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miércoles, 11 de julio de 2018

DEL PECADO Y CASTIGO DE LOS ANGELES, Q. 63, 64. STO. TOMAS DE AQUINO



2. ° EXISTENCIA DE LOS ÁNGELES MALOS

Los lugares bíblicos ya citados prueban abundantemente la existencia de los ángeles malos o demonios. Verdad es que en los libros más antiguos de la Biblia no' Sé hace expresa mención de los ángeles malos, y que los demonios son más mencionados y mejor conocidos, después de la cautividad.

Los exegetas católicos creen que Moisés no menciona ,expresamente y en términos propios a los ángeles malos para evitar la idolatría, pues, si hubiese hablado expresamente de ellos como de un ¡poder frente al poder de Dios, los hebreos los habrían adorado, como hacían todos los pueblos vecinos, cuya religión en su mayor parte consistía en magias y encantamientos, llegando a las mayores aberraciones y extravagancias, más bien, Moisés primero (Ex. 22, 18; Lev. 20, 6; Deut. 18, 9-11) y los demás autores sagrados después, repiten siempre con enconada insistencia la prohibición del culto a los ídolos, haciendo resaltar que Yavé es el único y verdadero Dios y que Tos dioses que adoran las gentes son mentira y vanidad. Véanse abundantes textos que hacen a este propósito, citados en el volumen 1 de esta edición de la SUMA (pp. 3'55-3'57)" y véase asimismo la cruda sátira contra el culto de los ídolos que se lee en el último capítulo del libro de Baruc, en el que se contiene la carta de Jeremías a los que habían sido llevados cautivos a Babilonia (Bar. 6, 1-72).
En el Nuevo, Testamento es San Pablo el que con admirable y gráfica concisión dice: ¿Qué digo, pues? ¿Que las carnes sacrificas a los ídolos son algo? Antes bien digo que lo que sacrifican los gentiles, a los demonios y no a Dios lo sacrifican. Y no quiero yo que vosotros tengáis parte con los demonios. No podéis beber el cáliz del Seño y el cáliz de los demonios (1 -Cor, 10, 19-21).    

La existencia de los ángeles malos está afirmada en los líbros sagrados en los 'casos siguientes:

a) Bajo la forma de serpiente a los primeros padres. Ya en el Génesis (3, 1 s.) Moisés hace mención de cierto poder maléfico y espíritu malo; pues, como observa el P. Lagrange, O. P. (L'mmocenice et le péohé, "'Revue Biblíque", 1897, t. 6, pp. 350, 365:366), la serpiente del paraíso, en la tentación de nuestros primeros padres, por su manera de obrar demuestra, sin duda, la existencia de un ser superior, espiritual e invisible, al cual más tarde se llamará demonio, que ha tomado la forma de ese animal y que obra por él incitando al mal. "No hay duda-dicen Nácar-Colunga-de que bajo éstas imágenes de subido realismo el autor mira al espíritu diabólico" (nota este pasaje en la versión: española de la Biblia, ed. de la BAC).

b) La guerra entre el demonio y el hombre -La enemistad entre el demonio y el hombre es perpetua, y es el diablo el que con sus ángeles aparece continuamente maquinando siempre contra el hombre, para hacerle caer en pecado por medio de tentaciones y tribulaciones.     

Él es quien, cara a cara con Dios, en Job prueba la paciencia de éste (Job. 1,6-9. 12; 2, 1-4. 6-7): “vino también entre ellos (los hijos de Dios) Satán”; el que tienta a David, pues se dice: Alzóse Satán contra Israel e incito a David a hacer el censo de Israel (1 Par. 21, 1); Y también el que aparece en Zacarías junto al sumo sacerdote, acusándole (Zach. 3, 1-2) también él da la muerte a los siete maridos de Sara (Tob, 3, 8) Y es ahuyentado por el joven Tobías siguiendo las instrucciones del arcángel Rafael (Tob. 6, 8 . 14-15. 17; 8, 3).
Del demonio se lee en el libro de la Sabiduría: Por envidia del diablo, entro la muerte al mundo y la experimentan los que le pertenecen. (Sap, 2, 24).      '.

En el Evangelio, según las enseñanzas de Jesús, el diablo es el maligno que en la parábola del sembrador arrebata del corazón de los hombres la palabra de Dios que en ellos se había sembrado _(13, 19; Mc. 4, 15; Lc. 8, 12), y en la parábola de la cizaña, que son los hijos del maligno, en enemigo que siembra es el diablo (M.L 13, 38-39), de quien Cristo dice al Príncipe de los Apóstoles: Simón, Simón Satanás os  busca paro echaros como trigo (Lc. 22, 31), y de quien el mismo Pedro dice más tarde a Ananías: ¿Por qué se ha apoderado Satanás de tu corazón, moviéndote a engañar al Espíritu Santo? (Act. 5, 3).

Tiene sus doctrinas perversas, a las que el Apóstol llama espíritu del error y enseñanzas del demonio (1 Tim. 4, 1), con las cuales, como dios de este mundo, ciega las inteligencias de los, hombres para que no brille en ellos la luz del Evangelio (2 Cor. 4, 4); doctrinas que propala mediante falsos apóstoles y obreros engañosos que se disfrazan de apóstoles de Cristo y no es maravilla, pues el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz (2 Coro 11, 13-14), tentando a los fieles de incontinencia (1. Coro 7, 5) Y de ira (Eph.4, 27).

Aludiendo al dominios que ejercen sobre los pecadores y para que los fieles de Éfeso mejor estimen lo que ahora son, les recuerda San Pablo lo que antes fueron: “Y vosotros estabais muertos por vuestros delitos y pecados, en los que en otros tiempos habéis vivido, siguiendo el espíritu de este mundo, bajo el príncipe de las potestades aéreas” (Eph. 2, 1. 2), de cuyos lazos se libran por el arrepentimiento y reconocimiento de la verdad (2 Tim. 2, 25-26).
Señalando las cualidades que ha de, tener el obispo, dice el mismo San Pablo: No neófito, no sea que, hinchado, venga a incurrir en el juicio del diablo. Conviene asimismo que tenga buena fama ante los de fuera, porque no caiga en infamia y en las redes del diablo (Cor. 5, 5;1 Tim. 1, 20).

c) Cómo ha de conducirse el hombre en esa lucha con el demonio para vencerle. _El mismo Apóstol de las gentes advierte a los Romanos: quiero que seáis prudentes para, el bien, sencillos para el mal y el Dios de la paz aplastará pronto a Satán bajo vuestros pies (Rom. 16, 19-20). Y a los de Éfeso les dice: Vestíos de toda, la armadura de Dios para que podáis resistir a las insidias del diablo... embarazad en todo momento el escudo de la fe, con el que Podáis hacer inútiles los dardos encendidos del maligno (Eph. 6, 11. 16).
A los de Corinto escribe: Y al que vosotras al que perdonéis también le perdono yo...  para no ser víctimas de los ardides de Satanás) ya que no ignoramos sus propósitos (2 Coro 2, 10-11)
También el apóstol Santiago ordena: Someteos, pues a Dios y resistid al diablo y huirá de vosotros (Iac, 4, 7).
Y el Príncipe de los Apóstoles advierte: Estad alerta y velad, que vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda rondando y busca a quien devorar, al cual resistiréis firmes en la fe (1 Petr. 5, 8-9).

d) Lucha entre los ángeles buenos y malos