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jueves, 27 de octubre de 2016

LA MISA NUEVA - Mons.Marcel Lefebvre

RAZONES
DE UNA ACTITUD CATÓLICA

(8-8-79)


Quiero hablarles sobre todo de las razones  profundas, de las razones verdaderas por las  cuales pensamos es nuestro deber mantener esta actitud. Pienso que será a la vez una  manera de esclarecer todo, y al mismo tiempo, alentarlos a mantener su fe católica, a ser católicos, romanos Y apostólicos y a amar nuestra Santa Religión. Primero querría contestar la pregunta concerniente sobre nuestras actuales relaciones con el Vaticano. Pienso que asi podrán aclarar su juicio sobre nuestra actitud. Nunca me negué a ir a Roma al ser llamado por el Papa o por las Congregaciones Romanas y  siempre acepté el diálogo con las autoridades  de Roma, a las que estoy muy ligado por toda mi vida como sacerdote católico, por toda mi vida como obispo misionero, por toda mi vida como Delegado Apostólico, representando al Santo Padre en el África, durante largos años. Estoy, pues, muy unido a Roma, al Papa, a la Iglesia Católica. No se trata, por a fin de volver a dar a la Iglesia una verdadera renovación.

Querría en pocas palabras insistir sobre las razones que están en el origen de la crisis que actualmente sufre la Iglesia. ¿Cómo es posible?, pienso que ustedes también se lo preguntan: ¿Cómo es posible que en el espacio de quince años, desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia haya llegado al estado actual? Pues sepan que lo que ustedes han podido comprobar a su alrededor, pasa en todo el mundo. En toda Europa, en América del Norte, en Canadá, en Australia, en el Japón, por todas partes, en las comunidades cristianas de la India, en el Kerala, en el África del Sur, en los estados del África donde hay comunidades católicas importantes. En todas partes, existen los mismos problemas, la misma destrucción de los Seminarios. Por todos lados hay sacerdotes, jóvenes sacerdotes que ya no saben lo que es un sacerdote y que viven como los hombres del mundo, que no  son verdaderamente sacerdotes, que decepcionan a los fieles. Los fieles esperan de ellos la palabra de Dios, esperan de ellos el ejemplo de la vida cristiana, de la vida sacerdotal, y no la encuentran. Entonces, las personas se encuentran desamparadas: muchos jóvenes abandonan las iglesias, muchas iglesias están vacías ahora. Y son los mismos Obispos que lo dicen: el Cardenal Marty, por ejemplo, dice que hoy hay un 50%  menos la práctica religiosa en París. Lo mismo sucede en los Estados Unidos: se ha comprobada que hay por lo menos la mitad menos de práctica en las iglesias de los Estados Unidos. Esto es grave. "

La situación en Roma es lamentable, absolutamente lamentable. En las Universidades romanas ya no se enseña la verdad católica, ni siquiera en la Gregoriana. Yeso inquieta al Papa. Y hay por qué estar inquieto. En la primera Universidad Católica del mundo, en Roma, no se enseña la verdad católica. Es muy grave y por consiguiente tenemos que preguntarnos cómo ha podido suceder. La respuesta es simple, no es difícil: hace siglos que la Iglesia está enfrentada en un combate terrible, desde el origen de los protestantes. Los protestantes instauraron el liberalismo. Ellos son los que están en el origen del liberalismo al decir que, en adelante el católico es libre de interpretar la Escritura como quiere y por consiguiente  ya no debe volverse hacia el Magisterio de la Iglesia para recibir la interpretación de la Escritura. Por ese mismo hecho rechaza todo el Magisterio de la Iglesia.

Al rechazar el Magisterio de la Iglesia se declara libre, tiene la libertad. Libertad de pensamiento, libertad de .moral, libertad de hacer lo que quiera. Fue el nacimiento del liberalismo. Y ese liberalismo ha producido frutos espantosos en el mundo entero, primero en las sociedades políticas, al destruir las sociedades políticas cristianas a fin de hacer penetrar el liberalismo en las sociedades civiles. Ese liberalismo se ha extendido en todas las sociedades civiles, al estar en las sociedades civiles. la propia Iglesia fue infestada también. El Papa San Pío X ha dicho, "Veremos en los seminarios difundirse los errores del liberalismo". San Pío X ya lo decía, ya lo vela claro: "Los enemigos vienen ahora del interior de la Iglesia". Veía claro, profetizaba por adelantado, y es así cómo el liberalismo penetró en los espíritus  de los clérigos, aun de los obispos, quienes, en el Concilio Vaticano hicieron penetrar el Liberalismo en la Iglesia hasta la cima más alta.

Veamos rápidamente tres hechos para mostrar esa apertura al liberalismo: apertura al mundo, "aggiornamento", adaptación al mundo, y que se ha concretado primero en la Democratización de la Iglesia. Han democratizado a la Iglesia en la Colegialidad, en todas esas Conferencias, esos Sínodos, esos Consejos Presbiteriales, de tal manera que ya no es la autoridad del Papa, ni la autoridad de los obispos, ni la autoridad del sacerdote lo valedero en la Iglesia, sino la autoridad del número. Ahora se vota... se vota en los Consejos Presbiterales; se vota en las Asambleas Episcopales, para saber lo que hay que hacer. Ahora quien dirige a la Iglesia es el número, y ya no la gracia del Espíritu Santo que es dada a las personas que han sido consagradas para ejercer la autoridad, que reciben la autoridad por la gracia de Dios, como participación de la autoridad de Dios. Es ése el principio masónico de la igualdad de todos los hombres y la negación de la autoridad de Dios. La negación de la autoridad que es una participación de la autoridad de Dios. Los que tienen una autoridad, los padres de familia que están aquí presentes, participan de la autoridad de Dios y no han sido nombrados democráticamente... y bien, es lo mismo; en todas las sociedades se puede designar a la persona que ejerce la autoridad, pero no se le da la autoridad. La autoridad viene de Dios... y bien, ese principio democrático ha penetrado en el interior de la Iglesia y ha reducido a los obispos a puros  administradores. Son funcionarios. Ya no tienen iniciativa. Cuántas veces he oído decir a Obispos: "No soy libre. Ya no soy libre: no puedo obrar, me veo en la obligación de consultar con mis hermanos en el Episcopado. No puedo hacer nada". Y luego, las Comisiones son las que mandan: Comisiones teológicas, Comisiones de los seminarios, comisiones de Acción Católica, comisiones de aquí, comisiones de allá… ellas son las que lo rigen todo. Los obispos tienen las manos atadas, ya no pueden hacer nada. Esto es anormal, absolutamente anormal. La Iglesia ha dejado de ser la Iglesia, ha dejado de ser la Iglesia Católica.    

Luego, la libertad religiosa, que no es otra cosa que la libertad de pensamiento. Uno es libre de pensar lo que quiera, de tener la religión  que quiera. Y eso fue proclamado en el Concilio por la Declaración de Libertad Religiosa. Todas las religiones deben ser re- conocidas, tienen derecho a ser reconocidas en todos los Estados, deben ser libres de ejercer su influencia y de ejercer todas sus actividades en el interior del Estado. Y si ese Estado es católico, en un 90%, en un 98% como lo dijo el Presidente de Colombia, no tiene importancia: todas las religiones deben ser aceptadas. Es ahora la Santa Sede quien lo pide, que pide, a todos los Estados católicos que no sean más católicos .. No deben seguir siendo oficialmente católicos. Deben suprimir de su Constitución la primera frase que dice que la Religión Católica es la única religión reconocida por el Estado o por el Gobierno. Hay que suprimir esta frase, y es la Santa Sede quien lo pide. Lo ha pedido a Irlanda, a España, a Italia, a Suiza, en los Cantones católicos de Suiza... la propia Santa Sede ha pedido a esos Estados que no sean más católicos, que sean laicos, que sean neutros. .. He aquí la consecuencia del Concilio los frutos del liberalismo en el Concilio.