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martes, 17 de mayo de 2016

"Ite Missa Est"

MARTES DE PENTECOSTES
EL ESPIRITU SANTO Y LA FORMACION DE LA IGLESIA

MISA
La Estación se celebra hoy en la iglesia de Santa Anastasia, basílica en la que asistimos a la Misa de la Aurora el día de Navidad. La volvemos a ver hoy, cuando la serie de misterios de nuestra salvación se halla en su término. Bendigamos a Dios, que se ha dignado dar cima con tanto vigor a lo que había comenzado tan suavemente. Los neófitos asisten aún a esta Misa con sus vestidos blancos y su presencia es un testimonio a la vez del amor del Hijo de Dios, que los ha purificado en su sangre, y del poder del Espíritu Santo, que los ha arrebatado al imperio tiránico del príncipe de este mundo. El Introito se dirige a los neófitos y les anima a alegrarse. En adelante están llamados para reino celestial; que ofrezcan, pues, una perenne acción de gracias a aquel que se ha dignado escogerlos. Las palabras de esta pieza, que datan de la más remota antigüedad, están tomadas del libro IV de Esdras, que los primeros cristianos solían leer con frecuencia, a causa de la belleza y gravedad de sus enseñanzas, aunque no sea reconocido por la Iglesia como un libro inspirado.

INTROITO
Recibid el gozo de vuestra gloria, aleluya: dando gracias a Dios, aleluya: que os llamó a los celestes reinos, aleluya, aleluya. — Salmo: Atiende, pueblo mío, a mi Ley: inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca. y. Gloria al Padre.

En la Colecta, la iglesia nos enseña que la acción del Espíritu Santo está llena de dulzura para nuestras almas. Esta acción divina los purifica de todas sus imperfecciones y los preserva al mismo tiempo de los ataques del espíritu pérfido y envidioso que les está acechando sin cesar.

COLECTA
Suplicamos te, Señor, nos asista la virtud del Espíritu Santo: la cual purifique clemente nuestros corazones, y nos proteja de toda adversidad. Por el Señor.


EPISTOLA
Lección de los Hechos de los Apóstoles.
En aquellos días, habiendo oído los Apóstoles, que estaban en Jerusalén, que Samaría había recibido la palabra de Dios, enviaron a ellos a Pedro y a Juan. Los cuales, habiendo ido, oraron por ellos, para que recibieran el Espíritu Santo: pues aun no había venido sobre ninguno de ellos, sino que sólo se habían bautizado en el nombre del Señor Jesús. Entonces impusieron sobre ellos las manos, y recibieron el Espíritu Santo.

MISIÓN EN SAMARÍA. — Los habitantes de Samaría aceptaron la predicación evangélica llevada allí por el diácono Felipe. Recibieron de su mano el bautismo, que los hizo cristianos. Se recuerda el diálogo de Jesús con una mujer de esta ciudad al borde del pozo de Jacob y los tres días que pasó en compañía de sus moradores. Su fe ha sido recompensada; el bautismo los ha hecho hijos de Dios y miembros vivos de su Redentor. Pero es necesario aún que reciban el Espíritu Santo en el sacramento, que da la fuerza. El diácono Felipe no pudo otorgarles este don; dos apóstoles, Pedro y Juan, revestidos del carácter pontifical, se lo confieren, haciéndolos perfectos cristianos. Este relato nos viene a recordar la gracia que el Espíritu Santo se ha dignado hacernos, imprimiendo en nuestras almas el sello de la Confirmación; estémosle reconocidos por este bien que nos ha unido a él con lazos más estrechos, haciéndonos al mismo tiempo capaces de confesar valientemente nuestra fe en presencia de todos los que quieran ser nuestros jefes.

ALELUYA
Aleluya, aleluya, y. El Espíritu Santo os enseñará cuanto yo os he dicho. Aleluya. (Aquí se arrodilla.) J. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles: y enciende en ellos el fuego de tu amor. Se canta a continuación la Secuencia Veni, Sáncte Spiritus.


EVANGELIO
Continuación del santo Evangelio según San Juan.
En aquel tiempo dijo Jesús a los fariseos: En verdad, en verdad os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, ése es ladrón y robador. Mas, el que entra por la puerta, es pastor de las ovejas. A este tal abre el portero, y las ovejas oyen su voz, y llama nominalmente a las propias ovejas, y las saca. Y, cuando ha sacado las ovejas, marcha delante de ellas: y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Pero al extraño no le siguen, sino que huyen de él: porque no conocen la voz de los extraños. Este proverbio les dijo Jesús. Pero ellos no entendieron lo que El les dijo. Entonces Jesús les dijo de nuevo: En verdad, en verdad os digo: que yo soy la puerta de las ovejas. Todos, los que han venido, han sido ladrones y robadores, y no les escucharon las ovejas. Yo soy la puerta. Si alguien entrare por mí, se salvará: y entrará, y saldrá, y encontrará pasto. El ladrón no viene más que a robar, y matar, y perder. Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia.

FIDELIDAD AL VERDADERO PASTOR. — Proponiendo este pasaje evangélico a los neófitos de Pentecostés, quiere la Iglesia ponerlos en guardia contra un peligro con que pueden chocar en el curso de la vida. En el momento presente, son el rebaño de Jesús, el buen Pastor, y este divino Pastor se halla representado ante ellos por los hombres que El mismo ha confiado el encargo de apacentar sus corderos. Estos hombres han recibido su misión de Pedro, y todo el que se halla con Pedro se halla también con Jesús. Pero sucede muchas veces que se introducen falsos pastores en el aprisco y el Salvador los califica de salteadores y ladrones, porque, en lugar de entrar por la puerta, penetran por las tapias en el redil. Nos dice que El mismo es la Puerta por la que deben pasar todos los que tienen derecho a apacentar su rebaño. Todo pastor, para no pasar por ladrón, debe recibir la misión de Jesús, y esta misión no puede venir sino por medio de aquel que ha establecido para que ocupe su puesto hasta que venga El mismo en persona. El Espíritu Santo ha derramado sus dones en las almas de estos nuevos cristianos; pero las virtudes que brillan en ellos no se pueden ejercer de suerte que les sirvan para alcanzar la vida eterna, sino en el seno de la Iglesia verdadera. Si en lugar de seguir al legítimo pastor tienen la desgracia de entregarse a falsos pastores, todas estas virtudes resultan estériles. Deben, pues, huir como de un mercenario de aquel que no ha recibido su misión del Maestro, que únicamente puede conducirles a los pastos de vida. Frecuentemente, en el correr de los siglos se han encontrado pastores cismáticos; es deber de los fieles el huir de ellos y todos los hijos de la Iglesia deben prestar atención a la prevención que nuestro Señor les dirige aquí. La Iglesia que El ha fundado y que gobierna por medio de su Espíritu Santo tiene como carácter y distintivo el ser Apostólica. La legitimidad de la misión de los pastores se manifiesta por la sucesión; y como Pedro vive en sus sucesores, el sucesor de Pedro es la fuente del poder pastoral. Quien está con Pedro, está con Jesucristo.

En el Ofertorio, la Iglesia, preludiando al Sacrificio, exalta, por las palabras del salmista, el alimento sagrado que van a comulgar los fieles; es un maná bajado del cielo, el pan de los mismos Angeles.

OFERTORIO
El Señor abrió las puertas del cielo: y llovió para ellos maná, para que comieran: les dió pan del cielo, pan de Angeles comió el hombre. Aleluya. La víctima que va a ser ofrecida tiene la virtud de purificar por su inmolación a aquellos que son llamados a alimentarse de ella; la Santa Iglesia, en la Secreta, pide esto mismo para los fieles que integran la asamblea.

SECRETA
Suplicamos te, Señor, nos purifique la oblación del presente don y nos haga dignos de la sagrada participación. Por el Señor.

En la antífona de la Comunión, la Iglesia recuerda las palabras por las cuales Jesús anunció que el Espíritu Santo le glorificaría. Nosotros, que acabamos de contemplar a este Espíritu obrando en todo el mundo, sabemos que ha cumplido el oráculo en toda su extensión.


COMUNION
El Espíritu, que procede del Padre, aleluya: El me glorificará, aleluya, aleluya.
El pueblo fiel ha participado en el Misterio de Jesús; la Iglesia nos enseña en la poscomunión que la virtud del Espíritu Santo ha intervenido en este momento con su acción divina. El es quien ha obrado el cambio de los dones: sagrados en el cuerpo y sangre del Redentor, y quien ha preparado las almas para que se unan al Hijo de Dios, purificándolas de todo pecado.

POSCOMUNION

Suplicamos te, Señor, hagas que el Espíritu Santo repare nuestras almas con estos divinos Sacramentos: porque El es la remisión de todos los pecados. Por el Señor.