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jueves, 22 de agosto de 2019

El General B. en el Infierno


Presentación:
Los mismos protestantes que lo han destruido todo, con su loca doctrina de su libre examen, no se han atrevido a negar el infierno, cosa extraña e inexplicable, en medio de tantas ruinas, Lutero, Calvino y demás, han tenido que dejar en pie esta espantosa verdad, que sin embargo habría de serles tan inoportuna.
Tres hechos del mismo género más auténticos los unos de los otros y ocurrido en este siglo dice Monseñor de Segur, han llegado a mi conocimiento. El primero ha pasado casi en mi familia, era en Rusia Moscú, poco antes de la horrorosa campaña de 1812, mi abuelo materno el Conde, de Rotoschine gobernador militar de Moscú, estaba íntimamente relacionado con el general Conde Orloff célebre por sus reconocimientos, pero tan impío como valiente. Jesús, te suplico e imploro Tu misericordia para los pobres pecadores y te pido luz y la gracia de la conversión. No permitas que se pierdan almas redimidas con tan Preciosa, Santísima Sangre Tuya.
1) Jesús, te suplico e imploro Tu misericordia para los pobres pecadores y te pido luz y la gracia de la conversión. No permitas que se pierdan almas redimidas con tan Preciosa, Santísima Sangre Tuya.
2) Nos preguntemos, si en este momento nos tocaría morir. ¿Qué será de mí por toda la eternidad?
Relato:
Un día después de una buena cena, rociada por copiosos brindis el Conde Orloff y uno de sus amigos el General ―B. volteriano como él, comenzaron a burlarse horriblemente de la religión y sobre todo del infierno.
Dice Orloff ―y si por acaso, por acaso hubiese algo atrás de la cortina.
―Y bien replica el General B. ―Aquel que se vaya primero volverá a advertir al otro. ¿Esta convenido?
―Excelente idea‖ responde el Conde.
Y ambos medio achispados, se dieron formal palabra de honor, de no faltar a lo prometido. Algunas semanas después estallos una de aquellas grandes guerras que Napoleón tenía, el don de subsistar entonces. El ejército ruso entro en campaña y el General B, recibió la orden de partir inmediatamente para tomar un mando importante.
Dos o tres semanas hacia que había dejado Moscú, cuando una mañana muy temprano, estando mi abuelo dice Monseñor, se abre bruscamente la puerta de su cuarto.
Era el Conde Orloff con traje de casa, con chinelas los cabellos erizados, osca mirada, pálido como un muerto.
―Ahh, Orloff sois vos, a esta hora y vestido así, que tenéis, que ha sucedido.
―Querido mío, creo que me he vuelvo loco, acabo de ver al General B.
― ¿Al General B, ha vuelto ya?
―Oh no‖ replica Orloff, echándose sobre un canapé y poniendo ambas manos en su cabeza. No, no ha vuelto, y esto es lo que más me atemoriza.
Mi abuelo no comprendía nada y procuraba calmarlo.
―Referidme lo que os ha pasado y que quiere decir todo esto.
Entonces esforzándose por dominar su emoción, el Conde Orloff profirió lo siguiente.
―Mi querido, algún tiempo atrás, B y yo, nos juramos recíprocamente, que el primero de los dos que muriese vendría a decir al otro, si existe algo atrás de la cortina de la muerte. Esta mañana hará apenas media hora, estaba tranquilamente durmiendo en la cama, sin pensar en mi amigo ni en asomo ni en sueño, cuando de repente se abren bruscamente las cortinas de mi alcoba y veo a dos pasos de mí al General B, de pie, pálido con la mano derecha sobre su pecho diciéndome.
―Hay un infierno y estoy en él‖. Y desapareció.
―En seguida he venido a contaros este suceso, la cabeza es como que se me va. Qué cosa tan extraña yo no sé ni que pensar.
Mi abuelo lo calmo como pudo, dice Monseñor de Segur pero no era cosa fácil. Hablole de alucinaciones de pesadillas dijole que quizás dormía, que hay cosas muy extrañas inexplicables y otras vaciedades de este género que son el consuelo de los incrédulos. Después hizo enganchar sus caballos y llevar al Conde Orloff a su habitación. Diez o doce días después de este extraño incidente, un correo del ejército llegaba a mi abuelo entre otras noticias, la de la muerte del General B.
En la mañana misma del día en que el Conde Orloff lo había visto y oído a la misma hora que se le había aparecido en Moscú, el infortunado General habiendo salido para reconocer la posición del enemigo, había sido atravesado en su pecho por una bala y caía yerto.
―Hay un infierno y estoy en él.
He aquí las palabras de uno que de él, ha vuelto.
Conclusión y suplicas:
Dios es el Padre de todos los hombres, a quienes ama infinitamente. Por eso para que nos animemos a ser buenos, premia a los buenos dándoles el cielo y castiga a los malos con el infierno. Lo mismo que un buen padre premia a su hijo bueno, y debe castigar a su hijo que no se porta bien.
Dios, como es infinitamente misericordioso, perdona todo y del todo. Dios no es vengativo. No debemos sentir angustia. Debemos confiar en su Bondad. Dios perdona siempre a quien le pide perdón. Pero como también es infinitamente justo, no puede perdonar a quien no le pide perdón. Sería una monstruosidad impropia de la justicia de Dios.
La persona que se condena es porque no quiso arrepentirse. Y Dios no puede perdonar al que no quiere arrepentirse... El temor a Dios debe ser filial, no servil: más que miedo es respeto amoroso. El temor de hijo, que teme ofender, no amar lo suficiente.
Veamos con los ojos de la imaginación a Jesús clavado en la cruz y aceptemos con mucha alegría todas cruces como Jesús. Escuchemos al Señor lo que nos dice:
―Ves, esas almas que se parecen a Mi en el sufrimiento y en desprecio, también se parecerán a
Mi en la gloria; y aquellas que menos se asemejan a Mi en el sufrimiento y en el desprecio, serán menos semejantes a Mi también en la gloria‖.

Santa Faustina decía: ―Oh Jesús, qué lástima me dan los pobres pecadores. Oh Jesús, concédeles el arrepentimiento y la contrición. Recuerda Tu dolorosa Pasión. Conozco Tu misericordia infinita, no puedo soportar que perezca el alma que Te costó tanto. Oh Jesús, dame las almas (267) de los pecadores. Que Tu misericordia descanse en ellas, quítame todo, pero dame estas almas. Deseo convertirme en la hostia expiatoria por los pecadores, que el cuerpo oculte mi sacrificio, ya que Tu también ocultas Tu Sacratísimo Corazón en la Hostia, a pesar de ser la inmolación viva.

miércoles, 21 de agosto de 2019

PRESENCIA DE SATAN EN EL MUNDO MODERNO



Luego dice, igualmente, sobre el agua que va a bendecir: "Te exorcizo, agua creada en el nombre de Dios, Padre todopoderoso . . ., para que te conviertas en agua exorcizada que aleje toda potencia enemiga; para que también seas capaz de alejar y desarraigar al Enemigo mismo, con sus ángeles apóstatas, por la virtud misma de ese mismo Jesucristo, Nuestro Señor . . ."
Y además:
"Oh Dios, que para salvación del género humano has mezclado la substancia del agua a tus más grandes misterios, atiende en tu misericordia nuestra invocación para que esta criatura que es tuya reciba de la gracia divina el poder de alejar los demonios. .
Por fin, en el día de la bendición de las aguas, en la magnífica liturgia del Sábado Santo, se repite entre otras cosas:
"Ordena, Señor, que todo espíritu impuro se retire de aquí: aleja de este elemento toda la malicia y todos los artificios del demonio.
"Que la potencia enemiga no se mezcle con estas aguas; que no ronde alrededor de ellas y no se deslice en ellas secretamente; para infestarlas y corromperlas. Que esta criatura santa esté a cubierto de todo ataque del Enemigo, purificada por la expulsión de toda malicia. .
¿Quién puede dudar que en estas fórmulas la fe de la Iglesia esté afirmada con ostentación?
Pero dirán, ésas no son más que frases, residuos de antiguas creencias que no constituyen quizás a los ojos de los hombres de nuestra época más que supersticiones. A lo cual contestamos con hechos. En todos los casos de posesión que hemos relatado, todos los testimonios de los exorcistas y los testigos de sus intervenciones son categóricos: no es posible asperjar a un poseso o una posesa con agua bendita sin que el espíritu maligno que está en ellos acuse recibo del ataque que se le está haciendo: "¡Me quemas! ¡Me quemas!", grita. Hay, pues, en el agua bendita una virtud actuante que hace anular las secretas acciones demoníacas. Y esto nos conduce a otro aspecto del satanismo.
El satanismo-magia
Se admite corrientemente que siempre hubo también un satanismo magia, paralelo al satanismo-religión que hemos indicado brevemente.
A decir verdad, no han faltado especialistas de la historia de las religiones y los cultos, que no hayan pensado y enseñado que la magia había, inclusive, precedido a la religión, que había sido la primera forma de ella, que todas las religiones paganas derivaban de la magia. Pero esta opinión parece cada día más descartada y merece serlo. Es muy poco probable que los hombres hayan empezado por la magia para derivar luego hacia la religión propiamente dicha.
¿Qué es, en efecto, la magia, en oposición con la religión? En la religión, el hombre se inclina delante de una potencia superior, la adora, le implora, reconoce su propia debilidad y su impotencia.
Admite su subordinación. En los pueblos actualmente más "primitivos", es decir menos evolucionados, que han seguido, pensamos nosotros, más cerca de los orígenes, tales como los pigmeos, esta actitud hacia la divinidad está todavía en vigor. La religión es hasta más pura que en los pueblos más avanzados.
En la magia el hombre se vanagloria de un poder misterioso.
Lejos de inclinares ante la divinidad, cree poder dominarla, inventa y utiliza fórmulas mediante las cuales estima que puede poner a su servicio las fuerzas superiores a las cuales se dirige. La mentalidad del mago —o del brujo, ese hermano gemelo del mago es más rústico—es muy diferente del hombre religioso. ¿Cómo ha podido llegar un hombre a esa mentalidad? Es para nosotros un misterio.
La ma.eia es mucho más satanista, creemos nosotros, que la idolatría.
En la idolatría, hay un alma de verdad. Se equivocan sobre la naturaleza del objeto que veneran, no sobre la necesidad de una subordinación o de una imploración. ¡No dirigen esos homenajes al verdadero Dios, pero no se equivocan al pensar que esos homenajes son merecidos por Alguien!
En la magia, hay una especie de sacrilegio, un orgullo de poderío verdaderamente satánico. El mago da las órdenes. Sabe que, a los dioses les llegará su turno, que harán pagar caro su sumisión pasajera, pero está orgulloso de obligarlos, de hacerse obedecer por lo menos un día, de tener, mientras las cosas vuelven a lo justo, un poder que lo hace temible ante sus semejantes y le otorga ventajas inmediatas.
La magia, sin duda, procede del mismo realismo grosero que la idolatría. Se ha adorado a las divinidades inferiores, es decir a los falsos dioses, en detrimento del único Dios reconocido por los "primitivos", porque esas divinidades estaban más cerca, eran más útiles de invocar y de conciliar, pero algunos han llevado aún más lejos este realismo, han pasado de la religión a la magia, de la sumisión a una especie de pacto implícito que les daba el derecho de dar órdenes a la misma divinidad. El paso de la religión a la magia es una deformación, pero es más natural que el paso de la magia a la religión.
Si los hombres hubieran empezado por la magia, no vemos cómo hubieran ido para atrás, en cierto modo, hacia la religión, al implorar a los representantes de fuerzas que creían sometidas a su poder.
He ahí pues dos clases de satanismo bien definidas: el satanismo religión y el satanismo-magia. En el primero, Satán es el "Príncipe de este mundo", porque el mundo entero se Inclina ante sus altares y le ofrece sacrificios; en el segundo, Satán parece consentir en obedecer a ciertos hombres, cuando emplean ciertas fórmulas o realizan ciertos ritos, pero no pierde nada con ello porque sabe que la magia o la brujería es un pagaré contra los que la practican, de suerte que su dominación sobre ellos será finalmente todavía más completa y absoluta que sobre cualquiera de sus otros adoradores.
El satanismo de nuestros días ¿Qué queda en nuestra época de este satanismo secular? Todo el mundo comprenderá que es imposible contestar esta pregunta.
El satanismo-religión, tal cual lo hemos definido, está en vías de desaparecer rápidamente. Los altares de los falsos dioses son cada día menos numerosos en el mundo. Esto no significa que la posesión de Satán se extienda menos, puesto que lo hemos mostrado activo en inmensos imperios. Pero ha cambiado de táctica. Ha debido adaptarse a la evolución general de la humanidad, de la cual no es el amo absoluto, por más que desempeña en ella un importantísimo papel.
La forma más reciente del satanismo es el marxismo ateo. Es satánico por cuanto niega a Dios y al Diablo, por cuanto niega el alma, por cuanto sólo conoce la materia como asimismo la vida presente, y porque mutila al hombre segándolo ele su destino de inmortalidad.
Satán no tiene qué hacer con el amor de los hombres y de los mismos demonios. El es el odio. Su triunfo es la expansión del odio. Hoy en día la forma cíe odio más eficaz, más  generalizada, es el marxismo ateo. Odio de clase, odio entre razas, entre los pueblos, odio por todas partes, bajo el disfraz de una preocupación por el proletariado que es totalmente material, así es el marxismo. El satanismo religión, de este modo, logra extenderse mucho más, es mucho más activo, mucho más pernicioso de lo que ha sido jamás. Sus mentiras son más enormes, sus negaciones más radicales, sus excitaciones más homicidas de cómo se las ha conocido hasta ahora.
Todo el mundo está de acuerdo en que el marxismo es verdaderamente una religión, en el sentido que moviliza en el corazón de todos sus adherentes la totalidad de las fuerzas de celo, abnegación, sacrificio, que se encuentran en las efusiones religiosas.


sábado, 17 de agosto de 2019

CONSAGRACIÓN DE MEXICO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESUCRISTO Y SU PROCLAMACIÓN DE LA REALEZA DE CRISTO.


 NOTA._ ¿Puede la nación mexicana consagrarse de nuevo al Sagrado Corazón de Jesús cuando ya se hizo al comienzo del siglo pasado? No necesita una “nueva consagración” cuando la primera y última se hizo con toda la pompa y solemnidad de aquel tiempo y esta consagración no tiene límite de tiempo sino aquel dispuesto por la Voluntad Divina o sea hasta el fin del mundo.

Las calamidades de aquel tiempo y el profundo sentimiento católico del pueblo mexicano, fueron los que inspiraron al episcopado mexicano compuesto de eminentísimos prelados como Mons. Mora y del Rio, arzobispo de México y presidente del episcopado mexicano, Mons. Francisco Orozco y Jiménez quien es por hoy beato y otras tantas eminencias.
Dicha consagración, en medio de la profunda crisis no solo económica sino también y ante todo religiosa, fue cimentada en la sangre de muchos mártires como consecuencia de la gran persecución religiosa que desato el gobierno contra el pueblo mexicano.
Es a esta consagración a la cual los mexicanos de nuestro tiempo deben de dirigir su atención y devoción y no andar promoviendo otra “consagración”.


ANTECEDENTES:

La Consagración de un país al Sagrado Corazón de Jesús tiene por objeto protegerlo, de este modo, de los planes revolucionarios, anticristianos y masónicos, enemigos de la Religión Católica.
La idea de la Consagración específica a la Nación Mexicana partió del señor arzobispo de Linares, Monterrey; quien se dirigió al Arzobispo de México Dr. José Mora y del Río. Y este a su vez, aceptó la idea escribiendo a fines del año de 1911, una circular a sus hermanos los señores arzobispos y obispos de todas las diócesis mexicanas, pidiendo su parecer respecto a organizar una reunión de todos los prelados, para preparar la Consagración de México al Sagrado Corazón de Jesús.
Esta moción para consagrar la República Mexicana el 6 de enero de 1914 y su consiguiente proclamación de Cristo como Rey de la Nación, el día 11 de enero del mismo año; tuvo su antecedente en la Encíclica “Annum Sacrum” que S. S. León XIII había emitido el 25 de mayo de 1899; consagrando al género humano entero al Corazón de Jesucristo.
Pero, en vista del amago revolucionario con sus desórdenes. Los Obispos mexicanos no pudieron organizarse hasta el mes de marzo de 1913, que gracias a un gobierno fuerte, bajo la autoridad y apoyo del General Victoriano Huerta; se dieron las condiciones necesarias para el acuerdo del Venerable Episcopado Nacional, quienes por medio de su Superior el Arzobispo José Mora del Río, pidiera a S.S. Pío X el beneplácito para la Consagración de México al Sagrado Corazón de Jesús. Durante ese año hubo intercambio de correspondencia entre el Arzobispado de México y la Santa Sede, dando por resultado la Carta de San Pío X a los Obispos mexicanos del 12 de noviembre de 1913.
Carta que existe en el Archivo Arzobispal y, que el 12 de noviembre de 2013 se cumplió el Centenario de su emisión. A continuación, la transcribiré íntegra en este texto.
Pero antes, para mayor explicación, conviene transcribir el primer párrafo de la Segunda Carta pastoral que escribió el Ilmo. y Revmo. Sr. Dr. y Mtro. Don Francisco Orozco y Jiménez, quinto arzobispo de Guadalajara, con motivo de la solemne Consagración de la República Mexicana al Sacratísimo Corazón de Jesús.
“A moción del Ilmo. Revmo. Sr. Arzobispo de México y por unánime acuerdo del V. Episcopado Nacional, la Santidad del Señor Pío X, ha accedido con gusto a que la República de México se consagre solemnemente y rinda vasallaje al S. Corazón de Jesús en demanda pública de remedio para las necesidades que nos aquejan; -si así es del deífico beneplácito- la tan deseada paz nacional.”

CARTA DE SU SANTIDAD PÍO X AL EPISCOPADO MEXICANO

“A NUESTROS VENERABLES HERMANOS LOS ARZOBISPOS Y OBISPOS DE LA REPÚBLICA MEXICANA.”
PIO PAPA X.

VENERABLES HERMANOS, SALUD Y BENDICIÓN APOSTÓLICA.
“Nos habéis propuesto un proyecto tanto más honroso para vosotros, cuanto para Nos indeciblemente grato.”
“Porque meditando vosotros con grande atención lo que Nuestro Predecesor León XIII, de recordación feliz, escribió en su encíclica “Annum Sacrum”, relativo a la consagración de los hombres al Sacratísimo Corazón de Jesucristo, habéis resuelto consagrar, el próximo día seis de enero, al mismo Corazón Divino, Rey Inmortal de los siglos, la República de México, y para dar mayor solemnidad a esta consagración que pensáis hacer y mostrar a vuestros pueblos toda la importancia trascendental de ella, determináis decorar las imágenes del Corazón de Jesucristo con las insignias de la realeza.”
“Todo esto, Nos lo aprobamos de buen grado. Más como quiera que el Rey de Gloria eterna haya sido ornado con corona de espinas, la cual muy mucho más hermosa aún que el oro y que las piedras preciosas vence en este esplendor a las coronas de estrellas, las insignias de Majestad Regia son a saber: la Corona y el Cetro, habrán de colocarse a los pies de las sagradas imágenes.”
“Desde hace ya mucho tiempo que con grande solicitud hemos considerado a vuestra Nación y a vuestros asuntos, perturbados por graves desórdenes, y bien sabemos que para conservar y sostener la salud, y la paz de los pueblos, es de este punto necesario conducir a los hombres a este puerto seguro de salvación, a este Sagrario de la paz, que Dios por su infinita benignidad se dignó abrir al humano linaje, en el Corazón Augusto de Cristo Su Hijo.”
“De ese Corazón brote para vosotros Venerables Hermanos, y para vuestra Nación entera agitada rudamente por incesantes discordias, la gracia que hacía menester para la salvación eterna y la paz que como fuente inagotable de todos los bienes, con tan indecible ansia anhelan a una voz vuestros conciudadanos.”
“En presagio de ambos bienes y en testimonio de nuestra benevolencia sea esta Nuestra Bendición Apostólica, a la cual, a vosotros, Venerables Hermanos, lo mismo que al clero y al pueblo, encomendados a cada uno de vosotros, de lo íntimo de nuestro Corazón enviamos en el Señor.”
Dado en Roma, junto a San Pedro, el día doce de Noviembre de mil novecientos trece, año undécimo de Nuestro Pontificado.
PIO PAPA X

COMENTARIOS DEL ARZOBISPO D. FRANCISCO OROZCO Y JIMÉNEZ A LACARTA PAPAL.

“Las letras citadas expresan el grande amor que nos profesa el Santo Padre, interesándose por nuestra suerte e indicándonos los medios eficaces de desagravio a Dios, ofendido por nuestros pecados.”
“En verdad: ¿qué medio más oportuno que la proclamación pública del Reinado Social de Jesucristo? Al coronarlo del modo como Él puede ser coronado, y ofrecerle un cetro, símbolo del dominio que tiene en las sociedades y en los individuos, en los reyes y en los súbditos, en los emporios de la civilización y en las pequeñas aldeas, de todas partes se elevará un himno grandioso de alabanza, de amor y desagravio al Corazón de Dios, atribulado por nuestras iniquidades.”
“A la vista de la situación de nuestra Patria, no cabe duda, según la expresión de un Venerable Prelado, que algo de colectivo falta para desarmar el brazo justiciero de Dios y que cesen las calamidades públicas; y ese algo bien puede ser la nueva Consagración al Corazón de Jesús.”
“En ese acto estará interesada la Fe que heredamos de nuestros mayores, no menos que la piedad y la beneficencia, por las obras de culto y caridad que aunemos a la protestación de la vigorosa Fe, porque del amor de Dios es complemento el amor al prójimo, al ser el precepto del segundo semejante al del primero, como asevera el Salvador.”

viernes, 16 de agosto de 2019

EL SANTO ABANDONO.DOM VITAL LEHODEY



9. LAS PRUEBAS INTERIORES EN GENERAL
Hemos considerado ya los bienes y los males temporales, la esencia de la vida espiritual y sus modalidades extrínsecas.
Por medio de estas pruebas, Dios nos acaba de despegar.

El amor propio es una hidra con muchas cabezas y que es preciso cortar una a una. Al principio se trabajó en cercenar el apego al mundo, a los bienes de la tierra, a los placeres de los sentidos, a la salud, etc. Y para ofrecernos su mano poderosa, Dios ha derramado la amargura en las alegrías de acá abajo, nos ha herido en las personas y en las cosas que nos eran más queridas, ha entregado a nuestro cuerpo a toda clase de enfermedades. Dóciles a su acción, hemos reportado ya notables ventajas; mas el amor propio, vencido en este terreno, nos espera en otro más delicado: aficiónase a la parte sensible de la piedad, y este apego es tanto más de temer, cuanto es menos grosero y más legítimo en apariencia. Y, sin embargo, el amor perfecto no puede soportar que nuestro corazón ande dividido por el afecto a los consuelos con el amor de Dios. ¿Qué sucederá? Si se trata de almas menos privilegiadas para las que Dios no tiene una ternura tan celosa, las dejará disfrutar de estas santas dulzuras, y se dará por contento con el sacrificio de los placeres de los sentidos que ellas le han hecho. Tal es la vida ordinaria de las personas devotas, cuya piedad está mezclada con ciertas tendencias a buscarse a sí mismas. A la verdad, Dios no aprueba esos defectos, pero como no les concede tantas gracias, no espera de ellas tan elevada perfección. Muy distintas son las exigencias, como distintos son también los designios, tratándose de almas escogidas (¿sere de esas almas elegidas?. en realidad son pocas estas almas privilegiadfas)  El celo de su amor iguala al de la ternura que les manifiesta. Deseoso de entregarse todo a ellas, quiere también poseer su corazón sin participación ajena; y así, no se contenta con las cruces y penas exteriores que las desprendan de las criaturas, sino que se propone desasirías de sí mismas, y matar en ellas las últimas raíces de este amor propio que se adhiere al sentimiento de devoción, que en él se apoya, de él se nutre, y en él se complace. Para llevar a término esta segunda muerte, retira Dios todo consuelo, todo gusto, todo apoyo interior, y prueba al alma por las arideces, las repugnancias, las insensibilidades y otras penas, de suerte que ella se encuentra en un estado de anonadamiento.
No siempre la acción de Dios alcanza ese grado de intensidad, sino que lo aumenta o disminuye según los designios de amor, y conforme a la fuerza y a la generosidad de las almas. Si no juzga conveniente tratarlas con este santo rigor, las hace al menos pasar por alternativas de consuelos y desolación, de paz y de combate, de luz y de oscuridad. Y merced a estas continuas vicisitudes, las vuelve flexibles y dóciles a todas sus mociones; pues, a fuerza de cambiar de situación interior, se acaba por no tener ninguna y se halla dispuesto a tomar todas las formas, obedeciendo a este Espíritu divino que sopla donde quiere y como quiere.
Finalmente, por medio de estas pruebas, dice el venerable Luis de Blosio, «Dios purifica a las almas, las humilla, las instruye, las hace dóciles a su voluntad, cercena todo cuanto tenían de rudo, deforme y repugnante, y las embellece con todos los atavíos que puedan hacerlas agradables a sus ojos.
Y cuando las halla fieles, llenas de paciencia y buena voluntad; cuando el dilatado ejercicio de las tribulaciones las ha conducido, con la ayuda de su gracia, hasta aquel elevado grado de perfección, que consiste en sufrir con tranquilidad y con alegría todo género de tentaciones y de penas, entonces las une consigo del modo más perfecto, les confía sus secretos y sus misterios, y se comunica plenamente a ellas».
Estos son los días del puro amor, puesto que en ellos servimos a Dios por El mismo, y a nuestras propias expensas.
¡Cuán difícil es amarle de verdad en la alegría, sin que se mezcle algo de amor propio y de llana complacencia! Mas en el tiempo de las cruces y de las privaciones interiores santamente aceptadas, no hemos de temer ya que el amor propio se mezcle en nuestras relaciones con Dios, puesto que nada hay en ellas que no tienda a crucificar el amor propio.
¡Qué a propósito es esta seguridad para consuelo del que comprende el precio del amor puro! He aquí la razón por qué tantos santos preferían las privaciones y las penas a los consuelos y alegrías, por qué amaban tan apasionadamente las unas y tenían verdadera pena en gozar de las otras.
Es el tiempo de la rica cosecha para el cielo, porque ahora es cuando el alma se eleva a las obras santas, puras y desinteresadas. «En el estado de consuelos -dice San Alfonso-, no es menester gran virtud para renunciar a los placeres sensuales, ni para soportar las afrentas y las adversidades; un alma así favorecida lo sufre todo, pero muchas veces su paciencia proviene más de las dulzuras que experimenta, que de la fuerza de su amor a Dios.» Por el contrario, es efecto de no mediana virtud saber soportar sus miserias, sus debilidades, su temperamento, sus defectos y todas las penas de que Dios se sirve para corregirnos.
Después de estas purificaciones y estos desasimientos interiores, se facilita la elevación al perfecto abandono, a la confianza filial sólo en Dios; es decir, que las virtudes más perfectas llegan a sernos como naturales. Por este motivo, ¡cuántas riquezas no han procurado a los santos estas miserias y estas pruebas, sirviendo de materia a sus combates interiores, a sus victorias y al triunfo de la gracia! Por lo demás, sólo después de haber sido despojado de esta manera y por completo de sí mismo, es cuando uno puede llegar a no pensar sino en Dios, a no gustar sino de Dios, a no apoyarse y complacerse sino en Dios; y ésta es la vida nueva en Jesucristo, la formación del hombre nuevo y destrucción del viejo. Apresurémonos, pues, a morir como el gusano de seda, para llegar a ser la mariposa que se remonte al cielo, en vez de arrastrarse sobre la tierra.
Mas el amor propio tiene una vida muy resistente, y no muere sino después de larga agonía. El alma aún imperfecta, es la madera verde que suda y gime, que se retuerce y se agita antes de abrasarse. Es la estatua bajo el cincel del escultor, la piedra que se talla a golpe de martillo; así las tentaciones, las arideces, las otras penas nos hacen sentir dolorosamente sus penetrantes golpes, pero es que sin esto permaneceríamos bloque informe, y no tomaríamos la semejanza de Jesús, paciente, humillado y crucificado. Al perfecto amor no se llega sino por múltiples desprendimientos, y cuanto más nos propongamos adelantar en los caminos de la oración, en la unión de amor y la verdadera santidad, más necesario nos será estar desasidos y libres. Buscaríamos tanto los consuelos de Dios como al Dios de los consuelos, si no aprendiéramos a servirle en los más terribles abandonos.
En una palabra, siendo las penas interiores el camino de la perfección, Dios nos privará de sus dulzuras sólo porque nos ama, sin que por eso hayamos desmerecido. Quizá sintamos en el claustro menos dulzuras que en el mundo, pues Dios nos purifica más enérgicamente, a fin de unirnos a Él con mayor perfección.
El cáliz, a no dudarlo, es amargo, pero mucho más lo sería el infierno, y Dios obra con nosotros misericordiosísimamente sustituyendo los rigores del otro mundo con este purgatorio mitigado. Además, puesto que de gana o por fuerza es necesario beber el cáliz de la salud, hagamos de la necesidad virtud, que es el modo de dulcificar su amargura. Se nos hará todo más dulce, conforme la prueba nos vaya purificando y desprendiendo, de suerte que apenas sentiremos el dolor, sino por permisión de Dios, y en los momentos de pruebas excepcionalmente graves. Porque la viveza del dolor proviene en gran parte de la fuerte oposición del amor propio que no quiere ni morir ni abdicar. El amor divino se limitaría casi a no producir sino impresiones dulces y encantadoras, si no hallara en el corazón obstáculo alguno que le resistiera. De cualquier modo, ¿querríamos gozar del cielo en la tierra y caminar siempre sobre rosas, en tanto que nuestro adorado Maestro lleva su cruz y desmaya en la agonía? Bien merece el Paraíso todos los sacrificios. El hombre espiritual no tiene el monopolio de las pruebas, pues van las suyas embalsamadas en amor y esperanza, y todo bien considerado, menos le cuesta a él correr hacia la santidad, que al tibio languidecer bajo el peso de sus pasiones inmortificadas.


jueves, 15 de agosto de 2019

CRISTO REY



Al hablar de la realeza de Jesucristo nos referimos a su título personal de REY. Pero un título, si es verdadero, debe responder a una realidad en la persona. Nuestro trabajo va a concentrarse en el estudio de esa realidad: conviene, pues, de todo punto, investigar antes la altísima significación de esa realidad que hay en Cristo.
Las ideas que de Dios tenemos son necesariamente análogas e imperfectas, si bien verdaderas, como quiera que de Dios no poseamos un conocimiento intuitivo. Para este conocimiento analógico de Dios, tenemos que echar mano de los datos que recogemos de las creaturas.
Por lo que mira al conocimiento del Dios-Hombre, Jesucristo, si bien podemos adquirir de El algunas ideas propias y adecuadas, en cuanto a su humanidad, por hallarse revestido de nuestra propia carne; todavía, aun para la adquisición de una idea o concepto claro acerca de Jesucristo en cuanto hombre, es necesario antes consultar los conocimientos que, respecto a esa idea, tenemos en los objetos y personas humanas; y la razón es, porque; la cualidad humana, al presentarse viviente en Jesucristo, persona divina, es elevada también a un plano divino.
Procedamos gradualmente.
l.-El Concepto humano de Rey.
Nuestra palabra castellana rey se deriva de la latina "rex",  sustantivo que, a su vez, se origina del verbo "rego" que significa regir, dirigir, gobernar. Atendida, pues, la sola etimología, rey es el hombre que rige, dirige, gobierna.
Santo Tomás nos da esta definici6n real y completa: "Rex est qui unius multitudinem civitatis vel provinciae et propter bonum commune regit".
Reyes el que rige al conjunto de ciudadanos de una nación o provincia y por el bien común 1.
Definición que el Angélico Doctor deduce de la naturaleza social del hombre y de la naturaleza de la sociedad. Por donde se ve que el cargo de rey exige excelencia de virtud y prioridad, o cierta primacía sobre los miembros de la sociedad. Porque si es propio de la virtud hacer que por ella sea buena la obra del hombre, debe ser mayor la virtud por la cual se espera un bien mayor. "Mayor y más divino -dice otra vez Santo Tomás-, es el bien de la multitud que el de uno solo" 2. Además regir es ordenar y llevar a otros hacia su fin. Y si todo motor tiene prioridad o primacía sobre lo que mueve, el oficio de rey debe tenerla sobre los miembros de una sociedad, a quienes mueve hacia su fin.
Pero junto con la excelencia y la prioridad es esencial al rey el poder -"regia potestas"-, que es una forma de autoridad civil, ya que la autoridad civil es, por definición: "Jus societatem civilem ad finem suum dirigendi". El derecho de dirigir la sociedad civil a su fin.
O también: "El derecho de poder obligar a los miembros de la sociedad
civil a cooperar al bien común.
Siendo la autoridad el derecho de obligar a los asociados a conseguir el fin común, se sigue que debe residir en un sujeto, pues todo derecho exige un sujeto para que pueda actuarse y ejercerse 4. El sujeto puede ser una persona física o moral. En el primer caso tenemos la monarquía, en el segundo la poliarquía, la que a su vez se subdivide en aristocracia y democracia.
Según Aristóteles tres son las formas de suma autoridad: Monarquía (él la llama Reino), o el gobierno de uno; Aristocracia, o el gobierno en que participen los mejores; República o el gobierno en el que participan todos los ciudadanos. De estas tres formas de autoridad consta, por la historia sagrada y profana, que la monarquía es la más antigua.
De la definición de Santo Tomás se infiere también que la potestad regia está destinada a ejercerse, como tal, en una sociedad perfecta, y no en sociedades imperfectas, como la familia, el patriarcado o la tribu 1.
El hecho de la existencia entre los hombres de la potestad regia y de su anterioridad con respecto a otras formas de gobierno, puede confirmarse por la historia, como dijimos antes; el modo, en cambio, cómo los primeros reyes que existieron llegaron a serlo, se disputa en Ética.
Además de las cuestiones de hecho y de derecho en general, podemos inquirir en un rey humano, tomado ya en concreto, la naturaleza de su potestad y el origen próximo de esa potestad.
En la naturaleza de la potestad regia humana, tomada en su concepto propio y adecuado se incluye necesariamente la triple: potestad legislativa, ejecutiva y judicial, porque sin ella el fin de la sociedad no se conseguiría. En efecto: hay que imponer a la comunidad una norma obligatoria para que los asociados consigan, con sus obras, el fin social, incumbencia que pertenece a la potestad legislativa. Es menester, en segundo lugar, poner en ejecución todo aquello que manden las leyes, acudiendo, si fuere preciso, a la fuerza coactiva. Esto se obtiene por la potestad ejecutiva. Finalmente es indispensable dirimir en cada caso las
controversias sobre el derecho, o aclarar autoritativamente si fue o no lesionado por alguno, lo cual se consigue por la potestad judicial.
El mayor de todos estos poderes es el legislativo, por dimanar y depender los otros dos de él.
La potestad regia puede ser de dos órdenes distintos, en cuanto que tiende a procurar la prosperidad material y temporal de la sociedad, o su bien espiritual y eterno, como fin propio a que los hombres deben ser encaminados. La primera es potestad temporal, que ha de ejercerse en todo reino o sociedad civil; la segunda es potestad espiritual que ejerce su dominio en todo lo referente al bien y salvación de las almas.
Por lo que mira a otras subdivisiones de la potestad regia: directa e indirecta, in actu primo et in actu secundo, preferimos dejarlas para el segundo volumen de nuestra obra, donde tienen su propio lugar, ya que aparecieron con las controversias de los Teólogos.
En cuanto al origen próximo de la potestad regia 10, podemos
afirmar con certeza: ningún hombre de suyo nace rey. Decimos
de suo, porque puede darse otra razón extrínseca a su naturaleza
de hombre, por ejemplo, la herencia. La conclusión en este punto
es incontrovertible: la realeza o potestad regia entre los hombres
nunca nace con la naturaleza humana, sino que a lo más nace
"per accidens" en este hombre determinado, es decir, que siempre
se encuentra en el hombre por un título meramente extrínseco, ya
sea hereditario, electivo o adquisitivo.
Estas nociones acerca de la idea de rey entre los hombres nos han sido proporcionadas por la Filosofía y la historia profana. Una consulta a las Sagradas Letras, no sólo confirmará lo expuesto, sino que hará mayor luz sobre cuanto llevamos dicho.
La antigüedad de la institución real es manifiesta en la Biblia.
Poco después de que el Señor separó para sí a Abraham para hacerlo el tronco de su pueblo escogido y progenitor del Mesías, Abraham descendió a Egipto donde habitaba un pueblo organizado y civilizado que tenía por rey a Faraón 11. El Génesis nos informa de muchos reyes 12, cuyos dominios apenas si abarcaban una ciudad; en cambio el poder de otros se extendía a vastos territorios 13 y aun a otros reinos conquistados 14.
Encontramos también en las Sagradas Páginas el proceso natural en la formación y constitución de la sociedad perfecta y del poder civil. Desde Abraham hasta Salomón se distinguen con toda claridad estas cuatro etapas: familia, patriarcado, tribu y reino.
Ya si en particular nos fijamos en la institución del poder real entre los judíos, advertimos, por una parte, causas y circunstancias humanas y naturales, por otra, la voluntad y providencia de Dios que siempre prepara los medios mejores para sus fines. Las causas naturales se encuentran fácilmente: los antiguos Patriarcas trataron muchas veces con reyes; los israelitas vivieron largos años bajo el yugo del Faraón; y, libres ya de la esclavitud de Egipto y en camino para la tierra prometida, tuvieron que luchar contra muchos reyes. Establecidos en Palestina cayeron muy pronto en la cuenta de que todos los pueblos circunvecinos eran gobernados por reyes. Y por imitar a esos pueblos paganos anhelaron un rey, y los ancianos de Israel, como niños antojadizos, acudieron con esta petición a Samuel: "Ecce senuisti, et filii tui non ambulant in viís tuis: constitue nobis regem, ut judicet nos, sicut et universa habent nationes".
Mira que ya estás viejo y tus hijos no van por tus caminos: establece entre nosotros un rey para que nos juzgue, como tienen todas las naciones 15. 24
Este dato sólo revela la antigüedad del gobierno monárquico y su universalidad.
Tal gobierno monárquico entre los hebreos, que en su concepto humano iba a preparar providencialmente el concepto humano-divino de Cristo Rey, ya había sido previsto por el gran legislador Moisés en el Deuteronomio 16. Y reyes judíos gobernaron por siglos al pueblo elegido. Por tal manera la bondad y misericordia de Dios allanaban el camino para que, primero los judíos, y, pasados los siglos, también los cristianos, fueran capaces de entender y comprender más fácilmente, en su carácter de Rey, a su Divino Hijo Jesucristo. Por eso, cuando los Profetas predican al Mesías, al REY, en sus cantos sagrados nos presentan a un Rey Divino con rasgos humanos: con la majestad, con el esplendor, con todos los arreos orientales de los grandes monarcas judíos. Y, en parte, ésta fue la raíz del equívoco para los descendientes de Abraham duros de cerviz, que sólo pararon mientes en lo humano del
Mesías y se olvidaron de lo divino. La desilusión fue asaz sangrienta, cuando en vez de un nuevo David victorioso, descubrieron al hijo de un carpintero...
Antes de proseguir recojamos brevemente lo que hemos descubierto en el concepto humano de potestad regia: Significa siempre excelencia y primacía sobre los miembros de la sociedad.
2--.Es una forma de autoridad, o sea un poder moral de jurisdicción ordenado a dirigir a los asociados al fin común.
3-Esencialmente está constituida por tres poderes: legislativo, ejecutivo y judicial.
4-En cuanto a su origen, nunca es connatural al hombre, sino que proviene por un título o fundamento extrínseco.
5-Su extensión en el tiempo y en el espacio siempre es limitada.





miércoles, 14 de agosto de 2019

INTRODUCCION A LA VIDA DEVOTA. SAN FRANCISCO DE SALES


San Francisoco de Sales
San Francisco de sales no solo escribió muchos libros de una excelente espiritualidad sino que también fue un gran santo y gran director espiritual no solo de su época sino de todas las épocas hasta el fin del mundo.
Su libro INTRODUCCION A LA VIDA DEVOTA nos lleva como de la mano al conocimiento de Dios sin temor a equivocarnos si lo seguimos al pie de la letra pues sabemos de sobra que tiene la aprobación de la Iglesia y los Papas bien han hablado de este libro. Hoy en día, como producto de la gran confusión en la fe, se nos proponen nuevos caminos espirituales en detrimento de los ya trillados por los grandes santos de todos los tiempos, sin autorización eclesiástica muchos de ellos cuyo fin puede ser una espiritualidad falsa o engañosa sin certeza absoluta de conducir las almas a Dios y llevarlas a una espiritualidad falsa sin fin eterno alguno sino un fin confuso y enredado que contribuye, sin quererlo o queriéndolo,  a los fines del demonio.
Lo que les ofrece vuestro servidor en este libro es el verdadero pan espiritual, aquel que nutre hasta la medula de nuestros huesos, que alimenta y robustece nuestra fe en el DIOS verdadero y, finalmente nos conduce a la vida eterna. Nunca ha sido mi propósito presentar novedades de dudosa procedencia sino de verdadero y solido alimento espiritual. Quiera nuestra bien amada Virgen Maria conduciros por la vida espiritual que el santo propone en sus páginas y sean estas páginas un verdadero faro espiritual que los lleve a feliz puerto a pesar de las muchas “espiritualidades” que el mundo, el demonio y la carne nos proponen hoy por hoy.

Primera parte
Los avisos y ejercicios que se requieren para conducir al alma, desde su primer deseo de la vida devota, hasta una entera resolución de abrazarla

Capítulo I
Descripción de la verdadera devoción

Tú aspiras a la devoción, queridísima Filotea, porque eres cristiana y sabes que es una virtud sumamente agradable a la divina Majestad; mas, como sea que las pequeñas faltas que se cometen al comienzo de una empresa crecen infinitamente en el decurso de la misma y son casi irreparables al fin, es menester, ante todo, que sepas en qué consiste la virtud de la devoción, porque, no existiendo más que una verdadera y siendo muchas las falsas y vanas, si no conocieses cuál es aquella, podrías engañarte y seguir alguna devoción impertinente y supersticiosa.
Aurelio pintaba el rostro de todas las imágenes que hacía según el aire y el aspecto de las mujeres que amaba, y cada uno pinta la devoción según su pasión y fantasía. El que es aficionado al ayuno se tendrá por muy devoto si puede ayunar, aunque su corazón este lleno de rencor, y -mientras no se atreverá, por sobriedad, a mojar su lengua en el vino y ni siquiera en el agua-, no vacilaría en sumergirla en la sangre del prójimo por la maledicencia y la calumnia. Otro creerá que es devoto porque reza una gran cantidad de oraciones todos los días, aunque después se desate su lengua en palabras insolentes, arrogantes e injuriosas contra sus familiares y vecinos. Otro sacará con gran presteza la limosna de su bolsa para darla a los pobres, pero no sabrá sacar dulzura de su corazón para perdonar a sus enemigos. Otro perdonará a sus enemigos, pero no pagará sus deudas, si no le obliga a ello, a viva fuerza, la justicia. Todos estos son tenidos vulgarmente por devotos y, no obstante, no lo son en manera alguna. Las gentes de Saúl buscaban a David en su casa; Micol metió una estatua en la cama, la cubrió con las vestiduras de David y les hizo creer que era el mismo David que yacía enfermo. Así muchas personas se cubren con ciertas acciones exteriores propias de la devoción, y el mundo cree que son devotas y espirituales de verdad, pero, en realidad, no son más que estatuas y apariencias de devoción.
La viva y verdadera devoción, ¡oh Filotea!, presupone el amor de Dios; mas no un amor cualquiera, porque, cuando el amor divino embellece a nuestras almas, se llama gracia, la cual nos hace agradables a su divina Majestad; cuando nos da fuerza para obrar bien, se llama caridad; pero, cuando llega a un tal grado de perfección, que no sólo nos hace obrar bien, sino además, con cuidado, frecuencia y prontitud, entonces se llama devoción. Las avestruces nunca vuelan; las gallinas vuelan, pero raras veces, despacio, muy bajo y con pesadez; mas las águilas, las palomas y las golondrinas vuelan con frecuencia veloces y muy altas. De la misma manera, los pecadores no vuelan hacia Dios por las buenas acciones, pero son terrenos y rastreros; las personas buenas, pero que todavía no han alcanzado la devoción, vuelan hacia Dios por las buenas oraciones, pero poco, lenta y pesadamente; las personas devotas vuelan hacia Dios, con frecuencia con prontitud y por las alturas. En una palabra, la devoción no es más que una agilidad y una viveza espiritual, por cuyo medio la caridad hace sus obras en nosotros, o nosotros por ella, pronta y afectuosamente, y, así como corresponde a la caridad el hacernos cumplir general y universalmente todos los mandamientos de Dios, corresponde también a la devoción hacer que los cumplamos con ´ánimo pronto y resuelto. Por esta causa, el que no guarda todos los mandamientos de Dios, no puede ser tenido por bueno ni devoto, porque, para ser bueno es menester tener caridad y, para ser devoto, además de la caridad se requiere una gran diligencia y presteza en los actos de esta virtud.
Y, puesto que la devoción consiste en cierto grado de excelente caridad, no sólo nos hace prontos, activos y diligentes, en la observancia de todos los mandamientos de Dios, sino además, nos incita a hacer con prontitud y afecto, el mayor número de obras buenas que podemos, aun aquellas que no están en manera alguna mandadas, sino tan sólo aconsejadas o inspiradas. Porque, así como un hombre que está convaleciente anda tan sólo el camino que le es necesario, pero lenta y pesadamente, de la misma manera, el pecador recién curado de sus iniquidades, anda lo que Dios manda, pero despacio y con fatiga, hasta que alcanza la devoción, ya que entonces, como un hombre lleno de salud, no sólo anda sino que corre y salta ((por los caminos de los mandamientos de Dios)), y, además, pasa y corre por las sendas de los consejos y de las celestiales inspiraciones. Finalmente, la caridad y la devoción sólo se diferencian entre sı como la llama y el fuego; pues siendo la caridad un fuego espiritual, cuando está bien encendida se llama devoción, de manera que la devoción nada añade al fuego de la caridad, fuera de la llama que hace a la caridad pronta, activa y diligente no sólo en la observancia de los mandamientos de Dios, sino también en la práctica de los consejos y de las inspiraciones celestiales.
Capítulo II
Propiedad y excelencia de la devoción
Los que desalentaban a los israelitas, para que no fueran a la tierra de promisión, les decían que era una tierra que ((devoraba a sus habitantes)), es decir que su ambiente era tan dañino, que era imposible vivir allí mucho tiempo y que sus moradores eran gentes tan monstruosas, que se comían a los demás hombres como a las langostas.
Así el mundo, mi querida Filotea, difama tanto cuanto puede a la devoción, pintando a las personas devotas con aire sombrío, triste y melancólico, y diciendo que la devoción comunica humores displicentes e insoportables. Mas, así como Josué y Caleb aseguraban que no sólo era buena y bella la tierra prometida, sino también que su posesión había de ser dulce y agradable, de la misma manera el Espíritu Santo, por boca de todos los santos y Nuestro Señor por la suya propia, nos aseguran que la vida devota es una vida dulce, feliz y amable.
El mundo ve que los devotos ayunan, oran, sufren las injurias, cuidan a los enfermos, dominan su cólera, refrenan y ahogan sus pasiones, se privan de los placeres sensuales y practican éstas y otras clases de obras que de suyo y en su propia substancia y calidad, son ásperas y rigurosas. Mas el mundo no ve la devoción interior y cordial, que hace que todas estas acciones sean agradables, suaves y fáciles. Contemplad las abejas sobre el tomillo: encuentran en él un jugo muy amargo, pero, al chuparlo, lo convierten en miel, porque ésta es su propiedad. ¡Oh mundanos!, las almas devotas encuentran, es cierto, mucha amargura en sus ejercicios de mortificación, pero, con sólo practicarlos, los convierten en dulzura y suavidad.


martes, 13 de agosto de 2019

AUDI, FILIA, ET VIDE, ETC. SAN JUAN DE LA CRUZ


EL RETORNO DEL HIJO PRODIGO

CAPITULO 24
De dos remedios para cobrar esperanza en el camino del Señor; y que conviene no acobardarnos.

San Pablo dice (1 Tim., 1, 5): Fin del mandamiento es la caridad, que procede de puro corazón, y conciencia buena, y fe no fingida. Y llama conciencia buena, como dice San Agustín, a la esperanza, para darnos a entender que si no hay buena conciencia, teniendo fe y amor, y buenas obras, que de aquí proceden, no habrá viva esperanza que nos dé alegría. Y si hay alguna falta en la buena conciencia, habrála también en el conhorte (conhorte: consuelo, esfuerzo) y alegría que se causan por la perfecta esperanza, porque aunque no muera, pues el tal hombre está en gracia, mas en fin obrará flacamente.
Así que los que dicen: «Cree que Dios te perdona y te ama, y serás perdonado y amado» (para el hereje Martín Lutero, a quien alude el autor, la justificación no es más que la fe, la confianza, la corazonada con que uno se persuade que está perdonado, que es justo, aunque siga siendo tan corrompido, pues todas sus obras siguen siendo pecado); y otras semejables palabras a éstas, muy gravemente se engañan, y dan testimonio que hablan de imaginación, y no de experiencia, ni según la fe. Y aquellos tales esfuerzos, como no son de Dios, no pueden tener en pie al hombre cuando se ofrece tribulación que sea de verdad. El esfuerzo del corazón, y el gozo de la buena conciencia, frutos de la buena vida son; el cual hallan dentro de sí los que bien viven, aunque no miren en ello; y cuanto más crece lo uno, más crece lo otro. Y de causa contraria se sigue el efecto contrario, según está escrito (Eccli., 36, 22): El corazón malo da tristeza, y de ésta nace la desconfianza, y otros males con ella.
CAPITULO 24
De dos remedios para cobrar esperanza en el camino del Señor; y que conviene no acobardarnos.
Aunque el remedio de la tentación se dilate; y cómo hay corazones que no se saben humillar sino con golpes de tribulaciones, y por eso los conviene ser así curados.
Lo que de todo esto habéis de sacar es, que pues tanto os conviene andar confortada con la buena esperanza, y alegre en el servicio de Dios, procuréis para ello dos cosas. La una, la consideración de la bondad y amor divinal, que en darnos a Jesucristo por nuestro se nos manifiesta. Y la otra, que echando de vos toda pereza y tibieza, sirváis con diligencia a nuestro Señor. Y cuando en alguna culpa cayeres, que no os desmayéis con desconfianza, más que procuréis el remedio y esperéis el perdón. Y si muchas veces cayeres, muchas procuréis de os levantar. Porque ninguna razón sufre que vos os canséis de recibir el perdón, pues Dios no se cansa de os lo dar. Que quien mandó que perdonásemos a nuestros prójimos NO sólo siete veces al día, más setenta veces siete (Mt, 18, 22), que quiere decir, que perdonemos sin tasa, muy mejor dará el Señor su perdón cuantas veces le fuere pedido; pues su bondad es mayor, y está puesta por ejemplo a la cual sigamos nosotros.
Y si la entereza de vida y remedio que vos deseáis no viene tan presto como querrías, no por eso penséis que nunca os ha de venir. Y no seáis semejantes a los que dijeron: Si en cinco días no enviare Dios remedio, darnos hemos a nuestros enemigos; porque con mucha razón reprendió a estos tales Judith (8, 11), y les dijo: ¿Quién sois vosotros, que tentáis al Señor? No es tal palabra como ésta para provocarle a misericordia, más antes para despertar su ira y encender su furor. ¿Habéis vosotros señalado tiempo de la misericordia del Señor? ¿Y habéis señalado el día conforme a vuestra voluntad? Aprended, pues, a esperar al Señor hasta que venga con su misericordia, y no os canséis de padecer, pues os va en ello la vida. Y si los aprietos grandes os enflaquecen la esperanza, ellos mismos os la deben esforzar, porque suelen ser víspera del remedio; pues la hora del Señor para librar es cuando la tribulación ha mucho tiempo durado, y en el presente aprieta más; como parece en sus discípulos, a los cuales dejó padecer tres partes de la noche, y a la postrera los consoló (Mt., 14, 25). Y a su pueblo libró del cautiverio de Egipto cuando estaba más crecida la tribulación que padecía; y así hará a vos cuando no penséis.
Y si os parece que quisieras tener una vida muy santa y perfecta, y que toda ella diera gloria al Señor, sabed que hay personas tan soberbias y yertas (Yertas: erguidas, orgullosas, tiesas), que no se saben humillar sino a costa de tentaciones y de desconsuelos, y aun de caídas; y son tan flojas, que no andan el camino de Dios con diligencia, sino a poder de muchas espoladas; y tienen un corazón tan duro, que han menester para quebrantarlo tener muchos males; y no saben tener discreción ni cautela, sino después de haber muchas veces errado; en fin, tienen un corazón, que con pocos bienes se hincha y hace vano; y han menester muchos males para andar humillados para con Dios y los prójimos. Y la cura de estos males ya vos veis que no puede ser sino con cauterios de fuego, de permitir Dios desconsuelos e ignorancias, y aun pecados, para que  así lastimados, se humillen y sean libres de los males ya dichos. Dice el Profeta Micheas (4, 10): Vendrás hasta Babilonia, y allí serás librado, y te redimirá Dios de la mano de tus enemigos; porque en la confusión de estas caídas y vida se suele el hombre humillar y buscar el remedio de Dios y hallar lo que por ventura, a no haber caído, lo perdiera por soberbia, o no lo buscara con diligencia y dolor.
Gracias, Señor, a Ti para siempre, que de males tan perjudiciales sueles sacar bienes del cielo, y que tan bien eres glorificado en perdonar pecadores, como lo eres en hacer justos y tenerlos en pie, y salvas, por vía de corazón contrito y humillado, al que no fue para servirte con lealtad; y haces que los pecados den ocasión a que el hombre sea humilde, cauto y diligente; y que como Tú dijiste (Lc., 7, 43): A quien más sueltan, más ame. Y así se cumple lo que dijo tu Apóstol (Jac, 2, 13) que misericordia en justicia hace parecer más ilustre tu justicia, pues parece mayor tu bondad en perdonar y salvar a los que han pecado y se tornan a Tí Y en otra parte dijo (Rom., 8, 28) que los que aman a Dios, todas las cosas se les tornan en bien, y aun los pecados que han hecho, como dice San Agustín. Lo cual no toméis por ocasión de tibieza, ni de pecar fácilmente, pues por ninguna cosa se debe hacer; mas para que si tal desdicha os viniere que ofendáis a nuestro Señor, no hagáis otro peor mal en desconfiar de su misericordia.