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jueves, 17 de marzo de 2016

EL REENCUENTRO - R.P. Arturo Vargas

EL REENCUENTRO
(SEGUNDA PARTE)

Antonio cerró los ojos meditando en todo cuanto le había dicho su compañero. De buena gana se hubiera quedado toda la noche: motivos no le faltaban para desvelarse, pero vencido por el cansancio se quedó profundamente dormido. No habría trancurrido ni media hora cuando Angel María lo despertó diciendo:

  --- Levántate, es preciso que busquemos otro lugar más seguro porque el agua está inundando la cueva. Antonio se incorporó inmediatamente y fueron al fondo de la cueva. Golpeando las rocas con un palo abrieron un boquete por el cual se introdujeron a una cueva de dos metros de alto por uno de ancho revestida con ladrillos por ambos lados y con un piso lleno de guijarros. Antonio, asombrado, pregunto:        

--- ¿A dónde nos conduce esta cueva?                                                                                                                                               
--– No preguntes y sigue, contestó Angel María acelerando el paso. Antonio, por la prisa, no se puso los zapatos y se le tornaba difícil el camino quejándose de vez en cuando. Cansado, debilitado y dolorido pidió a su compañero unos minutos de descanso. Se detuvieron unos instantes, instantes que aprovechó Antonio para continuar el diálogo:

--- ¿No habrá otro camino menos difícil y áspero?

---Te parece demasiado pesado, ¿alguna vez te has detenido a mirar el camino que recorrió Jesucristo cuando se dirigió al Calvario?

--- Sí, era duro, difícil, áspero y lleno de piedrecillas.

--- ¿Te has preguntado alguna vez ¿por qué eligió ese camino y no otro mas  cómodo?

--- me imagino que tomó ese camino por amor a nosotros.

--- Me imagino que tomo ese camino por amor a nosotros.                                               

---Correcto. La caridad tiene dos caminos: el de las consolaciones por el cual la mayoría de los católicos quiere andar con frecuencia porque no presenta molestias ni obstáculos; el otro, por el contrario, está lleno de vicisitudes y por eso pocos son los que lo transitan. Este es angosto por las penas y angustias que agobian al alma, áspero por las desolaciones tentaciones, tribulaciones etc., y largo por la poca paciencia que tienen los hombres para sufrir a ejemplo de Jesucristo. Los dos caminos le agradan a Jesucristo; pero no está en Uds. elegir tal o cual sino recibir, con amorosa resignación a la voluntad divina, aquel camino por el cual su bondad y su misericordia tengan a bien conducirlos, pues nadie mejor que Él sabe lo que más les conviene. Cuanto más áspero, difícil y duro sea este camino o cruz, mayor será la gloria que las almas tributen a Dios y mayor la caridad que ellas tengan. Este amor generoso les hará llevar la cruz con gran ánimo a imitación de Jesucristo. Puede suceder que Dios Nuestro Señor, en ocasiones muy especiales haga transitar las almas por caminos incomprensibles por no ajustarse a los propósitos de ellas y, en cierta manera, contra la caridad. Si a pesar de no comprenderlos, de sus flaquezas, debilidades, impaciencias y ataques del enemigo, los andan, abandonándose en la paternal bondad de Dios, como el niño lo hace con su padre, les reportará a la larga una mayor fe, una firme esperanza y una encendidísima caridad. Bueno, ya hemos hablado lo suficiente, sigamos caminando. Reanudaron su camino que para Antonio parecía no tener fin. Una luz extraña y desconocida se vio a lo lejos. ¿Sería el fin de tan penoso viaje? Conforme se acercaban a la salida de la cueva la claridad de la luz ahuyentaba la densa oscuridad. Antonio dijo:

--- Por fin estamos llegando al fin de nuestro camino.

---Así es, Contestó secamente Angel María. La claridad no tardó en disipar las tinieblas. Al salir de la cueva, Antonio tenía ante sus asombrados ojos un inmenso valle florido de incomparable belleza. Prados verdes muy bien cuidados se extendían por él cubriéndolo totalmente. Un río de aguas cristalinas y frescas dividía el valle en dos iluminados por una luz diáfana y agradable, muy distante a la luz del astro rey que, curiosamente, no se veía en aquel cielo azulado. Todo en ese valle era belleza y armonía, se respiraba un ambiente de paz y tranquilidad. Antonio jamás había visto, en su vida, algo semejante a este paisaje y se quedó por largo rato contemplándolo diciendo para sí mismo – Valió la pena el viaje pues con esta visión me doy por bien pagado. Saliendo por fin de su asombro preguntó:

---Ángel María ¿es este lugar parte del cielo?

---Mira hacia el cielo junto a las montañas.

He aquí que una inmensa cruz se dibujaba poco a poco en aquel cielo azul; a los pocos minutos se dejo ver claramente. Sus dimensiones eran enormes y su hermosura incomparable pero en ella no estaba Jesucristo. La cruz estuvo suspendida varios minutos en el firmamento. Antonio, rompiendo el silencio, dijo a su compañero:

---Esta cruz es de una belleza indescriptible pero, ¿por qué no esta en ella Jesucristo?

No bien terminó de hablar cuando vio con gran asombro cómo la imagen de Jesucristo iba apareciendo lentamente a lo largo y ancho de la cruz hasta quedar completamente visible. Antonio lo miró con atención, miró sus pies y sus manos traspasados por los clavos, su costado abierto por la lanza, su rostro ensangrentado y amoratado y la cabeza inclinada y cubierta de espinas; de las llagas aún manaba sangre como que si lo hubiesen crucificado en ese momento. Todo era tan real que le parecía estar en el mismo calvario. Esta visión lo dejó profundamente conmovido sintiendo por Jesucristo crucificado una profunda compasión la cual le causaba un dolor fuerte y suave a la vez. Se hallaba absorto en esta contemplación cuando escuchó claramente estas palabras: EGO SUM VIA, VERITAS ET VITA. Luego, lentamente, se desapareció la cruz y quedó todo como al principio. Antonio muy confortado y sumamente emocionado dijo:

---Ángel María, en este día Dios Nuestro Señor ha sido muy misericordioso conmigo al infundir de nuevo en mi alma su verdad inmutable y única. Ha alejado el error, ha sosegado mi alma con su suavisíma doctrina e iluminando mi entendimiento, ahuyentó las espesas tinieblas en las que se hallaba envuelta y, finalmente, la recreó con esta indescriptible visión,  ¿qué más podía pedir este miserable pecador cuando se me ha dado mas de lo que merecía?

--- Ángel María contesto:   

-- Antonio ¿has visto las delicadezas del corazón misericordioso de Jesús para con los pecadores? Su compasión para con ellos no conoce límites. Guarda todas estas muestras de su amor en lo mas profundo de tu corazón y cuando la duda o el error vuelvan acuérdate de este día, de El sacarás las fuerzas necesarias para vencerlos y no vacilar más en la Fe y en el amor a Dios Nuestro Señor. Cuando las sugestiones y tentaciones diabólicas se presenten tampoco los temas: ahuyéntalas trayendo a tu memoria la visión que acabas de ver; por último, ayuda todo cuanto puedas a tus compañeros que se encuentren en el estado en el cual estabas.     

--Con mucho gusto lo haré tenlo por seguro. Angel María en la visión pasada no entendí las palabras dichas al final porque fueron dichas en otro idioma, ¿tendrías la amabilidad de traducírmelas?  

--En esas palabras dijo lo siguiente: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Y ¿no querías reencontrarte con Él? El vino desde el cielo donde estaba, a la diestra del Padre. En tu confusión y turbación ¿no buscabas la verdad absoluta e inmutable? Ya la encontraste. ¿No anhelas una vida dichosa y feliz después de esta vida? Pues bien, Él es la resurrección y la vida. Con su muerte les alcanzó esa tan deseada vida eterna. La caridad infinita de Dios hacia los hombres trazó el único camino capaz de conducirlos al cielo, la fe los hace aceptarlo y a la esperanza le corresponde alimentar en sus almas el deseo de esa vida eterna.    

-- Ángel María, ante este mundo espiritual las cosas materiales no son más que lodo o barro. ¡Cuánto me gustaría quedarme en este lugar para siempre! 

-- Ni lo sueñes—repuso Ángel María—debemos regresar inmediatamente.

-- Ya que no me es permitido quedarme, por lo menos déjame un momento más.

--- No pretendas alargar más la estadía envolviéndome en tu conversación. Ya has visto lo suficiente es hora de regresar.

--- Pero...
      
     Basta de peros vámonos ya.

En ese instante se oyó un ruido semejante al de la avalancha y Antonio despertó asustado y sobresaltado. Todo en la cueva era oscuridad; llamó a su compañero pero él no contestó; fue al fondo de la cueva con el fin de encontrar la entrada a ella; pero fue inútil. Salió de la cueva. La claridad del nuevo día iluminaba la montaña cubierta aún de nubes produciendo una densa niebla. A pocos pasos de donde él estaba, por la vereda que pasaba junto a la cueva, Angel María se retiraba del lugar. Antonio lo llamó varias veces, él voltio la cabeza y sonriéndole se despidió perdiéndose entre la densidad de la niebla. Antonio, inquieto y triste volvió a su refugio preguntándose si todo había sido un sueño o también había algo de realidad en lo que pasó esa noche. No queriendo entrar en pormenores, se recostó en su improvisado lecho quedándose profundamente dormido. Ya entrada la mañana los rayos del sol lo despertaron, se restregó los ojos y su sorpresa fue grande cuando vio el sarape de Ángel María; su asombro creció al comprobar que su cuerpo no mostraba indicio alguno de lesión; además, se sentía mejor de salud y aún vestía las ropas que le regalara esa noche su benefactor. Lleno de un profundo gozo, con lágrimas en los ojos, se arrodilló agradeciendo desde lo más profundo de su alma las delicadezas de la misericordia divina derrAmadas en su corazón de pecador. En esa posición callada y silenciosa permaneció por mucho tiempo. Los gritos de sus compañeros rompieron el dulce coloquio entre el Padre y el hijo. Ellos, muy contentos por el feliz hallazgo, corrieron hasta el lugar donde se hallaba y lo abrazaron efusivamente. Ya más tranquilos le dijeron:        

-- Nunca imaginamos que te encontraríamos con vida. Perdimos incluso toda esperanza de hallarte cuando, hoy por la mañana, nos dimos cuenta de los desastres que dejó a su paso la famosa avalancha de la noche anterior. Sólo Dios sabe las tristezas y angustias que pasamos esta noche pero ahora solamente Él sabe el gozo tan grande que embarga nuestros corazones al encontrarte sano y salvo. Esperamos nos cuentes lo que sucedió. Descendieron de la montaña lo más rápido posible pues el camión que los conduciría a sus casas ya estaba esperándolos al pie de la montaña.