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martes, 28 de febrero de 2017

NACIMIENTO, GRANDEZA, DECADENCIA Y RUINA DE LA NACIÓN MEXICANA





LOS CRISTEROS

La noche del 22 de febrero de 1925, un grupo de cien hombres asaltó y se apoderó de la parroquia de La Santa Cruz de la Soledad de la Ciudad de México, entregándosela a Pérez, nombrado "Patriarca de la Iglesia Mejicana", y a Monge, designado Cura Párroco de la misma. Pronto se difundió por el barrio la noticia del asalto, y al día siguiente, domingo, una multitud airada se congregó a las puertas de la parroquia, y al abrirse penetró tumultuariamente protestando de manera que, tanto Pérez como Monge, quien se disponía a celebrar el Santo Sacrificio de la Misa, no obstante estar protegidos por los mismos asaltantes, tuvieron que encerrarse en la sacristía para escapar a las iras de la multitud. Acudió la policía montada y los bomberos para sofocar el motín sin conseguirlo. Llegaron fuerzas armadas de refuerzo a las cuales también atacó la multitud que se encontraba fuera, valiéndose para ello de las piedras que levantó del pavimento de la calle. El pueblo se impuso a costa de un muerto y numerosos heridos. El templo fue cerrado al culto.
Los capitalinos se dispusieron a la defensa de sus templos, fracasando los intentos de apoderarse de Santo Tomás, San Hipólito, Loreto, La Inmaculada Concepción, Santa Ana, San Pablo, Santa Catarina, y algunos otros.
La gloriosa A. C. J. M. (Asociación Católica de la Juventud Mejicana), con algunas armas se hizo cargo de la permanente custodia de la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe. Ante una alarma, se tocaron a rebato las campanas, acudiendo en breves minutos una impresionante multitud armada de pistolas, cuchillos, garrotes, y las más diversas armas.
También en la ciudad de Aguascalientes se intentó apoderarse del templo de San Marcos. La defensa del mismo se hizo a costa de varios muertos y numerosos heridos.
"Según las previsiones de Mons. Ruíz y Flores, el pueblo cristiano se inquietó y comenzó a custodiar sus iglesias. Fue una movilización espontánea que nadie sabía a dónde podría conducir.
"El 27 de febrero, Nahum Toquiantzi, en nombre de los católicos de Santa Ana Chiautempan, escribía al Presidente de La República preguntándole si era cierto que el gobierno había tomado una iglesia y tenía el propósito de tomar la Basílica (sic), es decir el santuario de la Virgen de Guadalupe. Le comunicaba que aquí ya se están preparando para defender los templos con armas de fuego muchas personas, ya cuento con más de 3,000 hombres y creo que de mujeres es el número más grande y por todos serian unos 7,000... Primero muertos que dejar perseguir al clero."  
"El arzobispo de Méjico Mons. José Mora y del Río, no podía pasar en silencio tan graves acontecimientos y, en memorable edicto del 25 de febrero, declaró al final:
'No podemos callar ante el escándalo ni ocultar el dolor de nuestra alma ante la prevaricación de dos mal aconsejados sacerdotes, que desconociendo la suprema autoridad del Romano Pontífice, Vicario de Cristo en la Tierra, apostatan precipitándose en el abismo del cisma y la herejía. Ni podemos permanecer mudos frente a la profanación de un tempo, del que, apoderándose por la fuerza, arrojaron a su pastor legítimo y a los sacerdotes que le ayudaban en la administración parroquial...No, no tememos al cisma, porque no dudamos ni por un momento de la fidelidad y sumisión de todos los católicos mejicanos y de todo nuestro clero a la Silla de Pedro, al Supremo Pastor de la Iglesia Católica, Apostólica, Romana, una y santa. Y hasta creemos que este mismo triste acontecimiento servirá para encender más la inquebrantable adhesión al Romano Pontífice... 
"El día 28, es decir, a los tres días de publicado el edicto anterior, aparecieron en El Universal las declaraciones del Padre Monge, dando a conocer su repudio al movimiento separatista al que he cooperado desgraciadamente -decía- contra mis creencias y el gran respeto que guardo a su Santidad el Romano pontífice. Terminaba protestando su completa adhesión a la Iglesia Católica, Apostólica y Romana.
"Para evitar la venganza de los cismáticos, el padre Monge se oculto en la ciudad hasta que, poco tiempo después, pudo embarcarse furtivamente para España.
"El epílogo de este drama tuvo lugar en una cama del hospital de la Cruz Roja, en la ciudad de Méjico, el día 9 de octubre de 1931, fecha en que falleció aquel infeliz que no tuvo sosiego en su vida pero que, a las puertas de la muerte, busco y obtuvo la reconciliación de la Iglesia verdadera.
"Su retractación (del llamado "Patriarca Pérez") firmada de su puño y letra, y sellada con sus huellas digitales, dice así:
'Abjuro todos los errores en que he caído, sea contra la santa fe, sea contra la legítima autoridad de la Santa Iglesia Católica, Apostólica Romana, única verdadera. Me arrepiento de todos mis pecados y pido perdón a Dios, a mis prelados y a todos aquellos a quienes he escandalizado con mis errores y mi conducta. Protesto que quiero morir en el seno de la Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana, confiando en la bondad de Jesucristo N.S., y de mi Madre amorosa la Sma. Virgen de Guadalupe. Creo todo lo que la misma Santa Iglesia nos enseña y exhorto a todos a no apartarse de ella, porque es la única arca de salvación. Méjico, octubre 6 de 1931.'
La ejemplar fidelidad del Episcopado y del clero mejicano a la Silla de San Pedro, y la no menos ejemplar fidelidad y valiente y decidida actuación del pueblo, convirtieron el revolucionario intento de cisma en un rotundo fracaso.
Pero indignada la Revolución siguió más violenta y furiosa la persecución. Expulsión de sacerdotes extranjeros, confiscación de obispados, curatos, seminarios, hospitales, asilos y cierre de conventos. Ante la inminencia de la general y terrible ofensiva que se iba a lanzar contra la Iglesia Católica, consientes los católicos de su derecho y propia responsabilidad, se dispusieron para hacerle frente y resistir por todos los medios lícitos. El 14 de marzo de 1925, con el fin de dirigir y coordinar la acción de los seglares, con independencia de la Jerarquía Eclesiástica, se fundó en la Ciudad de Méjico la 1. N. D. 1. R. (Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa), de la cual se constituyeron en colaboradoras las organizaciones o sociedades en las cuales, con diversos y propios fines militaban los católicos, extendiéndose rápidamente por toda la Nación. Los distinguidos abogados, beneméritos veteranos de las luchas por Dios, por la Patria y por el Pueblo, don Rafael Cisneros y Villareal y don Miguel Palomar y Vizcarra, llegaron a ser Presidente y Vicepresidente, respectivamente, de la nueva organización nacional. La gloriosa A. C. J. M. (Asociación Católica de la Juventud Mejicana) se convirti6 en el brazo derecho de la misma, proporcionando valientes y preparados dirigentes, tanto para la acción cívica, como para la resistencia armada, dando un elevado contingente de héroes y de mártires.
Los fines u objetivos de la L. N. D. L. R. eran moderados y realistas. No pensaban de pronto, como legítimamente podrían hacerlo, al derrocamiento del régimen revolucionario, a toda luz ilegítimo, tanto de origen, como de ejercicio. Concretamente, aspiraban a la derogación de la legislación que atentaba grave y obstinadamente contra la legítima libertad de la Iglesia Católica, y contra los derechos y prerrogativas que le correspondían por ser, además de la única verdadera, fuera de la cual no hay salvación, principio constitutivo de la Nación mejicana, y profesada por la casi totalidad de los mejicanos. Así como también, la que atentaba, grave y obstinadamente, contra el superior y anterior derecho de la misma Iglesia, de la sociedad y de la familia, a la educación de la niñez y de la juventud. Sin embargo, sus dirigentes acabaron por ser considerados intransigentes en la misma Roma, predominando los partidarios de la conciliación a toda costa con la Revolución.
En los primeros días del mes de enero de 1926, y con el fin de aplicar íntegra y radicalmente la Constitución de 1917, se aprobó la ley reglamentaria de los Artículos 3° y 130 de la misma. Y el 14 de junio del mismo año, la Ley que reformaba el Código Penal para el Distrito y Territorios Federales sobre delitos del fuero común, y para toda la República sobre delitos en materia de culto religioso y disciplina externa, imponiendo, bajo la amenaza de cuantiosas multas y severas penas de reclusión, el cumplimiento de dichos impíos e impopulares Artículos de la Constitución, todo lo cual debía entrar en vigor el 31 de julio de 1926.
El diez de mayo con el fin de unificar el criterio de los Prelados, facilitar su acción común y conjunta en la resistencia, y para que los representara oficialmente, se constituyó en la misma Ciudad de Méjico, un Comité Episcopal presidido por el Ilmo. Arzobispo Primado de Méjico, Mons. José Mora y del Río. En agosto del siguiente año fue nombrada una Comisión de Obispos Mejicanos Re811sidentes en Roma, presidida por el Ilmo. Arzobispo de Durango, Mons. José María González y Valencia, con el fin de que fuera informador oficial e intermediario entre el Episcopado mejicano y la Santa Sede.
Según el Dr. Giovanni Hoyois, presidente general de la Asociación Católica de la Juventud Belga: "Mons. José María González y Valencia es quizá el más joven de los Arzobispos del mundo, todo en él res-pira iniciativa y confianza. La esbeltez de su talla y la elegancia de sus movimientos añaden todavía algo más a su prestigio. Es, visiblemente uno de esos jefes que Dios prepara a su Iglesia para los días de crisis... "
La Comisión de Obispos fue efusivamente recibida por Su Santidad Pío XI, a quien se informó:
"1. Con plena aprobación y autorización de todos y cada uno de los Ilustrísimos Señores Arzobispos y Obispos de la República, se constituyó en la Ciudad de Méjico un Comité Episcopal, integrado por el Ilmo. Sr. Arzobispo de Méjico, Dr. D. José Mora y del Río, como Presidente de los Ilmos. Sres. Arzobispos de Guadalajara, Michoacán, y Puebla de los Ángeles como Vocales, y el Ilmo. Sr. Obispo de Tabasco, Dr. D. Pascual Díaz, como Secretario. El objeto y fin de este Comité es deliberar concienzudamente sobre los asuntos relacionados con el Conflicto provocado por el Gobierno Civil, entre la Iglesia y el Estado en la Nación, y acordar la línea de conducta que debe seguirse en todas las Diócesis, de acuerdo con las instrucciones recibidas de la Santa Sede."
Su Santidad invitó a la Comisión de Obispos Mejicanos a que concurriera el 24 de mayo de 1927 a la celebración del Tercer Centenario de a fundación del Pontificio Colegio Urbano de Propaganda Fide, ceremonia presidida por el propio Papa, mismo que dijo el discurso de clausura, expresando al referirse a Méjico y dirigiéndose a los tres Obispos mejicanos.
"Méjico es un pueblo en que se habla la hermosa y dulce lengua de Santa Teresa y de San Juan de la Cruz. Es un pueblo noble, heroico y más y más glorioso que nunca, que está siendo la admiración y el ejemplo del mundo, por su constancia inquebrantable en la fe y en el amor a la Iglesia y a la Santa Sede. Saludo a los representantes del Episcopado Mejicano, y en Vosotros saludo a Vuestros dignos y heroicos Hermanos, al Clero y a los católicos de Méjico ya todos les doy mi Bendición."