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domingo, 30 de abril de 2017

DOMINGO II DESPUES DE PASCUA

EL BUEN PASTOR

Quince días después de los bautizos pascuales nos presenta la Iglesia a Cristo bajo la figura atrayente del pastor de nuestras almas. Luego de recordamos san Pedro, en la epístola, cuánto ha costado al Salvador traernos a su aprisco, a nosotros, ovejas errantes, nos cuenta el evangelio la maravillosa parábola en que Jesús se presenta a sí mismo como el buen pastor que conoce a cada, una de sus ovejas, da su vida por ellas y las defiende del lobo rapaz. El es el verdadero pastor, que realiza la profecía de Ezequiel, en donde se anuncia al Israel de la plenitud de los tiempos un pastor que libertará a su pueblo.
El aprisco de Cristo es la Iglesia. En su seno nos prodiga su vida por medio de los sacramentos; su palabra, por las enseñanzas que ella nos da, y todas las riquezas de su gracia para iluminar nuestro camino y sostener nuestros pasos en nuestra marcha hacia el cielo; por medio de ella ejerce cerca de nosotros el papel de único pastor. Colocado Pedro a la cabeza del rebaño, dio su vida por los que le estaban confiados, y después de él continuarán los ministerios sacerdotales manteniendo en la Iglesia la presencia que nunca fallará del verdadero pastor de las almas.

EPISTOLA II DE SAN PEDRO
Carísimos: Cristo también padeció por nosotros, dándoos ejemplo para que sigáis sus huellas.
El no cometió pecado alguno, ni se halló engaño en su lengua él, cuando le maldecían, no maldecía; cuando le atormentaban, no amenazaba, antes se ponía en manos del que le sentenciaba injustamente; él llevó la pena de nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, a fin de que muertos a los pecados, viviésemos para la justicia; por sus llagas fuisteis sanados. Andabais como ovejas descarriadas, mas ahora os habéis convertido al Pastor y custodio de vuestras almas.

EVANGELIO DE SAN JUAN (CAP. 10., 11-169
En aquel tiempo: Dijo Jesús a los fariseos: Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por sus ovejas. Pero el mercenario, el que no es pastor propio, como no son suyas las ovejas, en viendo venir al lobo, desampara las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y dispersa el rebaño; el mercenario huye, porque es asalariado y no tiene interés en las oveja. Yo soy el buen Pastor, y conozco mis ovejas, y las mías me conocen a mí, así como me conoce a mí mi Padre y yo conozco a mi Padre. Yo doy mi vida por mis ovejas. Tengo también otras  ovejas que no son de este aprisco, las cuales debo recoger; y oirán mi voz, y se hará un solo rebaño y un solo pastor.

Comentario de los santos Padres al Evangelio



(SAN AGUSTIN) El Señor nos descubre dos cosas, que nos había propuesto en cierto modo encubiertas.
Nosotros sabemos desde un principio que Él mismo es la puerta; ahora nos enseña que es pastor, por estas palabras: "Yo soy el buen pastor. Más arriba nos había dicho que el pastor entraba por la puerta: si, pues, Él mismo es la puerta, ¿cómo entra por sí mismo? Así como Él por sí mismo conoce al Padre y nosotros le conocemos por Él, de la misma manera Él entra en el redil por sí mismo y nosotros entramos allí por Él: nosotros, porque predicamos a Cristo entramos por la puerta; mas Cristo se predica a sí mismo; porque su predicación le muestra a Él mismo, muestra la luz y otras muchas cosas. Si aquellos que presiden la Iglesia, que son sus hijos, son pastores, ¿cómo es que no hay más que un solo pastor sino porque todos aquellos son miembros de un solo pastor? Y a la verdad el ser pastor lo concedió a los miembros suyos; pues Pedro es pastor, y los demás apóstoles Son pastores, y todos los buenos obispos pastores son; pero la prerrogativa de ser puerta no la concedió a ninguno de nosotros, la reservó para sí solo. No habría añadido a la palabra postor; la cualidad de bueno, si no hubiera pastores malos: ellos son ladrones y salteadores, o por lo menos mercenarios.
 (SAN GREGORIO.) El añade la manera de ser del pastor bueno, para que nosotros le imitemos. "El buen pastor da su vida por sus ovejas", Hizo lo que aconsejó; manifestó lo que mandó; dio su vida por sus ovejas, para hacer de su cuerpo y de su sangre un sacramento por nosotros y poder saciar con el alimento de su carne las ovejas que había rescatado.
Se nos puso delante el camino del desprecio de la muerte, que debemos seguir, y la forma divina a que debemos adaptamos. Lo primero que debemos hacer es repartir generosamente nuestros bienes entre sus ovejas, y lo último dar, si necesario fuera, hasta nuestra misma vida  por estas ovejas.
Pero el que no da sus bienes por las ovejas, ¿cómo ha de dar por ellas su propia alma?  
(SAN AGUSTIN.) Mas esto no lo hizo sólo Cristo; y sin embargo, si aquellos que lo hicieron son sus miembros. El fue el único que hizo estas cosas, porque Él lo pudo hacer sin ellos, pero ellos no pudieron hacerlo sin Él.
(SAN AGUSTÍN.) Sin embargo, todos los pastores fueron buenos, no solamente porque derramaron su sangre, sino porque la derramaron por las ovejas; pues no la derramaron por orgullo, sino por caridad. Entre los mismos herejes que por sus iniquidades y sus errores sufrieran algunos trabajos; se jactan con el nombre del martirio, cubriéndose con esta capa para robar más fácilmente, porque son lobos. No de todos aquellos que entregaron sus cuerpos al martirio debe decirse que derramaron su sangre por las ovejas, sino más bien contra las ovejas, pues dice el Apóstol: "Si entregare mi cuerpo para ser quemado y no tuviere caridad, nada me aprovecha (1 cor. 13, 3). ¿Cómo ha de tener siquiera una centella de caridad, aquel que formando parte de la comunión cristiana no ama la unidad? Recomendando el Señor esta unidad, no quiso sembrar muchos pastores, sino uno solo, diciendo: “Yo soy el buen pastor”
(San J. CRISISTOMO.) Hablaba; además, el Señor de su pasión, enseñando que  había venido al mundo por la salvación del hombre y no contra su voluntad.
Después vuelve a indicar las señales que distinguen al pastor del mercenario: "Mas el asalariado y que no es el pastor, del que no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye".
(SAN GREGORIO.) Hay muchos que con razón no merecen el nombre de pastor, porque prefieren la recompensa terrestre a las ovejas. No puede llamarse pastor, sino mercenario, aquel que apacienta las ovejas del Señor por una recompensa pasajero.
y no por un amor íntimo: es mercenario el que ocupa el lugar del pastor, pero no busca el bien de las almas, desea con ansia las comodidades de la tierra, y se alegra con los honores de la prelacía.
(SAN AGUSTIN.) Busca otra cosa en la Iglesia, no busca a Dios: pues si buscase a Dios sería casto, porque el esposo legítimo del alma es Dios. El que busca en Dios otra cosa fuera de Dios, no busca a Dios castamente…
(SAN GREGORIO.) Si es pastor o mercenario, no puede conocerse con verdad si falta ocasión; porque en tiempo de tranquilidad, lo mismo el verdadero pastor que el mercenario están solícitos vigilando su rebaño; pero cuando viene el lobo demuestra cada uno con qué espíritu velaba sobre el rebaño. (SAN AGUSTÍN.) El lobo es el diablo y los que le siguen; porque dicho está que vestidos de piel de ovejas," son dentro lobos rapaces, de aquí que el lobo coge a la oveja por la garganta; el diablo persuade el adulterio al alma fiel: debe rechazársele, pero rechazado, será enemigo, pondrá asechanzas, hará mal cuanto pudiera; te callas, no le increpas; has visto venir al lobo y has huido; permaneciste con el cuerpo y huiste con el ánimo, porque el alma se mueve por los sentimientos, ensanchándose con la alegría, constriñéndose por la tristeza, marchando por el deseo y huyendo por el temor.
(SAN GREGORIO.) El lobo se arroja también sobre las ovejas cuando un hombre injusto y ladrón oprime a los fieles y humildes: pero el que parecía pastor y no lo era, abandona las ovejas y huye, no atreviéndose a resistir a la injusticia en el momento en que ve el peligro, y huye, no mudando de lugar, sino dejando de acudir con el socorro. El mercenario no presta su auxilio en ninguno de estos peligros, y mientras busca sus comodidades exteriores deja que por abandono el rebaño sufra pérdidas interiores. "Pero el mercenario huye", etc., Una sola razón hay para que el asalariado huya, porque es asalariado; como si dijera: no puede mantenerse firme cuando están en peligro las ovejas el que gobierna, no por amor a ellas, sino por una ganancia terrenal, y por tanto, tiembla si se expone al peligro de perder lo único que ama.
(SAN AGUSTIN.) Si los Apóstoles fueron pastores y no mercenarios, ¡cómo es que huían cuando se veían perseguidos! Siguiendo el consejo del Señor: "Si os persiguieren, huid". Llamemos, que no faltará quien abra.
(SAN AGUSTIN.) Huyan, pues, de ciudad en ciudad, todos los siervos de Cristo, los ministros de su palabra y de su sacramento, (mando alguno de ellos en particular es buscado por sus perseguidores, a fin de que la Iglesia no sea abandonada por los que no son perseguidos del mismo modo. Pero cuando el peligro es común a todos, a obispos, a clérigos y seglares, los que están necesitados del auxilio de otros no sean abandonados por aquellos cuyos auxilios necesitan, o que todos pasen a sitios seguros, o que aquellos que tienen el deber de permanecer, no sean abandonados por los que tienen el sagrado ministerio de la Iglesia. Entonces es cuando los ministros de Cristo, a la vista de la persecución, deben huir de los lugares en donde no han dejado un pueblo que tenga necesidad de un ministerio, o cuando ese mismo ministerio, tan necesario, puede ser desempeñado por otros que no tienen el mismo motivo para huir. Pero cuando el pueblo permanece y los ministros huyen, ¿no es ésta una huída inexcusable de pastores mercenarios que no tienen cuidado alguno de las ovejas?
(CRISOSTOMO.) Más arriba el Señor dio a conocer a dos clases de amos malos: uno que roba, mata y saquea; otro que no impide el mal, dando a conocer.  
(SAN AGUSTIN.) Los pastores buenos se llaman puerta, portero, pastor y ovejas: y los malos; ladrones y salteadores, asalariados, lobo.
(SAN AGUSTÍN.) Debemos amar al pastor, precavernos del ladrón y tolerar al mercenario. El mercenario, en tanto es útil en cuanto no ve al lobo, al ladrón o al salteador, pues apenas le ve, huye.

(SAN AGUSTIN.) Ni se llamaría mercenario si no recibiese la paga de aquel a quien sirve. Los hijos esperan con paciencia la herencia del padre: el mercenario desea con ansia y con presteza la retribución temporal de su trabajo. Y sin embargo, unos y otros difunden la divina gloria de Cristo: el daño proviene del mal que hace, no del bien que dice: coged el racimo, huid de las espinas; porque a veces el racimo que nace de la vid está pendiente de las espinas. Así, muchos buscando en la Iglesia bienes temporales, predican a Cristo y por ellos es oída la voz de Cristo, y la siguen las ovejas.