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miércoles, 24 de febrero de 2016

IN PARASCEVE (el Viernes Santo) San Buenaventura


IN PARASCEVE  
(el Viernes Santo)

San Buenaventura.

Y miré, y vi que en el medio del solio y de los cuatro animales y en medio de los ancianos estaba un cordero como inmolado, el cual tenía siete cuernos. Apoc., [5,6).

1. La palabra propuesta es palabra angélica, palabra evangélica, palabra apostólica, palabra profética. Y en verdad, el bienaventurado San Juan, quien tales cosas escribió en el Apocalipsis, ángel era por su vida o trato, evangelista por su doctrina y predicación, por la vocación apóstol, por el oráculo profeta; de ahí se sigue también que en las palabras propuestas anunciaba, profetizaba, se adelantaba y evangelizaba el sacramento de nuestra refección, el sacrificio de nuestra redención, el santuario o trofeo de nuestra resurrección. Evangelizaba, pues, San Juan el misterio señalado de nuestra salvación de tres modos: como purísimo en el sacramento de la refección, como piadosísimo en el sacrificio de la redención, como potentísimo en el santuario o trofeo de la resurrección.

2. Por el cordero que estaba en pie se insinúa el sacramento de la refección purísima. Este es aquel cordero del cual predijo Isaías, 40,11: Sólo un pastor apacentará rebaño, recogerá con su brazo los corderillos…, y llevará él mismo las ovejas recién paridas. Vi, dice, al cordero que estaba en pie. En la inmolación del cordero se halla insinuado el sacrificio de la redención piadosísima al decir: como inmolado. En efecto, Cristo, para redimimos, fue conducido como oveja al matadero, y guardando silencio, sin abrir siquiera su boca, como el corderito que está mudo delante del que lo esquila, dice Isaías, 57,7. En los cuernos que ven las maquinaciones perversas del enemigo, se insinúa el santuario o trofeo de la resurrección potentísima: Vi, dice, al cordero que estaba como inmolado, el cual tenía siete cuernos y siete ojos, que son los [siete] espíritus de Dios. Estos cuernos son aquellos de los cuales decía Habacuc: El resplandecerá como la luz: en sus manos tendrá un poder: allí está escondida su fuerza. Cristo nos alimentó constantemente en el misterio de la cena, nos redimió piadosamente en el suplicio de la cruz, nos glorificó poderosamente en el trofeo de la resurrección. Miré, y vi en medio del solio y de los cuatro animales y en medio de los ancianos estaba un cordero, etc.

3. En primer lugar, pues, se describe, a tenor de lo anteriormente propuesto, el misterio de nuestra salvación con respecto al sacramento de la refección, (Eucaristía) en el cual Cristo nos alimenta constantemente, al decir: Vi, etc., en medio del solio, o sea en medio de la Iglesia. La Iglesia es el trono en el cual se sienta Cristo por la fe; aquella Jerusalén celeste es el trono donde reside Cristo por la visión gloriosa. Y, sin embargo, en la cena de hoy Cristo se halla sentado en medio de los cuatro animales y en medio de los ancianos, o sea en medio de la doctrina evangélica y mosaica. El cordero que está en pie; con razón se dice estar en pie: puesto que Cristo murió a causa de los sufrimientos de la pasión, pero jamás fue abatido por la culpa. Vi, dice, al cordero que estaba en pie, etc. Además, se ofrece a mi consideración tratar de esta cena como purísima y sumamente inmaculada en cuanto al convite, al modo de celebrado y al ornato de los convidados.

4. En lo que al lugar del convite se refiere, la pureza en sumo grado inmaculada se deja ver en la sinceridad de todos los que asisten a la celebración del mismo. Y en verdad, en este convite sacratísimo se realizaron prodigios de sinceridad: Cristo comensal, Cristo manjar, Cristo jerarca, Cristo servidor.


5. Que el Cordero, que es el propio Cristo, sea comensal en el convite del Cordero, lo declara San Juan en el Apocalipsis, 19,9, con estas palabras: Dichosos los que son convidados a la cena de las bodas del Cordero. En el convite de las bodas el primero entre los comensales es el esposo: Cristo es el esposo de la Iglesia, el inmaculado que tiene su esposa inmaculada, el único que tiene su esposa única: una es mi escogida, una sola es la paloma mía, una es la inmaculada mía, se dice en los Cánticos. Esta inmaculada fue tomada por Cristo como esposa por su sangre, y esto de tal manera que puede decir la Iglesia: Tú eres para mí un esposo de sangre. Con esta sangre blanqueó Cristo a la Iglesia, para que pudiera presentarse inmaculada en el convite inmaculado de ese sacramento altísimo. Son llegadas las bodas del Cordero, su esposa se ha puesto de gala, y se le ha dado que vista « de tela de lino finísimo, brillante y blanco, Apoc. 19,7-9. Adema, estableció el sacramento de la Eucaristía de un modo sacramental. De donde San Juan Crisóstomo dice: "El primero entre los que asisten al convite es Jesús, y tomó su sangre en la forma sacramental, a fin de que los demás no sintieran horror a beber la sangre"; de ahí tiene origen el dicho de San Agustín: "No hay cosa más puesta en razón que recibamos la semejanza de la sangre de Cristo en tal forma sin que sufra menoscabo la realidad de la misma". Así, pues, para evitar cierto horror causado por la sangre que mana de la herida, recibimos el sacramento en semejanza. Bañaste de óleo mi cabeza. ¡Y cuán excelente es el cáliz mío que embriaga Se dice excelente el cáliz del sacramento, porque Cristo tomó el sacramento, no a' modo de símbolo, sino como expresivo de la verdad. De este modo, pues, se nos presenta puro este convite por la pureza del comensal; Cristo, en efecto, es en él el cordero comensal.

6. Segundo, este sacramento sublime del convite se nos presenta también puro por la pureza del manjar, ya que éste, en el sacramento, es el mismo Cristo. Y ciertamente, es cosa maravillosa que uno mismo sea manjar y comensal, y, sin embargo, la realidad es ésta. En efecto, Cristo dijo: Mi carne verdaderamente es comida y mi Sangre verdaderamente es bebida. Es éste aquel pan del cual dice San Ambrosio: "Por el pan que recibimos en el misterio, yo entiendo aquel que fue formado en el seno de la Virgen por obra del Espíritu Santo y cocido por el fuego del dolor en el altar de la cruz; el pan, además, de los ángeles que fue hecho manjar de los hombres; de donde Cristo dice: Yo soy el pan vivo que bajé del cielo”. Es éste aquel alimento, inmaculado, del cual se lee en el Éxodo: Tome cada cual un cordero por cada familia y cada casa, Que si en alguna no fuese tanto el número de individuos que baste para comer el cordero, tomará de su vecino inmediato a su casa aquel número de personas que necesite para comerle. El cordero ha de ser si» defecto alguno, macho y primal, Este cordero representa a Cristo en el sacramento de la Eucaristía, que debe ser recibido en la comunión y en la caridad de la Iglesia. En significación de esto dice San Cipriano: "El cáliz del Señor no es solamente agua ni solamente vino, a no ser que se mezclen ambos; el cuerpo de Cristo no lo constituye la harina sola, a no ser que se unan ambos y en unión compacta formen un solo pan”.

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