utfidelesinveniatur

viernes, 22 de abril de 2016

LA EXISTENCIA DE DIOS - ROYO MARÍN


Segunda vía: la causalidad eficiente


15. Este segundo procedimiento para demostrar la existencia de Dios puede formularse sintéticamente del siguiente modo:

5. Dios es absolutamente inmóvil tanto en el sentido metafísico del  movimiento (tránsito de la potencia al acto) como en el sentido físico  (movimiento local de un sitio a otro). Lo es en el sentido metafísico porque, como veremos más adelante, es Acto puro, sin mezcla de potencialidad alguna; y lo es en el sentido físico porque, como veremos también, es  lntenso y ocupa y llena todos los lugares del universo, sin que exista ni  pueda existir un sólo lugar en el que no esté internamente presente Dios por esencia, presencia y potencia.

Las causas eficientes segundas reclaman necesariamente la existencia de una Primera Causa eficiente a la que llamamos Dios.

En gracia a los no iniciados en filosofía vamos a explicar brevemente los términos de la proposición. Se entiende en filosofía por causa eficiente  aquella que, al actuar, produce un efecto distinto de sí misma. ASÍ, el escultor es la causa eficiente de la estatua esculpida por él; el padre es la causa eficiente de su hijo. Se entiende por causa segunda toda aquella que, a su vez, ha sido hecha por otra causa eficiente anterior. y así, el padre es causa eficiente de su hijo, pero, a su vez, es efecto de su propio padre, que fue quien le trajo a la existencia como causa eficiente anterior. En este sentido son causas segundas todas las del universo, excepto la  Primera Causa incausada, cuya existencia vamos a investigar.

Escuchemos, en primer lugar, a Santo Tomas de Aquino:

"Hallamos que en el mundo de lo sensible hay un orden determinado entre las causas eficientes; pero no hallamos ni es posible hallar que alguna cosa sea su propia causa, pues en tal caso habría de ser anterior a sí  misma, y esto es imposible. Ahora bien: tampoco se puede prolongar indefinidamente la serie de las causas eficientes, porque, en todas las causas eficientes subordinadas, la primera es causa de la intermedia y ésta es causa de la última, sean pocas o muchas las intermedias y puesto que, suprimida una causa, se suprime su efecto, si no existiese entre las causas eficientes una que sea la primera, tampoco existiría la última ni la intermedia. Si, pues, se prolongase indefinidamente la serie de causas eficientes, no habría causa eficiente primera, y, por tanto, ni efecto último ni causa eficiente intermedia, cosa falsa a todas luces. Por consiguiente, es necesario que exista una Causa Eficiente Primera, a la que llamamos Dios.

Como se ve, el argumento de esta segunda vía es también del todo evidente y demostrativo. Pero para ponerlo todavía más al alcance de los no iniciados en filosofía, vamos a poner un ejemplo clarísimo para todos; el origen de la vida en el universo.

Es un hecho indiscutible que en el mundo hay seres vivientes que no han existido siempre, sino que han comenzado a existir; v.gr., cualquier persona humana. Todos ellos recibieron la vida de sus propios padres, y éstos de los suyos, y así sucesivamente. Ahora bien: es imposible prolongar hasta el infinito la lista de nuestros tatarabuelos. Es forzoso llegar a un primer ser viviente que sea el principio y origen de todos los demás. Suprimido el primer. "Hallamos que en el mundo de lo sensible hay un orden determinado entre las causas eficientes; pero no hallamos ni es posible hallar que alguna cosa sea su propia causa, pues en tal caso habría de ser anterior a sí  misma, y esto es imposible. Ahora bien: tampoco se puede prolongar indefinidamente la serie de las causas eficientes, porque, en todas las causas eficientes subordinadas, la primera es causa de la intermedia y ésta es causa de la última, sean pocas o muchas las intermedias. y puesto que, suprimida una causa, se suprime su efecto, si no existiese entre las causas eficientes una que sea la primera, tampoco existiría la última ni la intermedia. Si, pues, se prolongase indefinidamente la serie de causas eficientes, no habría causa eficiente primera, y, por tanto, ni efecto último ni causa eficiente intermedia, cosa falsa a todas luces. Por consiguiente, es necesario que exista una Causa Eficiente Primera, a la que llamamos Dios.

Como se ve, el argumento de esta segunda vía es también del todo evidente y demostrativo. Pero para ponerlo todavía más al alcance de los no iniciados en filosofía, vamos a poner un ejemplo clarísimo para todos; el origen de la vida en el universo.

Es un hecho indiscutible que en el mundo hay seres vivientes que no han existido siempre, sino que han comenzado a existir; v.gr., cualquier persona humana. Todos ellos recibieron la vida de sus propios padres, y éstos de los suyos, y así sucesiva- mente. Ahora bien: es imposible prolongar hasta el infinito la lista de nuestros tatarabuelos. Es forzoso llegar a un primer ser viviente que sea el principio y origen de todos los demás. Suprimido el primero, quedan suprimidos automáticamente el segundo y el tercero y todos los demás; de donde habría que concluir que los seres vivientes actuales no existen realmente, lo cual es ridículo y absurdo. Luego existe un Primer Viviente que es causa y origen de todos los demás.

Ahora bien: este Primer Viviente reúne, entre otras muchas, las siguientes características:

No tiene padre ni madre, pues de lo contrario ya no sería el primer viviente, sino el tercero, lo cual es absurdo y contradictorio, puesto que se trata del primer viviente en absoluto.

No ha nacido nunca, porque de lo contrario hubiera comenzado a existir y alguien hubiera tenido que darIe la vida, pues de la nada no puede salir absolutamente nada, ya que la nada no existe, y lo que no existe, nada puede producir. Luego ese primer viviente tiene la vida por sí mismo, sin haberIa recibido de nadie.

Luego es eterno, o sea, ha existido siempre, sin que haya comenzado jamás a existir.

Luego todos los demás seres vivientes proceden necesariamente de él, ya que es absurdo y contradictorio admitir dos o más primeros vivientes: el primero en cualquier orden de cosas se identifica con la unidad absoluta.

Luego de él proceden, como de su causa originante y creadora, todos los seres vivientes del universo visible: hombres, animales y plantas, y todos los del universo invisible: los ángeles de los que nos hablan las
Escrituras.

Luego es superior y está infinitamente por encima de todos los seres vivientes del universo, a los que comunicó la existencia y la vida.



Hay que concluir forzosamente que el Primer Viviente que reúne estas características tiene un nombre adorable: es, sencillamente, Dios.

Escuchemos a Hillaire exponiendo con claridad y sencillez estos mismos argumentos:

"Las ciencias físicas y naturales nos enseñan que hubo un tiempo en que no existía ningún ser viviente sobre la tierra. ¿De dónde, pues, ha salido la vida que ahora existe en ella: la vida de las plantas, la vida de los animales, la vida del hombre?".

La razón nos dice que ni siquiera la vida vegetativa de una planta y menos la vida sensitiva de los animales, y muchísimo menos la vida intelectiva del hombre, han podido brotar de la materia. ¿Por qué? Porque nadie da lo que no tiene; y como la materia carece de vida, no puede darla.

Los ateos se encuentran acorralados por este dilema: o bien la vida ha nacido espontáneamente sobre el globo, fruto de la materia por generación espontánea; o bien hay que admitir una causa distinta del mundo, que fecunda la materia y hace brotar la vida. Ahora bien: después de los experimentos concluyentes de Pasteur, ya no hay sabios verdaderos que se atrevan a defender la hipótesis de la generación espontánea; la verdadera ciencia establece que nunca un ser viviente nace sin germen vital, semilla, huevo o renuevo, proveniente de otro ser viviente de la misma especie.

Pero ¿cuál es el origen del primer ser viviente de cada especie? Remontaos todo lo que queráis de generación en generación: siempre habrá que llegar a un primer creador, que es Dios, causa primera de todas las cosas. Es el viejo argumento del huevo y la gallina; mas no por ser viejo deja
de ser molesto para los ateos.


Este argumento del origen de la vida es un simple caso particular del argumento general de la necesidad de una Primera Causa eficiente y puede aplicarse, por lo mismo, a todos los demás seres existentes en el universo. Cada uno de los seres, vivientes o no, que pueblan la inmensidad del universo, constituye una prueba concluyente de la existencia de Dios; porque todos esos seres son necesariamente el efecto de una causa que los ha producido, la obra de un Dios creador.