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miércoles, 18 de mayo de 2016

"CARTAS PASTORALES Y ESCRITOS por S.E. MONSEÑOR MARCEL LEFEBVRE"

Carta Pastoral nº28
CONFIANZA EN LA GRACIA DE DIOS
Y EN EL AFRICA CRISTIANA


A pesar de los acontecimientos actuales y las graves persecuciones de la cual es objeto la Iglesia en algunas de nuestras misiones, numerosas son las razones que nos llevan a esperar y tener confianza. Cuantas más pruebas sufren nuestros sacerdotes, religiosos y religiosas africanas, así como las buenas familias cristianas, en particular los catequistas, se ha mostrado con certeza que -a pesar de algunas defecciones- la Iglesia Católica está profundamente implantada en Africa, y que debemos confiar más que nunca en nuestros cristianos. Allí donde las persecuciones felizmente no nos han castigado, las vicisitudes ocasionadas por los acontecimientos políticos han podido infundirnos temores durante algunos meses, sobre la firmeza de nuestros neófitos en la fe. Parece que las dudas han sido de corta duración y más que nunca los cristianos están unidos a sus sacerdotes, a sus misioneros. Reconocen, todavía más que antaño, el desinterés de quienes han permanecido con ellos, a pesar de las dificultades nuevas. Y esta actitud, de la más grande fidelidad, se siente aún allí en donde la situación política ha quedado sin cambios. Por eso, el momento parece como hecho para que la Congregación también manifieste su confianza en el futuro de esta Africa católica, y para que imite lo que nuestros compañeros irlandeses tan magníficamente han realizado en Nigeria: seminario menor, noviciado, seminario menor, cuyas primicias se alcanzarán este mismo año. En efecto, los 4 primeros religiosos espirita-nos formados enteramente en Nigeria serán ordenados sacerdotes en el próximo Pentecostés.

En todo lugar, perseverantes esfuerzos han alcanzado para la creación de seminarios menores y mayores para la diócesis. Y estos esfuerzos son los más dignos de alabanza. Pero, ¿no sería deseable alcanzar un doble fin: las vocaciones del clero secular y las vocaciones espiritanas, procediendo con una manera metódica y segura, es decir, constituyendo pequeños internados donde jóvenes aspirantes misioneros estudien su vocación y la afirmarán, siguiendo cursos en establecimientos escolares vecinos?. En cada distrito, o cada dos distritos vecinos, pueden pensar en esta primera institución; luego, poco a poco, podrán constituirse noviciados y seminarios. En el curso de mi último viaje, de 3 meses y medio, se me ha dado la ocasión de encontrar numerosos sacerdotes y un gran número de Obispos. Todos, en forma unánime, han aprobado estos proyectos y han deseado que se realicen lo más pronto posible.

Las vocaciones son numerosas; hay que buscarlas, cultivarlas, discernirlas. Si cada misionero se esfuerza por descubrirlas, no cabe ninguna duda de que rápidamente podríamos tener la alegría de abrir noviciados en numerosas regiones de Africa. Una condición parece esencial: inculcar a estos jóvenes aspirantes la vocación misionera y religiosa, que es netamente distinta de la vocación del sacerdote secular. Además, a las vocaciones de estos clérigos fácilmente podrán unírseles las de buenos y santos hermanos, que serán preciosos auxiliares para nuestras misiones y parroquias. Tal es mi gran programa, el único, a mi entender, que puede permitir un día suplir el pequeño número de los misioneros de Europa y América del Norte, que no bastarán nunca para la tarea que crece sin cesar y con rapidez. A los Superiores principales, ayudados por todos sus sacerdotes, les incumbe principalmente esta tarea. Será para ellos una esperanza y al mismo tiempo fuente de alegría, más que una ruda empresa. Pero lo que han hecho nuestros valientes compañeros de Nigeria, ¿por qué no lo habríamos de realizar también en este lugar?

Queridos sacerdotes, desde Lourdes les escribo estas líneas. Mañana a la mañana, en el altar de la gruta, depositaré a los pies de la Virgen María estos proyectos que me parecen necesarios para la continuación de la obra de nuestro venerable Padre, al mismo tiempo que le confiaré todas sus intenciones y en particular las de nuestros compañeros perseguidos, ya sean de Europa, como de Africa.


(“Avisos del mes”, marzo-abril de 1965)