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miércoles, 20 de abril de 2016

EL GOLPE MAESTRO DE SATANÁS - Mons. Marcel Lefebvre

EL GOLPE MAESTRO DE SATANÁS



“El golpe maestro de Satanás”, el cual es, en realidad, una serie de charlas, sermones, y escritos varios en donde notamos la caridad y la prudencia con que se manejó Monseñor en sus primeros tratos con Roma. Escritos entre los años 1975 y 1977, denuncian ya la gravedad de los dichos y hechos realizados por las más altas jerarquías de Roma, a partir del Concilio Vaticano II, los cuales fueron minando y destruyendo la Doctrina milenaria de la Iglesia Católica hasta llegar al punto en donde nos hallamos hoy: una nueva religión que insiste en seguir llamándose Católica pero que reúne en sí todas las herejías ya condenadas por todos los Papas anteriores. En este combate por la fidelidad a la Tradición y al depósito de la Fe, Monseñor Lefebvre irá reafirmando su posición inicial al chocar con el endurecimiento y la obcecación de los que ocupan Roma. Como el título lo indica, Monseñor nos dice en dónde está la verdadera obediencia y en qué consiste realmente. El Concilio Vaticano II se valió de la “obediencia” para imponer sus nefastos cambios: Golpe maestro de Satanás. Creemos no es redundar el repetir y recalcar el tener en cuenta la fecha, la oportunidad y el auditorio al que fueron dirigidas estas reflexiones y afirmaciones de Monseñor Marcel Lefebvre  pues, pasando el tiempo… muchas cosas fueron clarificándose más y la actitud de Monseñor… fue resolviéndose en otra actitud más firme y decidida. Hasta llegar, antes de su muerte, a la conclusión de que, con la Roma actual, no era ya posible entendimiento alguno y solo cabía esperar, de ésta, con la Gracia de Dios, una conversión de Roma a la Tradición, al depósito inmutable del Evangelio de Cristo.

 I
EL GOLPE MAESTRO DE SATANÁS

Sabemos por el Génesis y mejor aún por Nuestro Señor mismo que Satanás es el padre de la mentira. En el versículo 44, capítulo 8 del Evangelio de San Juan, Nuestro Señor apostrofa a los judíos diciéndoles: "El diablo es vuestro padre y vosotros queréis cumplir sus deseos. Desde siempre él es homicida y permanece fuera de la Verdad, puesto que no hay verdad en él, su palabra es mentirosa porque miente por naturaleza, ya que es mentiroso y padre de la mentira..." Satanás es homicida en las persecuciones sangrientas, padre de la mentira en las herejías, en todas las falsas filosofías y en las palabras equívocas que están en la base de las revoluciones, de las guerras mundiales, de las guerras civiles.  No cesa de atacar a Nuestro Señor en su cuerpo místico: la Iglesia. En el curso de la Historia ha empleado todos los medios, de los cuales uno de los últimos y más terribles ha sido la apostasía oficial de las sociedades civiles. El laicismo de los Estados ha sido y es siempre un escándalo inmenso para las almas de los ciudadanos. Y es por ese subterfugio que ha logrado laicizar poco a poco y hacer perder la fe a numerosos miembros de la Iglesia, a tal punto que esos falsos principios de separación de la Iglesia y el Estado, de la libertad de las religiones, del ateísmo político, de la autoridad que toma su origen de los individuos, han terminado por invadir los seminarios, los presbiterios, los obispados y hasta el Concilio Vaticano II. Para hacer eso, Satanás ha inventado palabras claves que han permitido que los errores modernos y modernistas penetraran en el Concilio: la libertad se ha introducido mediante la Libertad religiosa o Libertad de las religiones; la igualdad, mediante la Colegialidad, que introduce los principios del igualitarismo democrático en la Iglesia y, finalmente, la fraternidad mediante el Ecumenismo que abraza todas las herejías y errores y tiende la mano a todos los enemigos de la Iglesia. El golpe maestro de Satanás será, por consiguiente, difundir los principios revolucionarios introducidos en la  Iglesia por la autoridad de la misma Iglesia, poniendo a esta autoridad en una situación de incoherencia y de contradicción permanente; mientras que este equívoco no sea disipado, los desastres se multiplicarán en la Iglesia. Al tomarse equívoca la liturgia, se torna equívoco el sacerdocio, y habiendo ocurrido lo mismo con el catecismo, la Fe, que no puede mantenerse sino en la verdad, se disipa. La jerarquía de la Iglesia misma vive en un equívoco permanente entre la autoridad personal, recibida por el sacramento del Orden y la Misión de Pedro o del Obispo y los principios democráticos. Es preciso reconocer que la jugarreta ha sido bien hecha y que la mentira de Satanás ha sido utilizada maravillosamente.


La Iglesia va a destruirse a sí misma por vía de la obediencia.
La Iglesia va a convertirse al mundo hereje, judío, pagano, por obediencia, mediante una Liturgia equívoca, un catecismo ambiguo y lleno de omisiones y de instituciones nuevas basadas sobre princi- pios democráticos. Las órdenes, las contraórdenes, las circulares, las constituciones, las cartas  pastorales serán tan bien manipuladas, tan bien orquestadas, sostenidas por la omnipotencia de los medios de comunicación social, por lo que queda de los movimientos de Acción Católica, todos marxistizados, que todos los fieles honrados y los buenos sacerdotes repetirán con el corazón roto pero consintiendo: ¡Hay que obedecer! ¿A quién, a qué? No se sabe exactamente: ¿a la Santa Sede, al Concilio, a las Comisiones, a las Conferencias Episcopales? Uno aquí se pierde como en los libros litúrgicos, en los ordos diocesanos, en la inextricable maraña de los catecismos, de las oraciones del tiempo actual, etcétera. Hay que obedecer, con peligro de volverse protestante, marxista, ateo, budista, indiferente, ¡poco importa! hay que obedecer a través de las negaciones de los sacerdotes, la inoperancia de los obispos, salvo para condenar a quienes quieren conservar la Fe, a través del matrimonio de los consagrados a Dios, de la comunión a los divorciados, de la intercomunión con los herejes, etc. ¡hay que obedecer! ¡Los seminarios se vacían y se venden igual que los noviciados, las casas religiosas y las escuelas; se saquean los te-soros de la Iglesia, los sacerdotes se secularizan y se profanan en su vestimenta, en su lenguaje, en su alma!... hay que obedecer. Roma, las Conferencias Episcopales, el Sínodo presbiteral lo quieren. Es lo que todos los ecos de las Iglesias, de los diarios, de las revistas repiten: aggiornamento, apertura al mundo. Desgraciado sea él que no consiente. Tiene derecho a ser pisoteado, calumniado, privado de todo lo que le permitía vivir. Es un hereje, es un cismático, que merece únicamente la muerte. Satanás ha logrado verdaderamente un golpe maestro: logra hacer condenar a quienes conservan la fe católica por aquéllos mismos que debieran defenderla y propagarla. Ya es tiempo de encontrar de nuevo el sentido común de la fe, de reencontrarla verdadera obediencia a la verdadera Iglesia, oculta bajo esa falsa máscara del equívoco y la mentira. La verdadera Iglesia, la Santa Sede verdadera, el Sucesor de Pedro, los Obispos en cuanto sometidos a la Tradición de la Iglesia, no nos piden y no pueden pedirnos que nos volvamos protestantes, marxistas o comunistas. Ahora bien, se podría creer al leer ciertos documentos, ciertas constituciones, ciertas circulares, ciertos catecismos que se nos pide que abandonemos la verdadera Fe en nombre del Concilio, de Roma, etcétera. Debemos negarnos a volvernos protestantes, a perder la Fe y a apostatar como lo hizo la sociedad política después de los errores difundidos por Satanás en la Revolución de 1789. Nos rehusamos a apostatar, aunque fuera en nombre del Concilio, de Roma, de las Conferencias Episcopales. Permanecemos adheridos, por sobre todo, a todos los Concilios dogmáticos que han definido a perpetuidad nuestra Fe. Todo católico digno de este nombre debe rechazar todo relativismo, toda evolución de su fe en el sentido de que lo que ha sido definido solemnemente por los Concilios en otros tiempos dejaría de ser válido hoy y podría ser modificado por otro Concilio, con mayor razón si es tan sólo pastoral .La confusión, la imprecisión, las modificaciones de los documentos sobre la Liturgia, la precipitación en la aplicación, demuestran bien a las claras que no se trata de una reforma inspirada por el Espíritu Santo. Esta manera de obrares de tal modo contraria a las costumbres romanas que obran siempre "cumconsilio et sapientia".

Es imposible que el Espíritu Santo haya inspirado la definición de la Misa según el artículo VII de la Constitución y aún más inaudito que se haya sentido la necesidad de corregirla enseguida, lo que es una confesión de chapucería en la más importante realidad de la Iglesia: el Santo Sacrificio de la Misa. La presencia de los protestantes para la reforma litúrgica de la Misa, es preciso confesarlo, establece un dilema al cual parece difícil escapar. Su presencia significaba o que estaban invitados a reajustar su culto según los dogmas de la Santa Misa o que se les preguntaba lo que les desagradaba en la Misa Católica para evitar que se dejara presente una expresión dogmática que ellos no podían admitir. Es evidente que esta segunda solución es la que fue adoptada, cosa inconcebible y ciertamente no inspirada por el Espíritu Santo. Cuando se sabe que esta concepción de la "Misa normativa" es la del Padre Bugnini y que él la impuso tanto al Sínodo como a la Comisión de Liturgia, se  puede pensar que hay Roma y Roma, la Roma eterna con su fe, sus dogmas, su concepción del Sacrificio de la Misa y la Roma temporal influenciada por las ideas del mundo moderno, influencia a la que no ha escapado el propio Concilio el cual, a propósito y por la gracia del Espíritu Santo quiso ser únicamente pastoral. Santo Tomás se pregunta en la cuestión de la corrección fraterna si conviene que se la practique a veces con los Superiores. Con todas las distinciones útiles, el Ángel de la Escuela responde que se la debe practicar cuando se trata de la Fe. Ahora bien, ¿quién puede con toda conciencia decir que hoy en día la Fe de los fieles y de toda la Iglesia no está amenazada gravemente en la Liturgia, en la enseñanza del catecismo y en las instituciones de la Iglesia? Léase y reléase a San Francisco de Sales, San Roberto Bellarmino, San Pedro Canisio y Bossuet y se hallará con asombro que tenían que luchar contra los mismos falsos procedimientos. Pero esta vez el drama extraordinario consiste en que estas desfiguraciones de la Tradición nos vienen de Roma y de las Conferencias Episcopales; si uno quiere por consiguiente guardar su Fe tenemos que admitir sí que algo anormal pasa en la administración romana. Debemos, por cierto, sostener la infalibilidad de la Iglesia y del Sucesor de Pedro, debemos también admitir la situación trágica en que se encuentra nuestra Fe católica por las orientaciones y los documentos que nos vienen de la Iglesia; la conclusión vuelve a lo que decíamos al comienzo:

Satanás reina por el equívoco y la incoherencia, que son sus -medios de combate y que engañan a los hombres de poca Fe. Este equívoco debe ser suprimido valientemente para preparar el día elegido por la Providencia en que será suprimido oficialmente por el Sucesor de Pedro. Que no se nos tache de rebeldes u orgullosos, porque no somos nosotros los que juzgamos, sino es Pedro mismo quien como Sucesor de Pedro condena lo  que él por otro lado fomenta, es la Roma eterna la que condena a la roma temporal. Nosotros preferimos obedecer a la eterna. Pensamos con plena conciencia que toda la legislación emitida desde el Concilio es, por lo menos, dudosa y, en consecuencia, apelamos al Canon 23 que trata de este caso y nos pide atenernos a la ley antigua. Estas palabras parecerán a algunas injuriosas para la autoridad. Por el contrario, son las únicas que protejan a la autoridad y la reconocen verdaderamente, porque la autoridad no puede existir sino para lo Verdadero y lo Bueno y no para el error y el vicio.

El 13 de octubre de 1974, en el aniversario de las apariciones de Fátima.
Que María se digne bendecir estas líneas y haga que produzcan frutos de Verdad y Santidad. Mons. MARCEL LEFEBVRE