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miércoles, 21 de junio de 2017

NACIMIENTO, GRANDEZA, DECADEDENCIA, DE LA NACION MEJICANA .


AURELIO ACEVEDO, GENERAL CRISTERO EN VALPARAISO ZACATECASA

LOS CRISTERO

 

Mons. Antonio Guízar Valencia, Arzobispo de Chihuahua, impidió uno de los más importantes y mejor organizados levantamientos armados. Con un celo digno de mejor causa, recorrió su diócesis predicando la paz, ordenando disolver los grupos armados y terminar con todos los preparativos de levantamientos paramilitares.

Siendo Chihuahua región fronteriza con los Estados Unidos hubiese sido un estimulo para los levantamientos en las vecinas regiones también fronterizas, y quizá mayores posibilidades de obtener algunos pertrechos de guerra a través de tan extensa frontera.

Además, estando Chihuahua muy alejada del principal teatro de operaciones de Jalisco, Colima, Michoacán, Guanajuato y Querétaro, hubiera obligado a la tiranía a una gran división y dispersión de sus fuerzas.

"El obispo de Chihuahua, Antonio Guízar y Valencia, fue más lejos al condenar abiertamente a los cristeros. Estaba preparado un levantamiento en el estado, uno de los mejor organizados por la Liga, que había obtenido en él resultados espectaculares, haciendo retroceder al gobierno local... Antiguos soldados de Pancho Villa estaban dispuestos a tomar de nuevo las armas, pero Mons. Guízar, en enero de 1927, prohibió formalmente el levantamiento, blandiendo incluso la amenaza de excomunión.

"Mons. Guízar ganó con ello la estimación del gobierno y desempeñó así un papel muy importante en el Vaticano... Mons. Guízar saludaba en Portes Gil a un nuevo Constantino. Junto con Mons. Corona, Banegas y Fulcheri, había felicitado al presidente Portes Gil por haber escapado a un atentado cristero en febrero de 1929. Había invitado también a los sacerdotes a suscribirse ante las autoridades, y con fecha del 21 de marzo, 5 obispos Y 1,662 sacerdotes habían seguido su consejo.

"Mons. Plasencia, obispo de Zacatecas, no fue tan lejos como su colega, pero amonestó severamente a los sacerdotes de Huejuquilla el Alto (Jalisco), que habían tenido la audacia de escribirle tomando la defensa de los cristeros...

"En Coahuila y en San Luis Potosí, todos los sacerdotes trataron de impedir los levantamientos... En Michoacán, Gorostieta se lamentaba de la fatídica labor de algunos malos sacerdotes. En este estado, la influencia pacifista del arzobispo de Morelia, Mons. Ruíz, y del obispo de Zamora, Mons. Fulcheri estimuló a los adversarios de los cristeros y disminuyó el número de sus partidarios... "En el Sur, Guerrero, Puebla y Oaxaca, la situación no era diferente ... Fue el clero el que apaciguó el levantamiento de Chilapa en agosto de 1926, y el que en Oaxaca y Puebla logró durante cerca de dos años, gracias a la cooperación local de autoridades opuestas a la persecución, impedir que la insurrección se propagara. Una semitolerancia que permitía la celebración de la misa convino al gobierno, al evitar levantamientos, y no pocos sacerdotes, en aquellas regiones aisladas, resultaron cismáticos sin saberlo, desde el momento en que no respetaban la suspensión de los cultos.

"En Oaxaca, Mons. Othón Núñez y Zárate había impedido en 1926 al antiguo general federal González que se sublevara en Juchitlan, y después, juzgando la guerra inútil y perjudicial, combatió por todos los medios a los cristeros. Sus sacerdotes, con excepción de dos o tres, compartieron esta hostilidad, mientras que algunos jóvenes seminaristas preferían abandonar el seminario antes de dejar de ayudar a los combatientes.

"No deja de ser interesante referir que el P. Dario Miranda, futuro cardenal y arzobispo de Méjico, encargado del Secretariado Social, prohibía en aquella época a sus miembros participar en la Liga y ayudar a los cristeras... "

Cuando L'Osservatore Romano, que representaba el sentir de la Santa Sede, había públicamente declarado en editorial: "No queda a las masas que no quieren someterse a la tiranía más que la rebeldía armada"; cuando el Comité Episcopal había afirmado también públicamente: “... No es un misterio para nadie que conozca la doctrina de la Iglesia y la autoridad unánime de los grandes doctores, que hay circunstancias en la vida de los pueblos en que es lícito a los ciudadanos defender por las armas los derechos legítimos que en vano han procurado poner a salvo por medios pacíficos"; y cuando como consecuencia de ello el Episcopado se había comprometido formalmente a no condenar el movimiento armado, que era lo menos que debía hacer, la conducta de los prelados antes mencionados fue absolutamente injustificable y reprobable. Restaba grandes posibilidades a los fines de la defensa armada, que sin esos obstáculos pudo haber sido aplastante, y fue una muy eficaz ayuda a la tiranía, con la cual prácticamente se aliaban en perjuicio de los supremos intereses de Dios, de la Patria y del pueblo. Es evidente que esa heroica cruzada sólo por la ayuda de Dios pudo extenderse y consolidarse, teniendo tan poderosos enemigos de distinto signo, a clase dirigente en general, salvo algunas heroicas y brillantes personalidades eclesiásticas y civiles que surgieron en el curso del conflicto reaccionando favorablemente, demostraba poco espíritu y nula capacidad. Daba palos de ciego y cometía grandes errores.

La L.ND.L.R. y la U'P, habían ido a la zaga de los acontecimientos y se encontraron frente a los espontáneos levantamientos armados sin un bien definido plan político y militar. En lo político a lo más que llegó el Comité Directivo de la Liga al hacerse cargo el General Gorostieta de la Suprema Jefatura Militar, fue:


"Al tomar la Capital de la República y restablecerse el orden en la Nación, se procedería a la reconstrucción política de la misma, conforme a los preceptos de la Constitución de 1857, expurgada de las Leyes de Reforma...

Faltaban los recursos de toda clase para la guerra y no había un jefe supremo ni personalidades de reconocida capacidad política y militar. Sin embargo era muy elevada la moral y grande el entusiasmo del pueblo:

"Para el pueblo, las cosas estaban claras: la paciencia, la penitencia y las oraciones de cinco meses no habían servido de nada, porque el corazón de Calles estaba endurecido. No hubo remedio, la defensa estalló en el mes de enero de 1927. Grupos de católicos de veras valientes se levantaron en armas contra el gobierno de Calles al grito de Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe, y madres hubo que lamentaban no tener hijos para mandarlos a la lucha. Otras que contaban con sólo un hijo con gusto lo despedían.

"A la lentitud poco convincente de la lucha civil, la población, con los nervios rotos por la suspensión del culto, se decidió al fin por la guerra...

Anacleto González Flores no podía esperar de ella sensatez o mesura, cuando los jefes de la U.P. eran los primeros en desobedecerle. Tuvo que abandonar su sueño de la revolución de lo eterno y de un pueblo de mártires que muere de rodillas, para seguir a los suyos que con delirio, exasperación y heroísmo corrían al combate. 11 31 Los cristeros, que espontáneamente habían comenzado a combatir y a costa de sangre y generoso esfuerzo arrebataban al adversario armas y municiones, tenían un ideal y un claro objetivo determinado y concretado en su grito de guerra: ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!, y un fino sentido de la situación y de la 858realidad política y militar. Su primer paso fue tomar la iniciativa y atacar al enemigo para hacerse de las armas, las municiones, y todos los recursos necesarios para vivir y combatir. En los territorios y municipios que conquistaban y que dominaban, constituían autoridades civiles tendiendo a la restauración de la legítima autoridad y del Estado Nacional Católico destruido por la Revolución.

Aurelio Acevedo y Vicente Viramontes, heroicos jefes cristeros y las autoridades instauradas por ellos mismos en regiones y municipios de Durango, Zacatecas y Jalisco, declaraban en diversos lugares y situaciones:

"Nuestro Movimiento Armado es un movimiento cristiano: luego todo en él debe conservar el mismo carácter. Es decir: soldados cristianos, oficiales cristianos, Jefes cristianos, Generales cristianos, procedimientos cristianos. Y en las regiones controladas, autoridades cristianas. Salirse de esta norma, sería tanto como pretender apagar un incendio con paja:

"I. El fin próximo de los movimientos anteriores fue derrocar al Gobierno de Díaz. II. El fin remoto fue introducir el socialismo en el orden político, económico, social, militar y religioso. III. El fin próximo del Movimiento actual es derrocar al Gobierno de Calles. IV. El fin remoto es establecer un Gobierno Cristiano que garantice el orden político, económico, social, militar y religioso.

"Y vosotros que habéis sido constituidos en dignidad, exclama el citado Coronel Viramontes, debéis ser como las antorchas que alumbren a las masas para conducidas al fin, que es el reinado de Cristo ...

"Se os ha confiado la guarda de los pueblos y la administración de la justicia. Y los pueblos que guardáis son de Cristo. Y la justicia que administráis es la Justicia de Cristo que es Justo por esencia ¿Habéis penetrado bien la alteza de vuestro encargo? ¿ Os habéis dado cuenta del fin para que os eligió el Soberano Rey? "En verdad, por ser la Epopeya Cristera un movimiento bélico más que cristiano Cristero, no sólo todos sus componentes, desde el Jefe Supremo hasta el último de sus soldados, conservaron su mismo carácter, sino que en las regiones por sus tropas controladas estableció autoridades cristeras y se esforzó en todo para que el País tuviera un Gobierno Católico.

"En el Estado de Michoacán llegaron a estar permanentemente en poder de los cristeros grandes regiones en las que se establecieron las correspondientes Autoridades Militares, Administrativas y Judiciales, y en el Estado de Jalisco fue tan grande el control ejercido por los soldados católicos que desde el 26 de abril de 1927 se nombró Gobernador Civil Provisional del mismo al abogado Miguel Gómez Loza, quien más tarde daría su vida luchando por defender el reinado temporal de Cristo...

"Y el Generalísimo Cristero Jesús Degollado Guisar, al asumir la Jefatura de la Guardia Nacional... decía en su Manifiesto a la Nación:


"Ninguno de los que luchamos nos hemos lanzado a las armas por ambiciones bastardas o personalismos. Estamos combatiendo porque pretendemos -y lo hemos de conseguir, ¡Vive Dios! restaurar en nuestra

Patria tan amada el reinado de Cristo. 1/ 32 Y lo mismo esencialmente pensaban y practicaban Luis Navarro Origel, Dionisio Eduardo Ochoa y demás generales, jefes y subordinados cristeros.

Era pues absurdo pensar en el apoyo, siquiera en la neutralidad de los Estados Unidos, potencia esencialmente revolucionaria desde su origen, en una guerra de sentido católico y patriótico que, en caso de triunfar, necesariamente tendería a reivindicar la real, y no sólo la nominal independencia y soberanía de Méjico, con todas sus consecuencias. Y era evidente por tanto que sostendrían a toda costa a la tirana revolucionaria pelele.

Sin embargo, y considerando la guerra cristera en su aspecto puramente militar y humano (pues con la ayuda de Dios y ese pueblo valiente, esforzado, decidido y bien conducido por la clase dirigente, todo era posible) existían muy serias probabilidades de éxito sino para derrocar a la tiranía, al menos para obligarla a derogar o reformar substancialmente la impía y anti mejicana Constitución.

Había una causa justa, grave y proporcionada a los males que la guerra ocasionaba, sentida profundamente por un pueblo capaz de los mayores y prolongados esfuerzos y sacrificios, y los jefes tanto militares como, políticos, habían empezado a surgir.
la conducta de los prelados antes mencionados fue absolutamente injustificable y reprobable, respecto a la guerra cristera:
 Mons. Antonio GÜZAR Y VALENCIA
 Mons. Ruiz y flores