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sábado, 15 de octubre de 2016

La Misa de Siempre - Mons.Marcel Lefebvre

El sacrificio en la vida cristiana

La noción de sacrificio es una noción profundamente cristiana y profundamente católica. Nuestra vida no puede prescindir el sacrificio. Una vez que Nuestro Señor Jesucristo, Dios mismo, quiso tomar un cuerpo como el nuestro y decir: "Tomad vuestra Cruz y seguidme si queréis salvaros'?", y damos el ejemplo de la muerte en la Cruz y derramar su Sangre, ¿cómo nos atreveríamos nosotros, pobres criaturas y pecadores como somos, a no seguir a Nuestro Señor? Seguir a Nuestro Señor llevando su Cruz es todo el misterio y la raíz de la civilización cristiana y católica. Todo el mundo tiene dificultades: pruebas personales, pruebas de salud, etc. ¡Pues bien!, no podríamos comprender esas pruebas si no pensáramos en la Santa Víctima que se ofrece en el altar." Toda la religión católica se funda sobre el hecho de que nuestras acciones son meritorias. Es lo que repetimos a cada momento. Cuando se está clavado en la cama del hospital y se sufre durante meses, sabemos que se ofrecen esos sufrimientos con los de Nuestro Señor, se comparte el Calvario y, por el hecho mismo, todos los méritos que se ganan se derraman sobre el mundo y sobre uno mismo por nuestra conversión y nuestra redención. Esto es lo que sostiene al católico. Los protestantes, en cambio, no creen que nuestras acciones sean meritorias porque pretenden que Nuestro Señor ya mereció todo en la Cruz del Calvario. Y por consiguiente, según ellos, no podemos merecer nada. Vemos la diferencia. Si nos dicen: "Todas tus acciones son inútiles para tu salvación y no son meritorias," ¿de qué vale vivir, de qué vale sufrir y de qué vale trabajar? Es lo que decimos a los padres de familia: "Vosotros sufrís en vuestra familia y pasáis pruebas duras y difíciles. Pensad en unir vuestros sufrimientos a los de Nuestro Señor Jesucristo en el Calvario y sus sufrimientos en el sacrificio de la misa. Id, pues, al sacrificio de la misa y ahí encontraréis el sostén de vuestra vida y la ayuda que os fortalecerá para soportar vuestras pruebas". Entonces, el padre y la madre que siguen este consejo, se dicen interiormente: "Sí, Nuestro Señor está en mí por su gracia y yo me uno a sus sufrimientos. Así vale la pena sufrir". Cuántos de los que fueron encerrados en los campos de concentración y en las prisiones, que sufrieron el martirio o que lo sufren todavía hoy, lo soportan únicamente gracias a este pensamiento! Esto es lo que los sostiene: pensar que unen sus sufrimientos a los de Nuestro Señor en el Calvario. Después de esto, decir que la misa no vale nada para borrar los pecados y que no es un acto ni obra meritoria, con el pretexto de que Nuestro Señor ya hizo todo, sobre el Calvario, es totalmente contrario a lo que Él nos enseñó: "Tomad vuestra Cruz y seguidme". ¿Por qué llevar la Cruz y seguido si no es algo meritorio? ¿Por qué nos dijo esto Nuestro Señor? Para unimos a su Cruz. "Haced penitencia". ¿Para qué hacer penitencia si no vale nada para nuestra salvación? Es lo que dijo San Pedro a todos los que se habían reunido en Jerusalén y le preguntaban: "¿Qué hemos de hacer? Nos dices que hemos crucificado a Nuestro Señor y que tenemos que reparar: ¿qué hemos de hacer? - Rezad, haced penitencia y recibid el bautismo. '" (Hech 2, 37-40) Esto es lo que les respondió San Pedro: "Haced penitencia." La penitencia no es sino unir nuestros sufrimientos a los de Nuestro Señor. Si no, nuestra vida no tiene ningún sentido. En esto consiste la profundidad y la hermosura de nuestra fe católica. De este modo, incluso en las pruebas y en el sufrimiento, los católicos tienen la sonrisa en los labios. Tienen la alegría en el corazón porque saben que su sufrimiento sirve de algo. Pero si se nos dijera: "¿No sabéis que eso no vale nada?; podéis sufrir todo lo que queráis aunque eso no sirve para nada", eso os encierra sobre vosotros mismos y pone tal vacío en vuestra vida que terminaría por destruiros”. Ante la prueba, sabemos lo que tenemos que hacer. Si mañana tenéis que guardar cama en un hospital o si tenemos que ir a una clínica, si mueren nuestros parientes, o si somos abandonados, la Cruz de Jesús está siempre ante nuestros ojos. "¡Lleva tus sufrimientos! ¡Lleva tu Cruz! ¡Sígueme! ¡No abandones tu Cruz! ¡No arrojes la Cruz que te doy para que la lleves! ¡Sígueme! y siguiéndome,  tendrás la vida eterna y salvarás al mundo entero!" Santa Teresita del Niño Jesús en su Carmelo salvó a millones de almas. ¡Qué hermosa es nuestra Santa religión católica" Todas las generaciones de esos padres y madres Santos que sufrieron cristianamente y aceptaron sus sufrimientos con alegría, siendo un ejemplo para sus hijos, entendieron bien qué es la vida cristiana. Soportaron sus sufrimientos y sus dolores con Nuestro Señor Jesucristo. Por eso, esas generaciones de familias cristianas dieron vocaciones. Las vocaciones nacieron del ejemplo de sus padres. Vieron a sus padres vivir con Nuestro Señor Jesucristo y rezar con Él, asistir al santo sacrificio de la misa con esa fe y con esa piedad, ofreciéndose en oblación como víctimas con Nuestro Señor Jesucristo."

2. Completar la Pasión de Nuestro Señor

San Pablo dice que tenemos que completar en nuestra carne la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo" Nosotros también lo tenemos que desear. ¡Ah, es un deseo que nos costará mucho, porque si queremos completar la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo tendremos que sufrir con Él y ser inmolados con Él. Será muy fácil decir: “Como yo soy cristiano, Dios me bendecirá y me evitara todo sufrimiento, pasare mi vida sin sufrimientos ni sacrificio. Como amo a mi Dios, Él tiene que amarme, y por eso no debe querer que yo sufra”. Eso es comprender mal el misterio de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Si Nuestro Señor Jesucristo nos mostró el ejemplo del sufrimiento redentor, así tenemos que desear sufrir y sacrificarnos con Él.

3. El sufrimiento, fuente de salvación

La comprensión del sacrificio en la propia vida, en la vida de cada día, y la comprensión del sufrimiento cristiano son capitales.  Tenemos que llegar al punto de no considerar el sufrimiento como un malo como un dolor insoportable, sino unir nuestros sufrimientos y nuestras enfermedades a los sufrimientos de Nuestro Señor Jesucristo, mirando la Cruz y asistiendo a la santa misa, que es la continuación de la Pasión de Nuestro Señor en el Calvario.  Cuando se comprende el sufrimiento, se convierte en una alegría y se vuelve un tesoro. Nuestros sufrimientos unidos a los de Nuestro Señor y a los de todos los mártires, a los de todos los Santos, a los de todos los católicos, a los de todos los fieles que sufren en el mundo y a la Cruz de Nuestro Señor, se convierte en un tesoro inexpresable e inefable, y alcanzan una eficacia extraordinaria para la conversión de las almas y la nuestra. Muchas Santas almas cristianas han deseado incluso sufrir para unirse más aun a la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo. Eso es la civilización cristiana. 

4. Imitar a la Santísima Virgen

La Santísima Virgen participó en el sacrificio de la Cruz.  Sufrió como un auténtico mártir por medio de su compasión puesto que el anciano Simeón, cuando presento a Nuestro Señor en el templo le dijo: “Una espada te atravesara el corazón”. (Luc. 2, 55) también vosotros, si sufrís y tenéis pruebas en vuestra vida, que eso sea también la espada que atraviesa vuestro corazón por medio de la compasión con Nuestro Señor. Tened este deseo de sufrir con Nuestro Señor y con la Santísima Virgen para la salvación de vuestras almas.