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miércoles, 4 de noviembre de 2015

Fiesta de Cristo Rey - Sermón del R.P Altamira.




F I E S T A     D E     C R I S T O     R E Y (Bogotá, año 2015) 

Introducción

Queridos hijos:

Estamos  en  la  Fiesta  de  Cristo  Rey,  gran  fiesta  católica,   fiesta  contra  el  Modernismo  reinante  de  hoy  y  contra  la  falsa  Religión  del  Vaticano II y la falsa Iglesia. Muchos años y muchas veces les he predicado sobre todo lo que implica la Fiesta de Cristo Rey. Su aspecto más esencial, y hasta de  sentido común, es que  Cristo, siendo –como es-  Dios, debe reinar e imperar en todos los ámbitos de todo ser humano, no sólo en los  ámbitos privados, sino principalmente en los ámbitos públicos de los Estados y así: Los países debe ser oficialmente súbditos de Dios Nuestro Señor Jesucristo  y sometidos a Él  (¿todos, hasta los países musulmanes?,  ¡todos, hasta los países musulmanes!). Todos los países deberían tener el Catolicismo como única  y oficial religión del Estado por ser la  única religión verdadera  y por ser la única religión de Dios. Todas las leyes, educación  e instituciones del Estado se deberían regir por  Dios Nuestro Señor y su Religión. Hoy en día ya no se tolera a Cristo, o cuanto mucho sólo  se le tolera en el ámbito privado del individuo  o como máximo en una familia, pero en el ámbito público de las naciones, ¡jamás! Y así tenemos: Democracia moderna rousseauniana (anticatólica) –hoy es día de elecciones aquí y en mi país ¡y en mi país para elegir presidente!-;  soberanía  popular (contra la verdad y la realidad de que el poder viene de Dios, no del pueblo); ley es cualquier cosa que se haya votado en el Congreso;  libertad de las falsas religiones; libertad de prensa: puedo escribir y publicar lo que tenga ganas. Libertad  de  enseñanza:  puedo  enseñar  lo  que  tenga  yo  ganas:  Dios  no  existe;  tenemos  todos  el  mismo  Dios,  todas  las  religiones  dan  lo  mismo; la Iglesia Católica es lo peor; España fue lo peor aquí en América: esto es falso, falsísimo, un católico bien nacido defiende a muerte  la obra de España en América; venimos de la evolución y del mono; Dios es una energía, el Big Bang; el aborto está muy bien; la unión libre está  muy  bien; el divorcio;  la  homosexualidad  es algo bueno: una opción más;  la  adopción de niños por homosexuales: todo bien y muy  “sano”;  educación sexual desde el jardín de infantes: corrupción sexual en realidad; fomentar la anticoncepción o  la planificación  contra el  fin principal del matrimonio que es la procreación y su fruto práctico hermoso que es la familia numerosa, como éramos antes los católicos  y como hoy debemos volver a ser; etc., etc. Aun así, este año decidimos predicarles  sobre asuntos que atañen más al ámbito privado de las personas,  sobre cosas que tienen que  ver con la Caridad (habíamos anunciado esto la semana pasada). Son cosas que hacen a la relación con el prójimo en general, pero también pensamos (y mucho) en las peleas que se dan dentro de las  familias, lo cual nos parece lo más grave  y lo más  triste  en estos temas.  Y así tenemos que Cristo “no reina” en muchas familias  porque  allí no reina el Catolicismo, y en especial –por el tema de hoy- porque allí no reina la Caridad: Como reza aquella canción, “ubi caritas et amor, ibi Deus est”, “donde hay caridad y amor, allí está Dios”.

(Cuerpo)

Habíamos dicho que queríamos continuar con el desarrollo de tres puntos: Los signos de afecto o amistad hacia los enemigos. Cómo es  el tema de procurar la reconciliación con los enemigos. Y el perdón de las injurias. Y para todos estos temas, recordemos a qué nos referimos con la palabra “enemigo”: La palabra “enemigo” está tomada aquí en sentido amplio, y así abarca: Todos aquéllos que nos hicieron (agregamos: o nos pueden hacer) algún mal,  algún daño, una verdadera injuria, maledicencias; o todos aquéllos que nos caen mal; o –ya en el extremo- aquéllos que nos odian. Veamos el primero de los “temas especiales”: Los signos de afecto o amistad hacia los enemigos. El precepto de Cristo de amar a los enemigos obliga a otorgarles  ordinariamente (i.e. generalmente)  los signos  comunes  de amistad y  afecto, y en algunas circunstancias incluso los signos especiales de amistad y afecto.
(a) Signos comunes de amistad y afecto son los que se ofrecen de ordinario a cualquier persona, por ejemplo entre vecinos, conocidos y personas de  buena educación (el saludo, responder a sus preguntas, decir “buen día”, etc); son los signos que se deben a cualquier persona.
(b) Signos especiales de amistad y afecto son los que no suelen ofrecerse a todos, sino únicamente a las personas más cercanas, a los familiares, a los amigos (conversar familiarmente, visitarles, reunirse o invitarlos a la casa de uno, etc).

¿Cómo se aplican estas cosas?

(a) Las señales o signos comunes “ordinariamente” no se le pueden negar al enemigo porque ello equivaldría a manifestarle enemistad, odio, rechazo,
desprecio, por ejemplo: no contestando al saludo o negándose a responder cuando él pregunta, darle la espalda, etc.
(a. bis) En cuanto al saludo debemos aclarar que no es necesario adelantarse al saludo, a no ser que esto fuese necesario o conveniente por la dignidad de la persona enemiga, por la costumbre o por el conjunto de circunstancias.
(b) Las señales o signos especiales que se reservan únicamente para los familiares y amigos no es necesario ofrecérselas a los enemigos, porque no es  obligatorio ofrecérselas a todo el mundo,  y porque no puede pretender el enemigo ser de mejor condición que los demás. Sin embargo, en  algunas  circunstancias, v.gr. cuando el enemigo se encuentra en  una  necesidad tal que no puede salir de ella sino por nuestro  auxilio o ayuda, estaríamos  obligados a atenderle en esa forma especial  o “con signos  especiales”, porque en esos casos es obligación ofrecer nuestra ayuda a cualquier prójimo en necesidad, sea amigo o enemigo.
(c)  En la práctica  sería suficiente tratar al enemigo como trataríamos a cualquier persona desconocida, con signos comunes o especiales  de amistad  según exija el caso o las circunstancias.

Ejemplos prácticos:

1) No peca el padre que, sin odio interior, y sólo como justo castigo y para enmienda de su hijo gravemente culpable, no le mira ni le habla por algún tiempo buscando la enmienda y educación de su hijo. Pero no debe prolongar su castigo si el hijo se humilla y pide perdón.
2)  Pecan  dos alumnos de un mismo colegio, dos religiosos de una  misma comunidad, etc, que rehúyan hablarse o saludarse, porque esto apenas  puede hacerse sin algún mal sentimiento interior y sin escándalo de los demás.
3) Es pecado excluir al enemigo de las oraciones comunes o de las limosnas, de la venta de productos, no responder el saludo, etc.Segundo caso “especial”: Cómo es el tema del perdón o la reconciliación con los enemigos. Hay que distinguir entre el perdón o la reconciliación interior y la reconciliación exterior.
(a)  La  puramente  interior  ha  de  producirse  inmediatamente  de  recibir  la  ofensa,  ya  que  no  es  lícito  mantener  en  el  alma  un  solo  instante  malos  sentimientos consentidos, odio o rencor hacia el enemigo, o hacia persona que nos ha ofendido o que nos ha hecho algún daño.
(a bis) ¿Qué pasa si, a pesar de la disposición interior de perdonar, seguimos teniendo interiormente malos sentimientos hacia los enemigos o hacia  las  personas que nos han ofendido o  que nos han  hecho algún daño?  Allí simplemente hay que aplicar las enseñanzas generales contra cualquier  tentación o mal impulso que uno sienta en su interior: Si esas cosas interiores no se van, simplemente no hay que consentirlas, no hay que aceptarlas, y no hay que obrar voluntariamente detrás de los malos sentimientos.
(b) La reconciliación exterior no siempre se puede realizar, ya que a veces sería  inconveniente o contraproducente o  empeoraría la situación. Cuando  ésta  reconciliación exterior pueda  realizarse, debemos hacerla;  aunque  es cierto muchas veces  no se  pueda volver  exactamente  a la misma  buena  relación que había antes del problema ocurrido.
(c)  Estamos mucho más obligados a estas cosas con respecto a los prójimos más cercanos, en especial frente a problemas que se dan  dentro de las  familias (ya que son el prójimo más cercano de todos).

En cuanto al orden con que debe hacerse la reconciliación o el pedido de perdón:

(a) Por lo regular deberá tomar la iniciativa el ofensor, i.e. la persona que ofendió.

(b) Y si, como ocurre casi siempre, se ofendieron mutuamente, generalmente deberá iniciar la reconciliación el que ofendió primero, o el que ofendió  más gravemente, o la persona de menor dignidad.

(c)La persona ofendida no tiene obligación de tomar la iniciativa de la reconciliación si ella no ofendió en modo alguno       al  otro  (aunque es muy fácil  creerse  falsamente  en  esa  situación);  pero  ha  de  dar  a  entender  que,  por  su  parte,  no  tendrá  inconveniente  en  reconciliarse.  E  incluso  tendría  obligación de tomar por caridad la iniciativa de la reconciliación si esta iniciativa fuera necesaria o conveniente para conseguir así un bien muy grande.
En cuanto al modo de pedir perdón o disculpas:
(a) No siempre se requiere pedir expresamente perdón (aunque sería lo mejor y más perfecto si las circunstancias lo aconsejaran).
(b) En algunos casos puede bastar con buscar la manera de restablecer en un cierto grado la caridad, aunque a veces la antigua armonía y
amistad  ya  no  se  pueda  recuperar.  Ejemplos  de  acciones  en  este  sentido:  conversar  amablemente  con  esa  persona;  hacerle  algún  favor;  invitarla  a  algún  programa;  valerse, como intermediario, de un amigo de ambos  para hacer saber de las disculpas o arrepentimiento; tener algún gesto de delicadeza  con esa persona; hacerle algún obsequio; etc.
(c) Podemos decir que todas estas cosas o intentos de reconciliación, con mucha mayor razón deben tratar de ser hecho s cuando se trata de peleas  dentro de una familia.
(d) Intentada infructuosamente la reconciliación, el que ofendió no tiene obligación de reiterar continuamente su petición de perdón. Basta con que  haga saber al ofendido que, por su parte, es consciente de su falta (o mal obrar), que  quedan ofrecidas las disculpas, y que está dispuesto a intentar  restablecer la antigua relación o amistad en el grado en que esto se pudiera hacer.
(e) El ofendido está obligado siempre a perdonar al ofensor que le pide perdón en forma directa o indirecta. Si se niega a hacerlo, comete un pecado  contra la caridad. Si la muerte le sorprende en ese estado, su suerte puede llegar a ser deplorable: “Perdónanos nuestras deudas así como nosotros  perdonamos a nuestros deudores”, decimos en el Padrenuestro; y  Cristo recalcó expresamente  que,  si no  perdonamos  al  prójimo, tampoco  nos  perdonará a nosotros nuestro Padre celestial (Mateo 6,15).


Tercer caso “especial”: El perdón de las injurias.

Uno de los consejos más inculcados en el Evangelio es el perdón generoso y total de las injurias. “Si alguno te abofetea en la mejilla derecha, dale también la otra; y al que quiera litigar contigo para  quitarte la túnica,  déjale también el manto” (Mateo 5,39-40). El mismo Cristo nos dejó ejemplo sublime al perdonar y excusar a sus verdugos  desde lo alto de la Cruz: “Padre, perdónalos porque  no saben lo que hacen” (Lucas 23,24). Pero esta excelente obra de caridad  si bien  obligatoria (al menos  en la disposición interior del ánimo,  y por  ello  en nuestro interior debemos deponer el rencor,  el odio,  el  espíritu de venganza,  los  malos deseos,  etc),  no siempre  obliga a  renunciar a toda clase
de  reparación  externa  por  la  ofensa  recibida.  Sobre  esto  último,  escuchemos  al  Doctor  Angélico  explicando  este  punto  con  su  lucidez  habitual:
“Estamos obligados a tener el ánimo dispuesto a tolerar las afrentas si ello fuese conveniente. Mas algunas veces conviene que rechacemos el ultraje recibido, principalmente por dos motivos. En primer término, por el bien del que nos infiere la afrenta, para reprimir su audacia  e impedir que repita tales cosas en el futuro, según aquel texto  de los Proverbios: “Responde al necio como merece su necedad, para que no se crea un sabio” (Prov. 26,5).

En segundo lugar,  por el bien de muchas otras personas, cuyo progreso espiritual podría ser impedido precisamente  por los ultrajes que nos hayan  sido  hechos;  y  así  dice  San  Gregorio  que  “aquellos  cuya  vida  ha  de  servir  de  ejemplo  a  los  demás,  deben,  si  les  es  posible,  hacer  callar  a  sus  detractores, a fin de que no dejen de escuchar su predicación los que podrían oírla y no desprecien la vida virtuosa permaneciendo en sus depravadas  costumbres” (II-II 72,3). Nosotros agregamos a lo que dice Santo Tomás que: Si la ofensa o daño producido no nos afecta sólo a nosotros, sino que también AFECTA AL BIEN  COMÚN, con mayor razón la situación puede exigir que se repare el daño causado o que se trate de reprimir o quitar ese daño y ejercer la justicia.

(Conclusión)

Queridos hijos, no nos extendamos más.
En  esta  Fiesta  de  Cristo  Rey  de  este  año,  simplemente  pidamos  a  Dios  que  nos  dé  un  recto criterio  frente  a  todas  estas  cosas  y podamos siempre aplicarlas de la mejor manera, aplicarlas de manera virtuosa.

AVE MARÍA PURÍSIMA.

 1-)Jamás es lícito querer excluir al enemigo de las oraciones comunes que se hacen, v.gr. por la conversión de los pecadores. 

2-)Santo Tomás de Aquino resume  muy  bien toda esta  doctrina  de amor a  los enemigos (II-II 25,8):  “El amor a los enemigos pueden entenderse de  tres maneras.  La primera,  que se ame al enemigo en cuanto enemigo, y esto es perverso y contrario a la caridad, porque equivale a amar el mal de otro.  La segunda, que se ame al enemigo en cuanto a su naturaleza humana, o sea, en  general, y esto es necesario para conservar la caridad; y así, el que ama a Dios y al prójimo no puede excluir al enemigo de aquel amor  general con que ama a todos sus prójimos. La tercera, que  se ame al enemigo de un modo especial, o sea, con especiales muestras de amor, y esto no es absolutamente necesario para la caridad, porque no estamos obligados a amar de este modo a cada  uno de los prójimos en particular, ya que esto sería completamente imposible.  Pero es necesario en la preparación del ánimo, o sea, que estemos dispuestos a otorgarle esas muestras especiales  de amor si se presenta la necesidad de ello. Sin embargo,  si alguno, aun sin presentarse la necesidad, quisiera ofrecerle esas muestras especiales por amor a Dios, sería un act o perfectísimo de  caridad. Porque, como quiera que la caridad nos impulsa a amar al prójimo por Dios, cuanto más amamos a Dios, tanto más le mostramos al prójimo nuestro amor sin que lo impida ninguna  enemistad; de manera semejante a como, si alguno amara muchísimo a un hombre, amaría también a sus hijos aunque fueran enemigos suyos”.


3-)Demos más precisiones: (a) Existe, pues, el derecho natural de legítima defensa contra las injurias recibidas, paralelo al derecho de defensa contra el injusto agresor de nuestra integridad física. (b) Es lícito, guardando la debida moderación, hacer uso de este derecho. (c) A veces este derecho de defensa deberá ser ejercido obligatoriamente; por ejemplo cuando afecta el bien común o a otras personas  (como ya hemos dicho).  (d) También a veces la defensa contra los daños de un injusto agresor, sus maledicencias, etc, etc, puede ser dejada de lado   si razones superiores de caridad, humildad o paciencia lo piden o aconsejan. Pero una vez más esta defensa o restablecimiento de la justicia (y/o de la verdad), este intentar neutralizar los daños producidos, no deberá  en general dejarse de lado CUANDO ESTÁ DE POR MEDIO EL BIEN COMÚN. (e) Cuando la injuria recibida no redunda en perjuicio o desprestigio de un tercero o de un grupo de personas (v.gr. de la familia o la corporación a que se pertenece, de la parroquia, etc, etc), siempre es más perfecto y meritorio perdonarla de todo corazón y renunciar en absoluto a la reparación.

martes, 3 de noviembre de 2015

Cap. VI: RUMBO AL CASTIGO



La cuarta guerra efectivamente comenzó en la segunda mitad del siglo XX, o, ¿Cómo  podríamos explicar esta guerra realizada en 1960? Mons. Lefebvre dijo antes de morir que él había participado en tres guerras haciendo referencia a la primera, segunda y el Concilio Vaticano II la cual fue su tercera guerra.

Apertura del Concilio Vaticano II

es y será la más trágica, cuyas consecuencias han llegado hasta nuestros días Y son, a mi humilde punto de ver, las causas fundamentales de un conflicto internacional, como de hecho se está presentando ante nuestros incrédulos ojos, que desencadenara en un conflicto armado cuyas consecuencias no sabemos ni tenemos la mas pálida  idea de donde vaya a parar esto. Conflicto en el cual se encuentran involucradas naciones tiempo atrás fuera del escenario mundial como lo son China, con su alta participación en la economía mundial y últimamente potencia militar desconocida por nosotros, pero temida por los enemigos clásicos,  Rusia cuyo protagonismo mundial para todos es notorio no solo en el escenario diplomático sino también en el bélico, que el año pasado supero a su homologo Estados Unidos en la venta de armas y también en la sofisticada fabricación de armamento de última generación e Irán nación musulmana que sigue siendo un misterio, pero con una mayor protagonismo mayor  en el escenario mundial. Sin duda alguna el peligro mayor se manifiesta cada vez con la unión de estos dos colosos porque China cuanta con el mayor ejército del mundo y Rusia con la mejor tecnología, los enemigos de antaño ahora son verdaderos amigos con un fin muy claro y definido: EL DOMINIO MUNDIAL a su manera. Ante esta terrible perspectiva lo que antes era una quimera sobre lo dicho por nuestra Señora de Fátima en el segundo secreto sobre Rusia y lo comentado en el supuesto fragmento de “tercer secreto” por desgracia se vuelve más convincente y más temible al grado helar la sangre, he aquí sus palabras:  “La gran guerra vendrá en la segunda mitad del siglo XX. Fuego y humo caerá del Cielo y las aguas de los océanos se transformaran en vapor, lanzando sus espumas hasta el cielo y todo lo que esté en pie se hundirá. Millones y millones de hombres morirán de hora en hora, y los que queden vivos en aquellos instantes envidiaran a los que están muertos”.  Si este fragmento lo tomamos aisladamente solo basándonos en el podemos con todo derecho creer o no, pero la perspectiva y el valor se las pueden suministrar las palabras  de la  profecía de San Juan en el Apocalipsis cap. XIII: ““LA BESTIA QUE VI ERA SEMEJANTE A UNA PANTERA; SUS PATAS ERAN COMO DE OSO, SU VIENTRE DE PANTERA Y SU BOCA COMO BOCA DE LEON Y EL DRAGON LE PASO SU PODER Y SU TRONO Y UNA GRAN AUTORIDAD”. Donde en concordancia con el fragmento antes citado nos confirma de nuevo de quienes serán los actores principales como, como ya lo dijimos más arriba, de este gran castigo, cuya acción ya se empezó a sentir en la segunda mitad del siglo XX como lo fue LA “CAIDA” DE LA UNION SOVIETICA Y EL:
 

el fin del bloque Sovietico



1): EL RESURGIMIENTO DE RUSIA.



Moscú
En cuanto a este resurgimiento su importancia es trascendental porque cambia totalmente las del juego sobre el arte de la guerra, podría decirse que el inicio de la tercera guerra mundial no será como las anteriores sino de forma y tácticas diferentes. Desde Chechenia en adelante se les llamara guerras hibridas debido a que las naciones protagonistas no lucharan la una contra la otra de forma directa sino mediante enfrentamientos mediáticos para medir el alcance y la potencia de las naciones implicadas en este drama mundial. Cuando menos así lo parece demostrar las guerras que Rusia ha librado contra Chechenia y Georgia; la primera, como ya dijimos fue en 1999 poco después de haber tomado posesión como primer ministro de la federación Rusa Vladimir Putin que fue, por otro lado, un escalón muy importante para ganar las presidenciales de su primera elección como presidente de dicha nación.  Para darnos una idea de la importancia de este triunfo de Rusia sobre Chechenia ponemos a nuestro amable lector el siguiente estudio sobre el tema:

CHECHENIA Y SU CONLICTO CON RUSIA




Conflicto en Chechenia
el Conflicto checheno comienza en el otoño de 1999 cuando Vladimir Putin acaba de ser nombrado primer ministro. El Kremlin aplica modalidades de intervención militar federal en la república secesionista, que además sufre un bloqueo económico. Una parte importante de la población, cerca de 75 mil personas, se refugia inmediatamente en la región vecina de Ingushetia. 
Desplazados
El conflicto se anuncia difícil para las tropas federales: el fracaso de las primeras tentativas de mediación le permite al presidente moderado, Aslan Maskhadov, unificar todas las fuerzas chechenas y reunir a los hombres de Chamil Bassaiev, a pesar de la abierta oposición que los enfrenta desde hace algunos meses y que lo había incitado a probar una incursión militar en Daguestán, lo que provocó una respuesta militar de la Federación. Se trata de una posición que ya había afirmado como primer ministro, el 2 de octubre de 1999, cuando anunciaba que no reconocía la legitimidad del presidente Maskhadov ni, por consiguiente, la de las autoridades chechenas en su conjunto: «Todos los órganos de poder en Chechenia son ilegítimos (...) pues todos han sido electos fuera de las leyes rusas». Esta frase resume perfectamente el pensamiento de Vladimir Putin: no reconoce ni los acuerdos de Khassaviurt, firmados por el general Lebed y el presidente Maskhadov, ni los firmados por Boris Yeltsin y el número uno checheno en mayo de 1997.

La posición radical de quien sólo es entonces primer ministro federal es interpretada inmediatamente como la revelación de sus reales intenciones en Chechenia, la cual está lejos de la instauración de un «cordón sanitario» alrededor del territorio o de la lucha contra el terrorismo. Vladimir Putin desea «barrer el poder checheno» y, sobre todo, retomar el control de esta zona, estratégica para Rusia.
recursos del Mar Caspio
Difícil de encontrar otro desafío más estratégico para Rusia. Los recursos petroleros del Caspio, disponibles a partir de 1998, llevaron allí una oleada de compañías petroleras del mundo entero, pero sobre todo anglo-norteamericanas. Se multiplican entonces los proyectos de construcción de oleoductos con el objetivo de sacar estas reservas del control ruso. 
El 17 de abril de 1999 se inaugura el oleoducto Bakú-Supsa, un puerto georgiano situado a orillas del Mar Negro. Se trata del primer proyecto para poner el petróleo fuera del control de Moscú. En octubre de 1999, exactamente antes del inicio de la ofensiva militar en Chechenia, las compañías petroleras anglonorteamericanas anuncian la próxima construcción de un oleoducto entre Bakú y el puerto turco de Ceyhan, una nueva piedra en el jardín ruso.

Oleoducto Baku-Supsa
La posición del Kremlin se alinea con la del estado mayor militar: Chechenia debe permanecer bajo la égida rusa a cualquier precio. Para ello los generales federales desean establecer una zona de seguridad al norte de la república secesionista que comprende el trazado del oleoducto Bakú-Novorossisk. La implementación de la estrategia militar escogida por el Kremlin es la imagen de los que la elaboraron: implacable, sistemática y brutal. En nombre de intereses geopolíticos legítimos, el ejército federal dará pruebas de un inaudito salvajismo en los combates. En el campo de batalla, la política extremista de Putin se manifiesta mediante el bombardeo 
intensivo a la ciudad de Grozni,

Grozni

lo que según Jean Radvany, profesor en el INALCO, es un «medio terrible de dar una demostración de eficacia cuando los rusos, desde hace varios años, eran extremadamente sensibles a la debilidad de su ejército y su Estado». Se trata de un elemento decisivo para asegurar la popularidad del presidente interino, la cual necesita con vistas a las elecciones presidenciales de marzo de 2000. El contexto le es favorable: las críticas de Occidente garantizan la unidad de la población tras el jefe de Estado, fenómeno amplificado por la oposición de la opinión pública rusa a la intervención de la OTAN en Serbia, ocurrida en la primavera de 1999. Sin embargo, la ofensiva militar está lejos de ser un éxito: para avanzar en Grozni las tropas federales se ven obligadas a destruir barrios enteros al costo de terribles pérdidas humanas. Grozni se convierte poco a poco en una ciudad fantasma, cubierta de cadáveres y abandonada por sus sobrevivientes que no tienen alternativa: o el exilio en los campos de refugiados de Ingushetia, o la lucha armada desde las montañas vecinas a partir de donde lanzan mortíferos ataques. Según las evaluaciones de enero de 2000 «más de un tercio de la población de Chechenia ha sido expulsada de sus hogares y ha tenido que refugiarse en Ingushetia, donde Moscú ha impedido a las organizaciones internacionales (con excepción del Alto Comisionado para los Refugiados y la Cruz Roja) acudir en ayuda de unas 250 000 personas».

Estos elementos del contexto geopolítico global son esenciales para comprender las razones del empeño masivo del ejército federal y su estrategia de llevar la situación hasta el extremo en el territorio checheno, donde la violencia, con un balance muy negativo para los chechenos (las cifras adelantadas por los dirigentes independentistas son de alrededor de 100 mil muertos), no está sólo vinculada a la determinación del Kremlin de no abandonar nunca el territorio. Es también una respuesta a la inesperada resistencia que encontró el ejército en su camino. Contrariamente al primer conflicto, la segunda guerra de Chechenia estuvo mucho mejor preparada por la parte rusa y los soldados mucho mejor equipados. Especialmente los bombardeos aéreos destruyeron más blancos durante los diez primeros días de la ofensiva que durante los dos años de guerra anteriores, sin embargo, las milicias chechenas lograron rápidamente encontrar el equipamiento necesario para contrarrestar la ofensiva. De forma singular, los «hombres de las montañas», como se llaman a sí mismos los chechenos, tuvieron en su poder, a partir de enero de 2000, radares y baterías antiaéreas sofisticadas que les permitieron, contra todas las expectativas, resistir a las tropas federales. Ninguna potencia vecina pudo suministrar este equipamiento por temor a represalias rusas, de modo que el apoyo a la resistencia chechena hay que buscarlo en otra parte. En abril de 1996, los militares rusos localizaron gracias a una conversación telefónica interceptada al primer presidente checheno Dzojar Dudaev
Dzojar Dudaev
y lo abatieron con un misil de alta precisión. En marzo de 2000 fue arrestado el autor de los secuestros terroristas en Pervomaisky y Kizliar, Salman Radúev, quien más tarde falleció en un hospital de prisión. En junio de 2001 fueron aniquilados Arbi Baraev, uno de los jefes de la guerrilla separatista chechena, y 17 militantes de su grupo. En marzo de 2002 se eliminó a Jattab, mercenario jordano quien ocupaba en la jerarquía de los secesionistas chechenos una posición incluso superior a la de Shamil Basaev. En febrero de 2004 se produjo la detención de Ruslan Guelaev y los integrantes de su grupo en la frontera ruso-georgiana. Y ahora, finalmente, el castigo ha alcanzado a una figura mucho más importante y controvertida en la cúpula clandestina del terrorismo checheno, Aslan Masjadov, cuyas capacidades de camaleón político habían despistado durante mucho tiempo a los patrocinadores occidentales, proclives a ver en él a un representante de la «corriente moderada» del separatismo checheno y, por consiguiente, al interlocutor más adecuado para las negociaciones de paz con Putin.

Parece repetirse el mismo guion en la situación que actualmente impera en Siria, pero con diferentes variantes. Esto demuestra que Vladimir Putin no confía en absoluto en las llamadadas corrientes “moderadas” como Occidente las califica hasta la actualidad y las apoya con armamento y dinero. Esta victoria del ejército ruso suena como a tragedia para unos por la cantidad de muertos que hubo, pérdida económica para quienes apoyaron a estos separatistas, pero un triunfo sonante para Rusia y su ejército aunque no fue celebrado por los soldados.  



Continua...


lunes, 2 de noviembre de 2015

TRATADO DE LA CONFIANZA CRISTIANA CONTRA EL ESPIRITU DE PESIMISMO Y DESCONFIANZA Y CONTRA EL TEMOR EXCESIVO.



IV. La poca confianza en Dios es un manantial peligrosísimo de tentaciones, porque roba al alma la paz, la llena de turbaciones y fortifica la oposición natural a las virtudes cristianas. 

CONTINUACIÓN...

1. El reino de los cielos está desde ahora dentro de vosotros, dice Jesucristo, y este reinado o reino de Dios consiste, dice san Pablo, en la justicia, en la paz y en el gozo del Espíritu Santo. Esta paz y gozo interior son fruto de la justicia y de la devoción cristiana, y no deben estar separadas, según aquellas palabras de Isaías: “La paz será la obra de la justicia y mi pueblo se sentará en la hermosura de la paz.” Y esta es aquella paz que sobrepuja a todo gusto y afecto, que conserva nuestros corazones y nuestro pensamiento en Jesucristo, que enflaquece y vence todas las tentaciones. Pax Dei, quae expurat omnem sensum, custodiat corda vestra in Christo.

VII. Esta tentación, aunque peligrosa, es común.

1. Por lo peligrosa que sea esta tentación, no obstante es muy común; y trastorna a las almas temerosas de Dios. “¿Cuántos se encuentran que, considerando sin cesar su propia flaqueza, están, dice san Bernardo, abrumados y abismados en la pusilanimidad y el desaliento? Estas personas habitan, no en el socorro del altísimo ni en la protección del Dios de los cielos, sino en sí mismas, en sus desconfianzas y penas. Están enteramente ocupadas en sus achaques, en sus enfermedades y siempre prontas a hacer grandes relaciones de lo que les pasa y de lo que padecen. Están inquietas día y noche, se atormenta con los males que sienten, y aún más con los que todavía no tienen. No quieren, según la regla del Evangelio, que a cada día le baste su mal; sino que también se molestan y agobian con cosas que puede ser que nunca sucedan. ¿Hay tormento mayor que este? ¿Hay infierno más insoportable?

VIII. Esta tentación es más engañosa que las demás.

1. Aquellas tentaciones que mueven directamente a acciones manifiestamente malas, no son las más peligrosas; porque la visible malignidad de ellas horroriza. Las que se presentan al entendimiento con cara de virtud, son mucho más peligrosas para aquellos que viven devotamente; pues son más seductoras y no dejan percibir el lazo oculto que el enemigo pone en ellas y de esta especie son las que atacan la esperanza. “Esta tentación, dice san Bernardo, es la menos fácil de descubrir, y su causa está más oculta; pero esta misma es más larga y violenta que las otras porque el enemigo emplea todo cuanto tiene de maligno contra nuestra esperanza.”

2. Preciso es obrar nuestra salvación con temor y temblor. Es necesario llorar toda la vida los pecados pasados, trabajar para corregirse de las faltas veniales, siempre desconfiar de su propia flaqueza, temer los juicios de Dios, la profanación de los sacramentos y el abuso de la gracia, abstenerse de todo lo que tiene apariencia de mal. El número de los escogidos es cortísimo: ninguno sabe si es digno de amor o de odio, etc. Estas todas son verdades capitales. Pero Satanás, que se transforma en ángel de luz, se sirve de ellas mismas para seducir a las almas piadosas. Se las presenta separadas de otras verdades que suavizan el rigor de estas; proponiéndoselas así, las llena de desconfianzas, de espanto y de turbaciones. Les hace todas las obligaciones de las piedades cristianas insípidas, amargas e insoportables; y finalmente las lleva a que las abandonen en todo o en parte.

3. Habiendo tenido el demonio la osadía de tentar a Jesucristo, lo tentó sirviéndose de las palabras de la Escritura, haciendo una mala aplicación: y este es el lazo mas ordinario y artificioso del cual se vale para tentar a las almas mas piadosas, empleando para seducirlas las verdades mas santas, por supuesto mal aplicadas, pero según sus designio. Estas son aquellas tentaciones, de las que habla san Bernardo explicando el versículo sexto del salmo noventa; tentaciones que son las más temibles para las personas devotas, porque el veneno está en ellas mas oculto.

IX. Continúa explicando porque esta tentación es más engañosa que las demás.

1.“Las aflicciones y angustias del corazón son propias de todo hombre que obra el mal, pero la gloria, el honor y la paz son fruto de todo hombre que obra el bien” No es de admirar que los impíos estén como en un mar siempre agitado, que no se puede calmar porque: no hay paz para los impíos, dice el Señor. Así lo tiene ordenado su justicia y así será siempre. Pero es una gran desgracia que los justos, a quienes pertenece la paz y el gozo del Espíritu Santo, tengan las mismas agitaciones que los malos.

2. Esto nace por no poner la atención suficiente para discernir la inspiración del Espíritu Santo, cuya propiedad es consolar del silbido de la serpiente de quien es propio espantar. Espíritu habla de verdad; lo mismo hace el espíritu de seducción también habla. Sus voces, infinitamente diversas, algunas veces pareciera que dicen una misma cosa. El Espíritu de verdad a nadie lisonjea: nos presenta la grandeza de nuestros pecados, de nuestra flaqueza, de nuestros riesgos. El espíritu de seducción nos presenta estas mismas cosas. Pero la voz del Espíritu de verdad humillándonos nos sostiene, nos llena de nueva fuerza y nos hace recurrir a Dios con confianza; el espíritu de seducción al contrario humillándonos nos abate, nos desanima: y si no nos lleva a huir de la presencia de Dios, como lo hizo con Adán, hace, por lo menos, que nos dirijamos a Dios con temblor como delante de un juez infinitamente justo y terrible, y sin aquella humilde confianza que debe animar nuestras oraciones tantas veces recomendadas en las Sagradas Escrituras.

3. No se temen lo suficiente los funestos efectos de esta desconfianza, de estas turbaciones, de esta tristeza y de estas agitaciones, que pueden con rapidísimos progreso causar grandes destrozos. En pocos días se adelanta mucho y, desgraciadamente, varios años son necesarios para remediarlo lo que puede desencadenar en una verdadera desesperación y persuadirnos de que estamos abandonados y desechados por Dios para siempre y los consejos de los mas hábiles directores no pueden remediarlo.

X. Esta tentación es más peligrosa al fin de nuestras vidas.

1. Esta tentación de un temor y desconfianza excesiva se hace más fuerte y violenta al fin de la vida: porque, en ese momento, todas las circunstancias la fortifican y el demonio sabiendo que le quedan pocos instantes y el tiempo urge, no deja de aprovecharlos y redoblar sus esfuerzos. Se aprovecha ventajosamente del desaliento ordinario en que esta el alma y el cuerpo en aquella hora, para atiborrar la imaginación de tristes ideas, y cubrir el entendimiento de espesas nubes. Representa con viveza, que es cosa horrible caer en las manos de un Dios vivo, presentarse dentro de unos instantes en el tribunal de un supremo juez de vivos y muertos. Les pone delante de sus ojos la espantosa imagen de una eternidad abrasadora, el abuso de las gracias de Dios, la memoria de tantos pecados, por los cuales se ha merecido el ser precipitado a aquellos estanques de fuego y de azufre, para ser atormentado en ellos por los siglos de los siglos.

2. Es fácil comprender cuan terrible y peligroso es semejante tentación en aquellos últimos instantes, para las personas que toda la vida han estado gobernadas por un temor y desconfianza excesiva. ¿Y cómo pueden despojarse de esta tentación temible estas almas, cuando tantas veces se experimenta que aquellas mismas que no estuvieron sujetas durante sus vidas a esta timidez, se ven algunas veces trastornadas al acercarse la muerte no obstante de ver en ellos, hasta entonces, tanta virtud, confianza y amor?

3. El mismo demonio hace que sea motivo de escándalo ordinariamente contra la virtud esto mismo, persuadiendo a los malos cristianos, que para morir bien no es tan importante, como se dice, vivir practicando fiel y constantemente todas las virtudes; pues los mismos que vivieron practicándolas con fidelidad no adquieren con su devoción y todas sus virtudes mas fortaleza para alejar de ellos los espantos de una muerte próxima, en la que también se les ve tan turbados como los demás. El demonio también les hace mirar, como puras ideas faltas de solidez, aquellas grandes máximas de la religión cristiana: que la muerte es para los justos el fin de la miseria, de su destierro y el principio de su bienaventuranza; que ellos han recibido ya las primicias del Espíritu Santo, para suspirar por el cumplimiento de la adopción de los hijos de Dios y verse libres de su cuerpo: deseando y como adelantando el advenimiento glorioso del gran Dios nuestro Salvador Jesucristo: deseando y como adelantando con su anhelo el advenimiento del día del Señor; estando siempre prontos para salirle al encuentro cuando Él venga a las bodas y abrirle luego que llame a la puerta ; mirando con gozo la cercanía del último día, persuadidos que su perfecta redención se aproxima. Así es como los miedos que manifiestan algunas personas devotas en sus enfermedades son perjudiciales a la misma devoción y dan al demonio ocasión para desacreditarla, y disminuir su estimación y aprecio en el concepto de muchos cristianos.

XI. El espíritu de pusilanimidad y desconfianza es injurioso a Dios, que nos lo ha prohibido expresamente.

1. Nunca se podrá advertir lo suficiente a las almas devotas sobre el peligro y la importancia para estar alerta contra el espíritu de pusilanimidad, no abandonándose a la desconfianza y a la tristeza, sino conservando en todo tiempo y todas las circunstancias una viva confianza en la bondad de Dios, una paz y un gozo santo. No sin razón el Espíritu Santo sobre esto nos ha advertido como cien veces en las Sagradas Escrituras, para obligarlas a que en esto pongan una atención muy particular. A Dios no se le honra con la desconfianza, la turbación y el decaimiento del espíritu: todo esto ofende e injuria su bondad, nos aleja de Él y aleja de nosotros sus auxilios. Por estos temores y desconfianzas Dios permite que caigamos en aquellos males que tememos y no sería así teniendo una entera confianza en su misericordia.


2. S. Pedro camino con seguridad sobre las olas del mar agitado por una gran tempestad, mientras considero la bondad y el poder de Jesucristo a quien quería llegar; y comenzó a hundirse en el agua, sino cuando, aterrado por la violencia de los vientos, empezó a temblar y a faltarle la confianza. Oh hombre de poca fe y confianza, ¿por qué has dudado:? Desgraciados a aquellos a quienes les falta el ánimo, que no se fían de Dios y por tanto no les protege. Luego nuestra principal obligación es desterrar esta pusilanimidad y esta desconfianza, pues son la causa de nuestras caídas y nuestras desgracias: porque también son la causa que Dios nos deje de proteger, y afirmarnos cada vez más en la esperanza, manantial de la paz y el gozo del corazón y de todo género de bienes. Vosotros los que teméis al Señor, esperad en Él, y os hará misericordia y su misericordia será vuestro gozo. El que adora y sirve a Dios con gozo, será bien recibido de Él y su oración subirá hasta las nubes. Regocijaos en el Señor, y Él os dará todo lo que vuestro corazón pidiere. La paz y el gozo del corazón son la vida del hombre y un tesoro inagotable de santidad. Al contrario, la tristeza del corazón es una llaga universal: porque derrama el tedio y la amargura sobre todas las acciones, cubre el entendimiento de pensamientos e imágenes oscuras, se opone a la confianza y amor de Dios, a la ternura, a la compasión y al sufrimiento del prójimo: ella excita la cólera, la impaciencia, el odio, la envidia destruye hasta la misma salud del cuerpo y , finalmente es una llaga universal, como se dijo mas arriba. No abandones, pues, tu alma a la tristeza, y no te aflijas a ti mismo con la agitación de tus pensamientos. Ten compasión de tu alma haciéndote agradable a Dios, reúne tu corazón en la santidad de Dios arroja lejos de ti la tristeza, porque ella ha causado la muerte de muchas personas, y para nada es útil.

Continua...

EL MISTERIO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO




CAPITULO II: EL VERBO ENCARNADO

San Juan, en su Evangelio, afirma la divinidad de Nuestro Señor e insiste de un modo más particular que los otros evangelistas sobre ella. Basta con leer el primer capítulo del Evangelio de San Juan, que nunca leeremos bastante, tan hermosa, tan profunda y tan llena de consolación es esta página. En otro tiempo, el sacerdote o el obispo rezaban este evangelio al regresar a la sacristía después de la Misa. Era su modo de hacer la acción de gracias. Después, la Iglesia dispuso que el sacerdote lo rece en el altar ante los fieles. «Al principio era el Verbo y el Verbo estaba en Dios y el Verbo era Dios. El estaba al principio en Dios. Todas las cosas fueron hechas por El y sin El no se hizo nada de cuanto ha sido hecho. En El  estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz luce en las tinieblas y las tinieblas no lo acogieron».

De este modo nos presenta san Juan la eternidad de Dios, la creación y también el pecado.  «Hubo un hombre enviado de Dios, de nombre Juan. Vino éste a dar testimonio de la luz, para  testificar de ella y que todos creyeran por él. No era él la luz, sino que vino a dar testimonio de la luz.  Era la luz verdadera que, viniendo a este mundo, ilumina a todo hombre. Estaba en el mundo y por El fue hecho el mundo, pero el mundo no le conoció. Vino a los suyos pero los suyos no le recibieron». Evidentemente esto se dice de un modo general, pues en seguida distingue san Juan a “cuantos le recibieron”. Pero no olvidemos esta afirmación: Omnia per ipsum facta sunt, que será reafirmada en el

Credo.

No tenemos que olvidar ni debemos disociar esta omnipotencia de Nuestro Señor, el Creador. Nuestro Señor es Dios y sólo hay un Dios; no hay tres dioses sino uno solo. Por eso, Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo han creado el mundo. El Verbo ha creado el mundo: “por El fue hecho el mundo”, es decir, por Nuestro Señor. No hay, pues, dos personas en Nuestro Señor sino una sola y esta persona es la Persona del Verbo de Dios, la Persona del Hijo de Dios. Siempre tenemos que tener presente esto. «Mas a cuantos le recibieron dio les poder de venir a ser hijos de Dios, a aquellos que creen en su nombre; que no de la sangre, ni de la voluntad carnal, ni de la voluntad de varón, sino de Dios son nacidos. Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros y hemos visto su gloria». Sin duda San Juan hace alusión también a la Transfiguración cuando escribe: «Hemos visto su gloria, gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad».

Nos relata luego el testimonio de san Juan Bautista, que clamaba:
«Este es de quien os dije: El que viene detrás de mí ha pasado delante de mí porque era primero que Yo».

Estas palabras del Bautista constituyen una afirmación de la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. Nuestro Señor —decía— “era primero que yo”. Existía antes que él porque es El quien lo creó. «Pues de su plenitud recibimos todos: et de plenitudine eius omnes nos accepimus, gracia sobre gracia: et gratiam pro gratia» (S. Jn. 1, 16).

No hay, pues, ninguna gracia que no nos venga de Nuestro Señor Jesucristo.
Todas estas palabras son de capital importancia porque constituyen las bases de nuestra fe y los principios de nuestra acción y de nuestra vida de cada día. Todos los errores que se difunden ahora y que intentan hacer creer que hay otro camino de salvación distinto de Nuestro Señor Jesucristo y fuera de la religión católica se oponen a las afirmaciones del  Evangelio y son explícitamente contrarios a Nuestro Señor Jesucristo.  En algunos documentos de la conferencia episcopal de Holanda se hablaba de medios de salvación  en las religiones no cristianas. ¡Es una locura! No existen medios de salvación fuera de la religión  católica fundada por Nuestro Señor Jesucristo .

No hay salvación fuera de la Iglesia. Es un dogma de nuestra fe. ¿Por qué? Porque no hay ninguna gracia sobrenatural que no provenga de la Iglesia. Incluso aquellas gracias que podrían ser distribuidas en otras religiones vienen de Nuestro Señor Jesucristo y, por consiguiente, de su Iglesia, gracias a las plegarias de su Iglesia, la esposa mística de Nuestro Señor, que está unida a El y no puede separarse de El. Los que reciben gracias fuera de la Iglesia católica, las reciben a través de Ella como intermediaria. No cabe duda de que hay almas que se salvan sin formar parte de la estructura visible de la Iglesia, pero forman parte invisiblemente de la Iglesia, del cuerpo místico de Cristo; los papas lo han afirmado.

Sin embargo, no suele ser frecuente. La Iglesia tiene que ser misionera para llevar las gracias a los que no las han recibido. Si todo el mundo recibiese la gracia fuera de la Iglesia, aunque fuese a través de Ella, ya no serían necesarios los misioneros. Nadie puede salvarse por la práctica de las falsas religiones o por medio de creencias contrarias a la doctrina de la Iglesia. Es imposible lograr la salvación por medio del error, a través de un camino opuesto al Espíritu Santo y a la Sabiduría de Dios y al medio que Dios ha escogido para salvarnos y que es esencialmente su Encarnación.
«La gracia y la Verdad, dice san Juan, vino por Jesucristo. A Dios nadie le vio jamás; Dios  Unigénito, que está en el seno del Padre, Ese le ha dado a conocer» (S. Jn. 1, 17-18).
Evidentemente este Hombre Dios constituye un gran misterio, pero es absolutamente necesario meditarlo, y conocer su realidad y su verdad, porque es toda nuestra fe, toda nuestra vida y la vida del  mundo. Nada sucede en el mundo que no esté dirigido a Nuestro Señor Jesucristo, sea en pro o en contra  suya, con o sin El. Nuestro Señor es la clave de todos los problemas, pues no hay uno solo al que Nuestro Señor sea indiferente. Los hombres pueden intentar hacer las cosas sin Nuestro Señor, pero les resulta imposible, pues Nuestro Señor está en todas partes . Está en todo, puesto que El lo ha creado todo. Todo está en sus manos. Todo es suyo, no hay nada fuera de El. Los hombres quieren evadirse de El, pero no pueden, porque todo es suyo.

«Todo lo que lleva el nombre de religiones, fuera de la única religión verdadera revelada por Dios, son invenciones de hombres y desviaciones de la Verdad, de las cuales algunas conservan ciertos vestigios pero unidos con mentiras y absurdos» (Catecismo de San Pío X).

Por su naturaleza divina. No podemos comprender nada de la historia de los hombres sin Nuestro Señor Jesucristo. Es absurdo pretender construir una historia de la humanidad sin El. Nuestro Señor se halla en el centro de la historia. Todo ha sido hecho por El y para El y la única felicidad de los hombres y de la humanidad es la de unirse a Nuestro Señor Jesucristo y vivir de Dios por medio de Nuestro Señor Jesucristo, ya que El es Dios. El nos ha dado los medios y vino para esto.  San Juan lo dice también en su primera epístola, que es también muy hermosa:
«Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos...»
San Juan no puede separar su espíritu de los momentos en los que tocó a Nuestro Señor, en los que reposó la cabeza sobre su pecho durante la última Cena. Está grabado en su vida y nunca olvidará esos instantes. Vivió hasta el fin de sus días pensando que había tenido el gozo extraordinario de tocar al Verbo de Dios.
«...porque la vida se ha manifestado y nosotros hemos visto y testificamos y os anunciamos la vida eterna que estaba en el Padre y se nos manifestó». Es maravilloso, en pocas palabras san Juan nos coloca ante la realidad: esta vida eterna, yo la he visto, la he tocado y os la comunico.
«Lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos a vosotros, a fin de que viváis también en comunión con nosotros y esta comunión nuestra es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto para que vuestro gozo sea colmado» (I Jn. 1, 3-4).
Sin duda, los Apóstoles fueron tomando conciencia de la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo de modo progresivo. En el momento de su Ascensión todavía se preguntaban cuándo iba a llegar el reino temporal de Nuestro Señor. ¿Qué idea se hacían de esta Persona que tenían enfrente? De hecho, no comprendieron el misterio de Nuestro Señor Jesucristo sino después de Pentecostés, después de la efusión del Espíritu Santo sobre ellos. En ese momento dedujeron las consecuencias, como aparece en sus escritos. Esto es lo admirable. Así se comprende lo que escribió San Juan en su primera epístola, en el 2ºcapítulo:
«No os escribo porque no conozcáis la verdad, sino porque la conocéis y sabéis que la mentira no procede de la verdad. ¿Quién es el embustero sino el que niega que Jesús es Cristo? Ese es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo el que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo tiene también al Padre. Lo que desde el principio habéis oído, procurad que permanezca en vosotros. Sien vosotros permanece lo que habéis oídodesde el principio, también vosotrospermaneceréis en el Hijo y en el Padre. Y ésta es la promesa que El nos hizo, la vida eterna» (I Jn. 2, 21-25).

Y añade un poquito después:
«Todo espíritu que confiese que Jesucristo ha venido en carne es de Dios; pero todo espíritu que no confiese a Jesús, ese no es de Dios...»

Está claro.
«...Es del anticristo, de quien habéis oído que está para llegar y que al presente se halla ya en el mundo» (I Jn. 4, 2-3).
Las afirmaciones de los apóstoles y de los evangelistas son muy precisas: los que afirmen la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo son de Dios; los que la nieguen, no son de Dios. Las consecuencias son terribles. Pensemos en este mundo que nos rodea, en toda la humanidad que vive hoy como en la que vivió ayer. En relación con Nuestro Señor Jesucristo y con su divinidad se decide todo para los hombres y como consecuencia su vida eterna.  Cf. Col. 1,16.
Por la naturaleza humana asumida por el Verbo, pero eso no impide que se trata de la Persona del Verbo.

CONTINUA…

EL PRINCIPIO DEL FIN DE LA OBRA DE MONS, MARCEL LEFEBVRE.(Continuación...)



II.  La Situación Antes del Preámbulo del 15 de Abril de 2012. 


Siguiendo la publicación del Motu Proprio Summorum Pontificum de 2007, y el levantamiento de las “excomuniones” de los cuatro obispos de la Sociedad en el 2009, y a pesar del hecho de que estos dos actos de Benedicto XVI fueron insuficientes y envenenados, Monseñor Fellay se apresuró a agradecer al Papa por estos “actos generosos” y eligió a hacer las reuniones doctrinales con Roma. Las reuniones entre los teólogos de Roma y los teólogos de la Sociedad tuvieron lugar del 27 de Octubre del 2009 al 11 de Abril del 2011. Estas discusiones doctrinales con Roma conciliar serían necesarias siempre que sirvieran para hacer que las autoridades comprendieran la gravedad de sus errores y así convencerlos de regresar a la Tradición. Las discusiones doctrinales, mismas que fueron justificadas por tratar de convertir a Roma, empezaron con una mala base: con un compromiso de los principios. La negativa de Roma para darnos adecuadamente las precondiciones establecidas por Monseñor Fellay en el 2007 y 2009 fueron la primera señal de que no deberíamos continuar.
¿Cuál fue la conclusión de estas reuniones? ¡No se sorprenda! Fue imposible llegar a una comprensión a nivel doctrinal.

Monseñor de Galarreta, presidente de la comisión teológica de la Sociedad, ha establecido claramente que estas discusiones han mostrado que las autoridades Romanas “no están listas para renunciar al Concilio Vaticano II”, que ellos quieren “traernos de vuelta a él”, y que quieren que regresemos para que la Sociedad pueda ser “útil” y solamente “para apoyar la renovación de la reforma en la continuidad”. (Albano, 7 Octubre 2011). El mismo Monseñor Fellay declaró públicamente lo mismo, “las discusiones manifestaron un profundo desacuerdo en casi todos los puntos que fueron abordados.” Así que, si al final de las discusiones doctrinales del 2011, Roma rehusó adherirse a las encíclicas que condenaron los errores modernos, condición esencial  exigida por Monseñor Lefebvre para cualquier acuerdo, ¿qué bien había en continuar? Pero, a pesar de este punto muerto, cinco meses después, el Cardenal Levada, Prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe, invitó a Monseñor Fellay y a sus dos asistentes a una reunión el 14 de Septiembre del 2011 para “hacer una evaluación sobre estas entrevistas” y  “para ver la perspectiva futura”. (CorUnum, no. 103).
El Cardenal  les envió una carta junto con:

1)  Una propuesta para un Preámbulo Doctrinal (PD) con  la Profesión de Fe y el  Juramento de Fidelidad de 1989; y

2) el proyecto para una posible regularización canónica de la Sociedad San Pío X. El Cardenal les dio un mes para “revelar la posición oficial de la Sociedad con respecto a esta documentación”. Les dijo que estaba  listo “para tomar en consideración todas las peticiones de  precisión o sugerencias destinadas a mejorar la calidad de los textos, excepto su sustancia”.  En otras palabras,  a pesar de cambios eventuales de detalles que se habían hecho, la Sociedad debe siempre aceptar lo esencial del Preámbulo propuesto por Roma el 14 de Septiembre de 2011. Debemos preguntarnos esto: Si Roma no deja “margen de maniobra” para modificar sustancialmente el texto del Preámbulo, ¿qué bien hay en continuar? Debemos también señalar que el Cardenal quiere ir más allá de las meras discusiones doctrinales y quiere seguir adelante y empezar a trabajar en un acuerdo práctico, es por eso la inclusión de algunos elementos para una regularización canónica de la Sociedad, elementos que, de paso, los miembros de la Sociedad nunca han visto.   En otras palabras, si la Sociedad acepta el “examen doctrinal”,  frente a frente con las autoridades Romanas, entonces tendrá derecho a una regularización canónica.  Para la Sociedad, en este momento, llegar a un acuerdo para continuar los diálogos con Roma cambiaría totalmente la situación entre los dos partidos:
-  Las discusiones doctrinales del 2009-2011, aunque las condiciones preliminares no se hayan cumplido debidamente, han establecido un pie entre la Sociedad y Roma, porque han estado discutiendo los puntos como entre  teólogos, “cara a cara”.

-  Por otro lado, en la nueva situación, es Roma quien tiene la sartén por el mango, quien ofrece los documentos para ser firmados, y sobre todo, quien decide, en el análisis final, si la Sociedad está ¡correcta o equivocada! En ese punto Monseñor Fellay tenía el deber de dar otra mirada a un segundo signo fuerte en las inaceptables demandas de Roma del 14 de Septiembre del 2011 y parar todas las negociaciones de ese tiempo, en lugar de eso, cometió dos errores serios de juicio, que más tarde serían fatales para él:  

 -A pesar del hecho que las discusiones doctrinales del 2009-2011 habían llegado a la conclusión de que la Sociedad no podía acordar con la Roma modernista, se fue a tratar de alcanzar una apariencia de un acuerdo doctrinal, un acuerdo destinado fatalmente a ser ambiguo, pues Roma había pedido que la sustancia del inaceptable texto del 14 de Septiembre 2011 debería permanecer sin alteración.
- Y desde ese momento aceptó entrar al dominio práctico con la perspectiva de una regularización canónica, sin un acuerdo doctrinal claro y sobre la base de un texto que él mismo había declarado malo. Como prueba de su ceguera, Monseñor Fellay aceptó las nuevas proposiciones de Roma y decidió ignorar el consejo de 1) Monseñor Lefebvre, 2) el Capítulo General de 2006, 3) los otros 3 obispos de la Sociedad, y 4) para rematar, contradecir sus propias declaraciones anteriores.

1)      Monseñor Fellay empezó por ignorar lo que Monseñor Lefebvre siempre había mantenido. El Arzobispo dijo después de las Consagraciones Episcopales de 1988: No aceptaré estar en la posición donde me pusieron durante el diálogo (de 1988).No más. Yo colocaré la discusión al nivel doctrinal: “¿Están de acuerdo con las grandes encíclicas de todos los papas que los precedieron? ¿Están de acuerdo con Quanta Curade Pío IX, Immortale Dei y Libertas de Leo XIII, Pascendide Pío X, Quas Primas de Pío XI, Humani Generis de Pío XII? ¿Están en completa comunión con estos Papas y con sus enseñanzas? ¿Aceptan el Juramento Antimodernista completo? ¿Están a favor del reinado social de Nuestro Señor Jesucristo? Si ustedes no aceptan la doctrina de sus predecesores, ¡es inútil hablar! Mientras que ustedes no acepten la corrección del Concilio, en consideración a la doctrina de estos Papas, sus predecesores, no es posible ningún diálogo. Es inútil.(Entrevista al Arzobispo Lefebvre, Fideliter, no. 66, Nov.-Dic. 1988.)  ¿Cuál es la “posición” durante los diálogos de 1988 en la cual el Arzobispo Lefebvre  no quería encontrarse a sí mismo? ¿Por qué,  de ahí en adelante él habló de exigirle a Roma un “plan doctrinal”, cuando el acuerdo de  1988 contenía una “declaración doctrinal”? Significa que en 1988 el Arzobispo Lefebvre fijó el siguiente principio: “cuando nos pidan adherirnos, al menos implícitamente, a los errores y reformas conciliares, depende de nosotros examinar la fidelidad doctrinal de las  autoridades de Roma, no al revés”.  Por lo tanto, sin una clara y genuina aceptación de las encíclicas mencionadas por Monseñor Lefebvre,  de parte de la Roma actual, “ningún diálogo es posible. ¡Es inútil!”  La razón principal es que, si el Arzobispo Lefebvre, después de haber tratado de llegar a un acuerdo práctico en 1988 sin haber resuelto el problema doctrinal, decidió parar todo, puesto que las diferencias con  Roma son sobre todo de una naturaleza doctrinal, así también, nosotros no debemos cometer un acuerdo práctico si el problema doctrinal no ha sido resuelto. Ahora, es evidente, que las autoridades romanas actuales no aceptan estas encíclicas que condenan los errores modernos. Y todavía peor, ¡los promueven y se jactan de ellos!

Además, en su carta al Papa Juan Pablo II, Monseñor Lefebvre dejó la misma condición: Las conversaciones y reuniones… nos persuadieron que el momento, para una franca y eficaz colaboración entre ambos, no ha llegado… Dada la negativa de considerar nuestras peticiones y, siendo evidente que el propósito de esta reconciliación no es en absoluto el mismo en los ojos de la Santa Sede que en los nuestros, creemos que es mejor esperar por tiempos más propicios para el regreso de Roma a la Tradición… Debemos continuar rezando para que la Roma moderna, infestada de modernismo, vuelva a ser Roma Católica y para que redescubra su bi-milenaria Tradición. Luego el problema de nuestra reconciliación ya no tendrá razón alguna para existir y la Iglesia experimentará una nueva juventud. (Carta de Monseñor Lefebvre al Papa Juan Pablo II; 2 de Junio de 1988) Antes de visualizar la “franca y eficaz colaboración” con Roma, debemos esperar por el “regreso de Roma a la Tradición.” Roma Modernista debe “ser otra vez” Católica adhiriéndose a los dos mil años de tradición de la Iglesia.  Ahora, si uno examina la carta del Cardenal Levada del 14 de Septiembre de 2011, hay dos partes: una doctrinal con Preámbulo para firmar y otra práctica con la regularización canónica. Así, Monseñor Fellay sabía perfectamente que si obtenía éxito en pasar el primer paso tendría que aceptar el otro. Uno (práctico) seguiría al otro (doctrinal). Pero aquí no se trataba de situar las discusiones en un “nivel doctrinal”, de las que habló Monseñor Lefebvre. Por el otro lado, ¡precisamente se trataba sobre omitir la condición doctrinal de la conversión de Roma! Especialmente, cuando Monseñor Fellat tuvo la evidencia de que las conclusiones, de las discusiones doctrinales de 2009-2011, mostraron que Roma no ha cambiado ni un ápice de sus errores doctrinales.  Si Roma continúa negándose a cambiar, a convertirse, ¿debemos continuar? No.
Pero Monseñor Fellay prefiere continuar, comprometiéndose a sí mismo a los prospectos de un acuerdo práctico y decidiendo a considerar las propuestas de la carta del Cardenal Levada. Entonces, ¿no es una seria imprudencia por parte de Monseñor Fellay no tener en consideración las advertencias de Monseñor Lefebvre? Monseñor Fellay actúa contrario a la virtud de la prudencia, que demanda el seguir siempre los consejos de hombres prudentes. Desafortunadamente, esta no será la única vez que Monseñor Fellay decida ignorar consejos prudentes.

2)      Después, Monseñor Fellay decide ignorar lo que el Capítulo General del 2006 claramente había decidido.

El Capítulo del 2006 aconsejó en contra de cualquier acuerdo práctico con Roma sin haber resuelto primero el problema doctrinal: El contacto hecho de vez en cuando con las autoridades en Roma no tienen otro propósito más que el de ayudarlos a abrazar otra vez la Tradición que la Iglesia no puede repudiar sin perder su identidad. El propósito no es para beneficiar a la Sociedad, ni para llegar a un acuerdo meramente imposible. Cuando la Tradición regrese en sí misma, “la reconciliación no será más un problema, y la Iglesia retornará a la vida.” (Declaración del Capítulo General de la FSSPX del 2006).
En esa declaración, el Capítulo 2006 sólo estaba siguiendo lo que Mons. Lefebvre había recomendado, lo que citaron con el mismo texto que mencionamos arriba. En una conferencia dada a sacerdotes del Distrito de Sudamérica en Octubre de 2012, Mons. Fellay rechazó desdeñosamente esta condición del Capítulo describiéndola como “impráctica”. Dijo que no había esperanza de resolver los problemas doctrinales del lado de Roma y que lo que podríamos esperar de ellos sólo sería el “poder de criticar las reformas.” Él afirmó que su posición es más “concreta” y “fácil de verificar” y que, al final, es “la misma” que la que tuvo en el Capítulo de 2006. 

¿Es verdad?

Es evidente que eso no es lo que se habló en el Capítulo 2006, porque ¡ambas maneras se oponen! Mons. Fellay está verdaderamente ridiculizando el Capítulo que explícitamente dijo que el “único objetivo” de los contactos con Roma era el de “ayudarlos a abrazar la Tradición”, eso es, ayudarlos a unirse a la Tradición. Actualmente, hay otro objetivo: Mons. Fellay habla de sólo obtener el “derecho de criticar” las reformas, nada más.  Esta nueva posición representa un considerable paso atrás, porque el sujeto de la petición ha cambiado totalmente: para el Capítulo 2006 es Roma quien debe cambiar; para Mons. Fellay en 2012, ya no es necesario el cambio para Roma (al menos, aún no… debe esperar por nuevas discusiones como para que Roma cambie).

Hoy en día, Mons. Fellay ruega a Roma el permiso para que la Sociedad critique los errores. Así, la Sociedad está en una posición inferior con Roma, cuando anteriormente la única cosa que el Capítulo 2006 demandaba era la conversión de Roma. Por lo tanto, el Capítulo 2006 y Mons. Fellay ya no hablan de la misma cosa.  Y aun suponiendo que Roma Liberal nos diera este “derecho de criticar”, debemos recordar que, desde 1988, ninguna comunidad Ecclesia Dei adflictaha podido poner en práctica el “derecho de criticar”, aun cuando ese derecho les ha sido prometido por Roma, a veces, en sus documentos de fundación.  Así que es claro: Mons. Fellay ignora totalmente esta condición expresada por el Capítulo de 2006, al cual él le debe obediencia pues está superior a él. Vemos en él, una vez más, desobediencia y una seria imprudencia.

3)      La carta de los tres Obispos de la Sociedad, Monseñores Williamson, Tissier de Mallerais y de Galarreta. Ellos escribieron una carta en común, advirtiendo a Mons. Fellay y a sus dos Asistentes sobre el mismo peligro: “Las discusiones doctrinales de 2009-2011 nos han probado que un acuerdo doctrinal con la Roma de hoy en día es imposible.” Los Obispos manifiestan “su formal oposición a cualquier tipo de acuerdo [práctico].” (Carta de los Tres Obispos a Mons. Fellay, 7 de Abril de 2012)
Está claro que sus tres hermanos en el Episcopado, sin querer imponer sobre Mons. Fellay una decisión, intentaron con toda caridad advertirle de las serias consecuencias de un acuerdo práctico con Roma, porque las pláticas doctrinales probaron que un acuerdo con Roma es imposible.
¿Cuál fue la respuesta de Mons. Fellay y los Padres N. Pfluger y A.M. Nély? En su carta hacen estas declaraciones horribles: “Nosotros no buscamos un acuerdo práctico. Eso es falso. Todo lo que hemos hecho es no rechazar a priori, como ustedes piden que hagamos, considerando el ofrecimiento del Papa. Por el bien común de la Sociedad, preferiríamos, por mucho, la presente solución del intermediario status quo, pero está claro que Roma ya no lo tolera más.”

Y luego: “No es realista exigir que todo esté resuelto antes de llegar a lo que ustedes llaman un acuerdo práctico.” (Respuesta de Mons. Fellay a los tres Obispos. 14 de Abril de 2012).
Aquí, Mons. Fellay no sólo rechaza las advertencias de los tres Obispos, sino  también las del Arzobispo Lefebvre, hechas en 1988; y las del Capítulo 2006, porque estas advertencias siguen la misma práctica y prudente línea.
En el primer párrafo, Mons. Fellay claramente sacrifica el bien común de la Sociedad para seguir las órdenes de Roma. El hecho de que “Roma ya no lo tolera más” no es un argumento válido, porque no estamos obligados a obedecer las órdenes del Papa, las cuales podrían dañar a la Sociedad, mientras él no se haya convertido.

El Arzobispo Lefebvre dijo (Fideliter; no.66) que él se negaría a hablar con Roma mientras ellos no aceptaran las encíclicas que condenan los errores modernos. Por lo tanto, mientras el Papa y la Curia sean de mala voluntad, no estamos obligados a obedecer sus órdenes sobre participar en pláticas y mucho menos a seguir las órdenes para hacer un acuerdo práctico; acuerdo que Mons. Lefebvre hizo dependiente de la conversión de las autoridades Romanas. Esto es particularmente grave por parte de Mons. Fellay, porque su primera obligación, en calidad de Superior General de la Sociedad, es la de preservar y cuidar del bien común de la Sociedad.

En el segundo párrafo, Mons. Fellay y sus Asistentes contradicen abiertamente a Mons. Lefebvre, quien, al contrario, por la falla del acuerdo práctico de 1988, aprendió la lección y no quiso repetir los mismos errores. Acaso, ¿Mons. Fellay piensa que es más realista y sabio que Mons. Lefebvre, el Capítulo General de 2006 y sus hermanos Obispos? ¿Por qué Mons. Fellay no escuchó a estas personas que sólo querían el bien para la Sociedad?
¡Uno no puede dejar de notar el lastimoso estado en el que Mons. Fellay y sus Asistentes han puesto a la Sociedad! Entonces, ¿quién ha pecado siendo “irrealista”, o por “idealismo”, sin mencionar “irresponsabilidad”, sino Mons. Fellay y sus Asistentes?

4) Finalmente, Monseñor Fellay se contradijo a sí mismo.

Justo antes de la junta del Capítulo de 2006, él se oponía a cualquier acuerdo práctico que no resolviera antes el problema doctrinal: En cualquier evento es imposible e inconcebible el pasar a la tercera etapa sin antes haber tenido éxito al exponer y corregir los principios en la raíz de la crisis.  Sin embargo, es obvio que no firmaremos un cualquier acuerdo hasta el momento en que las cosas se resuelvan en el nivel de los principios… no podemos permitir ambigüedades. Así que para resolver el problema, las autoridades Romanas tendrían que manifestar claramente y sin ambigüedades, que todo el mundo las vea, que sólo hay una forma de salir de la crisis, a saber, la de Iglesia redescubriendo plenamente su propia Tradición bi-milenaria. El día en que esta convicción sea clara para las autoridades Romanas, será el tiempo en que los acuerdos podrán fácilmente hacerse. (Entrevista con Mons. Fellay por el R.P. GrégoireCélier, Fideliter, Mayo-Junio de 2006).  Pero, desafortunadamente, “Fellay 2” de 2011 prevaleció sobre “Fellay 1” de 2006. Cinco años después él prefirió seguir la agenda impuesta por el Cardenal Levada.  Mons. Fellay va a pagar un precio alto por esta decisión porque, al final, no va a ganar el caso en el dominio doctrinal ni en el dominio práctico.

En el dominio doctrinal: en lugar de hacer que Roma retorne, fue él el que dio pasos atrás, dando graves concesiones con su vergonzosa Declaración Doctrinal. En el dominio práctico: terminó dividiendo la Sociedad, alienando una gran parte de ella, a las comunidades Tradicionalistas amigas y muchos de los fieles. Es todavía fuente de frustración para Mons. Fellay y sus cohortes el no alcanzar el muy deseado acuerdo práctico; por eso, ahora, él daría cualquier cosa por lograr que las negociaciones vuelvan a la mesa (véase respuesta a las objeciones).
Por lo tanto, este fue el espíritu que prevaleció en la mente de Mons. Fellay cuando recibió la carta del Cardenal Levada con sus nuevas propuestas, el 15 de Septiembre de 2011.
Ahora, vayamos a considerar el Preámbulo del 14 de Septiembre de 2011, presentado por Roma a Mons. Fellay, al cual había acordado no cambiar su sustancia.

CONTINUA...