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viernes, 2 de septiembre de 2016

TRATADO DE LOS ANGELES - SANTO TOMAS DE AQUINO

Q. LIII
(fin)


4. El movimiento del ángel en el lugar no es instantáneo
Sino que se realiza, en el tiempo que será continuo o
no continuo según que lo sea el movimiento (a. 3).


Esto se deduce de todo lo dicho, y se comprende fácilmente, siempre que no se confunda el movimiento propiamente local, que exige dos términos positivos, con la simple mutación, que no es propiamente movimiento y puede darse entre un término positivo y otro negativo o viceversa.  De confundir las cosas y no distinguir suficientemente esto, procedió el que algunos, a quienes Santo Tomás se refiere aquí innominadamente, creyesen que era posible el movimiento instantáneo del ángel en el lugar. La carencia de solidez de los argumentos y los fallos de la argumentación de los que así opinaban, quedan bien manifiestos en el proceso del artículo.

La imposibilidad de que el movimiento continuo del ángel en el lugar sea instantáneo es manifiesta: el tiempo es medida del movimiento, y donde hay sucesión y continuidad de movimiento hay necesariamente sucesión y continuidad de instantes, y, por consiguiente, tiempo continuo, En el movimiento discontinuo ha de dejarse un lugar y ocuparse otro, lo cual supone dos operaciones que exigen dos instantes, en uno de los cuales el ángel está en un lugar y en el otro instante siguiente en otro, sin necesidad de que entre ellos medie tiempo alguno, lo que constituye el tiempo discontinuo.  Más en uno y otro tiempo, al hablar de instantes hay que entender por tales las operaciones angélicas, que no se miden por los instantes de nuestro tiempo, sino por la, diversidad de operación, que, dada la perfección de la naturaleza del ángel, puede ser rapidísima, pareciéndonos por ello instantánea según nuestro modo de hablar, como instantánea parecía a los antiguos, y parece aún hoy a la gente menos instruida, la propagación de la luz. Bien advertido, además, que la rapidez de la operación y, por consiguiente, del movimiento del ángel en el lugar no sólo depende de la magnitud de su poder, sino de la determinación de su voluntad (ad 1). Como siempre citamos a continuación la solución que Santo Tomas da a este articulo: Como ya se ha dicho en toda mutación hay un antes y un  después. Pero el antes y el después del movimiento se enumeran por razón del tiempo. Luego todo movimiento está  en el tiempo, incluso el del ángel, puesto que en él hay antes  y después.  Al respecto enseñaron algunos que el movimiento del  ángel es instantáneo, y para razonarlo dijeron que, cuando  el ángel se mueve de un lugar a otro, durante todo el tiempo que precede al último instante está en el lugar de partida, y que en el último instante está en el de llegada, y no es  menester, añaden, que entre estos dos extremos haya algo  intermedio, como tampoco lo es que haya cosa alguna intermedia entre el tiempo y su término. Pero como entre dos  instantes del tiempo hay un tiempo intermedio, dicen que  no es posible señalar el último instante en el que el ángel  estuvo en el punto de partida, como tampoco se puede señalar en la iluminación o en la generación substancial del  fuego el último instante en que el aire estuvo obscuro o en  que la materia estuvo privada de la forma del fuego, y, en  cambio, se puede señalar el último instante al terminarse el  cual hay luz en la atmósfera y forma de fuego en la materia, y por esto se llama a la iluminación y a la generación  substancial movimiento instantáneo [29J.  Pero esta teoría no es aplicable en nuestro caso. Lo cual  se demuestra así: Es de esencia del reposo que lo que reposa no sea o esté de distinta manera ahora y después, y,  por consiguiente, en cada uno de los instantes del tiempo  que mide el reposo, lo que reposa está lo mismo en el primer momento que en el intermedio y en el último. Pero como, a  su vez, es de esencia del movimiento que el móvil se halle  de distinta manera ahora y después, siguiese que, en cada  uno de los instantes del tiempo que mide el movimiento, el  móvil- tiene una disposición diferente, por lo cual es necesario que en el último instante tenga una forma que  anteriormente no tenía. Por donde se comprende que reposar una cosa en un estado, por ejemplo, en la cualidad  de ser blanca, durante un tiempo dado, es permanecer en  tal estado en cada uno de los instantes de aquel tiempo;  de donde se sigue la imposibilidad de que una cosa repose en uno de los términos durante todo el tiempo que  precede, y después en el último instante de aquel tiempo  esté en el otro término. Pero esto es posible en el movimiento, porque moverse durante todo un tiempo dado no es  estar en la misma disposición en cada uno de sus instantes,  y, por consiguiente, todas estas mutaciones instantáneas son  términos de un movimiento continuo, y así la generación es  el término de una alteración de la materia, y la iluminación  el del movimiento local del cuerpo que ilumina. Pero el movimiento local del ángel no es el término de ningún otro movimiento continuo, sino que es por sí mismo un movimiento distinto e independiente de todo otro movimiento, por lo  cual es imposible decir que durante todo un tiempo dado está  en un lugar y en su último Instante está en otro, sino que  es necesario asignar el instante en qué últimamente estuvo  en el lugar, precedente. Mas donde hay muchos instantes sucesivos hay necesariamente tiempo, puesto que el tiempo no  es más que la enumeración de lo primero y de lo segundo  en el movimiento. Luego el movimiento del ángel Se realiza  en el tiempo, que será continuo o no continuo según que lo  sea el movimiento, pues debido a que la continuidad del tíempo proviene de la continuidad del movimiento, como dice el  Filósofo, el ángel, según hemos dicho, puede moverse de ambas maneras.

Sin embargo, este tiempo, sea o no continuo, no tiene  nada de común con el tiempo que mide el movimiento del  cielo, y por el cual se miden todos los seres corpóreos cuyos  cambios dependen del movimiento del cielo, porque el movimiento del ángel no depende del movimiento de los cielos.  Sin embargo, este tiempo, sea o no continuo, no tiene  nada de común con el tiempo que mide el movimiento del  cielo, y por el cual se miden todos los seres corpóreos cuyos  cambios dependen del movimiento del cielo, porque el movimiento del ángel no depende del movimiento de los cielos.  La dificultad se refiere al tiempo continuo. Pero el tiempo que mide el movimiento del ángel puede no ser continuo, y en este caso el ángel puede en determinado instante estar en un lugar, y en otro instante en otro, sin necesidad de que entre ellos medie tiempo alguno. En el caso de que el tiempo del movimiento del ángel sea continuo, el ángel, durante todo el tiempo que precede al último instante, pasa, conforme hemos dicho, por una infinidad de lugares y si, efectivamente, en parte está en uno de los lugares continuos y en parte en otro, no es porque su substancia sea divisible, sino porque su virtud se aplica a una parte del primer lugar ya otra del segundo, como también hemos explicado. (ad. 3)

(fin de la questio LIII)


(próximo artículo: DE LAS OPERACIONES DEL ANGEL)