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sábado, 2 de abril de 2016

DE LA RESURRECCION DE CRISTO - Según Santo Tomás de Aquino

Las Santas Mujeres

LAS MANIFESTACIONES
DE LA
RESURRECCIÓN
(continuación)


Por esto se apareció la misma tarde del domingo a los apóstoles reunidos en casa, ausente solo Tomás (Lc. 24,36-43; lo. 20,19-23), Y el mismo día hizo volver de su camino a los dos discípulos que, descorazonarlos, se iban de Jerusalén (Lc, 24,13-35); Y en el siguiente domingo volvió a aparecer a los apóstoles con Tomás dado que no había estado en la primera aparición, el cual entonces quedó ya convencido de la verdad de la resurrección (lo. 20,26-31). Con esto logro que todos se reunieran en Galilea, donde, según San Lucas, se les aparecía con frecuencia y los instruía, hablándoles del reino de Dios (Act. 1,3). San Pablo nos da en la primera Epístola a los Corintios (15,1ss) un resumen de las apariciones, terminando con la que él disfruto, aunque indigno, porque iba persiguiendo la Iglesia de Dios. El Apóstol pone esta aparición suya en el mismo orden que las de los otros apóstoles.

Con ellas quedaron plenamente convencidos de la verdad de la resurrección y pudieron lanzarse en medio del mundo, pregonando la resurrección de Jesús, de la cual eran ellos testigos y por su testimonio, muchos creyeron y creen en este misterio, y la Iglesia lo proclama a las generaciones sucesivas, apoyada en el mismo testimonio, por lo que recibe el nombre de apostólica, como fundada en la autoridad de los apóstoles. Es así que Santo tomas destaca la importancia de estas apariciones y su orden, porque todo en Dios es perfecto y ordenado. Empieza Santo tomas diciendo que Jesucristo no se apareció a todo el pueblo después de su resurrección, sino solo a los que Él había elegido para este propósito desde la eternidad; he aquí sus palabras:

a) Si debió manifestarse a todos. De las cosas conocidas, unas lo son en virtud de una ley común de la naturaleza, otras por don especial de la gracia, como unas reveladas por Dios. En éstas es ley establecida por Dios mismo, dice Dionisio en el libro de la "Jerarquía celestial", que a los superiores les sean reveladas las cosas inmediatamente por Dios, y, mediante éstos, se comuniquen a los inferiores, como se ve en la ordenación de los espíritus celestiales. Ahora bien, lo que toca a la gloria futura excede el común, conocimiento de los hombres, según las palabras de Isaías: "El ojo no vio, ¡h Dios!, fuera de ti, lo que tienes preparado a los que te aman". Por esto, tales cosas no son conocidas del hombre si no le fueron reveladas por Dios, como el Apóstol,.. Dice: "A nosotros nos reveló Dios por su Espíritu". Pues, habiendo resucitado Cristo con una resurrección gloriosa, por eso ésta no se manifiesta a todo el pueblo, sino a algunos por cuyo testimonio llegaría a conocimiento de Ios demás. La pasión de Cristo se realizó en el cuerpo, que todavía tenía naturaleza pasible; la cual es de toda conocida por la ley común. Por esto, la pasión de Cristo pudo manifestarse a todo el pueblo. Pero la resurrección de Cristo se realizó "por la gloria del Padre" como dice el Apóstol, y así no fue a todos manifiesta, sino a algunos. Que a los públicos pecadores se imponga penas públicas, se entiende de las penas de la vida presente y lo mismo de los méritos públicos que se deben premiar públicamente para estímulo de los otros. Pero las penas y los premios de la vida futura no se manifiestan a todos públicamente, sino a aquellos especialmente escogidos por Dios. Así pues debe seguirse el orden determinado por Dios en lo que toca a las manifestaciones o apariciones de Nuestro Señor resucitado. Basado en esto continua el Angélico: “Así, pues, apareció primero Cristo A las mujeres, a fin de que la mujer, que primero había llevado al hombre el principio de la muerte, le llevase también los principios de Cristo resucitado en la gloria. Por esto dice San Cirilo: "La mujer, que fue en cierto modo instrumento de muerte, recibió la primera y anuncia el misterio de la venerable resurrección.

Alcanzó, pues, el linaje de la mujer la absolución de su ignominia y el repudio de la maldición". “Se muestra al mismo tiempo con esto que, en lo tocante al estado de la gloria, no sufre detrimento el sexo femenino, antes gozarán de mayor gloria en la visión divina si ardieron en mayor caridad. Por esto las mujeres que más amaron al Señor, y que "no abandonaron el sepulcro cuando los discípulos se apartaron", Vieron primero al Señor resucitado en gloria. Mas la noticia no se dio al pueblo, por medio de ellas, sino que debían informar de este acontecimiento a quienes estaban elegidos por Dios para dar esta buena al pueblo. Por esto continua el Angélico, recordando una regla de oro dicha anteriormente por San Pablo a los corintios II, los deberes de la mujer en el templo “No se permite a las mujeres enseñar públicamente en la Iglesia, pero si se les permite instruir a otros en privado, en casas. Por eso como dice San Ambrosio, “es enviada la mujer a aquellos que son de la casa”, pero no se le envía para llevar al pueblo el testimonio de la resurrección” (3. Q. 55 ad 1, 2,3.)

b) Le seguía el testimonio dado por las mujeres, darlo a los apóstoles por tal razón antes dicha convenía que los discípulos vieran a Cristo resucitado, a este respecto dice Santo Tomas: “Los apóstoles pudieron presentarse como testigos oculares de la resurrección de Cristo, porque con sus ojos vieron vivo, después de la resurrección, al que sabían que había muerto. Mas, como se llega a la visión de la bienaventuranza por la audición de la fe, así los hombres llegaron a la visión de Cristo resucitado por lo que antes oyeron a los ángeles y a las santas mujeres. Por otro lado se da un hecho paradójico o extraño pues en donde Jesucristo manifiesta su triunfo a su manera ante los fariseos y sacerdotes, pero el resultado es diametralmente opuesto al de los apóstoles pues cuando se realizo el milagro los soldados, que custodiaban el sepulcro, asustados acudieron a los sumos sacerdotes a contar lo sucedidito, y esta fue la respuesta que dieron, no sin antes sobornar a los soldados, “Demus inquiunt pecunian: et dicite quia vobis durmientibus venerunt discipuli ejus, et abstulerunt eum” (Mt. 17, 63 ss) (sobornemos a estos con dinero: y que digan que mientras vosotros dormíais vinieron sus discípulos lo tomaron y se lo llevaron”) ver respuesta de San Agustín a este malicioso estragema inventado por los judíos.

c) Como es conocido, dada la noticia, San Pedro y San Juan corrieron al sepulcro para ser testigos oculares de este testimonio, de lo cual solo se nos dice que San Pedro entro al sepulcro, pero el otro discípulo no, “Porque en cuanto miro creyó”. Lugo se les apareció a todos salvo a Santo Tomas. Después de la muerte y las apariciones quizá alguno piense que las cosas deberían seguir como eran antes respecto a la vida de Jesucristo con sus discípulos, pero no fue así. Nuestro Señor solo estuvo con ellos cuarenta días, es una forma de decir, pues en realidad las apariciones fueron muy limitadas durante ese tiempo, santo Tomas a este respecto nos dice: “Dos cosas debían ser declaradas y aclaradas a los discípulos acerca de la resurrección y de la gloria del resucitado. Para certificar la verdad de la resurrección basta con que se les hubiera aparecido varias veces: que con ellos hubiera conversado familiarmente, comiendo, bebiendo y dejándose tocar por ellos. Mas para manifestar la gloria de la resurrección no quiso conversar con ellos de continuo, como antes lo hacía, porque no pareciera que había resucitado a una vida igual a la de antes. Por eso dice Sn Lucas: “Esto es lo que os dije cuando estaba con vosotros”. Ahora estaba con ellos con una presencia corporal inmortal, pero antes había estado con ellos no solo con la presencia corporal, pero también con la semejanza de la mortalidad. Por eso san Beda exponiendo las precedentes palabras, dice: “Cuando aún estaba con vosotros en carne mortal, en la que también estáis vosotros ahora, pero ahora ya resucitado no estoy con vosotros no con la carne mortal sino en la misma mortalidad”, es decir, su estado ahora, después de la resurrección es de inmortalidad en todo su ser. Si Cristo no converso demasiado con sus discípulos ni continuo con ellos: “No fue porque juzgase que en otro lugar estaría mejor, sino porque pensaba que para la instrucción de los discípulos era mejor era aquello mejor por la razón dicha. Ignoramos en qué lugar haya estado corporalmente en este espacio intermedio de tiempo, puesto que la Sagrada Escritura nada dice y que, como dice el salmo, “su dominación se extiende a todo lugar”. Se les apareció con más frecuencia el primer día porque por muchos argumentos debían ser amonestados a que desde luego recibiesen la fe de la resurrección. Pero una vez que la habían recibido, no era necesario instruirlos con tan frecuentes apariciones estando ya confirmados en la fe. Por eso no se lee en los Evangelios que después del primer día se solo se les haya aparecido cinco veces.  Sin embargo dice san Agustín en su obra “Concordia con los Evangelios” que después de las cinco primeras apariciones les apareció la sexta, “cuando le vio santo Tomas; la séptima, junto al mar de Tiberiades, en la pesca de los peces; la octava en el monte de Galilea, según san Mateo; la novena que narra san Marcos; la ultima estando sentado en la mesa, porque ya no habían de comer con Él en la tierra; la decima el mismo día, no ya en la tierra, pero elevado en la nube cuando subía al cielo. Pero no están escritas todas las cosas, como confiesa San Juan.

Podríamos seguir con el tema porque es bastante interesante y bien se puede redactar otro escrito si lo piden, pero por ahora es suficiente debido a la densidad del tema y a la profundidad de los argumentos teológicos del Angélico doctor. Por si lo desean estoy a su disposición para continuar con este tema tan interesante, si Dios lo permite y ustedes lo piden.*

* (utfidelesinveniatur.blogspot)