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jueves, 19 de mayo de 2016

La Santa Rusia

La Evangelización de Rusia

Una leyenda, incorporada a la Crónica de Néstor posiblemente en el siglo XII, describe decisiones de Vladimir de un modo imaginario, lo que ciertamente no debe tomarse como historia, pero tampoco hay por qué irritarse, como se hace muchas veces incluso de buenas ganas.

Cuenta así la crónica que "Vladimir vivía en la orgía y en la perversión, en medio de sus fastuosos harenes, cuando recibió la visita de unos misioneros que le propusieron cada cual su fe. Estos habían sido enviados por los búlgaros mahometanos, por los zares judíos y por los alemanes latinos. Luego, un filosofo griego llamado Constantino le hizo una predicación atrayente sobre la historia de la humanidad, comenzando por la creación. "De- cualquier modo, Vladimir, antes de, decidir, interrogó a los representantes de estas creencias. Cuando los musulmanes le dijeron que les estaba prohibido tomar vino, el príncipe, a quien le gustaba saborear el buen vino, dijo: 'Rusia se deleita con la bebida, ¡no podemos prescindir de ella!'. Tampoco le satisfizo la religión de los judíos, por cuanto al preguntarles dónde estaba su reino, ellos contestaron que la maldición de Dios los había dispersado. Finalmente, el príncipe eligió la fe cristiana. Pero antes de decidirse, mandó embajadores a Roma y a Constantinopla, ordenándoles que le informaran sobre lo que habían descubierto allí.

"Los embajadores volvieron y le relataron sus experiencias. El rito romano no les llamó la atención, pero cuando llegaron a Constantinopla y entraron en Santa Sofía ya no sabían 'si estaban en la tierra o en el cielo', ya que en la tierra no se puede ver un espectáculo de tanta belleza!'. Seguramente la fe de los griegos era la mejor de todas, y el príncipe Vladimir decidió convertirse en miembro de la Iglesia Bizantina, cuyas pompas litúrgicas habían admirado a sus enviados. Pidió luego la mano de la princesa Ana, hermana de Basilio II, y recibió el bautismo de manos de los sacerdotes griegos que la acompañaban. Luego, ordenó que se bautizara todo su pueblo".

Esta es la versión tradicional presentada en los libros escolares. Pero los modernos eruditos sostienen que el príncipe Vladimir no necesitó hacer preguntas a los extranjeros, para sentirse inclinado hacia el cristianismo. Hubo cristianos entre los príncipes Norses y sus guerreros; dos jóvenes varegos, Askold y Dir, recibieron el martirio de manos de los es lavas paganos.

Tampoco pudo Vladimir haber "sido obligado a elegir" entre la fe griega y la romana, porque en aquellos días no había tenido lugar todavía el cisma final entre Roma y Constantinopla. Había una Iglesia universal y en ella entró Vladimir con su pueblo. Por lo tanto, la elección de Vladimir en el año 988 no fue cuestión de dogma, porque sólo había una fe, sino más bien una selección guiada por intereses culturales, económicos y políticos.

Con todo, hubo sí una elección en cuestión de rito, entre la Iglesia de Oriente y Occidente, a raíz de los emisarios rusos que entraron en Santa Sofía, y quedaron profundamente impresionados por los esplendores de la Iglesia Oriental. Ciertamente, es verosímil que s8' hayan creído transportados al paraíso escuchando un coro de voces angélicas.

Son características del pueblo ruso su correspondencia a la belleza sensible, en su aproximación estética con la religión; y la aspiración a un mundo transfigurado, que refleje la armonía sobre-humana, la radiación de la Ciudad Celestial en el, mundo material, lo que siempre ha animado el espíritu ruso. Esos primitivos es lavas paganos y sus príncipes guerreros no poseían la erudición necesaria para penetrar en las profundidades teológicas de la fe cristiana; mas, a través de la liturgia, tuvieron acceso directo a un orden espiritual de cosas expresado en términos de belleza. Esa fue la primera visión del cristianismo y esa visión debía quedar perpetuamente en el pueblo ruso.

No obstante convertirse la Iglesia Bizantina en Iglesia matriz de Rusia, su influencia no prevaleció en Kiev, como esperaban los emperadores y prelados de Constantinopla. La víspera de su propio bautismo y el de su pueblo, Vladimir -proceder típico del espíritu independiente de los catecúmenos rusos- dirigió una expedición militar contra la colonia bizantina de Cersum. Sólo después de haber derrotado a los griegos, y hasta de haber tratado de destruir su imperio, se avino a aceptar su fe, casándose -como lo había planeado con la primogénita Ana, hija del emperador bizantino.

Durante un tiempo los metropolitanos griegos administraron la nueva Iglesia Rusa, pero en definitiva una jerarquía rusa suplantó al clero griego. El Estado ruso no se consideró vasallo político ni espiritual de Bizancio, sino más bien "heredero", el guardián del tesoro de la verdadera tradición cristiana, que subsistió en la Iglesia Griega desde los días de Constantino. Claro está, que en el primitivo período que se está describiendo, el cristianismo ruso no había desarrollado tan amplia visión. Empero se identificó íntimamente con las formas religiosas griegas, que quedaron ya fijadas en aquella época. Los pensadores ruso-ortodoxos admiten el 'carácter estático, que a menudo apoyó "la inmovilidad bizantina", señalando que la Iglesia matriz rusa había cesado ya de ser creadora cuando el cristianismo fue introducido en Kiev.

Todas las fuerzas vitales de Bizancio fueron absorbidas por las controversias con Roma, y así evolucionaron hacia una rígida religión del Estado, alejada de las enseñanzas dinámicas de los Padres orientales. El clero oriental se preocupaba mucho más de las sutiles controversias teológicas que del desarrollo de la vida cristiana. En el marco inamovible de aquel espléndido rito, no había lugar para el crecimiento. No obstante, la evangelización de Rusia, efectuada a través de Bizancio, ha sido un hecho de la mayor importancia. Es un jalón de la historia rusa.

Se puede decir que luego de haberse bautizado Vladimir y de haber efectuado el bautismo colectivo de sus súbditos, Rusia quedó incorporada a la familia de los grandes reinos cristianos. Comenzó así a participar de la vida internacional de aquella época. Desde entonces, los príncipes rusos estuvieron 'en estrecho contacto no sólo con el Imperio Bizantino, sino también con la Europa occidental.


El origen y desarrollo del Cristianismo en el primitivo período de Kiev, fue estudiado atentamente por los historiadores de la Iglesia rusa. Ellos ejercieron su influencia en la cultura, que llegó a su pleno desarrollo bajo el Ministerio Moscovita. Empero, sólo durante los últimos años examinaron los eruditos los aspectos íntimos del primitivo cristianismo ruso, en un esfuerzo para desentrañar el escondido espíritu que- enardeció el alma de los recién bautizados. Y llegaron al importante descubrimiento de que, hasta en aquella época primitiva, existía un impulso religioso, que no se originó en las formas fijas de Bizancio, sino que era innato en su pueblo. Ese impulso, que siguió haciéndose sentir en las centurias sucesivas, es la fuente de las aspiraciones religiosas y sociales que se revelaron en el siglo XIX y XX. Podríamos preguntarnos cuál es la visión que el Padre Eterno tiene sobre esta historia y este pueblo, y responder con el Profeta lísalas: "Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos -dice Yahvéh. "Tan altos como el cielo por encima de la tierra, se elevan mis caminos sobre vuestros caminos, y mis pensamientos sobre vuestros pensamientos" (55, 8-9) OIga María Wroblewski