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martes, 10 de mayo de 2016

El Peregrino Ruso

Porque quien ama de verdad no puede hacer
nada que desagrade a quien ama


¡Así es, venerabilísimo padre! He encontrado muchas personas que a fuerza de ofrecer continuamente la oración a Jesús, con sencillez, sin la luz de enseñanza alguna, han alcanzado un estadio en el que sus labios y su lengua no eran capaces de abandonar la oración. Esto les ha proporcionado felicidad e iluminación, y les ha transformado de negligentes en atletas del espíritu y campeones de la virtud.

Schimnik
Sí, la oración regenera al hombre. Es tal su poder, que no puede resistirla grado alguno de pasión. Si queréis, hermanos, a modo de despedida, os leeré un breve pero interesante escrito que llevo conmigo. Todos ¡Os escucharemos con alegría!


Schimnik

SOBRE EL PODER DE LA ORACION

La oración es poderosa, tan poderosa que justifica el «ora y haz lo que quieras». La oración te guiará a obrar bien y con rectitud. Para ser agradable a Dios basta el amor: «ama y haz lo que quieras», dice el bienaventurado Agustín, «porque quien ama de verdad no puede hacer nada que desagrade a quien ama". Como la oración es un acto de amor y un modo de manifestarlo, se puede decir con toda verdad: la oración continua es lo único necesario para salvarse. «Ora y haz lo que quieras.» Alcanzarás la meta de la oración y serás iluminado por ella. Para comprenderlo mejor y más a fondo, será suficiente algún ejemplo:

1. «Ora y piensa lo que quieras.» Tus pensamientos se purificarán con la oración. La oración iluminará tu entendimiento. Ahuyentará los pensamientos insidiosos. Lo asegura san Gregario el Sinaíta: «si quieres ahuyentar los pensamientos y purificar la mente, expúlsalos con la oración», porque nada como la oración puede controlar los  pensamientos. Lo mismo dice San Juan Clímaco:  "derriba a los enemigos de la mente con el Nombre de Jesús. No encontrarás otra arma contra ellos».

2. "Ora y haz lo que quieras.» Tus acciones serán gratas a Dios y a ti te serán útiles y saludables. La oración frecuente, cualquiera que sea su objetivo, no quedará sin fruto, porque en ella está el poder de la gracia, y "todo el que invoque el Nombre del Señor se salvará» (Act 2, 21). Por ejemplo: un hombre que había orado sin resultado y sin devoción recibió de la oración claridad de reflexión y una llamada al arrepentimiento. Una chica disoluta oró cuando volvía a casa y la oración la guio por el camino de la castidad y la obediencia a los mandamientos de Jesucristo.

3. "Ora y no te canses demasiado en dominar las pasiones con tus solas fuerzas.» La oración las reducirá a la nada. "El Espíritu de Dios que está en vosotros es más que el que está en el mundo» (1 Jn 4,4), dice la Escritura. Y San Juan de Kárpatos enseña que si no tienes el don de dominarte no debes afligirte, sino saber que Dios te pide diligencia en la oración, y la oración te salvará. El Staret: de quien se habla en Otecnik, que, vencido por el pecado, no se desalentó, sino que acudió a la oración y volvió a su pureza anterior, es una prueba.

3 Libro que contiene vidas de insignes Padres (personajes santos) antiguos con parte de sus escritos.

4. "Ora y no temas.» No temas desgracias ni reveses. La oración te protegerá alejándolos. Recuerda al Pedro de poca fe, que se ahogaba; a Pablo que oraba en la prisión; al monje que con la oración se salvó del ataque de la tentación; a la chica que gracias a la oración se vio libre de las malas intenciones del soldado, etc. Todo esto confirma la fuerza, el poder y la universalidad de la oración en el Nombre de Jesucristo.

5. "Ora de una manera o de otra, pero ora siempre, y no te turbes por motivo alguno.» Sé espiritualmente alegre y tranquilo, la oración lo resuelve todo, te lo enseñará todo. Recuerda lo que dicen sobre la oración los santos Juan Crisóstomo y Marcos el Atleta. El primero asegura que la oración, aunque sea hecha por nosotros pecadores, purifica inmediatamente. El segundo dice: "orar de cualquier manera es cosa nuestra; orar perfectamente es don de la gracia». Por lo tanto, ofrece a Dios cuanto esté en tu facultad; ofrécele inicialmente al menos la cuantidad: ésta te es posible ofrecerla; la fuerza divina sustituirá tu debilidad, y la oración, quizá árida y distraída, pero asidua y constante, con la costumbre se hará en ti una segunda naturaleza y se hará pura, luminosa, ardiente, perfecta.

6. Hay que notar, por último, que si el tiempo de tu vigilancia se prolonga con la oración, es natural que no te quede tiempo no sólo para pecar, sino ni siquiera para pensar en pecar. ¿Ves ahora qué .pensamientos más profundos están encerrados en este sabio aviso: «ama y haz lo que quieras», «ora y haz lo que quieras»? ¡Qué gozoso y consolador es todo esto para el pecador, vencido por sus propias debilidades, apesadumbrado por el peso de las propias pasiones! La oración es todo lo que se nos ha dado como medio universal de salvación y de perfeccionamiento espiritual. Nada más y nada menos. Pero a la palabra «oración» va unida una severa condición: «orad constantemente»; es un aviso del Verbo de Dios. Se deriva de aquí que la oración muestra sus frutos y su máximo poder cuando es pronunciada frecuente y constantemente, por- que, como se ha dicho, la frecuencia de la oración depende de nuestra voluntad, mientras que la pureza, el fervor y la perfección de la oración son un don de la gracia. Por eso, oremos lo más frecuentemente posible, dediquemos toda nuestra vida a la oración, aunque en un principio lo hagamos distraídamente. El frecuente ejercicio nos enseñará la atención, la cuantidad nos conducirá con seguridad a la cualidad. Un iluminado autor espiritual ha escrito: «para aprender a hacer bien una cosa es preciso hacerla lo más frecuentemente posible».

Profesor

¡Realmente la oración es un grave problema] y la celosa asiduidad es la llave para abrir el cofre de su gracia. Pero ¡con qué frecuencia se El peregrino ruso desencadena en mí un conflicto entre celo y pereza! ¡Cómo me gustaría encontrar el medio para asegurarme la victoria, adquirir la convicción y estímulo para aplicarme continuamente a la oración!

Schimnik
Muchos escritores espirituales proponen algunos medios, basados en sólidos razonamientos, que estimulen la diligencia a tener en la oración.
Aconsejan, por ejemplo:

1. Profundizar en reflexiones sobre la necesidad, excelencia y eficacia de la oración para la salvación del alma.

2. Convencerse, sin posible duda, de que Dios nos exige absolutamente la oración y que su Verbo nos exhorta a orar.


3. Recordar siempre que si somos perezosos y negligentes en la oración no alcanzaremos progreso alguno en los actos de devoción que conducen a la paz y a la salvación; y, por lo tanto, serán inevitables el castigo en este mundo y los tormentos en el otro.

CONTINUARA...