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lunes, 14 de noviembre de 2016

TRATADO DE LOS ANGELES - SANTO TOMAS DE AQUINO

CUESTION 55
ART. II.
ALGUNAS NOCIONES
PREVIAS
(continuación)
 Naturaleza y origen de las especies inteligibles
Angélicas



Siguiendo nuestro método de exposición sobre el tema, expondremos primero la doctrina del doctor angélico y luego haremos un comentario sobre lo expuesto sobre Santo Tomas. El santo doctor se pregunta: “Si los ángeles entienden por medio de las especies tomadas de las cosas” A la cual responde: POR OTRA PARTE, dice Dionisio que los ángeles no toman de Dios su conocimiento de las cosas divisibles ni de las sensibles. RESPUESTA. Las especies por las cuales entienden los ángeles no están tomadas de las cosas, sino que les son connaturales. La razón es porque la distinción y orden entre las substancias espirituales se concibe en armonía con el orden y distinción, de las corporales. En éstas ocurre que los cuerpos supremos tienen la potencia de su naturaleza 'totalmente saturada por la forma, mientras que en los cuerpos inferiores la potencia de la materia no está totalmente saciada por la forma, sino que, bajo la acción de algún agente, adquieren unas veces una forma y otras veces otra. A su vez, las substancias intelectuales inferiores, esto es, las almas humanas, tienen la potencia intelectual naturalmente incompleta, que se va completando sucesivamente en virtud de' que toman de las, cosas especies inteligibles. Pero la potencia intelectiva de las substancias espirituales superiores, o sea la de los ángeles, está por naturaleza repleta de especies inteligibles, por cuanto posee especies inteligibles connaturales para entender todo lo que naturalmente puede conocer. Afín con el de los cuerpos, por cuanto son formas de cuerpos; por lo cual su mismo modo de ser les impone que obtengan Y esto mismo se echa de ver examinando el modo de ser de estas substancias. Las espirituales inferiores, o sea las almas, tienen un ser de los cuerpos y por los cuerpos su perfección intelectual, pues si no es para esto, en vano se unirían a 'los cuerpos. En cambio las sustancias supremas, o sea los ángeles, están totalmente desligadas de los cuerpos, puesto que subsisten de modo inmaterial y en estado inteligible, y de aquí que consigan su perfección intelectual de un efluvio inteligible por el cual reciben de Dios, junto con su naturaleza intelectual, las especies de las cosas conocidas.  Y por esto dice San Agustín: las otro cosas que están por debajo de los ángeles fueron creadas de tal manera  que primero fueron hechas en el, conocimiento de la criatura raciono y después en su género propio.

Hay en el entendimiento humano, en orden al conocimiento natural actual de las cosas, doble potencialidad, pues necesita primero tomar de los objetos, mediante los sentí dos la representación de las cosas, y después, mediante la actividad del entendimiento agente, formar del fantasma de la imaginación las especies inteligibles, que hemos dicho son principio del conocimiento o medio determinante que informa y actúa la facultad intelectiva para producir el acto de entender. También en el entendimiento angélico es una potencia que para conocer a las demás necesita de las imágenes o especies ininteligibles (a, 1), Mas ¿seguirá el ángel en la producción del acto de entender el mismo proceso que el entendimiento humano, teniendo que adquirir de las cosas por si mismo las especies que lo representen, o será actuado de otro modo, sin adquirir por si esas representaciones, que, sin embargo, ha de tener? ¿Cuál es, pues, el origen y naturaleza de esas especies? En otro lugar, hablando el Angélico de cómo el ángel conoce las cosas materiales, se expresa de este modo refiriendo las opiniones entonces existentes: "Supuesto que los ángeles no conozcan las cosas materiales por su propia esencia, sino por algunas representaciones, hay tres opiniones acerca de esas representaciones, Pues algunos dicen que tales representaciones, por las que conocen los ángeles, están tomadas de las mismas cosas materiales…Otros dicen que el ángel no adquiere las especies por las que conoce tomándolas de las cosas, pero que tampoco entiende por especies innatas, sino que está en su poder conformar la propia esencia a cada cosa en presencia de la misma, y que de tal captación se sigue el conocimiento de la cosa... Parece que hay que afirmar lo que la tercera opinión afirma, la cual es más, común y más verdadera, y es que los ángeles conocen las cosas materiales por representaciones innatas" (De veritate, q. 8, a. 9)...

La respuesta del Doctor Angélico en este artículo de la SUMA es categórica, y es que "las especies por las cuales entienden los ángeles no están tomadas de las cosas, sino que les son connaturales..., que las reciben de Dios junto con su naturaleza intelectual" (a. 2). Como en este punto nada dice tampoco la divina revelación, la cual, como ya hemos visto, se limita a afirmar de modo equivalente que los ángeles conocen las cosas, Santo Tomás, además de apoyarse en las dos autoridades patrísticas por él preferidas, el Seudo-Dionisio (Sed contra) y San Agustín (cuerpo del artículo y ad 1), busca el fundamento racional de esta doctrina, primero en la comparación de la perfección natural de los ángeles en el orden intelectual con la perfección natural de los cuerpos celestes, argumento que en aquellos tiempos tenía cierto valor, dadas las teorías entonces corrientemente admitidas; y en segundo lugar prueba lo mismo por la comparación con el hombre.

Dios, acto purísimo, en quien no se da potencialidad alguna, tiene el grado supremo - en la escala de las inteligencias, y respecto al conocimiento de las cosas está siempre en acto segundo, no dependiendo en nada de ellas su ciencia perfectísima. Mas el hombre ocupa el ínfimo lugar en la escala de las inteligencias, pues su alma,  aunque inmaterial en sí misma y, por ende, intelectiva, se une naturalmente al cuerpo, del cual depende tanto para constituir la naturaleza humana como para ejercer ciertas funciones, debiendo por ello tomar su conocimiento de las cosas sensibles y encontrándose de suyo en estado de pura potencialidad no sólo para el acto segundo, sino también para el acto primero de la intelección, para el que tiene que adquirir sucesivamente de los objetos las especies inteligibles mediante los sentidos y la actividad del entendimiento agente. Pide, pues, la gradación y armonía que hay en los seres del universo que los ángeles, inteligencias intermedias entre Dios y el hombre, aunque estén en potencia en orden al acto de la intelección actual de las cosas, no lo estén en orden a la adquisición de sus representaciones, debiendo tenerlas infusas desde el primer instante de su existencia, sin tener que abstraerlas de los objetos. Así lo pide necesariamente la naturaleza angélica, en cuanto inteligencias perfecta, aunque limitadas. Por lo que se refiere a los objetos materiales, juzgando por lo que conocemos de la perfección de la naturaleza en los ángeles y por lo que sabemos del entendimiento humano, deducimos que, siendo la esencia de los ángeles perfectamente espiritual y completamente inmaterial, independiente intrínseca y extrínsecamente de todo cuerpo, no pueden ellos en su operación propia, que es el entender, tener dependencia alguna de lo que supondría necesariamente en los mismos, unión natural a un cuerpo si tomasen las especies de las cosas sensibles. Para tomar en el conocimiento las representaciones de los objetos extrínsecos al que conoce, tiene éste que tener cuerpo; "por donde, para que el entendimiento angélico recibiese alguna representación de las cosas materiales, debería el ángel tener potencias sensitivas y estar naturalmente unido a un cuerpo" (De veritate, q. 8, a. 9).

En cuanto a los objetos inmateriales, tampoco pueden los ángeles para conocerlos tomar de ellos alguna representación,  obteniéndola como fruto de su abstracción, ni causada en su entendimiento por los otros seres inmateriales. La razón es obvia. No puede formar en sí el ángel que conoce la representación tomándola del ser inmaterial conocida, porque para ello necesitaría previamente conocer el objeto sobre el que habría de ejercer su operación abstractiva, ya que el ángel no puede obrar en aquello que no conoce, y antes que formase la especie no estaría el otro ser inmaterial presente en él. Ni éste puede producirla en el entendimiento del ángel que realiza el acto de conocer, porque nada puede obrar donde no esté presente; y por eso, para poder un ángel producir una representación inteligible suya en el entendimiento del otro, tendría que estar dentro de dicho entendimiento con su misma substancia. Mas ninguna criatura puede estar con su substancia en otro entendimiento ni ejercer allí intrínsecamente alguna operación, sino sólo extrínsecamente, ya que sólo aquel qué da el ser, es decir, Dios creador, que tiene poder intrínseco sobre el ser" (II Sent., .8,q. uníca., a. 5 ad 3; 1 p., q.56, a. 2, dif. 3; 3." p., q. 8, a. 8 ad 1; q. 64; a. 1; cont. gent., lib. II, cap. 98; De veritate, q. 8, a. 7), puede penetrar en el entendimiento y en la voluntad de las criaturas. Po eso Santo Tomás, tratando de la iluminación de los ángeles, dirá más adelante (l." p., q. 106, a. 1 ad 2) que no consiste en la infusión de una nueva luz ni de nuevas especies (De veritate , q. 9, a. 1 ad 10). Se llama aquí tres veces a esas especies inteligibles angélicas connaturales (a. y ad 2), Y en la cuestión siguiente (a. 2) se dice que en cada uno de los ángeles fueron impresas por Dios, en cuanto al ser inteligible, las semejanzas de todas las cosas creadas. Infusas las llama también Santo Tomás en la cuestión 57 (a. 2). Y en otros lugares de sus obras afirma que son infusas (Quodlibet. VII, q. 1, a. 3;. De veritate, q. 8, a. 9), impresas (TI sent., disto 3, q. 3, a. 1 ad 2 yad 4; De veritate, 1. c., a. 7), i11/l1,(1,ta,s (De veritate, q. cit., aa. 7 y 9), recibidas (Quodlibet. 7, q. 1,a. 3; Como al ,liibro "De causis", lect. 10), oonorecdas (Quodlibet. VII, q. 1, a.3), o que son como un efluvio inteligible de Dios (1." p., q. 55, a, 2), derivadas de la esencia divina (L" p., q. 57, a. 2 ad 2), que dimanan inmediatamente de las razones eternas ejemplares de Dios (De veriate, q. 8, a.9; TI Sent., dist, q. 3, a. 3).


El modo lo expone el Angélico de esta forma: "Así como de las ideas eternas existentes en la mente divina proceden las formas materiales para 'dar su ser a las cosas, así también de Dios se derivan a la mente angélica las representaciones de todas las cosas para el conocimiento de las mismas: de modo que así el entendimiento del ángel excede al nuestro como una cosa formada excede a la materia informe; por donde nuestro entendimiento se compara a un lienzo en blanco, mas el entendimiento angélico se parece a un lienzo pintado o a un espejo, en el cual están las imágenes de las cosas" (De veritat,e, q. 8, a. 9). Son, pues, estas representaciones de las cosas que Dios ha impreso en los entendimientos angélicos cualidades como las que el entendimiento agente humano forma de las de imágenes de los objetos exteriores, suministradas por los sentidos externos y la fantasía, diferenciándose de ellas, en cuanto al origen, ya que las angélicas fueron impresas directamente por Dios en los ángeles al crearlos, mientras las nuestras son producto de la abstracción de nuestro entendimiento agente. Así que las especies inteligibles angélicas ni son causadas por las cosas ni son causa de las cosas, sino que son causadas por las ideas divinas" que son a su vez causa ejemplar y eficiente de todo (a. 2 ad 1). Difieren también de las nuestras esas representaciones por su universalidad y perfección, ya que quien las causa inmediatamente es Dios, en quien las, cosas tienen más verdad que en sí mismas, puesto que "los seres naturales son verdaderos por cuanto alcanzan a tener semejanza con las especies que hay en la mente divina" (1.0 p., q. 16, a. 1), de la que, como se ha dicho, dimanan las especies inteligibles angélicas.