colocación en el ciclo sagrado. Sin ser mártires ni Pontífices podemos con todo eso merecer los ser asociados a vuestra gloria. Pues el motivo que explica vuestra común entrada en la bienaventuranza en este día, debe ser también, para cada uno de nosotros y en grado diverso, la razón de nuestra salvación: En Cristo Jesús, dice el Apóstol, sólo vale la fe actuada por la caridad. En esta fe, por la que vosotros trabajasteis y padecisteis, esperamos nosotros el premio de la justicia y aguardamos la corona. Nazario y Celso, que no temisteis dar vuestra vida por Jesucristo, obtenednos la gracia de estimar el tesoro que todo cristiano está obligado a valorizar, obrando y cantando alabanzas a Dios. Víctor, celoso guardián de las tradiciones de la alabanza divina, defendiendo la celebración de la Pascua, vengador del Verbo Dios hecho hombre; Inocencio, oráculo incorruptible de la gracia de Cristo Salvador, testigo también de sus inexorables justicias: enséñanos la confianza y el temor, la rectitud en nuestras creencias y la delicadeza que conviene al cristiano en lo que a esta fe se refiere, fundamento único para él de la justicia y del amor. Mártires y Pontífices conducidos por el camino recto que lleva al cielo.