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domingo, 30 de julio de 2017

EL CORAZÓN ADMIRABLE DE LA MADRE DE DIOS


§ 3. SISMOLOGÍA MARIANA

Pero sobre todo, este Padre celestial ha deseado ponernos delante de nuestros ojos muchas bellas figuras y maravillosas representaciones de su santísimo Corazón; muchas digo, de tal manera, para hacernos ver cuán caro y precioso le es este amabilísimo Corazón por las rarezas, perfecciones y maravillas de que está lleno.
¿Dónde están estas figuras o estas representaciones de este Corazón admirable de la Madre del amor hermoso? De entre un gran número de ellas, veo doce excelentísimas: seis en las principales partes del mundo, es decir, en el cielo; en el sol; en la tierra; en esta fuente que regaba toda la tierra, de la cual se ha hecho mención en el capítulo segundo del Génesis; en el mar; y en el paraíso terrestre: y las otras seis en seis cosas las considerables que se han visto en este mundo, desde el tiempo de Moisés hasta Nuestro Señor Jesucristo; es decir, en la zarza ardiendo que Moisés vio sobre la montaña de Horeb; en el arpa misteriosa del rey David, de la que se hace mención en tantos lugares de las divinas Escrituras; en el trono magnífico de Salomón; en el templo maravilloso de Jerusalén; en este horno prodigioso del que se habla en el capítulo tercero de Daniel; y en la santa montaña del Calvario.
He aquí doce hermosas representaciones del Corazón augustísimo de la Reina del cielo. Vamos a verlas y considerarlas una tras otra, para animarnos a bendecir y alabar la mano del divino pintor que las ha hecho, a reverenciar y admirar las raras perfecciones del prototipo de los cuales ellas no son más que las imágenes, y a concebir una alta estima de la devoción a este sacratísimo - Corazón de la Madre de Dios, como de una devoción solidísima y fundadísima, y cuyo primer fundamento y el primer origen es el Corazón adorable del Padre eterno que nos ha dado estos retratos*.
* De una vez para siempre queremos llamar la atención del lector para que no se deje llevar excesivamente por esta «tipología» y «simbología» eudista; éstas no hacen más que recubrir un contenido doctrinal muy teológico.

CAPÍTULO II
El Corazón de María es un cielo
La primera representación que el Padre eterno nos ha dado del Corazón incomparable de la Hija bien amada de su Corazón es el cielo. Porque este Corazón purísimo es un verdadero cielo, del que los cielos que están sobre nuestras cabezas no son más que sombra y figura. Es un cielo que está levantado por encima de todos los otros cielos. Es este cielo del que el Espíritu Santo habla, cuando dice que el Salvador del mundo ha salido de un cielo que sobrepasa en excelencia a todos los otros cielos, para venir a realizar en la tierra la salvación del universo. Porque formado en el Corazón de esta Madre admirable antes de concebido en sus entrañas, como lo veremos en otro lugar, se puede decir que después de haber estado oculto algún tiempo en este mismo Corazón, como ha estado desde toda la eternidad en el de su Padre, ha salido de allí para manifestarse a los hombres. Pero, así como ha salido del cielo y del seno de su Padre, sin apartarse de él, as¡ también el Corazón de su Madre es un cielo del cual ha salido de tal manera que ha permanecido siempre allí, y permanecerá eternamente.
San Juan Crisóstomo (1), haciendo el elogio del corazón de San Pablo, no teme decir que es un cielo. ¿Cuánto más se puede atribuir al Corazón todo celestial de la Reina de los Apóstoles? El cielo es llamado por excelencia la obra de las manos de Dios; pero el Corazón de la divina María es una obra maestra sin igual de su omnipotencia, de su sabiduría incomprensible y de su bondad infinita.
§ 1. INHABITACIÓN
Dios ha hecho el cielo para establecer allí especialmente la morada de su divina Majestad. Es verdad que llena el cielo y la tierra de su divinidad; pero mucho más el cielo que la tierra; porque es allí donde ha establecido la plenitud de su grandeza, de su poder y de su magnificencia divina. También se puede decir verdaderamente que el Corazón de la sacratísima Madre de Dios es el verdadero cielo de la Divinidad, de los divinos atributos, y de la Santísima Trinidad, en la cual la divina Esencia, con todas sus divinas perfecciones, y las tres Personas eternas han hecho siempre su morada de una manera admirable.
Oigo la voz de un Soberano Pontífice (2) que pronuncia que la plenitud de la Divinidad ha hecho su morada en el cuerpo sagrado y en las benditas entrañas de esta Virgen Madre.. Oigo también a un santo Cardenal (3) que habla el mismo lenguaje: María es como un cielo que ha merecido ser el santuario de la plenitud de toda la Divinidad. Porque toda la plenitud de. la Divinidad ha hecho su morada en el cuerpo adorable de Jesucristo, y por consiguiente en el cuerpo virginal de su divina Madre, mientras, en él moró por espacio de nueve meses. Ahora bien, si toda la plenitud de la Divinidad ha morado en el cuerpo santo de la Madre del Redentor durante nueve meses, ¿quién puede dudar que toda la plenitud de la Divinidad ha hecho, también su morada en su divino Corazón, durante este mismo tiempo; puesto que Ella no, residía en su cuerpo sino porque vivía y reinaba antes en su Corazón? ¿Pero quién puede dudar que toda la plenitud de la Divinidad no ha morado siempre en su Corazón admirable como en un cielo, no solamente durante estos nueve meses, sino siempre, tanto después como antes, puesto que Jesús, saliendo de las entrañas de María, ha morado siempre en su Corazón, como acabamos de decir, y morará eternamente?
¿No oís que dicen: Si alguno me ama, guardará m¡ palabra, m¡ Padre le amará y nosotros vendremos a él (es decir, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo) y haremos en él nuestra morada, es decir en su corazón y en su alma? (4).
Ahora bien... ¿no confesaréis que nunca nadie ha amado tanto a Jesús como María, y -que nadie ha seguido tan fielmente sus divinas palabras? Reconoced, pues, que su Corazón es un cielo, en el cual la Santísima Trinidad ha tenido siempre su residencia, y de una manera más digna y más excelente que en todos los .otros corazones que aman a Dios. Todo este gran universo es como la casa de Dios. Y como el primer templo que ha edificado él mismo para ser adorado, alabado y glorificado por todas las criaturas de diversas maneras: i Oh Israel, exclama un profeta qué grande es la casa -de Dios, y qué vasto y extenso es el lugar del que Dios ha tomado posesión para hacer su morada! (5). Ahora bien, la parte más santa de esta casa de Dios, y el lugar más sagrado de este templo, es el cielo, que es el santuario. Mirad desde vuestro santuario, y desde lo más alto de los cielos en que tenéis vuestra morada. De aquí viene que el cielo es llamado, en las divinas Escrituras, el lugar santo de Dios (6).
§ 2. SANTIDAD
Pero no temo decir que el Corazón de la santísima Virgen es un cielo mucho más santo, y en el que Dios hace su morada más santamente que en este primer cielo. Porque sé por la divina palabra que los cielos no son puros delante de los ojos de Dios; pero me atrevo a decir con San Anselmo (7), "que el Corazón de la Reina de los ángeles es tan puro, que después de la divina pureza, no se puede concebir una más grande". Los cielos han sido manchados por el pecado del soberbio Lucifer, y de los ángeles réprobos, pero jamás ningún pecado, ni original ni actual, ha tenido entrada en el Corazón Inmaculado de la humildísima María.
Aunque Dios sea el soberano Monarca del cielo y de la tierra, no reina por tanto absolutamente y perfectamente más que en el cielo: Es aquí donde ha puesto el trono de su imperio, dice el Hijo de Dios (8). Por esto el cielo se llama, Según la divina palabra, «reino de Dios» "regnum Dei", reino de los cielos, "regnum caelorum"; porque Dios vive allí soberanamente.
Pero nadie puede dudar que él reine más magníficamente en el Corazón de la Reina del cielo.
Porque, además de que no ha reinado siempre perfectamente en el cielo la rebelión de los ángeles apóstatas se lo impidió, y de que su imperio ha sido siempre absoluto y sin obstáculo en este Corazón virginal; es cosa mucho más gloriosa a su divina majestad reinar en el Corazón de la que es la soberana Emperatriz de todo el mundo, y que sobrepasa en dignidad, en santidad y potencia todo lo que hay de grande y de santo en el universo, que reinar en todos los corazones de los hombres y de los ángeles.
§ 3. GLORIA
La santa Iglesia hace resonar todos los días por toda la tierra este divino cántico en alabanza de la Santísima Trinidad: "Sanctus, sanctus, sanctus Dominus Deus Sabaoth. Santo, santo, santo Señor Dios de los ejércitos. Los cielos y la tierra están llenos de la majestad de vuestra gloria". Esta gloria, sin embargo, no brilla ni aparece tanto en la tierra como en el cielo; porque es aquí donde Dios manifiesta claramente su gloria y su grandeza.
Pero yo proclamo que el Corazón de la Madre del amor es un cielo más lleno de majestad de la gloria de Dios que todos los cielos. Sí, es un cielo en el que Dios ha sido, es y será eternamente adorado, alabado y glorificado más santamente y más perfectamente que en todas las criaturas que están en la tierra y en el cielo, porque esta preciosísima Virgen le ha adorado siempre, alabado y glorificado según toda la extensión de gracia que habla en su alma y en su Corazón.
Ahora bien, la gracia que le ha sido dada desde el momento de su Concepción era más excelente, según muchos grandes doctores, que toda otra gracia que ha sido siempre comunicada, sea al Ángel en el cielo, sea al hombre en la tierra.