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lunes, 23 de mayo de 2016

LOS ARREGLOS DE ROMA CRISTERA Y EL GOBIERNO, TIENEN ALGO DE SIMILITUD ENTRE LOS ARREGLOS DE ROMA Y LA FRATERNIDAD?

LOS ARREGLOS DE ROMA CRISTERA Y EL GOBIERNO,

 TIENEN ALGO DE SIMILITUD ENTRE LOS ARREGLOS DE ROMA Y LA FRATERNIDAD?
* A la izquierda: padres ordenados en Winona, a la derecha sus respectivas Diócesis Modernistas





En la historia los hechos se repiten una y otra vez entre ellos hay unos de proporciones muy grandes y, a estos se les puede llamar con toda propiedad LAMENTABLES. El presidente de Rusia en diferentes ocasiones ha advertido lo siguiente: “El hombre es muy propenso a olvidar los hechos de la historia, dicho olvido lo lleva a cometer los mismos e imprudentes errores cuyo costo es inmenso y desagradable…” entonces es preciso estudiar la historia y aprender de ella para no cometerlos de nuevo.  En 1929, bajo el pontificado de Pio XI,

Pio XI

se llevaron a cabo unos arreglos con el fin de terminar con una guerra legítima en defensa de la fe católica amenazada por el comunismo cuyos representantes eran el entonces gobierno de México. El triunfo de los cristeros era inminente, pero el enemigo no soportaría una derrota de tamañas proporciones y tomo la decisión de llegar a unos arreglos con la Iglesia para silenciar a las tropas cristeras y lograr frustrar su triunfo seguro. En estos traidores arreglos la masonería jugó un papel importante y la ayuda de Estados Unidos de Norteamérica, con su representante el embajador Morrow,
Embajador Morrow


gracias a esta lamentable ayuda las partes tanto del gobierno comunista como de la Iglesia, se sentaron a negociar la traición por parte de la Iglesia hacia a los cristeros, como el triunfo del ejercito por parte del gobierno. Las consecuencias de estos turbios arreglos no se hicieron esperar y los dolorosos resultados terminaron por minar a la gloriosa resistencia cristera. Fue una negra anécdota dentro de la historia de México cuyo costo en vidas fue mayor que en tiempos de guerra pues una gran persecución se desato en contra de los indefensos cristeros que habían sido previamente silenciados y requisadas sus armas con la “promesa” de respetar sus vidas. La feroz y diabólica persecución duro cuando menos diez años, el fin de ella era aniquilar todo resquicio de levantamiento en un futuro. Pero también fue una triste pagina en los anales de la Iglesia, con palabras desgarradoras llenas de dolor Pio XI comprendió el error que se había cometido, pero ya era tarde en las mentes de muchos cristeros que sobrevivieron a la masacre quedo un sentimiento muy marcado de desconfianza como luego lo manifestó Mons. Guízar y Valencia cuando fue consultado por su Santidad Pio XI allá por el año 1932.

La historia se vuelve a repetir pero otros son los personajes de estos “nuevos arreglos o acuerdos”. La Fraternidad San Pio X “cansada del aislamiento” acordó con la Roma Modernista una reinserción en la “Iglesia Católica” que nada tiene de Católica, pero sí de modernista y, en consecuencia, de hereje si nos atenemos a las declaraciones de San Pio X en su encíclica Pacendi Gregis. Estos nuevos acuerdos o arreglos con gran dolor lo digo, huelen a azufre y se le da a la tradición católica y bimilenaria otro golpe maestro como para tratarla de borrar de la faz de la tierra. De sobra sabemos, quienes en estos menesteres andamos, que quienes tuvieron un sueño guajiro o inverosímil terminaran aceptando la HEREJIA CONCILIAR LLAMADA MODERNISTA como antaño lo hizo el Papa Honorio cuando acepto el monofisismo o como en los tiempos de Arrio y su herejía arriana. Por donde quienes quisieron hacerle un “favor” a Dios “convirtiendo la Iglesia Conciliar a la Iglesia Católica” serán asimilados a esta herejía que es la “letrina o cloaca” de todas las herejías. Vemos aquí otro claro ejemplo de imprudencia, la historia nos vuelve a jugar otro revés. Pero el fin de unos arreglos es, en consecuencia, diferentes a estos otros; en aquellos murieron cerca de 60.000 cristeros

después de los arreglos 


muchos de ellos mártires que con su martirio aumentó el número de ciudadanos en el cielo. Pero en estos arreglos o acuerdos se aseguro una muerte lenta, pero segura de una congregación. Los acuerdos firmados con el gobierno de México y por las autoridades eclesiásticas manejadas por los masones arrastraron a muchas almas inocentes al martirio, como ya lo hemos dicho mas arriba, lo único bueno de estos arreglos. Estos otros,

Reunión en Albano Italia por la apreciación del preámbulo doctrinal del Card. Levada


en cambio, ningún bien traerán a la Iglesia católica de siempre sino todo lo contrario pues son tan NEFASTOS, PERO TAN NEFASTOS que llevaran muchas almas no al cielo sino al infierno por un camino tan pestilente llamado “cloaca de todas las herejías.  Tal es el panorama actual de estos arreglos diabólicos porque más benignos fueron aquellos comparados con estos porque dieron a la Iglesia nuevos mártires, nuevos santos y estos ensancharan el camino que conduce al infierno, aquellos acuerdos mataron cuerpos estos matarán almas, no me cabe la menor duda de ello. Aquellos soldados de Cristo estaban preparados para la muerte porque sabían que por Cristo derramarían su sangre, pero estos ni soldados de Cristo se les puede llamar porque han traicionado al Divino Maestro con su obra maquiavélica, pero si se les puede llamar soldados del diablo dado que desde la firma de los acuerdos hasta ahora pasaron de un bando al otro. ¡Pobres de las almas que están bajo su mando que se han dejado llevar por los cantos melodiosos de las sirenas llenos de promesas vanas, cómodas y tibias! ¿Querrán abrir los ojos tan sueñolentos antes de que sea tarde? ¿Les quedaran fuerzas para volver al camino de la salvación el cual dejaron por seguir con su “vida de parroquia”? Dios se compadezca de sus almas. En cuanto a quienes orquestaron todo esto saben a ciencia cierta lo que han hecho por eso no tienen excusa y como dice un dicho francés: “El que se excusa, se acusa”. No entiendo en lo más mínimo como pueden dormir tranquilos cuando han traicionado a Nuestro Señor Jesucristo. El castigo de los impíos es la muerte prematura; así se demostró con los obispos que firmaron los acuerdos con el gobierno.

Dejo a nuestros lectores el triste fin de los acuerdos firmados por la Iglesia y el gobierno mexicano que cada uno saque su propia conclusión y rece para que Dios en su bondad infinita ilumine a los hombres de buena voluntad que siguen a la Fraternidad sin saber a donde los conduce esta.


Modus vivendi

Este episodio de la guerra cristera es sin duda uno de los más difíciles de comprender, si humanamente se le considera o se le juzga, pues el entendimiento no alcanza a comprender cómo los que estaban a punto de vencer en el campo de batalla fueron vencidos en el terreno "diplomático o político".

Los famosos arreglos entre la Iglesia y el Estado se presentaron, ante los entendimientos de los soldados de Cristo Rey, como una terrible pero verídica pesadilla. No hay palabras para definir el terrible desconcierto que esta noticia causó en los ánimos sufridos, sencillos y simples de estos hombres valientes.

Aun para los que no estuvimos en ese tiempo, se nos presenta este episodio como un período muy enmarañado o complicado porque escasea la información sobre este tan complicado tema. Con todo, como nosotros no somos autoridad para afirmar si Roma se equivocó o no y si fue imprudente o no, tan sólo expondremos lo que, sobre este asunto tan espinoso, hemos encontrado.

Los Estados Unidos de América seguían minuciosamente los entredichos de Roma y los Cristeros y se valían de eso para unir dos extremos irreconciliables que se suscitaron desde el principio de la guerra. ¿Cuáles eran estos extremos?     

Bravo Ugarte en su obra nos dice: "... Desde el comienzo de la lucha hubo dos posiciones irreductibles: La del Gobierno de la Casa Blanca que en absoluto no quería un cambio de régimen en México; y la del Gobierno Mexicano que en absoluto no quería la derogación de las leyes persecutorias. Si se quería arreglar la cuestión religiosa era del todo necesario buscar un camino intermedio que salvara los dos extremos y este camino intermedio era Roma”[1]. El P. Rafael Martínez del Campo afirmó que: "Después de haber juntado cuidadosamente información de ambas partes, acabó por exclamar delante de sus consejeros ’¡Tengo aquí este bloque de informes del lado de los combatientes y acá tengo otro de los que anhelan un arreglo y como se pueda! ¿A quiénes voy a dar la razón?’ Pero cuando en 1929 fue derrotado Escobar y dispersadas sus tropas, gracias a la ayuda militar de los Estados Unidos, a la Santa Sede le pareció ver con claridad la posibilidad de que, aun de que ganaran los triunfaran los católicos por las armas, la vecina nación del norte les anularía el triunfo de alguna manera. Este mismo pensamiento se sentía entre los combatientes que, debido al creciente desarrollo de sus actividades, tarde o temprano el Gobierno y los Estados Unidos acabarían por entrar en arreglos o transacciones. Así lo manifestó en una carta el General Gorostieta

General Gorostieta


y también de la misma manera pensaba el General Degollado Guízar. Pero lo que más tarde sucederá hace ver que la Santa Sede no estuvo ni engañada ni ignorante. Además, en Roma impresionaba grandemente la división entre los prelados mexicanos; de manera que fue este el factor decisivo de la determinación de la Santa Sede"
[2].

Por otro lado, M. Elizabeth Ann Rice aporta datos muy interesantes sobre la participación de los Estados Unidos en el conflicto religioso en México, para un arreglo, ya desde 1927. He aquí las palabras de M. Elizabeth: "Mr. Dwight W. Morrow, embajador de los Estados Unidos, que presentó sus credenciales ante el Presidente Plutarco Elías Calles

el Mason Plutarco Elias Calles


el 29 de octubre de 1927, llevaba como instrucción esencial para su actuación extraoficial, el arreglo de la situación religiosa; de la que él mismo afirmaba, ya en diciembre de 1927, la necesidad de un pronto arreglo, por considerarlo no sólo como parte de la política oficial norteamericana; sino que mientras México no hiciera ningún arreglo o modus vivendi del problema religioso, había poca esperanza de llegar a soluciones permanentes en cualquier otro asunto, ya fuera doméstico o extranjero". Con este fin bien determinado, Morrow se entrevistó con el P. Burke, Secretario Ejecutivo de la N. C. W. C., sugiriéndole al Subsecretario Olds que el P. Burke fuera a hablar con Calles. De esta forma, Morrow concertó una primera entrevista entre el P. Burke y Calles, el 1º de febrero de 1928. En esta entrevista, el P. Burke le dijo a Calles que la Iglesia no aceptaba "condiciones que destruyeran su identidad" insistiéndole, además, en la ley del registro de los sacerdotes y el poder de los Estados para fijar el número de los que podían oficiar. Dos hechos muy importantes suceden en abril de 1928: una segunda entrevista del P. Burke y Montavon, del departamento legal de la N. C. W. C., en San Juan de Ulúa y la muerte de monseñor de la Mora y del arzobispo de México y presidente del Comité Episcopal, siendo nombrado, en su lugar, monseñor Ruiz y Flores. Dado que monseñor Díaz y Barreto ocupaba la secretaría de dicho Comité Episcopal, los arreglos ante el gobierno quedaron en manos de ellos.

El 17 de mayo de 1928, monseñor Ruiz y Flores junto con el P. Burke y Montavon llegaron a Tacuba a la casa de Lewis B. McBride, agregado militar naval de los E. U. A., donde permanecieron como secuestrados sin hablar con nadie, hasta el 19 del mismo mes, poco antes de la entrevista con Calles. Tiempo que aprovechó muy bien Morrow para instruirlos en lo que debían de decir ante Calles. El resultado, según los representantes de Roma, fue "satisfactorio”. Como se dará cuenta quien esto lea, ya son varios los nombres que se ven desfilar en estos dichosos arreglos. No se extrañe que, hasta la última entrevista, se sigan sumando nombres como el del señor Miguel Cruchaga, antiguo embajador chileno en Washington y entonces miembro de las comisiones de reclamación México-Alemania y México-España, el del P. Walsh de la Universidad de Georgetown, Agustín Legarreta y el ministro británico en el Vaticano, Henry Gotty Chilton y Sir Esmond Ovey, ministro británico en México.

Uno se pregunta: ¿Hay algún representante de los soldados cristeros entre estos nombres?

La respuesta es obvia: NO.

El 1º de diciembre de 1928, Emilio Portes Gil

Emilio Portes Gil


es nombrado Presidente interino de México y, hasta ese momento, nada habían adelantado los “arreglos”. Pero el mes de mayo, Portes Gil dijo: "Si el Arzobispo Ruiz deseara discutir conmigo el modo de asegurar la cooperación en un esfuerzo moral para el mejoramiento del pueblo mexicano, yo no tendré objeción para conferenciar con él acerca de la materia". La primera entrevista de los Prelados y Portes Gil se tuvo el 12 de junio de 1929, después de los tejes y manejes de Morrow. En ella no se llegó a ningún acuerdo porque Portes Gil defendió a capa y espada la posición de Calles ante el P. Búnker, pero se dejó una puerta abierta para seguir negociando. Como era de esperarse, la reacción de los soldados cristeros fue oponerse a todo arreglo sin la participación de alguna comitiva que los representara, según se desprende de la carta que el general Enrique Gorostieta enviara para esas fechas a los señores obispos: "No en verdad los obispos los que puedan con justicia ostentar esa representación. Si ellos hubieran vivido entre los fieles, si hubieran sentido en unión de sus compatriotas la constante amenaza de su muerte por sólo confesar su fe, si hubieran corrido, como buenos pastores, la suerte de sus ovejas, si siquiera hubieran adoptado una actitud firme, decidida y franca en cada caso, para estas fechas fueran en verdad dignísimos representantes de nuestro pueblo. Pero no fue así o porque no debió ser o porque no quisieron que así fuera. Ahora nos será difícil, más bien imposible, que el Episcopado tome sin faltar a su deber una representación que no le corresponde, que nadie le confiere". Esta carta jamás llegó a las manos de los señores obispos Ruiz y Flores y Pascual Díaz y Barreto, quienes tuvieron su última entrevista con Portes Gil el 21 de Junio de 1929. 
Roma acudió, representada por estos señores obispos, con los siguientes puntos a tratar en esa reunión:

1. El Santo Padre está muy dispuesto a una solución pacífica y laica.

2. Amnistía completa para Obispos, sacerdotes y fieles.

3. Devolución de propiedades de la Iglesia, de Obispos y casas de sacerdotes y seminarios.

4. Relaciones sin restricciones entre el Vaticano y la Iglesia mexicana. Únicamente con estas condiciones podrá usted ultimar, si lo piensa decoroso ante Dios".

Se firmaron los acuerdos, acuerdos que nunca vio el pueblo católico, terminándose esta fase de la controversia religiosa. Portes Gil, vagamente anunció que: "Se ofrecería amnistía a los rebeldes católicos armados que se rendirán y entregaran las armas...; lo mismo que los individuos encarcelados por faltas contra las leyes religiosas", dando instrucciones al Subsecretario de Gobernación para facilitar el regreso del clero a las iglesias, lo más pronto posible. Volvemos a insistir: todo lo ordenado por Portes Gil sólo fue de palabra y las palabras se las lleva el viento, como se demostró después.

 

Modus muriendi

 

Éste es uno de los capítulos más tristes de la guerra cristera que, si se mira desde el punto de vista humano, no tiene explicación. Si Dios permitió esto, Él sabe por qué. Portes Gil no cumplió con lo pactado en los arreglos, pues no bien los cristeros entregaron las armas y recibieron el famoso “salvoconducto", empezó la más horrible persecución. En la misma, murieron los jefes cristeros durante los primeros meses. La persecución duró cerca de diez años. El número de muertos fue mayor que durante los tres años de batalla.

 

La situación entre la Iglesia y los cristeros se complicó demasiado. Esto lo habían previsto algunos obispos como monseñor de la Mora y monseñor Orozco y Jiménez, quienes dijeron: "Un desengaño sería de terribles consecuencias para la Iglesia:

 
Mons. Orozco y jimenez y Anacleto González Flores

a) Porque el pueblo perdería la confianza en sus pastores que lo guían a los cuales hasta ahora se ha mostrado siempre sumiso y obediente;

b) porque perdería el ánimo para seguir luchando, al ver que, al obtener el triunfo, éste se le escapaba, haciendo vanos todos sus sacrificios. Tal es el sentir de la parte más sana de nuestro pueblo;

 

c) Porque difícilmente podrá contarse más adelante con la cooperación de ese mismo pueblo, para las obras sociales y de todo orden que en adelante se emprendieren". Cuánta razón tuvieron estos prelados pues se ve confirmada y más ampliada por monseñor González Valencia, cuando Roma le pidió que describiera la situación religiosa en el año de 1932. Éstas son sus palabras y con ellas damos por terminado este modesto trabajo sobre "Roma y los Cristeros":

 

1) Juzgo que se ha perdido por completo entre los católicos mexicanos la tradicional estima de los obispos, más aun el simple respeto. Y esto no es de maravillar, si se atiende al cambio absoluto del dignísimo modo de obrar que tuvo el Episcopado al principio del conflicto para venir al actual modo de comportarse, que según todos parece totalmente opuesto al primero, no obstante las explicaciones dadas. Hace poco corrió impreso en la ciudad de México un opúsculo titulado se nos dijo, en el cual, con documentos de los obispos y de la Santa Sede, aparece lógicamente condenada la actual conducta. Peligra además la fama del Episcopado, por la penosa comparación que frecuentemente hacen los perseguidores y la no menos inexplicable severidad, para no decir más, hacia los sinceros defensores de la Iglesia católica;

2) Observo y aviso con gran dolor que las murmuraciones y quejas se extienden ya a la misma Santa Sede, fenómeno gravísimo y hasta ahora nuevo y desacostumbrado entre nosotros;

3) Confieso que no veo cómo no procedamos ilícitamente los obispos, cómo no sometemos totalmente la Iglesia al Estado... Por la inmensa bondad de Dios, todavía no me encuentro personalmente en estas angustias, porque las autoridades locales hasta ahora no han querido perseguir... Con gran reverencia y dolor, pero con gran persuasión, afirmo que no entiendo lo que está pasando en la arquidiócesis de Michoacán, lo cual puede servir de ejemplo... no veo cómo puede hablarse de tolerancia y cómo no se trata de complicidad en cosas intrínsecamente malas...

4) Pero aunque no se tratara de cosas intrínsecamente malas, no veo, sin embargo, la utilidad del modo actual de proceder. El gobierno tiene pésima voluntad y quiere la ruina de la Iglesia;

5) Al menos, el escándalo entre el clero y el pueblo es grave y puede temerse con seriedad


R. P. Arturo Vargas Meza





[1] BRAVO UGARTE: México Independiente. México 1959, pág. 430.
[2] Declaración hecha al autor del libro México Independiente.