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jueves, 30 de marzo de 2017

AVISOS ESPIRITVALES DE SANTA THERESA DE J E S V S.


ACUÉRDATE QUE NO TIENES MAS DE UN ALMA 
COMENTADOS
POR EL PADRE ALONSO DE ANDRADE

1.- Este aviso es del ESPÍRITU SANTO, en tantos lugares, que fuera larga materia repetidos. Valga por todos el del Eclesiástico:

ACUÉRDATE EN TODAS TUS OBRAS DE TUS POSTRIMERÍAS, y NO CAERÁS EN PECADO.
 Estas son Muerte, Juicio, Infierno y Gloria, cuya memoria será la triaca de tu alma, el freno de tus acciones, y el desengaño de tu vida; y ni el demonio te engañará, ni los deleites te cautivarán, ni las riquezas te cegarán, ni las honras te llevarán en pos de sí.
2.- Mas antes estarás firme y constante contra todos esos enemigos, que lo son declaradamente de tu alma; y, conociendo en lo que todo para, darás de mano a muchas cosas, vivirás libre para DIOS, en paz contigo, y alcanzarás gloriosas victorias.
3.- Acuérdate, no te olvides, porque el olvido de estas verdades infalibles es la perdición del mundo. Por él pecan los hijos de Adán, por él se endurecen en sus vicios, por él se resfrían los devotos, por él no viven con fervor los tibios; por él son cautivos de los bienes caducos de este mundo, por él no codician los eternos; por él pierden la paz del cuerpo y alma; por él andan ciegos y caen a cada paso, porque no contemplan más que lo presente, olvidados de lo por venir.
4.- Y así dice S. Bernardo: sé por experiencia que ninguno se puede salvar sin el conocimiento de sí mismo; y que la causa POR QUE TANTOS SE CONDENAN es el olvido de sí, de lo que son y en lo que han de parar; porque son un muladar de basura, concebidos en culpa, viven en pena, y rematan en la muerte, que es el fin de todos. Y el que tiene esta verdad delante de los ojos da de mano a todas las vanidades del mundo, y sólo cuida de lo eterno que le puede llevar a DIOS.
5.- Bien tenía tomado el pulso a esta doctrina S. Agustín, cuando afirmó que valía más el que conocía su flaqueza y en lo que para todo lo que brilla en el mundo, que el que conoce todas las propiedades de las plantas, las influencias de las estrellas, los movimientos de los cielos y cuanto hay en el orbe.
6.- Y, si no, dime ¿qué has ganado después de haber considerado las estrellas... y penetrado las calidades de todo lo criado, si de ti te olvidaste? Oye lo que dice el más sabio de los hombres, Salomón, a quien DIOS comunicó esos conocimientos, y la conclusión que de ello sacó fue que todo es vanidad de vanidades...

TANTO DAÑO QUE HACE EL OLVIDO DE ESTAS
VERDADES, CUANTO PROVECHO SU MEMORIA

7.- Conociendo, pues el demonio cuánto importa la memoria de esta verdad, ninguna cosa procura con más veras que borrarla de nuestro pensamiento, cegándonos los ojos, y haciéndonos olvidar lo que tanto importa, para que caigamos en pecado, y no aspiremos a lo eterno; porque no siente el corazón lo que los ojos no ven, ni pica la pimienta que no se masca, ni amarga la píldora que se traga entera, ni mueve el pecado que no se considera, ni la muerte, o el juicio de que no se hace memoria.
8.- Reparó S. Gregorio que a aquel Rico del Evangelio entonces le salteó la muerte, y le llamaron a cuentas, confiscándole sus bienes, precisamente esa noche, en que pensando en vivir, estaba echando sus trazas para muchos largos años: ¡Oh alma mía, decía, alégrate, que tienes copiosas riquezas para muchos años!
9.- Aún las postreras palabras no arrojaba de la boca, cuando
DIOS abrió la suya y le llamó a cuentas, diciéndole: “Necio! esta, noche te piden cuenta de tu alma, y lo que allegaste ¿para quién será? Añade aquí S. Gregorio: no sin misterio nos narra el Evangelista que sucedió esto de noche, porque estaba ciego y en tinieblas, sin ver ni considerar su fin, ni acordarse de DIOS, ni de la muerte, ni del juicio, ni del infierno a donde iba a arar antes, olvidado de todo esto, pensaba vivir largos años, raíz de perdición.
10.- ¡Oh lamentable olvido! ¡Oh perniciosa ceguedad la de los hombres, que los hace caer en tales despeñaderos! ¡Qué de ellos hay, acota S. Juan Crisóstomo, que, olvidados de su fin, sólo piensan en vivir, y, estando un paso de la sepultura, no se acuerdan de ella, echando trazas como éste para edificar suntuosos palacios, plantar amenos jardines, fructuosas viñas, situar gruesas rentas, fundar ricos mayorazgos. Hacen contratos, ordenan casamientos, entablan sus cosas con tantas y tan firmes raíces en este mundo, como si hubieran de ser eternos en él, y tan olvidados del otro, como si no le hubiera, o como si no hubieran de ir a él!
11.- Y al mejor tiempo, y plegue a DIOS no sea el peor, cuando más descuidados están les llaman a dar cuenta de su alma, y de toda la fábrica que levantaron en tierra, y la triste alma va sola y pobre por aquellas regiones no conocidas sin saber en qué parará, acompañada de sus culpas de sus malas obras, y atormentada de su mala conciencia. ¡Las riquezas se quedaron acá, y las goza quien no las ganó, y el desdichado que las afanó va a tener el infierno, por haberlas adquirido mal!
12.- ¡Oh locura de los hijos de Adán! ¡Oh ceguedad lamentable de los que sólo miran lo presente, sin cuidado de lo por venir!
13.- Acuérdate que tienes alma, y no tienes más de una, y que has de morir, y no más que una vez, y has de dar cuenta de tu vida en el Tribunal del Juez más recto que hubo, y que esta cuenta no se ha de dar 2 veces, sino una, y si ésa sale mal, no hay apelación ni tiempo de restaurarla, y que forzosamente te ha de caber una de dos suertes: o vivir para siempre con los Santos en el cielo, o morir eternamente con los demonios en el infierno.
14.- Carga el peso de la consideración sobre aquella ETERNIDAD; piensa una y mil veces cómo nunca se ha de acabar, como no ha de tener fin, ni ha de haber disminución, ni tregua, ni intermisión en el gozar de los buenos, ni en el penar de los malos; que como dice S. Agustín, no parece posible que se pueda compadecer creer esto, ser Cristiano y hombre de razón, y no temer, y prepararse para la muerte y cuenta que esperamos.
15.- Y así añade: los que no temen esto no solamente no son
Cristianos, pero ni hombres de razón; pues por esta sola debieran temer, creyendo que se ha de llegar aquel día, en que se han de hallar en aquel riguroso Tribunal, para dar cuenta de sí; y si tú te descuidas, es porque no lo consideras; por cuya razón te aviso que te acuerdes.
16.- Prueba bien esta verdad lo acontecido a Moisés, cuando con DIOS retirado en el monte pecó el pueblo y DIOS le mandó bajase a reducirle Baja, le dijo, presto porque ha pecado tu pueblo.
17.- Movióse a piedad Moisés, y rogó a Dios le perdonase, con tantas veras, que no salió de su presencia, hasta alcanzar el perdón; pero en llegando a su vista, y en viendo el ídolo, y las fiestas que hacían, se indignó de tal manera, que hizo pedazos las tablas de la Ley escritas con el dedo de DIOS, y derribó el ídolo, y le molió y se le dio a beber, y castigó a los culpados con tanto rigor, que pasó a cuchillo 22,000 de los plebeyos, sin otros muchos nobles.
18.- Donde se debe ponderar cuánta fuerza tiene la vista para mover el corazón; pues cuando Moisés estaba en el monte, aunque supo el pecado del pueblo no se movió a castigo, sino a perdón; pero en viéndole se airó de manera que no perdonó a los culpados, haciendo en ellos tan ejemplar castigo. Porque sepas cuánta verdad es que ojos ciegos no mueven al corazón; y, si tú no sientes las idolatrías, que cometes con las criaturas, y contigo mismo, es porque estás ciego para verlas.
19.- Y que, si no lloras la perdición de tu alma es porque no la
consideras; y que, si no remedias el incendio en que se abrasa, ni previenes las penas que la amenazan, es porque las tienes olvidadas; que, si las tuvieras presentes, y meditaras a menudo en la muerte, por donde has de pasar, en la cuenta que has de dar, y en las penas del infierno, adonde puedes caer, y mereces por tus culpas, sin duda que vivieras con temor, y que oyeras y sintieras los clamores de tu alma, a quien tienes cautiva en obscuro calabozo de olvido, enajenado con solo lo visible, cuya afición se ha apoderado de todos tus sentidos; porque, conociendo el demonio que todo tu bien consiste en tener presente tu fin, ninguna cosa procura con más veras que olvidarte de él, ocupando tu memoria con lo caduco y perecedero.