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jueves, 21 de abril de 2016

LA ASCENSION DEL SEÑOR - SANTO TOMÁS DE AQUINO

De la causalidad de la ascensión del Señor sobre nosotros.
(Fin del capítulo)

Y como el cuerpo se vuelve glorioso, así, dice San Agustín “el alma se vuelve bienaventurada por la participación de Dios”. Por consiguiente, la causa primera de la ascensión al cielo es la virtud divina. De manera que Cristo sube al cielo por su propia virtud, ante todo por la virtud divina y luego por la virtud del alma glorificada que mueve al cuerpo como quiera.

Así como la resurrección de Cristo es causa de la nuestra, a continuación surge la pregunta siguiente: “¿Puede ser la ascensión de Cristo causa de nuestra salud?”. Al parecer de Santo Tomas sí citando al mismo Salvador en San Juan: "Os conviene que 'Yo me vaya", es decir, que me aparte de vosotros por la ascensión.

Esta ascensión de Cristo se realiza de dos maneras: causa de nuestra salud de parte nuestra y de parte de Él. De parte nuestra, en cuanto que por la ascensión de Cristo tiende hacia Él nuestra mente. Pues por su ascensión como ya queda dicho, primero, se despierta la fe; segundo, la esperanza: tercero, la caridad; cuarto, se aumenta nuestra reverencia hacia EL, pues no le consideramos ya como hombre terreno sino como Dios celeste, según el Apóstol dice: "Aunque conocimos a Cristo según la carne-mortal, considerándole como puro hombre, según expone la Glosa-, pero ahora ya no, le conocemos".

Por parte de Él, por aquellas, cosas que hizo por nuestra salud, subiendo al cielo: Primeramente, nos preparó el camino para subir al cielo, según aquello que dice en San Juan, "Voy a prepararos el lugar". Y. en Miqueas: "Sube abriendo el camino ante ellos". Y pues El es nuestra cabeza, es preciso que los miembros sigan allá a donde los precede la cabeza, por lo cual añade: "Para que donde yo estoy, allí estéis vosotros” en prueba de esto, Introdujo en el cielo Ias almas de los santos que había sacado del 'infierno, según aquello el, Salmo: "¡Subiendo. Cristo a lo alto llevó cautiva la cautividad", pues a los que habían sido cautivos del diablo Él los introdujo consigo en el cielo, como en un lugar extraño a la humana naturaleza, cautivos de buena cautividad.

En segundo lugar, porque, como el pontífice en el Antiguo Testamento entraba en el santuario para presentarse ante Dios a favor del pueblo, así también Cristo entro en el cielo “para interceder por nosotros”, como dice el Apóstol a los Hebreos. La misma presencia suya en naturaleza humana que introdujo en el cielo, es cierta intercesión en favor nuestro, pues por el hecho de haber Dios exaltado en Cristo la naturaleza humana, se ha de compadecer de aquellos para quienes el Hijo de Dios tomó esa naturaleza.

Por último, Cristo, sentado en el trono de los cielos como Dios y como Señor, envía desde allí los dones divinos a los hombres, según lo que el Apóstol escribe a los Efesios: “Subió sobre todos los cielos para dar cumplimiento a todas las cosas", "con sus dones", según dice la Glosa. De esta manera:

1. La ascensión de Cristo es causa de nuestra salud, no por vía de mérito, sino de eficiencia, como se dijo atrás, hablando de la resurrección.

2. La pasión de Cristo es causa de nuestra ascensión a los cielos, propiamente hablando, por la remisión del pecado, que nos impedía la entrada, y por vía de merecimiento, Pero la ascensión de Cristo es directamente causa de nuestra ascensión, por cuanto la inaugura en nuestra cabeza, a la que deben juntarse los miembros.

3. Cristo, una vez que subió al cielo alcanzó para sí y para nosotros el derecho perpetuo y la dignidad de la morada celeste. Pero en nada deroga a esta dignidad si por especial dispensación desciende corporalmente alguna vez a la tierra, o para manifestarse a todos, como en el juicio, o para mostrarse a alguno en particular como se le apareció a San Pablo, según se cuenta en los actos.

Y porque no vaya a creer alguno que esto sucedió sin hallarse Cristo presente corporalmente, sino por una aparición cualquiera, el Apóstol dice, para confirmar la fe en la resurrección: “Últimamente se me apareció también a mí”. Sin duda que esta visión no probaría la verdad de la resurrección si el mismo Cristo No hubiese sido visto por el Apóstol. Cuan tan agradecidos debemos estar por este misterio inefable de la ascensión de Cristo y cuanta alegría debe redundar en nuestros corazones sin mancha de tristeza porque ella nos trajo beneficios tan grandes e inestimables y, a la vez, prueba de su omnipotencia divina que espanto no solo a los que pidieron su muerte sino en especial a los demonios.

Finalmente el cuerpo de Cristo Glorioso subió por sobre toda criatura espiritual, así lo dice San Pablo: “Le coloco sobre todo principado, potestad y sobre todo ser que exista en este siglo o en el futuro”. Y esto tiene lógica pues “Cuando un ser es más noble, tanto se le debe lugar más elevado, bien que este lugar le sea debido por modo de contacto corporal, como a los cuerpos; bien por modo de contacto espiritual, como a las sustancias espirituales, de donde se sigue que, por cierta congruencia, también a las sustancias espirituales se les debe el lugar celestial, que es el lugar supremo, pues las sustancias espirituales son supremas en el orden de las sustancias. Ahora bien, aunque el cuerpo de Cristo, atendida su naturaleza corpórea, sea inferior a las sustancias espirituales, pero considerando su dignidad por razón de la unión personal con Dios, excede en dignidad a todas las sustancias espirituales. Y, así por esta congruencia se le debe un lugar más alto sobre toda criatura, aun espiritual. Por donde San Gregorio dice en una homilía sobre la ascensión que “quien había hecho todas las cosas era llevado por su virtud sobre todas ellas”.


JESUCRISTO, SENTADO A LA DIESTRA DEL PADRE

La cuestión del presente es complemento de la anterior, pues señala el término de la ascensión y la cima de la exaltación de Jesucristo. Por los textos citados en la cuestión precedente, ya dejamos bien declarado cuál es, en este punto, el lenguaje de los apóstoles, Todavía podíamos alegar nuevos textos más. La epístola a los Hebreos emplea para expresar la misma idea un lenguaje distinto. Jesucristo, dice, «después de hacer la purificación.de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, hecho tanto mayor que los ángeles, cuanto heredó un nombre más excelente que ellos». Este, nombre es el de Hijo (1,3-14). Luego de explicar el sacerdocio de Cristo, resume así todo lo dicho: «La suma de todo es que .tenemos un Pontífice, que está sentado a la diestra del trono de la Majestad en los cielos» (8,1). Y más adelante: «Este (Jesucristo), habiendo ofrecido un sacrificio por los pecados, para siempre, se sentó a la diestra de Dios, esperando lo que resta, hasta que sean puestos sus enemigos por escabel de sus pies» (10,12S). Finalmente, nos exhorta a poner los ojos en el consumador de la fe, Jesús, el cual, en vez del 'gozo que se le ofrecía, soportó la cruz, sin hacer caso de la ignominia, y está sentado a la diestra del trono de Dios. 

CONTINUARA...