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lunes, 3 de octubre de 2016

La Misa de Siempre - Mons.Marcel Lefebvre

La misa,
fuente de salvación.

El sacrificio de Nuestro Señor está en el corazón de la historia de la humanidad para santificada toda entera, llevada a Dios y hacerle cantar sus alabanzas y su gloria." El sacerdote está hecho ante todo para ofrecer el sacrificio de la Redención y para que desciendan las gracias del Corazón de Nuestro Señor Jesucristo atravesado por la lanza. La Sangre brotó de su Corazón y fue derramada por muchos. ¿Por qué "por muchos"? Porque muchos la rechazan. No es que Nuestro Señor no quiso derramar su Sangre por todos, pues se dice en el ofertorío: "Te ofrecemos el cáliz por la salvación de todo el mundo". 2ll Pero, por desgracia, en la realidad, icuántas almas rechazan esta Sangre de Nuestro Señor Jesucristo! Y este es el papel esencial del sacerdote: ofrecer esta Sangre y difundir sus gracias por medio de todos los sacramentos"

La Santa Iglesia ve siempre a su Esposo místico en el Huerto de los Olivos: Jesús postrado, orando y sufriendo! i Sufriendo hasta derramar sangre por el dolor que siente! Pero, lo cuál es, pues, este dolor? ¿No tiene Jesús la visión beatífica? Incluso en este mundo, sobre esta tierra, sí, Jesús, en su alma Santa, tiene la visión beatífica. Entonces, ¿por qué sufría así? Un ángel tuvo que venir a ayudado de tanto que sufría... A causa de nuestros pecados y a causa de este mundo que no quiere recibirlo. "Vino a los suyos -dice San Juan- y los suyos no lo recibieron?" (jn 1, 11) Dios ha creado el mundo y a los hombres, y los hombres se han apartado de Él. Ya nuestros primeros padres se apartaron de Nuestro Señor y Él los rescató con su Cruz y con su Sangre. Vino en medio de ellos y ellos renegaron de Él, no lo quisieron y lo crucificaron. Y aún hoy, ¡que situación! ¡Cómo sufrió Jesús viendo esto! ¡Cómo fue martirizada la misma Santísima Virgen ante el pensamiento de que la Sangre de su divino Hijo no sería recibida por toda la humanidad! Ese fue su martirio. Pues bien, es también el martirio de la Iglesia. Tiene que ser también vuestro martirio. Si no entendéis esto y no sois martirizado s viendo a estas almas que rechazan a Nuestro Señor, no sois realmente hijos de la Iglesia. Y vosotros tenéis que ser hijos privilegiados de la Iglesia. De este modo, al igual que lo tuvo Nuestro Señor Jesucristo, tenéis que tener este deseo de rezar y de ofreceros, de sufrir y de daros enteramente a Dios para que las almas abran sus corazones y reciban este Nombre de Jesús, fuera del cual no hay salvación. Seréis almas de oración, almas sufrientes y aceptaréis este martirio. De este modo, seréis misioneros. Viendo la situación del mundo, seréis misioneros pero como lo son en primer lugar las almas contemplativas que se encierran en los monasterios. Seréis misioneros, por medio de la oración y de la penitencia: éste es el ejemplo que nos dio Nuestro Señor y lo que la Iglesia ha deseado siempre!”

2. La misa, fuente de civilización

Las virtudes que provienen del sacrificio de la misa y de la Cruz se difunden poco a poco en las almas. Así se restablece poco a poco el orden en ellas, en los individuos, en las familias, en las ciudades y en toda la sociedad. (...) Así es como tuvo lugar la civilización cristiana" La historia de la civilización cristiana encuentra su fundamento, su desarrollo y su vitalidad en la gran oración pública de la Iglesia que infunde el espíritu de caridad y el espíritu de justicia a los que viven de ella. Todas las iniciativas caritativas y Santas tienen su origen en el espíritu que se nos da a través de los sacramentos y del sacrificio del altar" Yo vi lo que podía la gracia de la santa misa y lo vi en esas almas Santas que eran algunos de nuestros catequistas. Esas almas paganas transformadas por la gracia del bautismo, por la asistencia a la misa y por la sagrada eucaristía, comprendían el misterio del sacrificio de la Cruz y se unían a Nuestro Señor Jesucristo en los sufrimientos de su Cruz, ofrecían sus sacrificios y sus sufrimientos con Nuestro Señor Jesucristo y vivían cristianamente. (...) Yo pude ver las aldeas paganas que se habían convertido en cristianas transformarse no solamente, diría yo, espiritual y sobrenaturalmente, sino física, social, económica y políticamente, transformarse, pues, porque esas personas, de paganos que eran, se volvían conscientes de la necesidad de cumplir su deber, a pesar de las pruebas, y en particular sus compromisos del matrimonio. La aldea se transformaba poco a poco bajo la influencia de la gracia del santo sacrificio de la misa, y todas esas aldeas querían tener su capilla y la visita del sacerdote. La visita del misionero la esperaban con impaciencia para poder confesarse y luego comulgar?"

3. La capilla, signo de cristiandad

En país de misiones, nos quedamos sorprendidos al ver hasta qué punto los catecúmenos, los cristianos y las comunidades cristianas están apegados a su capilla y a su lugar de culto. Todos quieren tener su capilla. Desde que se reúnen, al estar atraídos por la Cruz, sienten esta necesidad, atraídos realmente por Nuestro Señor y por esta ofrenda de sí mismos. Es un punto fundamental en la vida del cristiano. Esta reacción está realmente aspirada por el Espíritu Santo. Ese es el signo directo de la extensión de una cristiandad. Si en una aldea se ve la capilla, el lugar de oración con el altar y encima de él la Cruz, que significa el Calvario de Nuestro Señor y el sacrificio, se puede decir: "¡Ah, en esta aldea hay cristianos!" Claro que, evidentemente, eso ha sido motivo de martirios, porque los paganos vieron que su culto disminuía y que sus discípulos se convertían. Algunos jefes paganos estaban tan furiosos que exterminaron a los misioneros. Es la reacción normal del demonio contra la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo.

4. La civilización cristiana vale para todos los pueblos

Es totalmente contrario a la fe de la Iglesia decir que la civilización cristiana es sencillamente una civilización occidental y europea, y decir igualmente que, por consiguiente, del mismo modo que hace falta adaptarse a todas las culturas, nuestra fe tiene que adaptarse a las demás civilizaciones. Es lo que dice Bugnini en su libro sobre la reforma litúrgica. Dice que el apostolado sólo tendrá efecto cuando la liturgia se haya adaptado a todas las civilizaciones y a todas las culturas, cosa que él llama inculturación. ( ... ) En realidad, como dice muy bien San Pío X en su carta sobre Le Sillon, la civilización cristiana no está por inventarse, sino que existe y existirá siempre, y no se puede cambiar, porque la civilización cristiana tiene por fuente todas las virtudes de Nuestro Señor Jesucristo, que provienen de su Pasión y de su Divinidad por medio de su Humanidad.219 Tiene por origen el ejemplo de Nuestro Señor así como todas las virtudes cristianas que representa y la gracia que infunde en nosotros. Esta es la civilización cristiana y esto vale para todos los hombres. En efecto, en la medida en que todas las sociedades están repletas de vicios por causa del pecado original, hay que purificadas y santificadas por medio de la Pasión de Nuestro Señor para hacerlas cristianas".

Las heridas del pecado original permanecen incluso después del bautismo: herida de ignorancia (privación de la virtud de prudencia) que nos ciega; herida de malicia (privación de la virtud de justicia) que nos impide dar a cada uno, es decir, a Dios y al prójimo, lo que se le debe, y que lleva al hombre a pensar sólo en sí; herida de debilidad (pérdida de la virtud de fortaleza) caracterizada por la inconstancia; y herida de concupiscencia (pérdida de la virtud de templanza) que desordena la medida y la templanza que tenemos que tener en el uso de los bienes de este mundo. Estas heridas profundas sólo se pueden cerrar por medio del sacrificio y de la renuncia. Para volver al orden hace falta el sacrificio. Por eso Nuestro Señor venció al demonio, destruyó el pecado y restableció el orden por medio de su Cruz. Y la Cruz es la santa misa. La misa recuerda todos los días a los cristianos que tienen que vivir una vida de sacrificio".

En un espíritu de humildad: In spiritu humilitatis
In spiritu humilitatis et in animo
contricto suscipiamur a te, Domine:
et sic fiq.t sacrificium nostrum in
conspectu tuo hodie, ut placeat tibi,
Domine Deus.
Recíbenos, Señor, al presentamos a
Ti con espíritu humillado y corazón
contrito; y el sacrificio que hoy te
ofrecemos, oh Señor Dios, llegue a
tu presencia, de manera que te sea
grato.

Esta oración está tomada de la fórmula con la que los tres jóvenes cautivos en Babilonia, viendo el horno ardiente en donde iban a ser arrojados por no haber querido adorar el ídolo, se ofrecían valientemente en holocausto a la gloria del verdadero Dios. Es una invitación a ofrecemos a nosotros mismos y a aceptar cristianamente las pruebas de esta vida.


219- Carta sobre Le Sillon, 25 de agosto de 19l0: "La civilización no está por inventar, ni la ciudad nueva por constituir en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la ciudad católica. No se trata más que de instaurada Y restaurada sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques siempre nuevos de la utopía malsana, de la revolución y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo".